13.5.08

La fuerza del Estado



Los altos mandos del adversario suelen ser objetivos codiciados en las guerras. Al eliminarlos se consigue paralizar, así sea de manera temporal, a sectores enteros del aparato enemigo, desmoralizarlo y desarticular en alguna medida sus cadenas de mando. Algo han de saber sobre estos asuntos las organizaciones del narcotráfico, que en días recientes han volcado parte de sus esfuerzos en el asesinato de jefes policiales federales, estatales y municipales. Para tal clase de operaciones no basta con el poder de fuego en bruto. Es necesario, además, disponer de redes de infiltración e inteligencia adentro de las propias corporaciones para conocer los movimientos y las debilidades de las víctimas. El pistolero que asesinó hace unos días a Eusebio Millán, segundo o tercero en la estructura de la Policía Federal Preventiva (PFP), se introdujo en el domicilio del funcionario sin forzar la cerradura y lo esperó adentro para matarlo, y cabe sospechar que los datos sobre horarios, movimientos y residencia no le fueron proporcionados por el Espíritu Santo. En el caso del subdirector de la policía municipal de Paraíso, Tabasco, Saturnino Domínguez Jiménez, quien fue herido en un atentado a principios de abril, hay 23 elementos de la corporación sujetos a formal prisión por su posible implicación en el ataque. No son, claro, los únicos casos.

El efecto de los ataques a jefes policiales será necesariamente devastador, no sólo porque altera severamente el funcionamiento de los cuerpos policiales sino porque introduce en ellos una desmoralización generalizada. Habrá, en las corporaciones de seguridad pública, mandos heroicos, pero de seguro ninguno tan tonto como para no darse cuenta de la inutilidad del heroísmo cuando se desconoce para qué bando juegan los subordinados, los iguales, los superiores y hasta los superiores de los superiores, es decir, los que diseñan estrategias antidelictivas tan absurdas –al menos, en apariencia—, que resulta difícil creer que fueron diseñadas de buena fe. Para participar en una contienda como la lanzada por el calderonato no se puede estar tan desamparado. La fábula del policía bueno contra el mundo sólo funciona en los guiones de Hollywood.

No es ese el único problema. Hasta donde se sabe, hasta ahora las Fuerzas Armadas no han sido infiltradas por el narco sino en forma episódica y aislada, como cuando reclutó al general Jesús Gutiérrez Rebollo, quien tuvo fama de duro y de incorruptible hasta que se supo que trabajaba para el Cártel de Juárez. De todos modos, el Instituto Nacional para el Combate a las Drogas (INCD), la desaparecida dependencia que dirigía Gutiérrez Rebollo, pertenecía al ámbito civil, y no militar. Pero ahora se empieza a ver que las instituciones castrenses sufren una suerte de infiltración diferida, es decir, entrenan, sin saberlo, a los futuros sicarios del narcotráfico. Más de 107 mil efectivos desertaron de las Fuerzas Armadas durante el desgobierno pasado –más de la mitad del total, que es de 194 mil, vale decir—, y el fenómeno sigue a un ritmo de 49 deserciones diarias durante el actual. Sólo el año pasado ocurrió la defección de 17 mil 758 elementos de tropa, 119 oficiales y 8 jefes. Cabe suponer que no todos los que desertan se unen a cuerpos armados como los Zetas, los cuales, por lo demás, tal vez no necesiten a tanta gente: sabrá Dios cómo serán sus sistemas de reclutamiento de personal, y algún rigor pondrán en ellos. Pero el país tampoco necesita a 125 mil prófugos de la justicia adiestrados en el manejo de las armas, básico o avanzado, como es el caso de los gafes fugados, ni de unas instituciones castrenses que operen, en los hechos, aunque en forma involuntaria, como alma mater de los sicarios. Y eso, si no es que los desertores son en realidad parte de un proceso de paramilitarización con vistas a la represión política, como lo deslizó ayer el EPR en un comunicado.

Sea como fuere, el prianismo gobernante no sólo dilapida el dinero público sino también la fuerza del Estado. Lo bueno es que, aun en esas condiciones, sigue soñando –o pretendiendo que nos toma el pelo— con ganarle la guerra a la delincuencia.

7.5.08

El hombre del destino manifiesto

La Plaza Mayor de Granada, reconstruida y libre

  • William Walker: abogado, médico, periodista y filibustero
  • Fuerzas militares de EU sufren las primeras derrotas de la historia
A los 24 años de edad, William Walker, nacido en 1824 en Nashville, Tennessee, ya era abogado, médico y periodista. En los doce años siguientes habría de convertirse, además, en gambusino, filibustero, en presidente de Nicaragua y en un cadáver lleno de agujeros, tirado frente a un paredón de fusilamiento en el remoto puerto atlántico de Trujillo, Honduras. A los 14, egresó con summa cum laude de la Universidad de Nashville, estudió en las de Edinburgo y Heidelberg, en Alemania, estudió medicina en Filadelfia, Leyes en Nueva Orleáns, y en esa ciudad de Luisiana se estableció brevemente como copropietario y editor del New Orleans Crescent. Movido por la fiebre del oro, se mudó poco después a San Francisco, en donde concibió la idea de conquistar vasta regiones de América Latina para establecer en ellas un gobierno anglosajón y esclavista. Su primer plan fue declarar una república independiente en Sonora y Sinaloa, para lo cual intentó establecer una colonia en el primero de esos estados, pero el gobierno mexicano le negó la autorización requerida. En la segunda mitad de 1853, Walker empezó los preparativos para apoderarse de Baja California: emitió bonos para financiar la invasión a tierras mexicanas, y entre titulares de diarios californianos que daban cuenta de la conspiración, el filibustero, al mando de 45 soldados de fortuna, embarcó en una embarcación llamada Caroline, que era propiedad del cónsul estadunidense en Guaymas, y el 3 de noviembre capturó al comandante militar de La Paz y desde allí proclamó un nuevo país que incluía a Baja California y a Sonora. La población, enardecida, atacó a los invasores y los obligó a huir. Walker logró hacerse fuerte en Ensenada, en donde recibió un destacamento de 150 mercenarios como refuerzo, y pasó allí las navidades. En febrero del año siguiente convocó a una “junta general” de delegados del territorio que pretendía controlar, pero éstos se negaron a reconocer la nueva república. En marzo, el filibustero abandonó la plaza y emprendió una penosa retirada hacia la frontera estadunidense, hostigado por el militar mexicano Antonio Meléndez. En mayo, y acompañado por sólo 33 de los 200 efectivos que había llegado a tener, alcanzó el territorio de su país y se entregó al ejército de Estados Unidos. Las autoridades gringas lo sometieron a un simulacro de juicio por haber violado la ley de neutralidad. Ocho minutos se tardó el jurado en declararlo inocente. Nueve años antes, el también periodista John L. O’Sullivan había acuñado la expresión “destino manifiesto” para designar los afanes expansionistas de las antiguas colonias inglesas, y las aventuras filibusteras como la emprendida por Walker contra México generaban enormes simpatías en la sociedad blanca estadunidense.


Placa conmemorativa de un domicilio de Walker, en Nashville

Poco tiempo estuvo Walker inactivo después de su primer fracaso. A unos meses de su retorno, el jefe liberal nicaragüense Francisco Castellón, que acababa de ser derrotado en unas elecciones y que intentaba revertir por las armas lo que los votos le negaron, le pidió al coronel Byron Cole ayuda en la guerra que libraba contra los conservadores. Cole contactó a Walker y éste, ni lento ni perezoso, organizó una nueva expedición, llamada “Falange Americana”, que zarpó de San Francisco en mayo de 1855 con 57 hombres, y en la que participaron el explorador Charles Wilkins Webber y el aventurero inglés Frederick Henningsen. A fines de junio, en alianza con los liberales locales, derrotó a las fuerzas conservadoras en La Virgen, y para julio, ya nombrado “coronel del ejército democrático”, y amparado en la ventaja tecnológica de sus fusiles de repetición Minié y de los revólveres Colt, cayó sobre Granada, bastión histórico de los conservadores, a varios de los cuales fusiló, se repartió el poder real con Ponciano del Corral, nombró a un presidente pelele y se autoproclamó jefe del Ejército de Nicaragua. Ese gobierno espurio recibió el inmediato reconocimiento diplomático de Washington y de Londres, y Walker decidió que ya era tiempo de ejercer la presidencia nicaragüense sin ayuda de intermediarios. Las traiciones mutuas entre el filibustero y los inversionistas mafiosos de Estados Unidos que habían respaldado su expedición llevaron a Walker a recomponer sus alianzas. Desde la presidencia usurpada, el invasor buscó el apoyo de los potentados esclavistas del sur y en consideración a ellos revocó, en el territorio bajo su control, el edicto de emancipación de 1824 que había abolido la esclavitud en Centroamérica e implantó el inglés como idioma oficial de Nicaragua. Para entonces, Walker ya hacía planes para conquistar el resto del istmo, y tales planes habían llegado al conocimiento del presidente costarricense, Juan Rafael Mora Porras, quien ya había roto relaciones con el régimen anglosajón del filibustero.

La silueta de Juan Santamaría, en su natal Alajuela


A comienzos de marzo de 1856, el ejército de Costa Rica, con dos mil 500 hombres, se puso en marcha hacia el noroeste. Derrotó a los mercenarios en Santa Rosa, aún en territorio tico, y luego en Rivas, Nicaragua, en donde, según tradiciones órales no exentas de sospecha, el soldado alajuelense Juan Santamaría, a costa de su vida, prendió fuego al cuartel general de los gringos, quienes se retiraron en gran desorden. Fue la primera batalla perdida por una fuerza militar estadunidense. Mientras los filibusteros se dedicaban al saqueo y al pillaje en las zonas bajo su control, los gobiernos de Guatemala y El Salvador decidieron secundar al costarricense y enviaron tropas al norte de Nicaragua para combatir al régimen de Walker y para reforzar a la resistencia local. En septiembre, ésta, cuyos efectivos debían enfrentar con flechas, machetes, piedras y unos cuantos fusiles de chispa a invasores dotados de armamento moderno, les propinó una severa derrota en San Jacinto. Byron Cole, quien comandaba a los filibusteros, se extravió en la huída y apareció dos días después en la localidad de San Ildefonso, en donde fue descubierto por un peón que lo mató de dos machetazos en la cabeza. A partir de entonces, Walker cosechó derrota tras derrota hasta que se vio obligado a retirarse de Granada. Antes de hacerlo, ordenó a sus hombres que incendiaran la ciudad y luego mandó poner, en la Plaza Mayor, un letrero que decía: “Here was Granada”. Ni la barbarie creciente de los invasores ni las campañas de apoyo que les organizaron los esclavistas del sur fueron suficientes para detener la debacle. El primero de mayo de 1857 Walker se entregó a la Armada de su país, la cual lo repatrió y lo depositó en Nueva York, en donde se le deparó un recibimiento de héroe.

De vuelta en Nueva Orleáns, el filibustero, otorgándose el grado de general, redactó algunas notas que resumían su experiencia, y no tardó en organizar una nueva incursión contra Nicaragua. En noviembre de 1857 desembarcó en San Juan del Norte, en donde fue rápidamente derrotado. Como ya se le había hecho costumbre, Walker fue a refugiarse con los chicos de la US Navy, quienes lo llevaron de vuelta a Luisiana en calidad de detenido. Tras ser nuevamente procesado y nuevamente absuelto entre el entusiasmo del público, emprendió su último intento. A mediados de 1860 se dirigió a la costa norte de Honduras, en donde fue apresado por la Armada Real inglesa. Para entonces, a Londres le parecía más atractivo un ambiente de paz en Centroamérica, en donde pudieran realizarse sin contratiempos proyectos de comunicación transoceánica, que los sobresaltos causados por las incursiones filibusteras, así que decidió entregar a su cautivo al gobierno de Honduras. A los 36 años de edad, el 12 de septiembre de 1860, William Walker fue pasado por las armas y enterrado en el Cementerio Viejo de Trujillo.

Here is Walker

6.5.08

Las aficiones de Emilio



Emilio, diligente y laborioso,
no duerme, no descansa, no se airea:
está tan dedicado a su tarea
que no encuentra un momento de reposo.
¿Y cuál es la razón tan extenuante
que le agobia la vida al gobernante?

Dejemos el misterio: pues ocurre
que se ocupa de lunes a domingo
y los días feriados, sin distingo,
en chingar a su madre, y no se aburre,
y en semejante ocupación porfía
de sol a sol, y suda todo el día.

No tiene quién le ayude, ni suplencia,
y al tomarse el trabajo tan a pecho,
ahora el pobre Emilio está deshecho,
exhibe claros signos de demencia
y lleva su pasión por el incesto
al manejo oficial del presupuesto.

Tras muchos años de ese esfuerzo diario,
González Márquez, cínico y cristero,
dio por tomar montones de dinero,
sacado, por supuesto, del erario.
Y sin control alguno por el fisco,
se lo regala al clero de Jalisco.

El chingador de madre mete bulla
a quienes le critican la indecencia,
se encabrita, le gana la impaciencia
y les dice que chinguen a la suya.
Él cree que es consejo y que es regalo,
pues no mira en tal acto nada malo.

Al contrario: de copas ahogado,
demanda absolución a su conciencia:
“¿Es verdad, pinche Juan... digo... Eminencia,
que chingar a mi madre no es pecado?
Oiga usted, cardenal... oiga, compadre...
pues vamos a chingar a nuestra madre.”

El clérigo se calla y no contesta
la amable invitación; más bien prefiere
guardar bajo perfil, y no interfiere
con el buen desarrollo de la fiesta,
pero eso sí: veloz, guarda la lana
en un pliegue interior de la sotana.

Ya noventa millones se ha gastado
Emilio –pues no es suya la chequera—
haciendo una básilica cristera
en memoria perpetua de un puñado
de líderes armados santurrones
que fueron, más que santos, muy cabrones.

Viendo al gobernador tan engreído,
el pueblo, con respeto, le propone:
“Si su progenitora no se opone,
chínguela usted a fondo y más seguido;
chínguela con fervor, chínguela a diario
mientras recita el Credo y el Rosario.”

No sea barbaján: bríndele flores;
en la sala de casa previo ensayo,
llévesela al motel el 10 de mayo
para dar libre curso a sus amores
y, con un juguetón doble sentido,
dígale ‘mamacita’ en el oído.

“Ya que se encuentra usted entusiasmado,
chínguela con prestancia y energía,
mañana tras mañana, noche y día,
que es asunto entre ustedes, y privado;
sígala usted chingando con esmero
pero ya no nos chingue más dinero.”



5.5.08

Delincuencias

El Chupacabras y su discípulo

“La hipocresía es el tributo que el vicio rinde a la virtud”, dice el adagio, y ahí tienen a un Salinas reciclado en crítico del neoliberalismo y a un Calderón que ahora –vaya que no tiene idea de lo que es el ridículo— pretende compararse con los patriotas que derrotaron a los invasores franceses el 5 de mayo de 1862. El robo será tan antiguo como la propiedad –o bien la propiedad es el primer hurto de la historia, como quería Proudhon—, pero ningún atraco a mano armada ha dejado marcas tan desastrosas para el país como los robos de la Presidencia, perpetrados por De la Madrid y Salinas en julio de 1988, y por Fox y Calderón 18 años más tarde. En ambos casos, los delincuentes necesitaban la jefatura del Estado como vehículo para cometer después despojos de mayor calibre, justo a la manera en que los rateros de monta menor roban vehículos para usarlos en asaltos posteriores. El salinato fue, en esencia, un saqueo sistemático y programado de la propiedad pública –cuantiosa, por aquel entonces—, cuyo botín mayor fue el sistema bancario nacional. Fue Salinas quien puso las instituciones bancarias en manos de quienes las vaciaron y quebraron, y fue Salinas quien puso en la puerta de entrada de Los Pinos a Zedillo, el hombre que habría de transferir al conjunto de los mexicanos 56 mil millones de dólares de las deudas privadas creadas por los empresarios favoritos del salinismo, en una legalización de la inmundicia que tuvo entre sus operadores principales a Felipe Calderón Hinojosa.

El negocio irremediable del narcotráfico –irremediable en tanto las leyes que prohíben ciertas drogas le garanticen oportunidades de negocio— empezó a “empoderarse” con De la Madrid, quien fue pionero en eso de adelgazar al Estado; prosiguió viento en popa durante el salinato; abrió mercados locales en tiempos de Zedillo; vivió una época de esplendor bajo Fox y ahora, con Calderón puesto en la Presidencia, se revela como uno de los tres sectores más prósperos de la economía, junto con el negocio nacional de exportar mano de obra y la industria petrolera, sobrevolada ahora por los zopilotes de una privatización tan hipócrita como turbia. Con la pena, Felipe, pero tu “guerra contra el narcotráfico” es del todo inverosímil; entre otras razones, porque si realmente se pretendiera poner un alto al auge de ese negocio, habría que empezar por limpiar los sectores de la administración pública federal que colaboran masivamente con él –corporaciones policiales, aduanas, delegaciones diversas—, y no por ensangrentar el territorio nacional a lo tonto con combates como esos que en el cine se ven bien padres, pero que en la vida real de México llevan muchas bajas de carne y hueso. Además, lo reconozcan o no ustedes, los que han desgobernado este país en los últimos 20 años, una parte muy sustancial de los billones de dólares del valor agregado de la droga que transita por el territorio nacional se ha ido, desde entonces, en pagos subrepticios a funcionarios nombrados y protegidos por ustedes mismos, y saben bien que los chicos del narco son muy puntuales en eso de pagar unos derechos de tránsito que, a diferencia de lo recaudado por la vía fiscal, se van completitos, y sin riesgo de auditorías, a las cuentas personales de sabrá Dios cuántos servidores públicos.

Los contratos de Hildebrando y de Mouriño son una forma genial de restaurar la decencia perdida; la pretensión de dotar a los agentes policiales con la potestad discrecional de allanar domicilios era una manera brillante de combatir la inseguridad ciudadana, y lástima que no fue comprendida en el Congreso; el intento de entregar la refinación y el transporte de petróleo a las empresas extranjeras no es privatización, sino patriotismo en bruto, y etcétera: ante la extremada ineptitud argumental de su sucesor indirecto e imitador en el robo de presidencias, Salinas, quien en sus tiempos tenía cuando menos la virtud de hechizar con embustes a grandes sectores de la opinión pública, siente que, ahora sí, ha llegado el momento de su regreso. Por fortuna, retornará a un destino que ya no existe, porque ahora buena parte de la población tiene clara la identidad de los delincuentes más peligrosos.

Escalofrío

Qué onda con las poses de este güey:




No puedo evitar la tentación de las semejanzas, sobre todo porque el otro también empezó por adueñarse del aparato.

1.5.08

Lorenz, Señor del Caos


Representación tridimensional de las ecuaciones del caos

  • Sotavento y Barlovento
  • Para la rodilla de Adriana

Es tiempo de volver a temas náuticos. El domingo 25 de abril de 2004 esta columna empezó con una pregunta: ¿A cuál, de entre todas las deidades marinas, se invoca en el momento de zarpar? El mundo ha recorrido desde entonces cuatro círculos en su trayecto casi inalterable y no ha sido su rotación, danza de derviche cósmico, la causante de los ventarrones numerosos y a veces trágicos que han pasado sobre nuestras cabezas desde entonces. Los vientos globales son producidos en primer lugar por el desplazamiento del aire entre zonas de alta y de baja presión, pero en los acercamientos a la escala local –un continente, una cuenca, tu barrio— aparecen, además, soplos que nacen de contrastes entre el mar y la tierra firme o entre el valle y la montaña, o de factores innumerables y pequeños como los chillidos primigenios de los bebés, los primeros suspiros de los enamorados, los últimos de los agonizantes o el aleteo de las mariposas. Así lo postuló Edward Norton Lorenz, matemático y meteorólogo recientemente fallecido, señor del Caos, quien empeñó muchos días y noches en el desarrollo de un sistema dinámico, determinístico, tridimensional y no lineal (quien le entienda, haga la caridad de explicármelo) para entender fenómenos atmosféricos que escapan de lo predecible. Es posible que las gráficas con las que se representa ese modelo, llamado Atractor de Lorenz, hayan llevado a la mente del sabio la idea del lepidóptero, aunque otras fuentes postulan que en realidad el meteorólogo se inspiró en un cuento de Ray Bradbury, El sonido del trueno, en el que unos viajeros del tiempo pisan inadvertidamente una mariposa y, cuando regresan a su época, se encuentran con un mundo que, a causa de esa pequeña alteración, tomó un rumbo evolutivo distinto y que, a ojos de ellos, se encuentra severamente alterado.

Así quedó el entendimiento del que navega, de por sí precario, cuando trató de descifrar las ecuaciones correspondientes a ese modelo, los números de Prandtl (relación entre viscosidad y conductividad térmica de un fluido) y Rayleigh (cuantificación de la transmisión de calor en una capa de fluido con producción interna de calor por radiación), el conjunto de Julia, el polvo de Cantor (del que derivan la alfombra de Sierpinski y la esponja de Menger), el mapa Hènon, el teorema de Poincaré-Bendixson, la herradura de Smale y el exponente de Lyapunov. La profanidad de mi mirada (“que carece de conocimientos y autoridad en una materia”, dice la tercera acepción de profano en el mamotreto de la RAE) logra, sin embargo, ver en los postulados de Lorenz y en la jerigonza que los acompaña un mérito fundamental: haber alcanzado uno de esos momentos luminosos en que la ciencia y la poesía se toman de la mano y se dicen cosas al oído.


El sabio


Volvamos a los vientos, que su clasificación es cosa útil para la gente marinera. Se llaman catabáticos los que descienden de los grandes promontorios a los valles, y anabáticos aquellos que trepan desde las regiones bajas hacia las altas a medida que el sol calienta el relieve. Y así como muchos hogares tienen una mascota entrañable, numerosas regiones y micro regiones del mundo poseen sus vientos singulares, con personalidad y nombre propio: Alisios, Cierzo, Galerna, Mediodía, Gregal, Lebeche, Pevante, Poniente, Mistral, Siroco, Simún, Solano, Tramontana, Ábrego, Xaloc, Pampero, Zonda, Kóshkil, Sudestada, Cudo, Norte, Xocomil. Impresionante, este último, cuando baja a las cinco de la tarde por las faldas del volcán Atitlán y convierte al lago del mismo nombre, hasta esa hora plácido como una sartén de aceite frío, en un mar furibundo y peligroso.

Todo esto comenzó porque usé en algún lado el topónimo Sotavento para referirme a las costas bajas del Golfo de México y me vino la duda de lo que significa esa hermosa palabra derivada del latín subtus, debajo, y ventus, viento. Hallé que quiere decir “la parte opuesta a aquella de donde viene el viento, con respecto a un punto o lugar determinado”, o sea que es incluso más abstracta que este y oeste, norte y sur, arriba y abajo, babor y estribor, por más que, al igual que su contrario, barlovento, haya tomado cuerpo como nombre de muchos sitios: las islas de Sotavento son, en el archipiélago de Cabo Verde, un grupo formado por Maio, Santiago, Fobo y Brava; frente a las costas de Venezuela hay otro manojo de ínsulas sotaventinas que forman parte de las Pequeñas Antillas: Aruba, Curazao, Bonaire, Las Aves, Los Roques, La Orchila, La Tortuga, Coche, Cubagua y la célebre Margarita, “una isla / perla del Caribe Mar / Margarita se merece /una corona imperial”; también reclaman el nombre colectivo algunas de la Polinesia francesa y, desde luego, la llanura veracruzana, que vive en eterna resistencia ante el viento Norte. Dice el son tradicional:

Los barcos están parados
porque no les sopla el viento
y por eso no han entrado
barquitos a Sotavento.

Y Nicolás Guillén replica:

Cuelga colgada,
cuelga en el viento
la gorda Luna
de Barlovento.

Cada Sotavento tiene su Barlovento, de los que hay también muchos: un ayuntamiento español de Santa Cruz de Tenerife, al norte de La Palma, la infinita llanura que se extiende por los municipios mirandeños de Acevedo, Andrés Bello, Brión, Buroz, Páez y Pedro Gual, en Venezuela, las islas Santo Antão, São Vicente, Santa Luzia, São Nicolau, Sal y Boa Vista, en Cabo Verde, y todas las antillas que no son sotaventinas, es decir, un montón. José Luis García Grimaldo y Vázquez y Rodríguez del Monte de Santa Ana y Lobos, a quien sus vecinos tenemos el honor de llamar El Bolas, me hizo caer en la cuenta que también en tierras chiapanecas existe una región a la que se le llama El Barlovento, pero no me queda claro si trata de lo que queda frontero con Campeche, o si es por el rumbo de Motozintla, o qué. Lo que sí pude averiguar es que existió en tierras de Centroamérica, en tiempos coloniales, un impuesto, primo de la alcabala, al que se daba ese nombre.

En su doble advocación de música y de odontóloga, Adriana imprime en los rostros el signo universal de la felicidad, que es la sonrisa. Esta semana me llegaron la noticia mala de que se lastimó severamente una rodilla y la buena nueva de que su curación lleva el rumbo de barlovento, es decir, va con viento favorable.

Adriana Cao Romero,
sotaventina esplendente:
me enteré de tu accidente
y en esta décima quiero
darte el abrazo sincero
de toda la concurrencia,
pues en tu convalecencia
permaneció el arpa muda
y hoy la gente te saluda
con síndrome de abstinencia.


Gráfica de la ecuación-mariposa

28.4.08

Prohibiciones absurdas


El 24 de febrero, ya instalado en la sucesión de su hermano, Raúl Castro anunció que levantaría algunas de las “prohibiciones absurdas” que se han ido acumulando sobre los cubanos desde hace mucho tiempo y por distintas razones. La primera en caer fue la de adquirir libremente algunos artefactos electrónicos como televisores, reproductores de DVD, hornos de microondas y computadoras. Se informó que en forma paulatina, conforme se incremente la producción de electricidad en la isla, será posible comprar sin restricciones equipos de aire acondicionado, regaderas y calentadores eléctricos (abril de 2009), así como tostadores, hornos y estufas de electricidad (abril de 2010). A principios de este mes, dieron la vuelta al mundo las fotos de cubanos que hacían cola para adquirir líneas de telefonía celular, y se permitió el acceso de nacionales a hoteles de primera clase, hasta entonces reservados a los extranjeros. Vienen más desregulaciones: la de la compra de insumos por los agricultores y una reducción de la tramitología en vigor para entrar y salir del país. Es inevitable, pero no necesariamente reconfortante: ahora los cubanos se forman en fila no sólo para recibir beneficios gratuitos y obligatorios, sino también para consumir y para pagar, igual que en el capitalismo.

Unas semanas después, el lunes antepasado, el hermano menor de Fidel dejó muy en claro que la imposibilidad de manifestarse no está incluida en la lista de las prohibiciones absurdas: mujeres y familiares de presos políticos que se llaman a sí mismas “Damas de blanco”, fueron desalojadas a la fuerza por la policía cuando se manifestaban en la Plaza de la Revolución, en La Habana. Su demanda principal es la liberación de medio centenar de individuos que fueron capturados en 2003, acusados de colaborar con Estados Unidos para debilitar el régimen, sometidos a juicios sumarios y condenados a penas de hasta 28 años de prisión.

Tal vez en algunos casos, o en todos, los cargos sean ciertos; eso es otro asunto. Pero, ¿saben?: hasta los traidores a la patria y sus parientes tienen derechos humanos, porque éstos son universales e imprescriptibles, y negar la libertad de expresión y manifestación es señal de barbarie, aunque se haga en nombre del socialismo.

Los avances educativos, de salud, de justicia social en general, logrados por la Revolución Cubana, serán impresionantes y conmovedores. El bloqueo y la perpetua agresión estadunidense contra la isla son abominables; el gobierno de Washington es, por mucho, el principal violador de los derechos humanos en el mundo; en México crecen la miseria y la desigualdad, impulsadas por una oligarquía ladrona que secuestró el poder público; Álvaro Uribe es asesino, paramilitar y narco; Lula y Bachelet abandonaron sus principios y se echaron en brazos del neoliberalismo. Pero nada de lo mencionado hace menos impresentables, en Cuba, la perpetuación del autoritarismo ni una sucesión en el mando del Estado que recuerda el más reciente cambio de rey en Arabia Saudita.

A ver si el beneficiario de ese relevo no pretende conducir la transición “a la china”, es decir: abrir la economía a la miel y a la hiel del capitalismo y dejar intacta la dictadura. En el país asiático, una casta divina que sigue conservando el nombre de Partido Comunista –oh, la fuerza de las tradiciones— logró implantar el peor de los mundos posibles: opresión con stress de competitividad y desigualdades sociales, televisores de plasma para algunos y garrotazos en la cabeza para otros.

Un dato alentador es que la Cuba de hoy es un hervidero de ideas y debates, que el gobierno no ha podido o no ha querido sofocar esa efervescencia y que la sociedad y sus individuos parecen dispuestos a participar y a hacerse escuchar. Ojalá que logren sacudirse las inercias del poder, que sean ellos quienes determinen cuáles de las prohibiciones son las más absurdas y desechables, que ganen libertad sin perder logros sociales. Se lo merecen.

27.4.08

Corrido de las Adelitas


Lazaro Cardenas dice,
sereno y despreocupado:
“Al transcurso de diez años
todo quedará pagado.
Tengo un pueblo mexicano
que no me queda ni duda;
desde el más niño al más viejo,
todos me ofrecen su ayuda.
En la mujer mexicana
hay patriotismo y orgullo:
se deshace de sus joyas
para ofrecerlas al cuño.”

Cástulo Prado
El corrido del petróleo
Mayo de 1938

Aquí les traigo noticia
que en abril de 2008
salieron las Adelitas
en defensa del petróleo.
Desde el 18 de marzo
Obrador dijo a la audiencia:
“Ya van a dar el albazo,
preparen la resistencia”.

Con los dueños del dinero
Calderón tiene pendientes
pues sabe que lo impusieron
contra el voto de la gente.
Como no pudo mostrar
sus raterías inmundas,
ya nos quería engañar
con cuentos de aguas profundas.

Lo sabe quien lo asesora
y lo sabe Calderón:
su ley privatizadora
viola la Constitución
Y sin embargo, el Pelele
manda la ley al Senado;
y pide que se la aprueben
sin haberla ni mirado.

Claudia Sheinbaum, con su gente,
corre a parar el albazo:
“Notifíquenle a su jefe,
señores, que aquí no hay paso.”
Van las “Enaguas Profundas”,
van los “Círculos de Estudio”,
ya las brigadas se juntan
contra la ley del espurio.

Corean las Adelitas
enfrente de Andrés Manuel
una consigna que cita
el honor de estar con él.
Andrés Manuel les rebota
con algo que dice así:
“Con tanta mujer patriota,
el honor es para mí.”

Mientras tanto, en el Senado,
legisladores del Frente
se subieron al estrado
en forma muy consecuente.
“No se me arruguen, señores”,
les dicen las Adelitas;
“no vayan a ser traidores,
el país los necesita.”

Las Adelitas avanzan
y se plantan en la sede;
“si quieren vender la Patria,
con nosotras no se puede”.
“Y si el país nos lo pide,
o si algo se necesita,
México, no se te olvide
que aquí están tus Adelitas.”

La resistencia civil
cierra el paso a los traidores:
miren cómo llora Creel
en los brazos de Beltrones.
Larios, muy enfurecido,
regaña a una marioneta
que tiene gran parecido
con la tal Ruth Zavaleta.

No sé que traigo en los ojos
que veo puro cabrón,
y todos, puestos de hinojos
frente a Gamboa Patrón.
El Pelele, que es cobarde,
va perdiendo las maneras:
“¡Qué debate, ni qué madres,
ya voten mi chingadera!”

La conjura se te apesta,
usurpador Calderón,
y estás perdiendo la apuesta
de vender a la Nación.
Si se te arruina el negocio
vas a tener mucho miedo
pues tus patrones y socios
te la van a hacer de pedo.

Vamos a ver de qué lado,
señores, masca la iguana,
y no hay que dar por sentado
lo que pasará mañana.
Pero de sus buenas gentes
México se vanagloria
y estas mujeres valientes
ya son parte de la Historia.

Se dirá por muchos años
esta verdad evidente:
ellas tienen más tamaños
que el espurio presidente.
Vuela, vuela, palomita,
abre tus alas al sol.
Más vale ser Adelita
que sirviente de Repsol.

25.4.08

Aniversarios

DF: Año I de la Despenalización

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4 años de navegar


No había caído en la cuenta hasta que Juve me lo recordó por medio de un mensaje de celular: el 25 de abril de 2004 apareció en La Jornada la primera navegación. Qué remordimiento con lectores y lectoras que me han tenido (o ya no) tanta paciencia.

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La niña Sofía

24.4.08

Árbol de oficios


  • Dos mensajes sin entregar

Los agravios entre automovilistas pueden ser más profundos y lacerantes que un asesinato, una violación o el saqueo de un pueblo, pero suficientes horrores vivimos como para hablar de éste. Digamos mejor que tienen, por fortuna, una contraparte esperanzadora: el grueso e instantáneo puente de fraternidad que se establece cuando el contenido humano de un vehículo se detiene, baja de su vehículo y auxilia a un prójimo en problemas. Hay que ser muy desalmado para no haber estado nunca en uno de los lados de ese puente y tener un pacto especial con la Diosa Fortuna para no haber pisado nunca el otro. Hace años, en una noche de aguacero me tocaba ser el desamparado del episodio y lidiaba con una tonelada y media de fierro viejo a la que se le había muerto la batería en pleno carril central. Un automovilista desconocido se estacionó atrás de mí, encendió las luces de emergencia de su unidad, mucho más presentable que la mía, se apeó de su coche y se empapó conmigo mientras acordábamos la mejor forma para empujar la máquina difunta con la fuerza de la viviente. Cuando la carcacha quedó en un lugar seguro y ambos chorreábamos, le pedí su dirección para enviarle una nota de agradecimiento. Hizo un leve gesto de negación con la cabeza, abordó su vehículo y sus luces traseras se perdieron en la noche y en la lluvia. Ojalá que ahora le llega el fragmento que aún recuerdo de lo que le escribí y no pude enviarle:

Hermano desconocido
que me ayudaste a empujar
un viejo coche vencido
en Prolongación de Uxmal:
si Dios es más que un pedazo
de madera o de papel,
cuando te mueras, un auto
habrá de llevarte a Él.

El progreso es fugaz. Al amparo de la cultura automovilística, que tiene menos de un siglo (si tomamos como su arranque en serio el del célebre Modelo T de Henry Ford, en 1908) han surgido, florecido y declinado oficios múltiples: vulcanizadores que trabajan con el invento más antiguo de la humanidad y que en el nombre de su oficio llevan la significación de un dios cojo y temperamental; hojalateros, fecundos en maquillajes milagrosos y hasta en efectos especiales; despachadores de gasolina solícitos o indiferentes; talabarteros que fueron antes y que hoy en día son artesanos de los forros (asientos, puertas, techo) o de las vestiduras, como se dice en México, otorgando dignidad sacerdotal a las butacas de la carcacha; cerrajeros benditos que nos abren las puertas del paraíso cuando dejamos las llaves adentro y que luego nos cobran su destreza como si fueran cirujanos de coronarias; expertos eléctricos que casi nunca son expertos y cuya intervención escapa al horizonte de nuestra cultura científica y tecnológica; cambiadores de frenos y de amortiguadores, rectificadores de cigüeñales y, por supuesto, mecánicos propiamente dichos, es decir, quienes descienden a las profundidades esenciales, oráculos de los cien mil kilómetros, señores del movimiento, auscultadores del hierro lubricado, actuarios del suministro de agua y gasolina, verificadores del aceite, oteadores del viento artificial que refresca al radiador, impulsores del sistema de encendido, orfebres de los platinos, genios de las bujías.

No he terminado: además de los propiamente clínicos, muchos otros oficios lícitos e ilícitos proliferan en las ramificaciones del árbol automovilístico: taxistas, auto y micro y metro buseros, ajustadores de seguros providenciales, vendedores arrogantes, revendedores, ladrones de partes y ladrones de automóviles completos, acomodadores de valet parking, limpiavidrios, policías de tránsito, directores generales de vialidad, ponedores de candados inmovilizadores, expertos en rines y tapones, tenderos que ofrecen lo último de lo último en sonido, video, seguridad y ornamentos abiertamente frívolos para el automóvil, blindadores de modelos de lujo, abridores de techos corredizos y hasta pilotos de Fórmula Uno, cargados de testosterona no refinada y siempre resueltos a romperse la crisma y a hacer pedazos las finas máquinas que tripulan.

El avance (¿seguro que es avance?) en el diseño de los automóviles ha dejado fuera de la jugada a incontables artesanos que se quedaron sin materia de trabajo o que han debido recapacitarse en otros menesteres en la medida en que la evolución anatómica de los vehículos deja fuera órganos y miembros antes indispensables, los convierte en piezas desechables que no admiten arreglo una vez que fallan o prescribe la inviabilidad de reparaciones mayores. Se me vienen a la memoria los cromadores de defensas, los encamisadores de cilindros, los cambiadores de espreas para un carburador desvencijado. Hoy en día, por razones de estricta economía, es casi impensable la vieja y aparatosa intervención quirúrgica a corazón abierto de un cambio de motor.

Hay cientos (¿o ya son miles?) de especialidades consagradas al cuidado, la reparación y la corrección del cuerpo humano, que van del salón de belleza y la peluquería a los hospitales oncológicos, pasando por divanes, gimnasios, temascales, centros de desintoxicación, despachos de ortopedia y pedicura, sillones de dentista y de oftalmología, farmacias y secciones enteras de supermercado cargadas de afeites, desodorantes, medicinas, vendas, inhaladores, almohadas con acento en las cervicales y sillas que consienten a las lumbares.

La existencia de una cantidad equivalente de ejércitos de trabajadores y sus respectivas vituallas y aparatos para suprimir gruñidos o malestares espirituales de los automotores da cuenta, además, de un sitial marcadamente antropomórfico en lo colectivo y en lo individual, pues no son pocos los coches que alcanzan nombre propio y hasta un lugar en el álbum fotográfico de la familia. “Antaño estábamos en contacto con una usina complicada, pero hoy hemos olvidado las revoluciones de un motor. Cumple su función, que es girar, como un corazón late, y tampoco prestamos atención a nuestros corazones”, escribía Saint-Exupéry tras reflexionar sobre la progresiva imitación de las curvas de un seno o de un hombro por las formas de carenados y fuselajes: “Parece que la perfección no se alcanza cuando no queda más por añadir, sino cuando ya no hay nada que restar. Al término de su evolución, la máquina se disimula”.

Pero esa es otra historia. Al igual que el cuerpo, el cachivache de cuatro ruedas genera y demanda legiones de individuos a su servicio. Entre los oficios automovilísticos y paraautomovilísticos están los franeleros, cuidadores y “viene-viene”, de los que casi todo mundo afirma que son una plaga, un universo de parásitos o unos profesionales de la extorsión, o las tres cosas. Me abstengo de compartir esas acusaciones porque mayor daño causan, más zánganos son, y con peores maneras extorsionan, los altos funcionarios del gobierno, los cuales, sin embargo, hacen como que nadie les dice nada.

Una vez me topé con uno de esos franeleros, el cual, en el esplendor del descaro, echaba una siesta, acostado sobre el cofre del automóvil que había jurado defender con su vida, sin reparar en la fragilidad de la lámina de los modelos modernos ni en nada de nada. Le tomé una foto, le escribí unos versos con la intención de entregárselos más tarde y no lo volví a ver nunca. Muchos posts atrás le dejé su foto con un mensaje. Espero que lo haya visto.


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Agregado del 25/04/08: como lo advierte Yo merita en un comentario a este post, la primera frase del texto dice algo sumamente estúpido .

22.4.08

La campaña

Toma de la tribuna de San Lázaro por diputados panistas.
28 de noviembre de 2006. Foto de José Carlo González


Esta es la gran revelación en lo que el milenio lleva de transcurrido: la resistencia civil es hija de Hitler, émula de Mussolini, ahijada de Pinochet, biznieta de Victoriano Huerta. Un misterio es que el spot linchador se salte a Franco, o será que ese es de veras entrañable y no se le quiere asociar con el enemigo tradicional y eterno (la cápsula recuerda el primer tramo de una pastorela mexicana: identifica al Maligno con sus distintas caras y muestra las trampas que éste emplea para evitar que nazca el Santo Niño de la Privatización). Los opositores a la entrega del petróleo “son fascistas”, confirman el diagnóstico algunos opinadores, al encontrar el síntoma inconfundible de la toma de tribunas parlamentarias. Otros medios inventan una sección informativa titulada “El secuestro del Congreso”, o algo así, y agrupan bajo ese encabezado genérico la menudencia informativa que genera la disputa por la industria petrolera.

Es raro que no se les haya ocurrido un encabezado igual cuando la diputación panista tomó la tribuna de San Lázaro (28/11/2006), para consumar otro secuestro célebre –el del Poder Ejecutivo— que se preparaba desde mucho antes del 2 de julio de ese año. A diferencia de la toma pacífica de este 10 de abril, en aquella ocasión los blanquiazules recurrieron a los coscorrones y curulazos, como quedó documentado en la prensa: véase la foto del panista Francisco Domínguez (La Jornada, 29/11/2006) mientras patea a un legislador del Frente Amplio Progresista (FAP). Ni los opinadores ni Guillermo Velasco Arzac, alias Jenofonte, se acuerdan del incidente. Enrique Krauze lo interpretó a su manera: los diputados en general, pero “sobre todo los del FAP, han manchado el nombre de México con el estigma de la violencia y la incivilidad” (Reforma, 3/12/2006).

También resulta curiosa la presteza con que informadores, opinadores y panistas se apresuran a deslindarse de los términos del spot, pero se quedan con sus contenidos y los reproducen sin escrúpulo: si López Obrador no es equiparable a Hitler, Mussolini, Pinochet y Huerta (la comparación es tan delirante y grafitera que provoca rubor hasta en quienes están de acuerdo con ella), cuando menos él y sus seguidores pecan de caudillismo, golpismo, violencia y totalitarismo. Botón de muestra: por culpa de la resistencia civil “nuestra democracia está en peligro” y “nuestra paz está en riesgo”, grazna la propaganda de Jenofonte. “El haber tocado el funcionamiento del poder legislativo es un acto que violenta el orden democrático inadmisiblemente”, afirma Enrique Krauze. Y uno se pregunta: ¿No se sentirán un poquito incómodos metidos en la misma bañera argumental esos dos, el ultraconservador cavernario y el liberal ilustrado? O visto de otro modo: ¿Qué motiva a Velasco Arzac y a Krause a volverse colegas de cruzada sin morir (de vergüenza) en el intento? ¿Tendrán algo que ver en esta afinidad los vínculos institucionales entre Coparmex y Televisa? ¿Es pinza o mera compañía de ruta?

Es comprensible que al primero se le escapen algunas consideraciones finas y hasta una que otra obviedad. Del segundo cabría esperar que ahondara en ellas y que dejara de confundir la ética política con la etiqueta legislativa. Por ejemplo: las instituciones, Congreso incluido, son representaciones, deformadas poquito o mucho, del país. Y a mayor descomposición del Estado, más literales y bruscas se vuelven esas representaciones. Por eso tenemos una Presidencia que se ve forzada a usar puertas traseras, accesos laterales o agujeros de ventilación para ingresar a los recintos y a los debates (el spot de “aguas profundas” fue el equivalente conceptual del ingreso furtivo de Calderón a San Lázaro, el 1/12/06). En esa perspectiva, es posible que el actual momento parlamentario represente con más fidelidad que cualquier otro el estado real del país: fracturado, paralizado y con una crisis institucional pavorosa que no empezó el 10 de abril de este año sino el 2 de julio del antepasado.


Francisco Domínguez, vicecoordinador de la bancada de Acción Nacional,
arremete contra el diputado perredista Faustino Soto, durante la toma de
la tribuna parlamentaria que protagonizaron los legisladores del blanquiazul por el temor de que los del sol azteca se les adelantaran en ocuparla.
Foto de José Carlo González

20.4.08

1914-1998


Somos bien poca cosa y, no obstante, la totalidad nos mece, somos un signo que alguien hace a alguien, somos el canal de transmisión: por nosotros fluyen los lenguajes y nuestro cuerpo los traduce a otros lenguajes. Las puertas se abren de par en par: el hombre regresa. El universo de símbolos es también un universo sensible. El bosque de las significaciones es el lugar de la reconciliación.

Octavio Paz

Genio arrogante, canalla iluminado: se te recuerda y se te admira.

17.4.08

Adieu, le grand-père nègre


Partir.
Asi como hay hombres-hiena y hombres-pantera,yo
seré un hombre-judío,
un hombre cafre
un hombre-hindú-de-Calcuta
un-hombre-Harlem-sin -derecho-a-voto
El hombre-hambre,el-hombre -insulto,el hombre-tortura
se le podria
prender en cualquier momento,molerlo a golpes-matarlo
por completo
sin tener que rendirle cuentas a nadie.

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Aimé Césaire (26 de junio de 1913 - 17 de abril de 2008) ha vuelto de manera definitiva al país natal.

Un abrazo, Anne-Marie.

16.4.08

Recordación del gueto

Judíos de Varsovia: vida segregada

  • Abrabanel, Cervantes, Wells...
  • Nuevos viajes en el tiempo

A decir de los enterados, el sefardí Yehuda Abrabanel, o León Hebreo, y sus Dialoghi d’amore, fueron una influencia decisiva para el joven Miguel de Cervantes; hablan, claro, de una influencia circunscrita a lo literario, no a lo religioso y cultural, por más que el novelista descendiera, sospechan algunos, de judíos conversos. Años después, en una célebre batalla contra los otomanos, Cervantes, quien peleaba en la galera Marquesa, fue “herido de dos arcabuzazos en el pecho y en una mano”. Las lesiones no pusieron en peligro su vida, pero un trozo de plomo le seccionó un nervio del antebrazo y la mano izquierda le quedó inútil y anquilosada. Hasta donde se sabe, el hombre era diestro y los saldos del percance no le impidieron desempeñarse en el oficio que habría de desarrollar más adelante y que le dio tanta gloria después de muerto. Cervantes estaba muy orgulloso de su participación en la batalla del Golfo de Lepanto, en la que combatió a pesar de tener fiebre, pero el resto del mundo piensa que su hazaña principal consiste en haber escrito miles y miles de páginas que hasta la fecha transmiten a millones de personas sentimientos de felicidad, tristeza, intriga, vergüenza, indignación, asombro, piedad, asco, regocijo y perplejidad.


Varsovia, 1943: captura de judíos insurrectos


Para ser novelista hay que tener una gran condición física, incluso en nuestros tiempos, cuando el teclado de la computadora ha venido a facilitar la tarea. Se me hace un nudo en la garganta al imaginar al pobre tullido, reclinado en silla y escritorio que no fueron precisamente ergonómicos, desarrollando su caligrafía a lo largo de centenares y centenares de hojas de papel, sin más herramientas que una pluma de ganso y un tintero. Hace muchos años, cuando leí La máquina del tiempo del socialista Herbert George Wells, pensé que una aplicación obvia y urgente de ese aparato tendría que ser la entrega a domicilio de una máquina de escribir en la Valladolid de principios del siglo XVII. Lo sigo pensando, aunque cambiaría el artefacto mecánico por una lap top y agregaría al paquete una silla con soporte lumbar y altura ajustable. Por favor, ingenieros del futuro, si un día logran construir algo así como lo imaginado por el autor británico, no pasen por alto ese envío, y de paso, si no les es mucha molestia, entreguen otro, idéntico, en la casa del propio Wells, situada en la Londres de fines del XIX.

Yehuda Abrabanel sostenía que el amor es el principio que domina a todos los seres y que “desde la Primera Causa que lo ha producido hasta la última criatura, nada hay sin amor”. Tal vez en la Varsovia de mediados del siglo XX algún remoto descendiente del entrañable pensador sefardí haya comprobado en carne propia lo relativo de ese postulado: criaturas sin amor alguno abundaron, y abundan, en toda la historia humana, y algunas de las más odiosamente célebres fueron las que implantaron el Tercer Reich en Alemania.


Rumbo a los campos de exterminio


Desde el medioevo hubo juderías en diversas ciudades europeas, pero fueron los nazis quienes concentraron en guetos a las poblaciones hebreas con el propósito de exterminarlas. Wikipedia dice que el Gueto de Varsovia fue establecido en octubre de 1940 y que un mes más tarde fue aislado del resto de la urbe mediante un muro que lo rodeaba. En esa enorme cárcel fueron hacinadas 380 mil personas, un tercio de la población total de la ciudad, en un área que representaba el 2.4 por ciento de toda la extensión urbana. Entre los numerosos judíos que eran introducidos manu militari al gueto y las abundantes muertes que ocurrían adentro por inanición y peste, esa cifra de pobladores se mantuvo constante en los años siguientes.

En 1941 las raciones de comida para los judíos del gueto eran, en promedio, de 253 calorías diarias, en contraste con las 670 que consumían los polacos, y que eran de hambre, habida cuenta que la ingesta diaria mínima debe ser de mil 500. A la población y al ejército alemanes, en cambio, se les asignaban raciones equivalentes a dos mil 600 calorías.


Muertes por hambre


De hecho, la inanición y las epidemias empezaron a matar en masa a los habitantes del gueto antes incluso de que comenzaran las deportaciones en masa hacia Treblinka, el 22 de julio de 1942. En los siguientes 52 días, 300 mil judíos fueron enviados a la muerte, pero al principio quienes iban quedando en el enclave pensaban que los deportados eran enviados a campos de trabajo. A fines de ese año, los 60 mil que aún permanecían en el gueto tuvieron indicios de lo que realmente ocurría y decidieron resistir las siguientes deportaciones. El 18 de enero de 1943, cuando los militares alemanes intentaron llenar los trenes con los 60 mil que quedaban, un pequeño destacamento de combatientes judíos --cerca de mil-- expulsó a los opresores y, con unas pocas armas viejas, tomó el control del gueto.

Se estableció el cerco, que sólo pudo ser burlado en contadas ocasiones por integrantes del Ejército Territorial polaco y de la comunista Guardia del Pueblo, quienes llevaron a los sitiados unos pocos pertrechos y municiones. Eso no alivió gran cosa la situación desesperada que se vivía adentro. En la noche del Pésaj, el 19 de abril de 1943, las panzertruppen inician su avance hacia el gueto. Los alemanes van quemando casa por casa, demoliendo los sótanos y los desagües que servían de reducto a los insurrectos, y asesinando a cuanto hebreo caía en sus manos. La resistencia organizada termina en cuatro días. Muchos de los combatientes se suicidan y familias enteras se lanzan al vacío desde las ventanas de los edificios en llamas. El 8 de mayo, tras 20 días de combates continuos, los ocupantes ordenan incendiar lo que queda del Gueto de Varsovia. Los sobrevivientes que logran salir de las alcantarillas y escapar del infierno son cazados fuera del muro por polacos colaboracionistas. El 13 de mayo el comandante alemán Jürgen Stroop reporta: “180 judíos, bandidos y subhumanos, han sido destruidos. El sector judío de Varsovia ya no existe. Las operaciones a gran escala finalizaron a las 20:15 horas al hacer estallar la sinagoga. El número total de judíos con lo que se actuó fue: 56 mil 65, incluyendo judíos capturados y judíos cuyo exterminio puede ser probado”.


La venganza de los nazis

Hoy en día es casi imposible enviar víveres y medicinas --y no por falta de una máquina del tiempo-- a los cercados habitantes de Gaza, a los que el régimen israelí mata de hambre en castigo por ser palestinos, con maneras más correctas y presentables que las empleadas por los nazis contra los judíos de Varsovia, sí, pero que de todos modos habrían sido consideradas repugnantes por el renacentista León Hebreo.

Años atrás, cuando leí la historia de aquella sublevación desesperada de los habitantes del gueto polaco, volví a pensar en el artefacto imaginado por Wells y salió una cosa de inocultable influencia vallejiana (“Me viene, hay días, una gana ubérrima, política / de querer, de besar al cariño en sus dos rostros”), nunca supe que hacer con ella, y aquí la pongo.

Suene tonto o banal, suene obsoleto,
se debe regalar a los deudores
billetes que cambiaran de colores
y pan a los judíos en el gueto.

(En vez de estar haciendo este soneto
tendría que mandar dulces y flores
a quien se está muriendo entre dolores
y un beso a los judíos en el gueto.)

Es bueno compartir los sinsabores
de aquel que va a morir, y lanza el reto
sin temor a sucesos posteriores.

Hay que darle al tullido un esqueleto,
un pulmón al que sufre de estertores
y armas a los judíos en el gueto.


Símbolo eterno

14.4.08

Pedir perdón

Si uno juzgara los actos de los gobernantes, de los altos funcionarios y de los políticos en general, únicamente por las palabras que emiten, llegaría a la conclusión de que no se equivocan nunca. El mundo podrá mudar de sentido en formas radicales y exigirles que digan, hoy, lo contrario de lo que afirmaron antier, pero ellos son infalibles y no ha de esperarse, en consecuencia, que sus labios pronuncien la expresión “me equivoqué”. Y si no pueden decir ni eso, más incapaces son de articular el vocablo “perdón”.

Allá ellos: o no lo necesitan, porque tienen quebrados los tubos que conectan la lengua con la conciencia, o bien se pierden de las delicias del remordimiento sanado.

Estamos a la vista de un iceberg: con los expedientes de los mandamases y mandamientos pillados en pleno delito se podría llenar, por ejemplo, el monumento al analfabetismo moral llamado “Biblioteca José Vasconcelos”; pero con las certezas no procesadas de las raterías que se cometen durante un año en las oficinas públicas se podría empedrar una autopista de seis carriles que comunicara a América con Europa por la parte más ancha del Atlántico. En contraste, las disculpas emitidas por aquellos integrantes de la clase política que cometen delitos, irregularidades administrativas, incorrecciones éticas o llanas estupideces, son perlas raras, por no decir inexistentes. Por más que uno se exprima la memoria, debe remontarse hasta aquel lejano (y demagógico) perdón solicitado a los pobres del país por López Portillo, durante su informe de 1982. Si se considera la tranquilizadora ausencia de disculpas, debe pensarse que en los 26 años transcurridos desde entonces, los pobres han desaparecido, o bien que nadie en el gobierno ha vuelto a agraviarlos.

Una tercera posibilidad es que el manual de hacer política prohíba, en sus mandamientos fundamentales, pedir perdón a los gobernados y representados: eso significa ceder espacios al enemigo, deteriorar la imagen propia. Un político nunca comete errores, no es mezquino jamás, debe ser tan inimputable como un jefe de Estado, como un Papa o como un deficiente mental.

En esta lógica, fue extraño escuchar hace unos días a Rafael Correa, presidente de Ecuador, quien, ante los deudos de los cuatro jóvenes mexicanos asesinados en suelo ecuatoriano por los soldados de Álvaro Uribe, expresó su “preocupación al preguntarme si no hubiéramos podido hacer algo más para conservar la vida de sus hijos”. Mal político ha de ser ese Correa, que ventila en público sus conflictos morales. Más vale tomar como ejemplo a su homólogo mexicano, quien considera que su actuar es correcto, “haiga sido como haiga sido”, o a los seis ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación que, sin experimentar culpas posteriores, exoneran de toda responsabilidad legal a un gobernador que protege pederastas y conspira para violar derechos humanos.

La ausencia de todo rastro de autocrítica en la clase política nacional no es, pues, arrogancia, sino eficiencia. Los problemas se desvanecen en el momento en que las responsabilidades se declaran inexistentes: no puede haber corrupción si no hay corruptos, no hay robo sin ladrón, no hay homicidio sin asesino.

Pensándolo bien, de qué serviría pedir perdón, si estamos en el mejor de los mundos posibles.

12.4.08

La real Y.

Hace unos días recibí un mensaje que anunciaba un supuesto nuevo blog de Yamina. Caí en la trampa y lo anuncié aquí en un post. El blog en cuestión es apócrifo, por lo que ofrezco disculpas a ella y a ustedes. Los auténticos blogs de Yreal son:


Brigadistas:

Nos vemos en el

La cita se adelantó una hora porque Catedral programó campanadas a las 11 por la muerte de Corripio Ahumada.


El petróleo es de México, no de los Mouriño

10.4.08

Que vivan las Adelitas




... Y que, así sea por una vez en la vida, quienes están en las cámaras obedezcan a quienes están en las calles.

9.4.08

Doctor Merolico


  • El anuncio de Calderón
  • “Atrás de la raya...”
La noche del martes, Felipe Calderón dijo en cadena nacional: “La solución a los grandes problemas del país deben (sic) darse en el debate respetuoso, en el análisis sereno y objetivo, acerca de lo que sea mejor para México. La situación por la que atraviesa Petróleos Mexicanos ha sido materia de una amplia discusión en las últimas semanas y meses. Esta iniciativa recoge las principales inquietudes vertidas por la sociedad en esta deliberación.”

Define Mauricio-José Schwarz: “Un merolico es alguien que puede hablar durante larguísimo tiempo soltando un rollo asombroso, interesante, incluso apasionante... y absolutamente vacío [...] Hace promesas de maravillas sin fin que verá la gente en unos minutos, captura el interés de los peatones, habla de todo lo humano y lo divino [...] Pero en el intermedio entre nada y nada, ofrece en venta algo (la crema de concha nácar, desparasitadores para las lombrices intestinales o curas para la memoria como el Fosfovitacal y mejunjes similares) o incluso captura la atención del público con fines más directos”.

Del mensaje de Calderón: “Sí es posible fortalecer a Pemex y contar así con recursos para vivir mejor: más escuelas, medicinas, clínicas, hospitales, caminos, carreteras, puentes, agua potable, drenaje, electricidad, vivienda. Con la reforma, por ejemplo, tendríamos los recursos necesarios para crear preparatorias y universidades, a fin de que ningún joven mexicano se quede sin e