31.7.07

La fe del adversario (IV)

Silente, conmovido mas silente,
viajo al año mengano.
Aparezco atrapado
en los muslos de Gracia.
Me duermo y sueño con un barco,
me sueño y duermo.

Viajo en la veta de su tiempo.
Visito a sus abuelos y parientes,
me hospedo en una choza de hombres celtas,
me matan a patadas por extraño,
camino entre trigales incipientes,
fundo la raza en torno a un lago,
me entronizo, me encuentro con la piedra,
reencarno en alquimista,
construyo ingenios y recetas,
formulo un bebedizo que me trae de vuelta.

Reconsidero mi sitial.
He vuelto
sin apenas palabras,
sin ningún equipaje,
con los ojos atónitos y abiertos.

Sus muslos, sin embargo, me siguen contemplando
con plenitud y con carencia
y tienden un camino de papel
de la carne al recuerdo,
de una yacija anónima al futuro
en que un hombre distinto, no previsto en la historia,
se regocije masticando el tiempo.

Aquí estoy, obligado
a reconstruir su aliento el soplo
de arena seca,
la ceñuda respuesta de su alma en pena
a mis frutos verbales
—,
el viento huesudo que me devuelve su corazón
ante cada palabra de amor ya superado.

No tengo paladar para la historia.
No hay más que este presente
resbaladizo por marmóreo.
No quiero divulgar ningún pasado
y mi futuro no me incumbe.
Soy un testigo ciego, nada más;
frívolamente viajo por el tiempo.

* * *

La diferencia


Los gobiernos de Felipe Calderón y de Néstor Kirchner tienen en común un arranque marcado por el déficit de legitimidad. En la primera quincena de mayo de 2003 el ahora presidente argentino tenía a su favor el enorme repudio social generado por la figura de Carlos Menem, con quien iba a enfrentarse en una segunda vuelta; pero el ex mandatario decidió ahorrarse el ridículo de perder por más de 20 puntos, halló la manera para escamotearle una victoria contundente a su rival y cuatro días antes del comicio renunció a la candidatura. Por ese golpe bajo y trapero, Kirchner llegó a la Casa Rosada sólo con los sufragios que había obtenido en la primera vuelta, 22 por ciento, la votación más baja obtenida por un presidente argentino. Calderón, por su parte, logró meterse a Los Pinos con sólo medio punto de ventaja sobre su adversario de izquierda, bajo la sospecha de medio país de que ese margen ínfimo no fue emitido por la ciudadanía sino fabricado por el poder político-económico, y bajo la evidencia de que su antecesor, a la manera clásica del priísmo, abusó del poder público para heredarle el cargo.

En esos inicios amargos se agotan las semejanzas entre el anfitrión mexicano y el huésped argentino. Desde el primer día de su mandato, Kirchner tomó distancia de la confluencia político-empresarial que había llevado a la ruina a su país, asumió un compromiso firme con la restauración de los derechos humanos, reconstruyó la autoridad presidencial e institucional, enfrentó la corrupción del aparato público, buscó un acercamiento con los movimientos sociales –hay que recordar que las calles estaban en manos de los piqueteros-- y ensayó medidas para reactivar la economía y paliar la desesperada situación por la que atravesaba el grueso de la gente. Para redondear la diferencia, hay que recordar que tirios y troyanos reprocharon al ocupante de la Casa Rosada el no haber puesto un suficiente empeño en el combate a la delincuencia y la inseguridad. La defensa de los derechos humanos le es reconocida por todo mundo: desde adversarios políticos como Elisa Carrió hasta el derechista La Nación. En cambio, su deslinde frente a los intereses oligárquicos locales y financieros transnacionales le es criticado desde la izquierda, donde se dice que fue meramente retórico, y desde la derecha, donde se le percibe como excesivo e innecesario.

La precariedad política con la que ambos iniciaron sus respectivas administraciones derivó en circunstancias en cierto modo opuestas: Kirchner le debe la presidencia al hartazgo popular frente a la corrupción e ineptitud de la clase política (“¡Que se vayan todos!”, era la consigna generalizada en ese momento) y su mandato indudable, así hubiera tenido atrás sólo a una quinta parte del electorado, era cambiar el curso de desastre por el que Argentina había transitado y tocado fondo. En ese contexto el nuevo presidente tuvo la libertad necesaria para impulsar un nuevo proyecto de país, y lo hizo. Calderón, en cambio, fue puesto en Los Pinos por los intereses excluyentes y antidemocráticos; queda la duda de si se recurrió, para ello, a una manipulación física y/o cibernética de los sufragios, o bien si bastó con su inducción ilegítima, operada desde la propia Presidencia, los conglomerados mediáticos y corporativos y la mafia sindical que controla al magisterio. Su mandato –no el popular, sino el de las élites— es evitar cualquier cambio sustancial en las condiciones y normas que posibilitan el saqueo del país por los capitales transnacionales, la perpetuación de las terribles desigualdades sociales, la preservación de la impunidad y la corrupción, y la garantía de supervivencia a cacicazgos regionales y sindicales que se apellidan Ruiz Ortiz, Marín, Gordillo o Deschamps. En tales circunstancias, la formulación de un proyecto de país es imposible de necesidad, incluso si en el equipo de gobierno hubiera las luces requeridas para la tarea.

Ahora el anfitrión y el visitante podrán ensayar gestos cordiales y amistosos –y qué bueno que así ocurra— pero sus ejercicios del poder son de signo opuesto. Kirchner encabeza un gobierno con un rumbo definido (otra cosa es estar de acuerdo o no con él), en tanto que el de Calderón tiene como propósito central no mover nada en un régimen uncido a los designios de la oligarquía política y empresarial, quedarse en eso y no ir a ningún lado.



30.7.07

La fe del adversario (III)

Viajé en el tiempo y en la piedra.
Quiero decir: traigo regalos,
pero qué va. Vengo cargado
con un fardo de olores,
con un crisol de tactos,
con una hostilidad irreductible
mas contenida.

Me dirán que no es tiempo
de hacer berrinche,
que no son modos de tratar los míos,
que ya pasé de moda.

Cuánto lo siento. Vengo
de ver flores y partos, bombardeos,
manecillas, carátulas,
tuercas de piedra,
congojos minerales,
apretones de mano entre dos piedras,
desesperados abalorios,
y no he podido tocar nada.

Pero dejen mi carga de lado.
Hablo sólo de cámaras,
turistas desechables,
cucharitas, bicocas, puerto alguno
donde se pierde la virtud en rifas.

No es esa nuestra pérdida.

¿Qué cosa quieren? ¿Dios?
Esperen; voy por Él y se los compro
pero Su posesión no va a cambiarles
nada.

Él es una caricia que no enciende,
es un prostíbulo sin lágrimas;
es un imán para colgar recados;
es una baratija que no excluye
la incómoda presencia
de este mármol yacente entre nosotros.

¿Qué cosa quieren? ¿La palabra?
Consigan una máquina que hable,
pídanle buenas noches,
besos, obscenidades, bendiciones,
y colmarán su gula de palabras.

Tampoco traje amor en mi maleta.
Yo viajé por el tiempo
y sus aduanas son inexpugnables:
no sobrevive el tiempo en el amor
ni sobrevive el amor en el tiempo.

Ningún contacto dérmico construye
por sí mismo el amor o las alianzas.
No supe algo de ti por tu sabor.
¡Demóstenes qué sabe de las piedras!

Dejen de formular
peticiones absurdas
cual sobrinos de un tío que se encontró de vuelta
y acaso así me dejen
compartir con ustedes la piedra que no traje,
la que sigue esperando mi regreso
en un lecho de río en que no me ahogué,
empotrada en el suelo de la plaza que no pisaré nunca.

Hallé la Muerte
pero el tema también es aburrido:
la muerte es una soberanía
de la que no soy súbdito
y cuyo pasaporte no poseo
al menos por ahora,
mientras les cuento estas mentiras,
una soberanía que no se deja mancillar,
que no admite injerencias.

* * *

Marcar el territorio


Parece que el sentido de territorialidad nos viene de los reptiles; la noción de propiedad será entonces nieta de un tiranosaurio o de un diplodoco.



Alégrense, bestias extintas: el legado de ustedes sigue vivo en las marcas de agua que el periódico Reforma pone en sus fotos, en la firma con que el EPR reclama como suyas unas explosiones insensatas, en la orina territorial del perro cuya gráfica distribuye la empresa iStockphoto la cual, faltaba más, impregna la imagen con meados digitales.

29.7.07

Del reality y sus alrededores

  • El poeta Césaire y el jesuita Mifsud

Todo empezó cuando vi la foto de una escena muy triste: una docena de muchachas trastabillean mientras corren, o se van de hocico al duro suelo, o están a punto de, con caras de angustia y dolor, afanadas por llegar a un listón rosado que representa la meta de una carrera. La información detrás de la imagen es simple: “Más de 100 mujeres participaron en una carrera de alto riesgo en las calles de San Petersburgo. Calzadas con tacones de 9 centímetros como mínimo --única condición para participar en el singular evento--, arriesgaron sus piernas y sus tobillos para intentar ser las primeras en cruzar la meta. ¿El premio? Un vale de compra de unos dos mil dólares.”



Debió ser muy emocionante. A juzgar por la sucesión de gráficas, las participantes iniciaron la competencia con ánimo festivo. Los rostros radiantes fueron desdibujándose conforme se sucedían los accidentes, hasta llegar a la última foto, la que describí al principio. No hallé información sobre cómo acabó el concurso, una crónica posterior sobre la afortunada ganadora y su sesión de compras en el establecimiento que organizó la carrera, ni un recuento de moretones, raspones, luxaciones y fracturas. El asunto me hizo pensar en los chavitos que se acuestan sobre un charco de vidrios rotos en los cruceros de mi ciudad para concitar la lástima de los conductores o el morbo que vale un peso y, en general, en la abundancia de espectáculos en los que el principal valor de producción es el sufrimiento humano. Gugleé “Reality show” y desemboqué en un texto del sacerdote jesuita Tony Mifsud, doctor en Teología de la Universidad Alberto Hurtado de Chile, y quien escribe cosas contra la legalización del aborto, las uniones entre personas del mismo sexo y la educación reproductiva laica y abierta. Me es difícil pensar en una pluma que me provoque más radicales desacuerdos que la suya; sin embargo, lo que cito a continuación me resultó esclarecedor:

“Curiosamente, el término Reality Show es contradictorio porque se juntan dos palabras que de por sí se excluyen. La realidad no es un espectáculo, salvo que la reduzcamos a una realidad virtual y hagamos de la vida un enorme teatro donde deambulan puros actores sin identidad propia. El espectáculo entretiene pero la realidad se vive, y a veces se sufre también. Reducir la vida a un mero espectáculo, donde te sientes mirado con indiferencia para que te aplaudan o te pifien, puede llegar a ser una enorme falta de respeto a las personas. [...] Ciertamente, hoy existe la tendencia a la cultura del espectáculo. Hemos mirado la Guerra de Golfo sentados frente al televisor; hemos visto la caída de las dos Torres en Nueva York comentando con el vecino telespectador lo horrible que era; hemos visto con consternación la cantidad de bombas que cayeron sobre Afganistán. Hemos sido espectadores de tantas muertes, pero el día siguiente volvemos a nuestro trabajo como si hubiéramos visto una película. Parece que hoy por hoy todo es un show porque uno se siente juzgado por su apariencia, por lo que tiene y no por lo que es. [... ] Los jóvenes públicamente enjaulados hacen de todo para tener éxito (aparecer y ganar plata). Y si se requiere hacer de la propia vida un espectáculo, bueno, igual que en la guerra, no hay reglas salvo la de ganar. Seguramente habrá otras opiniones favorables al programa, más bien subrayando el elemento del entretenimiento. Pero, ¿se puede negar que este tipo de programas reflejen y promueven de alguna manera una cultura del éxito y del espectáculo? Pero, ¿es la vida un espectáculo? ¿El dinero y los aplausos definen la propia vida?”



Mucho antes de llegar hasta ese punto de la lectura, tenía ya instalado en la cabeza un fragmento del portentoso Cahier d’un retour au pays natal (Cuaderno de un retorno al país natal) de Aimé Césaire, el gran poeta martinico de la negritud:

Et surtout mon corps aussi bien que mon âme, gardez-vous de vous croiser les bras en l'attitude stérile du spectateur, car la vie n'est pas un spectacle, car une mer de douleurs n'est pas un proscenium, car un homme qui crie n'est pas un ours qui danse...

(O sea: “Y sobre todo, cuerpo mío, y también alma mía, cuídense de cruzarse de brazos en la actitud estéril del espectador, porque la vida no es un espectáculo, porque un mar de dolores no es un proscenio, porque un hombre que grita no es un oso que baila...”)

Mi querida Françoise Pérus me regaló hace unos tres lustros la venerable edición bilingüe del Cahier... que publicó Ediciones Era en 1969, con prólogo y traducción al español de Agustí Bartra. Ahora me disculpo con los tripulantes y pasajeros de este blog por cerrar la entrega de este domingo con la anécdota que ya leyeron aquí; a veces, malpensados, uno pone los huevos en el papel y es en el blog donde nacen los pollos. Esta vez fue a la inversa.


28.7.07

La fe del adversario (II)

Silente, coronado
soberano,
viajo en el tiempo.
Me encuentro en un lagar,
doy vuelta, te diviso
y me encuentro contigo, mármol,
absorto, igual que yo,
en tus virtudes, obcecado,
en la canción de nadie, puesto,
consonantado en la memoria.

A bordo de un transporte milenario
me vuelvo niño autista,
marchito en forma prematura.
Soy un abecedario ilegible.
Soy un borrón en la distancia.
Mido kilómetros.
Me refocilo en una curva,
voy y regreso.

* * *

Deidades inquietantes
(VI y última)


Jesucristo
(Occidente)

“... y a los dioses mordía el espanto
de ese Dios silencioso que tiene los brazos abiertos.”

Ricardo Jaimes Freyre
Castalia Bárbara





27.7.07

Criminales y criminales


Algunos delincuentes me horrorizan y al mismo tiempo me parten el alma.

Es el caso de estos tres: Manuel Antonio Noriega, Mario Villanueva Madrid y Ambrosio Cadena Flores.

No entiendo muy bien los motivos de mi propia discriminación, pero cuando Menem y Fujimori han estado tras las rejas, no he sentido pena. Tampoco me sentiré acongojado si algún día logramos que Salinas pague en la cárcel alguna de sus tropelías. Aunque sea una.


26.7.07

La fe del adversario (I)

Como reptil silente,
suspendido en un caos sigiloso
que sueña sin gemidos,
te invoco, mármol; deposito
una palabra escrita en tu paladar,
consigo pinzas y una piedra florecida,
batallo a tus espaldas,
trasiego fórmulas y cánticos.

Desde una soledad sin ojos,
en un aislamiento insobornable,
lentamente doy vueltas
alrededor de ti
sin palabras ni gestos,
sin cópulas, sin polen, sin contagios:
un caldo estéril,
un hervor atrapado en una piedra.

Con dignidad, espero
a que interrumpas tu mutismo
y que pongas tu muerte entre paréntesis.

Como un dolor
preciso y necesario,
me apego a ti, sin concesiones.

Este pulmón que se fatiga en letras,
que se desgasta en sílabas no dichas,
debiera estar en mi sitial
de deidad impotente,
de nahual disecado.
Pero en tanto
(tanto tiempo, fatiga inconsolable)
escenifico tu ritual,
sirvo la mesa de la piedra,
instituyo el altar de los hervores.

* * *

Israel: un Estado racista

Varsovia, 1943, y Cisjordania, siglo XXI: momentos del racismo


  • Editorial de Ha’aretz
  • El apartheid de Tel Aviv, según Carter y Dugard

No lo saqué de la agencia oficial del gobierno iraní, ni de una página de Al Qaeda, ni de un folleto de Hezbollah; el encabezado de este post es el mismo que el del editorial del 20 de julio de Ha’aretz, uno de los periódicos más importantes de Israel: “Diariamente el Knesset (parlamento) tiene la alternativa de aprobar leyes que impulsen a Israel como un Estado democrático o que lo conviertan en un Estado judío racista. La línea entre ambos es muy delgada. Esta semana se traspasó esa frontera. Si la asesora legal del Knesset no consideró que la propuesta titulada Ley del Fondo Nacional Judío era suficientemente racista para dejarla fuera de la agenda, es difícil imaginar qué legislación podría considerar racista.” Se refiere a la reciente aprobación de una ley que ratifica la exclusión de los no judíos (palestinos y drusos, principalmente) de los beneficios de ese organismo. El Fondo Nacional Judío (JNF, por sus siglas en inglés) creado en 1901 por la Organización Sionista Mundial para adquirir tierras en Palestina. En 1960 la Autoridad de Tierras de Israel se hizo cargo de los predios propiedad del Estado y de aquellos que pertenecían a la JNF y que, en conjunto, representaban el 90 por ciento de los terrenos del país, con el compromiso de permitir su colonización únicamente por judíos. Continúa el editorial: “Aunque el JNF compró tierras para los judíos de la diáspora, el Estado de Israel ha sido establecido y esas tierras deben ser ahora para todos sus ciudadanos. Para aquellos que miran al mañana y no al pasado, el objetivo es crear en Israel un Estado saludable y progresista en el que las necesidades de los dos pueblos preocupen a los líderes y legisladores. La política del JNF se contrapone a los intereses del Estado y no puede discriminar por medio de la ley a la minoría que vive en el país”.

En el foro de discusión del texto, Yaakov Sulllivan pone el dedo en la llaga: “Israel se define a sí mismo como un Estado judío para el pueblo judío. Los no judíos no salen en la foto, y la mayoría del electorado israelí no quiere que eso cambie. [Los árabe-israelíes] tienen el voto; dejémosles que se contenten con eso o que se muden a sus “propios” países. El hecho que esta ley racista discrimine a los ciudadanos árabe-israelíes no le molesta a la mayoría de los israelíes. Por supuesto, reconocen que es discriminatoria, pero no les importa. En Israel la democracia pertenece a los judíos pero no a los ciudadanos árabes porque el mantenimiento del carácter judío del Estado, que es donde viene el asunto de las tierras, es más importante que la democracia. Ha’aretz puede pensar que esta situación es deplorable, pero la mayoría del Knesset, no. A la mayor parte de los israelíes esto no les perturba y les importa poco cómo lo percibe el resto del mundo. Dirán: ‘Miren a todos los que aquí y allá lo hacen peor’ o bien ‘éste es el único Estado judío en el mundo y no le debemos a nadie una explicación para defender nuestro racismo’.”


Destrucción implacable

Recordemos: en 1975 la Asamblea General de la ONU aprobó, por amplia mayoría, una resolución en la que se establecía que el sionismo era una forma de racismo. En 1991, la gran mayoría de ese mismo foro anuló la resolución anterior. Pero en marzo pasado, el sudafricano John Dugard, relator especial del Consejo de Derechos Humanos (CDH) de la ONU, comparó la situación de los habitantes legítimos de Gaza, Cisjordania y la Jerusalén oriental con la que padecieron los negros de Sudáfrica durante el apartheid. Resumió el editorial de La Jornada: “separación obligatoria de familias, severas dificultades para desplazarse entre distintos puntos y un sistema de caminos exclusivo para los israelíes implantados en tierras palestinas, ‘algo que no fue contemplado ni siquiera en el apartheid sudafricano’, a decir del funcionario. Adicionalmente, Dugard destacó que los asentamientos judíos al oriente de las fronteras de 1967 –que son, de acuerdo con las resoluciones 242 y 337 de la ONU, las que deben delimitar el mapa de Israel—“constituyen una forma de colonialismo”. Y señalaba el funcionario internacional: “es difícil rechazar la conclusión de que muchas de las leyes y prácticas de Israel vulneran la Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación Racial de 1966”. Por favor, lean el informe de Dugard: sin perder la serenidad en una sola línea, lo que ahí se documenta es una muy necesaria bofetada a la conciencia internacional.

No es la única. A fines del año pasado Jimmy Carter publicó un libro titulado Palestine: Peace, Not Apartheid (“Palestina: paz, no apartheid”) en el que señaló que la política israelí en los territorios ocupados es “un sistema de apartheid, con dos pueblos que ocupan la misma tierra pero completamente separados uno de otro, con los israelíes que dominan y suprimen la violencia privando a los palestinos de sus derechos humanos básicos”.


Escena cotidiana en la ocupación


Mientras tanto, en el interior de la jaula nacional construida por este Estado racista para contener a los palestinos y a sus legítimas demandas, la confrontación entre los bandos de Mahmud Abbas (Al Fatah) e Ismail Haniyeh (Hamas) parece no tener fin, y en las ciudades de la Gaza tomada por los radicales islamistas y de la Cisjordania controlada por la burocracia corrupta del gobierno reconocido por Tel Aviv y Washington, se escucha esta canción.

Fayez Badawi, representante del Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP) ante los países de habla española, tiene una opinión muy precisa del asunto: “¿Que está pasando en Irak, un país donde antes todos convivían sin grandes problemas? Hoy los chiítas luchan contra los sunnitas. Situaciones similares se viven en Palestina, Somalia, Sudán. La política imperialista es muy clara: cada vez que un pueblo oprimido responde con resistencia armada, Estados Unidos fomenta en su interior una guerra civil.”

El 4 de julio Hamas publicó en su página web una carta fechada el 13 de julio de 2003, atribuida al jefe militar de Al Fatah, Mohammed Dahlan, y presuntamente dirigida al entonces ministro israelí de Defensa, Shaul Mofaz. Dice así: “Tenga la seguridad de que los últimos días de Yasser Arafat están contados, pero permítanos que acabemos con él a nuestra manera, no a la de ustedes. Tenga la seguridad de que daré mi vida para mantener las promesas que hice delante del presidente Bush”. Y concluye: “Sólo me queda expresar mi gratitud hacia usted y hacia el primer ministro [Ariel Sharon] por la continua confianza que han depositado en nosotros, y todo nuestro respeto”. ¿Es verdadera o falsa? –No lo sé.


División: lo que faltaba



25.7.07

Memorias de un voyeur


Hace años, en un mes de septiembre, invertí mis menguados ahorros en la adquisición de un telescopio. Instalé el aparato sobre mi escritorio, de cara a la ventana de mi estudio (que tenía una esplendida vista sobre dos edificios vecinos y su coleccion de ventanas) y me dispuse a asumir, en forma rigurosa y sin complejos, el oficio de voyeur.

Antes de dirigir el artefacto óptico hacia la intimidad del vecindario, realicé un cuidadoso levantamiento catalográfico de las ventanas a mi alcance (serie A-1 a A-11 para el edificio de la izquierda, B-1 a B-8 para el del centro, C-1 a C-24 para el de la derecha, y de la D a la M para casas solas), escribí el registro en un grueso cuaderno de contabilidad y me dispuse a consignar, con entradas de fecha y hora, las observaciones respectivas.

Para ser sincero, al principio de mi aventura tenía la certeza de que accedería a los aspectos más fuertes de la vida de mis víctimas y soñaba con presenciar en secreto dramas familiares, actos sexuales, operaciones de consumo y empacado de drogas, desnudos abundantes y, quien sabe, tal vez un asesinato.

Durante 14 semanas me apliqué metódicamente de 8 a 11 pm a la observación furtiva de las ventanas vecinas, pero en todo ese lapso no pude contemplar ninguna de las escenas señaladas. Los dramas familiares se reducían a una sucesion de jetas en torno a la mesa del comedor; los actos eróticos más desenfrenados que llegué a registrar fueron unos besos rápidos y rutinarios del marido a la esposa cuando el primero llegaba de trabajar; en vez de personajes siniestros procesando cocaína vi a muchas señoras planchando camisas; el desnudo mas audaz fue el de un abuelito que, frente a la ventana de su cuarto, se quito la camisa del pijama y se quedo en camiseta; en fin, lo mas cercano a un homicidio fue un coscorrón de una madre a un hijo díscolo que, supongo, se negaba a hacer la tarea.



Desistí de mi empeño cuando los primeros foquitos de arbol de navidad empezaron a dificultarme las observaciones. Respiré hondo, me armé de una resignacion heroica, tiré a la papelera mi bitácora de voyeur, levanté el telescopio de mi escritorio, lo doblé con todo y tripié, me lo puse bajo el brazo y salí con paso cansino hacia la azotea del edificio. Allí, sintiéndome perfectamente ridículo, enfoqué el aparato hacia la Luna y luego hacia los anillos de Saturno. Esa noche me aburrí casi tanto como todas las que pasé tratando de capturar la intimidad secreta de mis vecinos. Desde entonces el jodido invento de Galileo durmió el sueño de los justos en la parte superior de algun clóset y se perdió para siempre en el curso de alguna mudanza.

Tal vez equivoqué el momento. Corrían los tiempos más oscuros del DF pre Tunick y creo que la figura más sexy de la escena pública de ese entonces era Paloma Cordero, esposa de un señor que no tiene más relieve en la historia que el haber impuesto a Carlos Salinas como su sucesor en la Presidencia.

Afuera de mi casa actual no hay nada interesante que ver, y ya no sé. Pero en aquellos tiempos y lugares, la gente sólo se acercaba a las ventanas en caso de incendio o cuando un accidente espectacular dirigía su curiosidad hacia el exterior. Pero los moradores de aquel barrio apagaban la luz y cerraban las cortinas cuando era hora de Eros o de Marte, de desnudarse, de hacer cosas ilícitas, de fallecer, en fin, de cualquier cosa que alimentara el morbo ajeno. Y, en consecuencia, condenaban a los mirones a sobrellevar una vida muy dura.



24.7.07

Deidades inquietantes (V de VI)


Xipe Tótec,
El Señor Desollado
(Mesoamérica)


















Gays a la horca

E
l fiscal general de Irán, Said Mortazavi, confirmó que en días recientes la República Islámica ha ahorcado a 16 personas condenadas por “adulterio, secuestro y homosexualidad” que habían incurrido, además, en “violación, chantaje y luchas callejeras”. El funcionario no especificó las proporciones de secuestradores, homosexuales, extorsionadores, violadores y adúlteros en el grupo de ajusticiados, ni aclaró si uno o varios de ellos habían sido convictos por más de uno de esos cargos, o por los tres.

No importa. Ya suficiente escándalo es que cuelguen a los secuestradores, porque no hay delito en este mundo que justifique un comportamiento del Estado igual o peor que el del infractor. Es motivo bastante de asco el que un vocero gubernamental de cualquier país mezcle en una enumeración delitos graves, como el secuestro y la violación, con faltas administrativas menores, como las riñas callejeras, con asuntos de la vida privada que sólo afectan a los involucrados, como el adulterio, y con orientaciones e identidades que, sean cuales sean, no son delito. Por añadidura, cuando el Estado establece que hay comportamientos sexuales o afectivos punibles –con multas, con azotes públicos, con la soga en el pescuezo— impone a los gobernados, mediante la coerción, prácticas genitales forzadas; es decir, viola e institucionaliza la violación. Por lo demás, el matar a una persona porque le gustan los hombres, o las mujeres, o ambos, o ninguno, es un castigo a dos de las pocas cosas que hay, aparte de la religión, para enfrentar la muerte y el sinsentido en este mundo: el placer y el amor. Más aun: la condición de buga, de gay, de lesbiana, de bi, de tri o de trans lo que sea, es una consecuencia directa de estar vivo y la penalización de cualquiera de esas opciones equivale a asentar que la vida es delito.


Esto no tiene nada que ver con la justicia ni con planes oficiales de seguridad ni con el Islam ni con el derecho de los Estados a abandonar el modelo único que se pretende imponer, desde Occidente, al resto del planeta. Tampoco viene a cuento el pretendido conflicto de civilizaciones. Los líderes del catolicismo europeo hicieron exactamente lo mismo que los ayatolas actuales mientras tuvieron el poder terrenal amplio y bastante para echar leña a las hogueras y, a juzgar por esos antecedentes, si hoy Ratzinger es un homófobo pasivo, no es por su amplitud de criterio, sino por la falta de atribuciones legales para pasar a la acción. El cristiano fundamentalista Bush y el musulmán fundamentalista Ahmadinejad tienen más puntos en común de lo que ambos se atreven a admitir, y uno de los más notorios es la intolerancia asesina. Es cierto: la cultura occidental dio un paso enorme cuando les quitó a los inquisidores los fierros para torturar, pero perdió gran parte de lo avanzado porque los dejó en manos de los dirigentes seculares. Como consecuencia, la Casa Blanca sostiene, en pleno 2007, que hay que emplear la tortura pero llamándola de otra manera.

Para volver a la noticia, la persecución en curso contra los gays, contra los adúlteros y contra aquellos que no se visten ni se arreglan el pelo de acuerdo con el código de apariencia impuesto por los ayatolas, revela la extremada precariedad sicológica de los gobernantes de Teherán, su miedo cerval a lo diferente y su infinita debilidad identitaria o de convicciones. En eso se parecen a todos los que, para reafirmar su cristianismo, su ortodoxia islámica o su heterosexualidad, asesinan, encarcelan o marginan, desde el poder público o desde los convencionalismos cómplices de la sociedad, a quienes se comportan distinto en el templo o en la cama.

Por último: el salvajismo iraní no nos da margen para baños de pureza. Hasta hace unas décadas el gobierno mexicano se reservaba la potestad de perseguir personas por su orientación sexual. De un tiempo a la fecha, tal vez en armonía con la privatización masiva de atribuciones y propiedades estatales, el combate a la homosexualidad ha pasado a manos privadas, las cuales, como se sabe, son más productivas y eficientes; así lo confirma el promedio mensual nacional de tres asesinatos inspirados por la homofobia que se cometen en el país (400 en la última década), 98 por ciento de los cuales permanecen impunes. Qué atrasados estamos en la lucha contra el pequeño nazi que llevamos dentro.


23.7.07

Corrección


Agregado del 26/07/07.- En su artículo "Límites de la libre expresión", Humberto Musacchio sostiene un punto de vista un tanto diferente --y, desde luego, respetable-- al expuesto en un post anterior. Vale la pena leerlo.

22.7.07

La Caída


Uno de los actos de sadismo que cometí en la infancia fue poner a uno que era más mi amigo que mi primo ante una disyuntiva desgarradora: “Si te comes un pedacito de caca te regalo mi radio portátil”, le dije, llevado por un afán precoz de observar a un ser humano en una circunstancia límite, cómica y angustiosa, en una encrucijada entre la ambición y el asco, y ante la frontera de un terreno prohibido, todo eso a un tiempo. Para mi desdicha y la suya, y tras varios minutos de regateo por los términos del pacto (deglución o mera masticación, dimensiones y procedencia de la ingesta, tiempo de la degustación), mi compinche aceptó el desafío.

Pagué mi morbo con un aparato que para los niños de entonces era valiosísimo, algo así, supongo, como una consola de videojuegos en la actualidad. Él permaneció varios días en un peculiar estado de zozobra, asaltado por náuseas súbitas y terribles ramalazos de memoria olfativa.

Ambos andábamos por los 9 años y en un tiempo no muy largo nos perdimos el uno al otro. De algún modo supimos que habíamos estirado demasiado la liga de complicidad que nos unía y que habíamos traspasado los límites de lo embarazoso. De seguro él empezó a verme como un testigo indeseable de su humillación y tal vez yo lo percibí, desde entonces, como un recordatorio viviente de mi despotismo. El distanciamiento resultó inevitable y ya no supe si alguna vez escuchó música o transmisiones futboleras en aquel aparato de transistores.

Ahora me pregunto qué de bueno sacan los que organizan y los que observan y los que protagonizan ceremoniales de degradación y daño como esos que la idiotez televisiva ha puesto muy de moda, precisamente en la línea de la carrera de San Petersburgo en la que un centenar de muchachas se afanaron en pasar por un rompedero de huesos y por un reventadero de cartílagos para que una de ellas recibiera dos mil dólares de vales de una tienda cualquiera.

Cuando me entero de esta clase de actividades evoco el día en que un amigo de la infancia y yo comimos mierda (no llegué a probar la física, pero no podía saber mucho peor que la espiritual, de la cual consumí una ración muy generosa) y siento una gran piedad por ambos, y una enorme vergüenza.

21.7.07

La verdad como injuria

Borbón y Ortiz, caricaturizados

  • El Jueves, censurada
  • Lo público, lo privado y lo monárquico

El escándalo de la hora en España no es la caricatura en la portada de la revista El Jueves, en la que aparecen Felipe de Borbón y su mujer, Letizia Ortiz, copulando en posición “de perrito”, ni los globitos de diálogo en los que el príncipe heredero le dice a su consorte: “¿Te das cuenta? ¡Si te quedas preñada, esto va a ser lo más parecido a trabajar que he hecho en mi vida!” Imagen y palabras hacen referencia a dos hechos puntuales: el primero es la disposición aprobada el 12 de julio por el gobierno español para que el Estado otorgue un pago único de dos mil 500 euros a cada pareja –con residencia legal, claro-- que traiga un nuevo hijo al mundo o que lo adopte; el segundo es el estatuto constitucional de Borbón y Ortiz como engendradores de candidatos al trono. Por tal función –que no se les conoce otra oficial— el Príncipe de Asturias y su mujer tienen derecho a ser mantenidos, y con qué tren de vida, por el conjunto de los contribuyentes españoles.

El escándalo es que la Fiscalía General del Estado pidió al juez Juan del Olmo que secuestrara todos los ejemplares de la revista, que el magistrado dio curso a la solicitud, y entonces la fiscalía fue más allá: exigió a Del Olmo que adopte las medidas necesarias para cerrar la página web de la publicación, en la cual aún aparece la viñeta. Del Olmo consideró que la caricaturización de “Su Alteza Real el Príncipe de Asturias y Su Alteza Real la Princesa de Asturias en actitud claramente denigrante y objetivamente infamante” y “provocan un grave menoscabo del prestigio de la Corona”, lo que en España es delito: en un apartado del Código Penal vigente se estipula que “el que calumniare o injuriare al Rey o a cualquiera de sus ascendientes o descendientes, a la Reina consorte o al consorte de la Reina, al Regente o a algún miembro de la Regencia, o al Príncipe heredero de la Corona, en el ejercicio de sus funciones o con motivo u ocasión de éstas, será castigado con la pena de prisión de seis meses a dos años si la calumnia o injuria fueran graves, y con la de multa de seis a doce meses si no lo son”, y que “las calumnias e injurias contra cualquiera de las personas mencionadas [...] serán castigadas con la pena de multa de cuatro a veinte meses; se impondrá la pena de multa de seis a veinticuatro meses al que utilizare la imagen del Rey o de cualquiera de sus ascendientes o descendientes, o de la Reina consorte o del consorte de la Reina, o del Regente o de algún miembro de la Regencia, o del Príncipe heredero, de cualquier forma que pueda dañar el prestigio de la Corona”.

Juan del Olmo: paquete


Del Olmo es un genio:
logró catapultar a la fama mundial una caricatura que, de no ser por su acto de censura, habría pasado más bien inadvertida. Los directivos de la revista El Jueves deben estarle eternamente agradecidos por la publicidad invaluable que les ha regalado.

Caricaturistas, asociaciones periodísticas, centrales sindicales, partidos políticos y juristas han criticado la medida judicial y señalan que se trata de un atentado inadmisible a la libertad de expresión. “Líderes de opinión” diversos han salido en defensa de la “dignidad” y el “honor” de la pareja Borbón-Ortiz, como si fuera indigno y deshonroso tener relaciones sexuales en la posición que sea, o como si resultara difamatorio mencionar que los príncipes cogen, follan, joden, o como quieran decirlo, y que de ello hay como pruebas concretas dos personitas que reciben el título de infantas. Esto sí que se ha vuelto un follón.

Es significativo que los presuntos afectados no interpusieron querella alguna; ésta fue turnada de oficio en cumplimiento de disposiciones legales concebidas para cuidarles las espaldas (y las colas) a personas específicas, en lo que constituye una regulación discriminatoria y excepcional. La supuesta ofensa no es contra Borbón y Ortiz, sino contra el Estado. Hubo algunas puñaladas por la espalda: “A cualquiera de nosotros y de nuestros familiares no nos gustaría que nos dibujaran en una situación como en la que aparecen los Príncipes de Asturias”, opinó el inocuo José María Varona, vicepresidente de la federación de Humoristas Gráficos de España, sin ponerse a pensar que de llegar a ocurrir algo semejante –digamos, que Juan Carlos de Borbón tuviera el talento para dibujar al propio Varona y a su pareja practicando un 69— él se encontraría en doble desventaja; primero, porque ninguna institución del Estado perseguiría de oficio al infractor y el propio Varona tendría que interponer su demanda; pero, al hacerlo, toparía con el Artículo 56 de la Constitución monárquica, que establece: “La persona del Rey de España es inviolable y no está sujeta a responsabilidad”. Esa cláusula, por cierto, convierte en un mal chiste el Artículo 14 del mismo documento, según el cual “los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”.

Lo privado, convertido en público


Fuera de esa situación
de monstruosa desigualdad ante la ley, se podrá argumentar que todo mundo tiene derecho a la privacidad. Pero, en virtud del mismo estatuto legal de excepción del que gozan los integrantes del enjambre de zánganos llamado Casa Real de España, el conjunto de funciones reproductivas de los reyes, de los príncipes y de sus parientes, no pertenece al ámbito de lo privado, sino que constituye un asunto de interés público. Artículo 57 constitucional: “1. La Corona de España es hereditaria en los sucesores de S. M. Don Juan Carlos I de Borbón, legítimo heredero de la dinastía histórica. La sucesión en el trono seguirá el orden regular de primogenitura y representación, siendo preferida siempre la línea anterior a las posteriores; en la misma línea, el grado más próximo al más remoto; en el mismo grado, el varón a la mujer, y en el mismo sexo, la persona de más edad a la de menos. 2. El Príncipe heredero, desde su nacimiento o desde que se produzca el hecho que origine el llamamiento, tendrá la dignidad de Príncipe de Asturias y los demás títulos vinculados tradicionalmente al sucesor de la Corona de España. [...] 4. Aquellas personas que teniendo derecho a la sucesión en el trono contrajeren matrimonio contra la expresa prohibición del Rey y de las Cortes Generales, quedarán excluidas en la sucesión a la Corona por sí y sus descendientes”.

Por lo demás, a Felipe y a Letizia no se les ve nada incómodos exhibiendo pruebas de embarazo, ultrasonidos y panzas de siete meses, alimentando las especulaciones sobre el sexo de sus engendros en camino y dando detallados partes de partos. Con qué cara van a indignarse cuando alguien los dibuja en momentos previos del proceso de hacer herederos al trono.

Ninguno de los elementos de la portada de marras incurre en falsedad: la disposición de los dos mil 500 euros por bebé tiene un claro tinte electoral; Borbón y Ortiz tienen relaciones sexuales (aunque deba concederse que no hay datos precisos sobre las posiciones de su preferencia) y el primero no ha tenido en su vida un solo puesto laboral digno de tal nombre. En suma, Del Olmo ha estipulado que la verdad es injuria. Y a otra cosa:

Julio César Mosches, poeta, narrador y periodista, cumple hoy sus primeros 90 años. A lo largo de ellos ha dejado regados un montón de libros por su natal Argentina, por Israel, por Estados Unidos y por México, y otro montón de páginas impresas en diarios y revistas de muchos países. Felicidades, Julio César, hombre de naciones y de letras; que cumplas muchos años y muchos libros y muchos textos más, y que vivas el Siglo XXI con la misma entereza con la que pasaste por el XX.






Elogio de la mentira

Será que me he vuelto un amargado, que el sexenio foxista
--como al resto del país-- me dejó dañadísimo. Pero, carajo, qué divertido era escribir artículos hace seis años:


Pensándolo bien, la civilización dio inicio cuando un mono antropoide descubrió la manera de tomarle el pelo a un congénere y le anunció guerra cuando no era, comida donde no había o le ocultó un sitio perfecto para construir un refugio que no deseaba compartir. Ese mico anónimo (tan digno de recuerdo y agradecimiento como los también desconocidos inventores del fuego y de la rueda) sentó las bases para el desarrollo de la épica y la lírica, la tragedia y la comedia, la política, la publicidad y la mercadotecnia, la abogacía, el periodismo, las religiones, la diplomacia, la contabilidad y todos los recursos de la seducción, desde los que enumera Ovidio en El arte de amar hasta los que prescribe el Singles Weekly Report que llega por correo electrónico, previa suscripción con tarjeta de crédito.


No hay ámbito en las sociedades contemporáneas que no esté regido por complejos y sistemáticos ejercicios de distorsión de lo que cada quien entiende como la verdad. Desde los grandes organismos y conglomerados inter o trasnacionales como la ONU, la Firestone, el Vaticano o los cárteles de la droga, hasta los más humildes individuos que buscan trabajo o compañía afectiva, pasando por los partidos, los gobiernos de todos los niveles y las cadenas de televisión, prácticamente no hay un sujeto social que no emita con cierta frecuencia mentiras gordas y jugosas como cucarachas del trópico.


Poco a poco se ha ido aceptando, entre sonrisitas azoradas, que el discurso político está moldeado por pasiones e intereses; que los pasajes bíblicos más insostenibles son en realidad alegóricos; que el sostén Wonderbra (para ellas) y la billetera Nino Gucci (para ellos) constituyen adendas necesarias al texto de Ovidio; que la arqueología es un reflejo más fiel de su propia época que de los tiempos que pretende explicar, y que la caca enlatada puede ser un producto excelente si se le anexa una adecuada y talentosa campaña de posicionamiento en el mercado.


Las ciencias duras fueron el último bastión para los incondicionales de la verdad, pero la física cuántica y el principio de incertidumbre lo echaron a perder. Hoy, las partículas elementales reciben nombres tan poéticos como Encanto, el cosmos resulta estar lleno de túneles de gusano y alrededor de los hoyos negros se forma un hocico gravitacional denominado horizonte de sucesos; con toda esa imprecisión verbal, pocos reaccionarán con escepticismo cuando, tras toda una vida de atención al acelerador de partículas, un físico célebre concluya que la realidad no existe.


Se miente para obtener ventajas, por diversión, para hacer daño, para hacer el bien, para crear obras de arte, para protegerse; para ser querido u odiado, para vender, para no comprar; se miente en el afán de comprender el universo, en el de preservar la paz y en el de ganar una guerra. Se miente, por sistema, como parte del proceso civilizatorio, por más que éste desemboque en normas éticas y legales que prescriben y ordenan la veracidad. Si esas reglas fueran seguidas a rajatabla habría muchos más divorcios, más quiebras, más guerras, más desesperanza, y las sociedades serían entornos mucho más infernales y despiadados de lo que son.


Pero el desgaste de las narraciones y los paradigmas ha dado lugar a una acuciosa búsqueda, en todos los niveles, de la sinceridad como utopía. Utopía, porque el lenguaje humano no está hecho para transmitir la verdad, sino, en todo caso, para dar vueltas en torno a ella, en movimientos espirales que se acercan o se alejan de un centro inalcanzable: por fortuna o por desgracia no existen idiomas literales; todos ellos son superposiciones interminables de metáforas.


Una tarea humanitaria y pertinente para este arranque de milenio sería imaginar una ética un tanto menos burda, en materia de verdad y falsedad, que la que actualmente prevalece y que reconociera el papel de la mentira en la transformación del mono en hombre y pusiera fin a la forzosa ambigüedad con la que asimilamos las mentiras piadosas o las engañifas (que no pretendían hacerle daño a nadie) perpetradas por políticos como Clinton y Mitterrand, dos de los más grandes estadistas del siglo pasado y, por supuesto, mentirosos consumados.


Si lo anterior parece cínico y políticamente incorrecto, bastará con afirmar que todo lo dicho hasta aquí es pura ficción y que cualquier parecido con la verdad es mera coincidencia.




20.7.07

Deidades inquietantes (IV de VI)

San Pascual Rey y Pascualito
(Olintepeque)

19.7.07

¿Cuántos muertos más, Presidente?

Martha Helena Montoya me hizo favor de enviarme este artículo y se lo agradezco. Lo reproduzco íntegro. Los links y las ilustraciones son responsabilidad mía.

Claudia López, Columnista de EL TIEMPO.

Otro secuestrado muerto. Otra vez el Ejército, siguiendo órdenes del Presidente, fue a rescatar a un secuestrado vivo y trajo de vuelta a un industrial muerto. ¿Cuántos más, Presidente? ¿Cuántos secuestrados muertos se necesitan para que usted se digne considerar otras opciones? ¿Acaso los 3.200 que todavía están vivos?

¿Me pregunto, Presidente, por qué, según usted, su gobierno no puede renunciar al deber constitucional de hacer rescates militares, pero sí puede renunciar al deber ético y constitucional de defender la vida de unos colombianos en peligro? ¿Con qué criterio escoge los deberes constitucionales que decide cumplir y los que desecha?

Para cumplir con su decisión de rescatar a los secuestrados por la fuerza y sin la certeza de que sobrevivan, el Gobierno anunció que primero informa a la familia y que ha encontrado en algunas de ellas respaldo a su decisión. Sin embargo, ha sido usted enfático en afirmar que informar no es pedir permiso y que, en cualquier caso, el Gobierno se mantiene firme en la decisión del rescate militar. Si igual va a hacer el rescate militar, Presidente, ¿no cree que exponer a la familia a una información sobre la que no puede tomar una decisión final es una manera de moderar su costo político por una decisión riesgosa, pero también de agregar a las familias un sentimiento de culpa inevitable por la muerte de sus seres queridos cuando tratan de ser rescatados?



Tuve un enorme sentimiento de pesar escuchando a María Londoño, la viuda del industrial secuestrado y muerto en rescate, Diego Mejía. "La vida de mi esposo se fue, pero las de otros que le hicieron mucho daño al país también se fueron (en la operación murieron cuatro guerrilleros, entre ellos alias 'Fabio', uno de los jefes del frente 47 de las Farc). Espero que esto sirva para algo", decía doña María. Parece una sentencia del talión: ojo por ojo, diente por diente. Y la verdad, doña María, es que no sirve de nada. Lo que nos servía a todos era tener a su esposo a su lado y al industrial produciendo. Cada año, el Gobierno da de baja en combates legítimos a cientos de guerrilleros. Seguramente en uno de esos combates habría dado de baja a esos cuatro guerrilleros.

También dijo doña María que "Diego no se pudo salvar porque Dios así lo dispuso. Los resultados no fueron los que hubiéramos querido, pero, ante la disposición de Dios, no podemos hacer nada". No, doña María, la decisión de rescatar a su marido ni fue suya ni fue de Dios, fue de un mortal. Usted, su esposo y los demás secuestrados tienen otras alternativas, que incrementan las posibilidades de recuperarlos con vida, pero nuestro mortal Presidente considera que esas otras opciones no son legítimas ni posibles.

Leyendo el jueves pasado la noticia de la muerte del señor Mejía y ayer la de que estamos inundados otra vez de mafias y paramilitares, me surgen tantas preguntas, señor Presidente.



Según las propias estadísticas oficiales, los paramilitares fueron responsables de unos 1.000 secuestros. Ni para empezar la negociación, ni para concederles los generosos beneficios de la mal llamada Ley de Justicia y Paz se les exigió que los devolvieran.

Hasta el día de hoy no los han devuelto ni dado razón de ellos.

¿Por qué, Presidente? ¿Por qué a las Farc sí debemos exigirles la devolución sin condiciones de los secuestrados y a los paramilitares no? ¿Por qué su Gobierno no exigió a los paramilitares que devolvieran sin condiciones los cuerpos de los miles de colombianos que masacraron y enterraron en fosas comunes? ¿Por qué para defender la vida o recuperar los cuerpos de esos colombianos no ha liderado usted una condena y manifestación nacional e internacional? ¿Por qué, señor Presidente, el secuestro paramilitar es, según sus decisiones, tolerable y el de las Farc es innegociable?


Víctima de los paramilitares

Tres heroínas francesas

Marianne y Juana, símbolos contrapuestos

  • Juana y sus reliquias falsificadas
  • Santa Genoveva y Marianne del Pueblo
Juana de Arco y Marianne sin apellido son las protagonistas de una guerra civil perpetua en el imaginario colectivo de los franceses: la primera encarna los valores reaccionarios de la Francia profunda, patriotera y chovinista; la segunda, mucho más joven, representa los ideales plebeyos de la libertad, la igualdad y la fraternidad, unos valores que no han perdido su filo a pesar de los millones de veces que han sido estampados en la papelería oficial y burocrática.

La
Doncella de Orleáns, supuesta campesina analfabeta que a los 17 años encabezó los ejércitos de Francia contra los invasores ingleses y sus aliados borgoñones, fue una de las muchísimas víctimas de las alianzas entre la Iglesia Católica, los poderes terrenales y las intrigas inescrupulosas --nada ha cambiado-- en las altas esferas. Mucha tinta ha corrido para contar sus hazañas bélicas y sus dudosos milagros, predicciones y arrobamientos, y están hiperdocumentados el largo y amargo purgatorio que empezó a vivir cuando cayó prisionera de Lionel de la Vandonne, el Bastardo, y su su ir y venir entre mercenarios, nobles, inquisidores y guardias bastos, siempre acosada por sus hábitos de travesti, comprada y vendida, encadenada de pies y manos, posiblemente violada, acusada de hereje y bruja, obligada a la abjuración y quemada en la Plaza del Viejo Mercado, en Ruán, la mañana del 30 de mayo (fecha en la que se le honra actualmente) de 1432. Cinco siglos más tarde, en 1920, El Vaticano la canonizó y la proclamó santa patrona de Francia.

Las hazañas de Juana

En 1867, en la bodega de un farmacéutico, fue descubierto un frasco con una etiqueta que rezaba: “Restos hallados al pie de la estaca de Juana de Arco, Virgen de Orleáns”. El contenido: un fragmento de costilla aparentemente carbonizado, pedazos de madera quemada, un trozo de tejido de lino y un fémur de gato, elemento que concordaba con la práctica medieval de arrojar felinos negros a las piras en las que ardían las brujas. Los objetos fueron reconocidos como reliquias oficiales y depositados en un museo de Chinon que pertenece a la arquidiócesis de Tours. En abril pasado Nature dio a conocer los estudios de los restos realizados por el profesor Philipe Charlier, quien no sólo se sirvió del carbono-14, la espectrometría y los análisis microscópicos y químicos, sino que fue auxiliado por una nueva técnica: el análisis de olores, realizado para la ocasión por los narices Jean-Michel Duriez, de Jean Patou, y Sylvaine Delacourte, de Guerlain. El resultado: los vestigios son unos dos mil años anteriores a la quema de la santa y, con toda probabilidad, provienen de un entierro del Antiguo Egipto. Es posible, dice la revista, que la falsificación haya sido urdida en algún momento del siglo antepasado para impulsar los procesos de beatificación y canonización de la pobre Juana.


Ésta no es
la única santa patriótica en la historia francesa. Mil años antes de los sucesos de Orleáns y de Ruán, vivió en París
Genoveva, mujer nacida en Nanterre en los primeros años del Siglo V. Fue hija de Severo y Geroncia. Los nombres todavía latinos de los progenitores y el típicamente galo de la hija pueden representar el tránsito de las Galias del paganismo al cristianismo. Desde muy joven se entregó a un fervor religioso pronunciado. No comía más que pan rústico y habas cocidas, iba a la iglesia todos los días y el obispo San Germán la reconoció como futura santa. Simeón Estilita le enviaba saludos, desde lo alto de su columna, con los mercaderes galos que lo visitaban. Desde pequeña realizaba milagros excesivos: su madre se quedó ciega una vez que intentó abofetearla para quitarle lo beata.


Años más tarde,
cuando los habitantes de la acosada Lutecia se preparaban a huír de la ciudad por lo que consideraban el ataque inminente de los hunos de Atila, Genoveva los tranquilizó y profetizó que el bárbaro respetaría la ciudad y que, en cambio, atacaría los lugares de refugio a los que pensaban dirigirse los parisinos. Acertó. Las hordas marcharon directamente a Orleáns y dejaron fuera de su ruta lo que por entonces no era más que un pequeño burgo en el Sena. Décadas después, la santa asistió a sus conciudadanos durante el cerco tendido sobre París por el franco Clovis: cruzó inadvertida las murallas, consiguió provisiones y las repartió entre los hambrientos habitantes de la villa cercada. Esa vez no hubo milagro y a fin de cuentas Clovis tomó de todas maneras la ciudad, pero profesó un gran respeto a Genoveva, quien conseguía que el gobernante liberara a última hora a los condenados a muerte. La beata murió a una edad avanzada y fue proclamada patrona de París. Se le invoca contra desastres, herpes, fiebre, sequía y problemas oculares. Se le celebra el 3 de enero. Quien necesite de un milagro en alguna de esas materias puede acudir aquí para colocar su solicitud.



Marianne, la alegoría laica de la República, es una mujer joven o de mediana edad, tocada con un gorro frigio (como el que usaban en la antigua Roma los esclavos libertos, convertidos en ciudadanos) y dueña de unas tetas espléndidas que representan en su masa las bondades nutricias de la Madre Patria y en su desnudez, los eternos anhelos de emancipación y de libertad. En ocasiones se hace acompañar por un león, que simboliza la fuerza del pueblo, y en tiempos de guerra viste a la usanza de Palas Atenea, con yelmo y coraza. No tiene más origen, al parecer, que el de dos nombres sumamente comunes en la Francia del siglo XVIII, Marie y Anne, reivindicados por la Revolución como divisa de su origen popular, y aceptados en tono de sátira por los reaccionarios del viejo régimen. Tras el colapso revolucionario de Thermidor (julio de 1794), Marianne cayó en desuso y fue recuperada por los partidarios rojos de la República Social en 1848. En 1858 Luis Bonaparte, agresor de México, cometió la vulgaridad de quitar a Marianne de las monedas y de ponerse él mismo, con su efigie, efímera y pequeña, en la papelería oficial. La figura de la mujer del pueblo fue restablecida por los comuneros heroicos de 1871, por más que en París no se le llamaba Marianne. Tras la aniquilación sangrienta de la insurrección comunista, los restauradores de la III República quisieron imponer una imagen descafeinada, con los pechos cubiertos por una túnica romana y despojada del gorro frigio libertario, el cual fue remplazado por una corona de espigas de trigo. Tal representación aburguesada inspiró a Bartholdi para realizar la Estatua de la Libertad. El día de Marianne es el 14 de julio.

Entre las tres heroínas, voto sin vacilar por ti, Marianne, especialmente ahora que Sarkozy te tiene secuestrada en su oficina. Cómo no te voy a querer, emblema de los jodidos, flor indómita del populacho, plebeya de mi corazón.


18.7.07

Aviso a los fieles


Ustedes están en su derecho de hacer lo que les dé la gana con su dinero, pero tal vez les interese conocer el destino probable de las limosnas que otorguen a Norberto y a la Arquidiócesis de México.

17.7.07

Deidades inquietantes (III de VI)

Jesús Malverde
(Sinaloa)
















El accidente

En un sitio cualquiera bajé un clip de película porno; al intentar reproducirlo, el Windows Media Player se trabó y apareció en mi pantalla esta imagen que me apresuré a capturar y que guardé sin más cambio que una rotación de 90 grados a la izquierda. A veces, y aunque sea sin querer, la tecnología imita al arte. A mi modo de ver, esto vale muchísimo más que el objeto del que deriva.

16.7.07

La Moncloa y Los Pinos


Socialistas y “populares” proseguirán en España su pleito eterno y se acusarán mutuamente de las peores canalladas y bajezas. Antier, para no ir más lejos, el organismo llamado José María Aznar calificó de “enemigo de la libertad” al gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, una expresión que Bush emplea nada menos que contra los gobernantes de su “eje del Mal”. Fue en un encuentro del grupo de pensadores de la caverna que dirige el propio Aznar y en el curso del cual se dijeron cosas contra los inmigrantes, contra los musulmanes, contra la Revolución Francesa, contra la modernidad, contra el multiculturalismo, contra Marx y contra Freud, entre otros enemigos de la pureza occidental y apostólica. Por su lado, Mariano Rajoy dijo que no quería hablar de Alianza de Civilizaciones y aseguró que el gobierno del PSOE “ha agotado todos sus proyectos y todo su crédito”. Sin que fuera réplica, el socialista José Bono dijo que Rajoy es “muy certero en sus errores”, calificó de vergonzosas e indignantes sus actitudes ante el conflicto vasco, afirmó que los “populares “se creen los dueños de la calle y quieren expulsar de ella a los que no somos de su pensamiento único” y describió al Partido Popular como “patéticamente unido en torno a un líder que no tiene”. Ah: y de paso, Bono asentó: no soy un reaccionario; seré socialista hasta que me muera”.

Hay, sin embargo, un tema por el cual los “populares” y los socialistas peninsulares –y el conjunto de la clase política, y las corporaciones mediáticas-- no van a pelearse nunca entre ellos: la política del Estado español hacia México.

Se puede entender la alianza forjada entre Aznar y Fox, tan amplia y desenfadada que hasta alcanzó para que el madrileño diera, con la bendición del guanajuatense, un empujón proselitista a la campaña de Felipe Calderón. Los ex cristeros de provincia que formaron al ex y a su sucesor veían en Franco la luz de Hispanoamérica; Aznar, por su parte, es hijo político de Fraga, y Fraga era de Franco. Resulta escandaloso, sin embargo, que los herederos –asi sea remotos-- de la República derrotada vayan, con la reacción mexicana, mucho más allá de las cortesías diplomáticas, se muestren tan entusiastas en la tarea de dar legitimidad a un régimen que la tiene muy escasa y declaren, como lo hizo Rodríguez Zapatero, su “respaldo total” a cosas de Calderón tan desafortunadas, erráticas y contraproducentes como la militarización del combate al narcotráfico. No es fácil comprender tanta calidez entre gobiernos con políticas sociales tan opuestas entre sí –compárense, por ejemplo, las propuestas de ambos en materia de derechos reproductivos y de género— como las del PSOE moderno y las del PAN cavernario.

Una clave de estos amoríos viene de tiempo atrás y reside en las entregas a las autoridades españolas de cualquier individuo residente en México –español o mexicano-- que sea reclamado por ellas como presunto etarra. Pero el adhesivo más importante entre La Moncloa y Los Pinos, ideologías y policías aparte, es la lana, la pasta, la plata: las crecientes inversiones españolas en México valen mucho más que una misa y más, incluso, que un puntapié a los principios.

La defensa irrestricta de los intereses empresariales peninsulares en el mundo debió ser parte de los pactos de transición celebrados tras la muerte del Criminalísimo, y en virtud de los cuales los franquistas dejaron de serlo de dientes para afuera, y los socialistas, más honestos ellos, dejaron de serlo de verdad.

Lo más curioso es que nadie, en las izquierdas civiles y políticas mexicanas, amenaza las inversiones peninsulares. ¿Tanto les habrá quemado el hocico el boliviano Evo Morales que ahora hasta le soplan al jocoque mexicano? No hay, por cierto, fundamento de realidad para la imagen tan distorsionada que en los círculos progresistas de aquel lado suele tenerse de los sectores políticos mexicanos con orientación social: es común que se describa a las izquierdas mexicanas como primitivas, antidemocráticas, autoritarias, propensas a violentar la ley y hasta fundamentalistas, un retrato que corresponde más bien –dicho sea sin desconocer las miserias perredistas, petistas, convergentes, fapistas y convencionistas— a “populares” peninsulares y a panistas mexicanos.

Hay razones de la inversión que la Razón no entiende. Súbdito del Rey, siga su camino. Una década de éstas volveremos a hablar el mismo idioma.


Oaxaca, 16 de julio de 2007


15.7.07

Cómo encontré a Eros

La pereza es la madre de un montón de cosas. Por ella dejé el coche en casa y abordé un taxi que resultó particularmente decorado, aromatizado y musicalizado. Tal vez hice bien, porque topamos, conductor y yo, con un embotellamiento espeso y prolongado. Tal vez hice mal, porque a los 20 minutos de cuasi inmovilidad, el ruido que salía del aparato de música del automóvil me tenía hasta la madre: un trabajo orquestal paupérrimo y cansino enmarcaba la voz de un señor que, por lo visto, estaba agripado y no se había sonado los mocos antes de ir al estudio de grabación.

¿Quién es ese que canta? inquirí con tono exasperado, para ver si el taxista le bajaba un poquito al volumen. Salió peor:

Es Eros Ramazzotti. ¿Le gusta? replicó el del volante, mientras le incrementaba una docena de decibelios a su aparato.

La música comercial tiene abundantes abismos, pero no es fácil hallar uno tan profundo como éste. Se me quedó grabado ese nombre que hasta entonces perdonen mi ignorancia colosal— me era desconocido. De regreso a casa wikipedié al gangoso y descubrí, para mi sorpresa, que lo de Eros no es seudónimo ni apodo sino que así le pusieron sus papás: Eros Luciano Walter Ramazzotti Molina.

Canta horrible. Pero hay que felicitarlo porque, a pesar del apelativo, logró terminar de cantante y no de gerente de una sex shop o de animador de despedidas de soltera, bailando sobre una mesa y sin más atuendo que un condón fosforescente.






Una lamentable pérdida


  • Advertencias idiotas y consumidores aún más
  • Plaga de abogados en EU
Nada nuevo bajo el Sol: si googleas muerte o fallecimiento del sentido común hallarás miles de resultados de lo más diverso, y pensándolo bien, el hecho de que haya tanta gente preocupada por la defunción de la sensatez tal vez sea indicio de que ésta no está tan frita como podría parecer a primera vista. La mayor parte de las entradas llevan a una gracejada reaccionaria que ha circulado ad nauseam por los rebotes del correo electrónico y que empieza así: “Hoy lamentamos la muerte de un querido amigo: Sentido común”, etc., y concluye: “No hubo mucha gente en su funeral porque muy pocos se enteraron de que se había ido; si aún lo recuerdas, reenvía este mail; en caso contrario, únete a la mayoría y no hagas nada”. El chiste prolifera en sitios web en los que las derechas políticas e intelectuales se reúnen a digerir los resultados de sus propias catástrofes, como Libertad digital y otros. Tiene la virtud, ese mensaje, de haber dado pie a una exploración cuidadosa del tema básico:

“El término sentido común
describe las creencias o proposiciones que parecen, para la mayoría de la gente, como prudentes, sin depender de un conocimiento esotérico, dice la Wikipedia. El sentido común es el primero de los sentidos internos. Según la doctrina clásica con respecto a éstos, que los clasifica en sentido común, imaginación, memoria y estimativa-cogitativa en el hombre. El sentido común no es el «buen sentido», «común» a todos los hombres, es decir, la inteligencia en su actividad espontánea, o la razón en el sentido cartesiano de poder distinguir lo verdadero de lo falso. Su objeto no es abstracto y, por tanto, no es una función intelectual. Tampoco es un sentido que tenga como única misión el captar los sensibles comunes, pues éstos son objetos exteriores, captados por los sentidos externos con su propio objeto, mientras el sentido común es un sentido interno. Dada la estrecha conexión e interdependencia dentro de la que actúan los sentidos, el sentido común cumple una función clave: por una parte unifica y regula la multiplicidad sensorial de los sentidos externos; y, por otra, sirve de enlace entre éstos y los sentidos internos. Viene a ser como la raíz y principio de la sensibilidad externa, radix et principium sensuum externorum.”



La proliferación de emails como el que da inicio a este rollo da pie a Saúl Buzeta Dhighiam a proponer la proliferación de las idioteces en formato Power Point que nos saturan la cuenta de correo como uno de los momentos mortales para el sentido común.

Otra posibilidad de la expresión es la que desarrolló Philip K. Howard (The death of common sense, 1994) quien descubrió que en Estados Unidos la multiplicación de abogados y juicios absurdos es un cáncer social que, de no ser controlado, terminará de hundir en el absurdo a la nación más poderosa del planeta: en 2005, Roy L. Pearson Jr., juez en Washington D.C., demandó a una tintorería que le perdió unos pantalones, exigió una indemnización de 65 millones de dólares y pidió la presencia de 63 testigos en el juicio. “¿Cómo llega a juicio un caso así?”, se preguntaba el columnista de The Washington Post Marc Fisher. “¿Cómo logra un hombre convertir al sistema en un motivo de risa?” Su triste respuesta es que el terrorismo legal de Pearson es sólo “una versión exagerada de lo que está sucediendo en prácticamente todas las instituciones de la vida estadunidense, donde se rechaza adoptar un comportamiento razonable y humano al recordar que posiblemente alguien podría terminar siendo demandado”.

Una expresión particularmente graciosa de este fenómeno social e institucional devastador es el crecimiento exponencial de advertencias catastróficas en los productos comerciales corrientes, inducida por el temor de los fabricantes a eventuales demandas de los consumidores. Existe una organización dedicada a recopilar, reseñar y premiar las advertencias más ridículas contenidas en manuales, embalajes y etiquetas, y aquí van algunos ejemplos de su trabajo: En un frasco de pastillas para dormir se advierte que el producto “puede causar somnolencia”; “quite al niño antes de plegar”, se recomienda en una etiqueta adherida a un bambineto; “no utilizar mientras duerme”, se aconseja en la leyenda de un secador de pelo; “no comer el tóner”, reza un letrero en un cartucho de impresora láser; “no use oralmente este termómetro después de emplearlo en el recto”, previene el instructivo de un termómetro digital; “puede irritar los ojos”, se advierte en el empaque de un aerosol para defensa personal; “este producto no debe usarse como instrumento de odontología”, indica una etiqueta pegada a un taladro eléctrico casero; “si usted no entiende o no puede leer las indicaciones, no utilice este producto”, dice el empaque de un limpiador líquido.



Tal vez sea de justicia repartir la estupidez monumental de estas leyendas y otras similares entre productores y consumidores, si he de creer a un amigo, técnico de mantenimiento de computadoras, que un día se quejó amargamente porque una alta funcionaria de la dependencia en la que trabajaba llegó a él, cargando su CPU, y se quejó que el portavasos de su equipo de cómputo había dejado de funcionar. “¿Su computadora tiene portavasos?” se sorprendió el profesionista. “Mírelo”, le replicó ella, y le señaló la unidad lectora de CD roms.

Ya alguna vez me referí a Carlo Cipolla, Charles Richet, Walter Pitkin y otros estudiosos de la estupidez, a quienes posiblemente habría que agregar a Robert Musil, quien la toma como uno de los ejes de su portentosa novela El hombre sin atributos. Habrá que retomar el tema, pero esta entrega es sobre algo así como lo contrario, aunque no tanto, porque en más de una ocasión a la estupidez y al sentido común se les ha visto actuar aliados: acuérdense que hubo un tiempo en el que la mayoría de la gente tenía como axioma que la Tierra era plana.


Y ahora acabemos con este tema antes de que él acabe con nosotros. Encuentro que los gobernantes y los poderosos tendrían que desempeñar una función muy importante en el desarrollo del sentido común de sus respectivas sociedades, aunque en los tiempos que corren es más frecuente que promuevan el fortalecimiento y la consolidación de la irracionalidad. Así salió:

Aunque haya sido dicho y reiterado
que no es nada común, este sentido,
por causa criminal ha fallecido
y en un lugar común está enterrado.

Olmert y Bush y Blair lo han bombardeado,
Putin piensa que fue su merecido,
Felipe Calderón lo ha corrompido,
Hugo Chávez lo tuvo censurado.

Lo matan la maldad y la codicia,
la mala voluntad, el desparpajo,
el afán de poder y la sevicia.

¿Un digno funeral? --Ni de relajo:
el pontífice Ratzinger le oficia
en latín una misa, y al carajo.




14.7.07

Deidades inquietantes (II de VI)

Señor protector de los mineros
(Potosí)



13.7.07

Id a buscarla...



Niños del mundo,
si cae España -digo, es un decir-
si cae
del cielo abajo su antebrazo que asen,
en cabestro, dos láminas terrestres;
niños, ¡qué edad la de las sienes cóncavas!
¡qué temprano en el sol lo que os decía!
¡qué pronto en vuestro pecho el ruido anciano!
¡qué viejo vuestro 2 en el cuaderno!

¡Niños del mundo, está
la madre España con su vientre a cuestas;
está nuestra maestra con sus férulas,
está madre y maestra,
cruz y madera, porque os dio la altura,
vértigo y división y suma, niños;
está con ella, padres procesales!

Si cae -digo, es un decir- si cae
España, de la tierra para abajo,
niños, ¡cómo vais a cesar de crecer!
¡cómo va a castigar el año al mes!
¡cómo van a quedarse en diez los dientes,
en palote el diptongo, la medalla en llanto!
¡Cómo va el corderillo a continuar
atado por la pata al gran tintero!
¡Cómo vais a bajar las gradas del alfabeto
hasta la letra en que nació la pena!

Niños,
hijos de los guerreros, entre tanto,
bajad la voz, que España está ahora mismo repartiendo
la energía entre el reino animal,
las florecillas, los cometas y los hombres.
¡Bajad la voz, que está
con su rigor, que es grande, sin saber
qué hacer, y está en su mano
la calavera hablando y habla y habla,
la calavera, aquélla de la trenza,
la calavera , aquélla de la vida!

¡Bajad la voz, os digo;
bajad la voz, el canto de las sílabas, el llanto

de la materia y el rumor menor de las pirámides, y aun

el de las sienes que andan con dos piedras!

¡Bajad el aliento, y si

el antebrazo baja,

si las férulas suenan, si es la noche,

si el cielo cabe en dos limbos terrestres,

si hay ruido en el sonido de las puertas,

si tardo,

si no veis a nadie, si os asustan

los lápices sin punta, si la madre

España cae -digo, es un decir-

salid, niños del mundo; id a buscarla!...



César Vallejo


Una canción palestina

A propósito de "Dos Palestinas":

Departamento de Cultura, Comité Democrático Palestino - Chile

En Palestina, la gran mayoría de la gente, (las mayorías silenciosas), está harta… "Aparte de la bestialidad de la ocupación militar, tenemos que sufrir la brutalidad de dirigentes y partidos políticos que pelean los cargos y el poder…". El sentir popular lo expresa la canción palestina del momento, de lejos la mas escuchada en Palestina, a través de las emisoras, por los celulares, vía Internet.

¡Que se Vayan!

Que resuelvan los problemas o que se manden a cambiar.
Presidencia y gobierno aumentan el fuego de la sedición.
Mahmud Abbas e Ismael Haniye:
el pueblo sufre por vuestra guerra civil.
Pelean por los cargos y por los ministerios.
Basta de circo,
Al Fatal y Hamas reviven la incultura.
Dónde esta la dignidad, dónde esta el humanismo
Dónde están los sueldos…
Responda, señor Haniye.
La gente se mata a raíz de la brutalidad.
Al Fatah no sirve y tampoco el fundamentalismo de Hamas.
Ya es suficiente con esta vida miserable:
asedio, destrucción y guerra de exterminio.
Todos negocian con nosotros como si fuéramos mercancías.
Todos mienten, inhumanos e inconscientes.
Basta de liderazgos inútiles.
Terminen con este circo...



(¡Gracias, George!)

12.7.07

Sic

Pienso que lo que diversos Gobiernos de distinto signo han invertido en obras viales se hubiera invertido al menos una parte en estos sistemas suburbanos de trenes, la ciudad sería menos caótica, contaminaría menos y habría mucho más calidad de vida.
Felipe Calderón Hinojosa, 11 de julio, en Chalco, Estado de México


Pienso, Felipe, que si invirtieras menos palabras en tu inquina contra el DF y más en gobernar al País, tendrías un lenguaje menos caótico, menos contaminante, de más calidad y, con una buena dosis de empeño, hasta un poquito presidencial.

“Yo no mandé el agua”


  • Melo, Marín, Calderón y 32 muertos
  • Inmundicia y deslave
Eso dijo el gobernador de Puebla, Mario Marín, cuando fue a San Miguel Eloxochitlán a posar para las cámaras de los medios y hacer como que hacía algo ante la tragedia --32 muertos-- del autobús sepultado por un deslave causado por la lluvia en la carretera paupérrima que une a ese poblado del municipio de Zacacoapan (700 habitantes) con Tlacotepec: “Yo no mandé el agua” . El funcionario no estuvo en el lugar más de 45 minutos, tal vez porque nadie en el pueblo tuvo la cortesía de ofrecerle unas botellas de coñac, o acaso porque algunos habitantes de la localidad le formularon preguntas que no le gustaron. Uno de ellos fue Donato Trujillo, consejero de la Comisión para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas, quien le recordó que desde un año antes los pobladores habían advertido a las autoridades --las dependencias estatales de Comunicaciones y Desarrollo Social-- sobre pequeños deslaves en el cerro que acabó de desgajarse la semana pasada, y que éstas ignoraron los reclamos. Habrían debido prevenir, le decía Trujillo Martínez, a lo que Marín replicó con brusquedad: “¡Tú dime cómo!”. “Yo, la verdad, ya no le dije nada, porque soy una persona educada, porque no son las respuestas que un señor como él debe decir”, relató el consejero. Pero Marín ya estaba desatado: “Yo no mandé el agua! ¡Díganme ustedes dónde va a ser el próximo derrumbe!” Ya más calmado, el gober, quien además de precioso es sabio, pronunció una breve conferencia en la que habló sobre los efectos perniciosos de la tala inmoderada y a continuación se retiró del sitio, tal vez a disfrutar en Casa Puebla del coñac que no le ofrecieron en Eloxochitlán.

No se requiere de un título en ingeniería civil para saber que en buena medida los derrumbes y deslaves pueden prevenirse y hasta evitarse: cualquiera que haya viajado por alguna carretera que atraviese orografías abruptas habrá visto, por ejemplo, los tendidos de mallas en las laderas de los cerros. Los gobiernos del estado y del país habrían podido destinar a ese propósito los más de 35 millones de pesos que le fueron pagados a Miguel Cortés Moreno, ex dirigente local del Partido Nueva Alianza (Panal), por la realización de un dizque estudio llamado Deslizamiento de taludes y laderas de la Sierra Norte y Nororiental del estado de Puebla. El documento fue elaborado en apenas seis meses y tiene más de tres mil páginas, aunque 900 de ellas están repetidas para hacer bulto; hace referencia a 60 sitios "estudiados” y escogidos sin ningún criterio explícito, entre los cuales se clasifica como comunidades de alto riesgo a algunas que no lo son y se excluye a otras en las que sí hay alto riesgo de deslizamiento de taludes. “El aspecto más inquietante del trabajo es que los estudios geotécnicos realizados han resultado absolutamente insuficientes, aun para un trabajo preliminar”, afirmó un diagnóstico realizado por el Centro Universitario para la Prevención de Desastres Regionales (Cupreder) de la Universidad Autónoma de Puebla (UAP).



En todo caso, para tener noticia del peligro de derrumbes en San Miguel Eloxochitlán no era necesario gastarse 35 millones de pesos. El presidente municipal de Tlacotepec de Porfirio Díaz, Rigoberto Melo García, afirmó que los habitantes de la región ya se esperaban un deslave como el ocurrido el 4 de julio y que, “antes de pasar esa zona, algunos pobladores se bajaban del vehículo miraban para ver si sobre el camino había rocas, y si no las veían, pasaban rápidamente”. El funcionario dijo que la carretera quedó afectada por el huracán Stan y que, sin embargo, las obras de mantenimiento se quedaron pendientes. El gober tronó contra Melo García y afirmó que éste “no llegó ni una vez, cuando yo estuve más de dos horas; ese presidente (municipal) quiere lucrar con el dolor humano; no me extraña, así actúan los de Acción Nacional”.

Dos años atrás, el 3 de agosto de 2005, todo era cordialidad entre Marín y Melo. Ambos asistían, en el auditorio municipal de San Miguel Eloxochitlán, a la instalación del Consejo Consultivo de la Comisión de Desarrollo Integral de los Pueblos Indígenas, en presencia de Vicente Fox. Dijo Melo (y transcribo literal del sitio de las Presidencia de la República): “Para nosotros los mayas, los mazatecos que vivimos en este municipio es un orgullo haber recibido durante estos años que usted ha trabajado, este beneficio del camino que era imposible soñar que algún día fuéramos beneficiados.” Y dijo Marín: “Hoy iniciamos aquí, señor Presidente, la construcción de la carretera a encomienda del Eloxochitlán con una longitud de 18 kilómetros de concreto asfáltico que beneficiará a una población estimada de cincuenta mil habitantes, principalmente de los municipios de Eloxochitlán, Tlacotepec de Porfirio Díaz, Axalpan y San Sebastián Zinacantepec”.



Tal vez el camino inaugurado en aquella ocasión no fuera el mismo en el que ocurrió la tragedia de la semana pasada. En todo caso, en enero de este año los alcaldes de Eloxochitlán, Huatlatlauca y Molcaxac hicieron llegar a Felipe Calderón un oficio en el que se alertaba sobre la posibilidad de un alud como el que tuvo lugar y se pedía “apoyo para el mejoramiento de accesos carreteros y servicios públicos”. Así lo dijo Javier López Zavala, secretario de Gobernación de Puebla. Laura Gurza, de la coordinación de Protección Civil de la Secretaría de Gobernación federal, afirmó por su parte que esa oficina no recibió de las autoridades poblanas aviso alguno de riesgo de desastre.



El martes, El Universal informó que el gobierno poblano asignó la construcción del camino, sin licitación de por medio, a Esna Construcciones, propiedad de Edgard Nava, “constructor favorito” de Marín, el cual “no atendió denuncias ni advertencias sobre las deficiencias en la planeación y construcción de la carretera”. El presupuesto de la obra pasó de 12 millones de pesos a más de 21 millones, debido a que, indebidamente, la autoridad estatal fraccionó los contratos en distintos conceptos (terracerías, pavimentación, drenaje y señalización). Por este hecho, la Auditoría Superior de la Federación (ASF) señaló como “presunto responsable” de violaciones a la ley a Benjamín Lobato, funcionario de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes de Puebla. Ya en febrero de 2005, Juan Carlos Anaya, representante de la empresa Anes, presentó a ese dependencia un expediente en el que denunciaba al entonces subsecretario de Transportes, Ezequiel Aguilar, y a Lobato, quienes le habrían pedido “comisiones, sobornos" y cooperación para campañas políticas priístas”. Ese mismo día tres integrantes del equipo del gober precioso declararon que los señalamientos de la ASF eran ciertos, pero que correspondían a “un tramo distinto” de la carretera donde ocurrió la tragedia.

El olor a podrido no proviene precisamente de los 32 cadáveres. Provecho con su coñac, señor gober precioso.




11.7.07

Deidades inquietantes (I de VI)


Las caras del Tata Tomás Simón Ixcán,
Maximón
(Guatemala)











10.7.07

La guerra de los ductos


Llevamos una semana de explosiones en gasoductos y oleoductos y hoy venimos a enterarnos que no se debieron a "pinchazos" ni a "bajas de presión", como dijeron las autoridades, sino a que el EPR ha lanzado una "campaña nacional de hostigamiento contra los intereses de la oligarquía y de este gobierno ilegítimo" y que ha decidido meternos a todos en la lógica de los flamazos. Me encantaría saber cómo fue que los señores del "COMITÉ ESTATAL DEL PARTIDO DEMOCRATICO POPULAR REVOLUCIONARIO PDPR - COMANDANCIA MILITAR DE ZONA DEL EJERCITO POPULAR REVOLUCIONARIO EPR" (sí, así firman, con mayusculotas calibre .45) llegaron a la brillante (hasta ígnea y flamígera, de tan brillante) conclusión de que arruinar la infraestructura de Pemex es sinónimo de "hostigar los intereses de la oligarquía".

Tras la difusión del comunicado eperrista, la Presidencia emitió otro (vean el documento completo aquí, y comprueben que el vocero presidencial Max Cortázar y los subversivos tienen un enemigo común: el idioma) en el que afirma: "se realizan las investigaciones pertinentes para castigar a los responsables." ¿Pues no que la responsable fue la baja presión? ¿Cómo se somete a juicio a una caída de presión?

Hasta ahora, uno pensaba que los únicos interesados en reducir Pemex a chatarra eran los intereses transnacionales --que quieren hacerse de la empresa al menor precio posible-- y sus representantes en el poder político, que ya no encuentran argumentos para vender la paraestatal.

Hay datos adicionales que refuerzan mi teoría: el sentido común ha muerto.




Dos Palestinas

Ismail Hanniyeh y Mahmud Abbas

Antes de cobrar existencia, el Estado palestino se partió en dos. La Palestina del Sur, en Gaza, se ahoga en sus propias carencias, se cimbra con regularidad por efecto de las mortíferas bombas israelíes y se asfixia en la uniformidad musulmana que poco a poco impone el mando de Hamas, pero respira con la sensación de orden, tranquilidad y seguridad que éste ha logrado con el desarme efectivo de los grupos irregulares. Al noreste, en Cisjordania, en una Palestina del Norte controlada por la presidencia de Mahmud Abbas, florece el caos tradicional: las diversas milicias se niegan a entregar las armas, la autoridad hace como que reprime a los integristas y éstos hacen como que se dan por reprimidos, Al Fatah mantiene firme el rumbo hacia la descomposición total –inició el camino mucho antes de la muerte de Yasser Arafat— y Abbas empieza a ser llamado marioneta de Washington y de Tel Aviv.

Es un horror.
Durante los enfrentamientos fratricidas de los meses pasados los combatientes de ambos bandos se dejaron fotografiar a bordo de carros blindados que nunca antes habían sido utilizados, ni siquiera para hacer frente a la sempiterna agresión militar de los ocupantes contra milicianos y civiles. O sea que los dirigentes palestinos tenían esta clase de juguetes y, en vez de empeñarlos en la defensa de su gente, los estrenaron matándose entre ellos, y el saldo provisional de esa confrontación es el canje de las perspectivas de un Estado por la conformación, en lo que les queda de territorio, de dos feudos inviables en los cuales encarnan dos de los callejones sin salida del mundo árabe e islámico: el integrismo intolerante y el patrimonialismo autoritario e irrefrenable; hermanos musulmanes o Hosni Mubarak, Jomeini o el Sha, Al Qaeda o Mohammed VI. Qué triste manera de aparentar que tienen razón los calumniadores racistas que dirán: “¿Ya ven? Los islámicos y los árabes no sirven para construir países”.

Desde luego, las
guerras intestinas no son nuevas en el bando palestino. Cuando la OLP fue expulsada de Líbano, en los años ochenta del siglo pasado, el fuego en su contra no provenía únicamente de las armas israelíes, sino también de facciones disidentes apoyadas por Siria. Hasta ahora las confrontaciones internas han pasado y los rencores han sido puestos bajo la alfombra. Esta mecánica tendría que imperar ahora y llevar a la superación de esta nueva escisión y al restablecimiento de una autoridad única en Gaza, Cisjordania y –tarde o temprano— Jerusalén Oriental. Pero en Medio Oriente lo provisional tiende a eternizarse y ahí está la ocupación israelí para certificarlo: 40 años ya, y el calendario sigue corriendo.

Tras el saqueo territorial, el pleito interno

Por lo pronto, la solidaridad mundial auténtica con la causa palestina se ve paralizada por dilemas irresolubles, porque no es fácil manifestarse a favor de un gobernante palestino que respalda el bloqueo de Gaza y contribuye a matar de hambre a los habitantes de la franja, ni de unos iluminados que reivindican el uso del cinturón de explosivos como instrumento de acción política.

El pueblo palestino
se ha sacrificado mucho como para que ahora Mahmud Abbas lo ande vendiendo a cambio de dólares y euros. La sociedad palestina ha empeñado un esfuerzo heroico en su propio desarrollo social y cultural como para que ahora Hamas quiera imponerle la ley coránica. Los palestinos no se merecen esas dirigencias. Ojalá que pronto puedan desecharlas.


9.7.07

Just wondering


Where are you, dear karabatak?

Ya sabemos que saben que sabemos que saben...


Getsemaní aportó el título en un comentario a un post anterior. Y esta foto ha dado la vuelta por la red a lo largo de varios años. Creo que el primero que la puso (tal vez me equivoco) fue Juan Carlos García Gómez en su blog 1984 - 20 años después. Ahora está en un montón de s i t i o s . Sigo sin saber si es una broma o no; lo que sí sé es que saben que sabemos que...

7.7.07

NON FELLATUR , RATZ



  • De vuelta a 1507
  • Sin el latín, la misa nos da hueva...

Qué jolgorio: Ratzinger ha decidido regresar a la Iglesia a 1570 en el único tema en el que su antecesor se había visto un poquito moderno y ayer, “después de meses de indiscreciones, falsos anuncios, adelantos y resistencia de parte de varios sectores, El Vaticano anunció que el Papa publicará en cuestión de días el esperado y controvertido Motu Proprio --documento por iniciativa propia-- que rehabilitará la antigua misa en latín según el rito tridentino” y que había sido suprimida en 1969 por la reforma litúrgica de Pablo VI, fruto del Concilio Vaticano II. Muy pronto, y albricias para los nostálgicos, volverán las oscuras golondrinas de las misas celebradas en la lengua de Marcial y de Catulo, y con el oficiante de espaldas a los fieles. Las filtraciones sobre el asunto venían desde octubre del año pasado, cuando se supo que Benito XVI –ay, Juárez, qué tocayos te han tocado— estaba dispuesto a superar las diferencias con los ámbitos tradicionalistas, enfrentados con Roma hasta el punto del cisma por el asunto del idioma en la eucaristía.

Recordemos: al fragor del Concilio Vaticano II, algunos jerarcas católicos clavados en el Medioevo –Marcel Lefèbvre, Geraldo Proença, un tal Carli, Antônio de Castro Mayer, Casimiro Morcillo (así se llamaba, y era obispo de Madrid)— fundaron un grupo de presión denominado Coetus Internationalis Patrum para oponerse a la influencia de teólogos “liberales” como Hans Kung, Karl Rahner y... Joseph Ratzinger, quien, por entonces, coqueteaba con el ala progresista de la Iglesia. Qué tiene de malo: otro Benito, de apellido Mussolini, también inició su carrera
política en el bando equivocado, en las filas de los socialistas. La banda de los Patrum mentaba madres por la presencia en el encuentro de observadores protestantes, se oponía a cualquier avance de los mecanismos colegiados, exigía condenas explícitas del comunismo, rechazaba modificar la formulación tradicional del sentido del matrimonio —producción de fetos y garantía de educación religiosa en la fase siguiente— y pedía la elaboración de un documento formal y solemne específico para confirmar el dogma mariano y para proclamar a María “corredentora”.

Los tradicionalistas perdieron la batalla y se reagruparon, bajo el notorio liderazgo de Lefèbvre, quien se aferró a las posturas ya descritas y fundó un seminario en Ecône, Suiza, para formar y ordenar sacerdotes de la vieja escuela. Después de muchos estiras y aflojas con Roma, fue suspendido a divinis en 1976 y excomulgado sin lugar a dudas en 1988 por el todopoderoso Karol Wojtyla. Al parecer, según sugiere un artículo impugnado de Santa Wikipedia, el propio Ratzinger puso su dosis de intriga entre Juan Pablo II y Lefèbvre para atizar la discordia. Luego, en uno de esos retorcimientos de ambigüedad que tanto gustan a la jerarquía eclesiástica, Darío Castrillón Hoyos calculó, unos años más tarde, que el levantisco y su seguidores, estaban, pese a todo, “dentro de la Iglesia”.



Pablo VI se tomaba su cargo con seriedad y es posible que ya en 1969 haya visto con preocupación la pérdida de popularidad del catolicismo frente a otras iglesias. Sin duda, en la determinación de abolir el ritual tridentino hubo una legítima preocupación de muchos de los participantes conciliares por mejorar la comunicación entre la institución católica y sus feligreses, pero no ha de descartarse que haya habido, también, una elemental consideración de orden mercadológico: vende más un producto si su etiqueta viene en el idioma de los consumidores.

El razonamiento era correcto, pero el abandono del antiguo lenguaje ritual tenía –y tiene, me parece— un alto precio en términos de eficacia dramática: cualquier necedad pronunciada en latín suena a conocimiento profundo en los oídos de quienes no dominamos esa lengua. El misal tridentino no sólo aseguraba la ortodoxia tradicional, sino que también tendía un velo de misterio muy eficaz –una suerte de efecto especial que inducía la sensación de escuchar a Dios— entre el oficiante y los feligreses. Hace un par de siglos, la sensación así creada podía tener visos de realidad, si se considera que en épocas no muy remotas los egresados del seminario tenían un nivel de cultura y de capacidad de argumentación y análisis mucho mayor que el promedio. Sospecho que hoy, en poblaciones con niveles elevados de escolaridad, las cosas son exactamente al revés, y que más enseña y forma un buen bachillerato laico que una ordenación sacerdotal. Hagan la prueba: acudan con un cura cualquiera de su barrio –no un doctor en Teología, claro— y pregúntenle a qué pasaje de la Biblia corresponde lo siguiente:

Rem pateris modicam et mediocri bile ferenda si flectas oculos maiora ad crimina. Confer conductum latronem, incendia sulpure coepta atque dolo, primos cum ianua colligit ignes.

Es muy probable que lo pongan en un aprieto y que el buen hombre empiece a hacer consultas telefónicas un tanto frenéticas o, peor aún, que les conteste, con gestos de sabiduría fulminante, “Levítico 6:7-12”. Una sugerencia humanitaria: no dejen pasar mucho tiempo antes de explicarle que no, que se trata de un fragmento extraído al azar de la Sátira XIII del paganísimo Juvenal. Y si tienen un tiempecito, de paso me cuentan qué quiere decir.

Para colmo, en la realidad convulsa, violenta y exasperante de la segunda mitad del Siglo XX, el discurso católico empezó a perder significado y, salvo por lo que respecta a los seguidores de la Teología de la Liberación, quienes se han referido siempre a los problemas terrenales concretos y acuciantes de las mayorías, perdió atractivo frente a predicadores protestantes y proselitistas de religiones no cristianas.



En una vuelta de tuerca casi sádica a la que tituló Tempête dans un bénitier (Tormenta en una pila de agua bendita), Georges Brassens se burló de la supresión del latín dispuesta por el Vaticano II: “No saben lo que pierden / esos pinches religiosos, /sin el latín, sin el latín / la misa nos da hueva. En la fiesta litúrgica / de repente ya no hay más pompa / sin el latín, sin el latín, / ya no hay misterio mágico. / El rito que nos hechiza / se revela anodino / sin el latín, sin el latín, / y a los fieles les vale madres”. Una conclusión, seguida de otras realmente altisonantes, es que “el presbiterio, sin el latín, ha perdido su encanto”. Ya me daré tiempo de ensayar una traducción en forma. Va aquí, por lo pronto, en su idioma original (un poco menos arduo que el latín) la primera estrofa de esta cancioncita encantadora, a manera de coro infantil:

Ils ne savent pas ce qu'ils perdent / Tous ces fichus calotins, / Sans le latin, sans le latin, / La messe nous emmerde. / En renonçant à l'occulte, / Faudra qu'ils fassent tintin, / Sans le latin, sans le latin, / Pour le denier du culte. / À la saison printanière / Suisse, bedeau, sacristain, / Sans le latin, sans le latin / F'ront l'églis' buissonnière, / Ô très Sainte Marie Mèr' de / Dieu, dites à ces putains / De moines qu'ils nous emmerdent /Sans le latin.

Supongo que, en su tibia tumba de Sète, el viejo Georges ha de estar desternillándose de la risa con la más reciente decisión de este Papa que no entiende ni papa ni, por supuesto, el mundo en el que vive. ¡Mira que revivir las misas en latín, Ratz! Non fellatur.



VRGENTIS NOVA DE HUMANA STUPIDITIA EXTREMIS


Despacho urgente de última hora:

Es oficial: El Vaticano (bueno, Ratz) levanta la prohibición del misal tridentino (1570) y a partir de septiembre próximo podrá escucharse de nuevo la misa en latín. En unos momentos, más información.

6.7.07

Crónicas de la gente decente







Lo que no tiene remedio es el olor a mierda que emana de las derechas.

Palabras de regreso


Alguien, en el otro lado del Atlántico, sueña con el cinabrio. Este navegante –que ha ido a dar, por una razón que no viene al caso, a su página rojinegra, doliente, risueña, cachonda, extraña—, recuerda que en un par de ocasiones ha hurgado en esa sustancia fúnebre y vital y le envía las llaves de los textos correspondientes: “ojalá que te digan algo nuevo”, le escribe, a sabiendas de que tal vez no porque, a lo que puede verse y leerse, se dirige a una cinabrióloga experimentada. Luego se da una vuelta a ver si quedó algo de sus semillas y escucha, estupefacto, la voz hermosa de una salamandra que lee los textos correspondientes y se los comenta como si ambos estuvieran situados en el mismo metro cuadrado o, al menos, en el mismo segundo. Qué impresión. ¿Y por dónde se le habla a este teléfono? ¿Cómo hará el navegante para responderle que en esta orilla la cañabrava es una planta silvestre cuyo tallo se utiliza para dar consistencia al adobe y que, por extensión, designa al sistema constructivo correspondiente?

Como no tiene forma de agradecerle el cruce, el encuentro y la metamorfosis de letras en sonidos articulados, se le ocurre ésta:

No fue sueño de mi áspera escritura
el ser en tu cinabrio recibida
y no se imaginó siendo leída
con tal complicidad y tal premura.

Lo que fue sólo impulso, travesura
—enviar dos links a la desconocida—,
devolvió mi palabra, convertida
en sonidos de inédita dulzura.

Qué honor inesperado, qué sorpresa
esta conversación de dos ausentes
que separa el Atlántico profundo.

Señora de la Voz, mi letra impresa,
legión de signos torpes y silentes,
dicha por ti, se vuelve piel del mundo.

5.7.07

Los difuntos del fuego

  • Martina, Álvaro, Florencio
  • Chicalote y relatos con rayo
No nos habituaremos nunca a la idea de que el caos de partículas elementales y no tanto que componen la atmósfera de cuando en cuando descarga sus excesos de energía en uno o varios de nosotros y se acaba de golpe su mal de amores, su ilusión de un reloj nuevo y su duda fundamental sobre el sentido de la vida. Ese caldo de átomos y de cosas menores es tan arbitrario como las máscaras de sobrehumanidad que le hemos puesto en épocas y en lugares: Thor, Zeus o Júpiter, Wotan y Nuberu, en Occidente; Gordu Maganancho, en las llanuras africanas; Kali, al oriente del Continente Negro; Catequil, Ekeko Tunupa, Ilyapa, Libiac, Kkowa, Tiksi y Santiago, en los Andes; Raijin, Tien-Mu, Lei Tsu, Indra y Rudra o Kitén, en Asia; Set de Avaris, en el Antiguo Egipto; Jambure y Mamaragan, en Oceanía; Hino, Chui-Tirípeme o Señor de la Cueva de Santo Domingo, en las tierras del norte; Chaac, Cocijo, Tajín, Tzahui, Bolón Tzacab, o Hobnil, y otras advocaciones mesoamericanas de Nuestro Señor del Sitio donde Brota el Licor de la Tierra, Tlalloccantecuhtli o simplemente Tláloc, para los cuates.


Sseñores tonantes

Decía la nota del el martes pasado en La Jornada: “Martina Cerro Bascajay, de 29 años; Álvaro Gutiérrez González, de 38, y Florencio Tavera Hernández, de 29, murieron en los alrededores del ejido La Salitrera, en el municipio de Alfajayucan (¿suenan juntos, en esa toponimia, el árabe y el náhuatl?), Hidalgo, a consecuencia de un rayo que cayó sobre una choza de láminas metálicas en la que se refugiaban de un aguacero. Otras ocho personas resultaron heridas y fueron trasladadas al Hospital General de Huichapan.”

¡Ay, deidades tonantes! Quién de ustedes se llevó a Martina, a Florencio, a Álvaro, este lunes, y en cuál paraíso hemos de buscar sus almas; por qué nueve días antes tocaron con su dedo de fuego a dos amantes que caminaban bajo la lluvia en San José del Rincón, y a un muchacho de San Martín Cuautlalpan, en el Estado de México; qué rostro le pondremos al relámpago que acabó con la vida del pastor Antonio en Zuera, Zaragoza, España, el 28 de junio de 2006; a quién le pediremos cuentas por los cinco niños fallecidos dos meses antes en Santa María del Río, San Luis Potosí, cuando jugaban cerca de una cruz de hierro; quién fulminó al ruso Denis Pankin en las alturas peruanas de Huayna Picchu, el 18 de octubre de 2004; cómo explicar que un rayo terminara con una oncena futbolera completa, el 29 de octubre de 1998, en la República Democrática del Congo, y respetara a todo el equipo rival; qué pensar de los siete fallecidos en el monasterio de La Peña de Francia, a doce leguas de Salamanca, en 1827, tres minutos después de que una de las víctimas pronunciara una blasfemia; quién de ustedes (¿o era ya el Dios de los cristianos?), estaba al mando del Cielo cuando cayó fulminado por una descarga el implacable Dióscoro, padre y verdugo de Santa Bárbara, en tierras de Nicomedia, en el remoto siglo III.


Thor de los galos

Ni brujerías ni maldiciones (“que te parta un rayo”) ni venganzas divinas: mejor pensemos que los difuntos de la gran chispa son escogidos y bienaventurados. Dice Musacchio que en cada una de las cuatro poblaciones del Paso de Cortés, entre Don Gregorio Popocatépetl y Doña Manuela Iztaccíhuatl, había hace no muchos años un interlocutor que hablaba con ambos volcanes, denominado quiampero. Para desempeñar el oficio había que haber sobrevivido a una descarga eléctrica, la que se interpretaba como una invitación de los colosos. Cada 3 de mayo, los quiamperos encabezaban una peregrinación de los pueblos “a una cueva situada en la ladera del volcán donde se encontraba una pequeña cascada y cuatro grandes piedras que representaban los cuatro pueblos; ahí los quiamperos interpretaban las formas del agua de la cascada y de acuerdo con ellas pronosticaban el régimen de lluvias. Mientras los peregrinos hacían ofrendas de mole y tamales salados y rezaban en silencio, los quiamperos conversaban con Don Gregorio y lo urgían para que permitiera la abundancia de las cosechas”. Todo ello, a pesar de que desde cien años antes el positivismo había pretendido quitar todo margen a los ritos. El Museo Universal (Madrid) afirmaba, en su edición del 17 de septiembre de 1865, que “con los cadáveres de los muertos por rayo se hacen esperiencias muy curiosas: quedan de tal manera electrizados, que si se tocan durante las dos o tres primeras horas, producen unas descargas eléctricas sobre los cuerpos que están en contacto.”


Nuestro Señor Chaac

Martina, Florencio y Álvaro han de estar en la mansión de Tláloc, en la cima de una montaña de Huejotzingo, donde siempre es verano, hay regocijos y refrigerios sin cuento y se prodigan las mazorcas, los tomates, las calabazas, el amaranto, la hierba verde y las flores, entre éstas el venerable chicalote, también llamado cardo santo, e ixk’hanlol entre los mayas, y que lleva por nombre en el orden de Lineo Argemone mexicana. Es una herbácea erecta, de tallo verdeazulado con espinas y bordes muy filosos, y flores amarillas solitarias de seis pétalos y tres sépalos con espinas. La planta tiene en su látex amarillo un alcaloide muy potente que la convierte en tóxica para el ganado; la semilla tiene propiedades purgantes y puede provocar el vómito. Cuando yo era niño me curaban con facilidad los jiotes y los empeines (afecciones cutáneas menores y corrientes entre los usuarios de columpios, resbaladillas y otros juegos metálicos públicos) untándome sobre ellos el lechoso jugo del chicalote. Un sitio argentino de herbolaria afirma que tiene aplicaciones medicinales mucho más serias y que “en Java y América del Norte la usan contra verrugas y úlceras sifilíticas”, pero de tales propiedades curativas no puedo dar constancia ni garantías.

Pariente de la amapola


Me paso a retirar, no sin antes recomendarles un par de narraciones sobre muertos de rayo que hallé en la Red: la ya mencionada del ruso Pankin y la asombrosa historia de Florencio Vicente Ramos, de los Ramos de Flores, quien fue alcanzado por un rayo pero no murió porque no le cabía en la cabeza la gravedad del accidente.


Paraíso de Tláloc

4.7.07

El viejo poema obsesivo

No sé ni en dónde estás,
si estás,
ni sé qué estás pensando.
A lo mejor estás aquí a la vuelta.
Pero no, aquí no hay vuelta:
esto es el bosque. Bosque es el entorno
de esto en que estoy, donde no estás estando,
donde no eres
sino en cosas que dejas, en el signo
de ideas que te pienso y que no escribo
casi nunca, casi de vez en cuando, cuando pienso
todo lo que has perdido de presencia.

No estás, y lo que soy levanta el acta
de tu no ser ni estar, tu ser con nadie
al tiempo que un epíteto lanzado
contra el negro no ser de la distancia.
Estatua lagrimal de la no estancia,
convento general de los no seres,
el amor sólo existe y me persiste
como esa enfermedad que tú no quieres
ni siquiera saber. Y estoy muy triste.

3.7.07

Visitantes distinguidos



Hmmm... ¿Sospecharán que soy etarra o terrorista islámico? ¿O será, simplemente, que los muchachos ocupan sus ratos de ocio en la comisaría leyendo este humilde bló?

Ya sea que estén aquí por razones de trabajo o sólo para cultivarse un poco, no sean tímidos, jóvenes. Pasen, pasen; anímense a dejar un comentario; siéntanse como en casa.

El pez afgano

En Hiderabed, tras el bombardeo

Este fin de semana la aviación militar de Estados Unidos, en apoyo a las fuerzas de la OTAN en Afganistán (ASIF), bombardearon la aldea de Hiderabed, en la que se habían refugiado combatientes del Talibán. Reportes procedentes del lugar informaron más tarde que al menos cinco viviendas habían quedado completamente destruidas, que se contabilizó unos 120 cuerpos sin vida y que entre ellos había varios de mujeres y de niños. Nadie conoce las cifras exactas. El gobernante de la región de Gerishk, Dur Alishah, dijo que los lugareños estaban tan enojados después del ataque que no permitieron a los funcionarios “gubernamentales” (las comillas son porque en Afganistán no existe nada parecido a un gobierno) verificar el número preciso de los fallecidos. La coronel Maria Carl, portavoz de la ISAF, dijo que la cantidad de muertos civiles era “muy inferior” a la que reportaron los afganos y tranquilizó al planeta: “Nos esforzamos continuamente por mantener el número de muertes civiles lo más bajo posible”.

Lo mismo vienen
diciendo los mandos militares de la ISAF y sus jefes –los estadistas occidentales—, pero ya es difícil creerles: desde hace mucho tiempo, los “accidentes” y “errores” se suceden con una frecuencia espeluznante y en lo que va de este año se han contabilizado 230 “bajas colaterales” como consecuencia directa del accionar de las tropas occidentales. Hasta la marioneta Hamid Karzai ha debido aparentar indignación y hace una semana comentó, se supone que con ironía: “Uno no combate a los terroristas disparando contra un objetivo a 37 kilómetros de distancia; esto inevitablemente provocará víctimas civiles”.

Algunos darán por
buena la explicación de que los aviadores y artilleros de Europa y Estados Unidos en Afganistán son asombrosamente estúpidos, pero no malintencionados: sus únicos objetivos son los organismos de los terroristas y no los de los niños que juegan con piedras en los villorrios desérticos ni los de los ancianos que toman té en sus casas, si es que todavía les alcanza el dinero. Ya si Dios sopla para que el proyectil se desvíe, o si al operador le viene una contracción involuntaria en el dedo, procede una disculpa, y a lo que sigue.

Hay otra posibilidad
: que las fuerzas de la OTAN hayan adoptado la táctica contrainsurgente de horrorosa memoria en muchos países devastados por conflictos de baja intensidad: “quitarle el agua al pez”, es decir, devastar el contexto social y demográfico en el que se mueve el enemigo a vencer. Esa táctica se llama My Lai en Vietnam, Panzós en Guatemala, El Mozote y Sumpul en El Salvador, Acteal en México, Grozny en Chechenia, todo Gaza en Palestina, y tiene muchos otros nombres de localidades arrasadas en diversas latitudes. El principio es simple y al parecer los teóricos de la represión parafrasearon a Mao: si, según la pedestre metáfora del dirigente chino, la población campesina es el agua en la que se mueve el pez de la revolución, hay que secar el agua para acabar con el animal. Llevado a la práctica, el consejo significa secar –es decir, despojar de sus fluidos corporales, principalmente, sangre— a quienes de un modo o de otro apoyan a los irregulares, subversivos, sediciosos, terroristas o cualquiera que sea el calificativo que se aplica al rival bélico.

Las implicaciones de
esta hipótesis son inquietantes: tal vez esos impresentables talibán, que tantas atrocidades cometieron cuando tuvieron en sus manos el destino infortunado de Afganistán, no sean un simple atajo de terroristas sino un pez en el agua, es decir, un movimiento armado con respaldo popular en extensas regiones del país, y hasta es posible que los elegantes militares del Primer Mundo que comandan la ASIF no sean muy diferentes de los genocidas tropicales que rubricaron su paso a la historia con las matanzas referidas arriba y con muchas otras.



1.7.07

Otra vez, la muchedumbre


Lo que resiste, apoya, citaba el cinicote de Reyes Heroles, a quien alguien tenga en su santa gloria. Claro que para sacar apoyo de la oposición había que ser un priísta muy colmilludo como el propio don Jesús, y no ese grupo de panistas pequeños y huidizos (Felipe no es el único) que hoy gobiernan y que no logran transitar de la simple mala fe al maquiavelismo.

Al calderonismo le sobró astucia para robarse la Presidencia pero le faltó inteligencia para llegar a ella con un proyecto de Nación. Esa es la gran ventaja de López Obrador y de los suyos: tienen claro el rumbo por el que creen que debe conducirse el país.

En la concentración de hoy percibí que la gente lo percibe. Por eso el movimiento de resistencia está vivo y articulado, a pesar de las abrumadoras ofensivas en su contra.

Me temo que seguiré rompiendo zapatos en las marchas que vienen.

Estas ruinas que ves...


  • Viejas y nuevas maravillas
  • No le des dinero a Weber

Q
ué difícil es
localizar la tumba del gran Ibargüengoitia para dejar sobre ella un ramo de alcatraces en compensación por el robo del título de esta entrega. El bloguero regiomontano Hamletstr afirma que se la halló en su natal Guanajuato pero no he podido confirmarlo en otras fuentes. En las panuchísimas páginas web de los gobiernos municipal y estatal no hay resultados si uno busca ese sonoro y vasco apellido. En todo caso, la novela a la que hago referencia no sólo viene al caso por el nombre sino también porque en ella el autor guanajuatense hablaba de unos pintorescos personajes de provincia a quienes llamaban “los Siete Sabios de Grecia” porque no eran sabios ni eran siete ni eran griegos. Igualito al operativo publicitario ideado por Bernard Weber, el dandy suizo y millonario dueño del concurso “Las siete nuevas maravillas del mundo”, que ni son siete ni son todas nuevas ni son necesariamente maravillas.

El tipo no es modesto: “Por primera vez en la historia del hombre estamos creando una memoria global; se van a elegir siete lugares que todo el mundo recordará”, se ufana, sin saber que no todos en este mundo son capaces de recitar de corrido la lista canónica de las siete maravillas de la antigüedad. Este catálogo apareció por primera vez en un poema de Antípatro de Sidón: “He posado mis ojos sobre la muralla de la dulce Babilonia, que es una calzada para carruajes, y la estatua de Zeus de los alfeos, y los jardines colgantes, y el Coloso del Sol, y la enorme obra de las altas Pirámides, y la vasta tumba de Mausolo; pero cuando vi la casa de Artemisa, allí encaramada en las nubes, esos otros mármoles perdieron su brillo, y dije: aparte de desde el Olimpo, el Sol nunca pareció jamás tan grande”. En la enumeración sobran, con respecto al listado actual, las murallas de Babilonia, y falta el Faro de Alejandría.

Jardines un poco imaginarios


La nómina es
equívoca en diversos sentidos, empezando por el cronológico, porque las obras referidas no necesariamente coexistieron en el tiempo o no existieron en la forma en que nos las imaginamos. Por ejemplo, el Templo de Artemisa en Éfeso fue destruido por un incendio 365 años antes de la era cristiana y el Faro de Alejandría se empezó a construir 86 años más tarde; el Coloso de Rodas que se mantuvo en pie sólo durante 56 años (del 282 al 226 adC) no pudo ser, de acuerdo con cálculos modernos, la estatua gigantesca imaginada por los renacentistas, con un pie en cada extremo de la rada de Mandraki, y tan alta que no le rozaban el culo los mástiles de los barcos que pasaban por entre sus piernas en su entrada a la bahía. De los Jardines Colgantes es muy sospechoso que ninguna fuente babilonia los mencione y que sean únicamente los cronistas griegos quienes, escribiendo de oídas, hagan referencia a ellos. La arqueología indica que, si existieron, no estaban en la orilla del Éufrates, sino a cientos de metros de allí.


Así no era, ni así, y así tampoco


La enumeración de
maravillas antiguas, tal y como la conocemos hoy en día, se consolidó en la Edad Media, y buena parte de la responsabilidad por las imágenes falsas corre a cargo del imaginativo maestro flamenco Maerten van Heemskerck (1498-1574). La única que nos queda actualmente es la Gran Pirámide de Giza (“los humanos le temen al tiempo y éste le teme a las pirámides”, dice un proverbio árabe). El septeto de cosas reales o parcialmente imaginarias, existentes o ya desaparecidas, sigue siendo una memorable construcción de la cultura occidental y una hermosa lista de sueños y de recuerdos que dice mucho sobre los hábitos mentales del Medioevo y del Renacimiento.

El refrito contemporáneo organizado por Weber es, en cambio,una vulgaridad comparable a esas figuraciones de plástico inyectado del cuadro davinciano de La Última Cena. Si algo nos ha dejado el remojón en la modernidad es la certeza de que no hay forma ni criterio válidos para reducir las numerosas maravillas de la creatividad humana a un listado de siete ni de cien y que forzar una competencia de simpatías populares entre la pirámide de Kukulcán (llamada también El Castillo) y la Torre Eiffel es como sacarles a las peras una raíz cuadrada expresada en manzanas y luego convertida a papayas.


El mentado Faro


Por lo demás
, para ejemplificar una ínfima parte de las omisiones en la lista de 21 sitios de que consta la “fase final” del negocio del magnate suizo, recordemos la catedral de Nuestra Señora de París, Stonehenge, Teotihuacán, el casco antiguo de Jerusalén, el Palacio de Versalles, el templo de la Sagrada Familia de Barcelona, las Torres Petronas, Palenque, Tikal, el Golden Gate, la cueva de Altamira, la Capilla Sixtina, Tiahuanaco...

En buena hora la UNESCO no mordió el anzuelo y se deslindó de la “aventura mediática privada” de Weber, la cual, dijo, “no contribuirá de forma significativa y duradera a la preservación de los sitios elegidos por el público”. Pero al día siguiente, cómo no, la oficina de Felipe Calderón exhortó por correo electrónico a votar por Chichén Itzá: “Con tu apoyo este orgullo de México será una de las nuevas 7 maravillas del mundo”. Un detalle: el sufragio vía Internet es gratis, pero el voto por mensaje de celular Telcel cuesta 15 pesos. La Presidencia de la República considera, pues, que debe echarle una mano al pobre milloneta suizo para que se gane unos dólares especulando con el “orgullo de México”. Ah, y el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), qué deprimente, autorizó a la Coca-Cola para que, en el marco del operativo comercial, plasme la imagen del Castillo en millones de latas, pese a las simplificaciones y falsedades consignadas en la página de Weber sobre las ruinas yucatecas. Literal, ortografía y sintaxis incluidas, se lee:

“La Pirámide de Chichen Itza (antes de 800 d.C.), en la península del Yucatán, México (Chichen Itza), es la más famosa de la cultura maya y constituyó el centro político y económico de la civilización maya. Sus distintas estructuras, la pirámide de Kukulkán, el templo de Chac Mol, el Grupo de las Mil Columnas y el Gran Juego de Pelota aún se pueden visitar en la actualidad y demuestran un gran compromiso por la composición y el espacio arquitectónicos. La propia pirámide fue el último, y probablemente el mejor, de todos los templos mayas. Resumiendo: ¡vote por Chichen Itza porque es símbolo de Culto y Conocimiento!” ¿Cuántos errores e imprecisiones encuentras en estas 106 palabras? Entre históricos y gramaticales, yo hallé 18; pueden ser más.


Negocio de maravilla


El sitio arqueológico
de Yucatán y la gente que lo construyó y habitó (mayas y maya-toltecas) no necesitan de estas subastas de popularidad para certificar su grandeza; el orgullo por nuestro pasado no se demuestra regalándole 15 pesos a un vival del marketing. Hay mucho patrimonio cultural nuestro que lo es también del resto de los humanos: por ejemplo, el propio Chichén y, desde esta semana, nuestra Máxima Casa de Estudios (¡felicidades, querida UNAM!). Esas distinciones son infinitamente más importantes y trascendentes que las cuentas de colores y los espejitos del tal Weber.