3.3.08

Qué hacer con la guerrilla

Tras la incursión colombiana

El Estado se puede deshacer de un movimiento armado opositor de múltiples maneras. Las más obvias son la liquidación (asesinato o encarcelamiento de todos sus integrantes y de su “entorno”, desde dirigentes, militantes y simpatizantes reales y potenciales, hasta todos aquellos que pudieran llegar a estar de acuerdo con uno o más de los puntos del programa de la guerrilla) y la rendición: las autoridades políticas renuncian en masa, los empleados que permanecen en las sedes les entregan las llaves a los insurrectos y con ello se termina, de raíz, la guerrilla.

Muchos gobernantes actúan como si sólo existieran esas dos soluciones, pero hay otras, intermedias. Una, nada mala, consiste en ir más allá de la visión estrecha de una legalidad a rajatabla (aplicada sólo contra los opositores) y entender que, más allá de las infracciones a la ley vigente que conlleva todo movimiento armado, hay descontentos sociales, económicos y políticos que no tienen otra vía de expresión que la violencia, y atender entonces las causas profundas que nutren de razones, de combatientes y de discurso a los grupos armados. Antes, después o en el transcurso de las medidas correspondientes, puede tener lugar, en forma paralela, una negociación de paz. O no: tal vez baste con que el gobierno se aplique a corregir desigualdades, injusticias y atropellos ancestrales para que se disuelva lo principal de la base de la guerrilla y a sus líderes no les quede más remedio que retirarse a escribir sus memorias.

A los gobiernos casi nunca les da por ir al fondo de las cosas ni por admitir que a los opositores armados les asiste la razón, al menos parcialmente. Se ha visto que prefieren repartir dinero en algunos sectores populares y armar grupos contrarios a los insurgentes, comprar a los dirigentes con cargos y con admisiones a trasmano al círculo de los selectos (incluso se les permite emparentar con buenas familias) y propiciar la descomposición del movimiento opositor hasta lograr que nadie tenga claro cuál de los bandos en la guerra es más delincuencial.

Generalmente, los poderosos recurren a una combinación de varias de las medidas señaladas. Álvaro Uribe, en Colombia, había venido apostándole a una pinza de exterminio conformada por las fuerzas regulares y por la conversión de sus amigos narcos y paramilitares en potentados electorales con peso propio, en líderes regionales, en cargos legislativos y en un poder creciente dentro del Estado. En esa receta, todo margen cedido a un proceso de paz sería contraproducente, y de allí su empeño en torpedear cualquier negociación con la guerrilla, por embrionaria que fuera.

Pero las cosas no han marchado bien para el presidente colombiano. En el congreso estadunidense han salido a relucir sus viejos vínculos con el tráfico de drogas y poco le han agradecido su esfuerzo por crear en América Latina la guerra bushiana “contra el terrorismo”. Además, y a pesar de las fronteras más bien difusas entre las FARC y la delincuencia común, las primeras siguen siendo una organización arraigada y dueña de un discurso político que encuentra eco en la miseria, en la desigualdad y en la opresión que afectan a buena parte de los colombianos. En esas circunstancias, Uribe empieza a ensayar la solución más insensata de todas las imaginables para acabar con una guerrilla: internacionalizar el conflicto y volverlo una confrontación regional. Por eso invadió Ecuador y por eso asesinó, en ese país, a una veintena de insurrectos, entre ellos el dirigente Raúl Reyes, quien era una pieza fundamental para lograr la liberación de los secuestrados civiles en poder de las FARC. Es lo que se conoce como una huída hacia delante, y casi siempre resulta desastroso.

7 comentarios:

Jesusito dijo...

Y el objetivo de este conflicto es acaso el petroleo de Venezuela?

I X A Y A dijo...

Buen día, le felicito por este texto. Sería bueno hacer analogías de este conflicto con el resto de las guerrillas existentes en América Latina, sin olvidarse por supuesto de México donde tenemos varios grupos armados que seguramente tendrán nexos entre sí.

Ahora que yo no creo que el objetivo sea el petróleo de Venezuela, es un asunto que nació en Colombia. Hay muchos intereses y creo que lo primordial es alejarse del control de Estados Unidos (que quiere el petróleo de todo el mundo). Por algo tienen las FARC el apoyo de Cuba y Venezuela, además ellos mismos se han proclamado con ideología marxista+leninista, no es así?

Saludos!

Sánchez Villa dijo...

Sí, claro, el pobre pueblo que nunca se equivoca porque es pueblo, y el Estado que es malvado por ser Estado.

Afortunadamente ni usted ni yo somos colombianos y nuestra opinión es menor en este asunto. Y también afortunadamente hay héroes como el Presidente Uribe, que cumple con su palabra sin consideraciones de segundo orden, como saber si amanecerá siendo más popular o no: acabar con la amenaza que representan los cuerpos terroristas conocidos como las FARC (y sus vínculos con el narcotráfico y el secuestro), propuesta primordial por la que llegó a la más alta magistratura de su país.

Y vaya que el tema del apoyo de Venezuela a las FARC, y la evidentemente intromisión en la soberanía nacional de Colombia por parte de Hugo Chávez es un tema ausente en su columna. ¿Será la tradicional costumbre de la izquierda bananera en estos aspectos de olvidarse de criticar ciertas prácticas cuando ellos las cometen? Estoy seguro que sí.

Desgraciadamente la corta estatura intelectual de izquierdistas como usted siempre acabará perjudicando a todos sus compañeros.

Luis Alberto de Monteagudo dijo...

Le envío un afectuoso saludo, y me premíto brindarle mí opinión humilde al artículo "¿Qué hacer con la Guerrilla?", y me permíto concordar con usted en el hecho innegable de la enorme injusticia que afecta a nuestras sociedades, y de cómo el liberalísmo -entre otros tantos regímenes- ha contribuído a pauperisar la vida en nuestras sociedades, pero afirmar que la lucha de las FARC, financiadas también con el narcotráfico y el secuestro es la encarnación de la justa venganza de nuestras sociedades es algo muy arriesgado. En una causa de lucha no basta la sola idea a reivindicar, sino también importan los medios de cómo se libra esa lucha, se requiere legitimidad y ésta no se consigue con apelaciones a la justicia universal nada más, hay que hganarse el respeto general y en eso, perdón, la FARC distan mucho de encarnarlo y menos el señor Chávez, que con su discurso reivindicador cree que basta, oponiendo a la sociedad faccionándola en grupos rivales, parece que la vieja stasis griega aparece con su horríble rostro en la fractura social en una nación compuesta por varios grupos sociales, no sólo pobres, ní sólo ricos delincuenciales de antecedentes oscuros. Los discursos extremístas caracterízan a la demagógia, más cuándo éste pretende encarnar los valores máximos y verdaderos de la justicia.
No pretendo defender la corrupción del presidente Uribe, y de buena parte de nuestra sociedad -no sólo los liberales, ní solamente los ricos-, pero tampoco ver con parcialidad un conflicto donde usted extrañamente no pone en tela de juicio en lo más mínimo los valores del señor Chávez, o las formas "políticas" de las FARC, culpa de todo a una parte en un conflicto dónde hay más de un rostro neoliberal de por medio, pues se aparece también la faz de la demagógia que en sus ínfulas redentorias opone los ánimos sociales hasta los niveles que hoy podemos constatar en una posíble guerra, que involucra no sólo a Colombia, sino también al pretexto perfecto de todo dictador, que es inventarse una guerra para legitimarse como "defensor de la patria", como se autodenomína el Sr. Chávez, y así incrementar su poder dada la excepecionalidad de la situación, sobre todo ante el descalabro de su reforma...
Ejercer la crítica es más que evidenciar una personal opinión, hay que ejercer responsablemente el oficio de comunicar, mirando pros y contras, porque de no hacerlo se puede trascender como un mero vocero de una particular forma de ver la vida, deslegitimizando a veces, muy injustamente, otras.
Por demás recíba usted mís respetos.

maría de lourdes aguirre beltrán dijo...

para un amigo ecuatoriano:

El imperio y su sirviente,
invadieron tu nación,
lo hicieron sin compasión,
porque son muy mala gente.
Han sentado un precedente,
en esta parte del mundo,
su proceder nauseabundo
en nada se justifica.
el Continente replica:
con un enojo rotundo.

Saludos

Lourdes

Pedro Miguel dijo...

Ixaya: Supongo que el razonamiento es válido ante la generalidad de los movimientos político-militares, incluidos los mexicanos. Pero en México la guerra no es -no por ahora, al menos- contra las guerrillas, sino entre cárteles: el de Los Pinos contra todos los demás.
Abrazo.

Sánchez Villa: veo en tu perfil que te encantan las películas de Delta Force y otras del estilo, y el subtítulo de tu blog es "puto el que lo lea". Te felicito por el refinamiento y, a la luz de semejantes rasgos de carácter, te cedo la razón, en esto y en todo lo que tú gustes.

Luis Alberto: Dos comentarios:
1.- Chávez no viene al caso aquí, porque -nos caiga bien, mal o pésimo- no es él quien enfrenta una oposición armada, y porque en ningún momento ha bombardeado a sus enemigos en suelo colombiano o brasileño. Por lo demás, en materia de liberación de secuestrados, Chávez le va ganando 6-0 a Uribe.
2.- No me presente como pro FARC, que no lo soy. Simplemente, en la medida en que la tarea de la guerrilla es crearle problemas al Estado, y que el deber del gobierno es resolver esos (y otros problemas), y no complicarlos más, es inevitable concluir que las FARC han hecho muy bien su trabajo y que Uribe ha tenido, en el suyo, un desempeño pésimo.
Saludos cordiales.

Lourdes, Lourdes, esa fluidez portentosa...

Anónimo dijo...

Asumír que el señor Chávez va ganando 6-0 al Presidente Uríbe, por el hecho de "rescatar" a algunos de los muchos secuestrados por las FARC, creo, caballero, que es limitar mucho el problema. Desde mí sencillísimo, y por demás respetuoso, punto de vista, considero que Chávez no ha necesitado bombardear a sus enemigos porque lo tendría que hacer con alguna parte de su pueblo, donde están -no sólo en Wasington o en Madrid se le desprecia-, pues con su "causa popular" no todos los sectores comulgan -que no son sólo los ricos o clasemedieros-, pues en la intentona de golpe de estado realizada en contra suya, gruesos sectores populares también participaron y festejaron por las calles de Caracas su supuesta abdicación, como me comentaron por esos días varios colegas míos mexicanos, de investigación en la nación sudamericana.
Afirmar de las FARC que: "las primeras siguen siendo una organización arraigada y dueña de un discurso político que encuentra eco en la miseria, en la desigualdad y en la opresión que afectan a buena parte de los colombianos", implíca ligar a ese grupo como arraigado en un discurso que se enfrenta a la miseria, pero el hecho de convatirla con el secuestro -muchos de los cuales no son simples delincuentes, también hay gente honesta, incluso intelectuales que han criticado su supuesta tendencia liberadora del pueblo, o la propia excandidata presidencial -, o con el tráfico de drogas -no sólo el presidente Uríbe tienes nexos con el narco-, es combatír una enfermedad con otra, y por ese sólo hecho sufre una gran desligitimización su movimiento, por más intenciones "redentoras" que tengan. Es virtud política legitimizar la causa, sino, como los bloqueos o miles de manifestaciones en las calles de nuestra ciudad, ganarán buena parte de la antipatía del pueblo incluso si la causa que los origína es justa, precisamente por que por su causa perjudícana otros que, por ejemplo, no llegan a sus trabajos. No pensar en esto es una inmensa carencia de táctica en el estratega que bdebe de ser incluyente, no sólo de palabras, sino también de medios.
Usted afirma no ser pro FARC, pero en su lenguaje, como en el párrafo anteriormente citado, no lo dice expresamente, pero un lenguaje no sólo está compuesto de cargas literales, sino también de más componentes que se entienden como por el "tono" en el que está expresado, como en el hecho de que jamás usted reconozca una virtud en el gobierno del Presidente Uríbe, sino que le haga cargar con el peso total de una guerra en el que hay una contraparte a la cual, caballero, usted jamás pone en duda, sino que la observa identificada con la causa de la miseria de gruesos sectores de la población colombiana, de allí que me haga pensar su "simpatía" por esa organización delicuencial -delincuentes por su incapacidad de legitimizar sus actos ante buena parte de su propia sociedad y ante el mundo-.
Decía Ludwing Wittgenstein que el sentído del lenguaje está inmerso en un contexto de sentído, ese contexto es su interpretación izquierdísta del mundo, que no es de suyo "mala" -sólo un ignorante puede trivializar así al que piensa diferente a uno-,sino ver en toda insurrección contra un Estado, por sí sóla, una forma de combatír a la injusticia, o de asumír una posición, como usted mismo reconoce en su artículo sobre Chávez, que a pesar de su boca venenosa, sus reformas son realmente beneficiosas para el pueblo..., todo eso dennota su ideología, cosa que, repíto, no critíco, sólo que a usted lo limíta a ver todo con la lupa de la mísma incurriendo en lo que ya le comentaba, con todo el respeto y admiración que me merece, en el anterior comentario que me tomé la libertad de realizarle, a propósito de su parcialidad, que es usted, con el sentido del contexto de su lenguaje, quién se muestra inmerso en ese viejo sueño redentor al que ya alguna vez se le denominara el "opio de los intelectuales", precisamente por negar los miles de componentes del mundo, y de la problemática política, al reducír todo a una teoría en la que se procláma la verdad, y a todo lo demás lo califica de mentíra, como la causa de la FARC contra el demónio estatal, o el señor Chávez contra el imperio.
Le pído, señor, que si tiene a bien contestarme, sea con un mayor despliegue argumentativo. Gracias.