

Pálido metro que recita
sus tres por tres que no se acaba,
crisol de tiempos y de blancos
donde se incrustan las palabras,
faro de tiempos y de voces,
las nueve piernas de la nada.


El Chunko, de sesera más bien poca,
el cuerpo ha de tener muy alterado
pues piensa con el culo, el diputado,
siente con nada y caga por la boca.
Un descuento lo irrita y lo provoca
al escarnio del muerto y del hambreado;
truena contra el Haití terremoteado
y la decencia y el pudor trastoca.
¿Será miembro del PAN este racista,
que al micrófono dice lo que piensa?
pues, no, fíjese usted: es perredista.
Legislador, guardián de tu despensa,
para colmo de males, “periodista”,
Ariel Gómez León: nos das vergüenza.
Bajo la entrada “La decencia sí existe”, Roque Nuevo escribió este comentario:



Si de dirimir conflictos se trata, para eso existe un Legislativo capaz de distribuir los bienes que permanecen en el desorden de lo público entre algunas decenas de bolsillos sabios que podrán hallarles mejor provecho, o rescatar a las mujeres de su propia cortedad mental y situarlas bajo la tutela de jueces, curas, padres o maridos que les digan lo que pueden hacer, y lo que no, con sus cuerpos; para eso hay decretos presidenciales que convierten —ya lo verán—ineficientes entidades de la nación en empresas privadas competitivas, transparentes y, sobre todo, prósperas; para eso hay una Suprema Corte que legaliza la usura, así como poderes nacionales y supranacionales y mecanismos de transparencia que estipulan quién debe ganar cuánto, qué países pueden explotar los recursos de otras naciones, quiénes tienen legitimo derecho a saquear oficinas y presupuestos: ¿qué tal el del Instituto Mexicano de la Juventud (Imjuve), puesto por el Altísimo a disposición de la parentela presidencial para que ésta progrese, ensanche su hacienda y se haga con los medios necesarios para su felicidad? Quienes critican esa muestra de normalidad democrática incurren en el pecado de la envidia, porque carecen de los pequeños lujos que esa honorable familia ha sabido ganarse a fuerza de astucia, o bien en el de la soberbia, porque quiénes son ellos (es decir, los críticos) para juzgar vidas ajenas.
En este mundo, el principio de la propiedad privada ha de primar en toda circunstancia, incluso en situaciones de catástrofe o de hambruna. Quienes, por alguna razón, se vean privados de alimentos, habrán de abstenerse de aprovechar víveres que les son ajenos, aunque éstos se encuentren abandonados; el deber moral del hambriento consiste en vigilar la integridad de la propiedad privada. Así, en el infortunado Haití, los víveres en las ruinas de una tienda son del tendero, aunque éste haya muerto y se encuentre sepultado entre escombros, en tanto que en México los yacimientos mineros y los campos petrolíferos pertenecen a Repsol, Iberdrola y otras empresas extranjeras, y las mujeres y sus cuerpos son propiedad de los arzobispos y de sus aliados legislativos. Así ha sido, así es y así será.
Escuché por ahí que en estos días se regalan niños haitianos y he pensado en optar por la propiedad de uno de ellos. Me interesa especialmente el linchado, ese puberto que apareció en la primera plana de La Jornada del viernes 22, lloriqueante, con la cabeza quebrada y llena de sangre, y un hilo de baba colgando de sus labios reventados. Parece ser que, en medio de la tragedia, ese mozalbete, en vez de resignarse y acatar los designios del Creador, pretendió saciar el apetito con mercancías ajenas. Lo dejaron hecho un Cristo. Supongo que habrá escarmentado y que habrá aprendido el principio sacrosanto de la propiedad, y de ahí mi interés particular: el jovencito ya está listo para la vida en el mundo civilizado y para acatar (eso es lo importante) las normas de la decencia: el pillaje (como la evasión fiscal) es derecho exclusivo de unas cuantas empresas y familias de bien, no prerrogativa de un muerto de hambre cualquiera, y para practicarlo existen formas y maneras: robar, sí, pero robarse la presidencia; imponer, sí, pero mediante decretos; saquear, sea, pero por medio de contratos; hincharse con dineros públicos, okey, pero a través de una tabla de remuneraciones. Así ha sido siempre. Así es. Así debe seguir siendo.
Yuri Valecillo me mandó por correo regular un regalo precioso: la Nueva antología de Víctor Valera Mora, poeta venezolano al que yo (ni modo: la burrez) desconocía. Abrí el volumen al azar y lo que leí de inmediato me produjo resonancias, porque resultó ser una suerte de respuesta exuberante y tropical a otro poema, de acentos austeros y sintéticos, que me fue enviado a principios de mes por otra persona. Qué diálogo intrigante. Es como si mis correos (el virtual y el físico) fueran un punto de encuentro entre dos personajes a los que no conozco, y a quienes mi presencia los tiene sin cuidado. ¿Será un mensaje? ¿Qué querrá decir?En la galaxia espiral de Andrómeda existe
un florido planeta donde los ríos no ahogan el mar
donde fuego y hielo queman las contradicciones
Donde no hay necesidad de regreso
Donde 0 x 0 es más que el infinito
Donde los puntos cardinales son más de cien millones
Norte y Lía Sur y Símbalo Espliego y Araceli
Miguel y Adriana Orfeo y Atabal Cedro y Valkiria
Misterio y prodigioso Neón y Asfalto Rosa Ercilia y Dionisius
Antonio y Elena mis pobres padres mis pobres Virreyes de Indias
Mi viaje a Eruopa Este y Adelfa Oeste y Clavicordio
Donde todos viven en éxtasis
Donde nada ni nadie es vil
Donde el sol es anillo y ritual de bodas
donde somos ráfagas de luz y nos desplazamos en silbos
Un planeta limpio y pulido
Donde los enamorados viven en palacios flotantes
Donde Dios tiene un puesto de revistas Mal atendido y mata el
/tiempo
hablando del pasado con Buda y Mahoma y el Vendedor de
/verduras
de la esquina y la gente ya los conoce y la gente cuando pasa dice
“esos cuatro vagos son panita burda”
Donde el hijo de Dios y los ángeles del desenfado
beben el aire de las avenidas sobre sus motos trepidantes
Donde no hay academias militares ni policías ni cárceles ni
/monedas
Donde somos sabios Donde somos buenos
Donde los últimos insidiosos
escaparon por un túnel y cayeron al vacío
Astro paradisíaco amado y defendido
por francotiradores y poetas
Donde la muerte está de capa caída
Donde los hombres son gentiles
Donde las mujeres son ramos de jacintos
de labios y de ojos cambiantes de colores
Un astro moderato cantabile
Donde la noche es vino y alegría hasta el amanecer
Su capital es una ciudad resplandeciente llamada Estefanía
Donde tú tienes señorío Donde eres reina
Ese planeta es mi corazón errante
Señor
recibe a esta muchacha conocida en toda la Tierra con el nombre de Marilyn Monroe,
aunque ése no era su verdadero nombre
(pero Tú conoces su verdadero nombre, el de la huerfanita violada a los 9 años
y la empleadita de tienda que a los 16 se había querido matar)
y que ahora se presenta ante Ti sin ningún maquillaje
sin su Agente de Prensa
sin fotógrafos y sin firmar autógrafos
sola como un astronauta frente a la noche espacial.
Ella soñó cuando niña que estaba desnuda en una iglesia (según cuenta el Times)
ante una multitud postrada, con las cabezas en el suelo
y tenía que caminar en puntillas para no pisar las cabezas.
Tú conoces nuestros sueños mejor que los psiquiatras.
Iglesia, casa, cueva, son la seguridad del seno materno
pero también algo más que eso...
Las cabezas son los admiradores, es claro
(la masa de cabezas en la oscuridad bajo el chorro de luz).
Pero el templo no son los estudios de la 20th Century-Fox.
El templo -de mármol y oro- es el templo de su cuerpo
en el que está el hijo de Hombre con un látigo en la mano
expulsando a los mercaderes de la 20th Century-Fox
que hicieron de Tu casa de oración una cueva de ladrones.
Señor
en este mundo contaminado de pecados y de radiactividad,
Tú no culparás tan sólo a una empleadita de tienda
que como toda empleadita de tienda soñó con ser estrella de cine.
Y su sueño fue realidad (pero como la realidad del tecnicolor).
Ella no hizo sino actuar según el script que le dimos,
el de nuestras propias vidas, y era un script absurdo.
Perdónala, Señor, y perdónanos a nosotros
por nuestra 20th Century
por esa Colosal Super-Producción en la que todos hemos trabajado.
Ella tenía hambre de amor y le ofrecimos tranquilizantes.
Para la tristeza de no ser santos
se le recomendó el Psicoanálisis.
Recuerda Señor su creciente pavor a la cámara
y el odio al maquillaje insistiendo en maquillarse en cada escena
y cómo se fue haciendo mayor el horror
y mayor la impuntualidad a los estudios.
Como toda empleadita de tienda
soñó ser estrella de cine.
Y su vida fue irreal como un sueño que un psiquiatra interpreta y archiva.
Sus romances fueron un beso con los ojos cerrados
que cuando se abren los ojos
se descubre que fue bajo reflectores
¡y se apagan los reflectores!
Y desmontan las dos paredes del aposento (era un set cinematográfico)
mientras el Director se aleja con su libreta
porque la escena ya fue tomada.
O como un viaje en yate, un beso en Singapur, un baile en Río
la recepción en la mansión del Duque y la Duquesa de Windsor
vistos en la salita del apartamento miserable.
La película terminó sin el beso final.
La hallaron muerta en su cama con la mano en el teléfono.
Y los detectives no supieron a quién iba a llamar.
Fue
como alguien que ha marcado el número de la única voz amiga
y oye tan solo la voz de un disco que le dice: Wrong Number
O como alguien que herido por los gangsters
alarga la mano a un teléfono desconectado.
Señor:
quienquiera que haya sido el que ella iba a llamar
y no llamó (y tal vez no era nadie
o era Alguien cuyo número no está en el Directorio de Los Ángeles)
¡contesta Tú al teléfono!
Con su pequeño tamaño,
Calderito Calderón
asevera que en este año
habrá recuperación
y con ello muestra el daño
que ha sufrido su razón.
Con su pésima oratoria
le pide al pueblo que escriba
unas páginas de gloria
cuando, de forma abusiva
y gula recaudatoria,
nos asfixia con el IVA.
El desempleo ha crecido
en una forma alarmante
y los precios han subido
hasta un nivel asfixiante,
pero él se siente muy chido
y muy echado pa’lante.
Aparecen, día a día,
treinta o más ejecutados;
hay una carnicería
constante, por todos lados
y la gente no confía
en marinos y soldados.
Pues bien saben los paisanos
en un montón de lugares,
que los derechos humanos
los violan los militares,
pero él se lava las manos
con alegatos vulgares.
Habiendo tanta pobreza
y en medio de esta inflación,
pues qué mafufada es esa
de la recuperación
y el pueblo dice: “¡Regresa
al mundo real, Calderón!”
Calderón, no te hagas pato
y ya salte de Los Pinos,
que al pueblo le eres non grato
por loco, transa y mezquino.
Vé a terminar tu espuriato
más bien al Fray Bernardino.
Te has de creer presidente
de Dinamarca o de Francia,
pero hablas como demente
con enfermiza jactancia
y al manicomio, es urgente
que te lleve una ambulancia.
Piensa que, antes del mandato
venga la revocación,
mejor dedícate un rato
a tu recuperación
y no al afán insensato
de joder a la Nación.
Ermita de San Antón, en Santo Domingo. Foto: Quisqueyano_2007