Baja la lluvia del Ajusco.
Tras un calor terrible, tras un tráfico
de viernes sin entraña (siendo sábado),
llegan los dedos de agua;
hurgan con su ternura y su torpeza
como de padre ciego.
Buenas tardes y gracias, lluvia tonta.
Tú no tienes que hacer y yo tampoco
en medio de este sábado
de tregua inesperada,
en estas horas de estación de trenes
en un pueblo perdido.
Agua: platícame.
Preséntame a tus gotas.
Dime el origen de cada una:
de cuál océano, de qué estanque vienen,
de qué organismo ignoto;
si hay una historia detrás de ellas:
—¿ésta, fue lágrima
de esas que se evaporan por las noches
y dejan una mancha de sal en cualquier rostro
o fue humedad de vulva
o fue gota de semen o fue sangre?
Habla, si quieres, y si no, resuena
tontamente, machaca tu tambor
en el tejado de mi casa
con tus gotas que siempre fueron agua.
Me encantó...
ResponderBorrarY Vicente Rojo me gusta desde que estaba en la primaria y su arte cubría la portada de mis libros de texto gratuitos.
Saludos cordiales
Gracias, Lola. A ver qué día le organizamos aquí, para tu solaz, una suerte de exposición virtual al maese Vicente Rojo.
ResponderBorrarSerá un placer...
ResponderBorrares muy bueno, pedro.
ResponderBorrarsaludos y un abrazo.
Bueno, que te guste, Elisa. Abrazo pa'ti.
ResponderBorrarNo lo había leído, hasta hoy. Qué hermoso poema.
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