18.11.14

Peña y la represión


No hay razón para minimizar las tendencias autoritarias y represivas de Enrique Peña Nieto ni su propensión a recurrir a la violencia, no como recurso último del poder sino para ahorrarse (Durkheim lo llamaría premoderno) la fatiga de gobernar mediante las leyes y la política. Las demostró con creces en Atenco, las ratificó el 1 de diciembre de 2012 y las ha exhibido en los últimos dos años con encarcelamientos injustificados de dirigentes y activistas y la preservación del margen de impunidad en el que tienen lugar, desde la administración pasada, los excesos y atropellos de las fuerzas del orden y las corporaciones policiales y militares.

Las atrocidades de septiembre en Iguala llevaron al Ejecutivo federal a suavizar la represión. Tras la violencia homicida desatada por policías regulares contra estudiantes en esa ciudad guerrerense, los gobiernos estatales y el federal perdieron margen para recurrir a acciones que pudieran hacerlos ver similares, ante la mirada de México y el mundo, a la presidencia municipal de José Luis Abarca. De súbito, el peñato trató de exhibirse pacífico, tolerante y dialogante –el ejemplo más claro es el de las exhibiciones de Miguel Ángel Osorio Chong ante el movimiento estudiantil politécnico– y las autoridades se cohibieron para reprimir frontalmente acciones como la destrucción de edificios públicos en Guerrero y las tomas y bloqueos de carreteras; en ausencia de represión masiva han recurrido a la provocación atomizada.

Pero el sábado pasado Peña amenazó con echar mano de “la facultad legítima del Estado para el uso de la fuerza pública” –que es lo que Weber llama “el monopolio de la violencia física legítima”–, para restablecer “el orden y la paz”.

Siempre que se amenaza con emprender una acción determinada se formula, en forma implícita, una súplica al destinatario: que acceda a comportarse como el amenazador lo desea y no lo “obligue” a recursos que le resultan indeseables. En el caso de referencia, las palabras balbuceantes denotan ese ruego: “aspiro y espero que no sea el caso de lo que el gobierno tenga que resolver... que no lleguemos a este extremo”.

Para aplicar el monopolio de la violencia legítima es indispensable que exista tal monopolio, que quien lo use posea legitimidad y que resulte verosímil su aplicación con el objetivo específico de restablecer la legalidad, la convivencia y el orden, y el peñato no cumple con ninguno de esos requisitos.

En cuanto al primero, es innegable que antes de que el grupo gobernante sentara las bases legales para la destrucción de los monopolios estatales de la energía eléctrica y el petróleo, en los hechos cedió el monopolio de la violencia a diversos grupos delictivos que operan en diversas regiones del territorio nacional y que fungen en ellas como las autoridades reales.

En contra del segundo requisito gravitan la gestación televisiva del candidato presidencial, su implantación en el cargo tras unas elecciones dudosas en las que proliferó el uso de dineros sospechosos para la compra masiva de votos y, para colmo, la riqueza inmobiliaria (inexplicable, hasta ahora) que le fue evidenciada a principios de este mes.

En tercer lugar el orden y la paz han sido afectados principal y originariamente desde el gobierno y las diversas expresiones de violencia social han sido, invariablemente, intentos desesperados de la base social por restaurar ambos términos. Ello es válido tanto para los casos de las autodefensas michoacanas como en las manifestaciones guerrerenses que han destruido algunos símbolos arquitectónicos del desgobierno, el caos, la indefensión ciudadana, la complicidad, el encubrimiento y la simulación. ¿Qué orden y qué paz podrían restablecerse mediante la represión? ¿La paz de las ejecuciones extrajudiciales en Tlatlaya, de los asesinatos y desapariciones de estudiantes en Iguala, de los homicidios de periodistas en Veracruz, de proliferación de feminicidios en el Edomex, de secuestros en Morelos? ¿La de las omisiones y el encubrimiento prolongado de José Luis Abarca por parte de la PGR? ¿El orden que hizo posibles concesiones como la de la Guardería ABC, impunidades como la de Grupo México, licitaciones amañadas como el “tren chino” México-Querétaro?

En estas condiciones y con los antecedentes mencionados el recurso de la represión resulta peligroso para el régimen mismo y, especialmente, para su jefe nominal. Es posible que éste lo sepa y que su amenaza sabatina haya sido una concesión a regañadientes a presiones internas (priístas y empresariales) o superiores (empresas transnacionales) interesadas en deshacerse de él en el peor escenario posible –al cabo, ya cumplió con su misión de imponer las reformas estructurales– y, de paso, del lastre político que ya representa, cuando no ha cumplido ni siquiera un tercio de su periodo.

Un arrebato represivo empeoraría y complicaría gravemente el panorama. La salida deseable, pacífica, institucional y constitucional a la crisis que vive México consiste en que Peña renuncie al cargo antes de que termine este mes, de modo que sea posible organizar elecciones presidenciales anticipadas el año entrante.

13.11.14

Buen fin de régimen



En el año penúltimo del calderonato se inventó, en forma un tanto desesperada para reactivar un poco el alicaído mercado interno, una copia tropical del Black Friday gringo: el Buen fin. Se trataba, claro, de sacar de los bolsillos de los consumidores la mayor cantidad de dinero posible, con la diferencia, con respecto al original estadunidense, de que las ofertas del Buen fin suelen ser simbólicas, por usar un calificativo benigno.

Desde la primera edición del programa la gente descubrió –y lo difundió en redes sociales– que con frecuencia las rebajas iban precedidas por reetiquetados al alza para simular un descuento que dejaba los productos en su precio original, o que se ofrecían descuentos del 0.1 por ciento del precio de los artículos. Si la palabra vendimia quiere decir cosecha de uvas, en México, en donde la cultura vitivinícola es más bien escasa, se ha usado desde hace mucho, para denotar cosecha de ganancias, es decir, en una acepción más cercana a la tercera de la Real Academia: “provecho o fruto abundante que se saca de algo”; en este caso, del bombardeo publicitario inmisericorde y con frecuencia, mentiroso.

En la extremada violencia que vivió el país en 2011 el Buen fin fue visto, por añadidura, como un intento de Felipe Calderón por distraer la atención de la catástrofe en la que había hundido al país y menudearon las parodias que enfatizaban la mala manera en que llegaba a su fin esa administración de la que uno no quisiera acordarse: con el país bañado en sangre, la descomposición institucional a tope, la economía estancada y un pobrerío multiplicado.

Pero de Echeverría en adelante la sociedad mexicana ha ido desarrollando la noción manriquiana de que toda presidencia pasada es menos peor que la que sigue y así llegamos a este 2014 en el que el calderonato parece de peluche comparado con la pudrición, la violencia, la dependencia, el cinismo y el encharcamiento económico que caracterizan al peñato. La imposición antidemocrática de las reformas estructurales, la insolencia autoritaria de los ministros de la Suprema Corte, las atrocidades de Tlatlaya e Iguala y los subsecuentes desmanejos gubernamentales han terminado por colocar a la sociedad ante la evidencia de que está pagando un dineral, tanto al contado como a crédito, para mantener a un funcionariado rapaz cuya existencia es muy útil para sí mismo, para Washington y para las corporaciones transnacionales, pero que a este país le causa un enorme daño.

En el momento actual, con el país recorrido por toda suerte de conflictos explosivos, el presidente de México anda de viaje por Pekín, comiendo pato laqueado, cargando en su comitiva hasta con el maquillista de su esposa y tratando de quedar bien con sus socios chinos después del doble desfiguro de la licitación para construir el tren rápido entre la capital y Querétaro, y viendo de qué manera sale del escándalo de la residencia de siete millones de dólares que le descubrieron a su pareja.

Esta presidencia no sirve para nada, pero tampoco sirve el Poder Legislativo, que aprobó la legalización del saqueo de las riquezas nacionales a sabiendas de que semejante medida es repudiada por la mayor parte de la población, por más que ésta no haya podido o no haya querido manifestarse en contra cuando las reformas peñistas estaban siendo aprobadas. La mayoría de los legisladores de los tres partidos principales y de los dos que operan como negocios familiares son, a estas alturas, logreros de la política, empleados de los intereses empresariales, integrantes de facciones de la gran mafia del poder público; sepulcros blanqueados que comulgan en la mañana, condenan el aborto al mediodía y se van a las putas cuando se hace de noche; farsantes que cobran por ser “de izquierda” y que siven al poder oligárquico; “ecologistas” que reciben tajada por gestionar autorizaciones ambientales a proyectos devastadores; priístas que llevan toda la vida abogando en público por la defensa de las instituciones mientras, en privado, se dedican a saquearlas y a destruirlas. Y todos ellos pretenden ser la representación de la sociedad cuando, en realidad, representan intereses antisociales. En su conformación actual el Poder Legislativo no sirve de nada.

Y qué decir de la Suprema Corte de Justicia, cabeza de un poder corrompido y prevaricador, complemento ideal de organismos difuntos de procuración: formalista, labiosa, rendida a los pies del Ejecutivo, conformada por millonarios que olvidaron hace tiempo –si es que algún día lo supieron– que las injusticias en este país tienen por víctima, noventa y nueve veces de cada cien, a ciudadanos pobres; ministros que ante cualquier demanda concreta de reparación y corrección de un desvío se solazan o se refugian en viajes a un remoto Bizancio legal; solapadores de la agresión sexual, del abuso de poder, del autoritarismo y de la impunidad; bailarines que interpretan el son que alguien toque desde Los Pinos; sangijuelas del erario orgullosas de su condición. ¿Para qué sirve la Suprema Corte?

O tomemos el caso de la PGR, cuyo titular conoció le carácter delictivo del ex alcalde de Iguala, José Luis Abarca, 16 meses antes de que pasara lo que pasó en esa ciudad, y no hizo nada de nada; una procuraduría a la que los Guerreros Unidos –el dato lo aporta José Reveles– le pasaban una mochada mensual de medio millón de dólares para que los dejaran trabajar en paz; una procuraduría que interroga a inocentes capturados al azar en las calles después de que los culpables fueron respetuosamente contemplados por la policía y las cámaras de televisión mientras incendiaban una puerta de Palacio Nacional; una procuraduría que gasta mucho y no resuelve nada de nada.

O la Secretaría de Educación Pública; o la de Comunicaciones y Transportes; o la Comisión Nacional de Derechos Humanos; o...

Este régimen no sirve desde hace mucho tiempo pero no es sino en las útimas semanas, a raíz de la barbarie policial contra los normalistas de Ayotzinapa, que la sociedad ha ido cobrando plena conciencia de ello y el remplazarlo resulta sumamente urgente. Prolongar su agonía sería tanto como alargar la del país, dejar crecer el caldo de cultivos para más muertes, más hambre, mayor dependencia, mayores catástrofes. El desafío del momento consiste en lograr una transición pacífica y legal hacia un necesario proceso de reconstrucción nacional.

De ahí la urgencia de que Peña Nieto deje el cargo en lo que queda de este mes, a fin de que los remanentes de la oligarquía política puedan aplicar, antes de apagar la luz y salir de escena, lo que manda el tercer párrafo del artículo 84 constitucional. Si no lo hacen ahora, después será muy tarde.

La clase política empezó por saquear al país y ahora lo está incendiando. Detener el incendio pasa necesariamente por un relevo creíble y legítimo en el Poder Ejecutivo, y a partir de ahí ya puede empezar a hacerse limpieza en la administración pública en general. Los integrantes del funcionariado en su conjunto debieran tener la decencia de renunciar en masa, permitir que el país se recomponga y dedicarse, ellos, a disfrutar de sus fortunas: el Buen Fin empieza mañana y podrían, por ejemplo, irse de compras y dejar que el resto del país tenga un buen fin de régimen.




#YaMeCansé

12.11.14

¿Llovió en Cocula?





Según se rumora, la noche que cavaron su propia tumba en La Parota, después de que

fueron asesinados una lluvia impidió que esos cadáveres rociados con diesel y prendidos

con lumbre quedaran reducidos a cenizas. Como si la naturaleza se hubiera resistido

a destruir la evidencia. Como si ella también esperara a que en México algún día se

haga justicia.



Pedro corrió con sus compañeros, relató que se refugiaron en un terreno baldío

donde permanecieron toda la noche bajo la lluvia.


Esto es de autoría colectiva. Las citas de aquí arriba, las hojas de pronóstico del tiempo y las recopilaciones de datos meteorológicos me fueron proporcionadas por más de 12 personas en Facebook y Twitter. No las menciono expresamente porque no sé si quieran ser mencionadas, pero les agradezco mucho sus aportaciones.

El procurador Jesús Murillo Karam sitúa entre la noche del 26 de septiembre y la mañana del día siguiente el momento de una operación de exterminio de una cuarentena de personas que habrían podido ser los estudiantes normalistas secuestrados esa noche por policías municipales de Iguala. Según el funcionario, sicarios del grupo delictivo Guerreros Unidos transportaron a sus víctimas al basurero municipal de Cocula, las remataron, colocaron sus cuerpos en una enorme pira funeraria hecha con madera, llantas, objetos de plástico y otros materiales inflamables, los rociaron con diésel o gasolina y los quemaron por espacio de 14 horas o más: desde la medianoche hasta las 2 o 3 de la tarde del día 27.

Para perpetrar esa atrocidad se habría requerido de tiempo seco. Pero la explicación sería menos verosímil si justo en esos momentos hubiera llovido en la zona de Cocula.

Guerrero apenas se reponía del paso de la tormenta tropical Trudy (18 de septiembre) y por esos días diversas partes del territorio nacional se encontraban bajo los efectos de cuatro fenómenos meteorológicos distintos: la onda tropical 31 (Oaxaca y Veracruz), la tormenta tropical Rachel (en esa fecha se encontraba a unos 630 kilómetros al sur-suroeste de Cabo San Lucas), la onda tropical 32 (oriente de la Península de Yucatán) y un canal de baja presión que causó intensas lluvias, tormentas y granizadas en el noreste, desde Tamaulipas hasta Coahuila y San Luis Potosí.

¿Llovió o no llovió en Cocula? La respuesta sería muy fácil: bastaría con preguntar a los lugareños, pero a decir del procurador éstos se encuentran atemorizados y renuentes a hacer declaraciones y, además, los testimonios se encuentran monopolizados por la Procuraduría General de la República, así que no es fácil recabarlos de manera independiente.

Quedan los documentos meteorológicos de la Conagua y del gobierno de Guerrero pero no son concluyentes porque se trata de pronósticos generales. Los correspondientes a esas fechas auguran lluvias en el territorio guerrerense y nada más.

Accuweather.com guarda un registro de precipitaciones pluviales. Para Cocula indica que el viernes 26 llegaron a 6 mm y el sábado 27, ascendieron a 9 mm. Pero el registro es diario y no por hora y es imposibe saber si esas precipitaciones se debieron a chubascos breves o a lloviznas persistentes.


Wunderground.com consigna solamente los datos de la estación meteorológica más cercana a Cocula, que es la de Huitzuco, localidad situada a unos 25 kilometros, en línea recta, y a 54 por carretera.


De acuerdo con la información allí recopilada, en Huitzuco llovió desde las 22:14 del día 26 hasta las 3:44 del 27. Si algo así hubiera ocurrido en Cocula, habría sido imposible que los presuntos criminales incineraran algo al aire libre.


Un tercer referente es el modelo desarrollado por el Grupo Interacción Océano-Atmósfera del Centro de Ciencias de la Atmósfera de la UNAM. De acuerdo con la simulación que ofrece el sitio, es altamente probable que en Cocula haya llovido la noche del viernes 26 y la madrugada del 27 de septiembre. El modelo puede consultarse aquí:



Cuarto dato relevante: la estación GR54, ubicada en Cocula y administrada por elo Organismo de Cuenca Aguas del Valle de México (OCAVM), registra que el día 26 hubo en esa localidad una precipitación de unos 10 mm y que el 27 fue de 7 u 8 mm:


A falta de testimonios directos no puede afirmarse nada concluyente, aunque lo más probable es que durante la noche del 26 y la madrugada del 27 de septiembre haya llovido en Cocula.

A continuación, los pronósticos meteorológicos:

Chilpancingo, Gro., 26 de septiembre.- La Subsecretaría de Protección Civil del gobierno del estado informó que se prevén lluvias fuertes en algunas zonas de Guerrero, generadas por la onda tropical 31 que se ubica sobre Oaxaca y Veracruz.
De acuerdo al Servicio Meteorológico Nacional (SMN), este fenómeno provocará lluvias intensas acompañadas de tormentas en puntos de Veracruz, Chiapas y Tabasco; muy fuertes en sitios de Oaxaca; fuertes en zonas del Estado de México, Puebla, Guerrero, Hidalgo y Morelos, y de menor intensidad en el Distrito Federal y Tlaxcala.
http://guerrero.gob.mx/2014/09/se-preven-lluvias-fuertes-en-algunas-zonas-de-guerrero-pc/

Pronóstico del tiempo del viernes 26 de septiembre de 2014:
El Pacífico Sur registrará cielo medio nublado a nublado con 80% de probabilidad de lluvias intensas puntuales en Chiapas, muy fuertes en Oaxaca y fuertes en Guerrero, temperaturas calurosas durante el día, viento de dirección variable de hasta 60 km/hr en el Istmo y Golfo de Tehuantepec y de 20 a 35 km/hr en el resto de la región.
http://www.seguridadgro.gob.mx/inicio/index.php/articulos/informes-meteorologicos/1599-boletin-meteorologico-26-de-septiembre-de-2014

En el caso de Guerrero, las condiciones de cielo nublado se estarán presentando en el transcurso de la tarde-noche, mientras que en el día la temperatura será calurosa.
http://www.milenio.com/estados/lluvias-temporada_de_lluvias-onda_tropical_31_0_379762158.html

Viernes 26 de septiembre de 2014: Para hoy, la Onda Tropical Número 31 se ubica sobre Oaxaca y Veracruz, provocará lluvias intensas (de 75 a 150 mm) acompañadas de tormentas en puntos de Veracruz, Chiapas y Tabasco; muy fuertes (de 50 a 75 mm) en sitios de Oaxaca; fuertes (de 25 a 50 mm) en zonas del Estado de México, Puebla, Guerrero, Hidalgo y Morelos, así como de menor intensidad (de 0.1 a 25 mm) en el Distrito Federal y Tlaxcala. A su vez, la nueva Onda Tropical Número 32, se extiende sobre el oriente de la Península de Yucatán, y ocasionará lluvias muy fuertes (de 50 a 75 mm) en áreas de Campeche, Yucatán y Quintana Roo.
La Tormenta Tropical Rachel, a las 04:00 horas tiempo del centro de México, se localizó aproximadamente a 630 km al sur-suroeste de Cabo San Lucas, Baja California Sur, con vientos máximos de 85 km/hr, rachas de 100 km/hr y desplazamiento al oeste-noroeste a 22 km/hr. El sistema, se mantendrá sin afectar de manera importante al territorio nacional, sin embargo seguirá aportando oleaje moderado con posibilidades de lluvia (de 0.1 a 25 mm) en Baja California Sur.
En tanto, un canal de baja presión en el noreste del país, provocará lluvias muy fuertes (de 50 a 75 mm) acompañadas de tormentas eléctricas y granizadas en puntos de Tamaulipas y Nuevo León; fuertes (de 25 a 50 mm) en áreas de Coahuila, y de menor intensidad (de 0.1 a 25 mm) en San Luis Potosí.
http://www.conagua.gob.mx/SalaPrensa.aspx?n1=9180&n2=Comunicados

Sábado, 27 de Septiembre del 2014
Cielo de medio nublado a nublado habrá en el Pacífico Sur, con 80% de probabilidad de lluvias intensas puntuales en Chiapas; muy fuertes en Oaxaca y fuertes en Guerrero; temperaturas calurosas durante el día, viento de dirección variable de hasta 60 km/hr en el Istmo y Golfo de Tehuantepec, y de 20 a 35 km/hr en el resto de la región.
http://www.conagua.gob.mx/SalaPrensa.aspx?n1=9188&n2=Comunicados

Pronóstico del tiempo del viernes 26 de septiembre de 2014:
“El Pacífico Sur registrará cielo medio nublado a nublado con 80% de probabilidad de lluvias intensas puntuales en Chiapas, muy fuertes en Oaxaca y fuertes en Guerrero, temperaturas calurosas durante el día, viento de dirección variable de hasta 60 km/hr en el Istmo y Golfo de Tehuantepec y de 20 a 35 km/hr en el resto de la región. “


http://www.seguridadgro.gob.mx/inicio/index.php/articulos/informes-meteorologicos/1599-boletin-meteorologico-26-de-septiembre-de-2014



11.11.14

Gobierno de historieta


El miércoles de la semana pasada el secretario de Comunicaciones y Transportes, Gerardo Ruiz Esparza, anunció que la impecable licitación para construir un tren rápido entre la ciudad de México y Querétaro tenía como ganador a su único concursante, un conglomerado empresarial encabezado por una paraestatal china e integrado, además, por un par de empresas mexicanas, una propiedad de un pariente político de Carlos Salinas (GIA) y otra (HIGA),  muy favorecida durante la gubernatura mexiquense de Enrique Peña Nieto. Un día después el mismo funcionario abundó en la transparencia y la pulcritud del proceso y anunció su cancelación, una decisión tomada por Enrique Peña Nieto, dijo, para evitar suspicacias y cuestionamientos.

Al día siguiente, el viernes, el procurador general de la República, Jesús Murillo Karam, se regodeó durante una hora en los detalles macabros del presunto exterminio de los 43 normalistas secuestrados por la policía municipal de Iguala, respondió con malos modos algunas preguntas de la prensa y puso fin a su presentación con una expresión que alcanzó una celebridad tan instantánea como, cabe suponer, perdurable: “ya me cansé”.

Tal vez alguno de los presentes se quedó con las ganas de preguntarle por qué la dependencia a su cargo no hizo nada contra el ex alcalde Abarca –presunto autor intelectual de los asesinatos y secuestros de normalistas perpetrados el 26 de septiembre– pese a que desde el 3 de julio de 2013 sabía de las imputaciones por homicidio que pesaban sobre el individuo y tenía en sus manos el expediente respectivo. En otra conferencia será.

El sábado, al fin de una movilización pacífica al Zócalo en protesta por la atrocidad de Iguala y por la admnistración de la tragedia por parte del peñato, un grupo de esos que rompen cosas sin que nadie los moleste le prendió fuego a una puerta de Palacio Nacional. Una vez que el desmán estuvo suficientemente documentado, la Policia Federal, auxiliada por la capitalina, capturó a dos decenas de inocentes que deambulaban por los alrededores, los golpeó, los paseó a bordo de patrullas y los entregó a la Subprocuraduría Especializada en Investigación de la Delincuencia Organizada de la PGR, la cual, hasta donde se sabe, no ha iniciado una sola investigación de oficio en contra de los policías secuestradores y golpeadores. Será porque Murillo Karam está cansado.

El domingo el portal de noticias de Carmen Aristegui dio a conocer que el hogar particular de Peña Nieto en la Ciudad de México está a nombre de HIGA (una de las empresas socias en la licitación ferroviaria cancelada) y que vale unos siete millones de dólares. La Presidencia aclaró –despues de días de negar toda información a los colaboradores de la periodista–  que la casa en cuestión  pertenece a la mujer del gobernante, Angélica Rivera, y que ésta se la está pagando en abonos a la constructora favorita. Nada ilegal, pues. Ni siquiera el hecho de que a un mexicano con ingreso promedio (12 mil 850 dólares anuales, según la OCDE) le tomaría casi 545 años y ahorrar la totalidad de sus percepciones para comprarse un domicilio de valor semejante. Cuestión de paciencia: quienes se integraron a la población económicamente activa en tiempos del tlatoani Axayácatl, padre de Moctezuma II, ya estarían estrenando casa en este 2014.

Peña no se inmutó y abordó un avión con destino final (es un decir) a Pekín, en donde a estas alturas estará desfaciendo el entuerto de la licitación cancelada. Ya se anunció la disposición del gobierno mexicano (es otro decir) a indemnizar a satisfacción al socio chino perjudicado. Está por determinarse cuántos millones de dólares le costará al país la inquietud gubernamental por el “qué dirán”. Porque el concurso, como lo explicó de manera exhaustiva Ruiz Esparza, era impecable.


Ayer los ofendidos de Guerrero y de otras partes del país bloquearon durante tres horas el aeropuerto de Acapulco. Es la primera vez, que se recuerde, que se emprende una acción de esa envergadura. Se puede estar de acuerdo con ellos o no, pero están convirtiendo su rabia en historia. El régimen, por su parte, sigue enredado en la elaboración de historietas sórdidas, fársicas e impúdicas, y por mucha voluntad que se ponga no hay manera de tomarlo en serio.

6.11.14

Memorial de agravios



Los niños paridos en la vía pública. Los ríos envenenados por los compadres del poder. El poder enloquecido por el dinero ilícito. Las arcas públicas endeudas por Zedillo. El mercado nacional entregado por Salinas. La destrucción deliberada del sistema de educación pública. La ruina consentida de los hospitales. La enseñanza y la salud convertidas en negocio de particulares. Los muchachos de Ayotzinapa.

Las mujeres violadas y descuartizadas en Chihuahua, Estado de México, Querétaro, Chiapas y en los demás rincones de un territorio nacional también descuartizado. Los electricistas privados de su fuente de trabajo. Los pilotos, las azafatas, el personal de tierra a quienes les fue robado su empleo con la complacencia del poder. Los agricultores expulsados de su milpa para construir autopistas torcidas desde los cimientos. Los muchachos de Ayotzinapa.

Los gestos triunfales de los gobernantes sobre las ruinas del país. Los discursos mentirosos y las simulaciones de democracia. El petróleo entregado a la rapiña. La electricidad convertida en artículo de lujo. La Suprema Corte de la Nación como un parásito gigantesco que chupa presupuestos en su mole de Pino Suárez. Los muchachos de Ayotzinapa.

Los miles de millones que desaparecieron de la contabilidad en el sexenio de Fox. Los multifamiliares rematados entre los familiares a doscientos pesos. El uso de la Procuraduría General de la República para golpear y perseguir las iniciativas discordantes. Los muchachos de Ayotzinapa.

La Estela de Luz que recuerda la sombra del calderonato. Los cientos de perredistas asesinados en tiempos de Salinas. Los campesinos ajusticiados por defender los recursos naturales. La obscenidad de la riqueza vuelta entretenimiento para muertos de hambre. Los recintos oficiales y los cementerios convertidos en set para las fiestas de la élite. Los huesos de los próceres exhibidos en un circo presidencial. Los muchachos de Ayotzinapa.

Los más de cien mil muertos que dejó la guerra espectacular de Calderón. Los que lleva la guerra de clóset de Peña. Los veintitantos mil desaparecidos, disueltos en ácido, tirados en los caminos, incinerados para que no quede la menor molécula de su identidad. Los padres privados de sus hijos y los hijos huérfanos de sus padres. La conversión del narcotráfico en un sector económico. La concesión de territorios al control de la delincuencia. Los pueblos secuestrados. Los ciudadanos obligados a pagar impuestos y extorsiones a las dos caras del narcoestado. Los muchachos de Ayotzinapa.

Los políticos comprados y vendidos por voluntad propia. El aprovechamiento del hambre de millones para comprar la Presidencia. El hostigamiento perpetuo a las comunidades zapatistas. Acteal. Aguas Blancas. El Charco. El Bosque. Tlatelolco. Los muchachos de Ayotzinapa.

La electricidad regalada a las grandes empresas. Los impuestos devueltos a los conglomerados influyentes. La sumisión ante el poder televisivo. Los miles de millones otorgados a comunicadores corruptos. Los jueces prevaricadores. Los magistrados obsecuentes. Los muchachos de Ayotzinapa.

La eterna opacidad de las finanzas públicas. El engaño electorero de los programas sociales. El teatro de la Cámara de Diputados y del Senado de la República. Los periodistas asesinados, torturados, desaparecidos y hostigados. El desmantelamiento de los derechos laborales. Los muchachos de Ayotzinapa.

Los pederastas impunes en razón de su pertenencia a la clase política o al alto clero. Los funcionarios e influyentes que golpean a sus parejas. La erección de caminos de paga para beneficiar a las constructoras de los amigos. El reparto de las frecuencias entre los leales. La desvergüenza de Monex y de Soriana. Los muchachos de Ayotzinapa.

El acoso a comunidades indígenas. Los proyectos hidroeléctricos construidos sobre tierras robadas. Las obras públicas defectuosas para asegurar el negocio de su constante remiendo. La simulación de concursos para el desarrollo de líneas férreas. La congelación de los salarios. La eliminación de los precios de garantía. La devastación de pequeñas y medianas empresas. Los muchachos de Ayotzinapa.

La impunidad pactada entre sexenios. Los miles de millones de dólares recibidos por procuradores, generales, gobernadores, vistas aduanales y jefes de seguridad para actuar como guardaespaldas de los maleantes. La distorsión de las funciones constitucionales de las Fuerzas Armadas. La soberanía nacional intercambiada por la protección de Washington al grupo gobernante. Los muchachos de Ayotzinapa.

La ofensiva contra los jóvenes. La discriminación institucional contra las mujeres. El acoso sexual perpetrado desde la protección de los cargos públicos. La estupidez provocadora erigida en frase oficial. La manipulación de la historia. Los vehículos blindados para salvar a los funcionarios del desastre causado por ellos mismos. La simulación ante la ordeña de ductos petroleros. El favoritismo en las concesiones de espacios públicos. Los muchachos de Ayotzinapa.

La tomadura de pelo persistente, impenitente, sórdida. La doble muerte de criminales destacados. El encubrimiento de capos. La administración de la verdad. La masificación de la mentira. La leche radioactiva importada por Raúl Salinas. Las privatizaciones de todos los sexenios. El maltrato y el asesinato de migrantes propios y ajenos. La compra de espacios en las portadas de revistas extranjeras. Los muchachos de Ayotzinapa.

El estreno de residencias millonarias al terminar la gestión. Las cuentas de banco en Suiza y en las Islas Caimán. El jineteo de presupuestos. Los Jaguares, los Volvos, los Mercedes y los Ferraris. Los negocios familiares disfrazados de franquicias electorales. Los pisos en Cancún y en Florida. La destrucción masiva de ecosistemas. Los muchachos de Ayotzinapa.

Los pactos que traicionan el mandato electoral. Los redondeos y los Teletones para esquilmar a los más pobres. El uso de recursos públicos para campañas electorales. El pacto federal como máscara, la separación de poderes como fachada, el orden constitucional como guión de telenovela, la democracia como envoltorio de la dictadura. Los muertos de San Fernando. El desamparo ciudadano en Veracruz, Morelos, Michoacán, Durango, Tamaulipas, Sinaloa, Estado de México, Guerrero. Los muchachos de Ayotzinapa.

El avión presidencial más caro del mundo. La fabricación de delitos contra jóvenes inocentes. La negación de los derechos de las mujeres sobre su propio cuerpo. El desprecio explícito de los encumbrados hacia la prole. El lavado de dinero y de trayectorias personales delictivas. Los niños asesinados con balas de goma. La mierda monumental del régimen oligárquico. Los muchachos de Ayotzinapa.

4.11.14

Pacto o renuncia



México vive bajo la constelación de una crisis quíntuple. La social se viene incrementando desde el sexenio de Salinas, cuando millones de campesinos fueron obligados, por la mano económica, no por la militar, a abandonar sus tierras y buscar algún resquicio de subsistencia en la emigración –nacional o internacional– o en la delincuencia, y cuando innumerables trabajadores urbanos se vieron forzados, de esa misma manera, a transitar al sector informal, a un mercado de trabajo volátil e incierto, a la changarrización (aportación teórica de Fox) o a la delincuencia. Tales fenómenos, así como la férrea contención salarial, la destrucción deliberada de los sistemas públicos de salud y educación, la eliminación o reducción de derechos individuales y colectivos y la liquidación de la casi totalidad de la propiedad pública se han traducido en desigualdad lacerante, desintegración social, miseria, marginación, desempleo, insalubridad, cinismo e indiferencia y una alarmante pérdida del sentido de nación por un gran número de habitantes del país.

La crisis política se origina en el primer sexenio panista por la utilización descarada de la administración para el enriquecimiento del entorno presidencial, el empleo faccioso de los organismos de procuración e impartición de justicia para sacar de la sucesión presidencial a López Obrador y, posteriormente, por el sometimiento de las entidades electorales (entonces encabezadas por Carlos Ugalde y Leonel Castillo) al fraude continuista que incrustó en Los Pinos a Calderón. Desde entonces, los tres poderes del Estado no han sido capaces de reconstruir su autoridad, su credibilidad, su representatividad ni su legitimidad, atributos que no derivan de oficios o pactos firmados por gobernantes, magistrados o legisladores, sino de la percepción social imperante. Las elecciones de 2012, adulteradas con un fraude que sólo resultó invisible para el IFE y el tribunal electoral, ratificaron y agravaron esa crisis.

La crisis económica, por su parte, se origina en la persistente mediocridad de los indicadores macroeconómicos desde 1982 en adelante y, particularmente, desde el descalabro financiero internacional de 2008. La economía no crece al ritmo que debe, el gabinete económico ha encontrado en el endeudamiento nacional desorbitado una manera de darle la vuelta a la prohibición neoliberal de déficits fiscales, el agro está más postrado que nunca, el mercado interno está hipotecado a los productores extranjeros y, para colmo, el peñato ha introducido en este escenario la perspectiva cercana de una reducción significativa de los ingresos públicos –que, reforma energética mediante, serán compartidos con consorcios privados– y de una importante masa demográfica que llegará al fin de su vida productiva sin jubilaciones ni pensiones.

El país pasa también por una crisis institucional que se manifiesta en la corrupción evidente (aeropuerto y tren México-Querétaro como ejemplos monumentales) y en la inoperancia generalizada de las dependencias y de los organismos autónomos del Estado, desde la Comisión Nacional de Derechos Humanos hasta la Procuraduría General de la República, y a lo anterior debe agregarse la espiral de violencia, inseguridad y ausencia de estado de derecho que Calderón le heredó a Peña y que éste se ha encargado de mantener e incrementar.

En semejante contexto, las ejecuciones extrajudiciales de Tlatlaya, la masacre y desaparición de normalistas en Iguala, los asesinatos de jóvenes estadunidenses en Reynosa a manos de la guardia pretoriana de la alcaldesa, los feminicidios en el estado de México, los homicidios cotidianos de políticos, dirigentes sociales, empresarios o ciudadanos desconocidos y humildes, alimentan en forma regular los cementerios clandestinos que son posteriormente descubiertos en Guerrero, Durango, Veracruz y otras entidades.

Ayer Peña anunció que gestionará una suerte de Pacto por Iguala –a la manera en que urdió el Pacto por México para aparentar que su brutal mutilación de la Carta Magna gozaba de legitimidad y consenso– para evitar que se repitan atrocidades como la perpetrada contra los estudiantes de Ayotzinapa el mes antepasado. Pero el momento nacional es muy distinto al de diciembre de 2012 y esta vez la sociedad se le adelantó. El crimen perpetrado contra los muchachos normalistas ha dejado al descubierto la imbricación de los tres niveles de gobierno y de la mayor parte de la clase política en las circunstancias que hicieron posible la barbarie; ha evidenciado que la agresión gubernamental contra la población inerme no es un hecho aislado sino parte de un patrón bien definido, y ha dado lugar a una indignación general que trasciende estratos sociales y que constituye, a su manera, el embrión de un pacto social gestado al margen, y a contrapelo, del poder oligárquico y neoliberal.

El necesario proceso de recomposición institucional (en palabras del convocante, resablecer “el estado de derecho, combatir la corrupción y cerrar el paso a la impunidad”) y el principio de solución a la crisis quíntuple no pasan por un nuevo pacto cupular y vacío, sino por una renuncia presidencial. Y ante la manifiesta incapacidad de Peña y de su equipo para ver más allá de las cúpulas y de percibir los ánimos sociales, es necesario y urgente obligarlos a escuchar el clamor social mediante acciones masivas, pacíficas, legales y articuladas.

2.11.14

Calacas de fin de régimen


Angel Aguirre Rivero

Angel Aguirre Rivero
fue, más que gobernador,
de La Huesuda asesor
y eficaz sepulturero.
Así, convirtió a Guerrero
en una masiva fosa,
protegió gente mafiosa
y en su momento postrero
chillaba pidiendo fuero
frente a la tumba espantosa.


El “perdón” de Carlos Navarrete

Deambula por el panteón,
este chucho impresentable
y no hay un muerto que le hable
pues provoca repulsión.
Pero aunque pida perdón
después de tanto trinquete,
el alma de Navarrete
a nadie causa piedad
y pasa la eternidad
pudriéndose en un retrete.


Jesús Zambrano y el Pacto por México

Ojalá de la tumba nunca salgas
tú, del Pacto por México firmante,
ni abandones el círculo que Dante
describió con metáforas hidalgas.

En este mundo no hay sitio que valgas,
Jesús Zambrano, torvo negociante,
que si resucitaras un instante
irías otra vez a dar las nalgas.


El improcurador Jesús Murillo Karam

Metido en una hedionda sepultura
Jesús Murillo Karam pasa el rato,
juega con la verdad y se hace pato
con narcos de menguada catadura.

Es el procurador, mas no procura;
su tumba más que tumba es un ornato
y es, en el cementerio del peñato,
campeón en indolencia y cara dura.


Moreno Valle, el “góber bala”

Elba Esther, en una calle,
un aborto padeció
y así fue como surgió
Rafael Moreno Valle.
Lo malo –ahí está el detalle–:
es que fue gobernador
y salió tan represor
que al llamado góber bala
hoy la muerte lo regala
pues no soporta su hedor.


Javier Duarte y los frutsis

“Aquí ya no ha asesinos”
–decía el gobernador–,
“se robarán, a lo peor,
un frutsi con dos pingüinos”.
Por esos dichos cretinos,
y darle tanto trabajo,
la Pelona lo sustrajo,
le dijo “vengo a llevarte”
y así fue que Javier Duarte
se fue con rumbo al carajo.


Rosario Robles en el Infierno

Convertida en calavera,
demacrada y sin pudor,
Rosario Robles, qué horror,
en el Infierno prospera.
Por mendaz y traicionera
el Diablo le da un calambre
y decide que este fiambre
de rebosada silueta
ya debe ponerse a dieta
y saber lo que es el hambre.


Presidencia de la República

La Presidencia comprada
de pronto se derrumbó
pues el güey que la compró
nada más no hacía nada.
La Nación, hipotecada,
se hartó de este copetón
al ver que la matazón
en México no ha cambiado
y hoy Peña yace enterrado
al lado de Calderón.


Raúl Plascencia y la CNDH

La Comisión Nacional
de los Derechos Humanos
cayó en las pésimas manos
de un sujeto sin moral.
Llegó a su tumba final
en tanto Raúl Plascencia,
el rey de la complacencia
al poder presidencial,
en el mero Pedregal

estrenaba residencia.

31.10.14

Día de los Vivos


Muerte, serena muerte: recibe a los irremediables con suavidad y ternura porque están urgidos de afecto. Han pasado por cosas muy duras y se merecen el descanso, el calor del seno terrestre, la ligereza de la atmósfera, la tibieza del recuerdo. Guárdate en tus aposentos sombríos y sé buena anfitriona con los que llegan a tu casa porque no tienen otro sitio al cual acudir. Asegúrate de que la nada que los envuelve les resulte cuando menos indolora y tal vez apacible.

Deja que te quitemos por unos días algunos de los nombres, algunos de los rostros que forman tu rebaño desmesurado: los pocos que se salvan del olvido. Queremos tenerlos con nosotros, platicar con ellos, homenajearlos y brindarles agua y café. Sabemos que algo, algo situado acaso en nuestro interior y no muy bien definible, sentirá gratitud con ese gesto, por más que las bebidas no lleguen a sus quijadas rígidas y a sus gargantas silenciosas. Si quieres verlo así, permítenos un margen para la fantasía y la ilusión. Pero no te entrometas ni reclames soberanía sobre esos pobres invitados de ocasión a nuestras mesas tristes y coloridas. Abstente por un tiempo de tocar con tu mano inmunda y descarnada sus fotos entrañables, sus brazos idos, sus párpados abiertos por estas solas noches frías. No traspases las líneas dibujadas con pétalos en donde los tenemos como asilados temporales. Ya te los devolveremos, porque es inevitable, cuando se marchite el sempasúchil. Hoy son nuestros, los proclamamos nuestros, porque queremos festejar la vida: la vida que tenemos y la de los que la tuvieron.

Muerte, fétida muerte: Ándate por unos días a visitar a los calculadores y a los exaltados que te adoran y que te invocan como parte de su rutina diaria: los que no tuvieron piedad, los que te incluyeron en el programa y la estrategia, los que cuentan contigo para acrecentar sus fortunas, los que te administran lentamente en la pobreza de los otros, los que te inoculan de forma rápida con órdenes atroces y criminales, los que no se conduelen y siguen adelante, los que no escuchan y no entienden el sufrimiento ajeno.

Pinta con pintura negra sus casas, ensúciales sus despachos impolutos, lleva a su mesa y a su almohada los restos que dejaron regados, míralos fijamente desde las fosas sin ojos de los que asesinaron. Convierte sus lágrimas hipócritas en vidrios afilados, congélales en la boca el discurso de piedad mentirosa, enciérrate con ellos por mucho tiempo en sus negocios subterráneos, sus salas de exterminio y sus cuartos de tortura. Convierte en polvo sus tasas de interés, baila sobre los huesos de sus altos cargos, transforma en ataúdes sus automóviles blindados y sus aviones ejecutivos, vuelve mortajas sus prendas de diseño exclusivo, neutraliza con tu aliento el hedor de sus perfumes. Sé justiciera por primera vez en tu inexistencia.

Muerte, sórdida muerte: danos una pequeña tregua. Evítanos el estruendo de las balaceras, el dolor de los lamentos, el chirriar de las llantas antes del accidente, el estertor en el quirófano. No captures al niño ni al joven, al que aún tiene mucho por dar y por recibir, al que está anclado a la vida simple, al que sueña con el futuro, al que no ha podido conocer el sabor de ciertas frutas, al que da de comer a sus prójimos, al que extrae figuras de la nada, al que transforma el aire en música, al que combina los colores, al que es necesario en el barrio, al que no tiene más bienes que la vida.

Muerte, desgraciada muerte: muévete unos pasos hacia atrás y abandona esa región ambigua de la ausencia y de la incertidumbre y permite que salgan de ella quienes han sido separados a la fuerza de su horario, de su plato en la mesa, de su libro, de su habitación, de sus camino cotidiano. No termines de hundirlos en la nada. No pretendas hacer tuyo lo que se balancea en la duda. No abuses de tu dominio en los territorios de la sombra. Que no se exceda tu ambición de coleccionar nombres. No des un paso más porque podrías romper sus delicadas columnas vertebrales. Permite que regresen salvos y con bien de la desaparición: con sus extremidades completas y sus dientes enteros y sus sentidos funcionando, con su dedicación y su amor intactos, con sus carcajadas de adolescentes pobres. No nos los arrebates. Vivos se los llevaron y vivos los queremos.

Muerte, déjanos sembrar y leer y cantar y enojarnos y construir muros y después derribarlos y reproducirnos con amor y calma y embriagarnos y deshacernos de ternura por una nota musical, por una silueta apenas esbozada o por cualquier estupidez, y defender con uñas y dientes nuestra intrascendencia Te exigimos respeto desde la soberanía de nuestros organismos, desde nuestra niñez efímera, nuestra madurez breve, nuestra fugaz ancianidad. No te aparezcas a mansalva y traición en un recodo del camino; permite que lleguemos cuando menos al poblado próximo y espéranos allí, sentada en la plaza o donde quieras. Puedes estar segura de que no vamos a dejarte plantada.

Ya nos has hecho mucho daño. Tu gula de rostros apagados es insaciable y ya nos has quitado padres, madres, hijos, abuelos, tíos y amigos por montones. Hoy queremos estar con ellos y sin ti; charlar sin que nos escuches; deliberar sobre asuntos que no te incumben; amarnos como tú no sabes ni sabrás nunca; vivir la vida dulce, la puta vida amarga.

Muerte, déjanos en paz.


16.10.14

Motivos





Los dejan de tomar en cuenta porque la educación pública ha dejado de ser una prioridad. Los marginan porque no encajan en los ajustes estructurales –es decir, en la (re) escritura de la historia, tal y como la entienden los gobernantes de México desde la década penúltima el siglo pasado. Los sacan de los programas institucionales porque los jóvenes funcionarios recién llegados no estudiaron en universidades públicas y menos en normales rurales sino en instituciones foráneas de excelencia o, cuando menos, en algún reducto clasemediero nacional y ellos, los funcionarios, sí entienden el país y tienen claras sus necesidades. Los minimizan porque el agro necesita ser redimensionado a la baja (así hablan los funcionarios) y readecuado a los imperativos de un país moderno. Los dejan fuera de los presupuestos.

Ellos piensan distinto. Creen que su derecho a la educación y al trabajo es algo más que un anacronismo constitucional. Saben –porque vienen de entornos que acusan la carencia– que la enseñanza es tan necesaria para vivir como la canasta básica y tienen claro que no es posible construir un país moderno sobre millones de analfabetismos y sobre millones de marginaciones ni aspirar a la convivencia armónica en una economía que manda a los basureros de su mercado a las personas y a las colectividades que no tienen una etiqueta precisa de índice de rendimiento.

Protestan. Acuden en tropel a las oficinas de los servidores públicos para exigir que no se aplique la tecla delete a su escuela, a su formación, a su futuro y al de sus pueblos. Dejan en los vestíbulos un halo de olor a campo y a pobreza. Causan disgusto con sus modales agrarios y sus expresiones bastas. Los servidores públicos los encuentran primitivos y rudos; nada que ver con los atentos empresarios que acuden a gestionar permisos y concesiones, que hablan desde la seguridad del adinerado y del protegido, que dejan tras de sí regalos y, con frecuencia, sobornos.

Les cierran las puertas porque resultan molestos y desagradables, porque no tienen maneras, porque quiénes se han creído para exigir el cumplimiento de la palabra empeñada, del compromiso firmado. Ya se les conseguirá alguna limosna presupuestal, siempre y cuando se conduzcan con humildad. Se les detesta porque son respondones e insumisos, es decir, porque se niegan tercamente a despojarse de la dignidad. Los ignoran porque no rinden pleitesía a las atribuciones del poder.

Los reprimen porque bloquean el tránsito, porque dan una mala imagen del país, porque afectan al comercio. Ellos resisten y entonces alguien en las alturas institucionales ata cabos y recuerda que esa escuela normal es un semillero de fascinerosos y de subversivos y decide darles un escarmiento: nadie (nadie que importe, nadie que tenga poder de decisión, músculo empresarial y financiero, tribuna mediática masiva) lamentará que un par de esos jóvenes alborotadores resulten muertos a balazos. Porque nadie (ninguno de los que verdaderamente pesan) dijo nada cuando las fuerzas policiales recibieron la orden de matar a un par de levantiscos en Atenco y de violar a todas las mujeres que pudieran, que eran, a su vez, botín de la guerra contra una comunidad que echó a perder importantes negocios. Bueno, la verdad es que en ese entonces muchos aplaudieron.

Los persiguen porque forman parte de ese entramado que resiste y denuncia los planes de comercialización del territorio nacional; porque son rescoldo de viejas luchas que dejaron centenares de desaparecidos, de torturados, de encarcelados sin motivo, de movilizados masacrados en la vía pública. Y tienen memoria, y la memoria estorba cuando se trata de modernizar un país para dotarlo de multimillonarios, centros comerciales, aeropuertos de nivel internacional, campos de golf, marinas, maquiladoras, oficinas relucientes amuebladas según el último grito de la moda en las que cada sofá cuesta lo que una familia gasta en comida durante un año.

Miles de horas triple A de televisión y radio han sido invertidas por los consorcios informativos y sus comentadores para informarnos que esos muchachos de Ayotzinapa (como los comuneros de Atenco, como antes los indígenas zapatistas, como los activistas de Morena, como los electricistas del SME, como todos los que luchan contra ese México reluciente, miembro de la OCDE y aspirante a proveedor de cascos azules para las misiones de paz de la ONU) son unos vándalos y malvivientes que sólo quieren sembrar el desorden, la destrucción, el inmovilismo. Por eso estamos como estamos, se suministra el latigazo del lugar común desde sets de televisión, cabinas de radio, teclados a sueldo desde los que se insinúa ya no que los alumnos de la normal rural sean protoguerrilleros, sino que tienen vínculos con la delincuencia organizada. Y ante las cámaras monopólicas, tras la repetición de la muletilla Mire usted, se reflexiona sobre los pobres automovilistas varados por culpa de los díscolos, los ciudadanos honrados que no pueden llegar a su trabajo por las acciones de estos crápulas, los funcionarios que se ven obligados a desviar su atención de las cosas realmente importantes para hacerse cargo de protestas y desmanes sin sentido. La sociedad no se merece a estas lacras. El mundo no se merece a estas lacras. La vida no se merece a estas lacras.

Tal es el estado de opinión que predomina en México, en Guerrero y en Iguala la tarde del 26 de septiembre de 2014, cuando la primera dama municipal se dispone a rendir su informe de labores como presidenta del DIF autóctono, y su marido, que es presidente municipal, se entera de que los jóvenes de Ayotzinapa han llegado a la ciudad para hacer nuevos desmanes. Y después de eso las versiones difieren porque hasta hoy las autoridades estatales y municipales no se han tomado la molestia de esclarecer qué pasó, de procurar justicia ante el homicidio de seis personas a manos de la policía municipal ni de dar con el paradero de los 43 alumnos normalistas que fueron secuestrados por una fuerza combinada de la policía y de una organización delictiva que –ahora venimos a enterarnos– ejercía el poder público en la ciudad.

Se debe reconocer, con todo, que el peñato –compuesto por un triángulo partidista en el que caben, además del PRI de siempre, Acción Nacional y esa Nueva Izquierda que le ha hecho a Guerrero lo mismo que Felipe Calderón le hizo al país– no es el único responsable. A ese grupo político encaramado en el poder a punta de fraudes, corrupción y alianzas con la delincuncia hay que sumarle los intereses transnacionales que necesitan un territorio limpio de protestas y de organización social contestataria. Y ese coro de desinformadores que han predicado por años el desprecio y la condena a los ayotzinapos. Y hay que sumarle, también – last but not least–, las imposiciones de estrategia de seguridad procedentes de Washington, tal como están documentadas en los cables del Departamento de Estado que WikiLeaks y La Jornada difundieron en 2011. Qué oportuno resulta, ahora, presentarse como consternados.

Pero no hay que irse con esas fintas. A los estudiantes de Ayotzinapa, como a muchos otros miles de mexicanos, el poder los mata o los desaparece porque son indeseables, porque son pobres, porque son revoltosos, porque son prietos, porque afean el paisaje, porque son indios, porque son insumisos, porque son nacos, porque se rebelan, porque son respondones y también, claro, porque es más caro, ineficiente e improductivo el satisfacer sus demandas que acceder a las peticiones de la delincuencia organizada.


15.10.14

A los que quedan

México, 14 de octubre de 2014

A la sociedad mexicana (a los que quedan).
A quienes todavía tienen ojos para leer, a quienes están y creen que nunca serán desaparecidos, les queremos decir unas palabras.

Somos H.I.J.O.S. México y esta vez, con la rabia de siempre, pero ya sin pesar ni vergüenza, nos referimos a ustedes en estos términos. Todas aquellas personas que hoy queden vivas y libres, todas aquellas personas que leen o escuchan esto con curiosidad y que no cuentan en su familia o amistades a alguien desaparecido, deben saberlo de una vez: ustedes siguen.

Es terriblemente simple: por décadas nuestras abuelas gritaron en las plazas, marcharon, repartieron volantes, se colgaron las fotos de sus hijos al pecho; las llamaron locas, las amenazaron y las reprimieron. Mientras tanto, la inmensa mayoría del pueblo mexicano hacía una sola cosa: nada. Voltearon hacia otro lado; aprendieron la sonrisa sin memoria; compraron algún bien y siguieron en la ficción de una vida sin desaparecidos, porque “no eran suyos”. Después, dejaron crecer solos a sus hijas e hijos, sin pensar siquiera si esa piedrita incómoda en el zapato podría crecer. Hoy, con el dolor de los años, podemos decirles que se equivocaron: el horror ha vuelto y creció.

Somos hijos e hijas también de su olvido, habitantes de este país despedazado, al que estúpidamente amamos todavía, desde lo más profundo. Por eso somos hijos del enojo, la indignación y la rabia ante los hechos acontecidos en Tlatlaya, Estado de México y en Iguala, Guerrero; somos hijos del dolor en Acteal, El Bosque, El Quemado, Aguas Blancas y tantas otras. Nuestros padres son y fueron hombres y mujeres dignos y aguerridos que lucharon de distintas maneras porque este país fuera mejor. Nosotros somos la reivindicación de sus ideales y los mantendremos vivos siempre; porque pese a todo, nos oponemos al olvido.

Pensamos que el horror había tocado nuestras vidas cuando estábamos por nacer, cuando usábamos pañales; pensamos que nuestra herida sería la de luchar contra el olvido de nuestro país, jamás contra las fuerzas que nuevamente arrebatan padres y madres de sus casas dejando más hijas e hijos en un abrazo vacío.

Si hoy, cuando nos siguen faltando y urge localizar a los 43 estudiantes desaparecidos; si hoy ustedes tienen la sensación de que pueden volver a mirar hacia otro lado; si tienen el oculto deseo de que todo vuelva a ser igual, si quieren que este episodio de horror pase y no atormente más sus pobres almas la próxima semana, sepan que esa es la señal inequívoca: el suelo ha empezado a desmoronarse precisamente bajo sus pies.

Somos el fantasma de las navidades futuras. Estamos aquí para recordarles un porvenir que quieren desconocer. Generaciones enteras de niños, niñas y jóvenes crecen hoy como un dolor en la raíz del miedo, construyendo un futuro que ustedes, desde ya, quieren olvidar. Pero nosotros no olvidamos. Y no perdonamos. Por suerte no somos los únicos.

Hoy, quizá como nunca antes, entendemos la motivación de nuestros padres y madres al elegir el camino que eligieron. Queremos que caiga este Estado en que todos los partidos y niveles son cómplices; queremos castigo a los responsables y queremos a nuestros compañeros vivos; queremos verdad y justicia.

De lo hecho o dicho hasta ahora, nada nos calma ni nos hace sentido (salvo la rabia cruda, la gente en las calles). Los opinólogos deberían hacer más y opinar menos; los analistas deberían moverse antes de descalabrarse por el derrumbe de sus teorías. ¿De verdad creen que es suficiente? No esperen que les aplaudamos a sus funcionarios cuando salen a buscar desaparecidos por las calles como si se hubieran perdido en una tormenta; como si no supieran por dónde y por quiénes empezar a buscar. No esperen que el verbo “esclarecer” nos deje tranquilos, ni que sus renuncias aparezcan como actos de heroísmo: todo eso no es ni lo mínimo. No basta. Nuestro pueblo debe tener más autoestima. Los queremos vivos, queremos bien a sus familias; queremos tras las rejas a responsables y cómplices, y queremos que nunca más nadie tenga que llorar un desaparecido por motivos políticos, ni por ningún otro motivo.

La herida en el corazón del país no podía ser más clara. Desaparecer estudiantes; desaparecer futuros profesores. Nuestros padres también estudiaron en Ayotzinapa, ¿es que a este país no le bastó con que ellos ya hayan dado su vida? Nosotros pagamos el precio para que esta sociedad transitara hacia un futuro mejor y aún así esta sociedad no lucha por merecerlo. ¿Quieren desaparecer nuestra memoria? No lo permitiremos.

Es por esto que, en los albores de nuestros quince años de existencia, H.I.J.O.S. México anuncia que se replanteará su actuar, en honor a la memoria de nuestros padres y nuestras madres, y en honor a quienes aún hoy, ante todo, siguen luchando por un otro mundo mejor. Esa alegría que algunos admiraban se nos borró de golpe en Ayotzinapa; los colores que solemos usar se están quebrando entre nuestras muelas apretadas de dolor y rabia. Y no nos vengan a contar aquella historia de la alegría y la esperanza, porque también nosotros la inventamos, pero hoy sabe a poco y no basta.

Y lo hacemos esta vez por ellos, por ellas. Por Elín, por Juan Carlos, por Esther, por el Flaco, por Rafael, por Valentín, por Tomás, por Alicia. Por tantos y tantas que nos faltan, desde hace tanto. Lo hacemos esta vez también por los nuevos hijos, por las hermanas Alvarado, por Nadin, por Dianita, por Heber, por Janahuy, por las nietas de Luli. Lo hacemos también por nuestros hijos, los hijos de H.I.J.O.S., porque otra vez nos negamos a que crezcan en un país que no se merecen. Si la sociedad mexicana no hace hoy lo extraordinario, cuando llegue el día en el que conozcan este dolor como propio, no nos pregunten ¿por qué no hacemos nada en la búsqueda de sus familiares?, sólo recuerden que llevamos décadas denunciando al terrorismo de Estado, que no es nuevo. Asuman su responsabilidad en la continuidad de las desapariciones forzadas en este país lleno de impunidad, simulación y corrupción. Sabemos que hay muchas personas, maravillosas y valientes, que ponen cada día su trabajo y corazón para detener el horror. Lo reconocemos y agradecemos, pero es urgente que nos demos cuenta de que no está siendo suficiente.

Sentimos no tener hoy palabras más hermosas, se nos están acabando; nos las quitaron cuando nos quitaron a 43 estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa, como nos quitaron a nuestras madres y padres, como ha sucedido en los últimos 45 años que ustedes, los sin dolor, no quieren ver.

Hacemos un llamado a la sociedad civil de todo México, de América Latina y del mundo entero a solidarizarse urgentementecon el pueblo del cual formamos parte. Esperamos en consecuencia que este llamado que hacemos -que no es como tantos otros que hemos hecho- haga eco. Deseamos y confiamos en que habrá una reacción a este grito que no hacemos nosotros, sino todo el pueblo digno de México y que ahora replicamos. Repudien a los gobernantes de este Estado asesino a donde quiera que vayan, exijan a los gobiernos de los demás países romper relaciones con ellos hasta que se presente con vida a los 43 compañeros normalistas desaparecidos, así como a las decenas de miles de mexicanos que se encuentran también desaparecidos. Queremos justicia y si el Estado no la provee, es el responsable directo del terrorismo en que estamos inmersos. Ayúdennos a condenarlos como humanidad, porque los desaparecidos nos faltan a todos, desde siempre y como nunca.

Hoy más que nunca: no olvidamos, no perdonamos y no nos reconciliamos. Juicio y castigo a los culpables y sus cómplices.
¡Vivos se los llevaron y vivos los queremos!



14.10.14

No hay gobierno

Foto: Reuters

La foto impresiona: el joven efectivo de la Policía Federal que vigila el sitio en el que fueron encontradas fosas con restos humanos en Iguala sostiene, sin esfuerzo aparente, una ametralladora M-60 de diez kilos de peso. Era el arma con la que la infantería estadunidense se abría paso en los arrozales de Vietnam y en los vecindarios polvorientos de Faluya, aunque al norte el Río Bravo se le considera obsoleta y ya está siendo remplazada por un nuevo modelo. El personaje de la gráfica tiene el dedo nervioso pegado al guardamonte y la canana de cartuchos, colocada a modo de banda presidencial holgada, le cuelga por debajo de la rodilla. Por si se le acaban esos cartuchos porta, además, un estuche con varios cargadores, chaleco antibalas, casco con gogles, un kefiyeh palestino enrollado en el pescuezo –último grito de la moda entre las fuerzas especiales y cuerpos contrainsurgentes: expropiar el emblema mundial de los insumisos– y el distintivo reglamentario con bandera, escudo y nombre del país, México, pegado al hombro. Lo único que desentona con la imagen de guerrero feroz es su mirada de inocencia; en ella queda claro que el muchacho no tiene la menor idea de lo que está haciendo.

No es el único. El gobierno federal custodia ese sitio –relevante sólo para la investigación criminalística– como si se tratara de una central nuclear pero allí sólo hay unos hoyos en los que el 4 de octubre fueron encontrados restos humanos que podrían pertenecer, o no, a algunos de los estudiantes normalistas secuestrados por la policía de Iguala entre el 26 y el 27 de septiembre y desaparecidos desde entonces. Han aparecido más fosas pero hasta ayer, lunes 13 de octubre, ni la autoridad federal ni la estatal habían informado con claridad quiénes ni cuántos son los muertos hallados en ellas. Más allá de cualquier escrúpulo, ambas instancias parecen más preocupadas, la primera, por utilizar la barbarie policial del municipio para destruir políticamente al gobernador guerrerense y a su partido, el PRD, y éstos, por aferrarse a como dé lugar a esa posición de poder.

Mientras la Federación exhibe el poderío de sus policías acordonando agujeros macabros pero vacíos, las balaceras, los asesinatos y los “levantones” prosiguen su curso en la normalidad sangrienta impuesta por Felipe Calderón y combatida por Enrique Peña Nieto con el viejo método de esconderla bajo la alfombra, pero ni así: los muertos se desbordan por todas partes y los homicidios de estas semanas en Chihuahua, Acapulco y Ecatepec son una muestra. Uno se pregunta por qué la prioridad de resguardar cementerios clandestinos con cuerpos de asalto por sobre la necesidad de custodiar vidas y la respuesta inevitable es que las vidas no importan tanto como la imagen mediática. Hay que preocuparse sólo cuando los asesinatos empiezan a deteriorar la percepción del país entre los inversionistas extranjeros, como lo dijo el fin de semana Luis Videgaray con un cinismo asombroso a propósito de los jóvenes muertos y desaparecidos de la Normal de Ayotzinapa. Los muertos que para el secretario de Hacienda constituyen un riesgo de disuasión financiera son, en manos del PRI y del PRD, instrumentos de campaña de cara a procesos electorales próximos. Así estamos.

Desde luego, la ineptitud y la indolencia de Ángel Aguirre Rivero ameritan su salida del cargo a la brevedad, pero no es el único caso. A dos años de instaurado el peñato, la Segob, la PGR, el Cisen (¿qué hacía el Cisen mientras la delincuencia organizada se apoderaba de Iguala? ¿Buscaba con microscopio agentes del Estado Islámico infiltrados en el territorio nacional?) y el propio Peña Nieto han incumplido en forma escandalosa, exasperante e inadmisible, su obligación de garantizar la seguridad pública y el derecho a la vida de las personas, que es el principal deber de un gobierno. En este sentido, los muchachos de Ayotzinapa muertos y desaparecidos confirman la desaparición de todo sentido nacional en una institucionalidad utilizada no para servir a la población sino para saquear, entregar el país al extranjero y pasear por el mundo la frivolidad oligárquica en un avión de 7 mil millones de pesos.


Localizar y presentar a los estudiantes de Ayotzinapa debe ser la última tarea de Aguirre y también la última de Peña. Y después de eso es necesario que ambos pidan licencia a sus cargos respectivos porque gobierno, lo que se llama gobierno, aquí no hay.

7.10.14

Responsabilidades


El viernes 26 de septiembre la opinión pública nacional seguía recibiendo con consternación las revelaciones sobre el caso Tlatlaya, localidad mexiquense en la que según la versión oficial inicial, ocurrió en mayo pasado un enfrentamiento entre “secuestradores” y el Ejército, con un saldo de 22 muertos entre los primeros; los nuevos indicios indican, sin embargo, que los presuntos maleantes fueron en realidad ejecutados. Ello pone en entredicho el relato gubernamental en su totalidad y lleva a preguntarse si las víctimas conformaban realmente una banda de plagiarios o si pertenecían a una organización armada de otra clase. Por otra parte los estudiantes del Instituto Politécnico Nacional iniciaban un movimiento de protesta por el intento de la dirección de imponer un plan de estudios y un reglamento que degradaban la calidad de la educación en ese centro. Y en vísperas de la conmemoración del 2 de octubre de 1968 moría Raúl Álvarez Garín, dirigente del movimiento estudiantil de aquel año y destacado luchador político y social.

Con ese telón de fondo la policía de Iguala y un grupo de la delincuencia organizada, “Guerreros Unidos” (un desgajamiento o remanente –las versiones varían– del cártel de los Beltrán Leyva), la emprendieron a balazos en contra de estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa, quienes se movilizaban para obtener medios de transporte que les permitieran asistir a la marcha prevista para el 2 de octubre. El cuerpo policial local es famoso desde hace mucho tiempo por estar infiltrado por la criminalidad organizada.

Los atacantes no se moderaron; causaron tres muertos entre los muchachos –uno de ellos fue brutalmente torturado– y otros tres entre gente que no tenía relación con Ayotzinapa; balearon un autobús que transportaba a un equipo de futbol –allí murieron el chofer de la unidad y un joven futbolista– y mataron a la pasajera de un taxi que se cruzó entre los balazos. Adicionalmente, los agresores se llevaron a 43 estudiantes en patrullas de la policía municipal.

El martes 30 de septiembre, con la creciente presión social que exigía la presentación con vida de los estudiantes levantados en Iguala, el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, en un gesto inesperado y espectacular, salió de sus oficinas para dialogar con los estudiantes del Poli que marcharon hacia el palacio de Cobián, recibió en mano el pliego petitorio y ofreció respuestas rápidas y puntuales.

Un día después el gobierno anunció la captura de Héctor Beltrán Leyva, “El H”, en San Miguel Allende. Presentado como “un gran capo” por las autoridades de México y de Estados Unidos, muchos coinciden, sin embargo, en que “El H” encabezaba una organización menguante y achicada y que estaba desde hace años al alcance del gobierno; algunos lo consideran incluso como un colaborador protegido.

Desde hace mucho ha sido ampliamente señalada la relación entre el ex presidente municipal de Iguala, José Luis Abarca Velázquez, y de su secretario de Seguridad, Felipe Flores Velázquez, con los “Guerreros unidos”. Meses antes de la masacre de fines de septiembre sitios web especializados en nota roja han difundido tales conexiones así como las existentes entre Abarca y el gobernador guerrerense, Ángel Aguirre Rivero.

A Abarca Velázquez se le atribuye la responsabilidad intelectual de varios homicidios pero nunca, hasta ahora, fue investigado. Sobre Aguirre Rivero pesa la responsabilidad –política, cuando menos– por el asesinato de dos estudiantes de Ayotzinapa a manos de la policía estatal el 12 de diciembre de 2011. Enrique Peña Nieto carga con la culpa, asumida, de la barbarie represiva desencadenada en Atenco-Texcoco, cuando él era gobernador del Estado de México, en 2006. Por lo demás, el peñato y su profundización neoliberal es una suerte de enemigo natural de Ayotzinapa. En el terreno político los tres, cada cual a su manera y en su respectiva escala, salen perdiendo con la masacre de Iguala y es, por ello, improbable que la orden de perpetrarla haya salido del despacho de cualquiera de ellos. Esa consideración no los exime, sin embargo, de al menos una doble responsabilidad en la tragedia: la primera, por alentar de manera sistemática, cada cual en su ámbito, políticas represivas y el quebrantamiento sistemático del estado de derecho, con lo cual crearon las condiciones propicias para que ocurrieran los asesinatos de estudiantes normalistas; la segunda, en lo que respecta a los ejecutivos estatal y federal, por no haber actuado ante los abrumadores indicios de la infiltración de la delincuencia organizada en las instituciones de Iguala, de Guerrero y del país.

El grupo gobernante –PRD incluido y hasta protagónico, dada la filiación perredista del alcalde prófugo y del gobernador– pone, en el momento actual, toda suerte de empeños en circunscribir la culpa de lo ocurrido la noche del 26 y la madrugada del 27 de septiembre a Abarca Velázquez y a sus subordinados. Pero el artículo 21 constitucional señala que la responsabilidad de la seguridad pública corresponde a la Federación, los estados y los municipios; sin embargo, en Iguala, como en muchos otros puntos de Guerrero y del país, la seguridad pública es inexistente; esa carencia hizo posible la agresión criminal contra medio centenar de personas y de ello son corresponsables Aguirre y Peña, además, por supuesto, de Abarca. Ante ese hecho no bastan las tardías e inverosímiles medidas de control de daños adoptadas por los dos primeros. A la sociedad corresponde exigirles que rindan cuentas.