28.5.09

Apuntes sobre la uña


Dicen los científicos actuales que el pelo surgió hace cosa de 300 millones de años, en la era paleozoica, como derivación de las garras de reptiles desconocidos que antecedieron a los dinosaurios. Los primeros bichos que poblaron el planeta “carecían de partes duras; sin huesos, picos ni garras ni conchas que fosilizaran, estas blandas criaturas nuca se volvieron parte del registro geológico”, y la detección de su rastro ha resultado ser un trabajo muy arduo: en muestras cilíndricas de rocas sedimentarias se ha podido medir concentraciones particularmente altas de moléculas 24-IPC --que hoy en día son producidas únicamente por las esponjas-- en capas pétreas que se formaron hace 635 millones de años. Eso da una explicación compatible con la lógica darwiniana al misterio de la llamada “explosión cámbrica”, ocurrida hace 540 millones de años, y en la que una asombrosa proliferación de organismos brotó aparentemente de la nada: quiere decir que, desde mucho antes, la gelatina de la vida se preparaba para generar partes tan rígidas como un turrón de Alicante. En ese proceso aparecieron los myllokunmingia, seres casi mitológicos que tenían algo de ángel, un tanto de ajolote y un mucho de pescado: desprovistos de mandíbulas y casi huérfanos de aletas dorsales o posteriores, estaban cubiertos por una miel mucosa carente de escamas y poseían cráneo y esqueleto gelatinosos; tenían cierta semejanza con las lampreas y los mixinos actuales, a los que la falta de quijadas los obliga a una subsistencia hematófaga (es decir, chupasangre), las primeras, y necrófaga, en el caso de los segundos.

Los peces primitivos generaron escamas y aletas, pero no garras. Estos anexos cutáneos hubieron de ser un invento desarrollado en tierra por los reptilomorfos (discusauriscus) y por reptiles primitivos, y para el Pérmico las zarpas ya estaban en su apogeo, tanto entre los saurópsidos de los que evolucionaron dinosaurios y aves, como entre los sinápsidos, tatarabuelos de los mamíferos. Tras la extinción masiva del Pérmico-Triásico, que acabó con el 90 por ciento de los animales marinos y terrestres y cuyas causas aún no están del todo esclarecidas, los bichos que sobrevivieron diversificaron sus excrecencias de queratina para formar ganchos prénsiles o trepadores, pezuñas para caminar o correr por distancias largas, palas de excavación y curvos puñales asesinos.



En los vertebrados actuales, plumas, pelo, garras y algunos cuernos no óseos (como el del rinoceronte, que, a diferencia del que poseía el tricerátops, no tiene núcleo de hueso) vienen siendo lo mismo, aunque en distintas presentaciones: una excrecencia dérmica de queratina, proteína fibrosa capaz de adoptar las formas, texturas y consistencias más diversas.

Las uñas de los humanos carecen de la resistencia y dureza que caracterizan a las pezuñas de los equinos, vacunos y porcinos, hasta el punto que nos es necesario usar calzado; son mucho más débiles y quebradizas que las de los topos, ratones y castores, y están perdidas, en calidad de armas, frente a las garras de los felinos, incluso los domésticos: a diferencia de lo que ocurre en el mundo animal, en el que el tamaño, la calidad y el filo de las zarpas determina el grado de peligrosidad de su propietario, entre nosotros, y tras la invención del garrote, el hacha, el cuchillo, la espada, la lanza, la flecha, la ballesta, la catapulta, la pólvora, la aviación militar, las bombas de racimo y los proyectiles intercontinentales, es claro que el más débil será quien deba recurrir a sus uñas para defenderse.



Sin embargo, las pequeñas y débiles garras humanas tienen una precisión y una diversidad de funciones que sería impensable en cualquier otra especie. Pueden ser utilizadas como pinzas para depilar, o para extraer espinas, astillas y aguijones clavados en la piel; cumplen funciones de desarmador, sirven como cuchillo para pelar y cortar alimentos, son susceptibles de ser empleadas, en casos desesperados, como instrumento de escritura sobre superficies dúctiles, o bien como atrapador de piojos; son útiles para rascar(se) y para acariciar con suavidad, para rasgar la dermis del enemigo o el corazón del amante, para aferrarse con desesperación a las paredes del abismo, para remover manchas o restos de pintura, para sacarse mocos de alta adherencia o acceso difícil, para seducir, para mostrar poder y jerarquía, para consolar ansias orales, para dar rienda suelta a dudosos arrebatos decorativos, para inocularse drogas por la nariz, para despegar etiquetas, para exprimir barros, para golpear superficies en gesto de impaciencia, para pintárselas de negro y sentirse vampiro(a); para que te las arranquen en sesiones de tortura, como lo han preconizado los asesores de la CIA en el mundo, los militares franceses en Argelia y los talibán en suelo afgano; para dejárselas crecer y obtener una mención en el libro Guiness y arruinarse, de paso, cualquier perspectiva de practicidad en la vida:

En septiembre del año pasado, el indio Shridar Chillal, quien tiró a la basura el cortauñas en 1952, lograba 6 metros con 15 centímetros de uñas en una de las manos. En febrero de este año, la estadunidense Lee Redmond consiguió acumular 8 metros y medio de excrecencias de queratina, pero se le hicieron pedazos en un accidente automovilístico; de todos modos, ya había sido desplazada en las marcas por Melvin Feizel Boothe, habitante de Pontiac, Michigan, cuyas uñas miden, en total, 9 metros con 31 centímetros.

Pero quedémonos con que las uñas, además de los dientes, son la última materia defensiva de un individuo acosado, el arsenal de los desamparados, el arma del más débil. Gloria a ellas.

* * *

El Programa de Transporte Escolar (PROTE), impuesto en su primera fase a diez planteles particulares con más de mil 200 alumnos para el ciclo escolar 2009-2010, habría podido ser aplicado con mayor sensibilidad, coordinación e inteligencia por parte de las autoridades capitalinas; pero no fue así, y hoy se le percibe como una arbitrariedad insensible y descoordinada, construida si acaso sobre un manojo de buenas intenciones, que está generando conflictos y acentuando descontentos. Lo más grave no es que dé munición política a membretes mochos y cavernarios como la Unión Nacional de Padres de Familia (UNPF), sino que representará un nuevo golpe económico a la clase media, que ya siente cómo el agua de la crisis empieza a llegarle a los aparejos de la chequera, la tarjeta de crédito o el guardadito colchonero. Hace un año, cuando se aplicó la prueba piloto del programa, habrían podido ser válidas las palabras del secretario capitalino de Educación, Axel Didriksson, en el sentido de que los padres de familia de las escuelas particulares incluidas en la primera fase "sí tienen ingresos per cápita para pagar" el transporte. Hoy, por lo que concierne a la mayor parte de las familias que pretende mantener a sus vástagos en establecimientos de paga, tal afirmación es falsa. Por ello, es posible que la medida incremente la presión sobre los sistemas federal y estatal de educación pública, porque las cuotas para el transporte obligado incrementarán en 20, 30 o 40 por ciento el gasto en educación de las familias de ese segmento, muchos no podrán afrontar ese aumento y enviarán a sus hijos a escuelas públicas.


27.5.09

Réplicas

al texto “Industria del desaliento”:

No estoy muy segura de que votar sea una forma de resistencia.

Me parece que votar, aunque se anule el voto, en primer lugar es una forma de avalar al IFE, que creo que no lo merece ni garantiza nada, ni la cuenta numérica.

Y aunque quisiera uno volverse demócrata, creer que la democracia no es una utopía, cerrar los dos ojos ante el IFE, ¿por quién se puede votar?

Los partidos como tales no ofrecen ni promesas, no son creativos ni para sus anuncios, hace muchos años que lo único que se les ocurre es llenar la ciudad de basura de plástico con la imagen de sus jetas, perdón, pero así lo veo y ese es el respeto que me merecen TODOS: los perredistas votando la ley Monsanto, la ley Televisa sin leerla, los panistas instalados en la doble moral que viene desde la edad media y los priisas como siempre.

Desde el punto de vista de las personas, se trata de trapecistas que brincan de partido en partido. Se ha llegado al nivel en que es público y reconocido que el tramposo artífice del fraude del 88 se ha convertido en un famoso nacionalista...

Actualmente la cosa es peor, estamos viviendo la feria del cinismo todos los días. ¿Por qué habríamos de ir a votar? ¿Para que esto siga?

En la mayor parte de las rebeliones indígenas contra los españoles, las comunidades fueron capaces de aguantarlo todo, la esclavitud, la muerte, pero se rebelaban cuando el estado intentaba interferir en su vida privada, en sus costumbres, etc.

La realidad nacional, el ejército a diestra y siniestra y ahora un estado de excepción no reconocido, en el que la ssa (¡se parece a la SS!) está autorizada a allanar las casas con el único propósito de salvarlo a uno, es posible que nos acerque al límite de lo tolerable.

Walter Benjamin decía que las revoluciones no son un motor que impulse a los pueblos, sino el freno de mano que las sociedades accionan cuando piensan que son conducidas al abismo.

Habrá que esperar.

Salud

Elvira Nava y Courrech

Hola, coincido con tus reflexiones acerca del cinismo y desprecio que la clase politica tiene hacia los ciudadanos. Pero no coincido acerca de tus conclusiones cuando dices que no tenemos nada mejor, nos aguantamos una vez más.

El poder en realidad se lo damos nosotros con el dinero de nuestros impuestos y ese "aguantarnos" .

Cuando se hace un concurso para proyectos si ninguno convence se declara desierto no? Entonces en este caso igual:estos señores que ganan millonadas y que solo se ponen de acuerdo para robarse todo no nos representan, ninguno tiene un proyecto digno de ser apoyado. Entonces creo que deberiamos decir: ni un peso de nuestros impuestos para campañas politicas. Por lo menos sería un cambio!

Sería interesante dar seguimiento al dinero obtenido por Cartens el 24 de Abril para el programa de oportunidades.....

Yo voté el 6 de Julio pero ahora ya no hay para quien votar.

Muchos saludos, Giovanna Cavasola


Tu colaboración “Industria del desaliento” me ha dejado intrigado pues el planteamiento esta divorciado de la conclusión. Después de un lucido retrato del cínico y, ya no decadente sino pútrido sistema político mexicano, concluyes en el sufragio como única forma de resistencia ante la inmoralidad legalizada de la clase política ¿!? ... El sufragio no fue diseñado para ser una “forme de resistencia” y asumirlo como estrategia para tan solo dificultar el ejercicio de la infamia resulta terriblemente desesperanzador. El cinismo ha llegado a tal extremo que la vía electoral es mero apéndice convalidatorio, la experiencia del 88 y el 2006 nos ha dejado claro que cuando el voto ciudadano se inclina por un cambio, ya no digamos cualitativo, de simple forma, el “sistema” no duda en imponerse y preservarse a costa de lo que sea. Votar es ya irrelevante.

En línea, el debate no consiste en por quién votar o no votar, el debate es si se anula o se abstiene. Los partidarios de la anulación (abstencionismo activo) defienden esta como una forma de presión o castigo al sistema, porque en el fondo aún creen en él. Los partidarios de la abstención (o sea, ni siquiera asistir a las urnas) sostienen que el simple hecho de cruzar una boleta, aunque sea para anular, revalida la partidocracia que padecemos. Los partidarios de la anulación sostienen que la abstención es leída como apatía por el poder. Los abstencionistas sostienen que cualquier tipo de participación involucra y vuelve cómplice al participante.

Tu posición sostiene es sufragio como forma de resistencia, lo cual, a grandes rasgos me parece un sinsentido… ¿Podrías argumentar eso?

Un respetuoso saludo

Víctor Adrián Trujillo

24.5.09

De la sonetería


Genuflexia
Quisiera yo vivir en el sosiego
y despertar temprano en la mañana,
beber agua, comer comida sana
y quitarme lo brusco y lo rejego.

Querría terminar este trasiego
de vodka, chicharrón y carne humana
y ver a la lechuga como hermana
con los ojos en blanco de borrego.

Yo quisiera rezar; cantar Ho Sanna;
querría ser tan tonto como un lego
perdido en la planicie vaticana.

Querría, en fin, ser mudo, sordo, ciego
y en vez de espiar las nalgas de La Diana
venerar el ayate de Juan Diego.

23.5.09

¿Votar o no votar?


Vayamos mañana domingo 24 de mayo, a las 11 am, al Hemiciclo a Juárez, a la asamblea de la Resistencia Creativa, y ahí les doy mis razones y platicamos y discutimos. ¿Les parece?

21.5.09

Julia y su jamón humanitario


En fechas recientes, mi cuenta de correo ha sido invadida por mensajes que rompen el alma: gatitas huérfanas y discapacitadas, conejos con leucemia, canarios ciegos, perros ancianos que sufren enfermedades neurodegenerativas. Al pie de fotografías realmente desgarradoras, los remitentes enfatizan el deber moral de abrir el hogar y el corazón a esos seres necesitados de cariño y de cuidados (a veces, intensivos) y de reivindicar ante la energía cósmica el buen nombre de la especie humana, tan enlodado por millones de canalladas de toda clase, chiquitas, medianas, grandes, extra large y jumbo. Me conmovió especialmente el caso de un pastor alemán que, tras sufrir la pérdida de movilidad de sus extremidades posteriores, fue echado a la calle por sus amos crudelísimos y anduvo arrastrándose por las aceras hasta que el remitente del mensaje se lo encontró, lo llevó a un albergue especializado en mascotas con capacidades especiales, lo bautizó Nerón, le tomó tres fotos dramáticas y tiernas y se puso a lanzar emails de auxilio a las direcciones de conocidos y desconocidos. Recordé entonces un caso similar que presencié años atrás en un pueblito oaxaqueño: el perro de una familia campesina fue atropellado en la carretera próxima, se quedó paralítico del abdomen para abajo y sus dueños tuvieron la buena idea de fabricarle una silla de ruedas ad hoc: era como una pequeña carreta de dos ruedas, sobre la que el infortunado animal asentaba sus cuartos traseros y que se le ataba a la cintura con un cinturón viejo. De esa forma, el can, convertido a la fuerza en una criatura bípeda, podía remolcar una parte de sí mismo moviendo las extremidades anteriores. Ahora que escribo esto, realizo una búsqueda rápida y descubro que ese artilugio rústico tiene equivalentes comerciales y hasta elegantes. De hecho, en Gringolandia hay un mercado de productos especiales para bichos a los que se les ha estropeado alguna parte del organismo.



El asunto me llevó también a evocar a Julia, una vegetariana de línea dura, tan colmada de buenas intenciones que parecía a punto de explotar, y que era capaz de compadecerse hasta de una ortiga necesitada de riego y abono. Era oriunda de Suecia o de Holanda, o algo así, y en cuanto llegó a México, siguiendo su primer impulso y su primer contacto, se fue a una comunidad michoacana a trabajar en proyectos de desarrollo sustentable. Llegada al lugar, Julia se enteró con gran desazón que allí la principal actividad económica era la porcicultura. Superado el trauma inicial, y ante la negativa de los habitantes a cambiar su actividad tradicional por la producción de propóleo, como les proponía la forastera, ésta discurrió una propuesta genial: matar a un ser vivo era desde todo punto de vista inaceptable, de modo que si no se podía evitar la explotación de su carne resultaba obligado preservarle la vida. Como primer paso, la mujer trató de convencer a los productores de que cambiaran de giro, dejaran de hacer carnitas y que, en vez de eso, se dedicaran a la fabricación de jamón serrano, lo que podía reportarles un notable incremento en sus ingresos. Cuando logró venderles esa idea, pasó al punto dos: a cada cerdo se le amputaría, por medio de una intervención quirúrgica cuidadosa, con el concurso de un anestesista calificado y subsiguientes apapachos postoperatorios, uno de los cuartos traseros, el cual sería destinado a la producción; a cambio del daño, se compensaría al animal con una prótesis adecuada, alimentación a base de nueces y almendras, vivienda limpia y afecto humano hasta que sobreviniera su muerte natural. Hasta donde sé, los que habrían de salir beneficiados con la propuesta —ingrata que es la gente— la mandaron al cuerno.


Faith, la perra bípeda de Oklahoma


Conocí a Julia cuando elaboraba el proyecto. Había venido al Distrito Federal para solicitar la asesoría de un veterinario con especialidad en homeopatía y acupuntura. Me llamó por teléfono para pedirme mi opinión, nos citamos en un café, acudimos, nos presentamos, ella desplegó en la mesa unos papeles con textos y dibujos, se lanzó sin más preámbulos a exponerme su plan y yo la escuché con atención hasta que terminó. Luego le formulé algunas preguntas básicas: el precio promedio de un cerdo, los honorarios del cirujano, el costo al mayoreo de las prótesis (ella dudaba si era aceptable mandarlas a hacer en serie o si, por el contrario, la ética exigía que fuesen a la medida de individual de cada animal amputado) y el presupuesto para la jubilación digna de los porcinos. Saqué del bolsillo una hermosa y entrañable pluma fuente, garabateé sobre una servilleta unas sumas rápidas y unas divisiones de bulto y obtuve que, para sacar gastos, los porcicultores tendrían que vender su jamón en algo así como 700 dólares el kilo. Recordé entonces al perro oaxaqueño y le sugerí que se cortara ambas patas traseras a los puercos y se les proveyera no de prótesis, sino de sillas de ruedas; de esa manera, le dije, los costos del producto a granel podrían bajar a unos 450 dólares, y aun así sería difícil colocar en el mercado aquel jamón humanitario. Ella me lanzó una mirada ofendida ante lo que consideró una inmoralidad y, sin decir palabra, recogió sus papeles de la mesa, se levantó y salió del café. Su partida súbita me dejó tan sorprendido que en el momento no me di cuenta de que se había llevado mi pluma fuente.



Años después me llegó una solicitud para que agregara mi nombre a una lista de firmantes de un proyecto formidable que aspiraba al patrocinio de la Organización Mundial de la Salud, de la Comisión Económica y Social de la ONU y de la UNESCO, y en el que la tal Julia fungía como directora estratégica. Se trataba de un plan ejecutivo muy bien diseñado, tanto en lo conceptual como en lo gráfico, que clamaba por un enfoque holístico en la relación entre los humanos y otras especies animales. Proponía, entre otras acciones, prohibir los atroces métodos de electrocución empleados para obtener esperma de sementales perezosos y sustituirlos por adaptaciones del yoga kundalini orientadas a equinos, porcinos y osos pandas del zoológico; incluir en los planes de estudio de las carreras de veterinaria una materia sobre invertebrados, para que los egresados pudiesen dar asistencia clínica y sanitaria a pulpos en desgracia, arañas con una pata rota y hasta a humanos que hubiesen atentado contra una mosca, le hubiesen producido traumatismos severos y luego, arrepentidos de su acción, pretendieran salvar la vida de su maltrecha víctima; ah, el plan de acción también estipulaba que, si no era posible persuadir a ciertas industrias químicas de que dejaran de producir insecticidas, cuando menos se les debía exigir que agregaran a sus productos un anestésico poderoso para evitar el sufrimiento final de los seres inocentes asesinados. Cuando estaba a punto de agregar mi rúbrica en el documento, me pregunté si no sería conveniente pensar menos en los zancudos con hipertensión y más en los millones de humanos que la están pasando de la chingada en este mundo, y como además la directora ejecutiva de la propuesta me había dejado sin pluma, no la firmé.


19.5.09

Industria del desaliento


Y al presenciar las guerras de fango (seguramente real, en su mayor parte) en las que está enfrascada la clase política, uno se pregunta si es que ésta se ha quedado sin árbitro que les modere la boca a sus integrantes o si se trata también de una campaña de posicionamiento y de imagen destinada a sembrar en la ciudadanía una percepción precisa: el asco.

Vamos a ver: cuando los propios protagonistas del quehacer institucional confirman que éste sirve para maldita la cosa porque la impunidad es más importante que el país, porque el cinismo es el lubricante básico del aparato del poder y porque la inmoralidad siempre hallará la manera de legalizarse a sí misma, lo lógico es que una buena parte de la gente de la calle —la que no tiene acceso a las oficinas, los restaurantes, los estudios televisivos, los confesionarios o los burdeles donde se toman las decisiones realmente importantes— concluya que creer en las leyes es perder el tiempo, que atenerse a las reglas del juego formal es un autoengaño, que la nación no tiene remedio y que más vale concentrarse en sobrevivir, y hasta en “vivir mejor”, como afirma el descaro calderonista, y acomodarse en la pequeña corrupción tolerable.

Parece, pues, que con sus guerritas o guerrotas, ex políticos, paleo políticos y para políticos proponen a la población un acuerdo implícito: “Ustedes despreocúpense, que esto no tiene remedio. Háganle como puedan para salir adelante y no se ensucien de más en esa inmundicia mayor que es la vida republicana; déjennos hacernos ricos en ella que nosotros, a cambio, nos encargaremos (al fin que ya estamos batidísimos) de gestionar la sordidez y la mierda.”

El escándalo político como industria del desaliento ciudadano es una hipótesis ineludible cuando se asiste a un fuego cruzado con proyectiles de gran calibre como los que vemos pasar sobre nuestras cabezas, por ejemplo, en el reciente duelo de artillería que sostuvieron, entre Coyoacán y Tlalpan, el demente y el delincuente, como se calificaron ellos mismos. Y más, si se considera que estas vistosas escaramuzas tienen lugar a cosa de un mes de las próximas elecciones, a las que ya desde antes se les auguraba una participación ciudadana más bien raquítica. “Ustedes votaron por mí, y ya ven; luego les impuse a aquél, después sufragaron por un monito que quién sabe cómo se llamaba; a continuación se ilusionaron con el alto vacío y por último les enjaretaron un segundo espurio; para colmo, ya han visto lo fácil que nos resulta comprar dirigencias enteras en los partidos de oposición; así que hagan sus cuentas y pregúntense: ¿para qué se molestan en votar? Mejor quédense en casita y vean los resultados en el Canal de las Estrellas que sería, cómo creen, incapaz de mentirles.”

Tal vez los surtidores sucios que vemos brotar por todas partes y los infortunados desencuentros declarativos entre los señores licenciados constituyan, en alguna medida, un intento del cártel que ocupa el poder por culminar la expropiación a su favor de la vida pública, es decir, lograr que el legítimo propietario de ésta, el pueblo, renuncie en definitiva a ejercer sus derechos cívicos y se diga: “¿De qué me sirve a mí este cochinero?”

Por si las moscas (es un decir, que las moscas están allí, y son muchas), y así fuera sólo para no hacerle demasiado fácil el trabajo a quienes han venido expropiando todo lo demás, es deseable y necesario informarse, decidir y votar. Ahora más que nunca, el sufragio es una forma de resistencia ante la inmoralidad legalizada de la clase política.

18.5.09

Rafa Escalona, 1927-2009


"En la última madrugada que le quedaba a Macondo, Aureliano Buendía, el último de la estirpe, se emborrachó con aguardiante en una cantina animada con las canciones de Rafael Escalona. Era junio de 1967 cuando ‘Cien años de soledad’ fue impresa por primera vez por la Editorial Sudamericana. Hace 42 años, Escalona ya era un personaje con sabor a leyenda, digno de ser inmortalizado.

¿Simple capricho de Gabriel García Márquez por incluir en su “vallenato de 467 páginas” a este personaje que aún no tenía el peso cultural de hoy? No. El nobel colombiano sabía de la importancia caribeña que el maestro Escalona atesoraba a punta de los silbidos con que hacía sus canciones.

“Es una vaina”, repetía en son de broma y ‘mamadera de gallo’, cuando elogiaba la habilidad del compositor para crear realismo mágico con pocas palabras, cuando él debió escribir todo un libro.

Rafael Escalona, quien falleció la tarde del miércoles, vísperas de cumplir 82 años, no fue un simple nombre de referencia dentro su pieza maestra de literatura. En realidad era su amigo y cómplice de aventuras reales y ficticias. La existencia del uno no se puede entender sin nombrar al otro."



Carlos Rojas

17.5.09

Me choca que Fidel
Castro tenga razón

Funcionarios omisos

“MIGUEL ÁNGEL LEZAMA, DIRECTOR GENERAL DEL CENTRO NACIONAL DE VIGILANCIA EPIDEMIOLÓGICA Y CONTROL DE ENFERMEDADES, Y UNO DE LOS FUNCIONARIOS CLAVE EN EL EQUIPO DEL SECRETARIO DE SALUD, JOSÉ ÁNGEL CÓRDOVA VILLALOBOS, CONFIRMÓ QUE DESDE EL 3 DE ABRIL SABÍAN DE LA PRESENCIA EN MÉXICO DE UN NUEVO TIPO DE VIURS QUE DETECTARON EN LA COMUNIDAD DE LA GLORIA, EN PEROTE, VERACRUZ, Y NO LO REPORTARON EN FORMA INMEDIATA A LA OMS, CONTRAVINIENDO LO ESTABLECIDO EN EL REGLAMENTO SANITARIO INTERNACIONAL.”

“LEZAMA DEFIENDE EL DERECHO DE HABER LANZADO UNA ALERTA SANITARIA EL 17 DE ABRIL, EL MISMO DÍA EN QUE EL PRESIDENTE DE ESTADOS UNIDOS, BARACK OBAMA, ABANDONÓ EL PAÍS, ARGUMENTANDO QUE SE TOMÓ LA DECISIÓN DE LANZAR UNA ALERTA EPIDEMIOLÓGICA EL DÍA 17, E INCLUSO SE DIO UNA CONFERENCIA DE PRENSA, PERO NO SE TUVO EL IMPACTO MEDIÁTICO PORQUE FUE EL DÍA QUE ESTABA EL PRESIDENTE OBAMA.”

“ DE ACUERDO CON LEZAMA, SEGURAMENTE EL NUMERO DE FALLECIDOS HABRÍA SIDO MENOR DE HABER LANZADO LA ALERTA DESDE LOS PRIMEROS DÍAS DE ABRIL.”

(Tomado de El Universal Radio)


La dizque "alerta" del 17 de abril

13.5.09

Alcohol, drogas y gobernantes


A diferencia de otras sustancias que producen bienestar cerebral o lo contrario, en Occidente el alcohol ha librado bastante bien las prohibiciones. En el siglo pasado hubo sólo unos cuantos casos de veto total a los vinos y licores (el más grave y contraproducente fue el emprendido en Estados Unidos entre 1920 y 1933), aunque son comunes las restricciones a la venta de alcohol en ciertos horarios y en tiempos de elecciones. Esa tolerancia jurídica, que contrasta para bien con la severa persecución que sufren los briagos en la mayor parte de las sociedades islámicas, va acompañada de una ambigüedad moral para con los borrachos que se extiende desde la simpatía y la complicidad hasta la repugnancia, pasando por la muy encomiable postura clínica que postula el deber social de asistir al alcohólico en su rehabilitación. El ebrio inofensivo da ternura y el que se hace daño a sí mismo causa risa (descansa en paz, célebre Canaca), pero el que afecta a otros en su irresponsabilidad suscita la indignación.


Aznar: franquista y borracho


La misma razón por la que se permite la producción, el transporte, la venta y el consumo de bebidas alcohólicas (el principio de libertad, individual o de empresa) es válida para descalificar la prohibición de numerosas sustancias sicotrópicas. En esa lógica, los mismos argumentos esgrimidos para ilegalizarlas (riesgo de adicción, generación de conductas violentas y antisociales, destrucción de entornos familiares y sociales, comisión de actos irresponsables) tendrían que aplicarse para impedir el descenso de cualquier líquido con poco o mucho alcohol por los esófagos de los ciudadanos: el trago provoca una pérdida de control que puede ser chistosa o repugnante, a lo más, cuando la anécdota no va más allá de decir ocurrencias, quedarse tirado u orinarse en los pantalones. Pero cuando un borracho o una borracha operan una grúa con diez toneladas de carga, o pilotan un avión, o practican una cirugía a tórax abierto, o ejercen con legitimidad o sin ella la Presidencia de la República, hay sobrado motivo para la alarma y el escándalo.

En youtube están documentadas algunas recaídas públicas del alcohólico George W. Bush, una que otra idiotez etílica de José María Aznar y la peda monumental que Nicolas Sarkozy se puso en un encuentro con Vladimir Putin.


Sarko: pedísimo


Y por cierto: es fácil truquear el video de alguien que habla para hacerlo aparecer como si hubiera bebido un galón de vodka o de mezcal ríspido: se acelera 50% la velocidad de la grabación y se sube cinco notas la frecuencia del audio. El truco ha sido hecho a costillas de Putin, de Jacques Chirac y del propio Bush.

El borracho presidencial más célebre de la historia mexicana es, a no dudarlo, Victoriano Huerta, quien llegó al Ejecutivo por medio de un sangriento golpe de estado. El rumor popular atribuye una afición etílica similar a Felipe Calderón, quien accedió al cargo 93 años después mediante un fraude electoral. Él y sus allegados sabrán si el chisme es cierto o no, y a estas alturas no viene al caso ponerse en plan de ayatola para censurarlo por algo de lo que ni siquiera se tiene certeza. Lo más grave con el michoacano no es que beba en exceso, si es que eso es cierto, sino que está en Los Pinos como resultado de un proceso electoral inmundo y que no representa a la ciudadanía sino a la oligarquía empresarial, política y mediática a cuyos intereses sirve. Así que lo que sigue es producto de la mera curiosidad y no de la mala fe ni de un afán de descalificar, por briago, a alguien que, siéndolo o no, merece descalificaciones más severas.

El jueves 23 de abril por la noche, Calderón hizo anunciar el inicio de una contingencia nacional por la epidemia de influenza. En un santiamén, José Ángel Córdova Villalobos contagió al país entero el virus de la incoherencia y la zozobra, en tanto que su jefe no volvió a dar la cara sino hasta el sábado, cuando apareció en Oaxaca para anunciar que la estrategia contra la influenza tomaba elementos autoritarios de su “guerra contra las drogas”. El domingo 26 se difundió un video de su comparecencia ante el Consejo Nacional de Salud en el que se le veía raro, vacilante y con la boca seca. Luego no se supo de él el lunes ni el martes (cuando Córdova Villalobos lanzó el novedoso concepto de “cifras móviles” y resucitó a la mayor parte de los fallecidos reportados anteriormente), y no fue sino hasta las 11 de la noche del miércoles 29 cuando Calderón volvió a la escena en un mensaje en cadena nacional en el que dijo, entre otras cosas, que la actividad económica era “normal”. Y apareció de nueva cuenta con la mirada un poco borrosa, una pronunciación de las erres sutilmente resbalada y cierta pérdida del tono facial.


Bush: sus recaídas


Ante el desbarajuste informativo del gobierno federal, y apalancada en el rumor de las aficiones etílicas del michoacano, la conseja popular concluyó que Calderón, en momentos de presión, escogió el alcohol como arma no para combatir al virus sino para olvidarse de él por un rato.

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Gestos de Calderón en cadena nacional.
Imagen animada a partir de los fotogramas del
video distribuido por su oficina.

(Y lo que sigue es refrito de un post anterior, por si gustan saltárselo.)

¿Estaba ebrio Calderón cuando grabó su mensaje del 29 de abril? Quién sabe. Bajé el video de la página web de la Presidencia, lo observé con atención y no pude concluir nada en firme. Lo vi cuadro por cuadro y me sorprendió la frecuencia y cantidad de imágenes estáticas en las que el michoacano aparece con los ojos cerrados, expresiones inusuales, gestos asimétricos y una aparente pérdida de control de los músculos faciales. Repetí esta observación en un video del año pasado y allí el panista se ve en pleno dominio de su cara. Nada de esto es concluyente: en el segundo de esos mensajes, Calderón habría podido estar alcoholizado, pero también con un exceso de fatiga, o conmovido porque se encontraba (luego lo confesó con modestia) en pleno rescate de la humanidad, o será que así es él y no nos habíamos dado cuenta. Pero, insisto, lo realmente grave es lo otro:

Más o menos lo mismo pasa en cada
circunstancia de crisis emergente:
se encontraba borracho el presidente
o no, pero da igual: no sabe nada.

Así fue el terremoto, la olvidada
caída de la bolsa, el inclemente
huracán repetido que a la gente
deja sin techo, herida o ahogada.

Cuando nuestro país sirve de cuna
al virus ojetísimo y porcino,
no hay datos, ni gobierno, ni vacuna.

Quite el de “mano firme” las pezuñas
que no nos ha dejado otro camino
más que rascarnos con las propias uñas.


* * *

Batidos De la Madrid y Salinas en la confirmación de su propia inmundicia, el segundo, capo de capos, pretende enlodar y/o intimidar a la periodista Carmen Aristegui. La sociedad no va a dejarla sola.

Pues qué bueno



No ocurriría algo así con el Himno de Riego. Jódete, Borbón.

12.5.09

Confluencia

Algunas de las causas: la exigencia de información precisa y oportuna y de atención médica incondicional, gratuita, suficiente y adecuada para enfrentar el peligro aún vigente, y otros; la demanda de un manejo económico orientado a facilitar las cosas a la población, no a sus depredadores; la presión social permanente para conseguir que las instituciones acanalladas, corrompidas y envilecidas por quienes hoy las encabezan y ocupan, vuelvan a cumplir con los propósitos para las que fueron creadas y no para satisfacer los intereses político-mercantiles que actualmente las subyugan; el afán de limpiar el gusanero que anida en los partidos políticos; desactivación de la pinza (delincuencia sindical y planes privatizadores) que asfixia al sistema educativo; la tarea de promover tejido social que permita a asalariados, deudores, desempleados, inquilinos, causantes, consumidores y pequeños empresarios, defenderse de la catástrofe financiera universal provocada por la gula especulativa de los grandes capitales; la movilización en respaldo a los obreros de Cananea, la liberación inmediata de los presos políticos de Atenco y la exigencia de castigo para las violaciones a los derechos humanos perpetradas allí, en Oaxaca y en Lázaro Cárdenas, entre otros puntos del mapa que marcan otros tantos episodios represivos; la preservación y ampliación de los derechos reproductivos y de género, bajo el acoso renovado de la derecha mojigata y de la hipocresía clerical y judicial.

Todas ellas son la misma causa. O mejor dicho; todas tienen perspectivas de éxito, a condición de que confluyan en una sola.

Nadie dijo que fuera fácil. Por mermado y descompuesto que se encuentre el poder público, el cártel privado que lo detenta dispone de capacidades, fueros y calibres mediáticos descomunales —sean legales, metalegales o abiertamente ilegales— y no duda en aplicarlos a conveniencia. Ahí está, para quien quiera voltear a verla, la experiencia amarga de 2006, cuando el régimen volcó todo su peso propagandístico para desprestigiar y aislar la insurgencia electoral en torno a la candidatura de Andrés Manuel López Obrador, por una parte, y el movimiento popular de la APPO, en Oaxaca, por la otra. No logró ahorrarse ni el fraude electoral contra el primero ni la represión bárbara contra el segundo, pero sí generó las condiciones para que mucha gente disculpara o minimizara la manipulación de la voluntad ciudadana y aceptara el salvajismo policial contra los activistas oaxaqueños. Y, lo más importante, contribuyó a impedir que uno y otro movimiento reconocieran sus coincidencias, que pesaran más las diferencias y los sectarismos y que una y otra causa marcharan solas e incomunicadas.

Nadie ha dicho tampoco que sea imposible. Hoy en día asistimos al agotamiento de las mediaciones, al desgaste de las sutilezas y el poder (público, pero) privatizado se reduce gradualmente a sus dos músculos centrales: el policial-militar y el monetario. Cada día es más clara la disputa no entre dos proyectos de nación ni entre dos ideologías sino entre la defensa del Estado y el plan de negocios ideado para sacar a remate lo que quede de él: energía, recursos naturales, sistemas educativo y de salud y una nube de funciones gubernamentales concesionables. Esa claridad puede resultar desoladora, pero da pie, por otra parte, a una identificación entre los sectores políticos y ciudadanos involucrados en la preservación y reconstrucción de la institucionalidad y la legalidad destruidas, adulteradas o corrompidas por el programa neoliberal —que se hace más crudo y vociferante conforme se multiplican las evidencias de su agotamiento internacional y de su inviabilidad interna— y en una definición nacional basada en el concepto de país, no en la de mercado.

La confluencia es necesaria y urgente. Ojalá que se pueda.

11.5.09

Nomás pensando

Pobre de la verdad. Nadie la quiere
salvo si puede usarse como daga
contra la piel del adversario.
Y pobre de la luz, que tanto duele
y deja al descubierto cosas tristes
y el poderío de la sombra.
Pobre la honestidad, que cómo estorba
para tener estatus envidiable,
un precioso penthouse, autos del año
y el visto bueno de las putas.

7.5.09

Obama: esto no tiene nombre



Antes de que le pongan el tuyo, saca de Afganistán a tus perros carniceros.

Ulises, Galileo
y Perpetua


  • Veraces y mañosos
  • Una historia de horror en el Instituto de Nutrición

El monstruo se dirigió a Odiseo para preguntarle su nombre. Odiseo mintió y le respondió que se llamaba “Nadie”. En rigor, el recurso fue una simulación y una inmoralidad pero resultó utilísimo en los momentos de la fuga, luego que el intruso y sus compañeros hubieron clavado una estaca ardiente en el ojo único de Polifemo. A los gritos adoloridos y furibundos de éste, sus congéneres cíclopes inquirían: “¿Alguien te ha hecho daño?” y Polifemo respondía: “¡Nadie me clavó un palo en el ojo! ¡Nadie me ha dejado ciego!”, ante lo cual, convencidos de que el gigante estaba loco, volvieron a sus casas muy confiados y no obstaculizaron de manera alguna el escape de los aventureros. Desde entonces, o más probablemente desde antes, la humanidad se ha pasado las tardes rindiendo culto a los mañosos, mientras que por las mañanas adora a los veraces.

Uno que recorrió los dos caminos --fue claridoso e implacable en la defensa de sus ideas, pero recurrió a la mentira en momentos críticos-- fue Galileo Galilei, quien era, además de genial, un gran provocador: usó sus descubrimientos astronómicos para sacar conclusiones que contradecían a la Biblia, les mentó la madre a amigos y a enemigos --entre ellos, al propio Papa Urbano VII, quien era su protector y admirador-- y terminó frente a los brutos del Santo Oficio. Con tal de salvarse de la chamusquina que le tenían preparada el sabio pisano se resignó a pronunciar la fórmula de abjuración de cuanto había dicho y escrito hasta entonces. Al parecer, en el curso del proceso el hombre jamás murmuró “e pur si muove”, en referencia a que nuestro planeta no estaba fijo sino que se movía alrededor del Sol, y la frasecita fue un invento de alguien en siglos posteriores. El hecho es que se salvó de correr la misma suerte que Giordano Bruno, o mínimo una cadena perpetua, y que fue sentenciado a rezar una vez por semana, durante tres años, los siete salmos penitenciales, y a no alejarse mucho de su casa de Arcetri.

Pero no hay que caricaturizar demasiado: las cosas fueron más complejas y el episodio referido ocurrió en el contexto de una tórrida discusión científico-teológica-filosófica entre los sistemas copernicano (heliocentrista) y tolemaico (geocentrista) que estaba haciendo pedazos lo que hasta entonces se consideraba verdades inamovibles, y no sólo postulados sacados de la Biblia sino también afirmaciones de Aristóteles que resultaron falsísimas.



Un ejemplo terrible de la verdad a toda costa es el de la mártir Perpetua, una mujer acomodada de la Cartago romana que murió en el circo en 203 de esta era. Tenía 22 años y un bebé recién nacido cuando los policías del emperador Severo se la llevaron presa por cristiana. En la cárcel, el procurador Hilariano le rogaba que dejara la religión de Cristo, pero Perpetua proclamó que estaba resuelta a permanecer en ella hasta la muerte. Entonces llegó su padre (el único de la familia que no era cristiano) y de rodillas le rogaba y le suplicaba que, por amor a su hijo, depusiera su actitud. Señalando una vasija, Perpetua le replicó: “Padre, ¿cómo se llama esa vasija?” “Pues una vasija”, respondió él. “Entonces --reviró ella--: a esa vasija hay que llamarla vasija y no pocillo ni cuchara; y yo, que soy cristiana, no me puedo llamar pagana, ni de ninguna otra religión”. A la mañana siguiente los soldados del emperador llevaron a Perpetua y a sus sirvientes, así como a otros cristianos, al circo. A los hombres los enfrentaron a un oso y un leopardo, y a las mujeres les aventaron una vaca furiosa.

En épocas más recientes podemos encontrar un montón de ejemplos de ambas actitudes en todos los bandos políticos e ideológicos y en casi todas las personas. Una infinidad de individuos abominan de la verdad en toda circunstancia, pero ha de haber poquísimos humanos que, siendo fundamentalmente veraces, se hayan abstenido de tomarle el pelo a alguien. No hay, a fin de cuentas, una carga moral intrínseca en ninguno de esos extremos: el mañoso puede ser execrable o héroe y el claridoso, santo o estúpido. Tan mal visto es engañar al amigo como sincerarse con el enemigo, y tan encomiable defender la verdad, como recurrir a la mentira en defensa de la patria o de los próximos.


* * *

Otro tema: una anécdota que ilustra el grado de degradación al que ha sido llevado el sistema de salud pública del país por la combinación de insensibilidad burocrática proverbial, de astringencia de recursos neoliberal y de típico desgobierno felipista, es la historia de horror que vivió mi amiga Martha Helena Montoya el pasado lunes 27 de abril en el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán, del que es paciente desde hace más de 17 años, y en el que tantos ciudadanos hemos tenido experiencias de espléndida atención, ya sea en carne propia o en la de personas cercanas. Tras recibir el buen trato que es tradicional en consulta externa, Martha Helena acudió a la institución para someterse a una intervención quirúrgica relacionada con un quiste en un ovario. Desde la mañana de ese día percibió una total descoordinación entre consulta externa y quirófano, al grado de que nadie estaba al tanto de los estudios previos de la paciente. Le practicaron un electrocardiograma en ocho ocasiones porque el equipo estaba defectuoso, le insertaron una sonda para la anestesia pero el aparato dosificador estaba descompuesto y el dispositivo que debiera marcar la temperatura interna tampoco funcionaba. Finalmente, fue operada y trasladada al área de estancia corta, en donde se enfrentó con un injustificable despotismo por parte de las enfermeras: “¿Ya orinó? Pues apúrese a orinar, que si no, la sondeamos, y eso sí que es doloroso, además de que se va a infectar”.

Lo peor llegó a las 9:30 de la noche, cuando al área de estancia corta, en la que las camas de los pacientes se encuentran en cubículos individualizados con cortinas, entró un tropel de soldadores y electricistas (cinco o seis) con taladros, tanques de gas, sopletes de acetileno y otras herramientas. Procedieron a quitar, trabajando sobre los propios enfermos, las lámparas del plafón, que estaban cubiertas de polvo, y a taladrar, perforar y soldar. La explicación fue que debían instalar unas tuberías nuevas para el oxígeno, como parte de los preparativos para recibir allí a los contagiados de AH1N1. Los trabajadores caminaron sobre el plafón, del que cayeron polvo y cucarachas. Recién salida del quirófano, Martha Helena se dirigió a una de las enfermeras para pedirle que la sacaran de ahí y le explicó que el polvo la afecta gravemente, porque es asmática. “Pues póngase un cubrebocas”, le espetó la empleada con mal gesto, y luego recurrió al pretexto de la emergencia sanitaria como justificación para el maltrato, el desdén y el atropello.

* * *

Ya que el mundo no acaba de terminarse, aprovecho el tiempo suplementario para agradecer los mensajes de Marcela Capdevila, Raúl G. Enríquez, Manuel Servín Massieu, Jorge Moch, Alberto Lazcano, Alejandro Gastélum, Mariana Sáiz, Antonio Morfín, Silvana Rabinovich, Luis Rojo, José Luis Anguiano y Chamu Coral. Abrazos a todos.

6.5.09

“Labores propias
de mi sexo”


Hallé una forma buenísima: toallas para cocina reutilizables, que vienen en rollo; se hacen churrito de un lado, se amarra la punta con hilo elástico, se le pone al nudo una gotita de kola loka para que no se corra, se repite el procedimiento en el otro extremo de la toallita, se corta el hilo para regresarlo al primer extremo, (para que quede doble) se vuelve a amarrar, otra gotita de pegamento instantáneo, se voltea el conjunto para que los extremos amarrados queden hacia el lado de adentro, y listo: un precioso tapabocas que ajusta perfecto en el belfo de quien corresponda. O, si lo prefieren, una hamaca para ratones. (Fotos: Clara)

5.5.09

De los apestados


Muchos de ustedes, señoritos de la escena internacional que ahora nos evitan a nosotros los mexicanos por apestados, llevan décadas haciendo negocios prósperos con la oligarquía de nuestro país. Innumerables empresas del primero, del segundo y hasta del tercer mundo, se han hinchado de dinero a la sombra de las privatizaciones salvajes y corruptas que arrancaron en forma descarada a partir de 1988 —y de lo que las acompañó: congelación salarial; aniquilación de sindicatos, ejidos, comunidades, barrios y todo lo que oliera a tejido social; enriquecimiento programado de cuarenta gatos en detrimento de cien millones; eliminación de instituciones, políticas y programas de bienestar social, y su remplazo por planes de limosna selectiva; desprecio y ninguneo presupuestales a la salud, la educación, el desarrollo científico y tecnológico (qué bonito se ve Salinas, dos décadas después, cerrando el único centro público productor de vacunas) y la cultura; devaluación generalizada y sistemática de la población a fin de elevar la competitividad internacional de la carne humana, que ha sido vista, junto con el petróleo y las drogas, como nuestra carta fuerte de exportación; corrupción progresiva y deliberada de la vida republicana y del aparato estatal; construcción masiva y acelerada de polos turísticos, clubs de golf, marinas, centros comerciales y oficinas gubernamentales tan relucientes como inútiles, y abandono de caminos vecinales, clínicas, escuelas, conjuntos habitacionales y cementerios.

Ustedes, gobernantes, empresarios, logreros y zánganos bendecidos por el soplo de los reflectores, han pasado 20 años de entusiasmo en la feria de contratos impuesta —en provecho propio y en el de ustedes— por el grupo de poder local: han sido proveedores beneficiados; han explotado a fondo, y con resultados magníficos, la ausencia de estado de derecho que impera en México en materia laboral y de derechos sociales; han comprado bancos, han revendido minas, han lucrado con divisas y han impuesto sus reglas glotonas y miserables en las agroindustrias, los medios informativos, el comercio minorista, la publicidad, las telecomunicaciones, las empresas turísticas, el saqueo de los recursos naturales, la creación de iglesias instantáneas y la producción y venta de condones, entre muchos otros rubros.

En el afán de comerse la mayor tajada posible de algo que es un país, por más que sus sucesivas administraciones lo sigan considerando un pastel, ustedes se han hecho socios y cómplices de una oligarquía podrida y acanallada; han ayudado a legitimar fraudes electorales y han saludado de mano y hasta de beso, sin guantes ni cubrebocas, a presidentes espurios, a secretarios de currículum inventado, a gobernadores que bien podrían ser carne de presidio (pero que prodigan cuidados amorosos a la inversión extranjera), a mafiosos erigidos en dirigentes sindicales, a jerarcas religiosos encubridores de pederastas y de narcos, a delincuentes cubiertos con la seda respetable del funcionariato.

El gran negocio ha sido también de ustedes y para ustedes, los que vieron hacia otro lado ante la reaparición en México, de la mano del neoliberalismo, de enfermedades tercermundistas que habían sido ya erradicadas, ante la desnutrición, la marginación y la disminución sostenida del poder adquisitivo del salario, ante los miles de cadáveres esparcidos en el territorio nacional, de manera conjunta, por el narcotráfico y por la hipocresía infinita del “combate a las drogas”, fachada del negocio transnacional de la prohibición. Pero eso sí: ahora, cuando un jodido virus de nueva cepa irrumpe en un país postrado por el acatamiento a rajatabla de las recetas económicas impuestas por ustedes y causa dos decenas de muertos contagiosos, sobreviene el horror mundial, los mexicanos nos volvemos apestados súbitos, y si somos defeños, peor: un estornudo nuestro se constituye en prueba potencial de genocidio.

Ahora es oficial: la epidemia, mortífera o no, más virulenta o menos, es también la de ustedes. Es tan de ustedes esta emergencia sanitaria como la crisis económica en curso; tan propiedad de ustedes es el virus como esas joint ventures llamadas Salinas Inc., Zedillo Corp., Fox & Co. y Calderón S.A. Alégrense, que no los hemos defraudado: la apertura comercial de mercados ancestrales, la promoción de fachadas democráticas en tierras de indios insumisos, la modernización tecnocrática, la inversión extranjera y demás coartadas de la globalidad salvaje están dando, por fin, frutos tangibles. Muramos o no, los apestados mexicanos les enviamos un saludo.

* * *

Ágata: un abrazo fuerte para ti y para los tuyos.

3.5.09

Pues ya qué


Tedioso domingo de cuarentena. Quienes puedan o quieran, quítense la pijama o quédense con ella, pero súbanle todo el volumen y pónganse a bailar.

2.5.09

Comandante supremo

Gestos en cadena nacional

Más o menos lo mismo pasa en cada
circunstancia de crisis emergente:
se encontraba borracho el presidente
o no, pero da igual: no sabe nada.

Así fue el terremoto, la olvidada
caída de la bolsa, el inclemente
huracán repetido que a la gente
deja sin techo, herida o ahogada.

Cuando nuestra ciudad sirve de cuna
al virus ojetísimo y porcino,
no hay datos, no hay programa, no hay /vacuna.

Quite el de “mano firme” las pezuñas
que no nos ha dejado otro camino:
rascarnos, pues, con nuestras propias uñas.

1.5.09

Cosecha de desinformación

Comentarios de lectores de El Universal y de Reforma

La hora que hizo
temblar al mundo


Cuando se dieron cuenta ya era tarde:
irremisiblemente se acercaba.

Al principio hubo varias opiniones.
No faltaron los radicales
que pretendían acabar con todo
aunque fuera tomando medidas extremadas.
Otros optaron por la indiferencia.
Los más se dividieron en comités profundos.

No obstante, se acercaba
sobre seguro paso irremediable.

Yo me puse a cantar entusiasmado.

Muchos salieron, sordos y terribles, a cerrar los /caminos,
a envenenar los ríos,
a interrumpir los arcos de los puentes,
a inventarse murallas.
Los demás se quedaron cavando las trincheras,
armando barricadas,
decretando las leyes marciales más terribles.

Yo seguía cantando cada vez más alegre.

No hubo modo posible:
inútil todo:
nada le detuvo.

Cundió el pánico entonces,
cundió la indignación y el heroísmo:
algunos sucumbieron en la lucha
víctimas de cuestiones sumamente biliares
y de graves asuntos oficiosos.

Y cuando al fin llegó
la población entera dio de gritos:
la mayoría se arrancó los ojos con los codos.
Entre la confusión
muchos murieron tumultuariamente.
Los más desesperados llegaron al suicidio.
Por no hablar de los otros:
aquellos que en la tribulación atormentados
les cortaron los órganos genitales al hijo y a la /hermana.
Fueron cosas tremendas.

Yo seguía cantando pleno de paz y júbilo.

Se acercó a mi guitarra.
Sonrió.
Hizo sonar las cuerdas dulcemente.
Metió una mano dentro de mi pecho
y acarició mi corazón alegre como a un perro.
Me dijo no cien veces con acento infantil.
Y se alejó con una gran sonrisa,
por sobre la catástrofe y los muertos,
por sobre los heridos y las ruinas,
por sobre la humazón y los escombros,
por sobre mi guitarra destrozada,
mi corazón colgando pecho afuera
y mi espérame espérame.

Se alejó irremediablemente en su sonrisa
hacia quién sabe dónde.

Lo peor de la tragedia
es que toda esta historia son mentiras.

Manuel José Arce