12.3.15

EPN y los tanques
enterrados de Saddam


Recuerdo que en 1991, en vísperas del ataque de la coalición internacional que sufrió Irak tras invadir Kuwait, Saddam Hussein mandó enterrar sus tanques para utilizarlos como artillería fija para defender las costas de ambos países de un desembarco enemigo. Fue una decisión estúpida porque los montículos de arena sobre los vehículos artillados no les agregaban un blindaje mayor al que poseían de fábrica pero, en cambio, les quitaron  toda movilidad para fines de ataque o defensa; en cambio, los dejaban como blancos regalados para la aviación y la artillería de los invasores. De hecho, el desembarco no se produjo y esos tanques enterrados de Saddam fueron aniquilados desde atrás por misiles Hellfire disparados por aviones A-10. Los que sobrevivieron y lograron desenterrarse fueron inmisericordemente cazados cuando retrocedían hacia Bagdad en formación de columna.

Cómo no evocar esa táctica del derrocado gobernante iraquí cuando uno observa las formas de atrincherarse que está poniendo en práctica el régimen de Nieto: inmovilizando y anclando la totalidad de las instituciones a los designios berrinchudos de una presidencia que ha perdido el rumbo y los fundamentos. Así ha ocurrido con el Instituto Nacional Electoral (INE), controlado mediante consejeros mayoritariamente sumisos al Ejecutivo federal y a su coalición flexible que incluye en ocasiones, y a conveniencia, al PVEM y al Panal, al PAN, a segmentos del PRD, e incluso a uno que otro legislador del PT y de MC. Otro tanto ocurre con el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, una institución de nombre largo y de moralidad cortísima, aprobadora de dos fraudes al hilo y encubridora de inmundicias electorales.

La voluntad presidencial indiscutible impera también en la Secretaría de la Función Pública (SFP), resucitada hace unas semanas mediante un procedimiento inescrupuloso y desaseado, y colocada bajo el mando nominal de un hombre del aparato: Virgilio Andrade, a quien Peña dio la orden de investigar las posibles corruptelas de él, del propio Peña, en lo que constituye una pirueta inverosímil y risible que tal vez habría sido merecedora de uno que otro aplauso si hubiera tenido lugar en un circo, pero que ocurrió en las instancias el poder formal y que, por lo tanto, no era plausible. Lo más que puede esperarse de Andrade al frente de la SFP es que entregue a la opinión pública a alguna cabeza de turco muy menor, para hacer como que combate la pudrición interna del gobierno, o que ejerza alguna forma de presión o sanción en contra de algún subordinado levantisco o infidente, pero por supuesto nadie en su sano juicio puede guardar esperanzas de que esclarezca en forma satisfactoria la turbia relación entre su jefe y los empresarios a los que ha beneficiado, ya fuera como gobernador del Estado de México, o desde la Presidencia.

Los amarres defensivos tienen también por objeto restaurar alianzas desgastadas, como la que sellaron Televisa y el grupo Atlacomulco para incrustar en Los Pinos a un hombre de sus confianzas. El inevitable e impostergable remplazo del procurador cansado, Jesús Murillo Karam, por una personera de Televisa como Arely Gómez, pone en manos de ese consorcio un instrumento formidable para perseguir a críticos, hostigar a competidores por canales distintos al Ifetel y para cubrirse en el caso de que se repita el hallazgo, en algún lugar de Centroamérica, de una camioneta con rastros de cocaína, repleta con fajos de dólares y el logotipo de Televisa en la carrocería.

El mismo sentido tiene la colocación de Eduardo Medina Mora como magistrado de la Suprema Corte: viejo cómplice del ex gobernador mexiquense en los atropellos policiales de San Salvador Atenco, probado servidor incondicional de los presidentes a los que les debe el nombramiento (Fox, Calderón y ahora Peña) y ejemplo de la continuidad prianista, el flamante magistrado es una rienda –una más– de Los Pinos en el pleno del órgano jurisdiccional máximo y un blindaje confiable ante lo que puede estar por venir: recursos legales para llevar a Peña ante un tribunal. Y qué decir de un senado que ignora el clamor social en contra del nombramiento y procede, en una votación rutinaria y aplastante, a cumplir con la voluntad del señor presidente.

Convencido de que la mejor defensa es el ataque, el grupo en el poder prosigue su alocada ofensiva en contra de todo lo social y nacional, se lanza sobre los recursos hídricos del país para ponerlos en manos de corporativos privados (no, diputado Beltrones, no es que seamos de lento aprendizaje; es que ya sabemos por experiencia que si nos descuidamos ustedes nos privatizan hasta los huesos de la bisabuela) y, el colmo, vetan a los investigadores el acceso a los archivos de la guerra sucia echeverrista y lopezpoportillista; no vaya a ser que la ignominia de aquellos gobiernos contamine al actual más de lo que éste se ha contaminado a sí mismo. Por lo demás, los funcionarios peñistas viven cada día en situación de combate: son respondones y metiches, acusan de mentirosos a los organismos internacionales que formulan señalamientos críticos al régimen, replican con salvas de palabrería hueca cada revelación mediática que les es adversa, conspiran en contra de los ciudadanos inconformes y multiplican, con ello, la inconformidad. Aunque no les guste, su momento ofensivo ya pasó y están a la defensiva.

Pero estábamos en que esa táctica de inmovilizar organismos y desvirtuar leyes, y uncirlos a las líneas de defensa del peñato me hizo recordar los tanques enterrados de Saddam. Es que esa institucionalidad flagrantemente secuestrada, sometida y maniatada, lejos de servir al régimen, terminará por hundirlo más. Hasta ahora Peña y sus voceros oficiales y oficiosos –como la caterva de opinadores pagados que lo defienden– invocan, como argumento final, la vigencia en México de un estado de derecho y de una democracia funcional, pero cada vez resulta más claro para la mirada del país y del mundo que la institucionalidad correspondiente es la simple máscara de un poder autoritario, alejado de la legalidad y carente del menor sentido de nación y de sociedad. En otros términos, en la medida en que Peña y su equipo insisten en contagiar al resto de los órganos e institutos del poder público con el desprestigio presidencial, los inutilizan como prueba de una “normalidad” en la que ya muy pocos creen y, por consiguiente, como argumentos defensivos ante el desastre gubernamental.

A diferencia de lo que le ocurría a principios de 1991 al régimen de Saddam, el de Peña no tiene enfrente la amenaza de coalición internacional alguna y su táctica de blindaje y atrincheramiento es, por ello, doblemente improcedente. A ver si no termina por convertir la extendida cólera popular en su contra en una unanimidad que tome las calles de manera pacífica y masiva y le diga: “hasta aquí”.



10.3.15

Los agravios a México
de Eduardo Medina Mora


El primer encargo significativo de Eduardo Medina Mora (EMM) fue alinear al Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen) en función de los intereses y las fobias de Vicente Fox. Si bien ese instituto había sido desvirtuado desde tiempos de Zedillo en el espionaje y hostigamiento contra opositores políticos, bajo el foxismo abandonó el trabajo de inteligencia en materia de seguridad nacional, fue parcialmente desmantelado y no pocos de sus agentes fueron despedidos sin más justificación que el haber trabajado para la administración anterior y de manera irresponsable y aun criminal, es decir, sin ninguna cobertura ni protección, lo que los dejó expuestos a represalias de la delincuencia organizada. Algunos buscaron empleo en empresas de seguridad privada, otros abandonaron el país y es razonable suponer que algunos optaron por pasar a las filas de la criminalidad, llevándose consigo información crucial y devastadora. El desmantelamiento explica en parte la catástrofe en materia de seguridad pública que tuvo lugar en los últimos años de Fox y a lo largo de todo el calderonato.

A lo que sí se dedicó el Cisen de EMM fue a espiar a movimientos sociales como el que protagonizaron los pobladores de San Salvador Atenco en contra del frustrado aeropuerto foxista. La información obtenida habría de ser clave en la violenta represión desatada contra los atenquenses en 2006, cuando era ya secretario de Seguridad Pública federal. En ese episodio atroz, EMM comparte responsabilidades con Enrique Peña Nieto y Wilfrido Robledo Madrid por los dos homicidios, las torturas, los abusos sexuales y las detenciones arbitrarias que las fuerzas del orden perpetraron en contra de activistas y de ciudadanos ajenos al conflicto. Bajo la dirección de EMM el Cisen fue involucrado en la operación de desprestigio montada por Fox y Salinas en contra de Andrés Manuel López Obrador, y posteriormente fue usado también contra la insurgencia cívica emprendida por la Asamblea Permanente de Pueblos de Oaxaca (APPO) y La Otra Campaña.

Calderón premió los servicios de EMM nombrándolo procurador federal. Su desempeño al frente de la PGR destaca –cosa nada fácil, si se echa un vistazo al expediente de muchos de sus antecesores y seguidores en el cargo– por la ineficiencia, la deshonestidad, el entreguismo, la sordidez y la parcialidad con que dirigió la máxima instancia de procuración de justicia. En breve recuento, EMM fue clave para aplicar la desastrosa Iniciativa Mérida y coautor de la “guerra contra la delincuencia”; urdió el llamado michoacanazo, que acabó en desfiguro faccioso; permitió que dependencias del gobierno estadunidense abastecieran a los narcotraficantes mexicanos con armas de alto poder (operaciones Receptor abierto y Rápido y furioso, realizadas por la oficina estadunidense de Alcohol, Tabaco y Armas de Fuego, ATF) y que lavaran millones de dólares de los cárteles de la droga. Por lo demás, EMM generalizó el uso de testigos protegidos (el caso más escandaloso fue el de Enrique Bayardo del Villar, antiguo subordinado suyo, luego reclutado por Ismael El Mayo Zambada, y finalmente asesinado en una cafetería de la Colonia del Valle .

Un caso emblemático de la PGR bajo EMM es el de las indígenas Jacinta Francisco Marcial, Alberta Alcántara Juan y Teresa González Cornelio, injustamente acusadas y encarceladas (más de tres años) por el “secuestro” de seis policías de la extinta Agencia Federal de Investigaciones (AFI) (http://is.gd/MDJ6iP).

En menos de tres años EMM acabó peleado con un funcionario del calderonato aun más entreguista –Genaro García Luna–, su gestión al frente de la PGR dejó de ser útil a Washington (se volvió “ineficaz en los grandes asuntos”, rezaba un reporte de la embajada gringa revelado por Wikileaks) y fue removido del cargo y enviado a la embajada mexicana en Londres.

Antes de eso, EMM pretendió impedir, mediante un recurso ante la Suprema Corte, la despenalización del aborto en el Distrito Federal. Ocho de los 11 ministros del máximo tribunal consideraron que su recurso carecía de argumentos jurídicos. El fallo fue consistente con lo que él mismo le habíaconfesado al ex embajador estadunidense Carlos Pascual cuando ambos comentaban sobre su sucesor en la PGR: “él es un buen abogado y yo, no; él traerá la capacidad jurídica que yo no tenía”. Se refería a Arturo Chávez Chávez, quien, a su vez, y según los informes del propio Pascual le había echado “una mano a ciertas figuras de un cártel” cuando fungía como procurador de Chihuahua.


Producto y exponente del pacto transexenal prianista, EMM ha causado al país daños gravísimos. Será por eso que su antiguo cómplice de Atenco, Enrique Peña Nieto, lo quiere tener de magistrado en la Suprema Corte de Justicia.

28.1.15

Syriza como inspiración


Mientras Grecia estrena esperanzas México estrena escándalos: a Peña Nieto le descubren otro inmueble millonario comprado a un contratista beneficiado por su administración mexiquense, en la Veracruz de Javier Duarte un periodista más aparece asesinado, los comisionados del Ifai se sirven con la cuchara grande en absoluta impunidad y se cumplen 120 días de la desaparición de los muchachos de Ayotzinapa sin que las más altas instancias del gobierno federal den muestras de voluntad política para esclarecer el caso y sin que la administración acuse recibo de su propia inviabilidad.

En el país mediterráneo la coalición de izquierda Syriza empezó a gobernar ayer mismo con un programa de 40 puntos más basado en el sentido común que en las ideologías y cuyo espíritu valdría la pena retomar en México para superar la grave crisis moral, política, económica y social en la que está inmerso el país. En apretado resumen:

Auditar los orígenes turbios de la deuda pública, renegociarla y condicionar su pago a la recuperación de la economía; redistribuir las cargas impositivas para que paguen más quienes más tienen; proponer una ley electoral que refleje el principio de proporcionalidad; prohibir la especulación financiera; reducir el gasto militar.

Restaurar el salario mínimo a sus niveles previos al ajuste estructural” impuesto por los organismos monetarios extranjeros; acoger a las personas sin hogar en edificios gubernamentales, bancarios y religiosos; dar desayuno y comida gratuitos a los alumnos de escuelas públicas; incluir a desempleados, pobres y personas sin techo en los servicios de salud; dar asistencia financiera a familias ahorcadas por hipotecas; fortalecer los programas de atención a desempleados, a familias monoparentales, ancianos, discapacitados y hogares sin ingresos; reducir el impuesto a productos de primera necesidad.

Nacionalización de la banca privada y de ferrocarriles, aeropuertos, correos y agua potable; establecer la igualdad salarial para ambos sexos; limitar la contratación temporal de personal; ampliar la protección laboral y salarial para empleados de tiempo parcial; operar una reforma constitucional que garantice la separación Iglesia-Estado y los derechos a la educación, la salud y la protección del medio ambiente.

Llevar a referéndum vinculante los tratados con la Unión Europea; abolir todos los privilegios de los parlamentarios; eliminar el fuero de los ministros y permitir que tribunales ordinarios procesen a altos funcionarios.

Desmilitarizar la guardia costera, disolver las fuerzas especiales antidisturbios y prohibir la presencia de policías encubiertos o con armas de fuego en manifestaciones y mítines (ojo, Osorio Chong, Mancera, Moreno Valle); cambiar los planes de estudio de los cadetes policiales para enfatizar en ellos los temas sociales, la inmigración, las drogas y la exclusión social.

Garantizar los derechos humanos en los centros de detención de migrantes; facilitarles la reagrupación familiar; darles acceso pleno a la salud y a la educación aunque sean indocumentados.

Regular el derecho a la objeción de conciencia en el servicio militar. Eliminar la aportación de los asegurados en los servicios de salud pública; nacionalizar los hospitales privados; eliminar toda participación privada en el sistema público de salud.

Retiro de las tropas griegas de Afganistán y los Balcanes; ningún soldado griego deberá permanecer fuera de las fronteras del país. Ruptura de los acuerdos de cooperación militar con Israel y apoyar la creación del Estado palestino dentro de las fronteras de 1967. Negociar un acuerdo estable con Turquía. Cerrar todas las bases militares extranjeras y abandonar la OTAN.

México no es Grecia pero los rumbos impuestos a ambos países en décadas recientes tienen notables similitudes: los dos han sido sometidos por sus propios grupos gobernantes a los intereses financieros transnacionales, ambos han sido uncidos a acuerdos asimétricos con bloques regionales y en ambos la corrupción, el atropello y el autoritarismo han marcado el estilo de ejercicio del poder público. En las dos naciones, también, la sociedad ha ido de menos a más en las movilizaciones y en el lento cerco social a instituciones corroídas desde adentro. Por eso el vuelco marcado allá por la victoria de Syriza es esperanzador para los griegos e inspirador para nosotros.

13.1.15

Asesinos & descarados

La falsa marcha de los poderosos, sin el pueblo

Ante el anuncio de que Benjamin Netanyahu iría a París para participar en la magna marcha de repudio al atentado contra el semanario Charlie Hebdo, el gobierno francés cobró inmediata conciencia de lo repugnante que habría de ser, en ese contexto, la presencia del carnicero de Gaza, y le pidió inútilmente que no fuera; para compensar en alguna medida esa asistencia indeseable la cancillería francesa se vio obligada a invitar al jefe de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmoud Abbas. Ambos, a la postre, aparecieron flanqueando a François Hollande en una foto truqueada en la que parecía que encabezaban la marcha, por más que detrás de ellos sólo había un discreto enjambre de guardaespaldas.

A ese encuentro fotográfico asistió también Mariano Rajoy, en representación de un Estado que se dice democrático y respetuoso de las libertades, pero pero que jamás toleraría una publicación como Charlie Hebdo en su territorio. Sea: las autoridades españolas no acribillan con ráfagas de Kalashnikov a caricaturistas, artistas y opositores políticos molestos: sólo los multan, censuran y encarcelan, como lo hicieron contra el semanario satírico Jueves por caricaturizar a los ahora reyes Felipe de Borbón y Letizia Ortiz, que ordenan la clausura de una exposición del pintor Ausín Sáinz porque representó al propio Rajoy y a la infanta Cristina con mierda sobre la cabeza (imagen que en las páginas del semanario francés atacado habría sido rutinaria), o que encarcelan a los abogados de los presos etarras y hostigan judicialmente a todas las expresiones del independentismo vasco radical pero no violento, o que impiden con amenazas policiales la libre expresión soberanista de la población catalana.

A Netanyahu –señalado como criminal de guerra por el clamor internacional y responsable político de miles de asesinatos de civiles inermes e inocentes, entre ellos, siete periodistas–, a Rajoy y a otros de calidad moral similar, como los gobernantes de Jordania, Túnez, Egipto y Turquía, no les importó debilitar la de todos modos impresionante movilización del domingo pasado en París y otras ciudades de Francia. Su presencia allí no hizo pensar a nadie que han experimentado una súbita conversión a los principios republicanos de la justicia y la libertad de expresión, pero se agregó como argumento ralo a esos espíritus mezquinos que han venido poniendo el acento no en la barbarie intolerable de los asesinatos perpetrados en la oficina de la Rue Nicolas Appert, sino en el mal gusto, la incorrección política o hasta el racismo de los periodistas ejecutados. Cosas veredes.

Las muestras de descaro ocurrieron también a la distancia: Enrique Peña Nieto, bajo cuyo gobierno han sido asesinados y desaparecidos un montón de periodistas, se apresuró –el día mismo de los hechos– a enviar un tuit de condena a la masacre de periodistas en la redacción de Charlie Hebdo y a expresar sus condolencias a los deudos de las víctimas. Mejor habría hecho en ahorrarse el gesto porque los 127 caracteres de ese mensaje no le sirvieron de maldita la cosa a nadie, pero obligaron a recordar que en ese mismo medio el sujeto tardó nueve días en decir algo acerca de la agresión contra los estudiantes de Ayotzinapa y 20 en formular la primera expresión de simpatía para con los padres de los muchachos muertos y desaparecidos.

Aunque son numerosas las diferencias entre la agresión de Iguala y el ataque de la Rue Nicolas Appert, es claro que ambos episodios ameritaban, por su atrocidad, una respuesta oficial inmediata y contundente. François Hollande –sean cuales sean sus defectos, errores y miserias– tardó diez minutos en reportarse por teléfono con el primer colaborador del semanario que encontró, y media hora en apersonarse en el lugar de la agresión. Tres días después, encabezaba las protestas. Peña, en cambio, pasó diez días minimizando los asesinatos y las desapariciones de normalistas con el argumento de que eran un asunto local de Guerrero, aunque resultara evidente que eran, desde el primer momento, un motivo de indignación nacional e internacional. A los dos meses del episodio, algún asesor ocurrente le propuso que hiciera suyo el lema Todos somos Ayotzinapa; obviamente, a esas alturas, fue uno de los consejos más contraproducentes de cuantos le han facilitado.

Lo bueno es que, independientemente del oportunismo de criminales, autoritarios, represores y descarados, allá y acá, y cada cual a su propio ritmo, las sociedades han respondido a la barbarie de manera contundente y masiva.

6.1.15

Elecciones, ¿para qué?




Dejemos de lado por un momento los más de cien mil muertos o los veintitantos mil desaparecidos que le ha infligido al país los planes de negocios oficiales en el curso de los últimos ocho años, por más que sea imposible dejarlos de lado. Concentrémonos, por un instante, en dos datos: más de cuatrocientasadolescentes desaparecidas en el Estado de México durante 2014 y 780 personas muertas por el Ejército en el bienio 2013-2014, más de una por día. En algo que pretenda ser un estado de derecho esas dos cifras tendrían que ser un escándalo porque indican, la primera, que las instancias de gobierno son incapaces de salvaguardar la seguridad de los habitantes y, la segunda, que la institución castrense ha sido lanzada a una guerra de baja intensidad no en contra de un enemigo externo, sino en contra de la población misma o de un sector de ella. Si a lo anterior se le agrega que los dos funcionarios más prominentes del Poder Ejecutivo han sido pillados en posesión de sendas residencias proporcionadas por el contratista al que más beneficiaron en sus cargos anteriores, el resultado tendría que ser una remoción inmediata e incondicional del equipo de gobierno.

Y si se tuviera una vista panorámica de las componendas entre la clase política y las tantas delincuencias –la narcotraficante, la que secuestra y extorsiona, la que comercializa los hurtos de la propiedad pública, la que lava las ganancias ilícitas, la que evade impuestos en forma sistemática, la que soborna– y se viera a esa misma clase política afanada en escamotear sueldos, honorarios, liquidaciones y pensiones, mientras gasta los recursos del erario en obras innecesarias y hasta destructivas –como las que realiza en forma enloquecida Rafael Moreno Valle en Puebla– con las miras puestas en las próximas elecciones, sería forzoso concluir que esa casta de vividores, con todo y sus rituales y sus leyes adulteradas y sus maquinaciones logreras le hace al país un daño enorme y que su enquistamiento en la institucionalidad explica, por sí misma, el desastre nacional en curso. Pero además está la respuesta oficial a la agresión de los estudiantes normalistas en Iguala: un rosario de mentiras, encubrimientos y declaraciones cínicas que han colocado a sus protagonistas ante un callejón sin salida. O el equipo de Peña confiesa abiertamente lo que sabe y no dice sobre ese episodio intolerable, trágico y catártico, o sigue como desde el 27 de septiembre del año pasado: sin poder gobernar mientras el suelo se le desmorona bajo los pies.

Y si ahora se retoman las decenas de miles de muertos sin justicia y desaparecidos sin esclarecimiento, los negocios depredadores, el saqueo de los recursos naturales, la entrega de la soberanía nacional, los ejercicios represivos y la frivolidad insultante de las esferas gubernamentales se verá que hay sobradas razones para el rechazo hacia la política institucional y hacia procesos electorales que han acabado reducidos a rondas de legitimación periódica de la mafia en el poder. Por eso es comprensible y respetable la postura de rechazo a las elecciones de este año asumida recientemente por la Asamblea Nacional Popular. Con o sin fraudes, los comicios en México han servido principalmente para perpetuar el modelo de destrucción nacional impuesto desde tiempos de Salinas y resulta atractiva la idea de boicotearlos a fin de quitarle a la oligarquía ladrona su única manera de legalización.

Pero otros pensamos que en el contexto de campañas electorales ha sido posible crear articulación y organización popular perdurable y autónoma; que los comicios han sido un espacio para criticar y confrontar el paradigma neoliberal en su expresión mexicana; que resulta menos arduo movilizar a la gente para ganar una elección que para organizar un paro nacional y que a pesar de todo la sociedad es capaz de recuperar y reconstruir las instituciones que le pertenecen. Vemos, por añadidura, que en la presente circunstancia histórica los proyectos políticos posneoliberales y soberanistas que han logrado triunfar en este hemisferio –Bolivia, Ecuador, Venezuela, para mencionar sólo los más radicales– lo han hecho no sólo por medio de la formación de poder popular sino que han debido también construir partidos formales y concurrir a las urnas, y concluimos que el terreno electoral no es ciertamente el único ni el más importante en el que debe disputarse el país al grupo oligárquico que lo oprime, pero que tampoco debe ser abandonado a las facciones de ese mismo grupo.

Las dos posturas parecen a primera vista irreconciliables y, sin embargo, tal vez no lo sean tanto. A fin de cuentas ambas reclaman los mismos agravios y desean construir lo mismo: un país al servicio de su población y no de los capitales, con seguridad para todos sus habitantes y equidad real entre ellos; una democracia participativa, un estado de derecho y el poder devuelto a su legítimo dueño, que es el pueblo soberano.

31.12.14

Un mensaje del cosmos




Soy el cosmos: la aglomeración inconmensurable de partículas, átomos, moléculas, planetas, estrellas, galaxias, cúmulos y nubes de gas alrededor de ustedes. Soy enorme, pero carezco de pensamiento y de identidad. Este texto es, por ahora, el único remedo de conciencia de mí mismo en años luz a la redonda, aunque tal vez dentro de media hora alguien de ustedes o alguien de otra especie inteligente redacte algo mucho mejor.

Ustedes, seres ínfimos, nacen, viven y mueren en un rincón perdido de mi totalidad aplastante, y sin embargo algo pueden comprender de mí. Yo, en cambio, no los comprendo a ustedes. No tengo noción de su existencia y no me interesan ni mucho ni poco.

En realidad, carezco de intereses, de sueños, de anhelos y de propósito. Yo, el universo, surgí al parecer por azar de una conflagración de energía. Ustedes lo han inferido. Yo desconozco todo de mi historia y de mi futuro. Soy inconmensurable y vasto pero también ciego y sordo. Al igual que ustedes, sigo al pie de la letra las leyes naturales y a eso me limito.

Soy la suma de todo lo que existe y sin embargo mis partes no se suman para ofrecerme sus dones particulares. Ustedes, en cambio, criaturas diminutas, han desarrollado la conciencia. Dicen algunos de ustedes mismos que por necesidad y por necedad, por hambre y por empeño, por evolución natural y por un esfuerzo dirigido. Otros afirman que la conciencia les fue dada junto con el alma, pero el alma no existe o no, al menos, en mí: aquí no hay nada fuera de estas moléculas del caos, de este ir y venir de protones y elementos, de estas colisiones de galaxias. Algunos más sostienen que su conciencia deriva de la mía, pero ello parece más bien una proyección de su incapacidad para comprender que hay cosas más grandes, mucho más grandes que ustedes, y sin embargo imposibilitados para percibir la diferencia entre una rosa y un vendaval, entre un amanecer y un martillo: cosas, por ejemplo, como un asteroide, un océano, un sistema solar. Pero ustedes no sólo saben distinguir sino también transformar. Tienen la aptitud de respirar aires inmundos y exhalar poesía, de recibir agravios y urdir cóleras invencibles, de nacer como juguetes de las olas y devenir grandes navíos.

A ustedes les fue dado convertir la tristeza en danza, la muerte en memoria, la nada en edificios.

Ustedes saben, aunque a veces lo olviden, tejer el yo en nosotros, transformar la soledad en compañía, dominar los impulsos del lagarto que llevan dentro para cantar a coro y pensar en muchedumbre.

La Creación no existe y yo, el universo, carezco de propósito pero ustedes decidieron dar uno a sus vidas: escapar del dolor, atenuar la angustia de la nada, ser felices, amar hasta la sublimación y hasta el ridículo, contar las pulsaciones de la sangre, escudriñar las estrellas que forman mi cuerpo, organizarse en familias, construir países, barrer cada mañana las calles de su barrio, eliminar la podredumbre.

Aunque les cueste admitirlo, ustedes son los bichos más complicados de cuantos han creado las leyes naturales y los menos imperfectos de todos los hasta ahora conocidos, por más que en ocasiones permiten que la falsa humildad y la culpa primigenia les minen esa certeza.

Ustedes tienen el poder y la gracia de una especie terrible y hermosa, la más cruel y la única que conoce el remordimiento. Pueden sentir piedad y rabia; pueden alimentar ternura y expresarse con humor implacable; son capaces de responder al llamado del deber y de abandonarse a las delicias del ocio; han aprendido a aprehender el pasado, imaginar el futuro y contar el tiempo; llevan en el fondo de sus células las virtudes de la paciencia, la terquedad y la rebeldía. Gracias a ellas pueden sobreponerse a las circunstancias más trágicas y a los momentos personales y colectivos de mayor devastación.

En el calendario que se han dado está por comenzar un nuevo ciclo. Es, en principio, una mera convención, una arbitrariedad insignificante que ustedes, sin embargo, podrán colmar de significación, y alterar un destino que pareciera inmutable. Destruyan viejos hábitos mentales, rompan los muros carcomidos que los contienen, nazcan de nuevo, engéndrense una vez más y empiecen a construir su mañana.

No me es dado a mí, criaturas insignificantes, emprender esas tareas. Háganlo, háganlo ustedes. Florezcan y amanezcan.

12.12.14

Santa patrona de la prole



Dinos, madre de los desamparados,
santa patrona de la prole,
que tú también estás harta
de ver cómo se roban el dinero,
cómo mienten y mienten todo el día,
cómo abusan de tus niños,
cómo atropellan a los débiles,
cómo asesinan a tus hijos,
cómo aniquilan a tus madres,
cómo acanallan a la patria,
cuánto desprecian a la gente.

Dinos que estás de nuestro lado,
dinos que tú también estás hasta la madre
y deja el muro en el que te incrustaron
y sal, y marcha con nosotros.

De los maestros

Están estacionados en el aire,
ocupan los espacios guarecidos
en donde uno se oculta
de esta lluvia traidora de noviembre.

A la distancia, parecía
que cogían la historia con el puño
sin quemarse la mano,
que sus miradas se abrían paso
a través de la niebla,
que podían vencer la rebelión de la materia,
dominar la inquietud de la palabra,
codificar el pensamiento esquivo
y que sabían a qué puerto
llevar la nave.

César, Manuel José, la tía Claudia
(que en realidad tenía como nombre
Margarita del Carmen Brannon Vega),
Hugo, Roque, René,
Pepe, Vlady, tío Pedro, Marcelo,
Jean-François, que se perdió en la neblina,
y Joseph, que era negro y escritor
y que vivía en Sacramento,
y el pintor Benjamín, y mis amigos
con sus dos erres, Ruy y Rafa,
y que apenas estaban aprendiendo.

Y qué reconfortante habría sido
tenerlos vivos y a la mano
y que se hicieran cargo, esos maestros
míos, de sangre o circunstancia,
de años o de momentos,
de darme unas respuestas
y decir de qué forma,
con qué pinzas,
abrir la caja de Pandora.

Pero están congelados en el aire,
están, pero no son, son sin saberlo
y mi generación se encuentra ante el misterio
y se transporta a lomos de sí misma.

Nos han dejado el sello de lacrar,
son nuestras las herramientas
y nos dejaron como herencia
un bastón de mando inexistente.

Pero no estamos solos:
somos nudo en un hilo que recorre la historia
y ya aprendimos a acechar el alba.

Vamos, pues, a mojarnos
en la lluvia traidora de noviembre.

28.11.14

“No se puede exigir justicia
violando la ley...”

Dicha por su boca la frase descalifica todo el resto del alegato. Con trece presos políticos frescos en las cárceles del país, con la abrumadora evidencia de la fabricación de culpables por parte de las procuradurías General de la República y General de Justicia del Distrito Federal, y con los videos y fotos de los abusos policiales cometidos hace una semana en pleno Zócalo capitalino, hablar de la creación de “instrumentos para proteger los derechos humanos” y de “hacer efectivo el derecho a la justicia”, como lo hizo ayer Enrique Peña Nieto, es una completa desvergüenza. Si hubiese querido que su alocución gozara de un mínimo soporte de credibilidad y coherencia habría tenido que empezar por disculparse ante la sociedad por la violencia policial injustificada, por las provocaciones que ha venido montando desde el día que tomó posesión –sí, ya es meridianamente claro que el vandalismo dimana de su propio régimen– y por ordenar la liberación inmediata y sin condiciones de los 11 a los que la policía secuestró el 20 de noviembre más los dos a los que pretendió desaparecer dos días antes.

Pero no: el mensaje de Peña no fue un punto de inflexión sino un bostezo dinosáurico y cínico emitido en la retórica tradicional de las presidencias priístas (y panistas): ya se sabe que cuando una de ellas anuncia medidas “sin precedentes en la historia nacional” en realidad está recurriendo a la muletilla oratoria más manida de la historia de México. Cuando presumen la adopción de medidas “firmes y audaces” se refieren a salvar apariencias y a blanquear sepulcros. Cuando pronuncian “transparencia y rendición de cuentas” todo mundo sabe que hablan de triquiñuelas para perpetuar la corrupción.

El autoritarismo no sólo está contenido en el intento de despojo de facultades municipales para transferirlas a las entidades federativas y a la Presidencia de la República sino también en ese nuevo intento por resucitar el fichaje policial de la población. Peña va por la vida recogiendo los fracasos de Felipe Calderón para convertirlos en éxitos propios –hay que reconocerle que lo logró en el caso de la privatización del sector energético. Está por verse si lo consigue también en la imposición de esa “clave única de identidad” (que, por cierto, ya existe y se llama CURP) encarnada en un catálogo signaléctico que más tardará en ser recabado –si lo permitimos– que en ser comercializado en Tepito en memorias USB, como ha ocurrido con la mayoría de las bases de datos oficiales, para propósitos comerciales o delictivos inconfesables.

¿Así que el lunes próximo la aplanadora oficialista barrerá con los artículos constitucionales en los que se establece la corresponsabilidad de los ayuntamientos en la preservación de la seguridad pública (21) y su facultad para instituir y mandar cuerpos de policía (115)? “Que la Federación asuma el control de los servicios municipales” y “creación obligatoria de policías estatales únicas”, dice Peña. Es decir, la corrupción y la infiltración cambiarán de envase porque –tal vez el mexiquense no lo sepa y haya que informarle– las corporaciones policiales estatales y la federal también están agusanadas e infiltradas y cometen toda suerte de atropellos contra los ciudadanos.

Más que esa gringada insustancial de querer implantar un número de emergencias 911 (si los campesinos están sumidos en la pobreza, que les pongan cajeros automáticos) preocupa el anuncio de despliegues de fuerzas federales en la Tierra Caliente guerrerense y michoacana porque eso ya lo hizo Calderón desde fines de 2006 y el resultado es conocido por todos salvo, tal vez, por el propio Peña: esos “operativos” no sólo fueron la marca de arranque de un sexenio sangriento sino que dejaron como saldo el empoderamiento de la Familia Michoacana, antecesora de Los Caballeros Templarios, y hundieron en la incertidumbre y el terror a los habitantes de la región.

¿Fortalecer protocolos y procedimientos para que en casos de tortura, desaparición forzada y ejecución extrajudicial las investigaciones sean oportunas, exhaustivas e imparciales? El propósito sería loable, si no lo formulara el responsable de la barbarie policial en Atenco. No se le puede creer ahora la empatía que dice sentir, “como padre”, con los padres de los muchachos asesinados y los desaparecidos porque si en aquella ocasión Peña hubiese pensado en su madre, su mujer y sus hijas, habría evitado las agresiones sexuales masivas y sistemáticas en contra de ciudadanas inocentes. Dicha por su boca, la consigna “Todos somos Ayotzinapa” adquiere un tufo de cinismo y de impostura y representa un agravio adicional contra una sociedad genuinamente dolida y movilizada por las víctimas de la barbarie gubernamental generalizada.

Otro tanto ocurre con sus alegatos a favor de la transparencia y contra la corrupción: simplemente no son creíbles cuando los pronuncia un individuo que violó la ley al omitir en su declaración patrimonial las fastuosas residencias de su cónyuge, proporcionadas por la televisora que lo encumbró y por la constructora a la que él ha venido beneficiando con múltiples contratos. ¿Con qué cara?

Y lo peor: a 60 días de la barbarie cometida en Iguala, Peña no informó nada sobre el destino de los 43 normalistas desaparecidos. Ni una sola palabra.

Y como el relato gore de Jesús Murillo Karam sobre la pira funeraria en el basurero de Cocula se cayó a pedazos por sí mismo, sólo quedan dos posibilidades: o el peñato sabe el destino de los muchachos y por alguna razón no quiere revelarlo, o bien las excesivas facultades de que goza la Presidencia de la República y los 300 mil millones de pesos que, grosso modo, nos cuesta el mantenimiento anual de esa dependencia, las secretarías de Defensa, Marina y Gobernación, más la Gendarmería y la Procuraduría General de la República, no han servido para encontrar a 43 muchachos secuestrados por un puñado de servidores públicos.


La alocución presidencial de ayer en un Palacio Nacional cerrado a toletes y lodo a la sociedad y abierto a la oligarquía causante de la presente tragedia nacional demostró hasta qué punto la presidencia de Peña Nieto es, parafraseando a Juárez, moralmente imposible. No puede con el cargo. No debe estar allí. Que renuncie ya, hoy mismo. 

27.11.14

Demasiado tarde


Si en algún momento del pasado 27 de septiembre el secretario de Gobernación hubiese salido antes que los medios a informar a la sociedad de lo ocurrido esa madrugada en Iguala; si el procurador hubiese anunciado la atracción inmediata de las investigaciones (basado en la premisa simple de que ninguna delincuencia “no organizada” es capaz de asesinar a balazos a seis personas en cuestión de minutos y de secuestrar a otras 43), y si el Presidente hubiese encabezado con su propia indignación la indignación social que el hecho iba a generalizar horas más tarde, tal vez el gobierno federal no estaría ahora enfrentando una situación agónica y sin salida posible. Pero será hoy, a 60 días de aquellos sucesos, cuando Peña procurará atajar con algún anuncio de algo el descontento multiplicado y exponenciado por dos meses de indolencia, omisiones, insensibilidad, mentiras, arrogancia y conatos represivos –que lejos de disuadir la protesta le dan más sustancia–, el “hubiera” es irrelevante y parece ser que ya es demasiado tarde.

Por falta de visión de Estado, por interés o por lo que haya sido, el gobierno peñista optó por preservar la red de complicidades entre el poder público y la delincuencia organizada, que ofrece ventajas inmediatas en materia de control político, y lanzó una vasta operación de imagen a fin de “resolver” el problema: desde la línea oficial a medios dóciles para que escamotearan a sus audiencias la información sobre la guerra en curso y sus saldos, hasta el envío de Alfredo Castillo a Michoacán para que dividiera, debilitara y cooptara la insurrección ciudadana que amenazaba con propinarle una derrota decisiva a los cárteles que operan en la entidad. Si la actual administración se hubiera propuesto desde sus inicios hacer frente a la inseguridad mediante un combate decidido y profundo contra la corrupción; si hubiera cambiado de paradigma en la lucha contra la delincuencia organizada y se hubiera deslindado en forma real y efectiva del calderonato; si hubiera sido capaz de comprender las raíces políticas y sociales del narcotráfico, la pudrición institucional y la violencia, tal vez no estaríamos ahora descubriendo fosas y fosas ni exigiendo la aparición con vida de desaparecidos. Hoy, a lo que puede verse, al gobierno se le ha hecho demasiado tarde.

El peñato se entronizó como resultado de una adulteración a gran escala de la voluntad popular con el propósito de dar continuidad a un programa político económico que privilegia los intereses del capital financiero (incluidos, o no, los grandes flujos procedentes de ganancias ilícitas) y dio por hecho que las entidades sociales que han rechazado ese programa durante décadas carecían de relevancia: instancias sindicales independientes, comunidades indígenas, organizaciones políticas progresistas, causas de género, ligas campesinas, grupos ambientalistas, movimientos estudiantiles y muchas más. Pensó que podía pasar por encima de ellas y desentenderse de sus demandas. A fin de cuentas, tenía a la casi totalidad del espectro político formal (es decir, a lo que debiera ser la representación de la pluralidad política y social) comiendo de su mano por medio del “Pacto por México”. Parado sobre esas certezas, el peñato emprendió y consumó sus reformas estructurales y supuso que ello no habría de tener consecuencias mayores en el terreno de la gobernabilidad. Si hubiera actuado de otra manera y hubiera escuchado más allá de las bancadas legislativas y más allá de los reportes del Cisen, tal vez habría podido operar con más eficacia y con un mínimo de respaldo social en la presente crisis. Pero hoy da la impresión de que ya es demasiado tarde.

Tal vez alguien dentro del régimen habría podido ver, en las postrimerías del calderonato, que el país requiere de un proyecto educativo que vaya más allá de liquidar la educación pública gratuita y de propiciar la proliferación de establecimientos particulares y de “universidades” privadas carentes de más objetivo que el de generar utilidades, y que el campo nacional no es un “problema a resolver” sino una solución potencial para varios de los principales problemas nacionales. Tal vez alguien habría podido decirle a Peña que no se puede menospreciar al agro hasta tal punto que se le haga figurar –como lo hizo, cuando era aspirante presidencial, en el libro que le escribieron para que lo firmara– como un apartado menor del capítulo “combate a la pobreza”, y que no es poniendo cajeros automáticos en localidades remotas como se debe hace frente a la situación de los campesinos. Pero el desprecio del grupo gobernante a la educación pública y al campo no podía más que producir una circunstancia de hostilidad oficial y de extremada vulnerabilidad para los alumnos de una escuela normal rural, y hoy resulta inverosímil cualquier cambio de percepción por parte del gobierno.

Acaso Peña y su pareja habrían podido prescindir de una riqueza tan ostentosa como la que exhibe la “casa blanca” de Las Lomas. Tal vez él habría podido llenar desde un principio, y en forma clara y sin ambigüedades, su declaración patrimonial. Es razonable suponer que tuvo margen de decisión como para rechazar cualquier trato entre su esposa y uno de los principales beneficiarios de los contratos de obra pública en el Estado de México que él gobernaba. Se puede pensar que convocó a sus asesores a conciliábulos en los cuales diseñar la respuesta correcta a la revelación de los ya célebres trastupijes inmobiliarios y probablemente alguien allí le aconsejó que hiciera cualquier cosa menos decir lo que dijo: vincular el escándalo a un afán “desestabilizador” y, para colmo, decirlo con una manifiesta cólera incontenida. Ciertamente, Peña tuvo la capacidad de ordenar un concurso equitativo y transparente para asignar la obra del tren rápido México-Querétaro al consorcio que ofreciera mejores condiciones para construirlo, pero el concurso fue visto como parcial y amañado y, para colmo, resultó que la firma vencedora era precisamente la que había construido a crédito la casa de su mujer. Hoy se ha cerrado cualquier margen para que el ocupante de Los Pinos ofrezca a la sociedad una explicación convincente de las irregularidades manifiestas –como la de no haber incluido en su declaración patrimonial los bienes de su cónyuge– y de las sospechadas.

El gobernante soñó con encarnar la resurrección de un régimen presidencialista vigoroso y fuerte; con ser el emblema de un PRI renovado, joven y atractivo; con protagonizar la imagen de una nación que rompía las ataduras con su propio pasado y se encaminaba, por fin, al desarrollo y a la modernidad. Fue una apuesta arriesgada y la perdió: a 60 días de ocurrida la atrocidad de Iguala, Peña es visto como el símbolo supremo de un régimen corrupto, insensible, sórdido, autoritario y espantoso. Lo que empezó como telenovela devino farsa y luego se volvió tragedia: la tragedia del presidente despojado de toda credibilidad que, aunque quisiera, no puede hacer nada bueno por sus gobernados, salvo dimitir. Porque cualquier otra cosa que anuncie hoy, dos meses después de perpetrada la barbarie, será tomada como un intento por mantenerse en el cargo.

Tal vez consiga ese último propósito. De ser así, será a costa de causar un daño desmesurado a México, a sus instituciones y a su gente. Aún puede evitarlo y para eso, hoy, a 60 días de los sucesos de Iguala, no es demasiado tarde.


25.11.14

Gobierno delictivo


Las tres marchas que el pasado 20 de noviembre convergieron en el Zócalo capitalino no fueron la columna vertebral, pero sí el epicentro de las protestas nacionales e internacionales para protestar por la barbarie perpetrada hace dos meses en Iguala contra los normalistas de Ayotzinapa, por la pésima manera en la que el gobierno de Enrique Peña Nieto ha manejado el asunto y en demanda de la localización de los 43 muchachos aún desaparecidos. Las manifestaciones se desarrollaron a la altura: fueron masivas; fueron conmovedoras, comunicativas e impactantes para quienes las presenciaron; presentaron de manera ejemplar el dolor y la rabia por los agraviados pero también hicieron gala de creatividad y de imaginación. Y fueron pacíficas.

Al acto se encabalgó la arremetida de un pequeño grupo de embozados contra Palacio Nacional, un episodio del que la mayoría de los participantes en las marchas ni siquiera se enteró en el momento. Como ya es costumbre, las policías federal y capitalina cobijaron tras sus filas a los agresores, les dieron el margen de acción suficiente para que las cámaras televisivas del régimen tuvieran carne para sus noticieros y a continuación cargaron en contra de manifestantes inocentes y viandantes, golpearon y lesionaron a decenas, capturaron a quince y se los llevaron como trofeo a las procuradurías General de la República y General de Justicia del DF. Allí les inventaron cargos, los consignaron antes del plazo legal sin darles oportunidad de llamar abogados y hoy 11 de ellos están internados en cárceles alejadas de la Ciudad de México.

Se cumplió así un ritual delictivo organizado desde el poder público que tuvo su función inaugural el 1 de diciembre de 2012 y que se ha repetido en forma regular desde entonces. Suman centenas los ciudadanos que han sido víctimas de las golpizas, los secuestros disfrazados de detención –al rescate en estos casos se le llama fianza–, la construcción de testimonios policiales incriminadores y la prevaricación de jueces que emiten sentencias al gusto de las autoridades. La simulación de legalidad encubre una tarea sistemática de intimidación de la protesta ciudadana y las capturas y consignaciones no son producto de errores ni de falta de preparación de las corporaciones policiales (si así fuera ya hubo tiempo más que suficiente para corregir); por el contrario, los gobiernos federal y local han venido emitiendo el mensaje inequívoco de que no se debe participar en movilizaciones públicas y legales so pena de arriesgarse a ser detenido, lesionado, vejado y convertido en reo de algún delito inexistente. A menos, claro, que se participe en condición de agresor embozado.

Lejos de desalentar la barbarie policial las autoridades federales y capitalinas las han aplaudido, han felicitado a los uniformados agresores, les han garantizado la impunidad y se han jactado de sus atropellos. Así, a contrapelo de los testimonios videográficos que documentan las violaciones a la ley por parte de los policías que agredieron a la ciudadanía el pasado 20 de noviembre en el centro de la ciudad, el secretario de Seguridad Pública capitalino, Jesús Rodríguez Almeida, los felicitó “por el trabajo demostrado, por el gran valor, gallardía, responsabilidad y sobre todo (porque) restablecieron el orden público le guste a quien le guste”. El cinismo de la declaración es inocultable porque lo que hicieron los uniformados fue más bien colaborar con los encapuchados (o los encapuchados colaboraron con los policías) en la destrucción del orden público y legal. Allí están los videos.

Con una evidente diferencia de grados y niveles la agresión policial contra ciudadanos que tuvo lugar en Iguala se replica en la ciudad capital y Peña y Mancera empiezan a parecerse el uno al otro y ambos, a José Luis Abarca, el ex munícipe ahora preso que, según la versión oficial, ordenó la atrocidad.

En la jornada del 20 de noviembre se hizo visible la enorme energía social nacida de la exasperación ante la persistente conducta delictiva de las autoridades, pero también la condición incurable y progresiva de un régimen despótico y extraviado que hoy, le pese a quien le pese (como debió haber dicho Rodríguez Almeida en lugar del lapsus autogratificante “le guste a quien le guste”), ha terminado por contagiar al gobierno del Distrito Federal. Pero, tanto si pretendían arrastrar al grueso de los manifestantes a la violencia como si querían escarmentarlos y disuadirlos de que sigan ejerciendo sus derechos políticos, los gobernantes fracasaron: además de los 6 asesinados y los 43 desaparecidos de Ayotzinapa, hoy hay otras 11 víctimas de la violencia oficial y otras tantas causas de indignación; la acción de los violentos que sabiéndolo o no colaboran con la represión ha quedado abrumadoramente deslegitimada y las emboscadas policiales ya no producen miedo sino rabia a una ciudadanía que sigue queriendo vivos a los 43 que le faltan y libres a los 11 inocentes a los que la alquimia policiaco judicial ha transformado en culpables.

18.11.14

Peña y la represión


No hay razón para minimizar las tendencias autoritarias y represivas de Enrique Peña Nieto ni su propensión a recurrir a la violencia, no como recurso último del poder sino para ahorrarse (Durkheim lo llamaría premoderno) la fatiga de gobernar mediante las leyes y la política. Las demostró con creces en Atenco, las ratificó el 1 de diciembre de 2012 y las ha exhibido en los últimos dos años con encarcelamientos injustificados de dirigentes y activistas y la preservación del margen de impunidad en el que tienen lugar, desde la administración pasada, los excesos y atropellos de las fuerzas del orden y las corporaciones policiales y militares.

Las atrocidades de septiembre en Iguala llevaron al Ejecutivo federal a suavizar la represión. Tras la violencia homicida desatada por policías regulares contra estudiantes en esa ciudad guerrerense, los gobiernos estatales y el federal perdieron margen para recurrir a acciones que pudieran hacerlos ver similares, ante la mirada de México y el mundo, a la presidencia municipal de José Luis Abarca. De súbito, el peñato trató de exhibirse pacífico, tolerante y dialogante –el ejemplo más claro es el de las exhibiciones de Miguel Ángel Osorio Chong ante el movimiento estudiantil politécnico– y las autoridades se cohibieron para reprimir frontalmente acciones como la destrucción de edificios públicos en Guerrero y las tomas y bloqueos de carreteras; en ausencia de represión masiva han recurrido a la provocación atomizada.

Pero el sábado pasado Peña amenazó con echar mano de “la facultad legítima del Estado para el uso de la fuerza pública” –que es lo que Weber llama “el monopolio de la violencia física legítima”–, para restablecer “el orden y la paz”.

Siempre que se amenaza con emprender una acción determinada se formula, en forma implícita, una súplica al destinatario: que acceda a comportarse como el amenazador lo desea y no lo “obligue” a recursos que le resultan indeseables. En el caso de referencia, las palabras balbuceantes denotan ese ruego: “aspiro y espero que no sea el caso de lo que el gobierno tenga que resolver... que no lleguemos a este extremo”.

Para aplicar el monopolio de la violencia legítima es indispensable que exista tal monopolio, que quien lo use posea legitimidad y que resulte verosímil su aplicación con el objetivo específico de restablecer la legalidad, la convivencia y el orden, y el peñato no cumple con ninguno de esos requisitos.

En cuanto al primero, es innegable que antes de que el grupo gobernante sentara las bases legales para la destrucción de los monopolios estatales de la energía eléctrica y el petróleo, en los hechos cedió el monopolio de la violencia a diversos grupos delictivos que operan en diversas regiones del territorio nacional y que fungen en ellas como las autoridades reales.

En contra del segundo requisito gravitan la gestación televisiva del candidato presidencial, su implantación en el cargo tras unas elecciones dudosas en las que proliferó el uso de dineros sospechosos para la compra masiva de votos y, para colmo, la riqueza inmobiliaria (inexplicable, hasta ahora) que le fue evidenciada a principios de este mes.

En tercer lugar el orden y la paz han sido afectados principal y originariamente desde el gobierno y las diversas expresiones de violencia social han sido, invariablemente, intentos desesperados de la base social por restaurar ambos términos. Ello es válido tanto para los casos de las autodefensas michoacanas como en las manifestaciones guerrerenses que han destruido algunos símbolos arquitectónicos del desgobierno, el caos, la indefensión ciudadana, la complicidad, el encubrimiento y la simulación. ¿Qué orden y qué paz podrían restablecerse mediante la represión? ¿La paz de las ejecuciones extrajudiciales en Tlatlaya, de los asesinatos y desapariciones de estudiantes en Iguala, de los homicidios de periodistas en Veracruz, de proliferación de feminicidios en el Edomex, de secuestros en Morelos? ¿La de las omisiones y el encubrimiento prolongado de José Luis Abarca por parte de la PGR? ¿El orden que hizo posibles concesiones como la de la Guardería ABC, impunidades como la de Grupo México, licitaciones amañadas como el “tren chino” México-Querétaro?

En estas condiciones y con los antecedentes mencionados el recurso de la represión resulta peligroso para el régimen mismo y, especialmente, para su jefe nominal. Es posible que éste lo sepa y que su amenaza sabatina haya sido una concesión a regañadientes a presiones internas (priístas y empresariales) o superiores (empresas transnacionales) interesadas en deshacerse de él en el peor escenario posible –al cabo, ya cumplió con su misión de imponer las reformas estructurales– y, de paso, del lastre político que ya representa, cuando no ha cumplido ni siquiera un tercio de su periodo.

Un arrebato represivo empeoraría y complicaría gravemente el panorama. La salida deseable, pacífica, institucional y constitucional a la crisis que vive México consiste en que Peña renuncie al cargo antes de que termine este mes, de modo que sea posible organizar elecciones presidenciales anticipadas el año entrante.

13.11.14

Buen fin de régimen



En el año penúltimo del calderonato se inventó, en forma un tanto desesperada para reactivar un poco el alicaído mercado interno, una copia tropical del Black Friday gringo: el Buen fin. Se trataba, claro, de sacar de los bolsillos de los consumidores la mayor cantidad de dinero posible, con la diferencia, con respecto al original estadunidense, de que las ofertas del Buen fin suelen ser simbólicas, por usar un calificativo benigno.

Desde la primera edición del programa la gente descubrió –y lo difundió en redes sociales– que con frecuencia las rebajas iban precedidas por reetiquetados al alza para simular un descuento que dejaba los productos en su precio original, o que se ofrecían descuentos del 0.1 por ciento del precio de los artículos. Si la palabra vendimia quiere decir cosecha de uvas, en México, en donde la cultura vitivinícola es más bien escasa, se ha usado desde hace mucho, para denotar cosecha de ganancias, es decir, en una acepción más cercana a la tercera de la Real Academia: “provecho o fruto abundante que se saca de algo”; en este caso, del bombardeo publicitario inmisericorde y con frecuencia, mentiroso.

En la extremada violencia que vivió el país en 2011 el Buen fin fue visto, por añadidura, como un intento de Felipe Calderón por distraer la atención de la catástrofe en la que había hundido al país y menudearon las parodias que enfatizaban la mala manera en que llegaba a su fin esa administración de la que uno no quisiera acordarse: con el país bañado en sangre, la descomposición institucional a tope, la economía estancada y un pobrerío multiplicado.

Pero de Echeverría en adelante la sociedad mexicana ha ido desarrollando la noción manriquiana de que toda presidencia pasada es menos peor que la que sigue y así llegamos a este 2014 en el que el calderonato parece de peluche comparado con la pudrición, la violencia, la dependencia, el cinismo y el encharcamiento económico que caracterizan al peñato. La imposición antidemocrática de las reformas estructurales, la insolencia autoritaria de los ministros de la Suprema Corte, las atrocidades de Tlatlaya e Iguala y los subsecuentes desmanejos gubernamentales han terminado por colocar a la sociedad ante la evidencia de que está pagando un dineral, tanto al contado como a crédito, para mantener a un funcionariado rapaz cuya existencia es muy útil para sí mismo, para Washington y para las corporaciones transnacionales, pero que a este país le causa un enorme daño.

En el momento actual, con el país recorrido por toda suerte de conflictos explosivos, el presidente de México anda de viaje por Pekín, comiendo pato laqueado, cargando en su comitiva hasta con el maquillista de su esposa y tratando de quedar bien con sus socios chinos después del doble desfiguro de la licitación para construir el tren rápido entre la capital y Querétaro, y viendo de qué manera sale del escándalo de la residencia de siete millones de dólares que le descubrieron a su pareja.

Esta presidencia no sirve para nada, pero tampoco sirve el Poder Legislativo, que aprobó la legalización del saqueo de las riquezas nacionales a sabiendas de que semejante medida es repudiada por la mayor parte de la población, por más que ésta no haya podido o no haya querido manifestarse en contra cuando las reformas peñistas estaban siendo aprobadas. La mayoría de los legisladores de los tres partidos principales y de los dos que operan como negocios familiares son, a estas alturas, logreros de la política, empleados de los intereses empresariales, integrantes de facciones de la gran mafia del poder público; sepulcros blanqueados que comulgan en la mañana, condenan el aborto al mediodía y se van a las putas cuando se hace de noche; farsantes que cobran por ser “de izquierda” y que siven al poder oligárquico; “ecologistas” que reciben tajada por gestionar autorizaciones ambientales a proyectos devastadores; priístas que llevan toda la vida abogando en público por la defensa de las instituciones mientras, en privado, se dedican a saquearlas y a destruirlas. Y todos ellos pretenden ser la representación de la sociedad cuando, en realidad, representan intereses antisociales. En su conformación actual el Poder Legislativo no sirve de nada.

Y qué decir de la Suprema Corte de Justicia, cabeza de un poder corrompido y prevaricador, complemento ideal de organismos difuntos de procuración: formalista, labiosa, rendida a los pies del Ejecutivo, conformada por millonarios que olvidaron hace tiempo –si es que algún día lo supieron– que las injusticias en este país tienen por víctima, noventa y nueve veces de cada cien, a ciudadanos pobres; ministros que ante cualquier demanda concreta de reparación y corrección de un desvío se solazan o se refugian en viajes a un remoto Bizancio legal; solapadores de la agresión sexual, del abuso de poder, del autoritarismo y de la impunidad; bailarines que interpretan el son que alguien toque desde Los Pinos; sangijuelas del erario orgullosas de su condición. ¿Para qué sirve la Suprema Corte?

O tomemos el caso de la PGR, cuyo titular conoció le carácter delictivo del ex alcalde de Iguala, José Luis Abarca, 16 meses antes de que pasara lo que pasó en esa ciudad, y no hizo nada de nada; una procuraduría a la que los Guerreros Unidos –el dato lo aporta José Reveles– le pasaban una mochada mensual de medio millón de dólares para que los dejaran trabajar en paz; una procuraduría que interroga a inocentes capturados al azar en las calles después de que los culpables fueron respetuosamente contemplados por la policía y las cámaras de televisión mientras incendiaban una puerta de Palacio Nacional; una procuraduría que gasta mucho y no resuelve nada de nada.

O la Secretaría de Educación Pública; o la de Comunicaciones y Transportes; o la Comisión Nacional de Derechos Humanos; o...

Este régimen no sirve desde hace mucho tiempo pero no es sino en las útimas semanas, a raíz de la barbarie policial contra los normalistas de Ayotzinapa, que la sociedad ha ido cobrando plena conciencia de ello y el remplazarlo resulta sumamente urgente. Prolongar su agonía sería tanto como alargar la del país, dejar crecer el caldo de cultivos para más muertes, más hambre, mayor dependencia, mayores catástrofes. El desafío del momento consiste en lograr una transición pacífica y legal hacia un necesario proceso de reconstrucción nacional.

De ahí la urgencia de que Peña Nieto deje el cargo en lo que queda de este mes, a fin de que los remanentes de la oligarquía política puedan aplicar, antes de apagar la luz y salir de escena, lo que manda el tercer párrafo del artículo 84 constitucional. Si no lo hacen ahora, después será muy tarde.

La clase política empezó por saquear al país y ahora lo está incendiando. Detener el incendio pasa necesariamente por un relevo creíble y legítimo en el Poder Ejecutivo, y a partir de ahí ya puede empezar a hacerse limpieza en la administración pública en general. Los integrantes del funcionariado en su conjunto debieran tener la decencia de renunciar en masa, permitir que el país se recomponga y dedicarse, ellos, a disfrutar de sus fortunas: el Buen Fin empieza mañana y podrían, por ejemplo, irse de compras y dejar que el resto del país tenga un buen fin de régimen.




#YaMeCansé

12.11.14

¿Llovió en Cocula?





Según se rumora, la noche que cavaron su propia tumba en La Parota, después de que

fueron asesinados una lluvia impidió que esos cadáveres rociados con diesel y prendidos

con lumbre quedaran reducidos a cenizas. Como si la naturaleza se hubiera resistido

a destruir la evidencia. Como si ella también esperara a que en México algún día se

haga justicia.



Pedro corrió con sus compañeros, relató que se refugiaron en un terreno baldío

donde permanecieron toda la noche bajo la lluvia.


Esto es de autoría colectiva. Las citas de aquí arriba, las hojas de pronóstico del tiempo y las recopilaciones de datos meteorológicos me fueron proporcionadas por más de 12 personas en Facebook y Twitter. No las menciono expresamente porque no sé si quieran ser mencionadas, pero les agradezco mucho sus aportaciones.

El procurador Jesús Murillo Karam sitúa entre la noche del 26 de septiembre y la mañana del día siguiente el momento de una operación de exterminio de una cuarentena de personas que habrían podido ser los estudiantes normalistas secuestrados esa noche por policías municipales de Iguala. Según el funcionario, sicarios del grupo delictivo Guerreros Unidos transportaron a sus víctimas al basurero municipal de Cocula, las remataron, colocaron sus cuerpos en una enorme pira funeraria hecha con madera, llantas, objetos de plástico y otros materiales inflamables, los rociaron con diésel o gasolina y los quemaron por espacio de 14 horas o más: desde la medianoche hasta las 2 o 3 de la tarde del día 27.

Para perpetrar esa atrocidad se habría requerido de tiempo seco. Pero la explicación sería menos verosímil si justo en esos momentos hubiera llovido en la zona de Cocula.

Guerrero apenas se reponía del paso de la tormenta tropical Trudy (18 de septiembre) y por esos días diversas partes del territorio nacional se encontraban bajo los efectos de cuatro fenómenos meteorológicos distintos: la onda tropical 31 (Oaxaca y Veracruz), la tormenta tropical Rachel (en esa fecha se encontraba a unos 630 kilómetros al sur-suroeste de Cabo San Lucas), la onda tropical 32 (oriente de la Península de Yucatán) y un canal de baja presión que causó intensas lluvias, tormentas y granizadas en el noreste, desde Tamaulipas hasta Coahuila y San Luis Potosí.

¿Llovió o no llovió en Cocula? La respuesta sería muy fácil: bastaría con preguntar a los lugareños, pero a decir del procurador éstos se encuentran atemorizados y renuentes a hacer declaraciones y, además, los testimonios se encuentran monopolizados por la Procuraduría General de la República, así que no es fácil recabarlos de manera independiente.

Quedan los documentos meteorológicos de la Conagua y del gobierno de Guerrero pero no son concluyentes porque se trata de pronósticos generales. Los correspondientes a esas fechas auguran lluvias en el territorio guerrerense y nada más.

Accuweather.com guarda un registro de precipitaciones pluviales. Para Cocula indica que el viernes 26 llegaron a 6 mm y el sábado 27, ascendieron a 9 mm. Pero el registro es diario y no por hora y es imposibe saber si esas precipitaciones se debieron a chubascos breves o a lloviznas persistentes.


Wunderground.com consigna solamente los datos de la estación meteorológica más cercana a Cocula, que es la de Huitzuco, localidad situada a unos 25 kilometros, en línea recta, y a 54 por carretera.


De acuerdo con la información allí recopilada, en Huitzuco llovió desde las 22:14 del día 26 hasta las 3:44 del 27. Si algo así hubiera ocurrido en Cocula, habría sido imposible que los presuntos criminales incineraran algo al aire libre.


Un tercer referente es el modelo desarrollado por el Grupo Interacción Océano-Atmósfera del Centro de Ciencias de la Atmósfera de la UNAM. De acuerdo con la simulación que ofrece el sitio, es altamente probable que en Cocula haya llovido la noche del viernes 26 y la madrugada del 27 de septiembre. El modelo puede consultarse aquí:



Cuarto dato relevante: la estación GR54, ubicada en Cocula y administrada por elo Organismo de Cuenca Aguas del Valle de México (OCAVM), registra que el día 26 hubo en esa localidad una precipitación de unos 10 mm y que el 27 fue de 7 u 8 mm:


A falta de testimonios directos no puede afirmarse nada concluyente, aunque lo más probable es que durante la noche del 26 y la madrugada del 27 de septiembre haya llovido en Cocula.

A continuación, los pronósticos meteorológicos:

Chilpancingo, Gro., 26 de septiembre.- La Subsecretaría de Protección Civil del gobierno del estado informó que se prevén lluvias fuertes en algunas zonas de Guerrero, generadas por la onda tropical 31 que se ubica sobre Oaxaca y Veracruz.
De acuerdo al Servicio Meteorológico Nacional (SMN), este fenómeno provocará lluvias intensas acompañadas de tormentas en puntos de Veracruz, Chiapas y Tabasco; muy fuertes en sitios de Oaxaca; fuertes en zonas del Estado de México, Puebla, Guerrero, Hidalgo y Morelos, y de menor intensidad en el Distrito Federal y Tlaxcala.
http://guerrero.gob.mx/2014/09/se-preven-lluvias-fuertes-en-algunas-zonas-de-guerrero-pc/

Pronóstico del tiempo del viernes 26 de septiembre de 2014:
El Pacífico Sur registrará cielo medio nublado a nublado con 80% de probabilidad de lluvias intensas puntuales en Chiapas, muy fuertes en Oaxaca y fuertes en Guerrero, temperaturas calurosas durante el día, viento de dirección variable de hasta 60 km/hr en el Istmo y Golfo de Tehuantepec y de 20 a 35 km/hr en el resto de la región.
http://www.seguridadgro.gob.mx/inicio/index.php/articulos/informes-meteorologicos/1599-boletin-meteorologico-26-de-septiembre-de-2014

En el caso de Guerrero, las condiciones de cielo nublado se estarán presentando en el transcurso de la tarde-noche, mientras que en el día la temperatura será calurosa.
http://www.milenio.com/estados/lluvias-temporada_de_lluvias-onda_tropical_31_0_379762158.html

Viernes 26 de septiembre de 2014: Para hoy, la Onda Tropical Número 31 se ubica sobre Oaxaca y Veracruz, provocará lluvias intensas (de 75 a 150 mm) acompañadas de tormentas en puntos de Veracruz, Chiapas y Tabasco; muy fuertes (de 50 a 75 mm) en sitios de Oaxaca; fuertes (de 25 a 50 mm) en zonas del Estado de México, Puebla, Guerrero, Hidalgo y Morelos, así como de menor intensidad (de 0.1 a 25 mm) en el Distrito Federal y Tlaxcala. A su vez, la nueva Onda Tropical Número 32, se extiende sobre el oriente de la Península de Yucatán, y ocasionará lluvias muy fuertes (de 50 a 75 mm) en áreas de Campeche, Yucatán y Quintana Roo.
La Tormenta Tropical Rachel, a las 04:00 horas tiempo del centro de México, se localizó aproximadamente a 630 km al sur-suroeste de Cabo San Lucas, Baja California Sur, con vientos máximos de 85 km/hr, rachas de 100 km/hr y desplazamiento al oeste-noroeste a 22 km/hr. El sistema, se mantendrá sin afectar de manera importante al territorio nacional, sin embargo seguirá aportando oleaje moderado con posibilidades de lluvia (de 0.1 a 25 mm) en Baja California Sur.
En tanto, un canal de baja presión en el noreste del país, provocará lluvias muy fuertes (de 50 a 75 mm) acompañadas de tormentas eléctricas y granizadas en puntos de Tamaulipas y Nuevo León; fuertes (de 25 a 50 mm) en áreas de Coahuila, y de menor intensidad (de 0.1 a 25 mm) en San Luis Potosí.
http://www.conagua.gob.mx/SalaPrensa.aspx?n1=9180&n2=Comunicados

Sábado, 27 de Septiembre del 2014
Cielo de medio nublado a nublado habrá en el Pacífico Sur, con 80% de probabilidad de lluvias intensas puntuales en Chiapas; muy fuertes en Oaxaca y fuertes en Guerrero; temperaturas calurosas durante el día, viento de dirección variable de hasta 60 km/hr en el Istmo y Golfo de Tehuantepec, y de 20 a 35 km/hr en el resto de la región.
http://www.conagua.gob.mx/SalaPrensa.aspx?n1=9188&n2=Comunicados

Pronóstico del tiempo del viernes 26 de septiembre de 2014:
“El Pacífico Sur registrará cielo medio nublado a nublado con 80% de probabilidad de lluvias intensas puntuales en Chiapas, muy fuertes en Oaxaca y fuertes en Guerrero, temperaturas calurosas durante el día, viento de dirección variable de hasta 60 km/hr en el Istmo y Golfo de Tehuantepec y de 20 a 35 km/hr en el resto de la región. “


http://www.seguridadgro.gob.mx/inicio/index.php/articulos/informes-meteorologicos/1599-boletin-meteorologico-26-de-septiembre-de-2014