12.2.09

Carta a los artrópodos


Me dirijo a ustedes, artrópodos, como los representantes más complejos de un mundo de invertebrados que incluye, además, a bacterias, arqueas y eucariotas, y a amasijos multicelulares como las esponjas, las lombrices, los gusanos planos, las medusas, las estrellas de mar y los corales. Me dirijo a ustedes en razón de nuestra enemistad ancestral. Hablo en nombre de los vertebrados en general, de los mamíferos y de los humanos.

Los antepasados de ustedes y los nuestros han rivalizado desde el primer poblamiento de las tierras emergentes, allá por los tiempos ordovícicos (hace 500 millones de años), e incluso desde antes, cuando surgió la vida animal en las aguas marinas “nutritivas y tibias como la orina de un diabético”. Podremos tener antepasados comunes, pero nunca los reconoceremos a ustedes como hermanos nuestros.

Por entonces, ustedes depredaban a nuestros tatarabuelos peces, y ya en tierra firme, mientras los primeros tetrápodos se esforzaban por desarrollar sus extremidades gelatinosas y por sobrevivir en el aire seco, ustedes, provistos de la movilidad que dan las patas plenamente funcionales, hundían sus colmillos formidables en la carne desamparada de aquellos lejanos ancestros nuestros. Entrado el Carbonífero, gracias a una atmósfera hiperoxigenada, ustedes desarrollaron dimensiones atroces (ciempiés de dos metros de largo, arañas capaces de devorar a un gato, libélulas de envergadura comparable a la de las águilas actuales) que les permitieron engullir anfibios y reptiles. De no haber sido por el cambio climático que sobrevino al fin de aquel periodo, tal vez los vertebrados habitaríamos hoy en día las rendijas de las casas de ustedes, nos disputaríamos los restos de su cena y correríamos aterrorizados para evitar ser aplastados por sus patas peludas y por sus pedipalpos letales. Pero, en buena hora, el oxígeno escaseó, y sus sistemas traqueales resultaron incapaces, en la nueva circunstancia, de sostener aquellas monstruosas dimensiones.

Los hemos estudiado, clasificado, rebanado en el microscopio y disuelto en ácidos para obtener las claves de su composición última y residual, y hemos concluido por sostener, en nuestro discurso racional, que ustedes son banales e insignificantes, migajas de vida rudimentaria dispersas por el mundo. Sin embargo, algo en nuestra psique les teme, los odia y los asocia con la bestia invisible que devoró a plena luz del día al autor del Necronomicón, el árabe loco Abdul Alhazred.

Es posible que el pánico irracional que ustedes aún causan en muchos individuos de nuestra especie se encuentre grabado en los genes desde aquellos tiempos anómalos, al igual que la pesadilla recurrente de insectos gigantes y que el arquetipo de la araña devoradora. Tal vez hoy en día, en las contadas ocasiones en que un miriápodo se zampa a un ratón, o cuando un arácnido consigue cazar a un pequeño pájaro, los vertebrados sintamos un escalofrío de agravio revivido. Hay un dato importante: nuestro elemento primario de superioridad sobre ustedes no fue el tamaño ni la movilidad, sino la memoria. Y es que ustedes son seres sin recuerdos ni afectos, y sin más órganos perceptivos y cognitivos que un tumor triganglio dedicado a procesar las señales provenientes de sus ojos, sus antenas y sus hocicos, y un cordón de nudos ventrales que regulan su digestión y su circulación rudimentaria.


Nosotros hemos heredado de nuestros ancestros peces, anfibios y reptiles, junto con el sistema límbico, las emociones primarias que ustedes desconocen; en el cerebro de nuestros abuelos mamíferos se desarrollaron circunvoluciones que, sin incrementar el volumen del órgano, aumentaban su superficie; en nuestros predecesores más inmediatos apareció el neocórtex, y en él, la idea de Dios, el pensamiento económico, las narraciones de Kafka, la teoría de la evolución, los planos del Taj Mahal, los desfiles de modas y la comprensión paulatina de los agujeros negros. Ustedes, en cambio, llevan 500 millones de años sin pensar en nada y sin otras pulsiones que las de comer y evitar que se los coman.

Hoy en día hemos establecido reglas para compartir con ustedes este planeta, nos resignamos a que nos devoren cuando hemos muerto; nos dignamos a entablar relaciones de estricta conveniencia con las abejas, los camarones, los gusanos de seda y la grana cochinilla, y hasta somos capaces de admirar las alas de una mariposa, a condición de que el resto de su anatomía nos pase inadvertida; podemos hallar simpáticos a algunos de ustedes, como los grillos (los volvemos símbolo de nuestros tapujos morales antes de echarlos a una sartén hirviente) y las catarinas; convertimos a las hormigas en ejemplo de laboriosidad (y después las masacramos en masa con un polvito blanco); los incorporamos a nuestro zodíaco, como les cupo en suerte al escorpión y al cangrejo, nos chupamos los dedos con el delicado sabor de la pulpa interior de langostas y camarones y, de cuando en cuando, los contratamos como mercenarios y ponemos un alacrán entre las sábanas del prójimo enemigo.

Pero no se equivoquen: nosotros los odiamos, artrópodos. Generalizamos y exageramos sus secreciones irritantes o venenosas, los identificamos con la suciedad y lo aborrecible, compartimos las fobias literarias hacia los trilobites, nos asquea su sexualidad (esos espermatóforos desprendibles a conveniencia...), nos repugnan sus articulaciones, nos enferman sus hábitos alimenticios (esa manía de vomitar jugos gástricos sobre lo que se van a tragar...), despreciamos su vida social inconsciente y mecánica, nos irritan las cucarachas, nos causan rechazo moral las mantis religiosas, no cejaremos nunca en el afán de lograr la extinción total de las moscas y los zancudos.


Olvídense de la fobia que nos causan las serpientes, el miedo que experimentamos ante un lagarto, el asco que nos infunden los buitres y las hienas, nuestras precauciones ante los tigres y los lobos. No se fijen en nuestras diferencias internas, como las que desembocaron en la Primera y en la Segunda guerras mundiales, en Vietnam, en Kampuchea, en Yugoslavia, en Gaza. Téngannos miedo: qué seremos capaces de hacer contra ustedes si los romanos hicieron lo que hicieron a los cartagineses, los otomanos, a los armenios, Stalin, a los pueblos soviéticos, Hitler, a los judíos y a los gitanos y a los comunistas y a los eslavos y a los homosexuales, Bush, al mundo.

Hoy por hoy, peleamos una guerra confusa y desganada. Tal vez se intensifique, cuando los humanos hayamos devorado todo lo devorable en el planeta, volteemos hacia ustedes, nos aguantemos las náuseas y los volvamos hamburguesas. Pero tal vez sea más probable que nos partamos la madre entre nosotros y que ustedes hereden una Tierra que han poseído siempre y en la que nosotros somos un paréntesis más bien pequeño. Tal vez les dejemos un mundo enrojecido, caliente y agrietado, en el que ustedes saltarán sobre los charcos de ponzoña química que testimoniarán nuestro paso por el mundo y volverán a ser gigantes, como en el Carbonífero.

Mientras llega la hora de la verdad, recuerdo uno de los excepcionales gestos de piedad que uno de los nuestros --César, su nombre de pila, Vallejo, su apellido-- ha tenido hacia ustedes. Se los dejo. Qué importa que no vayan a entenderlo ni en otros cien millones de años de evolución:

Es una araña enorme que ya no anda;
una araña incolora, cuyo cuerpo,
una cabeza y un abdomen, sangra.
Hoy la he visto de cerca. Y con qué esfuerzo
hacia todos los flancos
sus pies innumerables alargaba.
y he pensado en sus ojos invisibles,
los pilotos fatales de la araña.

Es una araña que temblaba fija
en un filo de piedra;
el abdomen a un lado,
y al otro la cabeza.

Con tantos pies la pobre, y aún no puede
resolverse. Y, al verla
atónita en tal trance,
hoy me ha dado qué pena esa viajera.
Es una araña enorme, a quien impide
el abdomen seguir a la cabeza.
Y he pensado en sus ojos
y en sus pies numerosos...
¡Y me ha dado qué pena esa viajera!


22 comentarios:

Josefina dijo...

La que suscribe, Josefina la cantora, en calidad de guardiana de la tumba de K, informo al Navegante:
Que en la ciudad de Praga, a los doce días del mes de febrero de 2009 -en ocasión del bicenternario del natalicio de quien navegara el Beagle-, en el marco de la asamblea extraordinaria convocada hoy por los animales kakfianos, al tiempo en que leíamos su "carta a los artrópodos", Franz Kafka lloró.
La última vez que se registró una lágrima en su tumba fue el día en que deportaron a Milena Jesenska. Reciba usted las expresiones de nuestro más fino respeto.
En nombre de los animales que habitan el mundo kafkiano: Josefina la Cantora, del pueblo de los ratones.

El que boga de pie sobre una piedra dijo...

¡Carajo!,¡cómo quisiera escribir (y pensar) como lo haces!

Pura envidia, pues.

¡El teclado como arma de lucha! ... y ¡yo no sé que hacer con él!

El que boga de pie sobre una piedra dijo...

Lo escrito arriba no es sólo por la carta a los artrópodos, también por los artículos anteriores, que han alimentado mi esperanza y a los que, por descuidado, no he puesto comentarios.

Y a propósito de artrópodos, se me ocurre, ya muy tarde, que a lo que con menos años llamábamos "el pulpo camionero" hubiera sido bueno llamarlo "el artrópodo camionero", o algo así. Seguro tú inventarías algo mejor

¿Ahora podría ser "la mantis telefónica"? La aterradora foto que publicas por ahí algo me sugiere.

El que boga de pie sobre una piedra dijo...

Ya me iba. Abandonaba el chunche donde leo y escribo esto cuando topé con la "Oda al gato" que pones en el blog. La leí varias veces, la última en voz alta, a riesgo de despertar a mi compañera, que ya duerme, y ganarme un lugar junto al "león desorientado" que tanto quiero, pero no como para dormir con él.

La verdad, entiendo muy poco de poesía, pero ésta me pegó. Gracias.

horacio dijo...

Que hemos inventado algo mas allá de la aracnofobia, la artopofobia un miedo irracional e inexplicable (no existe la memoria genética) a el grupo de metazooarios (animales grandes) que existe. Otros eucariontes, que incluyen a los vertebrados y al exagerado Homo sapiens no somos tan numerosos como los artrópodos y a la vez, todos nosotros mas toda planta y hongos no llegamos a el peso total de las bacterias (esas si procariontes).
Mas allá de la recién admitida artropofobia debemos ver al resto de la vida no como un maravilloso producto de la Creación Única de los cuentos de Génesis, sino como el resultado del proceso de evolución por selección natural.

Recordemos hoy a Charles Darwin, codescubridor del proceso de Selección Natural como fuente primaria de la evolución, pero no olvidemos a Alfred Russel Walace (así le gustaba firmar) quien con un par de artículos no muy grandes le ganó a Darwin en la concepción clara de la idea.

Viva la Vida!!

Pedro Miguel dijo...

Agradecidos y encantados, Josefina la cantora, guardiana de la ternura difunta del grajo.
Me ha conmovido imaginármelo así, muerto con los afectos vivos y dolidos por la suerte de aquella a la que consideraba más fuerte que él.
A lo que puede verse, la magulladura de usted ha sanado y vuelve a cantar de pie, y me congratulo. No nos volveremos nunca adultos meditabundos.

Bogante, el navegante te agradece el elogio y celebra tu hallazgo: la mantis telefónica, que en realidad es dos y parece una, justo al contrario que, digamos, el miriápodo bicéfalo radiotelevisivo, que es uno aunque parezca dos o muchos.
Bueno, saber que te gustó el gato de Pablo. Ya iré refrescando ese pequeño espacio de la derecha.

Aportas datos muchos, inquietantes y agradecibles, Horacio. Lo vi claro en tu comentario: las fobias son negaciones de la vida. Que viva la segunda, claro, aunque de ella no entendamos un carajo.

jota pe dijo...

-- y yo que a veces me siento una cucaracha al fin puedo respirar tranquilo, gracias buen pedro

MauVenom dijo...

Excelente escrito. Documentado, rítmico, completo e incluso gracioso.

Pero me gustan los insectos. Los salvo cuando puedo y convivo con ellos en la medida de lo posible pacíficamente.

Ellos, sin la poesía, el avance, la apreciación estética, el derecho romano o la emoción desbordada (que para nada nos ha servido)... ellos, no han destruido al planeta y roto el equilibrio de la vida. Nosotros sí.

Y seguirán aquí cuando nos hayamos ido. Son biológicamente lo más avanzado que hay. Feos, sí, pero mecánicamente perfectos y de eso se sirve el mundo, me temo, no de nuestras brillantes ideas.

Y... soy humanista, no biólogo.

Un abrazo.

pk dijo...

tamaña carta, capitán.
yo mato a todos menos a las arañas. por alguna razón, aún sean las más grandes y espantosas (aunque sin duda me identifico con esos escalofríos instintivos ante cualquiera de ellos) no les hago nada y las saco de la casa.
dejo aquí un abrazo
saludos

Josefina dijo...

Sensible Navegante:¿se referirá usted a la "ternura difunta" no en tanto muerta sino en el sentido latino de "libre"? (más cerca, tal vez, del polisémico francés "feu")?. Porque escuche usted con qué claridad resuena:

"Yo, Milena, yo sé perfectamente, hasta donde es posible saber, que obras justamente hagas lo que hagas... ¿Qué habría tenido yo, de lo contrario, que ver contigo si no hubiera sabido esto? Igual que en las profundidades del mar hasta la más pequeña planta está bajo presión enorme, así es a tu lado; pero cualquier otra vida sería una vergüenza..."

"Pretender alcanzar en una noche, con prisas, sin aliento, alocadamente, mediante encantamientos, ¡pretender alcanzar con éstos lo que cada día da a los ojos abiertos! ('tal vez' no se puedan tener niños de otro modo o 'tal vez' los niños son también encantamiento. Dejemos esta cuestión). Por esto estoy tan agradecido (a ti y a todos) y por esto es samozrejmé (muy lógico) que yo esté a tu lado absolutamente tranquilo, totalmente obligado y totalmente libre; por esto, según este enfoque, he renunciado a cualquier otra vida. ¡Mírame a los ojos!"

En Ravensbrück, M le dijo a M Buber-Neumann "A Dios gracias no se puede matar el amor. Es más fuerte que todas las barbaries".

gin dijo...

Sí! Y, orugas, no se metan con mis lechugas! Que mueran! Quemen sus casas! Violen a sus mujeres!

Pedro Miguel dijo...

Sobre todo, respirar con pulmones y no con tráqueas y espiráculos, jota pe.

Estás muy tu derecho de alabar las virtudes de los insectos, MauVenom, pero no veo porqué denostar las aptitudes humanas. El mundo no “se sirve” de nada ni para nada. Simplemente, es.
Abrazo.

Entiendo tu respeto, Pk. Por suerte, no hay un enemigo arácnido tan grande como para verlo cara a cara.

Cualquier ateo con una pizca de espiritualidad admitirá, acuciosa Josefina, que muerte y defunción no son indicativas de término sino de transmutación en recuerdo, en llama viva, en molécula liberada; así sucede, al menos, en tanto no cese la corriente eléctrica en la última neurona que guardara noción del ser difunto, o mientras no se pierdan para siempre las palabras hilvanadas por el que ya no está consigo mismo, pero permanece en ellas. Lo ejemplifican las que usted piadosamente trae a este recodo navegable y que dan cuenta de la vocación inconmensurable de apapacho y entrega que dominaba a nuestro muerto amantísimo. ¿Tuvo noticia M de las facultades afectivas del polvo póstumo, enunciadas cuatro siglos antes por F, el madrileño discapacitado y feísimo que ha sobrevivido también a la muerte?

Cámara, Gin, no tienen mujeres las orugas, salvo cuando a las panteoneras les cae un cadáver femenino pa’la cena.
Bueno, leerte por aquí.

Josefina dijo...

Curioso navegante, en cuanto a su pregunta... ¿qué significaría "tener noticia"? Más que noticia: Milena tenía la experiencia del polvo enamorado. Así son las cosas aquí abajo (perdone, pero usted se mueve en un medio líquido que a nosotros los ratones nos da un poco de frío). Un poeta búlgaro que decidió dejar fluir el resto de sus días bajo el puente Mirabeau describió algo que se acerca a nuestra polvorienta experiencia (la de mi pueblo de roedores y la de los amores difuntos de MJ y FK): "el que anda con la cabeza (...)tiene el cielo como abismo bajo sus pies".

Pedro Miguel dijo...

Lamento haber dado causa de extravío a su perspicacia, zahorí Josefina, con la aplicación poco precisa (cómo pude ignorar el precepto celaniano “lo importante en el lenguaje es la precisión”) del término noticia, sin especificar que la acomodaba a su acepción primera, que es conocimiento.

Más allá del indudable conocimiento empírico de M, referíase mi duda a si la mártir amada del amantísimo supo de (o puso atención a, o comulgó con) la formulación verbal de FQ; si confió por un momento el ritmo de su respiración a la pronunciación de esas cinco palabras que, en su ilación, impactan al organismo que (se) las dice.
La diferencia es vana si consideramos que el lenguaje es también experiencia, y muy corpórea, como lo apuntaba una amiga dilectísima: “la poética nos sorprende transformada en una ética de la piel”, etc. Pero no, porque son cosas distintas inmortalidad del amor que se incorpora a la gnosis propia por medio de la experiencia amorosa misma y aquella que se conoce por conducto de la experiencia poética.
Hay un ratón en la genealogía de los delfines y un elefante, en la de las ballenas. Las fronteras entre elementos son prodigiosamente provisionales y su derrumbe es mera cuestión de tiempo. Los mamíferos, incluidos los ratones, somos primordialmente terrestres, por ahora, pero resulta inexorable nuestro advenimiento general en tierra, agua y aire, y ya habrá oportunidad de hollar (en su sentido actual y en el antiguo) el abismo del cielo.

Josefina dijo...

Sorprendente PM:
Fíjese usted que yo nunca me había quitado el sombrero ante nadie…
¿Usted se refiere a la distinción entre Erfahrung y Erlebnis? Me parece que ha dado un paso osado en las profundidades de esa diferencia. Celebro su valentía.
En cuanto a las extrañas genealogías de nuestros ancestros, me recordó a una fuente menor (de nombre al parecer algo procaz) que dice “en lo puro no hay futuro, la pureza está en la mezcla, en la mezcla de lo puro, que antes que puro fue mezcla”
Cuánta razón tiene usted en sus predicciones, Navegante, creo que desde que la idea de la creatio ex nihilo he penetrado en la mente humana algo no cesa de pudrirse. Le agradezco infinitamente su enseñanza. Mis respetos, J la C.

Pedro Miguel dijo...

Vuelva la profunda Josefina a colocar el sombrero en el sitio sapientísimo que le corresponde, porque el desencanto está a la vuelta de la línea: ocurre que el organismo firmante construye su gnosis a partir de lo contrario, y que en el tamaño de su ignorancia caben desde el mentor de Alejandro hasta Theodor Wiesengrund, pasando, por supuesto, por el explorador del Human Understanding, por el Reloj de Königsberg, por el que nació el mismo año que El origen de la especies, por el profeta del Ich und Du, por el infortunado que falleció o fue asesinado en Portbou sin la comprensión (a veces vale más que una caricia, por más que nada valga nunca más que una caricia) de nadie, más otros que, según su muy rudimentaria noción, se asomaron al misterio abisal de ese synonymgruppe.

¿Cómo se llega a aprehender la célebre (y tal vez aparente, sin ánimo de adelantar vísperas) dicotomía? ¿Por el camino Erfahrung o por la vía Erlebnis? ¿A cuál de ambas corresponde la construcción ignara que fabrica un humilde navegante del mar de las palabras? ¿Cúal corresponde a quién de entre the lunatic, the lover and the poet? Is it about to give to airy nothing / a local habitation and a name? Or is it — just to follow the Bard’s verses — mere words, or even worst, a tale / told by an idiot, full of sound and fury, / signifying nothing?

Sospecho que hay un tránsito que la conduce a usted del logos a la piel de los términos y que mi sendero, que parece el inverso pero no lo es, resulta más incierto e incompleto: va del triperío de las palabras a formas de utilería que imitan el conocimiento. Cuando se parte de la prescindencia de ideas, ilustre interlocutora, no queda más remedio (perdonará que invoque yo a los habitantes de mi Panteón gremial) que esmerarse en donner un sens plus pur aux mots de la tribu, y en ese empeño se descubre, o da la impresión de que se descubre, cosas o, por decirlo en palabras del infeliz encostalado del Sena, el burro toca la flauta: ¡serendipity!, que, como me lo hizo notar un avezado lector en cierta ocasión, tiene una impecable traducción al mexicano: chiripa.

Dice mi experiencia que no hay fuentes menores y celebro la mención a aquella del apelativo zafio por su contundencia y claridad. Le advierto que, por regocijarnos en ella, ambos, usted y yo seríamos vistos con severidad por nuestro ya mencionado amigo Theodor, quien abominaba de tales referencias. Por fortuna, la parte de él que persiste está en nosotros y somos dueños de darle la palabra o de negársela a conveniencia, sin que ello implique insulto o desdoro a su memoria.

Le agradezco, por último, el acicate inapreciable para aventurarme por estas altas aguas que en su final darán o no el premio del puerto pero que por ahora ofrecen el placer siempre inaudito de la travesía.

Josefina dijo...

Mi queridísimo Navegante, el sombrero se voló con la brisa del mar. Ojalá caiga en la calva cabeza de su amigo Theodor, tan desatinado en cuestiones musicales, tan incomprensivo y torpe con el frágil coleccionista de citas. ¿Sabe usted?: la comprensión es caricia que nunca aprehende o es un ejercicio estéril y violatorio, ebrio de posesión. La hermenéutica es miserable. Usted se adentró –qué bueno que inintencionadamente, eso lo torna más creíble- en el vientre de la diferencia que deja a la dicotomía como pura cáscara. El animal en cuyo vientre usted cayó no tardará en llevarlo a la costa, como a aquel profeta que creyó poder huir y resultó vomitado en la playa por el monstruo marino que lo salvó. No se confunda con los oropeles: no hay sendero completo ni cierto, sólo intercambio de perplejidades, fragilidad más o menos confesa.

Anónimo dijo...

Hola, Pedro Miguel. Soy un asiduo lector de tu columna en "La Jornada". Entré al sitio de tu Blog y leí tu "Carta a los artrópodos". Me pareció bastante buena.
Hay un par de fotos de una araña más o menos del tamaño de una mano. Me gustaría que me pudieras informar más sobre el género y la especie de este arácnido, o por lo menos del sitio de donde sacaste las fotos.
Recibe un gran saludo.

Fernando Vidal Olmos dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Pedro Miguel dijo...

Anónimo: Hasta donde sé, el ejemplar fotografiado en la mano de una persona es una Deinopis ravidus macho. Me encontre esa y otras fotos escribiendo "spider face" en la búsqueda de imágenes de Google, pero la página específica se me ha perdido. Espero que te sirva.

rap77carpe-diem@msn.com dijo...

Desprecio a los aracnidos, pero me interesa saber el por que, lo curioso es que el dia de hoy una cosa me llevo a otra y es bueno toparce por el ciber espacio con textos con este de "carta a los antrópodos" me deja conocimiento,intriga, reflexión y mas interes sobre los temas y el tema principal.

seguire Odiando a los aracidos mi mente asi lo dictan, pero no tanto como cierta conduca humana

Salud2

Buen BLog

Anónimo dijo...

Lo del carbonifero... no eran tan grandes como mencionas los artropodos terrestres, lo mas grande en tierra eran libelulas de 1 metro y poco, ya que pudieron crecer por la gran concentracion de oxigeno, que entraba en su sistema traqueal, pero la fuerza de la gravedad impedia que creciesen mas, al tener una desventaja: exoesqueleto y no endoesqueleto.

un saludo