24.6.09

Los pedazos de Juan

  • Amuletos, fetiches, talismanes y conjuros

La mano que (dicen) bautizó a Jesús

El amuleto es, dice la RAE, un “objeto pequeño que se lleva encima, al que se atribuye la virtud de alejar el mal o propiciar el bien”; el término deriva del latín amulētum, aparece por primera vez en la Naturalis Historiæ de Plinio el Viejo y está estrechamente emparentado, por su significado, con talismán, que procede del persa ţelesmāt, y éste, del griego τέλεσμα: “Objeto, a veces con figura o inscripción, al que se atribuyen poderes mágicos”, afirma RAE con extremada austeridad, dejando de lado el hecho de que amuleto se usa para designar cualquier clase de objeto protector, en tanto que talismán se prefiere para mentar gemas o cosas hechas con metales preciosos.

De fetiche, Madre Academia indica que proviene del francés fétiche y que es un “ídolo u objeto de culto al que se atribuye poderes sobrenaturales, especialmente entre los pueblos primitivos”, y se olvida del enorme filón de significados que adquiere la palabra en los ámbitos cultural, económico y sexual (por ejemplo) de las sociedades occidentales contemporáneas. Wikipedia, siempre más pródiga y mucho más incierta que la RAE, asegura que el término deriva del portugués feitiço, que significa magia o hechizo, que viene a su vez del latín facticius, artificial. Charles de Brosses (siglo XVIII, cómo no) aventuró que el fetichismo era el estado más primitivo de la religión o la “religión original”, cosa que fue desmentida en la centuria siguiente. Una de las formas más comunes de amuleto o fetiche es el grigrí, de origen africano: lo fabricaban los tuaregs antes de emprender sus incursiones al inclemente Sáhara desde la misteriosa Timbuctú, en los alrededores del Níger, y en su forma original consistía en una bolsita de cuero o tela en la que se colocaba una mezcla, previamente bendecida en algún ritual, de hierbas, ungüentos, huesos, pelo, uñas y piedras más otros elementos personales. Traídos a América por los esclavos hausas y yorubas, los grigrís fueron adaptados en el vudú y la santería (resguardos), en la que se les denomina también makutos o gurunfindas y se les agrega, a veces, corazones de pájaros o tortugas, monedas y pelos de difuntos.

Una cosa no muy distinta son los relicarios, estuches litúrgicos que, en su versión fresa, guardan algodón empapado en aceite que se toma de las lámparas votivas de un altar o sepulcro dedicado a mártir, beata o santón, y en la hard, cabellos, huesos, dedos, ojos, ombligos o pellejos variados de San o Santa quién sabe quién. En el Palacio de Topkapi, en Estambul, además de algunos dientes y un pelo de la barba (dicen) del Profeta, se conserva un guante de metal dorado que contiene (dicen) el brazo derecho de San Juan Bautista. A la altura del dorso, el artefacto tiene una suerte de ventanita para que veas los tendones resecos, te impresiones y lo tomes en cuenta para tus pesadillas. El problema es que el retazo tiene varios rivales, todos ellos, derechos: uno, ubicado en la catedral que lleva el nombre de su propietario original, en Perpignan; otro, preservado por la skete de Prodromos, en el Monte Atos, Rumania, y un tercero que se veneró en Yugoslavia por el rumbo de Cetinje, Montenegro, y que se encuentra desaparecido desde fines de la Segunda Guerra Mundial. Peor le fue a la cabeza del pobre hombre, cercenada por capricho de la cachonda Salomé: tras ese episodio horroroso, fue llevada y traída por Halifax, Inglaterra, París (sede de los templarios), Roma (templo de San Silvestre), Amiens, Antioquia, Damasco y Munich. En el trayecto parece ser que se multiplicó, pues hoy existen cabezas del Bautista en el ya referido Topkapi, en Egipto (monasterio copto de San Macario), en Armenia (monasterio de Gandzasar, Nagorno-Karabaj) en el ya dicho templo romano y en el museo Residenz de Munich.

La cabeza del Residenz

Muchos fieles creen honestamente en las capacidades sobrenaturales de un pedazo de muerto considerado milagroso, muchos otros perciben que el contacto con un despojo cualquiera es equivalente a estar frente a la persona completa, y no será raro escuchar que le hablan al páncreas momificado de perencejo como si se tratara del mismísimo perencejo. Alabados sean estos crédulos y la otra clase de fetichistas, aquellos que prefieren los calzones de fulanita a fulanita en persona, aunque sea (o mejor así) desprovista de ellos.

Parece más elegante y sobre todo más higiénico rendir culto a expresiones en las cuales algunos depositan cualidades mágicas o sobrenaturales: Abracadabra, Birlibirloque, Farafat Cachivate, Ábrete, Sésamo, Compadre Nahúm. Eso nos lleva a otro asunto, que son los conjuros o fórmulas capaces de obrar, mediante su dicción, milagros y portentos: los nombres de Dios, grabados en la frente del Golem, dan al mamarracho vida y obediencia. Así lo contó Borges:

No a la manera de otras que una vaga
sombra insinúan en la vaga historia,
aún está verde y viva la memoria
de Judá León, que era rabino en Praga.

Sediento de saber lo que Dios sabe,
Judá León se dio a permutaciones
de letras y a complejas variaciones
y al fin pronunció el Nombre que es la Clave,

la Puerta, el Eco, el Huésped y el Palacio,
sobre un muñeco que con torpes manos
labró, para enseñarle los arcanos
de las Letras, del Tiempo y del Espacio.

El simulacro alzó los soñolientos
párpados y vio formas y colores
que no entendió, perdidos en rumores
y ensayó temerosos movimientos.

Gradualmente se vio (como nosotros)
aprisionado en esta red sonora
de Antes, Después, Ayer, Mientras, Ahora,
Derecha, Izquierda, Yo, Tú, Aquellos, Otros.

(El cabalista que ofició de numen
a la vasta criatura apodó Golem;
estas verdades las refiere Scholem
en un docto lugar de su volumen.)

El rabí le explicaba el universo:
“esto es mi pie; esto el tuyo, esto la soga.”
y logró, al cabo de años, que el perverso
barriera bien o mal la sinagoga.

Paul Wegener como El Golem, en la película dirigida por él mismo (1920)

En lo personal, encuentro que no hay que confundir las cosas con sus símbolos y representaciones y que si se actúa así es posible padecer situaciones muy frustrantes. Pienso que el mejor ritual para recuperar o mantener la salud es ir al médico; que para salir de la pobreza no queda más que trabajar duro para sí y para transformar el país; que no hay conjuro más eficaz que verbalizar los deseos, ni mejor amuleto que un huequito en el corazón de la persona amada, ni talismán más poderoso que un minuto ante la mirada de la persona amable, ni hechizo más prodigioso que un apretón de manos y un abrazo con la persona amiga.

La cabeza del Bautista (dicen) en Roma

7 comentarios:

LaSusodicha dijo...

Cuando era pequeñita tenía un "na-nam": una sabanita que no paraba yo de mordisquear antes de dormir y que arrastraba conmigo tooooodo el día.
Algunos años después tuve mi primer galán, al que también mordisqueaba antes de dormir, aunque no lo arrastraba por todas partes (al menos no literalmente).
Después tuve mi primer celular, y aunque era capaz de olvidar ponerme zapatos ó calzones antes de salir de casa, mi celular nunca lo olvidaba.
¿Se puede vivir sin fetiches ó talismanes?
Un abrazo.

Rabina dijo...

Respetable maestro,
Permítaseme solamente retocarle un pequeño detalle a su prolija exposición (me he vuelto obsesiva desde que aquella primera ¿dama? invocó mi nombre dándome la vida): la criatura no tenía grabado el tetragrama en su frente ni ningún otro heterónimo (éste era invocado luego de las “permutaciones y complejas variaciones” citadas por el sabio), la palabra que llevaba impresa era ni más ni menos que “emet” (cuyo significado es “verdad”) y que al borrarle la infinita alef inicial (la de Cantor, ésa hospedada en el escalón 19 de la casa del detestable Carlos Argentino Daneri) se transforma en “met” (que significa “muerto”). Tal vez sea atendible pensar que cuando uno le quita el suspiro de infinito a la verdad, termina invocando a (o tal vez perpetrando) la muerte. Las palabras son cosa seria: usted puede no creer en ellas "pero que las hay las hay". Yo creo que ellas pueden dar y quitar la vida.
Por mi parte, desde que inscribí ese poema en mi corazón, no dejo de pensar un solo día en el verso que dice:
'¿Por qué di en agregar a la infinita
serie un símbolo más? ¿Por qué a la vana
madeja que en lo eterno se devana,
di otra causa, otro efecto y otra cuita?'

La paz sea sobre usted. RGT (si me pregunta de dónde me consta la escritura de la frente, le transmito que "esas verdades las refiere Scholem/ en un docto lugar de su volumen").

El que boga de pie sobre una piedra dijo...

Un apretón de manos y un abrazo con la persona amiga.

Pirata soy, se nota bien.

A quien se quiera divertir con el tema le recomiendo la novela Baudolino, de Umberto Eco, donde se narra con muy buen humor el origen de cabezas, brazos -y solamente le faltaron páncreas- de personajes diversos.

jum dijo...

y luego pueden leerse, si quieren, un conciensudo análisis antropológico, sociológico, filosófico, sicológico, etc, sobre la idolatría, de Eric Fromm: "Y sereis como dioses"

Roque Nuevo dijo...

Expresiones en las cuales algunos depositan cualidades mágicas o sobrenaturales: en inglés, "hocus pocus" es un favorito. Capaz de de obrar, mediante su dicción, milagros y portentos. Según la leyenda, se deriva esta expresión de hoc est corpus meum, he aquí mi cuerpo, etc, de la misa católica. Así que la expresión sirve tanto para "obrar milagros" como para describir el "obrar milagros", de manera que se podría decir que, por ejemplo, los planes económicos del gobierno son hocus pocus, o sea, son imaginarios, irreales, fantasiosos, etc etc.

¡Felicidades! por otro escrito bien logrado. Sigo aprendiendo de tí, aunque no te guste.

Pedro Miguel dijo...

Susodicha: Por más que hago cuentas, no me encuentro un solo fetiche o talismán; pero no estoy del todo seguro.

Acuciosa Rabina: tiene usted toda la razón, y si no consigné el relato tal y como lo cuenta, pido perdón por mi descuido inexcusable. Celebro, de paso, la colocación de los conceptos verdad y muerte como una antinomia plausible y, valga la paradoja, verdadera. Desde la profundidad de la segunda, Greimas tal vez apunte que la mentira es negación de la vida. O lo es en el ámbito de las relaciones humanas, mas no en el de las fabulaciones, en el cual las cosas ocurren a la inversa: mentir es animar (dar ánima) a criaturas que surgen de la nada, y ello también es cosa de combinar letras.
Saludo su agudeza.

Bogante: Sea, y gracias; buscaré la novela de marras. Nomás no se nos ocurra darle un apretón de manos (en la mano que sea) al Bautista, que se ha de sentir un poco pinche.

Bravo, Jum, y gracias por seguir el enriquecimiento del tema con nuevas referencias. Estos comentarios deberían enviarlos antes de que su ignaro servidor escriba la columna, je: en esta ocasión, habría recurrido a Scholem (sin la mediación de Borges), a Eco y a Fromm. Lamentos aparte, no está nada mal que aquí sigan brotando enlaces nuevos.

Roque Nuevo: Lo dicho; cómo se me fue a pasar Hocus Pocus, con su misteriosa etimología. Te equivocas: disfruto que aprendas de mí y disfruto más el aprender de ti, aunque te asombre. Lo que suele no gustarme son tus posturas en política internacional.

Abrazos muchos.

Rabina dijo...

Ha tocado usted, buen hombre, la fibra más veraz de la ficción, que como apuntaba alguien "miente siempre, pero nunca estafa". Ahora bien, usted lo apunta claramente: qué capacidad de resistencia tiene la ficción veraz, que aun cuando brota de la boca de una estafadora (y me refiero por supuesto a esa posible entenada del tal Fray Bernardino), traicionando la voluntad de producir muerte, promete verdad y da vida. Ella hizo que la memoria fallida del poeta bengalí desviara su ignorancia hacia la creación de este personaje que hoy le escribe a usted: esta (nunca empoderada) Rabina Gran Tagora.
(En tout cas, c’est moi qui s’excuse face à la gimace de M. Greimas).