31.10.07

Los fusilados de Oviedo



Lancé la red a la Red, caí en un foro de asuntos locales de Ujo (concejo de Mieres, Asturias, España) y encontré una discusión encendida entre los defensores de la memoria y los partidarios del olvido. Entre los primeros, Blanca Alvarez González (no confundir con la escritora homónima, también asturiana, del mismo nombre, pero natural de Cartavio, Coaña), ha transcrito allí cartas conyugales, paternas, maternas o filiales, escritas antes del paredón desde la cárcel de Oviedo, tras la caída de Asturias en manos de los fascistas. Son letras dignas y gallardas de personas buenas: republicanos capturados o individuos que no tomaron parte en la contienda y a los que algún enemigo o rival denunció como “rojos” ante los esbirros de Franco. A la fecha siguen enterrados en fosas comunes. Me dolió mucho la lectura y sentí pudor por husmear en correspondencia ajena. Pero conforme avanzaba en las líneas fui entendiendo que entre los destinatarios de esas viejas cartas estamos también tú y yo y todos nosotros, y pensé que cederles la palabra a los asesinados es la mejor ofrenda que se puede hacer a los muertos en este día. Gracias por traerlos de regreso, Blanca.



“Constituye este lóbrego edificio cinco amplias galerías, con tres pisos cada galería y cinco chaflanes, que en tiempos normales son destinados a talleres de trabajo. Cada piso tiene 14 celdas individuales o sea 42 celdas en cada galería y que con arreglo a lo que nos dicen las matemáticas es cárcel para 210 reclusos. En la actualidad estamos en la Cárcel Provincial de Oviedo unos 4.000 reclusos sociales más unos 100 comunes. Convergen en una pequeña plazoleta donde se alza un edificio reducido de proporciones y de forma de quiosco que desempeña una doble finalidad: como oficina de trabajos para organización interior y como capilla (por cierto que no estaba en los cálculos de aquel arquitecto, que ésta había de ser muy insuficiente). La impresión que me causó la prisión no fue grande, a pesar de no haber tenido que jamás dormir una sola noche en una. No obstante me la causa, lo que pasa en el interior. Yo que toda mi vida estuve en casa al calor del hogar y recibiendo el mimo, primero de mis padres y hermana y más tarde de mi amada esposa. Yo que jamás tuve que preocuparme de nada que se refiriese al aseo, comidas etc., me veo sumido de golpe en un infierno de lo que yo nunca me pude imaginar. Antes de yo ingresar en la prisión preventiva de Pola de Lena, ya me doy perfecta cuenta de lo que ha de ser el infortunio de la prisión, ya que los que me han detenido, dan a demostrar con su falta de civismo, que ya en la cárcel nada bueno puede ocurrir. Las palabras groseras que oigo, me hacen dudar que sean pronunciadas por personas que por sus puestos y posición no deberieran proferirlas. Dudo si estarán en su sano juicio. Jamás mis oídos han percibido frases tan insolentes, ni en los más despreciables fondos sociales se oye esto. Hay frases que hieren como la bala más mortífera, palabras éstas que de haberlas percibido en otra ocasión que no fuera la de hallarte amarrado, hubiesen sucedido cosas que nunca estuvieron en mis cálculos. Temí cuando fui apresado de no ser llevado a ninguna parte y ahora pienso cuánto más valía que me hubiesen tirado de aquel puente en que me amenazaron tirarme. Cuánto más y mejor hubiese sido que dándome cuenta del refinamiento en los procedimientos que se habían de emplear, me hubiesen matado en el momento en el que fui cogido por la horda. Con ello me hubiese evitado de ver cosas tan vergonzosas e inhumanas como las que voy a procurar describir... Al menor ruido o desliz que cometamos, somos duramente recriminados o castigados a la ‘leona’ cuya celda es en la forma de emparedamiento. No es posible sentarse y en este lugar es muy fácil que al más mínimo descuido ser mordido por las ratas, gigantescas y que parece están de acuerdo con nuestros opresores. En la celda nos contamos mutuamente nuestra vida y la tragedia que se cierne sobre nuestro hogar, posición de cada uno y condiciones en que queda la familia, motivos por los cuales estamos condenados a la última pena. En una de las celdas a que me refiero al principio, de unos diez metros cuadrados y que son individuales, somos metidos quince individuos. En este pequeño espacio hemos de permanecer encerrados durante 21 horas diarias, las tres restantes son las destinadas al paseo o patio. Los penados a muerte ocupamos la planta baja de cada galería. Las órdenes son severísimas y la puerta sólo no es abierta un momento para recoger el rancho.
A. V.
1/07/1938 desde la Celda 11 de la Cárcel Modelo de Oviedo” (carta a sus padres)



“[...] La vida carcelera en estos trances se hace odiosa y como tal no importa la privación de la vida más que por la familia, en cuyo punto vienen todos nuestros pensamientos, todos los sueños. A los toques de corneta, se reciben en la cárcel todas las órdenes: diana, fajina, paseo, retreta y por último silencio, más esto que nos mandan a las nueve de la noche lo vulneran nuestros guardianes a las dos de la mañana con bastante impertinencia. Lo interrumpen con ruidos de cerrojos, lo cual nos anuncia que al día siguiente varios compañeros ya no acuden a las órdenes de corneta [...]”.
R.C.
Cárcel Modelo de Oviedo, 20 de junio de 1938 (carta a su esposa)

“Cárcel de Oviedo, abril 1938. Para mi querida compañera y para mis queridos hijos: En mis últimos días os escribo estas líneas de recuerdo para vosotros. [...] He sido detenido en alta mar en un barco cuando pretendíamos llegar a Francia para poder juntarme con vosotros. [...] Solo deseo que os queráis mucho y que en la vida seáis ejemplo de honradez y virtud. [...] No quiero que guardéis luto por mi y no os preocupéis dónde reposan mis huesos. [...] Tú, mi querida compañera, no dudes en juntarte con un hombre que pueda hacerte feliz y olvidar tanto como has sufrido. Recibir muchos besos de este que mucho os ha querido
J.R.A.
Cárcel de Oviedo, abril 1938.”

“Queridísimo cariño: Primeramente unas letras todas llenas de cariño de tu nena, y quiero que me perdones por no haberte escrito antes. No ha sido porque no he querido, sino que me ha sido imposible. [...] Quiero que al leer estas letras, y a pesar de todo el dolor que te puedan causar mis palabras, que tan duras son al llegar de una persona que tanto te quiere, ahogues las lágrimas en tu garganta, piensa que no me acusan de ningún crimen, sino por mi idea política. Por esto quiero que te sientas tranquilo y sereno que no te tiemble la voz al leer lo mismo que a mí no me tiembla el pulso al escribirlo. [...] Recibe todo el cariño que sabes te tiene tu nena, y un millón de besos y abrazos de tu cariño. Adiós.
De.



“A todos los trabajadores metalúrgicos y al pueblo en general.

Compañeros:

Habiendo pasado mi vida de luchador a vuestro lado para vosotros son, pues, mis últimas palabras. Somos muchos los socios del Sindicato que estamos pronto para ser fusilados. Por defender nuestros ideales de enmacipación social. Hoy, ha sido fusilado el inolvidable compañero Higinio Carrocera, mañana lo seremos nosotros y formaremos legión las miles de víctimas escogidas por el fascismo para saciar su sed de muerte. Todo esto lo hacen para que el pueblo trabajador no pueda triunfar en la lucha contra el fascismo, pero el pueblo sabe que el triunfo del despotismo fascista es el triunfo del crimen, así como la muerte de todas las libertades populares. [...] Vamos a ser fusilados, no podremos ver la terminación de la guerra, pero estamos plenamente convencidos que el triunfo del pueblo sobre el fascismo será total, y los que tengáis la suerte de salvaros podréis dedicaros a reorganizar nuestro Sindicato, baluarte siempre, de las inquietudes populares. La descarada intervención del fascismo internacional en la guerra española no han de demostrar que los ideales de los trabajadores deben traspasar el marco de las fronteras e ir a una acción internacional, para acabar con las injusticias sociales. En el cargo que me habéis nombrado, como miembro del Comité del Sindicato, me siento orgulloso con haber desempeñado dicho cargo si he sabido cumplir con vuestros mandatos. Solo pido a la hora de la muerte, que los compañeros que queden, sepan hacer justicia y sigan adelante con nuestras ideas enmacipadoras. ¡Adelante metalúrgicos!¡Adelante compañeros!¡Adelante mujeres idealistas! Todos por el triunfo de nuestras ideas! ¡Viva el Sindicato! Vuestro compañero
J.R.
Escrito en la cárcel de Oviedo comienzo del día 8 de Mayo de 1938.”

“Con gran emoción y sentimiento te escribo, querida hija, mis últimas letras, pues espero de un momento a otro ser fusilado. Hija, no recibiré más tus besos infantiles ni te pondrás más sobre mis piernas jugando como niña mimada, todo lo recuerdo en estos últimos días de mi vida. Tengo un gran pesar, que te pido me perdones: no haberte dado la pluma que el día de nuestra despedida me pedías. Como a tu hermano te ruego seas buena para tu madre y con él para que podáis vivir queriéndoos mucho como os quise siempre. [...] Te aconsejo como a tu hermano que hagas lo posible para que en tu edad de mocita seas una joven libertaria, que luches contra el fascismo que asesinó a tu padre. Me despido sin saber donde estás con tu madre y hermano, pues no he recibido ninguna noticia vuestra desde que te di mis últimos besos. [...] Recibe de tu padre a la hora de morir, muchos besos y abrazos nunca me olvides... Tu padre,
H.R.A.Viva la República!”



“Querida hijita: Tu papá te pide que quieras mucho a tu mamá, a tu hermanito y a los abuelos y tíos. [...] Que no te engañen los que hoy matan a tu padre, queriendo haceros ver que si nos mataron fue por crímenes que cometimos. Te advierto esto por si el fascismo fuera el que venciera en la lucha que hoy está entablada, no creo que esto suceda. Pero si la maldad pudiera más que la razón, te pido desde esta celda en que me encuentro condenado a muerte que no ayudes en nada a esa organización. [...] Lo mismo tú que tu hermano estais sin bautizar, pues no he querido bautizaros porque no creo. Pues si siguieran la doctrina que predican, no consentirían que en el mundo ocurrieran las cosas que pasan, pero si vosostros os quereis bautizar podeis hacerlo. Lo que sí te pido es que no seas falangista y, si te obligan a hacerlo, te esforzarás por hacer lo menos que puedas en favor del fascismo. [...] Bueno hijita, quiere mucho a los abuelos y tíos, a tu hermano y no disgustes nunca a mamá, esto es lo que te pide tu padre a las puertas de la muerte.
Te besa tu papá
No.G.

“Cárcel Modelo de Oviedo 3/7/1938
Queridos padres: Me alegraré que cuando reciban éstas mis últimas líneas estén bien en compañía de mis hermanos y de mis hijos, a quien hasta los últimos momentos no dejé de pensar y preocuparme por la suerte que correrán. [...] Sé que me espera la muerte segura. Pero no por ser un ladrón ni tampoco un criminal, se me fusila por ser español y defender a mi patria. [...] Así que ánimos, pues tú, madre, has cumplido con tu obligación. Cuántas madres quisieran honrar a España con cuatro hijos comunistas, pero no has hecho nada más que lo que tenías que hacer como española.
Y para terminar un Viva a la República.
Firma: Ig. Te.



“Mi querida compañera: Salud. [...] Querida mía, no te extrañe, que te trate así porque es la última vez que lo hago y espero me perdones si alguna vez te he hecho sufrir en algún momento porque veinte años que vivimos juntos por necesidad habíamos de discrepar en algo. Pero muero con la seguridad que me has sido fiel y me querías con todo el cariño de una buena compañera y una buena madre para nuestros queridos hijos. [...] Procura que una vez que triunfe la República que hagas los posibles para que a nuestros hijos les enseñen como corresponden a mis ideales. A ver si no llegan a ser tan esclavos de la vida como yo lo fui. [...] Si alguna vez encuentras algún hombre que te quiera de verdad, que no sea para hacer burla de ti, no dudes por hacerlo compañero tuyo y que te ayude en todo lo que haga falta para criar a nuestros hijos queridos. [...] [...] Besos y abrazos de éste tu
F. (Hasta la eternidad)”

“Querido no.: Todos los seres, llegados a su desarrollo siente una necesidad que en muchos de ellos, el no saciarla, les trae trastornos. Dicha necesidad consiste en que el macho precisa de la hembra y viceversa. En el macho es más fácil cubrir la necesidad sin que sufra por ello el desprecio de sus semejantes, como por ello en la hembra. Pero debe tener precauciones sino quiere verse más despreciado aún que la mujer, pues existen enfermedades que dejan inútil para siempre a la persona que tiene la desventura de cogerlas. Para no enfermar es necesario se tenga mucha limpieza y no abusar demasiado de los organismos, te advierto de esto para que no tengas que lamentarte más tarde. Lo mejor para evitar las enfermedades es poner el remedio antes de que existan. En éstas el remedio está en cortejar a una muchacha y conseguir de ella consentimientos para cubrir esa necesidad, tomando precauciones que hay muchas, y sobre todo, en tus tiempos, para que no quede en estado. Y así podeis estar libres de uniros si quereis, pero nunca debes hacer de menos a esa mujer propagando ‘que si esto, o lo otro’. ¡Bueno hijo mío, salud!
¡Viva la República! ¡Viva el comunismo!
No.G.
Cárcel Modelo, segunda galería, celda número 11. Oviedo, abril del 38.”



“Carta escrita a su hijo de tres años en la Cárcel Modelo 2a Galería celda 11. Oviedo abril del 38.
Querido hijo: Tan sólo puedo dejarte estas cuatro letras y con ellas unos consejos, ya que personalmente no puedo hacerlo en los momentos que los precisarás. Sólo consejos es la herencia que vuestro padre puede dejaros. [...] Cuando sepas leer eso ya sabrás las causas de la muerte de tu padre, no te pido que vengues mi muerte, solamente por ser tu padre el que ha sucumbido bajo el despotismo de una organización de criminales, cual es el fascismo, sino en bien de la humanidad entera, lucha contra la fiera que quiere bañar el mundo con sangre. No hagas caso de lo que te cuenten, pues hoy su propaganda es ‘no se fusilarán más que los que estén manchados de sangre’, mienten descaradamente, matan porque sí, porque quieren, por el gusto de matar, no importa que esté o no, manchado de sangre. [...] No creo que llegues a vivir en régimen fascista, pero por si la desgracia así aconteciera, no permanezcas en España más que el tiempo preciso en preparar el viaje para una nación democrática y, lleva contigo a tu madre y hermana. Nunca seas fascista, nunca hagas causa común con los que mataron a tu padre y te privaron de su ayuda y cariño, sigue los consejos de tu madre y no la disgustes, en agradecimiento a los sacrificios para alimentaros y vestiros tuvo que pasar.
Quiérela mucho.”



“Oviedo, Cárcel Modelo 18/2/1938
Queridos padres: Les deseo toda clase de felicidades, siempre, hasta la hora de la muerte, a ustedes, y a mis hermanos y demás familia. Que tengan más suerte que yo, hasta el fin de la vida. Yo muero, pero muero con mucha honra, no muero por criminal, ni asesino ni ladrón, muero por ser de izquierdas, por dar el pecho en la guerra, y defender el Gobierno legal y nuestros intereses, que todos debemos defender, la paz, la justicia, como hombres ciudadanos, no como esos asesinos, destructores de la humanidad proletaria. Esto que os sirva de ejemplo para todos, no hay que tener consideración con ellos, no la tienen con nosotros, ni de viejos, ni de jóvenes, ni de mozas ni de niños, todos somos igual. Así que teneis buen espejo, no mirar atrás, adelante siempre. Salud y República. Viva el Frente Popular. Vivan las Juventudes Unificadas. VivaR.C.G.



“A mi queridísima esposa: En estos momentos recibo tarjeta de mi hermana y en ella me dice que te has quedado desde el lunes aquí en Oviedo. ¡Pobre Parmenia! Ya sé a qué te quedas. Sé que esperas quedar viuda de un momento a otro. También sé que no dormirás ni un solo momento y que acaso estés vigilante por las cercanías de la cárcel esperando que llegue el momento del desenlace fatal, mas no haces bien, querida. ¿Qué crees adelantar con ello? Nada. Me verás acaso muerto, acribillado a balazos, recibiré tus besos cariñosos, tus lágrimas resbalarán por mi rostro de cera. Claro está, te lo agradezco mucho, pero no quisiera por nada, que estos terribles trances los hubieses presenciado. Por el mucho cariño que nos hemos profesado, quisiera haberte evitado todo eso. Mis pensamientos en estas noches de insomnio sólo conciernen en ti, en nuestro hijo y en mi hermana. En otra carta que os dejo ya veréis mis deseos. Habeis cumplido cual heroínas, y aunque no habéis conseguido los fines que perseguíais, cual yo lo sabía, debeis estar orgullosas. Muero por un ideal del cual no reniego y vosotros no quedais sumidos en el fango, pues yo no soy ningún criminal, como tampoco lo fueron mis padres y tus hermanos que ya hoy están situados en el plano que en esta semana iré yo a parar. Besos sin fin a mi hijoto querido, a mi hermana y sus hijos, recuerdos a tus hermanos y familia. Y tú ten presente lo que siempre te he querido.
Amador
Celda 11. 2 de julio de 1938”


“Prisión de Oviedo, 27/9/1938. Galería 4 Celda 46.
A mi querida esposa: Salud. Ante estos momentos de angustia y dolor te escribo estas cuatro letras desde capilla. Te digo, que muero sereno, tranquilo y orgulloso, porque sé que el triunfo está próximo. Querida, si cincuenta vidas tuviese, cincuenta vidas daría por defender las libertades democráticas del pueblo español. Te pido de que no me llores, la República hará justicia. Cuida a nuestra hijita y dale la educación que yo deseo, dile siempre por qué murió su padre. Mis últimas palabras ante el piquete serán, de Viva la República. Son las 5, 30 de la madrugada y me falta sólo una hora.
Besos y abrazos de tu

M.


“Querida madre: Deseo que cuando recibas esta estés bien de salud en compañía de mis hermanos. Mamá, he recibido el paquete y el mensaje en el que me dices que quieres venir a verme aquí. No tienes que preocuparte, estoy bien en lo que cabe, con muchas otras mujeres de ahí, todas nos conocemos y nos ayudamos, yo soy una de las más jóvenes y las mayores nos cuidan. Tú preocúpate de ti y de los nenes que te necesitan, los otros con un poco de suerte, dentro de poco te ayudarán a salir adelante. Mamá, la vida aquí es muy triste, nunca pensé verme entre cuatro paredes y mirando a través de las rejas, tenía tantas ilusiones y planes para el futuro, y me veo aquí contando les baldoses de un patio intento no volverme loca, en esta falta de libertad en esta situación de indigencia, hacinadas y sin ninguna intimidad ni siquiera para poder llorar a solas. Os recuerdo tanto a vosotros, a mis amigas, a toda los conocidos que hasta hace poco eran parte de mi vida, echo de menos la libertad de poder moverme y respirar sin este agobio, me cuesta tanto habituarme al olor de este aire viciado que me ahoga. Madre, no quiero que vengas aquí porque no puedo soportar el pensar de verte y de no poder abrazarte y dejarte marchar sin saber si volveré a verte. Intento resignarme pensando que por muy larga que sea mi condena soy joven, no he cometido delito alguno así que no te preocupes, espero poder salir pronto de aquí. Muchos besos para todos con cariño de tu hija
P.G.de.


“A mi muy querido José: cuando aún eres un niño, tu padre por “virtud” de unos patentes criminales, muere asesinado por el hecho de sentencia, un ideal y practicar el bien. Cuando eso leas y te des cuenta de ello, ya quizá hayas leído quienes fueron Franco y el Gobierno de la República, yo seguí al Gobierno en cuanto a sus nobles órdenes han dictado. Tu nombre no queda mancillado a pesar de ser asesinados tus abuelos paternos y tu padre, también ha caído víctima de las asesinas balas fascistas. Muero asesinado por ser republicano, y con el puño en alto daré el pecho a las balas, no soy un asesino, tampoco robé. Siempre tuve que trabajar para comer, y con aquello trabajaba para forjarte un porvenir. No lo pude conseguir y ello se lo debes a tus enemigos y mis asesinos. Tu buena madre te dirá quiénes son. No te digo nada de la calidad de esta guerra, ya que primero tengo que tener cuidado que estas líneas no me las encuentren y lo segundo porque los más autorizados ya lo harán. Por alguien sabrás quién he sido yo y quiénes han sido tus abuelos. Ahora te quiero hacer saber que tu mártir madre y mi buena hermana han hecho por mí más de lo que estaba a su alcance en estos tiempos de terror. Respétalas y haz feliz a tu madre, obedeciéndola y no dándole disgustos que demasiados ha llevado ya con lo que en estos tiempos ha pasado. Sé bueno, estudioso y abomina la ociosidad, que es la mejor arma para la adquisición de vicio. Sé consciente y honrado, que tu conducta jamás dé lugar a que nadie puede decir de ti. Camina siempre por el sendero de la legalidad y del derecho, fíjate bien con los amigos que te acompañas y ten en cuenta que la amistad ha llevado, o por lo menos contribuido, a llevarme al sepulcro, los secretos díselos sólo a tu madre. Creo firmemente que me obedecerás y marcho por esto tranquilo. Pero no creas que voy llorando a la tumba, no, la vida ya la aborrezco en estas mazmorras sombrías. Sólo siento no poder dar a tu madre y a ti el bien que mereceis... Pero como sé que mi sangre ha de ser el tributo al ideal, la doy generoso, porque sé que mi sangre y la de estos mártires, ha de ser la que ahoga a nuestros viles asesinos. Con mi adiós final y besos en tus mejillas tiernas me voy a la tumba. ¡Viva la Escuela Libre!
A.V.
Celda número 11 - primera Galería - Cárcel Modelo 20/6/1938
Que nunca las armas de los obreros se vuelvan contra los obreros mismos!
Guerra a los asesinos de Falange ! abajo la esclavitud! Vivan las reivindicaciones proletarias!”



“A mi querida hermana: Sólo dos líneas para despedirme de ti, de tu compañero y de tus queridas hijas. Besos a todos - besos mil. Hermana: mi compañera e hijo hoy están desamparados, ayúdalos. Ya sé que lo harás y os doy las gracias. He de ser breve, ya que si escribo mucho, nada llegará a vuestras manos. Os dejo un escrito del cual haréis uso a fin de ver si rescatais algo de lo mucho que nos han robado. Tú ten paciencia, no te sumas en la desesperación, ya que ello es peor y puedes dejar huérfanos a tus hijos. En lo presente: resignación. Esto se ve acabarse con nuestro triunfo y cuando él llegue si veis vacilar a los hombres, levantaros vosotras en contra de todos y haced una justicia estricta. Todos nosotros os damos hoy las gracias. No te describo los horrendos crímenes que aquí se hacen, por no poder, pero ya algún día lo sabreis, por plumas que lo han vivido. Esto para ellos se acaba y yo no les daría a esos criminales mayor castigo, que el que ellos nos dan a esta legión de inocentes. Hay varios libros de cuentas y si podeis lo cobrais todo. Bueno querida hermana, da un abrazo a no., besos a las niñas, muchos besos, recuerdos a la madre y hermanos y a cuantos por mí se han molestado en particular a A. Y tú muchos besos de tu hermano que muere por un ideal justo y noble.
A.V.C.
Cárcel Modelo- Primera galería- Oviedo.”

“Querido, muy querido hijo de mi alma: en estos últimos momentos tu madre piensa en ti, en mi niñito de mi corazón que es un hombre, un hombrecito, y sabrá ser todo lo digno que fueron sus padres. Perdóname hijo mio, si alguna vez he obrado mal contigo. [...] Voy a morir con la cabeza alta. Sólo por ser buena: tú mejor que nadie lo sabes, hijo mío. Sólo te pido que seas muy bueno, muy bueno siempre. Que quieras a todos y que no guardes nunca rencor a los que dieron muerte a tus padres, eso nunca. [...] Tu padre y yo vamos a la muerte orgullosos. No sé si tu padre habrá confesado y comulgado, pues no le veré hasta mi presencia ante el piquete. Yo sí lo he hecho. Hijo, que no se te borre nunca el recuerdo de tus padres. Que te hagan hacer la comunión, pero bien preparado, tan bien cimentada la religión como me la enseñaron a mí. Te seguiría escribiendo hasta el mismo momento, pero tengo que despedirme de todos. Hijo, hijito mio hasta la eternidad, recibe después de una infinidad de besos el beso eterno de tu madre.
B.”



Las verrugas de Venus (III)

Ahora sí, entramos de lleno a la quevediana imitación:



A UNA DAMA EXTREMADAMENTE PÁLIDA

Ilustración: Rafael Barajas, El Fisgón


Si el blanco es el color de la pureza,
químicamente pura te declaro.
Parece tu pellejo, de tan claro,
anuncio comercial de mayonesa.
Un hecho es tu belleza,
un hecho de pigmentos muy avaro.

Si algún hombre insolente
observa fijamente
tu formidable piel alabastrina,
sufre desprendimiento de retina.
Juego de sol y nieve, tu conquista
ha de emprenderse a riesgo de la vista.

Víctimas del error, ciertos señores,
dicen que no te inmutas tú con nada
y algunos piensan que eres descarada
pues jamás se te suben los colores.
Tiene la culpa Dios —¡el muy travieso!—
que en ti no puso barro, sino yeso.

Hace tu piel indiscreciones serias
y tu composición no disimula
pues es muy evidente que circula
no sangre, sino leche, en tus arterias.
El Cupido divino
que me flechó, seguro que era albino.

Divina transparencia:
yo te querré hasta el fin, y no me importa
que, de colores corta,
a mis ojos lastime tu presencia.
Y si agoto las rimas y me estanco,
te seguiré cantando en verso blanco.



29.10.07

Almejas


Los españoles recibieron ayer por la mañana un regalo precioso: en una década la esperanza de vida se les incrementó más de dos años, para situarse en 80.23. Eso dijo el Instituto Nacional de Estadística, que concedió existencias promedio de 83.48 a las mujeres, y de 77 años menos 15 días a los hombres. Tal vez la desaparición de ETA, el fin de las misiones militares a países como Afganistán y la prohibición de las pamplonadas contribuirían, así fuera por disminución de los ataques cardiacos, a sumar unos días a estos indicadores espléndidos. No está nada mal, si se considera que un español nacido en 1900 tenía derecho a permanecer en este mundo, en promedio, 35 años. Gonzalo Queipo de Llano, José Sanjurjo, Emilio Mola y Francisco Franco, incidieron, y mucho, en esa insoportable brevedad del ser, pues la guerra que emprendieron en 1936 provocó, en el trienio siguiente, que uno de cada 50 españoles (medio millón) ingresara a la estadística de manera precoz. Pero eso ya pasó y de algo tenía que servir la democracia, la integración a la Unión Europea y la proliferación de transnacionales bancarias y energéticas con sus negocios más jugosos aquí que allá.

No es ironía ni envidia: según datos de nuestro INEGI, la longevidad de los mexicanos (o su capacidad de sobrevivir a la economía) ha tenido un incremento tan espectacular, o más, que la española: de 1930 a la fecha, la esperanza media de vida pasa, en este lado del Atlántico, de 33 y 34.7 (hombres y mujeres), a 72.6 y 77.4, respectivamente, en el año 2006. Aquí la guadaña no era operada por alzados fascistas, sino por enfermedades contagiosas y materno-infantiles. Es significativa la diferencia entre Baja California y el Distrito Federal, con existencias promedio de 75.5 años, y Chiapas, Veracruz y Guerrero, en donde la vida dura 24 meses menos. Hay que tomar estos números con alguna cautela porque la institución que los emite fue convertida –y quién sabe si haya intenciones de devolverla a su función original— en el principal centro de producción alquímica de Foxilandia: recientemente, Julio Boltvinik y Araceli Damián hicieron ver que si los números del INEGI sobre reducción de pobreza fueran ciertos, los campesinos mexicanos vivirían como los suizos.

El panorama global no deja, por cierto, mucho margen al optimismo: el paso de un suazilandés por este planeta globalizado dura menos de la mitad (33 años) que el de un japonés (82), y el abismo sigue creciendo. O Dios se desempeña con una indolencia inaudita o la economía mundial es extremadamente canalla.

Como sea. Por primera vez en la historia, los españoles han sobrepasado el umbral de longevidad de los loros y los elefantes; si no hay un exceso de silicón en los datos, los mexicanos se aproximan a esas marcas.

En junio, en el zoológico de Australia, falleció Harriet, una tortuga gigante de las islas Galápagos que perteneció a Charles Darwin y que tenía unos 175 años. Poco antes, en Calcuta, exhaló su último suspiro Adwaita, otro quelonio monumental que fue obsequiado al general inglés Robert Clive en 1775; hagan cuentas. Pero la fugacidad de la vida humana –a pesar de la democracia y la penicilina— se pondera con más claridad frente a una almeja descubierta hace unos días en las costas de Islandia por científicos galeses. La vida de este bicho puede datarse con precisión porque ostenta en su concha anillos anuales de crecimiento, tan precisos y confiables como los que se ven en el corte transversal de un árbol: 410 años. Durante su existencia el molusco pudo abarcar sucesos tan distantes entre sí como los montajes originales de Shakespeare y la ejecución de Saddam Hussein. Pero, para bien o para mal, a las almejas no les interesan las noticias, ni el teatro, ni ingresar a la Unión Europea, ni falsificar cifras sobre pobreza, y nadie les ha comunicado el angustioso peligro que los platos de paella representan para su especie. Pensándolo bien, tal vez esa falta de obligaciones y de tensiones explique, al menos en parte, su longevidad: padecen mucho menos estrés que el que sufren los mosquitos, los venados y los ministros del Interior, y su ocupación básica en este mundo es aspirar y expulsar agua salada a través de las valvas. El problema es que en el bando humano son muy pocos los que se interesarían por vivir cuatro siglos de una manera tan aburrida.

Las verrugas de Venus (II)

Exhumado en 2007, este texto de 1988 adquiere una significación entonces insospechada: hace dos décadas no se había puesto de moda el fenómeno delictivo de la pedofilia, acaso porque la pornografía infantil era inexistente o marginal. Es probable que ya existiera la explotación sexual de menores asociada a los servicios turísticos, pero de eso se sabía poco. Sin embargo, el abuso y la violación de niñas y niños era ya, como lo es ahora y como lo ha sido siempre, una práctica frecuente y estaba --igual que hoy en día-- mayoritariamente a cargo de padres, tíos, hermanos, profesores y confesores. Es un tanto irresponsable la alharaca que arman las autoridades con respecto a los gravísimos peligros que acechan a los niños en Internet, habida cuenta que son mucho mayores las probabilidades de que sufran una agresión sexual (o muchas) en el hogar, en los grupos de catecismo, en la escuela y en los pasillos del edificio. Pero eso es otra historia.

QUÉJASE DE LO CONTRARIO QUE EN EL ANTERIOR

Ilustración: Rafael Barajas, El Fisgón

Infeliz robacunas: ¿qué señales
de amor habrate dado ese mocoso
que intercambias de modo tan morboso
mis pantalones, ay, por sus pañales?
Adúltera: con falta de criterio
cometes infanterio, no adulterio.

Suerte que no medraste en el pasado:
Herodes pudo haberte vuelto viuda
o al Niño Dios, perversa testaruda
en su pesebre habrías fornicado
(con lo cual de pasada, y de seguro,
a Roma le jodías el futuro).

Sé que detestas el imperialismo
porque a los Niños Héroes dio muerte.
Niño perdido” es mucha mala suerte
y en “niño envuelto” ves canibalismo.
Un inocuo manual de pediatría
en tus estantes es pornografía.

Confundes con libido y con pasiones
los primarios instintos maternales;
resultado: las partes genitales
cual pila bautismal te las supones
y así, cuando consumas la conquista
de un infante, te crees Juan Bautista.

Tal vez supongas tú que estoy ardido
pero aventajo a mi rival, señora,
en biografía y más que en una hora:
a diferencia de él, yo ya he nacido
y si en duelo apostamos nuestra vida
por arma escojo el espermaticida.

Si tu amado babea
no me vengas con que es por tus encantos.
No por amor a ti le vienen llantos.
¿Sueña contigo? No: la cama mea.
Es un juego, el amor, de toma y daca
y en él te toca ahora limpiar caca.

Mas por cobrar tu amor, perversa mía,
soy capaz de comprarme una sonaja
o de hacerme soldado en la más baja
graduación del sector de infantería.
Y más aun: de ahora en adelante
mis requiebros serán da-gú de infante
y voy a referirte mis amores
usando nada más versos menores.



26.10.07

Las verrugas de Venus (I)

Los que en 1988 enfrentaban una usurpación, hoy, ante una nueva presidencia espuria, en vez de hacerle frente le dan el trasero. Cómo han cambiado los tiempos a ciertas personas, pero eso no viene al caso. En diciembre de aquel año, El Fisgón, Miguel Luna y el que postea, publicaron un humilde regalo navideño titulado Las verrugas de Venus, que pretendía ser, además, un modesto homenaje a Quevedo con motivo de nada en particular.

Uno de esos textos --el primero, en el orden del librito-- apareció el año pasado aquí y en el papel. Ya no tiene caso que se presenten en esa secuencia; además, alguna mano hay que meterles y acaso algún fragmento habrá que agregarles.

Visto a la distancia, tal vez lo que sigue resulte algo más Bataille que Quevedo. Aunque me horroriza un poquito, a lo hecho, pecho, y ya ni modo. Se titulaba "Sobre un rival en edad provecta", pero hoy es pecado de lesa corrección política burlarse de los rivales de amores por su edad avanzada, y además el nuevo título se corresponde mejor con el contenido.


QUÉJASE DE SER TRAICIONADO

CON UNO QUE PRONTO SERÁ CADÁVER



Ilustración: Rafael Barajas, El Fisgón

Entiendo que mi vida es, por contraste
con la del nuevo amor que tienes, breve:
él, siglos sobre el mundo lleva nueve;
amor buscabas, prehistoria hallaste.
Comprendo que te hartaran mis defectos
pero los vivos somos imperfectos.

El “hasta que la muerte los separe”
en ustedes es cosa consumada.
Reza, para sentirte penetrada,
que pronto el rigor mortis se la pare.
A tu sicoanalista me anticipo:
lo tuyo es necrofilia más que Edipo.

Me tienes por cobarde
pues, desplazado, no lo reto a duelo.
Es que es muy cruel matar al bisabuelo
y además, ya es muy tarde:
ya lo mató la Muerte, mentacata.
Tendría yo que usar bala de plata.

Los gusanos en él aposentados
Pueden mudarse a ti, mujer traidora,
y como prueba firme que te adora,
zopilotes tendrás por entenados.
Tú, la que se horroriza de ladillas,
vas a ser infestada de polillas.

Con él te echaste un polvo, me presumes,
y eres muy literal, pues ha concluido
su vida, y hoy en polvo convertido,
bien consumatum est, te lo consumes.
Cuidado, presuntuosa:
como el sida, la muerte es contagiosa.

Creyendo que el asunto te prestigia,
vas de luna de miel por el Estigia.

¡Habrase visto cosa más impura

que la ensalada que haces con tu amigo!
Tú con él me traicionas, y él, contigo,
le pone cuernos a su sepultura.

24.10.07

Geografías exageradas

Arriba: Timbu; abajo: Shangri-Lá


  • De Timbu a Timbuctú
  • ¿Cómo llego a la Cochinchina?

Hiperbórea es, en la mitología grecorromana, la residencia invernal de Apolo. Esas tierras en las que el sol no se oculta nunca, podrían evocar las andanzas de algún extraviado por las regiones árticas, aunque en éstas es el verano, y no el invierno, el que se caracteriza por los días larguísimos. Ha de ser difícil dormir bajo esa luz terca y constante. Si la muerte y el sueño se parecen un poco, algo en común tendrán los insomnes y los inmortales. Tal vez por eso los antiguos griegos dieron en considerar que los hiperbóreos gozaban de vida eterna, aunque esa condición no los hiciera particularmente civilizados. Contaba el borracho Sileno que fueron los primeros en ser visitados por habitantes de un continente ignoto situado al otro lado del mar y que los extranjeros se asustaron tanto por el primitivismo de los hiperbóreos que se fueron de regreso a su lugar de origen y a Hiperbórea no volvieron jamás.

Hiperbórea no existe y lo más probable es que Sileno, para pesar de los briagos, tampoco haya existido nunca, aunque algunos afirman que el filósofo Sócrates se parecía tanto a las representaciones de ese personaje mitológico que habría podido ser su reencarnación. En cambio, en su novela Horizontes perdidos (1933), el muy corpóreo James Hilton, habitante de tumba conocida, se basó en el pequeño reino budista de Bután, situado en la cordillera del Himalaya entre India y China, para situar allí la mítica Sambhala de las tradiciones hinduístas. Muy exagerada por la fantasía de Hilton, la capital butanesa, Timbu, se convirtió en Shangri-La, donde el tiempo se detiene entre la paz y la frescura. En Bután no existen semáforos, está prohibido fumar cualquier sustancia, incluido el tabaco, su ciudad principal no llega a los 75 mil habitantes y de ello se infiere que en esa nación el estrés debe ser más bien escaso. El nombre de Shangri-La se ha popularizado tanto que hoy miles de balnearios tercermundistas de medio pelo se llaman de ese modo.


Sileno y Sócrates


Por ahora dejaré fuera de esta geografía exagerada a La Atlántida, a Macondo y a Comala; omitiré El Dorado, Cibola, Quivira, nombres de ciudades inexistentes en cuya búsqueda perecieron, ahogados o flechados por indios, innumerables exploradores. El más embustero de ellos fue un fray Marcos de Niza, quien fue a contarle al virrey Antonio de Mendoza que en el territorio de Nuevo México había descubierto una ciudad más grande que Tenochtitlan, en la que la gente comía en vajillas de oro y decoraba sus casas con turquesas, perlas gigantes y esmeraldas.

En cambio, cuando a uno lo mandan a la Cochinchina, en realidad lo están enviando a una región vietnamita que se ubica entre Camboya, el mar de China y el golfo de Tailandia. En ella se ubican el célebre delta del Mekong y Ciudad Ho Chi Minh, antes Saigón (púdrete, Nixon), y fue bautizada Cochinchine por los franceses en 1787. Su población más antigua es de origen malayo-polinesio, fue habitada por hindúes, se la disputaron khmers y vietnamitas, fue gobernada por chinos y en 1858, tras el asesinato de unos misioneros europeos, España y Francia organizaron una expedición de castigo que culminó con la ocupación, por parte de las fuerzas francesas, de las ciudades de Saigón y Da Nang.

Timbuctú es otro de los sitios que, de tan lejanos, se vuelven casi imaginarios en el habla española aunque, pensándolo bien, no está tan lejos: queda en las costas occidentales de África, en Malí concretamente, aguas arriba del Níger con respecto a la capital del país, Bamako. Entre otros contrastados fragmentos sobre esa ciudad prohibida, Laetitia recoge este viejo proverbio malinés: “El oro viene del sur; la sal, del norte, y el dinero, del país del hombre blanco; pero los cuentos maravillosos y la palabra de Dios sólo se encuentran en Timbuctú”. Las construcciones viejas de la ciudad son de madera y pisón, que es lodo cimbrado con argamasa, y durante siglos estuvieron prohibidas a la vista de los no mahometanos. A los primeros europeos que conocieron la urbe no les fue nada bien: el explorador escocés Alexander Gordon Laing, llego a la ciudad en 1826, fue expulsado de ella y murió asesinado en el desierto próximo. Luego el marinero francés Paul Jubert sobrevivió a un naufragio en las costas de Senegal, fue hecho prisionero, conducido a Timbuctú y vendido allí en calidad de esclavo; falleció un tiempo después en Marruecos.

El lugar era la puerta de entrada al Sahara y allí, en el aire seco, los camelleros tuaregs, fundadores de la ciudad en tiempos de la dinastía Mandinga, se reunían para organizar las caravanas. La ciudad data del siglo X de esta era y alcanzó su máximo esplendor entre el XIV y el XV, cuando llegó a contar con cien mil habitantes de todas las procedencias: beréberes, árabes, bambas, mauritanos y tuaregs, organizada cada etnia en un barrio propio. Lo más célebre de Timbuctú es la Mezquita Sankore, posteriormente convertida en universidad islámica. Recientemente Paul Auster dio el nombre de la ciudad a una novela que narra, vista con los ojos de un perro (Mister Bones), la agonía del vagabundo Willy G. Christmas, quien se prepara a partir a un Paraíso que se llama igual que la vieja población tuareg, la cual fue declarada por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad (1988).


Muchedumbres en Katmandú

Otra ciudad que evoca aventuras espirituales o carnales es Katmandú, la abrumada capital nepalesa| de quien el viajero Enric Cardona dice que “provoca odio o amor a primera vista; caótica por sí misma, es imposible controlarla con el mapa, la brújula o la guía; las calles carecen de nombres y en ellas se despliegan una infinidad de casas newaris de ladrillo rojo y ventanas finamente talladas en madera”. Coincide con él Natalia Benosilio, quien cuenta así su experiencia: “La llegada a Katmandú fue caótica como lo es toda esta fascinante ciudad asiática. Al atravesar el portal de salida del aeropuerto, una lluvia de ansiosos, bulliciosos e insistentes nepaleses, nos atacaron ofreciéndonos toda clase de servicios, desde hoteles, transportes, etc. Primero, nos pareció graciosa la situación (...) luego, nuestras caras se fueron transformando y la ira comenzó a invadirnos, ya que estas personas parecían no comprender la palabra ‘no’. Finalmente, intervino la policía y con métodos poco didácticos, como son los macanazos, logró alejarlos de nosotros”. Cardona dice: “Parece como si aquí no hubiera pasado el tiempo y la gente siguiera viviendo al estilo de la Edad Media”. Se equivoca, porque según el doctor Joshi, director del Centro de Investigación de Zoonosis e Higiene de Alimentos de Nepal, “hay un alto grado de contaminación del agua en los cinco ríos del valle de Katmandú y también del aire, a causa de los vehículos automotores y las industrias”. Algo de esa contaminación se le deberá al auge turístico de la ciudad, detonado por los orientalismos hippies de los años sesenta del siglo pasado.

Algo extraño ha de pasar con las toponimias agudas terminadas en u: acabemos el periplo en Xanadú, extinta capital veraniega del imperio de Kublai Kan, descrita por Marco Polo y convertida en sinónimo de localidad opulenta gracias, en buena medida, al poema en el que S. T. Coleridge (me quedo mil veces con Wordsworth) habla de cúpulas señeras, millas y millas de tierras feraces, abundosos árboles de incienso y no sé qué más. Esa imagen fastuosa fue reforzada por Orson Welles, quien bautizó Xanadú el palacio del Ciudadano Kane, y por Lee Falk y Phil Davis, autores del comic Mandrake el Mago, quien se suponía originario de esa ciudad difunta.

Dejo a Timbuctú en grado de me gustaría, aunque no iré nunca a Timbu ni a Katmandú ni a la Cochinchina. Encuentro que dentro de las paredes de una habitación es dable realizar viajes portentosos y que se puede vivir las más emocionantes aventuras en un corazón próximo. Pero allá cada quien.


Timbuctú: vida cotidiana

23.10.07

Beck y otras cosas

El locutor

Glenn Beck no necesita de mayores presentaciones. Este cristiano renacido se manifiesta a favor de la tortura moderada, cree necesario incrementar el número de tropas de su país en Irak, considera que el calentamiento global es un embuste digno de Goebbels y piensa que la Casa Blanca es blandengue en la persecución de mexicanos indocumentados. Beck es un típico producto del dolor y el resentimiento: hijo y hermano de suicidas (su madre se quitó la vida cuando él tenía 13 años), con un pasado rebosante de alcohol y drogas, y padre de una adolescente con severas discapacidades, se entiende que haya terminado refugiándose, como el propio George W., en un patrioterismo racista y de gatillo fácil y en un integrismo cristiano que le otorga un servicio de banda ancha para comunicarse con el Señor. Lo más alarmante no es que existan mentalidades como la de Glenn, sino que su programa radial sea transmitido por 267 estaciones y ocupe el tercer sitio en las preferencias de la audiencia, y que al locutor se le defina con el suave eufemismo de “neoconservador”. La ultraderecha republicana ha causado estragos en la conciencia estadunidense.

De los asuntos situados al sur del Río Bravo: Beck suele decir al aire que la canción Tequila (The Champs, 1958) es el verdadero himno nacional de México, se regocija con chistes sobre una refinería que produce “mexanol”, un combustible fabricado con cuerpos de trabajadores migrantes, y se toma el trabajo de explicarle a Felipe Calderón, mapa en mano, que Estados Unidos y México son dos países distintos y que el panista no tiene, en consecuencia, ningún derecho para reclamarle nada a la nación vecina por los maltratos que sufren los extranjeros ilegales en territorio estadunidense. De esto último no hay por qué escandalizarse: es sólo un canalla mediático que se insolenta ante un gobernante impuesto y débil que de cuando en cuando, y para cubrir algunas apariencias, emite reclamos carentes de credibilidad y de autoridad moral a sus socios estadunidenses, quienes, por lo demás, no lo toman muy en serio que digamos.

En un artículo reciente publicado por la revista Sinpermiso, George Lakoff y Sam Ferguson proponen abordar el flujo migratorio de México hacia Estados Unidos como un asunto salarial, como un problema de derechos civiles y como una crisis humanitaria. “Los inmigrantes indocumentados permiten a los empleadores pagar bajos salarios, lo que a su vez permite la oferta de bienes de consumo baratos que encontramos en WalMart y McDonalds; son parte del movimiento hacia el estilo de vida barato, donde los empleadores y consumidores pueden ahorrarse dólares fácilmente, a pesar del costo humano”. Adicionalmente, “los millones de personas que viven aquí y que han entrado ilegalmente son estadunidenses a todos los efectos; trabajan aquí; pagan impuestos aquí; sus hijos van aquí a la escuela; la mayoría de ellos está asimilada dentro del sistema estadunidense, pero son forzados a vivir en las sombras y en la clandestinidad por su estatus legal. Se les niegan derechos civiles básicos.”

Y lo más esclarecedor: “Tal vez el problema puede ser mejor entendido como una crisis humanitaria. ¿Pueden las migraciones y desplazamientos masivos de personas desde sus hogares, a una tasa de 800 mil personas al año, ser considerada como otra cosa? Una cantidad desconocida de personas han muerto atravesando las condiciones extremas del desierto de Arizona y Nuevo México; los pueblos han sido despoblados y se han perdido formas de vida tradicionales en las zonas rurales de México; muchos padres se sienten forzados a dejar a sus familias en su intento por mantener a sus hijos. Como una crisis humanitaria, la solución debe incluir a la ONU o la OEA.”

Para terminar: hace ya una década, don Fernando Lázaro Carreter tronó, y con razón, contra el desafortunado oxímoron crisis o catástrofe “humanitaria”, que se puso de moda con la desastrosa situación que imperaba por esos años en Ruanda, y acusó a los “atropellados comunicadores mal avenidos con el idioma español” de “ignorar cuadrupedalmente que lo humanitario es lo que ‘mira o se refiere al bien del género humano’, y más esencialmente, lo que se siente o se hace por humanidad”. El extinto académico dijo entonces que lo que tenía lugar en el país africano era “una catástrofe humana. Pero la tentación de alargar los vocablos, distorsionando su significado, atrae a los malhablados como a las moscas un flan”.


El filólogo

22.10.07

El Capitán, en mi barrio



Carlos Payán:
Periodismo y sociedad


Conferencia del director fundador de La Jornada

Miércoles 24 de octubre, 7 de la tarde,
en el local del Campo Xóchitl
(ex módulo de RTP, sobre Corregidora)
Círculo de Estudios Por la Restauración de la República


20.10.07

La muerte de Shakespeare

A diferencia de la narración de unos posts más abajo, ésta no es cómica, sino trágica o, si así les parece, tragicómica. Hace unos años Payán leyó el manuscrito y me dio un par de ideas que me permitieron mejorarlo mucho. Luego Héctor Díaz-Polanco lo publicó en la revista Memoria y de allí lo tomo prestado.
Para casi toda la gente la mención del escritor inglés evoca verdades profundas del alma humana, intrigas sórdidas en la corte y urdimbres de amor sin salida. A mí me recuerda más bien un punto breve y trágico en el que se cruzaron la guerra fría, el totalitarismo, la fauna tropical guatemalteca y la insensatez humana. Disculpen la irreverencia; es que conocí a Shakespeare en vivo mucho antes de leer una obra de Shakespeare, y por eso el nombre no me trae a la mente al cisne de Avon sino al perico de mi papá. Era un ejemplar soberbio de los habladores de cabeza amarilla y lengua negra, vivía en una estaca, la estaca estaba clavada a un pilar del corredor, un largo corredor de plafones de madera machihembrada que empezaba en el zaguán, pasaba por tres patios interiores y recorría todo el largo de la casa, hasta llegar al huerto y al gallinero; la casa estaba en el centro de la ciudad, la ciudad era la capital de Guatemala y Guatemala era un país ínfimo –lo sigue siendo— en el que se enfrentaban una dictadura militar cruel y estúpida y una guerrilla de adolescentes. Mi padre simpatizaba con la segunda.

Estaba fresca la Revolución Cubana, la experiencia parecía repetible y la iconografía rebelde fascinaba a los intelectuales jóvenes de Centroamérica. Pero no se podía jugar con la ceguera represiva del gobierno: la posesión de un libro de Marx, una cita verbal de Lenin o una foto de Mao podían terminar en un arresto, en una sesión de tortura, en una desaparición forzada y/o en una ejecución extrajudicial. Y como en aquella atmósfera de desconfianza no se podía hablar con nadie ni se podía dar, sin correr graves riesgos, rienda suelta a las pasiones revolucionarias, mi padre dio en platicarle a Shakespeare sus sueños socialistas . Y no sólo eso: también le enseñó los acordes del himno cubano y las primeras estrofas de La Internacional. Shakespeare, como buen hablador de cabeza amarilla, aprendió rápido toda aquella retórica subversiva. De su pico robusto empezaron a brotar, con aire de jingle de comercial, “un fantasma recorre Europa”, “arriba, pobres de la Tierra”, “adelante, cubanos” y otras frases entonces memorables. Cuarenta años después, o tempora, o mores, muchos ambientalistas habrían considerado políticamente incorrecta, si no es que delictiva, la manipulación ideológica de individuos pertenecientes a especies en extinción. Pero en aquellos tiempos todo era más simple y la ética social de mi padre y sus amigos se reducía a unos cuantos puntos: ayudar al prójimo, ver que los endecasílabos estuvieran bien hechos, hacer la Revolución y hacer travesuras, siempre que el último de esos preceptos no contradijera demasiado a los anteriores.

El problema era que la transformación social no iba a lograrse recitando el Manifiesto Comunista y entonando cantos de lucha, sino a balazos, y resultó inevitable que los muchachos de la insurgencia empezaran a pedirnos pequeños favores. Más temprano que tarde, el hueco formado por la madera del plafón y la teja de dos aguas de mi casa se convirtió en una espléndida bodega clandestina de armas.

En su afán por aniquilar la estructura de los rebeldes en la ciudad, las patrullas del Ejército se ayudaban con delaciones, pero también daban palos de ciego: no era infrecuente que realizaran capturas callejeras al azar o que allanaran residencias seleccionadas con el método científico de Tin Marín; el exigirles que mostraran una orden judicial habría sido, en aquellas circunstancias, tan atinado como sugerirles que se pusieran desodorante.

Cuando aparecieron por nuestro barrio no fue seguramente consecuencia de un chivatazo, y menos de una investigación. Como quiera que haya sido, una mañana la cuadra de la casa amaneció bloqueada por dos transportes militares. El rumor de espanto procedente de la calle pasó del zaguán a la sala, de la sala al jardín de enfrente, de allí al comedor, luego a la cocina y al patio de lavado, y acabó rebotando en las macetas del huerto de mi abuela: “están cateando”. Florecieron entre mis padres, mis abuelos, mi nana y un tío que andaba de paso (ahora que lo pienso, es posible que aquel hombre, cuya pista se me perdió unos meses después del episodio, ni siquiera fuera pariente nuestro sino un militante clandestino refugiado en la casa), cálculos frenéticos y cuchicheos reconfortantes: tal vez los soldados no se fijaran en nuestra residencia, y en caso contrario las armas estaban muy bien escondidas, no había problema, sólo era cosa de aguantar los nervios y poner nuestras mejores caras de tontos mientras los uniformados revolvían un poco nuestras pertenencias. Pero cuando los ánimos empezaban a calmarse, a mi padre se le torció la cara y se puso pálido. “Shakespeare”, musitó. Los adultos se voltearon a ver unos a otros con gestos demudados y yo alcancé a entender que estábamos en problemas. Tras unos segundos de un silencio en el que casi podía escucharse el zumbido de las neuronas trabajando a todo vapor, mi abuelo levantó los hombros y se dirigió a mi nana con voz de entierro: “Llévate al perico a la parte de atrás y haz de cuenta que es una gallina”.

Ella apretó los labios, fijó la vista en el piso y asintió con la cabeza. De inmediato, aquella orden críptica me desencadenó la imagen de la tragedia. Mi nana era la encargada, cuando se requería, de matar a las aves de corral y el sacrificio se realizaba siempre en el huerto trasero. El sentido de la frase de mi abuelo me resultaba evidente, por más que en ese momento no comprendiera la relación entre el inminente cateo y la necesidad de ajusticiar a Shakespeare. De cualquier forma, la gravedad en las caras de los adultos no daba margen para inconformarse ante aquella sentencia de muerte.

En otras circunstancias, los miembros de mi familia se habrían preocupado por apartarme de la ejecución, pero en aquellos momentos no había tiempo para prevenir traumas infantiles y nadie se ocupó de mí. Acompañé en silencio a mi nana cuando se subió en una silla para alcanzar al loro, que nos veía desde su estaca sin entender nada, la seguí por el corredor y cuando llegamos al huerto me quedé unos pasos atrás de ella. La mujer acarició al perico y esperó unos momentos el milagro de que los soldados pasaran de largo por la puerta de nuestra casa, pero no tardaron en escucharse los golpes impacientes en la aldaba del portón. Mi nana tomó al loro por las alas con una mano, le puso la otra alrededor del pescuezo e hizo un movimiento rápido como si exprimiera un trapeador. Oí un “crac” casi imperceptible y luego, una voz rasposa que gritaba en la entrada de la casa: ¡Ésta es una operación de cateo, señores! ¡Concéntrense en el patio!

La inspección duró unos cuarenta minutos, y en ese lapso los rasos en tropel rompieron las macetas de mi abuela, destriparon los muebles de la sala y los colchones de los dormitorios, hurgaron un poco en las ollas de la cocina y golpearon las paredes con las culatas de sus rifles en busca de oquedades secretas. A ninguno de ellos se le ocurrió despanzurrar el plafón de madera machihembrada del corredor ni pedirle documentos de identidad a mi presunto tío. Tampoco repararon en el cadáver aún tibio de un hablador de cabeza amarilla que yacía, con la lengua afuera del pico, en un rincón del huerto. Al final de la diligencia el sargento que los comandaba cambió el tono de voz y le pidió a mi nana, en forma querendona y comedida, algo de beber para sus hombres, a quienes se les desató la sed con tanto polvo que levantaron. La mujer, sin poder aguantarse el llanto, les sirvió unos vasos de agua. El militar llamó aparte a mi padre para preguntarle el motivo de las lágrimas.

“No es nada –dijo mi progenitor, marinado en culpas—. Es que se nos acaba de morir un animalito que queríamos mucho”.

Los uniformados partieron en busca de nuevos sillones que despanzurrar y de candidatos más meritorios que nosotros para la desparición, el tormento y el rellenado de fosas clandestinas. Cuando se cerró la puerta a las espaldas del último soldado, los miembros de la familia nos congregamos en silencio en torno al cadáver de Shakespeare. Mi abuelo lo tomó en el hueco de sus manos y lo fue pasando, lentamente, frente a cada uno de nosotros. Mi padre se retiró en dirección a la cocina, volvió unos instantes después, empuñando un cucharón de servir sopa, se arrodilló en la tierra húmeda del huerto y empezó a cavar con el instrumento una pequeña tumba ovalada. A los demás se nos escurrieron de los ojos unos lagrimones espesos, lentos y siempre silenciosos. Mi abuelo depositó el pequeño bulto de plumas verdes y amarillas en su última morada y mi padre se puso a echarle encima cucharadas despaciosas de tierra fresca. No tuvimos que ponernos de acuerdo para murmurar, todos a un mismo ritmo fúnebre, los acordes de La Internacional.



Posdata: otros loricidios

19.10.07

Bienvenida

Cristóbal

No suelo practicar arqueologías de mí mismo. La que sigue no lo es tanto, espero, y prometo que es una de las pocas que se leerán en este blog:

Breton nunca me cayó muy bien que digamos pero casi desde que salí de la infancia me gustó su divisa: “Trasformar el mundo, dijo Marx; cambiar la vida, dijo Rimbaud, y estas dos concepciones para nosotros son una sola”. Tras una historia escolar turbulenta me vi colocado, en el bachillerato, en un colegio excelente, pero poblado por niños ricos y mayoritariamente pendejos. Poco a poco fui hallando correspondencias y afinidades en principio ocultas en aquella masa y logré individualizar a Roberto, a Javier, a Jeanine, a Sophie, a Emilio, a Gail, a Ludmila, a Cristóbal y a un cuate muy ilustrado de quien no recuerdo el nombre, pero sí que vivía por el rumbo de Plateros, era vegetariano y tenía un Renault 10. Ellos me salvaron de la soledad total: de una u otra manera, y con distintas intensidades, compartíamos la cláusula de Breton. Creo que, de no haber sido por esas presencias, mi paso por ese antro educativo habría sido algo muy semejante a la vida de Simeón el Estilita.

Ya iré hablando de cada uno de ellos. Ahora Cristóbal, desde Santiago de Chile, ha tenido a bien o a mal exhumar un texto mío de aquella época, un texto inevitablemente horrible pero que refleja, mal que bien, la fuerza con la que ese Toro del Sur se impactó en mí (dejemos que los otros cuenten sus experiencias respectivas) y me proyectó al mundo. No era necesariamente que supiera más que yo, o que nosotros, sino que se relacionaba con sus saberes de una forma distinta, con el hemisferio derecho agudísimo y tierno, por más que en el círculo de estudios se empeñara en defender ortodoxias y que fuera un alumno mucho más sistemático que yo, que era un desastre. Él podía convertir un piano en una sábana de seda para la ninfa, en una cobija para el mendigo, en una batería antiaérea para el combate. Iba con fluidez de la poesía a la música, de la música al marxismo y de allí a la locura amorosa característica de la edad. Sintonizaba con rapidez el metalenguaje de cada uno, transmitía en doce frecuencias distintas de manera simultánea y ejercía, de esa manera, un liderazgo entrañable que era la suma de sus afectos bilaterales. Se desenvolvía como un príncipe en sociedad, husmeaba con familiaridad de hermano en los frijoles de la cocina, tenía historias de distintos calibres listas para contar a fin de seducir a cualquier enemigo y usaba metáforas esplendentes para referirse, dignificándolas, a las cosas cotidianas.

Cuando el bachillerato terminó y se inició la diáspora por el mundo, aceptamos con resignación dos nociones contradictorias: que la hermandad era para siempre y que existía la posibilidad concreta de que no nos volviéramos a ver nunca.

La vida fluye. En algunos periodos, en efecto, no nos hemos vuelto a ver nunca, pero en otros hemos estado respirando muy cerca el uno del otro, y en todos ellos lo he sabido hermano porque compartimos el sentido de la paradoja, la facilidad para el asombro, el gatillo fácil para reírnos de cosas estúpidas y la complicidad a la hora de evocar nuestras andanzas, nuestros amores, nuetras paternidades, nuestras maneras de ganarnos el pan y el techo. Seguimos siendo, en lo fundamental, los mismos.

En aquella época me dejó la vida llena de sonidos y luego me amplió la colección en envíos ulteriores. Ahora viene a México. Hace más de 30 años, él mismo interpretó los fundamentos de su bienvenida y algo de eso se ha conservado de manera milagrosa en el interior de unos cassettes rotos y manchados. Desde el fondo de los tiempos, Cristóbal:

17.10.07

De pelos

  • Epocas greñudas y épocas afeitadas
  • El acomoclitismo está de moda

Con: Sueño de la mujer del pescador (circa 1820)
Katsushika Hokusai

Tuve la primera noticia de un afeitado de esos que ahora están de moda cuando una amiga me confió un episodio lamentable: tras un encuentro sexual inesperado con un desconocido, sintió el aleteo de las mariposas en el estómago y, dos días después, y un poco más abajo, el movimiento de las ladillas. Era una de las típicas travesuras infantiles de Cupido, y hasta da nostalgia recordarlas ahora que el flechador creció y se volvió un adulto aficionado a los deportes de alto riesgo. Hoy en día es muy recomendable enfundarse en un traje de buzo antes de sumergirse en busca del tesoro; esa precaución elemental te puede salvar la vida, pero de todos modos no te protegerá del contagio de Phthirus pubis. A la pobre le recomendaron que se rasurara, que se aplicara generosas raciones de hexacloruro de benceno y que desinfectara escrupulosamente su ropa, sus sábanas y sus toallas. Lo que más le dolió fue la primera parte del tratamiento: “Imagínate –me dijo—, va a parecer que estoy en la Primaria o que tengo una anomalía genética”. Esa preocupación por el qué dirán me hizo ver que estaba dispuesta a perseverar en las relaciones sexuales de circunstancia, cosa muy respetable ya en aquellos tiempos, y le aconsejé que se comprara de una vez una buena dotación de hexacloruro. No sé qué fue de ella y de sus aventuras, pero ahora que la eliminación parcial o total se ha puesto de moda, no tendría porqué sentirse incómoda al exhibir un pubis mondo.


¿Sin?: La naissance de Vénus (1879)
Adolphe Bouguereau

Si nos atenemos a datos del Antiguo Egipto y al arte europeo del renacimiento al XIX (había que ser el David o La Maja Desnuda para exhibir unos cuantos pelos), el afeitado y la depilación (de la pelvis y de las otras áreas anatómicas) datan de la Edad de Piedra, cuando especímenes humanos de ambos sexos se hacían toda clase de atrocidades con fuego, piedra pómez o cal viva para hacer desaparecer las excrecencias pilosas del cuerpo. En Dinamarca aparecieron cuchillas de afeitar que datan de mil 500 años antes de Cristo; Alejandro Magno vivía obsesionado por eliminar los pelos de la cara (se dice que para evitar que el enemigo cogiera a sus soldados de las barbas) mas no los del pubis, según indica un relieve grabado en su tumba; desde antes de la era imperial, las mujeres romanas se rapaban la cabeza, se arrancaban las cejas y usaban cremas depiladoras a base de plantas venenosas; sus contemporáneas indias se depilaban las piernas y sus compañeros (o no tanto) se recortaban barba, pubis y pelo del pecho; hacia el año 300 a. de C. se abrieron en Roma las primeras barberías, y la Ciudad Eterna osciló entre épocas pelonas (la de Julio César, por ejemplo) y tiempos hirsutos (verbigracia, los de Adriano). Entre los siglos VI y XI de esta era, las mujeres de la Cristiandad tenían la obligación de afeitarse diariamente toda la superficie corporal, a fin de estar siempre listas para el momento de la muerte. Qué curioso: aunque la iconografía dibujaba al Señor con luengas barbas, la moral de la época no consideraba conveniente que se presentase ante Él un alma peluda.


Con: David (1504)
Miguel Angel

Según lo que investigué, el vello en axilas, pubis y otras partes del cuerpo no necesariamente es un vestigio de nuestros antepasados hirsutos; los humanos no lo somos menos que los monos, pues tenemos un número equivalente de folículos pilosos; si parecemos más pelones que ellos es porque las excrecencias de tales folículos son, en nuestro caso, mucho más finas y delgadas. La razón de Natura para rodear de pelo nuestras partes pudendas sería, en principio, reproductiva: la idea, si entendí bien, es que los vellos se impregnen con secreciones ricas en feromonas para así atraer mejor a ejemplares del sexo opuesto; si nos atuviéramos a esa lógica estrictamente natural, habría que concluir que las modas calvas corresponden a periodos históricos de baja libido y que las tendencias de capilaridad abundante reflejan, o propician, tiempos cachondos. Eso podría tener sentido si se compara a los melenudos hippies cogelones con los afeitados yuppies más bien pacatos, pero tal vez estemos llevando demasiado lejos una hipótesis meramente biológica. En todo caso, la dominancia pornográfica actual, con sus superhéroes (ínas) sexuales más pelones que una larva, diría que ambas cosas no necesariamente están relacionadas.


¿Con o sin?: Nascita di Venere (circa 1484)
Sandro Botticelli



El mundo es plural, aunque aún no haya aprendido a ser tolerante. En las sociedades islámicas permanece la tradición de quitarse los pelos de la pelvis, contrario a lo que ocurre en Japón, donde son vistos como algo muy atractivo, hasta el punto de que algunas japonesas no sólo no se los quitan, sino que se los agregan mediante artificios diversos. (A propósito, un nipón medio chiflado asegura que la forma del vello púbico determina la personalidad sexual de las mujeres.) A mediados del siglo pasado, en Estados Unidos, las fotos con vello púbico eran ilegales. En los años sesenta y setenta el feminismo denunció la depilación y el rasurado como una concesión a patrones de belleza impuestos por los hombres, hizo de la integridad capilar femenina una bandera velluda y las manifestaciones se llenaron de sobacos poblados, exhibidos con orgullo por sus propietarias al momento de levantar el puño cerrrado.


Sin: La naissance de Vénus (1863)
Alexandre Cabanel

No sé si Karl (se) depilaba o no, pero éste es un buen momento para evocarlo. Un fantasma recorre Europa: el fantasma del acomoclitismo, que es la atracción por los genitales trasquilados. Será porque la industria de productos personales necesita abrir nuevos mercados, porque la Historia es pendular o porque las prendas interiores vienen cada vez más reducidas y las exteriores, cada día más rebajadas. Esto se ve en la publicidad, en la tele y en la calle: la censura, que hasta hace unas décadas poseía vastas extensiones del cuerpo humano, se ha reducido a tres pequeñas superficies insulares: dos pezones (sólo si son femeninos: los de hombre no son tabú) y un área genital (el ano casi siempre se guarece y esconde, él solito, entre las nalgas), y para considerar aceptable la parte inferior de un bikini basta con que tape labios mayores y perineo; eso sí: sin pelos a la vista.

Una encuesta citada por Wikipedia dice que en 2005 el 11 por ciento de las mujeres occidentales se tusaban toda o casi toda la cabellera baja; a la mayoría de ellas les gustaría que los hombres se quitaran algo de vellosidad corporal, y es posible que la proporción vaya en aumento. Como no tengo cifras recientes ni la audacia para ir por ahí de encuestador preguntón, realicé un conteo empírico en las instantáneas de Spencer Tunick disponibles en la red y hallé que, en las fotografías tomadas en Estados Unidos y países europeos, 3.7 de cada diez mujeres optaron por la tijera, el láser, la cera, las pinzas o la crema depiladora, o bien por una combinación de varios métodos. El retiro parcial puede adoptar varias modalidades como barbeado, marcado del contorno, ingles brasileñas y formas varias, que si se combinan con los patrones naturales de crecimiento del pelo en el bajo vientre (horizontal, sagital, acuminado y disperso) dan lugar a variaciones innumerables, y existen numerosos instructivos para realizarlas. Le dimos vuelta a la lógica: ahora llega a considerarse correcto enseñar el sexo, siempre y cuando sus alrededores estén bien rasurados.

Las sociedades modernas se han dividido en bandos anti y pro pelos, y la industria hace de las suyas ofreciendo métodos de depilación y corte, pero también tintes para la vegetación del monte de Venus (los hay incluso en rosa solferino) y desfiles de modas con peinados púbicos. El bloguero Darren Barefoot pronostica que hacia 2010 se tolerará la exhibición de pelvis greñudas en lugares públicos. La Historia es pendular, y tal vez no ande muy errado.

¡Con!: L'origine du monde (1866)
Gustave Courbet



Foros de discusión sobre vello púbico:

http://foro.enfemenino.com/forum/pareja2/__f21630_pareja2-Prefieren-con-pelos-o-calvita.html

http://foros.revistaglamour.com/viewtopic.php?t=8946&postdays=0&postorder=asc&highlight=emla&start=0

http://www.angelfire.com/ma2/soloyo/vello01.html

http://soloyo.webcindario.com/velloindex.php

http://elmarinovio.blogspot.com/2005/12/mujeres-peludas.html

http://foro.enfemenino.com/forum/pareja3/__f3470_pareja3-Rasurar-vello-pubico.html

http://foro.enfemenino.com/forum/beaute1/__f13597_beaute1-Depilacion-vello-pubico.html

http://www.agregax.es/etiquetas/?o=f&q=vello

My favorite things


Un regalito para los Coltranes y para álguienes más:



15.10.07

Nuestro caníbal

José Luis Calva Zepeda, presunto asesino antropófago


Puede ser únicamente un episodio aislado de la nota roja: el señor que mata a sus novias, destaza los cadáveres y se los come. La colonia Guerrero del Distrito Federal se hermana con Milwaukee y con Rostov. ¿Qué motiva a individuos como Jeffrey Dahmer, Andrei Chikatilo o los hermanos Otis y Henry Lee Lucas Toole, al homicidio con propósito de ingesta? De seguro no es el hambre. Dicen los enterados que los mueve un desbordado afán de poder y control, de apropiación última de la víctima. Sus acciones conjuntan tres prácticas abominables: el asesinato, la profanación del cadáver y la deglución de carne humana, que es tabú hasta cuando se realiza por supervivencia. De ser cierta la narración policiaca, el caso del presunto serial de la Guerrero se agravaría por la forma más extrema del engaño y la traición amorosa.

Esta historia no le funciona a nadie como espejo. En lo individual, no hay forma de reconocerse en acciones tan desalmadas y odiosas como seducir con engaños a una joven madre soltera, despojarla de su dinero, matarla, descuartizarla y devorarle pedazos. Pero tal vez la simbología no le sea tan ajena a la actual circunstancia nacional. Si se empieza por la contundente misoginia criminal del caso, el país no está muy lejos de parecerse al posible caníbal. Padecemos una epidemia –tres lustros ya— de feminicidios que no sólo se limitan a Ciudad Juárez y que tienen, entre sus víctimas mayoritarias, a jóvenes asalariadas y casi siempre desprotegidas; un índice vergonzoso de agresiones sexuales que tiene a las mujeres como blancos principales, que va desde el hostigamiento verbal o manual en las calles hasta la violación agravada, y que está presente en hogares, escuelas, oficinas, cuarteles, iglesias y seminarios, y una violencia de género estructural y omnipresente.

Por lo demás, la antropofagia literal viene a representar de manera precisa a una economía que fundamenta sus menguados atributos de productividad, rentabilidad y competitividad en la sobreexplotación inmisericorde de la carne humana: salarios de hambre, seguridad laboral inexistente o casi, servicios ínfimos de salud, educación y transporte. Ahí esta el caso reciente, y no es el único, de Pasta de Conchos, en donde una de las bocas de una empresa voraz se tragó de un golpe a 65 trabajadores. En las grandes plantaciones del noroeste las condiciones de semiesclavitud de los jornaleros agrícolas sirve de abono a los tomates que nos comemos y a los que exportamos, y la economía vomita a la población que de plano le sobra hacia el otro lado del Río Bravo.

Metáfora de la metáfora, el grupo burocrático y empresarial que gobierna canibaliza desde hace mucho los bienes nacionales; se tragó los ferrocarriles y ahora se brinda un banquete –buen provecho, secretario Carstens— con lo que queda de Pemex, con la CFE, con Aeroméxico. Los ayer candidatos y hoy funcionarios se encaraman al poder por medio de promesas amorosas al electorado (¿seguridad? ¿presidente del empleo?) no mucho menos falsas que las que pudo haber formulado a sus novias el presunto asesino de la Guerrero, y las instituciones cifran su subsistencia en la masticación de su propia credibilidad y de su propio prestigio: el IFE y el tribunal electoral no sobreviven si les arrancan otros filetes tan sustanciosos como los que perdieron en 2006.

No hay que apresurarse tanto en la abominación. Tal vez el posible caníbal de la colonia Guerrero represente el estado que guarda la República con una fidelidad mayor a la que estamos dispuestos a reconocer.



13.10.07

Bécquer, pornógrafo

Isabel II de Borbón, tocaya de la ex suegra de Lady Di, reina de España de 1933 a 1868 y tatarabuela en línea directa del actual Juan Carlos del mismo apellido, se dirige a su amante, Carlos Marfiori, en el pie de ilustración, con estas palabras:

“¡Carlos, Carlos, yo lo espero
de tu hidalgo corazón

mételo sin dilación

que ya por joder me muero!”
Retrato oficial

La redondilla es de Gustavo Adolfo Domínguez Bastida, mejor conocido como Gustavo Adolfo Bécquer, y la imagen, consistente con lo citado, de su hermano, Valeriano Domínguez Bécquer. El conjunto corresponde a un libelo titulado Los Borbones en pelota, una recopilación de acuarelas y textos que data de mediados del siglo antepasado y que no fue publicada sino hasta 1991. Por las páginas del pasquín transitan personajes célebres de la corte madrileña en tiempos de Isabel II, como el padre Claret, confesor de la soberana, el primer ministro Luis González Bravo, la ultraderechista María de Jesús de Ágreda, conocida como La monja de las llagas, y el multicornudo Francisco de Asís de Borbón, primo y consorte de la reina, y de quien ésta se quejaba en público:

“¿Qué pensarían de un hombre que la noche de bodas tenía sobre su cuerpo más encajes que yo?”


Con Marfiori

En el documento aparecen, además de onanismo, sodomía y varias combinaciones de sexo oral, una pareja de perros copuladores y un burro con el que la señora Borbón lleva a cabo un ensamble zoófilo tan explícito como inverosímil, al pie del cual Bécquer anota:

“Por probar de todo...
de tirarse a un pollino encontró el modo.”

Qué vasta es mi ignorancia. Un amigo muy querido (no digo su nombre porque me pidió que lo mantuviera al margen) me rebotó la colección en presentación de Power Point, fui a googlearlo a la red y me encontré con que es una obra bastante célebre, que ha logrado ya tres ediciones (una de ellas, en catalán), por más que resulte prácticamente imposible hacerse con un ejemplar.

Al lado de estas láminas, la portada de la revista Jueves que fue sometida a proceso judicial es una imagen de Walt Disney. No emito juicio alguno sobre la señora Borbón ni sobre los personajes de su entorno real, incluido el burro. Pero comparto con ustedes, y perdón si llego tarde, mi doble regocijo: el de paladear una obra libertina que desconocía y el de descubrir que Bécquer, además de ser un pornógrafo involuntario, lo era también a conciencia.


Todos a una

12.10.07

Mejor no


En las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial, un joven en uniforme nazi se disponía a asesinar de manera rutinaria a un polaco. Entonces bajó del Cielo un ángel y le dijo al oído al matarife:

—No lo hagas.
—¿Por qué no? —respondió el nazi—. Es sólo un polaco.
—Ese hombre está destinado a ser Papa —le explicó la aparición.
—¿Y eso a mí qué? —se impacientó el joven asesino.
—Que tú vas a sucederlo en el cargo —dijo el ángel, y desapareció.

Tres de La Casamance


Hace cosa de un año dediqué un post a cinco voces del África negra: la Ucas Jazz Band de Sedhiou, de Senegal; el fallecido Fela Anikulapo, de Nigeria; el asombroso ensamble vocal Ladysmith Black Mambazo, de Sudáfrica; Bonga, de Angola, y Ali Farka Touré, de Malí, quien por ese tiempo aún estaba vivo. Radio Blog Club decidió sacar de sus listas a varios de ellos y el compañero Óscar Núñez se quedó con síndrome de abstinencia por la falta de Casa di Mansa, interpretada por los senegaleses.
Es un buen momento para refrescar aquellos posts musicales. Vamos entonces a la Casamance en busca de sus hijos sonoros.






Ucas Jazz Band de Sedhiou: Casa di Mansa











Touré Kunda: Akila












Lamine Konté: Gna Terra

10.10.07

Vicios de loro

Gracias a Tlacuiloco por esta espléndida ilustración

El 28 de septiembre de 2006 EFE reportó el caso de una campesina polaca de la aldea de Lobza, provincia de Szczecin, que fue detenida por cultivar mariguana. En la comisaría, la mujer, de 55 años, explicó que usaba esa verdura ilícita para tranquilizar a sus vacas: “No sé por qué, son muy locas, siempre están dando brincos y corriendo; en una ocasión, una de ellas me fracturó un brazo”, argumentó en su defensa, ante las miradas presumiblemente escépticas de los gendarmes. Cuando leí la noticia sentí una oleada de simpatía hacia la señora porque en algún momento de mi vida estuve no muy lejos de pasar por una circunstancia semejante.

Ocurrió así: un amigo muy querido que se iba a vivir fuera del país me dejó a su loro: un animal entrañable y neurótico que no necesitaba pronunciar una sola palabra para comunicar sus deseos con toda claridad. Ladraba como perro cuando tenía hambre y sollozaba como bebé cuando andaba necesitado de ternura. Desde los primeros días de ausencia de su amo original, el bicho exhibió síntomas inconfundibles de depresión: dejó de comer, de proferir onomatopeyas y de treparse por los barrotes de su jaula. Se fue quedando parado en un rincón de su palo y una mañana empezó a arrancarse las plumas más hermosas de la cola. Entendí que el animal padecía el síndrome de abandono amoroso. Es que los pericos son aves monógamas y se buscan una pareja con la cual pasar la vida, aunque el ser amado no necesariamente será del sexo opuesto ni de la misma especie: cuando se encuentran en cautiverio, no es infrecuente que elijan a su amo como cónyuge, y eso explica por qué que muchos loros domésticos se relacionan mal con todas las personas de la casa menos con una; se abstienen de picar al dueño o dueña de su corazón y desarrollan en torno al ser amado un comportamiento notoriamente celoso y posesivo.

El perico de esta historia no tenía intención de serle infiel conmigo a su amo original y deseaba morir. Como último recurso, lo llevé a tierras cálidas y tropicales con la esperanza de que la evocación de su habitat natural lo reanimara un poco. Partimos, él y yo, a una casa de campo, en donde me dispuse a trabajar por unos días, y me preparé para lo peor: si el clima no surtía efectos positivos en el plumífero, habría que proceder a la eutanasia y le retorcería el pescuezo para abreviarle la agonía. Un colega con el que tenía proyectos pendientes y al que le daba por fumar cosas prohibidas, me visitó en mi retiro campestre. Entre una sesión y otra de trabajo le platiqué la circunstancia desesperada de mi mascota. Vio al loro, casi inmóvil, empeñado en despedirse de este mundo, y propuso: “Probemos con un toque”. No me negué, porque lo más que podía pasar era que al ave se le dulcificara la muerte, y nos pusimos manos a la obra. Habida cuenta que los loros no fuman, optamos por el método conocido como hornazo: cubrimos la jaula con una manta y entonces mi amigo encendió una bacha y exhaló el humo en el habitáculo improvisado. El milagro ocurrió en cosa de dos o tres minutos: el perico empezó a gritar, muy encabronado porque lo ahumaran como si fuera jamón, abrió con el pico la puerta de su jaula, se trepó por el exterior de ella y al poco rato ya volaba y graznaba por toda la casa. Lanzó unas cacas sobre nuestros papeles, aterrizó cerca de su vivienda, se introdujo en ella y se puso a comer con un hambre de náufrago.



La euforia le duró hasta la noche, y a la mañana siguiente el loro amaneció de nuevo marchito. Mi colega compartió con él sus sahumerios posteriores al desayuno y el animal volvió a la vida. Cinco horas después estaba postrado. Lo reanimó una dosis más, y así pasó esos días, con subidas y bajones al ritmo del consumo de cannabis de mi cuate. Cuando concluimos el trabajo pendiente mi amigo se dispuso a marcharse y yo me alarmé. “No te puedes ir”, le dije. “El loro te necesita”. Me respondió que no podía quedarse más y me sugirió que me encargara yo mismo de suministrarle los humos vitales al animal. “Llévatelo contigo –rogué—. No me voy a volver mariguano sólo para salvarle la vida a un pinche loro.” Así, mientras el emplumado volvía al pozo de la depresión, nosotros cavilábamos y regateábamos en forma frenética. Entonces mi amigo dio con la solución: condimentar la comida del pájaro –la base de su dieta era una mezcla de alpiste con semillas de girasol, mijo y linaza— con semillitas de cannabis. Tomé una y la puse al alcance del pico del animal, que pasaba por un momento bajo. Dudó unos momentos, se animó a probarla y emitió un silbido de aprobación. Le ofrecí un puñado y lo devoró. Al poco rato estaba –literalmente— volando.

No quería hacerles el cuento largo, pero temo que ya no hay remedio. Cuando el loro y yo volvimos a casa convoqué a dos o tres usuarios habituales de mariguana, les expuse la situación y les pedí que me guardaran las semillas. Accedieron con una generosidad conmovedora y de esa forma organicé la red de abastecimiento que mantenía con vida al perico, el cual, al cabo de los meses, se olvidó de su viejo amor y me adoptó, no sé si como pareja sentimental o como mero proveedor; los loros suelen ser bichos convenencieros. En apariencia, todo transcurría en calma y armonía, aunque algunas noches me desvelaba la preocupación de ser detenido en posesión de semillas de cannabis. En esas ocasiones imaginaba las carcajadas de los policías cuando les explicara que eran para estricto consumo personal de mi mascota; me levantaba de la cama a las dos o tres de la madrugada y me ponía a hojear el Código Penal como quien consulta su destino en las cartas del Tarot; me veía a mí mismo encarcelado y me preguntaba si obtendría autorización para introducir en la mía la jaula del perico y me alarmaba ante la disposición que agrava la sentencia a quienes “sin mediar prescripción de médico legalmente autorizado, administre a otra persona, sea por inyección, inhalación, ingestión o por cualquier otro medio, algún narcótico”, en la inteligencia de que “las penas se aumentarán hasta una mitad más si la víctima fuere menor de edad o incapaz comprender la relevancia de la conducta”.

Seguramente, a las autoridades encargadas de combatir las sustancias ilícitas les encantaría que esta historia terminara con un loro muerto por sobredosis y un corruptor de animales recluido por largos años en una prisión. Sería moralizante e ilustrativo de los peligros que entrañan los estupefacientes, pero las cosas ocurrieron de otra manera. Un buen día, frente al edificio donde vivíamos el drogadicto y yo, se estacionó un pajarero que llevaba, entre docenas de cosas emplumadas, un perico más robusto que el mío, aunque de uniforme muy parecido, y lo compré sin regatear. Cuando entré al departamento con el nuevo inquilino, el Cupido de los loros se puso en acción y procedió a lanzar un flechazo que unió de inmediato a ambos animales. El mariguano no volvió a necesitar los condimentos especiales en su comida y yo, desplazado de golpe en su corazón, tiré al inodoro las existencias que me quedaban de semillas de cannabis. Poco después regalé a la pareja (nunca supe, por cierto, si eran bugas o si eran gays o si eran lesbianas) y no volví a sacar del anaquel mi ejemplar del Código Penal. Por si las dudas, déjenme poner que todo lo dicho aquí es ficción y que cualquier parecido con sucesos, personas o loros reales, es mera coincidencia.

Agente de viajes


Mempo Giardinelli siempre le recuerda a uno que la literatura es la más barata y confiable de las agencias de viajes. Anoche le di un abrazo y desde aquí le envío otro.

Querido Mempo: no vuelvo a cambiar de dirección sin avisarte.

9.10.07

Jaque al Rey



Y como no se ha inventado un Sindicato de Monarcas que defienda la estabilidad laboral de los susodichos, el rey de España hubo de salir en defensa de sí mismo y de su empleo, y la semana pasada encomió “el modelo de monarquía parlamentaria” que lo hace jefe de Estado y que ha dado a la Península “el más largo periodo de estabilidad y democracia”. Bravo. Ese mismo día, la fiscalía de la Audiencia Nacional pedía un año y tres meses de cárcel para los dos jóvenes que el pasado 13 de septiembre quemaron en Gerona la foto del señor Borbón y de su mujer, justo cuando los aludidos se encontraban de visita por la ciudad. Previamente, la fiscalía había solicitado para uno de ellos una pena de 30 años, una fianza de diez mil euros y el decomiso del pasaporte. El jueves pasado el fiscal se desistió de los cargos y los acusados quedaron en libertad. El delito: “injurias graves a la Corona con la agravante de disfraz”. Y por estos días no son sólo las instituciones de la justicia las que tienen los ánimos exaltados en materia de asuntos de la Corona. En su blog de nombre impronunciable, Negative, de Barcelona, contraataca: “¿Que hay jaleo por quemar una puta foto de los reyes de España? La madre que nos parió. Lo que había es que quemarlos vivos en medio de la plaza y retransmitirlo en directo por antena3, mientras Matías comenta: ‘¡España está que arde!’”. Y un visitante anónimo le dice: “Téns tota la raó. I amb tots aquests euros, no només sanitat, sinó educació, cultura, esports. Per no dir tot el que se'n va en un exèrcit que no sé ben bé per que serveix”.

La mesa está servida. El entremés fue el intento de persecución judicial contra el editor y el dibujante de la revista Jueves que en una de sus ediciones puso la caricatura de Felipe de Borbón y de su esposa, Letizia Ortiz, copulando en la postura conocida como “de perrito”.

Los autores de la polémica portada, el dibujante Guillermo Torres y el guionista Manel Fontdevila, serán juzgados en la Audiencia Nacional el próximo 13 de noviembre por un delito de injurias a la Corona. La Fiscalía pide para los acusados una pena de 10 meses de multa, a razón de 12 euros diarios (3 mil 600 euros cada uno). De ser condenados y no pagar, serían arrestados.

Los intentos por aplicar las sanciones previstas en el Código Penal vigente, lejos de amilanar a los antimonárquicos, han multiplicado las protestas y cientos de fotos de las caras reales han ardido en las calles, y Felipe de Borbón y su mujer fueron recibidos en la inauguración de la Feria del Libro de Barcelona con la consigna “¡España, mañana, será republicana!”

La tarea de cagarse en el Rey había correspondido, por tradición, a izquierdas marginales y grupusculares que empiezan a no serlo tanto. Pero en los días que corren los pobres Borbones se encuentran entre dos fuegos, porque algunos sectores de la ultraderecha, tal vez rencorosos por las posturas democráticas de Juan Carlos, se han unido al coro de denuestos en su contra. Es el caso del cavernario Federico Jiménez Losantos, quien desde los micrófonos de la cadena COPE, voz de la derecha clerical, acusó al Rey de tener negocios turbios y de ejercer la censura, pidió que abdique al trono y se lo deje a su hijo Felipe. Ante el escándalo, la emisora salió en defensa de la libertad de expresión de su locutor.

Los dos partidos principales, el PSOE y el PP, han optado por proteger a la familia real y el estado de ánimo en la península sigue siendo mayoritariamente favorable a la monarquía. Los “populares” incluso gestionan la adición al himno nacional, hasta ahora puramente instrumental por razones de desacuerdo, una letra que sin lugar a dudas le dé su lugar a la corona. Puede ser que las de estos días sean escaramuzas pasajeras, que el jaque al rey se desvanezca sin consecuencias. Pero bien pudiera ser que el propio monarca se diera cuenta que su trabajo es ya impresentable e injustificable, negociara una buena pensión de retiro y la ciudadanía española decidiera abstenerse, con piedad y discreción, de cubrir el puesto vacante. La época es propicia. A fin de cuentas, Fidel Castro dejó sus graves responsabilidades de Estado, se volvió articulista (me parece, por cierto, que nadie tuvo la cortesía de darle la bienvenida al gremio) y no se cayó el mundo.


8.10.07

Aniversario


Claro que me horroriza y me indigna que lo hayan asesinado, y que lo hicieran de una manera tan torpe y sádica, y no veo atenuante para ese crimen. Fuera de eso no tengo motivos de simpatía para con el Dr. Guevara, un hombre que a mi modo de ver estaba más obsesionado con tirar plomazos que con construir un mundo mejor, o menos peor, que el que había en aquellos años sesenta del siglo pasado.

La guerra de Vietnam era un rostizadero de humanos y los civiles vietnamitas eras quienes llevaban la peor parte, pero él pensaba que si se multiplicaba ese infierno por dos, o por tres, o por mucho más, se hallaría un atajo al Paraíso. En mi humilde opinión, estaba loco y como dirigente era un gran irresponsable.

Por eso, suelo ser aceptado como una persona de izquierda 364 días del año (365, los bisiestos), salvo el 9 de octubre. No me sumo a los homenajes de esa fecha y asumo que por ello seré considerado derechista, pequeñoburgués, decadente, agente de la CIA, menchevique.

Ah, y además desconfío de los adultos que se ponen en la frente una estrellita de niño bien portado.

Fraude en el paraíso


En medio de la noche de las dictaduras militares en América Latina, de los genocidios, de las opresivas penumbras priístas, Costa Rica era un pequeño espacio luminoso por democrático, tierra de asilo para los disidentes y perseguidos, orgullo de civilidad.
A los neoliberales les importa un rábano la formalidad democrática cuando llega la hora de imponer sus designios. Los votos que no obtienen por las buenas los inducen por el miedo; si de todos modos no consiguen suficientes sufragios, recurren al fraude; y si no pueden consumarlo, acuden al golpe de Estado.

El guión del 2 de julio de 2006 en México se repite en 7 de octubre de 2007 en Costa Rica.


PARA INFORMARSE:








Y un abrazo para

7.10.07

Derrota

El gobierno de Oscar Arias y los intereses financieros le dieron la vuelta a la voluntad popular --que hasta la semana pasada era mayoritariamente favorable al "NO" en el referéndum de ayer sobre el TLC con Estados Unidos-- y ganó el "SÍ". A ver si no fue una elección de Estado, una mancha en la historia democrática de Costa Rica.



Oscar Arias en el referéndum de ayer. No está claro si deposita su voto o si vomita en la urna.

No, por favor


Hermanos ticos: ahórrense muchas tragedias.

6.10.07

Resonancias



¿Es la cifra de qué? —De lo cifrado.
Cifrar es esconder, y cifra es clave
para reconocer, como la llave
que a su muerte escupiera el condenado.

El dato conocido y extraviado
—“pasa de mano en mano” en un deslave
que lleva hasta el olvido en forma suave—,
bajo una lengua exánime enterrado;

un caballo por Holan devorado;
memoria que diluye lo que sabe,
o Jesús, por los hombres emboscado,

la cifra es la palabra que no cabe
en su propia escritura, un entramado
sin principio ni fin, y un mar sin nave.


5.10.07

Vida en Marte


El rasgo más trascendente de los marcianos imaginarios son los ojos; cualquier marciano que se respete debe tener unos globos oculares que reflejen una vasta sabiduría o una enorme maldad, y si tiene más de dos, mejor. En segundo lugar van los dedos o tentáculos, con frecuencia rematados por ventosas, y en tercero, y ya muy de salida, unas antenas mitad de insecto y mitad de radio AM. Si algún día encontramos marcianos reales, lo más probable es que luzcan, bajo el microscopio, como la ilustración grande en blanco y negro, que en realidad es un corn- flake pasado por el escáner. Jugar a la NASA en casa puede tener consecuencias negativas: cuando ya estaba yo metido en el experimento visual, recordé que por ese mismo cristal han desfilado moscas, zancudos y alacranes, y tiré las hojuelas de maíz a la basura, y hube de desayunar otra cosa.

Cada quien lo suyo

Los Machado, Antonio y Manuel


Como ser humano, Antonio valía mucho más. Ya viejo, en la Guerra Civil, se la jugó del lado de los libres y de los derrotados, y compartió su suerte. Manuel, en cambio, tuvo la desvergüenza de escribir un panegírico a Franco (Al sable del Caudillo). Era asqueroso, decadente y cínico, pero un poeta infinitamente más filoso, fuerte y arriesgado que su hermano, quien por lo demás, lo sabía y lo admitía sin asomo de rivalidad. La corrección política hizo famoso a Antonio, y éste tal vez se merece las musicalizaciones fáciles, sensibleras y ñongas que de su obra han perpetrado algunos baladistas muy populares. La obra de Manuel, en cambio, fue preservada de la vulgaridad por el olvido despectivo que mereció en el mundo el conjunto de la literatura franquista, con la excepción de Cela.

OLIVERETTO DE FERMO DEL TIEMPO DE LOS MÉDICIS

A Ricardo Calvo

Fue valiente, fue hermoso, fue artista.
Inspiró amor, terror y respeto.

En pintarle gladiando desnudo
ilustró su pincel Tintoretto.

Machiavelli nos narra su historia
de asesino elegante y discreto.

César Borgia lo ahorcó en Sinigaglia...
Dejó un cuadro, un puñal y un soneto.

Manuel Machado



3.10.07

Algo sobre las narcas


  • Casos de empoderamiento
  • Camelia la Texana se hizo monja

Madre Academia aún no acepta el término empoderamiento (del inglés empowerment) y la verdad es que sin él está frita la comprensión de las sociedades contemporáneas. Wikipedia, más alivianada, admite que el uso de este anglicismo es discutible, aunque no enlista más alternativa que “fortalecimiento” –una palabra la mar de inexacta— o “dar/otorgar poder”, conjunto verbal que nos deja sin sustantivo. La almendra del asunto, en todo caso, es la ganancia de autonomía, por parte de personas y o grupos organizados, en la toma de decisiones, y el ejercicio de un control sobre sus vidas basado en la información, la participación inclusiva, la responsabilidad y el desarrollo de capacidades.

Será políticamente incorrecto, pero no hay mejor palabra para referirse al caso de la celebérrima Sandra Ávila Beltrán, La Reina del Pacífico, a quien las autoridades de ambos lados del Río Bravo imputan delitos de delincuencia organizada y lavado de dinero. Si son ciertos los cargos, la señora ha experimentado un empoderamiento acaso comparable con el que gozó Marta Sahagún, aunque una y otra operen en ramos económicos distintos. Algo dirá del descrédito de las instituciones y de la ley el hecho de que la Primera Dama de la Caridad sea ahora motivo del escarnio y el desprecio mientras que la otra, para colmo guapa, y más joven, despierte entre el público una admiración apenas reprimida. Ms. Según (así le decía el ex vocero) está ahogada en lujos y rencores, La Reina se encuentra alojada en un reclusorio y aquí no hay nada que asociar con Robin Hood o Robina Hooda (personaje inventado por la célebre escritora hindú Rabina Gran Tagora) porque ninguna de ellas le quitó a los ricos para darle a los pobres: sus víctimas pudieron ser, respectivamente, el erario público y los bolsillos (o las neuronas) de los adictos, y las únicas beneficiarias fueron ellas mismas. En todo caso, y sin ignorar que el narco es un horror, no deja de ser muy bonito que Ávila Beltrán haya logrado abrirse paso en un mundo predominantemente machista, como ha de serlo el de los negocios (especialmente cuando son ilícitos) hasta el punto de convertirse en personaje de corridos presuntamente compuestos bajo encargo, como La fiesta en la sierra de Los Tucanes de Tijuana:

La fiesta estaba en su punto / y la banda retumbaba, / ya no esperaban a nadie, / todos en la fiesta estaban, / cuando se escuchó un zumbido / y un boludo aterrizaba. / el Señor les dio la orden / de que nadie disparara. // Se baja una bella dama / con cuerno y camuflageada, / de inmediato el festejado / supo de quién se trataba: / era la famosa Reina / del Pacífico y sus playas, / esa grande del negocio, / una dama muy pesada.



Hace unos meses la Procuraduría General de la República (PGR) –a ver si consigue comprobarle algo a la susodicha y no hace, a destiempo, uno más de sus ridículos foxistas— echó a andar la especie de que las mujeres encabezaban la lista de los delincuentes más buscados, noción que fue alegremente reproducida por varios medios. Al nombre de La Reina se sumaban otros dos: Rosa María Sánchez Guerrero, a la que la procuraduría hidalguense busca por fraude, y Ana Cristina Monje Aguirre o Linda Pánuco Olson, al parecer salvadoreña, acusada de homicidio calificado en Baja California Sur. Lo cierto es que ayer, a cinco días de la detención de Ávila Beltrán, su nombre y su foto seguían apareciendo en el listado, junto con las otras dos, pero muy lejos de los primeros lugares: ocupaban los sitios 106, 281 y 296 de una lista “ordenada” no por apellido sino por nombre, empezando por un presunto homicida poblano que carece de él y seguido por “Apatzingán, prófugos del CERESO de”.

Todo puede esperarse de la eficiencia de la PGR, incluso que La Reina del Pacífico salga libre por falta de pruebas. De hecho, “la única prueba que hasta hoy sostiene la aprehensión es una llamada que se efectuó en 2001 desde el buque Macel, en el puerto de Manzanillo, Colima, en el cual se transportaban casi 10 toneladas de cocaína procedentes de Colombia”, llamada hecha por un tripulante del barco a un teléfono celular para informar que el cargamento había llegado a territorio mexicano. Contestó una persona a la que el emisor identificó como ‘Beltrán’”, dice una nota de ayer de La Jornada. El 6 de noviembre de 2005 El Universal informó que el Sexto Tribunal Colegiado le había otorgado un amparo contra una imputación de la PGR basada en ese mismo dato. La ahora detenida argumentó en ese entonces, por medio de sus abogados, que la llamada telefónica había sido hecha desde Mazatlán, cuando el aparato telefónico decomisado en el barco se encontraba ya a disposición de las autoridades. “La PGR analizó las llamadas hechas durante tres meses desde la casa que habitaba en Jalisco la Reina del Pacífico y, según con lo asentado en la documentación del citado amparo, ninguna de esas llamadas la relacionaba con los hechos del buque Macel”, apuntaba la nota.

El problema es que, ya que se había puesto de moda meter las manos al fuego por la inocencia de Fox, Felipe Calderón implantó una nueva tendencia: arriesgar las extremidades por la culpabilidad de los sospechosos. El martes pasado, en Chetumal, dio por comprobados los cargos contra Ávila Beltrán y su pareja, el colombiano Juan Diego Espinosa Ramírez, El Tigre. Y si ahora la dependencia que dirige Medina Mora sale con la misma acusación endeble que esgrimió hace cinco años Rafael Macedo de la Concha, La Reina del Pacífico puede dejar al gobierno en el rey de los ridículos.

Dice Doris Gómora Culberth que “tanto en la Mafia Italiana, como en los carteles de México y Colombia las mujeres que están comenzando a operar como jefes, cuentan con carreras universitarias, son cultas, propias al hablar, bien vestidas pero mantienen un bajo perfil con el que todavía se abren paso en el crimen organizado para negociar. Poderosas por su propio derecho de vivir en la organización son seguras, apasionadas por amor, rebeldes, líderes natas, espiritualmente fuertes, protectoras de sus familias, herederas del puesto, consejeras, hermosas, frías, vengativas. A diferencia de la época en que sus esposas o hermanos operaron las organizaciones del crimen organizado, las mujeres al frente de estos grupos son más insistentes en el empleo de la venganza y la violencia como factor de solución de diferencias.”

El año pasado un tal “Comandante Apolo”, jefe la Unidad de Fuerzas Especiales en Sinaloa, “le puso números a lo que ya era una percepción general: la participación de la mujer en el narcotráfico va en rafagueante aumento. El policía de élite contrastó que en 2005 de 326 personas detenidas en relación con el narco el 15 por ciento fueron mujeres, y en lo que va de este año de 247 capturados, el 25 por ciento pertenece al llamado “sexo débil”, según síntesis de prensa del gobierno de ese estado. Arturo Pérez Reverte, entrevistado en 2003 a propósito de las semejanzas entre Sandra Ávila y Teresa Mendoza, personaje protagonista de su novela La Reina del Sur, señaló: “Si una mujer pasa las pruebas elementales, puede llegar a tener mucho más coraje, mucha más capacidad, mucha más resistencia frente a la adversidad, mucha más decisión y mucho más valor que un hombre, aunque se diga lo contrario. Y una mujer tiene una gran capacidad de organización. Así que no me sorprende en absoluto lo de esta mujer, porque el mundo del narco es muy elemental y se basa mucho en el sota-caballo-rey... La mujer tiene una cabeza más compleja que la del hombre, así que no me extraña en absoluto que Sandra Ávila haya sido capaz de ser un factor aglutinante o de organización, porque las mujeres tienen una serenidad de juicio, una lucidez de la que el hombre carece porcentualmente”.




Se ha dicho que la narca más célebre, Camelia la Texana, no es más que un personaje de corrido, llevado después al cine. Pero hace unos años TV Azteca se sacó de quién sabe dónde a una tamaulipeca llamada Agustina Ramírez, quien afirma haber inspirado el personaje a Los Tigres del Norte: “Yo nunca conocí al tal Emilio [Varela, el coprotagonista de la canción], jamás llevaba drogas así como ellos dicen, sí vendía drogas pero no como ellos lo sacan, lo único que ellos hablan de verdad, es que de Camelia nunca se supo nada”. “Fue bautizada con el apodo de Camelia por tener un nombre que la distinguiera entre los narcos, y La Texana porque usaba un sombrero texano”. Hoy en día, dicen, la vida de Agustina Ramírez “está entregada al Señor”, y no propiamente al señor Varela, y han de pensar algunos que cómo es posible que una peligrosa delincuente caiga en la perdición hasta el punto de volverse monja, Dios mío, ya no hay moral.



Agustina, la presunta ex Camelia








1.10.07

No a la muerte


La semana pasada, en la Asamblea General de la ONU, tuvo lugar una reunión ministerial, presidida por Italia y Portugal, para estudiar la eliminación mundial de la pena de muerte. El canciller español, Fernando Moratinos, expuso la posición del grupo de países abolicionistas y pidió una moratoria universal de las ejecuciones como “un paso importantísimo en el camino hacia la desaparición total” de ese castigo. Los manriquistas apegados a la máxima de que todo tiempo pasado fue menos peor debieran revisar este dato: en tres décadas (de 1977 a 2007) el número de países en los que la pena de muerte ha caído en desuso pasó de 16 a 128: son 90 los que la han prohibido en cualquier circunstancia, otros 11 han limitado ese castigo a situaciones excepcionales (traición en tiempos de guerra, por ejemplo) y 31 no lo han aplicado en la última década.

Ciertamente, en el mundo hay mucha hipocresía sangrienta: se sospecha que en los años setenta del siglo pasado, aunque en Alemania ya no había pena de muerte, la policía la aplicó de hecho y suicidó en sus celdas a los cabecillas de la banda terrorista Baader-Meinhof; a principios de la década siguiente, los servicios secretos de la civilizada Francia perpetraron un atentado terrorista en Nueva Zelanda, en el que murió un fotorreportero; en México, en el sexenio de Salinas, centenares de opositores políticos fueron asesinados; y qué decir de Israel, en donde la pena máxima no existe de manera oficial, pero cuyas autoridades practican con regularidad, en los organismos de dirigentes palestinos, el arte de la “ejecución extrajudicial”. Ninguna de esas situaciones atenúa, sin embargo, la importancia de una tendencia mundial claramente contraria a la pena de muerte ni eclipsa los avances en la abolición de un ritual vengativo y homicida. Es inadmisible el asesinato de Estado, pero que sea legal resulta, además, grotesco, vergonzoso y agraviante.

En el siglo XII de esta era el judío andaluz Maimónides proclamó que es preferible liberar a un millar de culpables que sentenciar a muerte a un inocente, y desde entonces los cuchillos del Estado han vertido, con justificación legal o sin ella, una cantidad enorme de sangre de inocentes, de culpables y de inimputables. Un punto de viraje importante en la historia del rechazo a la pena de muerte es el momento en que este castigo deviene repugnante no sólo por la posibilidad de que su aplicación sea un error irreparable, sino porque, aun con la certeza absoluta de culpabilidad que reclamaba el filósofo sefardí, el privar de la vida a cualquier ser humano, así haya cometido los actos más monstruosos, es una severa derrota para toda la especie y para sus posibilidades de desarrollo.

El sueño fundamental de la civilización, con todo y sus extravíos, consiste en atemperar las pulsiones bioquímicas por medio de normas éticas, legales, diplomáticas, políticas, comerciales, deportivas. Todo el andamiaje de la cultura tiene por propósito evitar que tomen el mando de nuestros actos el lagarto primigenio que llevamos dentro, el gen asesino, la hormona de la depredación, la rapiña, la territorialidad y la venganza. Cada vez que las balas del pelotón se introducen en una caja torácica, que el veneno de la triple inyección penetra en el torrente sanguíneo del ajusticiado, que la soga enloquece de pasión por un cuello, los verdugos degradan a su víctima, se degradan y nos degradan al resto de los humanos, a quienes nos obligan a presenciar nuestra condena a una animalidad empeorada por las virtudes tecnológicas.

Ninguna causa y ningún paradigma –la democracia, el socialismo, o esa mezcla pekinesa de dictadura comunista con mercado salvaje— aportan corrección a la barbarie. No hay argumento jurídico ni de seguridad pública capaz de hacer pertinente el asesinato. Ninguna soberanía nacional –ni la estadunidense, ni la cubana, ni la china, ni ninguna otra— justifica la preservación de los cadalsos, porque los países son sistemas de convivencia, no rastros ni criaderos de cocodrilos hambrientos de la vísceras del congénere. Los países matones tienen que saber que son motivo de vergüenza mundial, de repudio generalizado, de asco inmediato y palpable. Sólo así será posible amarrarles las manos a los verdugos, desde Teherán hasta Texas.