8.6.09

Castigar y lucrar

La idea de convertir las prisiones en negocios particulares no se les ocurrió en primer lugar a Felipe Calderón y Genaro García Luna: se puso en práctica, hace más de un siglo, en Estados Unidos, con resultados tan negativos que llevaron a su abolición. En los años ochenta del siglo pasado, la oleada de privatizaciones impulsada por la “revolución conservadora” de Ronald Reagan y Margaret Thatcher llevó a poner en manos privadas, en esquemas de abatimiento de costos y de alta rentabilidad, muchas prisiones.

El sentido común indicaría que el carácter público de la cárcel —una de las instituciones más antiguas del Estado— tendría que ser tan irrenunciable como las atribuciones estatales de castigar a quienes violan las leyes, proteger a la sociedad de individuos peligrosos o rehabilitar y procurar la readaptación y la reinserción social del delincuente. Pero no: ahora el grupo en el poder formalmente encabezado por Calderón busca crear oportunidades de negocio para los Cheney y los Hank González (La Jornada, 7/06/09, p. 11) y, por supuesto, deja de lado las implicaciones éticas y las consecuencias prácticas de transferir la circunstancia de los reos, se vea como castigo o como rehabilitación, a un ámbito regido por las lógicas de la ganancia, la productividad y la rentabilidad.

Si predomina el espíritu punitivo, los consorcios que se hagan cargo de las prisiones buscarán incrementar sus utilidades mediante la expansión del universo de infractores. Y no es una hipótesis: recientemente, la columnista Amy Goodman (Democracy now, 17/02/09) relató el caso de dos jueces de Pensilvania quienes, en el curso de varios años, ordenaron, sin fundamentos, el encarcelamiento de casi cinco mil menores, a cambio de más de dos millones y medio de dólares en sobornos que les fueron otorgados por constructoras de prisiones y empresas carcelarias. El caso, descubierto por el Centro de Derecho de Menores (JLC, por sus siglas en inglés) culminó en la condena de los magistrados Mark A. Ciavarella Jr. y Michael T. Conahan. De acuerdo con un estudio del Comité de Errores Legislativos de Tennessee, las cárceles privadas de Estados Unidos, sometidas a un implacable abaratamiento de costos y a todo ahorro posible, son tres veces más violentas que las públicas.

Por lo demás, el negocio es el negocio: de cara a la readaptación social, los presos que cumplen sus sentencias en establecimientos privados disponen de muchos menos programas educativos, culturales y de superación de dependencias que los que se encuentran en cárceles administradas por el poder público.

Una de las implicaciones más aterradoras de la privatización carcelaria es el panorama laboral que deben enfrentar los reclusos, en muchos casos indistinguible de la esclavitud: en las cárceles particulares del vecino país del norte, los presos no pueden negociar el monto de sus ingresos ni, por supuesto, organizarse en sindicatos, carecen de prestaciones elementales y se les suele descontar de su ingreso el pago correspondiente a “habitación y comida”. Tan rentable es la mano de obra de los prisioneros que se ha dado el caso de empresas maquiladoras que cierran sus plantas en México para ir a hacer lo mismo en prisiones estadunidenses. En tales circunstancias, es claro que la rehabilitación es sencillamente inviable y los derechos humanos quedan en una mera declaración carente de vigencia.

En el contexto nacional, la privatización carcelaria es continuación del ciclo de privatizaciones que arrancó a partir de los gobiernos de Miguel de la Madrid y Carlos Salinas, caracterizado por la profunda corrupción y opacidad. Ya tendremos un programa de rescate, con dinero público, but of course, para morideros en bancarrota gracias a los malos manejos de sus dueños particulares. Pero eso no es lo peor: si actualmente el panorama carcelario del país es una sentina de complicidades, códigos de negocio secretos y favores comprados, imagínense lo que le espera cuando los honorables concesionarios del negocio de castigar se vean en la posibilidad de regatear, cara a cara y en directo, con sus no menos distinguidos huéspedes o, mejor dicho, con su clientela más destacada: de empresario a empresario, con la lógica inexorable de la máxima utilidad y el más alto factor de costo/beneficio, y sin las mediaciones tontas de la legalidad, la rehabilitación, los derechos humanos y demás inventos nocivos para la productividad, la rentabilidad y los sistemas de gestión de calidad.




6 comentarios:

Valle Baeza dijo...

Excelente y oportuno artículo. Aunque me temo que el gobierno no dejará el negocio por más que lo critiquen.

Félix dijo...

A proposito de esto, en un capitulo de la "ley y el orden UVE" que salio de estreno el pasado martes 2 de julio, se trato un caso muy similar de una juez corrupta que tenia un primo que administraba una correccional en Ohio, el caso es que esta juez tenia por costumbre condenar adolescentes que habian cometido faltas menores (orinar en publico, escandalizar etc) mandandolos a la correcional del familiar por periodos largos, cada ingreso les representaba un magnifico negocio, donde inclusive los empleados que se encargaban de asignar los juicios resultaban beneficiados.

No se si se inspiraron en este capitulo nuestro fecalin, pero el programa muestra solo una probadita de lo que el "outsorcing" carcelario puede provocar, el enriquecimiento de unos pocos a las costillas de una población carcelaria a la que se le mancillan sus derechos humanos.
Saludos

LaSusodicha dijo...

Joven Pedro Miguel: confiésole que la idea de convertir las cárceles en negocio privado de unos cuantos, por unos instantes me pareció simpática: imaginé a nuestros flamantes funcionarios condenados a trabajos forzados en condiciones de esclavitud...pero muy pronto desperté de mi chaqueta mental, pues cuando llegó a mi mente la imagen de un Cesarín Nava, ó un Guty Cárstens, ó un Fecalín, caí en la cuenta de que ésta bola de inútiles serían de inmediato expulsados de cualquier cárcel.
Snif, snif...

Pedro Miguel dijo...

Valle Baeza: Creo que la sociedad debería exigir que no se perpetre esa privatización aberrante y peligrosa.

Gracias por la historia, Félix; "para documentar nuestro optimismo", que diría el Monsi.

Jaaaaa... Pues sí, Susodicha, la cárcel es un sitio demasiado decente para esa runfla de cabrones. Mejor enviarlos a un seminario con los curas pederastas.

maría de lourdes aguirre beltrán dijo...

Pedro Miguel:

Seguro que cuando privaticen las cárceles, sucederá algo peor de lo que está sucediendo en las cárceles actuales, y en las guarderías, pues si el gobierno no considera a los niños dentro de la categoría de seres humanos, menos lo hará con las personas que cayeron en la prisión.

I

La impunidad se avecina,
en el caso de Sonora;
pues tanto ayer, como ahora
nuestro gobierno asesina.
Grande es la rabia y la "muina"
que la tragedia ha causado
por tanto infante atrapado
en esa trampa mortal
un galerón infernal
como guardería montado.

II

Es un botón que nos muestra
lo que daña la rapiña:
No se salva niño, o niña
de esta actividad siniestra.
Hay que tomar la palestra
para justicia gritar
no debemos de callar
No condenar al olvido
el fuego que ha consumido
las cunas de tanto hogar.

III

Dicen que investigarán
la causa de tal horror,
Es que no tienen valor;
mas claro, no lo verán.
El Seguro, te dirán:
no gasta en instalaciones
para niños pobretones
Mejor hace un gran negocio
con algún pariente y socio
con dinero de a montones.

IV

Ha declarado en lugar
público, con mucha gente
un hombre que es inconciente:
Es mejor trampa, que hogar.
Ese hombre, debe pensar:
Si gobierna, su misión
representa a la nación.
Nunca primero el negocio
con un familiar de socio
p'a darle una concesión

V

Si el gobierno va a tapar
este horrible asesinato
debemos en este rato
las guarderías visitar.
Las escuelas reportar
a la prensa y a los medios
debemos poner remedios:
Escuelas y guarderías
seguras para las crías
Construídas en dignos predios.


María de Lourdes Aguirre Beltrán







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Anónimo dijo...

Otra ocurrencia más de los gobiernos ociosos. Desafortunadamente, tengo un hermano en un penal estatal y la "readaptación social" que les dan es aberrante. Comida con restos de heces fecales, escupitajos, orina (el famoso rancho), trabajadores sociales que les dicen a los presos que no sirven para nada, drogas, corrupción, etc. Si esa es la readaptacion con carceles administradas por los gobiernos locales y federal, imaginémonos la que se daría si se privatizan. Dicen que la ropa sucia se lava en casa y estas prendas tienen una mugre que es muy dificil de quitar.......