22.5.14

#SalvemosaOwen


¿Que la violencia empieza en casa, como en el caso del niño Owen, y que luego crece y se transforma en el problema de criminalidad que padecemos? –No. Es exactamente al revés:

La violencia le ha sido impuesta e inculcada a la sociedad como parte de un programa político-económico que no conoce la solidaridad ni la piedad y que ha violentado de diversas formas a decenas de millones de mexicanos durante tres décadas: dejándolos sin empleo, expulsándolos de sus tierras, lanzándolos a la miseria, persuadiéndolos de que los modelos a seguir son los que dan más golpes al prójimo, no quienes se preocupan por su bienestar y por el de todos.

Los responsables intelectuales de la degradación social que se expresa en casos como el del niñito de Tlalnepantla torturado por su padrastro son los que han gobernado, de Salinas en adelante, y que le han enseñado a mucha gente de escaso intelecto y escrúpulos precarios a no tener empatía alguna hacia los más débiles.


Sí: #salvemosaOwen. Salvémonos.

13.5.14

Mireles en la mira


En Michoacán el régimen ha escogido sus fichas entre quienes, por candidez o conveniencia o por una mezcla de ambas, parecen más motivados a creer el cuento de hadas del comisionado Alfredo Castillo: la doble llave de la paz y la restauración del estado de derecho y la seguridad pública en Michoacán es, por un lado, uniformar a las autodefensas y convertirlas en guardias rurales y por el otro, matar o capturar a algunos templarios prominentes y declarados.

En ese guión idílico no aparecen por ningún lado las raíces profundas de la descomposición institucional y el empoderamiento delictivo: la política económica depredadora en vigor desde el salinato; la presencia de grandes grupos corporativos nacionales o foráneos para los cuales es mejor negocio pactar con los criminales que acatar las leyes, por favorables que éstas les resulten; la corrupción, presente en toda la pirámide de mando gubernamental y consustancial al modelo político-económico impuesto en el país, y la mano (no tan invisible) de Washington en el impulso a los procesos de desintegración nacional.

Tampoco aparecen las trágicas fracturas sociales causadas por la subrogación de facto de la seguridad pública, la impartición de justicia y hasta el fisco a diversos cárteles. El conflicto michoacano ha hecho evidente que tanto las organizaciones delictivas como las distintas facciones de las autodefensas tienen diversos grados de arraigo social. Tanto los templarios como los civiles alzados en armas tienen familiares, compadres, amigos, vecinos, clientes, patrones o empleados con los que han desarrollado algún grado de empatía o, cuando menos, de complicidad pasiva. Las fronteras no son nítidas y hay barrios y familias divididos por las confrontaciones.

En la toma de Apatzingán y en otras acciones recientes se ha documentado excesos y atropellos contra entornos sociales de presuntos templarios. En tal circunstancia, la pretensión de “limpiar de delincuentes” a toda la entidad resulta imposible en el mejor de los casos y criminal en el peor; algo así como una reedición de los empeños de Felipe Calderón por conseguir que cientos de miles de ciudadanos –los que de una u otra manera participan en ese sector de la economía que es el narco se “mataran entre ellos”. Por lo demás, muchos michoacanos han estado o están involucrados en algún segmento de las cadenas productivas o administrativas de ese negocio desde mucho antes de que la guerra por la entidad saltara a las narices de la opinión pública.

Tal vez Hipólito Mora y José Manuel Mireles, los dirigentes díscolos de las autodefensas, no escapen a ese contexto complicado y contradictorio y, dado que han estado participando en una lucha armada, es probable que tengan algún grado de responsabilidad en algunas muertes violentas. Si el régimen y sus mediócratas han sacado a relucir presuntos expedientes delictivos en contra de ellos no ha sido en todo caso por un afán justiciero sino porque ambos, y otros en situaciones parecidas, han sido los más críticos y los más realistas ante ese programa de pacificación peñista redactado en Disneylandia. Una infamia adicional es que el comisionado Castillo esgrima en contra de ellos acusaciones (en el caso de Mora) o insinuaciones (para Mireles) de homicidio, porque el mismo gobierno los usó para enfrentar, armas en mano, a las expresiones más visibles del poderío templario. Ni modo que no mataran o que no ordenaran muertes. En última instancia, éstas serían responsabilidad del gobierno federal, el cual, una vez más, puso a civiles a liquidarse entre ellos.

Los corifeos de Peña están por estas días en plena campaña para asentar en la opinión pública la idea –un tanto falsa– de que la figura Mireles fue adoptada por las izquierdas como un “nuevo caudillo” al cual rendirle culto. Lo cierto es que el médico de Tepalcatepec ha despertado simpatías masivas y crecientes en sectores de la población del país por dos razones muy claras: una es que se ha deslindado del comisionado federal para Michoacán y la otra es que fue traicionado por el gobierno y queda cada vez más clara su condición de perseguido.

Mireles está en la mira de funcionarios y de templarios y hay que ser muy ignorante de la forma en que opera el imaginario colectivo para no saber que esa doble condición –rebelde y perseguido– lo heroifica en automático a ojos de buena parte de la sociedad, al menos de esa que está harta de los ciclos de privatizaciones, saqueos, crisis y fraudes electorales, que ya va para tres décadas. En realidad, pues, las que han convertido a Mireles en un héroe popular no son las izquierdas sino la perversidad y la torpeza del régimen. El punto no es que el hombre sea bueno o malo, puro o contaminado, recto o torcido (seguramente tiene un poco de todo eso, como cualquier ser humano) sino que en su contra y en contra de sus segudiores se está configurando una triple alianza que puede esquematizarse como Tuta-Castillo-Pitufo y que esa sola perspectiva deja al descubierto (porque la gente no es tonta) el carácter verdadero de la estrategia peñista para Michoacán.

8.5.14

Retrato del jodido adolescente

Mural de Fikos (Atenas, 2012, fragmento)
Hay dos o tres razones de la adolescencia que la razón alcanza a entender pero son la excepción y no la norma porque en esa etapa de la vida la razón misma se encuentra sometida a juicio sumario. La parte acusadora anda a la caza de cómplices reales o imaginarios y quien se atreva a salir en su defensa será convertido en coacusado. La madre se angustia y llora en silencio cuando descubre que su criaturita se ha convertido en un Robespierre implacable aunque por suerte desprovisto de guillotina. El padre oscila entre romper para siempre o emprender un escarmiento ejemplar. El aludido, por su parte, toma nota de esta nueva muestra de incongruencia de los adultos, quienes le han pedido reiteradamente que realice ejercicios de distinción entre el bien y el mal pero entran en crisis cuando él se decide a hacerlos.

Hasta aquí la obra viene siendo más fársica que trágica y en la inmensa mayoría de los casos se mantiene en el primer género porque aunque ambas partes hagan todas las trampas del mundo en el fondo actúan de buena fe y con el propósito sincero de restablecer el perdido equilibrio del universo.

Los chavos no pueden obrar de otra manera por dos motivos. El primero es que hasta ese momento han sido educados en el culto a la integridad pero de pronto descubren la masiva ambivalencia de los adultos y, a través de ella, la ambivalencia general de la vida. El caer en la cuenta de que la realidad no es íntegra ni congruente ni coherente conlleva una sorpresa dolorosa y produce rabia y retraimiento o bien impulsos que llevan a la búsqueda de paradigmas cerrados y perfectos para refugiarse del sinsentido y de la etapa misma por la que atraviesa el individuo. Las cosas no pasan de ahí cuando el entorno es óptimo y no están presentes las agravantes sociales, económicas y familiares que padece la mayor parte de los jóvenes del país, que son por todos conocidas y que están arruinando la adolescencia de millones y el presente y el futuro de todos.


El segundo es que en esa etapa de la vida la dictadura de las hormonas sobre las neuronas –una constante que suele acompañarnos desde la cuna hasta la tumba– adquiere un cariz verdaderamente crítico porque unas y otras pasan por momentos de transformación acelerada y simplemente no están en condiciones de establecer acuerdos mínimos. Si para una persona en sus cuarentas o para cualquier persona de cualquier edad es difícil discernir entre lo que es fruto del razonamiento y lo que es producto de su hervidero químico interno, esa tarea en la adolescencia resulta sencillamente imposible.

Pero además ocurre que en algún momento impreciso entre la pubertad y la mayoría de edad todo cachorro humano equilibrado y saludable necesita entrar en conflicto con sus padres, con su familia, con la sociedad y con el mundo para forjar su propia identidad. Ese asunto de la identidad es harto conocido en el ámbito de las ciencias sociales: para construirla se requiere de una otredad que la delimite y toda identidad pasa en sus momentos iniciales por una obligada negación del otro, lo que no significa que deba convertirse, a la postre, en una cosa excluyente o nazi. Pero como la identidad o el “yo” son entidades básicamente inexistentes la única manera de delimitarlas es contrastarlas con otro ser o cosa:

–¿Quién soy yo?

–Lo que no eres tú.

Una de las dificultades que enfrentan los adultos para armonizar con los adolescentes es que éstos no sólo los necesitan para delinearse a sí mismos en el contraste sino también, en buena parte de los casos (y así debe de ser), para que les hagan el desayuno, los contengan en sus excesos y les arrojen un salvavidas cuando empiezan a ahogarse en el lago de su propia arrogancia. En esos casos es bueno tener en cuenta que cuando salgan a la orilla incriminarán, todavía empapados y escupiendo agua: “Y a ti, ¿quién te dio derecho a rescatarme?”

Lo anterior puede parecer un punto de vista burlón y condescendiente pero no lo es. Los chavos necesitan explorar los límites de su sensatez y de su resistencia, necesitan operaciones de salvamento cuando las cosas van mal y necesitan cuestionar el desempeño de todos. Esto no es una representación en la que se les ofrezca un espacio para sentirse superiores a los adultos porque en muchos casos la superioridad no es una mera sensación sino una realidad: en la adolescencia se expresan por primera vez aptitudes, fortalezas y capacidades que distinguirán a la persona durante el resto de su vida y es razonable suponer que en algunos terrenos físicos, afectivos, éticos o intelectuales a esas alturas estén ya por encima de los adultos que los rodean. Y ocurre que el desarrollo en esos ámbitos no es necesariamente parejo, por lo que los chavos se convierten –casi siempre sin saberlo, eso sí– en unos costales de contradicciones.

Pueden ser dueños de una fuerza desmesurada y al mismo tiempo ser extremadamente débiles y vulnerables. Son generosos sin medida y exasperantemente tacaños. Son tan irresponsables como Vicente Fox y luego se sienten responsables, personalmente responsables, hasta por los muertos de las Guerras Púnicas. Son más intrincados que Hegel y más elementales que Paulo Coelho. Se apasionan con todo y todo les vale madre. Se emborrachan, se pachequean, se masturban como changos y cogen como conejos pero se preservan tan inocentes como el Inmaculado Corazón de María o como los propios conejos, que cogen mucho pero no pecan nada.

A esas y muchas otras contradicciones sincrónicas hay que agregar las sucesivas, que parecen volubilidades y cambios de humor, aunque no lo sean. El hecho es que cambian todo el tiempo. Cada semana, cada día, cada hora. Si ayer exhibían una frugalidad gandhiana hoy se comen media vaca. Cuando uno está a punto de llevarlos al médico porque duermen demasiado les llega una racha de cinco días sin dormir. Un día amanecen con la sensibilidad auditiva de un espía y para mediodía ya son más sordos que un gobernante. Por momentos son empáticos como una esponja empapada en las aguas balsámicas de la piedad y luego se tornan implacables como una piedra con espinas.

Y la intensidad: aman y odian y gozan y sufren con ferocidad semejante, bailan hasta caer desmayados, discuten apasionadamente por cosas nimias como si fueran obispos en un concilio medieval.

Es fácil enunciar el hecho de que la mayor parte del tiempo los adolescentes viven en la Luna pero no es tan fácil reconocer también que desde allá nos formulan observaciones agudísimas sobre la realidad.

Dicho lo dicho, lo más recomendable es dar por terminado el asunto, no insistir en él y ofrecer una disculpa, porque si algo resulta molesto a los adolescentes es que uno se ponga a hurgar en su interior. Son seres extremadamente pudorosos y tienen razón de serlo y les asiste todo el derecho.

6.5.14

Oportunidades o derechos

Oportunidad: “sazón, coyuntura, conveniencia de tiempo y de lugar” o bien “sección de un comercio en la que se ofrecen artículos a un precio más bajo del que normalmente tienen”, define la Real Academia. María Moliner propone: “cualidad de oportuno”; “Aprovechar, Ofrecer[se], Presentarse, Surgir) momento o circunstancia oportunos para cierta cosa: ‘Aprovecharé la primera oportunidad para hablarle’”, o bien “venta de existencias a precios más bajos”.

Esto, oportunidades, es precisamente lo que han prometido en forma explícita los gobiernos neoliberales desde que Salinas de Gortari fue incrustado en la silla presidencial (1988) y ha de reconocerse que él y sus sucesores hasta Peña Nieto han honrado su palabra y han cumplido el ofrecimiento. El propio Salinas ofreció a los ejidatarios la oportunidad de vender sus tierras; dio a los consumidores la oportunidad de comprar agua importada de Francia, baratijas electrónicas asiáticas y prendas estadunidenses; a unos cuantos potentados les otorgó la oportunidad de adquirir bienes nacionales “a un precio más bajo del que normalmente tienen”. A los habitantes de zonas pobres y marginadas les dio las oportunidades de recibir material de construcción y otras ayudas y de expresar su agradecimiento votando por el PRI; a los industriales les brindó la oportunidad de cerrar sus fábricas, despedir a sus trabajadores y mover sus capitales al comercio, la importación y la especulación. También dio al país la oportunidad de desembarazarse de potestades y de transferirlas a un marco trilateral dominado por Estados Unidos y Canadá.

Zedillo será recordado por haber dado a la población en general la oportunidad de pagar las deudas de los banqueros privados; la de librarse del molesto ruido de los ferrocarriles; la de buscar casas y trabajos tras perder los que tenía en la crisis de 1994-1995 y la de votar por el PAN en las elecciones de 2000. A ese partido le dio la oportunidad de llegar a la Presidencia y a los zapatistas de Chiapas les ofreció, una y otra vez a lo largo de seis años, diversas oportunidades de firmar su rendición incondicional. Zedillo y sus sucesores continuaron con la estrategia salinista de repartir pequeñas prebendas entre algunos de los sectores más pobres de la población.

Fox fue particularmente pródigo en prometer oportunidades para todos: vocho, changarro, tele y lavadora (no de dos patas). A sus allegados les ofreció oportunidades de hacerse ricos en forma rápida mediante el otorgamiento de contratos y la adjudicación de bienes del Fobaproa-Ipab a precios, sobra decirlo, de verdadera oportunidad. También dio a miles de estudiantes la oportunidad de conocer las computadoras y los proyectores digitales, aunque fuera empacados en sus cajas, y de ser testigos (al menos en la virtualidad de los anuncios oficiales) de una conexión a Internet. Al país entero le brindó la de convertirse en un potencial protectorado militar estadunidense al uncirlo a la Alianza para la Seguridad y la Prosperidad de América del Norte (ASPAN) y a Felipe Calderón, la de ahorrarse el engorroso trámite de ganar una elección para asumir la Presidencia.

Calderón siguió con la práctica de repartir oportunidades de enriquecimiento rápido entre los amigos y compinches; ofreció a Washington la de decidir las políticas internas de seguridad y de hacerse con toda la información de inteligencia nacional; brindó la oportunidad de ejercer el control territorial de diversas zonas del país a varias organizaciones delictivas –muchos dijeron que favorecía sólo a una de ellas–, y dio a decenas de miles de trabajadores electricistas de Luz y Fuerza del Centro la oportunidad de empezar una nueva vida tras perder su fuente de trabajo. 

Con estos antecedentes nada de raro tiene el que la secretaria de Desarrollo Social, Rosario Robles Berlanga (a quien Salinas le dio la oportunidad, en la intimidad de su despacho, de probarse la banda presidencial), haya advertido que el programa “Oportunidades ya no va a beneficiar a las que tengan muchos hijos, sino que va a apoyar a las que tengan pocos hijos” (cita tomada de la página oficial de la Sedesol para que Ramón Sosamontes no ande diciendo que su patrona no dijo lo que dijo). Simplemente, retirará a las familias prolíficas el reparto de “momentos o circunstancias oportunos para cierta cosa”. No hay en sus palabras violación de ningún derecho porque los derechos no tienen nada que ver con las oportunidades. Por eso el programa así llamado y otros de corte similar pueden ser operados en forma discrecional, propagandística, discriminatoria y electorera.


Las barbaridades de Robles Berlanga son representativas de la mentalidad oportunista que ha imperado en las instituciones durante el ciclo neoliberal pero no dejan de ser anecdóticas. Lo relevante es que esta proliferación de oportunidades ha destruido a México. Es necesario mandar al carajo el modelo de país de oportunidades y construir o reconstruir un país de derechos.

27.3.14

García de León,
Cervantes y Alemán



Estamos en octubre de 1992, en plena fiebre del quinto centenario de esa cosa que nadie sabe ya cómo se llama (descubrimiento, encuentro, desencuentro, encontronazo, colisión, preludio de invasión y genocidio) y de la que el pobre Almirante, si hemos de ser justos, fue culpable sobre todo en grado de despiste y extravío. Mientras la estatua de Colón era bombardeada y rebozada a huevazos en el Paseo de la Reforma y el conquistador  Mazariegos era derribado de su pedestal en San Cristóbal de las Casas, yo leía y releía con deleite “La verdadera historia de un tal Miguel de Cervantes, Gobernador del Soconusco”, que escrita fue por la pluma perspicaz de Antonio García de León, con un rigor histórico tan acucioso como florido, y a la que sólo le faltó una historia verdadera.

Versa la tal crónica sobre el destino que habría podido tener el autor del Quijote si las autoridades del Reino hubiesen dado respuesta favorable a su petición –fruto de la exasperación por las persecuciones burocráticas de que era víctima– de obtener “un oficio en las Indias, de los tres o cuatro que al presente están vacíos, que es uno la contaduría del Nuevo Reino de Granada; o la gobernación de la provincia de Soconusco, en Guatimala; o contador de las galeras de Cartagena; o corregidor de la ciudad de La Paz” y le hubiesen concedido el segundo de esos cargos.

El memorial de García de León glosa algunos textos escritos por Cervantes en su destino del mar del Sur (“partes importantes de un diario, acompañado de apuntes de lo que pudieron haber sido novelas, romances, sonetos, autos y comedias, así como algunas cartas interesantes”) y sus menciones a tradiciones, cuentos y entremeses de la región, así como a sus autores; refiere las aventuras amorosas y las correrías de Miguel Cervantes Mazapiltzin en ese apartado confín de las Indias; da cuenta de los infortunados lances justicieros en los que se vio envuelto por las muchas injusticias y corruptelas con las que iba topando; esboza la temprana catástrofe social que desencadenó el orden colonial recién impuesto; cuenta cómo se le fue secando el seso al personaje, de qué manera perdió la Gobernación y la forma en que ocurrió “la saca y conducimiento de su espíritu”, el 23 de abril de 1616, en una estancia de beneficio de cacao en Ocelocalco, localidad abandonada en la que hoy sólo unos pocos arqueólogos  picotean entre la hierba.

Leí, releí, recorté, guardé, traspapelé perdí y añoré por años ese texto, publicado en La Jornada Semanal el 11 de octubre de 1992. Hace unos días, el tuitero Shadi Rohana tuvo la gran idea de  subirlo a Scribd y volví a agasajarme con su lectura.

Entre las sorpresas del legajo cervantino hallado por el embusterísimo autor “en la catedral de Oaxaca, buscando los desperdigados registros de diezmos y cofradías de su obispado”, se menciona una carta de Mateo Alemán, “enviada a Cervantes desde Sevilla el 20 de abril de 1607, poco antes de embarcarse hacia la Nueva España, en donde encontraría poco de la fortuna y el mérito buscado, y sí mucho de la muerte”.

Alto ahí, alto ahí: Mateo Alemán pidió, al igual que Cervantes, un puesto en la administración colonial de las Indias, pero los paralelismos entre uno y otro no terminan en eso. Ambos nacieron el mismo año (1547); de el autor de El Quijote se sospecha sin confirmación que tiene, por ambos lados, ancestros judíos convertidos al cristianismo a la fuerza por la intolerancia bárbara de los Reyes Católicos. En el caso de Alemán tal ascendencia es incluso más probable y se dice que en su rama paterna figura un Alemán mayordomo de Sevilla que a fines del XV acabó en la hoguera inquisitorial por judaizante.

Cervantes era nativo de Alcalá de Henares y posiblemente cursó estudios preuniversitarios en Sevilla; Alemán fue natural de Sevilla y se tiene por cierto que estudió Medicina –sin concluir– en Alcalá. Uno y otro escribieron sendas novelas cuyos personajes principales fueron posteriormente pirateados. En el caso del ingenioso hidalgo se conocen cientos de continuaciones apócrifas y de imitaciones honestas, siendo la más célebre la que pergeñó alguien bajo el seudónimo de “Alonso Fernández de Avellaneda” y que fue publicada en Madrid en 1614, nueve años después que el Quijote original, lo que motivó a Cervantes a escribir su propia segunda parte. Alemán, de su lado, publicó su novela picaresca Guzmán de Alfarache en 1599 y tres años más tarde se llevó la desagradable sorpresa de verla continuada con pluma ajena en una edición firmada por un “Mateo Luxán de Sayavedra”. Al igual que Cervantes, el legítimo autor del Guzmán decidió escribir su propia secuela, la cual fue publicada en Lisboa en 1604.

Antes de eso, en 1593, Mateo Alemán, en calidad de juez visitador, fue enviado a las minas de mercurio de Almadén, propiedad de los banqueros Fúcares, para inspeccionar los trabajos forzados realizados por prisioneros, muchos de ellos gitanos. El informe secreto que Alemán rindió a la Corona es un documento terrible: “hacía entrar a los forzados en el horno, estando abrasando, a sacar las ollas y que del dicho horno salían quemados y se les pegaban los pellejos de las manos a las ollas y las suelas de los zapatos se quedaban en el dicho horno y las orejas se les arrugaban hacia arriba del dicho fuego y que de la dicha ocasión habían muerto veinticuatro o veinticinco forzados”. Siglos más tarde, Juan Peña, El Lebrijano, lo puso en clave de cante jondo:

Señor don Mateo Alemán
cuando despuntaba el día,
a sacar las ollas del horno
y los pellejitos nos crujían.
Con el palo y con los mimbres
insultaban nuestras vidas.
Antes de que nos muramos todos,
señor don Mateo Alemán,
por Dios,
date prisa.
El enorme éxito de ventas del Guzmán de Alfarache –lo que hoy en día llamaríamos un bestseller– no impidió que su autor fuera acosado por las deudas. En 1608 Alemán, siempre perseguido, al igual que Cervantes, por las intrigas burocráticas, logró hacerse de un puesto en América. En la ciudad de México fue destinado al servicio del arzobispo y luego virrey fray García Guerra. En este lado del Atlántico escribió y publicó una Ortografía castellana (1609), con propuestas para la reforma ortográfica del idioma. García Guerra murió accidentalmente en 1612. El novelista redactó una semblanza de su patrón, rematada por una oración fúnebre. “La última noticia que de él se tiene es que se encuentra residiendo en Chalco en 1615”, se asienta en  Las literaturas hispánicas (Picon/Schulman, Vol. 2, p. 119). “No se tienen más datos de él y debió morir poco después”, indica Wikipedia en español. “Se dice que aún vivía en 1617”, dice su similar en inglés, basándose en la entrada de la Britannica de 1911, redactada por James Fiztmaurice-Kelly. En 2011 Juan Cartaya, sevillano doctorante en Historia dijo haber hallado en un archivo de su ciudad un testamento de Catalina de Espinosa, con la que nuestro personaje tuvo que casarse para que le perdonaran algunas de sus deudas, en el que se afirma que Alemán “murio en la ciudad de México en el año de mil y seiscientos y catorce” y que “se había pedido limosna para enterrallo”.

Quién sabe. Puede ser que el autor del Guzmán decidiera pasar sus últimos días en una estancia cacaotera del Soconusco, al lado de su colega Miguel Cervantes Mazapiltzin, y que las horas postreras de ambos hayan transcurrido en forma apacible, en un abril de 1616, entre pláticas literarias, recordación de andanzas e infortunios y libaciones con chocolate.

25.3.14

La república corrupta


Todos tienen lo suyo. Es intolerable que, durante los gobiernos de Fox y de Calderón, se haya concedido concesiones y contratos corruptos a un puñado de empresarios del sector petrolero para enriquecimiento de propietarios y parientes políticos presidenciales. Más escandaloso es que Peña se haya encaramado a la Presidencia con recursos tan ilegales como la superación –en mil 300 por ciento– de los topes de gastos de campaña permitidos y que las instituciones electorales del país hayan decidido mirar hacia otro lado y declarar que el proceso de 2012 fue más o menos impoluto. Y es materia de indignación, también, el que el Gobierno del Distrito Federal haya gastado casi 27 mil millones de pesos en una obra pública que, básicamente, no sirve, como vino a enterarse la ciudadanía capitalina a poco más de un año de que la Línea 12 del metro fuera inaugurada.

En 1982 –hace 32 años– el régimen político ya manifestaba abiertos propósitos de redención ante las prácticas corruptas que lo caracterizaban: López Portillo aseguraba, en uno de sus informes, que las había combatido “hasta el escándalo” y su sucesor designado, Miguel de la Madrid, entró a Los Pinos con la promesa de una “renovación moral” que jamás llegó a traducirse en acciones concretas significativas.

De entonces a la fecha Salinas se embolsó la mitad de la partida secreta asignada a la Presidencia –en eso coincidieron el propio De la Madrid, su colaborador Luis Téllez y su hermano Raúl, en una conversación telefónica filtrada a los medios–. Zedillo organizó el robo a la nación de 56 mil millones de dólares, vía el rescate bancario, y tras terminar su periodo se fue a trabajar para alguna de las corporaciones estadunidenses a las que había beneficiado con privatizaciones a precios de remate. Fox permitió toda suerte de “moches” para sí (acuérdense del Jeep rojo), para su esposa (inventora de una cosa llamada Vamos México a la que el ingenio popular rebautizó “Robamos México”) y para los hijos de ésta. Calderón, siendo secretario de Energía, traficó contratos petroleros a favor de su extinto amigo Juan Camilo Mouriño, quien, no satisfecho con eso, se los otorgó a sí mismo desde una subsecretaría del sector. Por ejemplo.

En el régimen político ampliado –que incluye al PRI, al PAN, al PRD, al Verde y al Panal– la corrupción es un instrumento de ejercicio del poder y de perpetuación en él y, lógicamente, nadie quiere que desaparezca. La corrupción propia permite comprar fidelidades, financiar actividades extralegales, fortalecer proyectos y, por supuesto, obtener un bienestar sin medida para los líderes del partido. El conocimiento de la ajena aporta munición estratégica a fin de disuadir y, en casos extremos, destruir a un adversario, aunque esta última posibilidad sólo se presente por excepción.

De esta manera la casta gobernante y sus aliados y operadores empresariales construyen equilibrios, inventan consensos oficiales (como el del Pacto por México), detentan un poder sin límites ni contrapesos y preservan, en lo sustancial, la república corrupta a la que le deben todo. Desde luego, los mecanismos e instituciones de fiscalización y vigilancia forman parte de ese conglomerado de intereses y no operan por norma sino por excepción, cuando las partes en pugna no han logrado ponerse de acuerdo mediante la negociación y se ven orilladas a dirimir sus conflictos mediante escándalos que casi nunca llegan a tener consecuencias penales.

La república corrupta es un producto de la implantación del modelo neoliberal, en el cual, a contrapelo del discurso ideológico, el Estado adquiere una importancia económica fundamental como instrumento de depredación nacional, de remodelación social y moral y de concentración de la riqueza. El antiguo papel de las instituciones públicas de contención de los apetitos de rentabilidad para mantenerlos en los márgenes de la legalidad da paso al de motor de la utilidad máxima en los límites mismos de la ley e, irremediablemente, más allá de éstos.

El auge de la delincuencia como una nueva y horrorosa forma de relación social coincide, por eso, con la implantación del neoliberalismo en el país. Para el paradigma neoliberal el cártel delictivo es la expresión ideal de empresa y la corrupción estructural lo convierte en parte integrante, aunque inconfesable e inestable, de la institucionalidad.

En esta perspectiva, la aparente ineficiencia de los mecanismos de fiscalización permitió la comisión de negocios turbios en torno a Oceanográfica; la supuesta inoperancia de las instituciones electorales hizo posible que hace dos años la candidatura presidencial priísta gastara 13 veces más de lo permitido, y la incapacidad de las corporaciones policiales posibilitó que, durante más de una década, El Chapo actuara en completa libertad. Pero no: ninguna de estas tres situaciones es resultado de ineficacia sino reflejo de la corrupción.



23.3.14

20 años


“Desde el punto de vista cardiovascular el paciente se encontraba en estado de choque hipovolémico secundario a sangrado, condicionado por la herida en cráneo, se mantuvo en transoperatorio con hipotensión refractaria a las medidas establecidas que consistieron en administración de 11 paquetes globulares, así como soluciones coloides y cristaloides, dopamina en infusión, con marcapaso externo, con accesos venosos vía yugular externa izquierda, con acceso a arterial y femorales, se mantuvo con masaje cardiaco externo, a pesar de todo no se logró estabilidad hemodinámica y los niveles de presión arterial durante el transoperatorio fueron en promedio de 50 mm de mercurio de sistólica y presión media de 30, la gasometría con acidosis. Manteniéndose soporte por espacio de 1 hora 30 minutos y siendo las 19:45 horas y sin obtener respuesta y una vez terminada la craniectomía y estando el paciente sin actividad cardiaca automática y respiratoria sólo sostenida por la ventilación mecánica y neurológicamente sin actividad cerebral se declaró clínicamente muerto.” *


____________________________
“Reporte cardiológico del Hospital General de Tijuana, 23 de marzo de 1994”. Citado en Informe de la investigación del homicidio del licenciado Luis Donaldo Colosio Murrietatomo 1, parte 1, p. 110,  PGR, septiembre de 2000.



21.3.14

Seres alados y no tanto



Hubo un día especialmente intenso en la vida de Leda. Caminaba por la ribera del río Eurotas cuando vio un cisne al que un águila intentaba dar caza. Se apiadó del perseguido, le dio cobijo en sus brazos y cayó en la celada, porque en realidad el pájaro fugitivo era el mismísimo Zeus, y su propósito no era escapar de un depredador sino colocarse justo allí, junto al cuerpo desnudo de la reina de Esparta, para copular con ella. A juzgar por lo que se plasmó después en la escultura y la pintura clásicas, a la incauta el plan no le resultó desagradable. Después de aquel encuentro Leda volvió a su casa y yació con su marido. Resultó fecundada en ambas relaciones y al cabo de 31 días (periodo de gestación del Cygnus cygnus) o de nueve meses (medida del embarazo humano) puso dos huevos. Del primero de ellos nacieron Helena y Pólux, hijos del tonante, y el cascarón del segundo fue roto por Cástor y Clitemnestra, mortales. Aunque sólo eran medios hermanos, Cástor y Pólux fueron considerados gemelos y conocidos, en lo sucesivo, como los Dioscuros.

Tal vez lo anterior sea mentira. Pudo haber ocurrido, en realidad, que la mujer seducida por el dios emplumado haya sido Némesis, la cual intentó librarse del acoso del padre de los dioses tomando forma de diversos animales. Cuando se convirtió en oca, Zeus, vuelto cisne, la violó. Némesis fue preñada, dio a luz a un huevo y éste fue posteriormente entregado a Leda para que lo empollara, y ya luego nació Helena. Es una pena que, independientemente de este episodio, Némesis haya quedado como hija de la oscuridad primordial y como sinónimo de la venganza y de la envidia, aunque bien es cierto que envidia y venganza son los embriones de la justicia retributiva y del principio de equilibrio que sanciona los excesos y las demasías materiales con que la diosa Fortuna emborracha a los mortales. Cuando a la justicia humana le queda demasiado corto el brazo, muchos prenden veladoras en honor de Némesis.

Puede ser que Némesis o Leda se hayan sentido atraídas por el dios transfigurado en un ave que representa el alma inmortal que canta de alegría en el momento postrero de su envoltorio corporal porque siente cercano el momento de su liberación. Pero puede ocurrir, también, que la mitología en su conjunto sea un manojo de mentiras, que no haya habido cisne ni dios ni transfiguración alguna, y que el episodio refleje, simplemente, un episodio cualquiera en el que dos mortales quisieron rendirse a la llamada del deseo.

Cástor y Pólux no tenían más atributos de ave que la cobertura amniótica en la que se gestaron, mero reflejo del disfraz del padre; habían sido procreados por criaturas divinas o mortales pero básicamente antropomorfas. Otro ejemplar de la mitología griega que nació de huevo es Eros, surgido, al igual que sus hermanos Gea y Tártaro, del primigenio Caos (Hesíodo), o bien concebido, al igual que Némesis, por Nix y Érebo, deidades de la noche y las tinieblas (Aristófanes), o bien hijo (híjole) de Poros y Penia, o de Afrodita con Ares, Hermes o Hefesto.

Un contraste real y pedestre con las historias referidas es el de los jóvenes campesinos que a lo largo de los milenios han incurrido en bestialismo con gallinas y otras aves de corral sin haber por ello engendrado a la diosa Victoria, a uno que otro querubín ni a cualquier otra criatura alada. El tema de estos intercambios eróticos es complicado y lleno de aristas, no sólo porque es difícil conocer su magnitud, su frecuencia y sus variaciones en distintas épocas, sino también porque conlleva, entre otras cosas, debates sobre virtud y pecado, conductas normales y anormales, sexo y afecto. 

Agréguenle que a últimas fechas los protectores de los animales han entrado a la polémica, unos para condenar de tajo cualquier práctica sexual interespecies como una más de las modalidades de lo que llaman maltrato animal, y otros para alabar los beneficios de relaciones consensuales y afectuosas capaces de potenciar la vinculación igualitaria entre  especies diversas, como lo argumenta el filósofo animalista Peter Singer.

Y como para que una persona posea alas no basta ni con el divino semen de Zeus, queda el camino de la ingeniería, que es  el que siguieron Dédalo y su hijo, Ícaro, quienes escaparon de Creta y del cautiverio al que los tenía sometidos el rey  Minos mediante el ingenioso recurso de fabricar unas alas con plumas unidas con cera e hilo. El artífice de laberintos advirtió a su vástago que no sobrepasara cierta altitud pues el calor del Sol podría derretir la cera que unía las plumas. Pero al elevar el vuelo Ícaro se engolosinó, ascendió más allá de lo prudente y se precipitó al mar cerca de una pequeña isla del Egeo que hoy, en recuerdo suyo, se llama Icaria. Dédalo, por su parte, logró completar el vuelo Creta-Sicilia, llegó a su destino sano y salvo y allí vivió nuevas aventuras. La divinidad había dejado de ser un ingrediente indispensable para volar.

Dejemos de lado por un momento al “monje volador” Bartolomeu Lourenço de Gusmão; al español Diego Marín Aguilera, quien el 15 de mayo de 1793 voló 390 metros a bordo de un artefacto de hierro y plumas; a los hermanos Montgolfier; a Henri Griffard, inventor del dirigible; al campesino polaco Jan Wnêk, quien entre 1860 y 1870 realizó varios vuelos en un planeador inventado por él mismo; al francés Félix du Temple, quien acuñó el término monoplano; al desafortunado alemán Otto Lilienthal, quien se rompió la crisma en un planeador después de intnetarlo sin éxito más de dos mil veces; a los estadunidenses John Joseph Montgomery y Octave Chanute.

Pogamos también entre paréntesis al puñado de aviadores entre quienes se disputa el récord del primer vuelo en un aparato autopropulsado, controlable y más pesado que el aire: el alemán Gustave Whitehead; el inventor neozelandés Richard Pearse y, desde luego, el brasileño Santos Dumont y los hermanos Wright.

En el año 400 a. C. El filósofo, general y estadista Arquitas de Tarento intentó volar con una paloma de madera que era impulsada por un chorro de aire generado por algún mecanismo desconocido y se elevaba más de 100 metros. Hace dos mil años, en China, el estratega Kong Ming, con el propósito de iluminar el campo de batalla en confrontaciones nocturnas, desarrolló artefactos (“linternas de Kong Ming”) semejantes a nuestros globos de Cantolla. Estos últimos se llaman así por el telegrafista mexicano Joaquín de la Cantolla y Rico, piloto de globos aerostáticos del siglo XIX, aunque se ha popularizado la grafía “Cantoya”. 

Se cuenta que en 852 el químico  y poeta Abbás Ibn Firnás se lanzó al vacío desde un minarete de la Mezquita de Córdoba provisto de un paracaídas. 23 años después, con unas alas de madera recubiertas de seda y plumas, voló por diez segundos tras aventarse desde lo alto de un cerro. Aterrizó mal y se rompió las piernas, pero vivió una década más, lo suficiente para comprender que a su invento le había faltado un mecanismo de dirección.

Resultado semejante obtuvo, un siglo después, el benedictino inglés Elmer de Malmesbury, quien se lanzó desde la torre de la abadía del mismo nombre a bordo de un planeador rústico. Una vez que sanó de las fracturas, sus superiores de la orden le prohibieron de manera terminante que emprendiera nuevos experimentos aéreos.

Hoy nos metemos a Internet y sin pensarlo dos veces compramos un boleto de avión a Sydney o a Berlín, y volamos más preocupado por no perder la próxima conexión o la tarjeta de crédito que por perder la vida en el intento. De cuando en cuando (“la bruja está suelta”, dicen los pilotos experimentados) una racha de accidentes aéreos nos recuerda que volar no es lo nuestro. Y sin embargo, a pesar de la rutina odiosa de aeropuertos repletos de policías, aduanas, agentes migratorios, sospechas y sucursales de comida rápida, en nuestro fuero interno seguimos soñando con el acto individual de alzar el vuelo, de ser híbridos de dioses y de pájaros, de tener alas. 

18.3.14

La traición michoacana


Nazario Moreno González, El Chayo, murió por segunda ocasión (ya los calderonistas se habían jactado de haberlo abatido en diciembre de 2010) el 10 de marzo de este año por elementos de la Armada de México en el municipio de Tumbiscatío. José Manuel Mirales, vocero de las autodefensas de la Tierra Caliente michoacana, narró en detalle la forma en que esos grupos de civiles armados peinaron los municipios de Apatzingán, Buenavista, Tepalcatepec, Coacolman, Arteaga y Ahuililla, en la sierra de la región, para ubicar al líder máximo de Los caballeros templarios, cómo le tendieron varios cercos y cómo guiaron a las fuerzas federales que mataron al capo.


Un día después, Hipólito Mora, otro de los líderes de las autodefensas, fue cercado, junto con decenas de sus hombres, en el rancho Los Palmares, en La Ruana - Felipe Carrillo Puerto, por grupos disidentes encabezados por El Americano y el Comandante Cinco, los cuales acusaban al caído en desgracia de homicida de El Pollo y de Nino, además de extorsionador, ladrón de ganado, asesino y bandido. A su vez, Mora había informado al comisionado federal Alfredo Castillo sobre los presuntos vínculos de El Americano con el crimen organizado. Pero para el 11 de marzo Mora tenía claro que Castillo y El Americano habían negociado algo, aunque no sabía qué. Oficialmente, el comisionado “mediaba” entre los grupos enfrentados, pero los de El Americano, dotados de armas de alto poder, amenazaban con tomar por asalto Los Palmares.


Durante horas, Mora pidió ayuda por diversos medios a las autoridades federales, que tenían efectivos apostados a unos centenares de metros, sin resultado. Finalmente, el gobierno federal envió un helicóptero. Los funcionarios le aseguraron que la idea era sacarlo de allí por su propia seguridad. Confiado, el líder de La Ruana subió a bordo de la aeronave. En realidad, viajaba en calidad de detenido. Lo entregaron a la procuraduría estatal en Morelia y allí le levantaron imputaciones por homicidio y por otros 34 delitos, entre ellos despojo, privación de la libertad, amenazas, robo a casa habitación y violación de domicilio. Dios días después lo enviaron al penal de Mil Cumbres, una cárcel en la que abundan los templarios presos. Los autodefensas leales a Mora fueron desarmados por las fuerzas federales, las cuales reinstalaron en Buenavista Tomatlán a Luis Torres, el alcalde que había sido expulsado del municipio por sus presuntos vínculos con la criminalidad.


El comisionado Alfredo Castillo, quien apenas dos meses antes se tomaba fotos del brazo de Hipólito Mora, declaró que “las personas que iniciaron este movimiento deben ceñirse a la legalidad” y que el régimen no permitiría “que este tipo de hechos, como el homicidio, queden impunes”.


Significativamente, la comisión de algunos de los delitos imputados a Mora, como la privación de libertad, el robo a casas habitación y la violación de domicilio fueron observados en Apatzingán cuando esa ciudad fue tomada de manera conjunta por la Policía Federal y las autodefensas.


Tras el formal encarcelamiento de Mora, el Consejo General de Autodefensas, por conducto de José Manuel Mireles, advirtió que en la nueva circunstancia estaban siendo perseguidos por las corporaciones policiales, el Ejército, la Marina y los templarios y denunció que en realidad Mora fue encarcelado por reclamar al gobierno el incumplimiento de los acuerdos de Tepalcatepec, entre ellos la liberación de cerca de 90 integrantes de las autodefensas que han sido aprehendidos sin cargos por las fuerzas federales y la consignación de funcionarios públicos acusados de vínculos con la criminalidad. Por añadidura, Mireles recordó que el régimen le retiró toda protección desde que se encontraba convaleciente en la Ciudad de México del accidente aéreo que sufrió en enero pasado.


No es de extrañar. Independientemente de que Mora haya tenido que ver o no en el asesinato de de El Pollo y de Nino, es claro desde el principio que el gobierno federal decidió utilizar a las autodefensas para que éstas realizaran tareas de vigilancia, inteligencia y limpieza de delincuentes y que él mismo promovió la descomposición y el enfrentamiento entre esos grupos de civiles armados. Tal vez siga tolerándolos un tiempo, en tanto logra concretar la detención o la eliminación de Servando Gómez, La Tuta, y Enrique Plancarte –a quienes se tiene por líderes máximos de Los caballeros templarios–, se cuelga la correspondiente medalla mediática y, a renglón seguido, procede a entregar Michoacán al siguiente liderazgo delictivo. Entonces culminará la traición a las autodefensas, aprovechando sus carencias: un estatuto legal definido, un financiamiento claro y, sobre todo, una concepción política del país y del mundo.



El error de los grupos de civiles armados ha sido pensar que el gobierno podía ser su aliado en una lucha común contra los templarios cuando, en realidad, la criminalidad organizada, en todas sus marcas y corporaciones, es parte funcional y operativa del régimen.

11.3.14

Deslindes pragmáticos


Empezó con el golpe a Elba Esther Gordillo, jefa de lo que podría considerarse un feudo propio, aunque díscolo. La idea, al parecer, era dar un escarmiento anticipado a disidencias internas en potencia, así como cortar de tajo cualquier posibilidad de que la cúpula gordillista se sumara de alguna manera a la resistencia contra la reforma educativa. Después de una pausa de meses, el deslinde prosiguió, esta vez ante los gobiernos de Vicente Fox y Felipe Calderón: la orden de captura contra Gastón Azcárraga –millonariamente agasajado por el de Guanajuato y tolerado en sus transas por el de Michoacán–; la exhibición de las bribiescas y calderonescas inmundicias de Oceanografía; la captura de El Chapo –fugado de Fox y presunto protegido de Calderón– y la segunda muerte de El Chayo, con la que se puso en evidencia la mendacidad extrema del calderonato. Una tercera ronda de deslindes ha tenido lugar con respecto a dos de los principales poderes fácticos del empresariado: las declaratorias de preponderancia emitidas para Televisa y las principales empresas del Grupo Carso por el Instituto Federal de Telecomunicaciones, con la peculiaridad de que la primera fue matriz publicitaria del actual ocupante de Los Pinos.

Algunos incautos han visto en estos ajustes de cuentas un indicio de que el peñato está resuelto a recuperar la independencia del gobierno frente a los grupos corporativos que lo controlan –legales o no tanto– y hasta una decisión de romper con la cadena de complicidades y encubrimientos que recorre los sexenios.

Pero no. Si el actual gobierno hubiese tenido la determinación de exhibir, perseguir y contrarrestar la corrupción y la criminalidad heredadas de Fox y de Calderón, habría actuado en forma explícita y frontal, y no mediante acciones dosificadas ni con cálculos de oportunidad mediática. Por lo que se refiere al “golpe” a Televisa, ya el lunes pasado Enrique Galván Ochoa demostró hasta qué punto dicho “golpe” es un mero raspón menor que ni disminuye en forma apreciable el valor accionario ni reduce el poderío mediático de la corporación.

Si Peña realmente pretendiera establecer una diferencia significativa con respecto a sus antecesores panistas tendría que empezar no por ese golpeteo tangencial y oportunista sino por indagar el destino de los cerca de 75 mil millones de dólares que ingresaron a las arcas nacionales durante el gobierno foxista y que desaparecieron de manera misteriosa en los entresijos de la burocracia, o bien emprender una investigación seria no sólo sobre Oceanografía –investigación que busca, por lo demás, esclarecer una ratería cometida en perjuicio de una empresa bancaria estadunidense, no el fraude a la nación perpetrado–, sino sobre el conjunto de las operaciones del Fobaproa en el que participaron los hermanos Bribiesca Sahagún.

Si la idea fuera romper con Calderón, el régimen actual bien podría mostrar voluntad política para esclarecer sus posibles responsabilidades en la muerte de más de cien mil mexicanos durante el sexenio pasado: el político michoacano alentó e instigó la eliminación física de todo un sector de la sociedad (en la categoría de narcos caben desde campesinos mariguaneros, halcones y camellos menores hasta grandes capos) que, según cálculos realizados durante el calderonato por dependencias militares, genera cerca de medio millón de empleos directos: el plan de Calderón fue llanamente genocida. Eso, sin considerar que muchos de los asesinados no tenían nada que ver con el negocio de las drogas ni con la delincuencia organizada. Y es imposible saber el porcentaje preciso por la simple razón de que no se puede juzgar a los muertos.

El actual ocupante de Los Pinos está vinculado a Fox por la barbarie represiva en Atenco (2006) y por el respaldo que el de Guanajuato brindó a su candidatura. Asimismo, Peña está comprometido con Calderón porque, como gobernador del Estado de México, compartió durante seis años la estrategia de seguridad federal y porque el michoacano se hizo de la vista gorda ante el fraude perpetrado por el PRI en 2012, en pago, acaso, por el favor análogo que el tricolor hizo al panismo en 2006. Lo más importante, Peña comparte con Fox y con Calderón la misma misión en materia de política económica: favorecer a las grandes corporaciones en detrimento de las personas y comunidades, seguir entregando el país a los intereses extranjeros y alentar, desde las dependencias públicas, el obsceno proceso de concentración de la riqueza nacional en unas cuantas manos.

Estos deslindes pragmáticos no implican, pues, ruptura ni fractura. Son sólo parte de un reajuste en la manera de hacer negocios.




6.3.14

Pilarica, voz de mi vida


Quién iba a decir que a esta edad habría de caer rendido a los pies de un amor imposible; que babearía como idiota y aullaría como coyote melancólico en las noches de luna llena; que se me llenaría la cabeza de fantasías ñoñas; que el mal de amores habría de aislarme de mis amigos y hasta hacerme olvidar mis rencores más entrañables porque, como cantaba Violeta Parra, el amor con sus esmeros al viejo lo vuelve niño y al malo sólo el cariño lo vuelve puro y sincero, ay, sí, sí, sí.

Todo habría ido bien en el curso de mi vida de no ser porque ante él se plantó de pronto, con maneras de hierro suavizadas por una voz de terciopelo, la Pilarica. Y ya nada volvió a ser como antes.

Para ese entonces mi química fisiológica había desarrollado sucesivas adicciones a las feromonas irrepetibles de diversos organismos femeninos que se habían hecho merecedores, por angas o por mangas, al título del amor de mi vida, y mi fe en la dicha más allá de la muerte pasaba por un periodo de descanso, una suerte de año sabático emocional decretado por mí mismo después de algunos finales de historia sobresaltados que conllevaron descargas de adrenalina particularmente intensas.

Pero los caminos de Cupido son inescrutables y sus dardos asoman por la rendija más inesperada. En este caso fue por los altavoces minúsculos de un teléfono celular.

La cosa empezó así: la empresa x de telefonía móvil había perpetrado uno de sus abusos consuetudinarios en mi contra y, como el término forzoso acababa de concluir, en vez de aceptar un cambio de aparato opté por regalar el que me habían proveído (“equipo”, lo llaman pomposamente los vendedores), cancelar el contrato respectivo y empeñarme con la competencia. No es que la compañía z brindara un mejor servicio que la x ni que fuera menos abusiva con sus clientes; sólo me movía el pequeño placer mezquino de ver cómo el gerente de la sucursal luchaba en forma denondada (e inútil) para no perder a un cliente. Todas lo hacen: en cuanto les anuncias “me voy”, se prodigan en darte atenciones que hasta ese momento te habían negado y son capaces de ofrecerte la Presidencia de la República con tal de que no los abandones.

Pero por más que el gerente de la sucursal de x interpretó su versión corporativa de “Ne me quitte pas”, yo procedí con el ínfimo escarmiento y me fui al local de al lado a inaugurar una nueva etapa en mis relaciones de maltrato y codependencia. Ésta comenzó con una hora y media de trámites, verificaciones, activaciones y firmas solemnes de legajos más gordos que un tratado internacional, y terminó con la entrega del flamante “equipo”: un pinche teléfono que no se correspondía con las especificaciones técnicas, la marca ni el color del que prometían en el anuncio de la entrada: “es que esos los tenemos agotados por el momento”, me explicaron.

Como aquello era el principio de una nueva relación había que echarle ganas, así que me dispuse a conocer mi nuevo celular y a explorar sus capacidades y monerías sin tapujos ni ideas preconcebidas. Para empezar, lograba enviar y recibir llamadas y reconocía la letra manuscrita, sintonizaba la radio y llevaba registros de la presión sanguínea del usuario y su índice de masa corporal. Además, el trebejo incluía un GPS de uso gratuito. Tras unos intentos torpes por activar el dispositivo, logré que en la pantalla apareciera un mapa y me vi en él, de inmediato, representado por una flechita azul. Introduje una dirección de destino y una voz angelical brotó del aparato:

–Dirígete al nordeste y, a doscientos metros, gira a la izquierda e incorpórate a Csicotencat.

Era imposible no reparar en el acento peninsular de aquella voz, así que no me fue difícil comprender la instrucción, remplacé aquella toponimia imposible por “Xicoténcatl” y, gratamente impresionado por la dulzura de la hablante, me dejé guiar en una ruta que, por lo demás, conocía perfectamente bien.

En los días siguientes puse a prueba los conocimientos y las habilidades del GPS. En términos generales, conocía la ciudad bastante mejor que yo, pero en un par de ocasiones estuvo a punto de meterme en sentido contrario y una vez me avisó de una vuelta a la derecha con tan escasa  anticipación que estuve cerca de matarme. Con todo, resultaba encantador eso de dejarse guiar con docilidad por entre el denso tránsito urbano, ahorrándome los cálculos mentales, y saber de antemano, con razonable precisión, el tiempo que habrían de tomarme los recorridos. Pero lo mejor de todo era la voz, que tenía un barniz de aspereza sobre una superficie de picardía con entonaciones ligeramente cachondas que, sin embargo, no excedían los límites de una comunicación profesional.

En una semana le había tomado afecto y decidí bautizarla y la llamé la Pilarica.

Ya con la voz humanizada de esa manera, decidí probar las posibilidades del diálogo. Activé el reconocimiento de voz y en vez de introducir las solicitudes por el teclado virtual de la pantalla, le hablé:

–Pilarica, vamos a Santa María la Rivera.

Y la Pilarica accedió, y empezó a guiarme hasta ese rumbo.

Esa noche tuve un primer sueño erótico con ella como protagonista. Mi subconsciente le dio una apariencia física de una mujer madura y deslumbrantemente hermosa que, con voz áspera y dulce, me condujo en forma certera por los caminos de su cuerpo. El sueño parecía verdadero porque en él la Pilarica hablaba tal y como lo hacía en la vida real: con acento peninsular y con una manifiesta incapacidad para destar las abreviaturas: decía “pte.” en vez de “poniente”, “av” en lugar de avenida, y así. Y soñé que la Pilarica me hacía las cosas más calientes del mundo al tiempo que mantenía un discurso fundamentalmente topográfico y austero.

A la mañana siguiente me levanté más temprano que de costumbre, dispuesto a forzar un diálogo con la Pilarica antes de partir hacia mi oficina. Puse el teléfono junto a mí en la mesa del desayunador, desperté a la entidad de la que me había enamorado y le dije con un poquito de solemnidad:

–Pilarica, tenemos que hablar.

–No se ha podido calcular la ruta hasta Kablar –me respondió, como si nada.

Pensé que, por fin, la Pilarica se animaba a jugarme una broma, pero no. En la pantalla aparecía, marcada en el mapa con un globito naranja, la localidad de Kablar, en Rosci, Serbia, no lejos de los meandros del Morava. Pero no cejé.

–Es que te amo.

–No se han encontrado resultados. Dirigiendo a Temoc, Adlofo Ruiz Cortínez, Coyoacán....

–¡Que te quiero, pues!

–Dirigiendo a Río Duero,  Colonia Cuauhtemóc. 23.8 kilómetros. Toma av de los Insurgentes...

Me di por vencido y comprendí que Pilarica estaba dispuesta a mantener aquella farsa hasta el final, que no iba a dar su brazo a torcer, que el sacarla de sus respuestas mecánicas me iba a tomar tiempo y que tendría que empeñar en la tarea todas las artes de la seducción.

He empezado por la de exhibir sometimiento. Ahora acato todas sus instrucciones, le permito que me conduzca del baño al comedor y de allí a la recámara. Quiero que se impregne de mis trayectos y de mis pasos. Si un día no me mata al situarme en sentido contrario en una autopista concurrida, lo lograré, ya lo verán.


4.3.14

Empresas y empresarios
en apuros


Nacido en 1955 en una estirpe de empresarios, Gastón Azcárraga Andrade se graduó de ingeniero industrial en la Universidad Anáhuac, obtuvo una maestría en Harvard y luego empezó a trabajar para el consorcio hotelero fundado por su abuelo. Ha sido consejero de ING México, Corporación Mexicana de Restaurantes, y BBVA Bancomer y presidió el Consejo de Desarrollo de la Universidad Anáhuac. En 2005 el gobierno de Vicente Fox le vendió Mexicana de Aviación en 165 millones de dólares, 265 millones por debajo de su valor de mercado.

La empresa fue sometida a un sistemático saqueo y endeudada por 14 mil millones de pesos hasta que, en 2010, suspendió operaciones y quedó sujeta a un concurso mercantil. Según Javier Lozano Alarcón, ex secretario del Trabajo durante el sexenio de Felipe Calderón, desde 2010 el Servicio de Administración Tributaria (SAT) detectó que Azcárraga Andrade había retenido impuestos a los trabajadores sin enterarlos al fisco. Sin embargo, el calderonato se abstuvo de emprender acción legal alguna en su contra. El 19 de febrero la Procuraduría General de la República (PGR) obtuvo una orden de aprehensión en contra de Azcárraga Andrade por fraude fiscal y operaciones con recursos de procedencia ilícita.

Joaquín Archibaldo Guzmán Loera nació en 1957 en La Tuna, Badiraguato, Sinaloa. No estudió más allá de la primaria. Desde joven empezó a trabajar con Miguel Ángel Félix Gallardo, cabeza principal del tráfico de cocaína en México en los años 80 del siglo pasado. A raíz de la captura de ese capo, en 1989, la organización que dirigía se dividió en dos: los hermanos Arellano Félix establecieron el Cártel de Tijuana y Guzmán Loera creó el Cártel de Sinaloa (después llamado Del Pacífico) en su tierra natal. Muy pronto ambos grupos entraron en conflicto y en mayo de 1993 se enfrentaron en una balacera en el aeropuerto de Guadalajara, en la cual falleció el cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo. 

Al mes siguiente el narcotraficante sinaloense fue capturado en Guatemala y entregado a las autoridades mexicanas. El 18 de enero de 2001, siete semanas después de que Vicente Fox asumiera la Presidencia, Guzmán Loera se fugó de la cárcel “de máxima seguridad” de Puente Grande, Jalisco. En los años siguientes su organización se fortaleció hasta llegar a ser considerada la principal del país y una de las más importantes del mundo. La oficina estadunidense de Alcohol, Tabaco y Armas de Fuego (ATF) le suministró armamento (unos dos mil fusiles de asalto); varias instituciones financieras, a veces con intermediación de la DEA, le lavaron cantidades ingentes de dinero; la revista Forbes incluyó al delincuente en la lista de las personas más ricas del mundo. La ayuda de Fox en la fuga de Guzmán Loera y la protección que Calderón le brindó en todo momento son sospechas sociales que no han sido confirmadas. El 22 de febrero Guzmán Loera fue detenido por elementos de la Marina, guiados por información de inteligencia del gobierno de Estados Unidos, en Mazatlán, Sinaloa.

Los Caballeros Templarios es un grupo delictivo michoacano que anunció su aparición en marzo de 2011. Se dice que es una escisión de La Familia Michoacana. En pocos años pasó del narcotráfico y de los enfrentamientos con otros grupos delictivos al control de buena parte de la economía y de diversas instituciones del estado. Como otras empresas, Los Caballeros Templarios posee un código de ética. Actualmente, el grupo ha sido desalojado por las autodefensas de la mayor parte de los municipios que controlaba y se dice que su máximo dirigente, Servando Gómez Martínez, se encuentra cercado y en situación difícil en las cercanías del puerto Lázaro Cárdenas.

En 2000 Oceanográfica se encontraba a punto de ser embargada por el SAT, pero con la llegada de Fox a la Presidencia su suerte cambió bruscamente y cinco años más tarde se había convertido en el principal proveedor de Pemex gracias a la mediación de los hermanos Bribiesca Sahagún –hijastros de Fox–, quienes gestionaron para Oceanográfica 54 contratos con la paraestatal por un total de casi seis mil millones de pesos. Los favores continuaron durante el sexenio de Calderón. Durante los gobiernos panistas la empresa logró más de 160 licitaciones por un total de 31 mil millones de pesos. El pasado 28 de febrero la PGR aseguró los activos de Oceanográfica tras una demanda de fraude presentada por Citigroup, propietaria de Banamex.

En 2010 Citigroup fue mencionado como uno de los consorcios financieros que “han lucrado durante años con el lavado de fondos del narcotráfico”. Ayer, un gran jurado federal de Estados Unidos emprendió una investigación sobre Citigroup y Banamex por posible incumplimiento de las regulaciones sobre lavado de dinero.

Todo indica que el mundo empresarial pasa por un reajuste.



27.2.14

6 años de Sucumbíos

El asesino Álvaro Uribe al menos podía argumentar que estaba en guerra contra las FARC. Lo que no tiene justificación posible, ni nombre, es la embestida de los comentócratas mexicanos que aplaudieron el ataque criminal perpetrado por las fuerzas militares colombianas contra un campamento de la guerrilla en el vecino Ecuador, en el que murieron los jóvenes Juan González Castillo, Verónica Natalia Velázquez Ramírez, Fernando Franco Delgado y Soren Ulises Avilés Ángeles, y fue herida Lucía Andrea Morett Álvarez.
Además de festejar los asesinatos de Sucumbíos, esos exponentes del servilismo a las versiones oficiales –ya ni siquiera las de México, sino las de Colombia– atizaron el linchamiento social y jurídico contra la única sobreviviente del grupo y emprendieron una campaña de calumnias en contra de la Máxima Casa de Estudios, a la que acusaron de servir de refugio a guerrilleros y terroristas.
Por esos días particularmente amargos del calderonato, El Chamuco publicó estas coplas alusivas.


“Nido de guerrilleros”

Con muy poco rigor, sin documentos,
hallaron los plumíferos comprados
–mercenarios del verbo y los teclados–
un dato que los tiene descontentos:
que el campus de la UNAM es semillero
de un grupo terrorista y guerrillero.
Que Bin Laden despacha en Rectoría,
que Hizbollah dirige Arquitectura,
ETA está en Difusión de la Cultura,
las FARC manejan la cafetería
y Corea del Norte, que se sepa,
diseña los programas de la Prepa.

En Contabilidad, se da por hecho
que se estudian manuales subversivos;
en Trabajo Social hay explosivos
y armas antiaéreas; en Derecho,
y en Química (la nota es objetiva),
armas de destrucción cruel y masiva.

Lo escrito por tamañas eminencias
es una información verificada;
viene de buena fuente: fue filtrada
en el CISEN y en otras dependencias;
la confirma un discurso que suscribe
el narcopresidente Álvaro Uribe.

Por si faltara un hecho fehaciente,
el lema de la UNAM se ha revelado
como un mensaje turbio y encriptado
y lo que dice verdaderamente
es horrible, vulgar y subversivo:
“Por mi Raza hablará el cuerno de chivo”.

Ay, desinformadores, es muy fea
la forma en que con ese desatino,
al régimen corrupto y asesino
de Uribe facilitan la tarea
y el modo en que a tal sátrapa extranjero
le vendieron la pluma y el trasero.

Cuatro jóvenes muertos, mexicanos,
a ustedes les importan un pepino.
Conceden la razón al asesino
y le limpian la sangre de las manos
pensando que su mancha es muy distinta:
que en las manos de ustedes sólo hay tinta.

Podría ser el clásico dilema:
el que publica un hecho deformado
obra por idiotez o por malvado.
Pero ustedes cambiaron el esquema:
ya pueden contemplarse, en sus espejos,
malos al mismo tiempo que pendejos.


La vacunoia: causas y curso


“¡Los maravillosos efectos de la nueva inoculación!”, viñeta satírica de 1802, obra de James Gillray, aparecida en las Publications of the Anti-Vaccine Society, que muestra a Edward Jenner administrando vacunas contra el virus de la viruela bovina. El temor popular era que la vacuna provocaría el crecimiento de “apéndices vacunos” en los pacientes. Biblioteca del Congreso, Washington, EU


Todo medicamento, desde la aspirina hasta los compuestos de la quimioterapia, pueden tener efectos secundarios perniciosos. Ninguna vacuna garantiza al 100 por ciento la inmunización del paciente y algunas de ellas, mal aplicadas, tal vez hayan acabado con algunas vidas: sea porque se excedió la dosis, porque la sustancia provocó una reacción alérgica severa, porque el lote había caducado, porque hubo una falla criminal en la fabricación o porque el idiota que la inyectó lo hizo tan mal que causó una trombosis a su víctima. Dicho lo anterior, en su historia más o menos reciente, las vacunas (al igual que los antibióticos) han salvado una cantidad de vidas millones de veces superior que el número de accidentes como los señalados. De hecho, a esa dupla de inventos le debemos, en buena medida, la explosión demográfica ocurrida en el siglo XX tras la dramática caída en las tasas de mortalidad infantil y adulta y la extinción de la viruela y la contención efectiva del sarampión y otros padecimientos.

En esta perspectiva, las alarmas de los vacunoia (paranoia de las vacunas) me parecen tan irresponsables como el sistemático sabotaje del Vaticano en contra de las campañas de contención del sida. Desde la década antepasada, en efecto, los jerarcas católicos han proferido toda suerte de tonteras acerca del uso del condón: desde que el VIH es tan pequeño que puede atravesar el “material poroso” (¿será que Sus Eminencias usan condones de encaje?) hasta que la distribución de ese adminículo en África “aumenta el problema”, como rebuznó Joseph Ratzinger en marzo de 2009 durante una visita a Camerún.

Como las creencias –las del ex Papa o las de los vacunoicos– no pueden ser desactivadas mediante ninguna clase de argumento racional, me abstengo de debatir el fondo del asunto y me limito a contarles, por si no lo sabían, que el pánico militante contra las vacunas no es, como podría pensarse, una cosa nueva, impulsada por Internet y el naturismo, sino una postura que data –en Occidente, al menos–, del siglo XVIII, cuando muchas personas reaccionaron con horror a los primeros ensayos controlados de inoculación preventiva con virus, como los que realizaron Zabdiel Boylston y Cotton Mather durante la epidemia de viruela que asoló Boston en 1721. Mather fue insultado por las masas y su casa fue atacada con explosivos, a pesar de que la tasa de fallecimientos entre los inoculados (3 por ciento) fue sustancialmente menor que la de los no inoculados (14 por ciento).



Seis décadas más tarde, cuando Inglaterra se encontraba azotada por una epidemia de la misma enfermedad, el médico rural Edward Jenner observó que las lecheras solían enfermar de viruela bovina por el continuo contacto con las vacas y que, tras reponerse, quedaban inmunes a la viruela humana. Jenner tomó muestras de una pústula e inyectó el fluido en el brazo de un niño. El pequeño paciente enfermó de viruela bovina, se recuperó en 48 horas y luego el galeno le inoculó virus de viruela humana, y el menor no resultó afectado.

Desde luego, la práctica de inyectar pus de organismos enfermos (humanos o animales) en el torrente sanguíneo de individuos sanos tuvo que resultar chocante para el sentido común de las masas, pese a que tales prácticas se empleaban en Asia desde 200 años antes de nuestra era: los médicos chinos almacenaban las costras de las pústulas de infectados con variedades leves de viruela y las molían hasta convertirlas en un polvo que luego hacían aspirar por la nariz a quienes se proponían inmunizar.

Además de repugnancia, la inoculación generó una cantidad de críticas con argumentos religiosos, pseudo científicos y políticos: desde que la vacuna era “anticristiana” porque provenía de un animal hasta que no servía para nada porque la viruela, se decía, no era causada por virus sino por material en descomposición en la atmósfera: una creencia medieval hoy reencarnada en la leyenda de los chemtrails.



El problema es que no todo quedó en discusiones. A mediados del siglo antepasado diversos gobiernos empezaron a realizar, con un espíritu manifiestamente totalitario, vacunaciones obligatorias. Se dijo entonces, con razón, que la práctica atentaba contra la libertad individual. Tras la promulgación de leyes de vacunación obligatoria en 1853 y 1867 surgieron dos organizaciones opositoras: la Liga Antivacunación y la Liga contra la Vacunación Obligatoria. En 1885 tuvo lugar, en Leicester, una manifestación de entre 80 mil y 100 mil personas que exigían la derogación de la vacunación obligatoria. En 1898 ésta fue modificada para incluir la figura del “objetor de conciencia” que permitía obtener certificados de exención.

Entre 1876 y 1885 surgieron en Estados Unidos tres grupos contrarios a la vacunación obligatoria que se desempeñaron principalmente en el terreno de los tribunales. En 1905 llegó hasta la Suprema Corte el caso de Henning Jacobson, un residente de Massachusetts que se negaba a vacunarse. El máximo tribunal refrendó los fallos previos, consideró constitucionales las leyes estatales para proteger la salud de la población en casos de enfermedades contagiosas y obligó al tipo a inocularse contra la viruela.

En los años setenta del siglo pasado las campañas de vacunación DTP (difteria, tétanos y tosferina) provocaron reacciones furibundas, basadas principalmente en un informe parcial que hablaba de 36 casos de problemas neurológicos entre niños vacunados en un hospital de Londres. Se ordenó un exhaustivo análisis de cada uno de los casos y a relación entre la inoculación y las encefalopatías no pudo ser demostrado en ninguno de ellos.



Aunque la administración de vacunas ha dejado de ser estrictamente obligatoria en la mayor parte del mundo, en tiempos recientes han surgido corrientes de opinión en contra de las vacunas contra el sarampión, paperas y rubéola (MMR) y el virus del papiloma humano (gardasil). También se ha denunciado el uso del conservante timerosal, un compuesto que contiene mercurio, en la fabricación de vacunas, con el argumento de que esta sustancia favorece el desarrollo de autismo. No se ha demostrado la veracidad de tal aserto pero existe el consenso de que “el timerosal debe reducirse o eliminarse en las vacunas como una medida de precaución”.

El doctor Juan Gérvas, de la universidad de Madrid, es un crítico radical del uso indiscriminado de vacunas. Si quieren más información sobre la vacunoia y, en particular, sobre los efectos, limitaciones y riesgos de la vacuna contra el VPH, les recomiendo consultar rationalwiki.

Como lo demostró el rebrote de sarampión registrado en Europa recientemente, la vacunoia es mucho más peligrosa que la práctica terapéutica preventiva a la que combate. Y, por definición y por desgracia, contra la vacunoia no hay vacuna posible.