8.6.07

Descubrimiento reconfortante

Click en la foto para agrandar

Una muestra al azar (facilitada por el reciente evento de Tunick en El Zócalo) no sólo confirma la gran preponderancia del sexo masculino (26 a 8) en el acto sino que indica:

a) que la mayoría de los hombres (12) presenta una marcada inclinación a la izquierda (→);
b) que es imposible distinguir con claridad las inclinaciones (7) de una buena parte (?);
c) que sólo 2 de los encuestados mostraron una clara orientación centrista (↓);
d) que sólo 2 tiran para la derecha (←);
e) que ninguno, en esa circunstancia, exhibió la postura ↑;
e) que en el caso de las mujeres el sondeo no aplica, y de veras no es por ningún afán sexista. Ofrezco las más apenadas disculpas por la exclusión involuntaria.

Conclusiones:

  • La supuesta capacidad de Felipe para "rebasar por la izquierda" al Peje debe ser establecida con base en un cuidadoso examen urológico.

6.6.07

El tequila, por ejemplo



¿Y si erradicamos los cultivos de agave?



  • La opinión de Al Capone
  • Va por Balandra


El 17 de enero del año pasado, después de dos años y diez rondas de negociaciones interminables, el representante comercial de Estados Unidos y el secretario mexicano de Economía, Sergio García de Alba, firmaron en Washington un acuerdo histórico pare regular el comercio binacional de tequila. Con ese convenio se superó el obstáculo que representaba la normativa adoptada tres años antes por la Norma Oficial Mexicana (NOM) según la cual toda bebida de esa denominación debía llevar la leyenda “embotellado en el lugar de origen” a fin de que pudiera llamarse tequila. Esa regla amenazaba a las empresas estadunidenses que hasta entonces importaban el trago a granel y que habían realizado grandes inversiones para embotellarlo al norte del Río Bravo y desarrollar marcas propias. Con el documento mencionado se formalizó la excepción a la NOM, se aseguró un mercado de 400 millones de dólares para la reconfortante sustancia, se salvaron fuentes de trabajo en los dos países y se garantizó el grato abasto para millones de sedientos gaznates estadunidenses. Y si no me creen esto que parece cuento de hadas, consulten el texto completo y oficial del acuerdo.

No tengo el dato preciso del porcentaje que corresponde al tequila en las 75 mil muertes que provoca el alcoholismo de manera directa cada año en Estados Unidos. Insignificante no ha de ser el tal porcentaje, pero las estadísticas sobre alcoholismo no suelen especificar —es una pena— los patrones de consumo de las víctimas, ni se preocupan por asociar tal o cual clase de cirrosis con las variedades mengana o perenceja de Merlot, Cabernet Sauvignon, agave o caña de azúcar. El hecho es que en el país vecino la ingesta de las distintas categorías de chupe da como resultado global un problema social alarmante: cinco mil menores de 21 años mueren anualmente en circunstancias relacionadas con la bebida (se incluye suicidios, homicidios y accidentes varios) y, según Holly Conklin, portavoz de un programa educativo contra el alcoholismo, éste “es el problema de adicción número uno entre los jóvenes”; unos 19 millones de individuos requieren de tratamiento para problemas con la bebida, pero sólo 2 millones 400 mil han sido diagnosticados y apenas 139 mil reciben atención médica; el alcoholismo le cuesta a la economía estadunidense unos 185 mil millones de dólares al año por pérdidas de productividad. Sin embargo, sólo el 34 por ciento de nuestros vecinos lo reconoce como enfermedad y el resto lo considera una “debilidad moral”.

Pero a nadie en su sano juicio se le ocurre establecer un vínculo causal entre los hígados estadunidenses inflamados y los cultivadores de agave del Cerro Azul, en Jalisco, ni responsabilizar a los honorables accionistas de Seagrams, de José Cuervo o de Bacardí, porque un idiota previamente intoxicado con dos litros de algo atropelló a los peatones o mató a balazos a un rival de amores. Los aludidos podrían replicar, y no sin razón, que semejantes imputaciones equivaldrían a culpar a los fabricantes de martillos por los dedos machucados. Si Estados Unidos pretendiera combatir el alcoholismo de su población por medio de la prohibición de bebidas embriagantes y si México lo secundara persiguiendo a los productores y exportadores de tales líquidos, ocurriría lo siguiente: los empresarios de las licoreras se volverían, o serían remplazados por, matones violentos dispuestos a beneficiarse con el altísimo margen de ganancia derivado de la clandestinidad y asistiríamos a los asesinatos en las calles entre los sicarios del Cártel de Domecq y los Zetas de Sauza. Actualmente la exportación de tequila al país vecino es un negocio razonable pero un poco aburrido: con transporte, impuestos y todo, el precio promedio del litro de tequila pasa de 18 dólares en México a 40 en Estados Unidos. Pero si la bebida fuera declarada ilegal, le ocurriría en el mercado algo muy semejante a lo que pasa con el clorhidrato de cocaína, que desde Colombia hasta el territorio estadunidense no se revalúa 125 por ciento, como el licor de agave, sino siete u ocho mil por ciento (de mil 500 dólares a 110 mil dólares). El narcotráfico no se origina en el consumo de estupefacientes, sino en su prohibición. Bien lo sabía Al Capone, quien en plenos tiempos dorados de la Ley Seca (1920-1933) se jactaba: “Este sistema nuestro, llámesele americanismo, capitalismo o como se quiera, nos da a todos una oportunidad, si es que somos capaces de aprovecharla al máximo”. No se refería, ciertamente, al deseo de consumir bebidas embriagantes, sino a la derogada Enmienda 18 de la constitución gringa, que las prohibía, y que ha sido una de las leyes más tontas, contraproducentes e inoperantes en la historia de la Humanidad.


El honorable hombre de empresa


Ahora cedo el teclado a Ramón Álvarez Larrauri, biólogo marino, oceanógrafo y residente de La Paz, Baja California, en cuya bahía, “la segunda más grande del país, hay ocho o nueve playas aptas para usarse como balneario. Todas han sido modificadas u ocupadas por desarrolladores que construyen y venden a precios altísimos. Si bien las playas son públicas, estos desarrollos inhiben a la población local, que prefiere buscar lugares más lejanos y fuera de la Bahía. Sólo queda un sitio sin edificaciones, el más atractivo de todos: se llama Balandra, es muy popular entre los paceños y es famoso por una singular formación rocosa llamada “El Hongo”. Es, además, el sitio que contiene el bosque de manglares más importante de la Bahía y que sirve de criadero para muchos de los peces y moluscos que se pescan en ella. Hace tres años, el presidente municipal en turno, emitió un decreto que la convertía en área natural protegida (anp) para prevenir su deterioro, evitar construcciones que cambiaran el paisaje y garantizar que los paceños pudieran disfrutar el sitio como hasta ahora bajo un programa de manejo que ordenara y protegiera. Hace dos años la familia de Miguel Alemán, que tiene intereses y propiedades en el sitio, se amparó contra la medida, ganó y el decreto fue derogado. Varios grupos, personas y organizaciones no gubernamentales dedicadas a la conservación se han organizado con la idea de volver a decretarla área natural protegida y evitar que los visitantes y empresarios se la acaben. Se han estado recabando firmas y se pretende llegar a diez mil para presionar al legislativo local y a los gobiernos estatal y municipal a fin de que este mes, el último de trabajos del Congreso de Baja California, se modifique la ley estatal.” Éntrenle.

Bahía privatizable


Pensándolo bien....

... es posible que todos los temas sean uno solo:



5.6.07

El desorden mundial




A alguien, en los cuarteles generales de la OTAN, se le ocurrió que Irán desarrollaría bombas atómicas y misiles capaces de transportarlas hasta Berlín, Amsterdam, Bruselas o Londres, y que el gobierno de Teherán podría tener, además, la voluntad de efectuar algunos disparos de esa clase en el futuro próximo. La brillante solución a un peligro tan remoto consistió en iniciar el emplazamiento de un sistema capaz, en teoría, de destruir misiles balísticos en vuelo. El emplazamiento lógico para la instalación del sistema eran la República Checa y Polonia, cuyos territorios se interponen en la trayectoria obligada de un cohete que saliera del noroeste de Irán y que se propusiera alcanzar alguna de esas cuatro capitales europeas o sus alrededores. Por cierto, los aparatos antimisiles serían inútiles si los malvados ayatolas quisieran destruir ciudades en España, Portugal, Francia, Italia, Grecia o Noruega, pero eso es otro cantar.

Lo significativo del caso es que los estrategas occidentales dejaron de lado en sus cálculos la reacción que generaría el emplazamiento del dudoso juguete interceptor en la paranoia estructural del Estado ruso, el cual tiene buenas razones históricas para desconfiar de cualquier apresto bélico que tenga lugar al otro lado de sus fronteras occidentales. Con razón inmediata o sin ella, pero con sentido previsor, Vladimir Putin asumió que aquello era la continuación del retiro unilateral de Washington (2002) del acuerdo que prohibía el desarrollo de armas antibalísticas y concluyó que sus inciertos aliados occidentales estaban creando las condiciones para dejar a Moscú sin el único instrumento real que le queda para responder a una eventual agresión de la OTAN: su inventario de misiles balísticos. El gobernante ruso interpretó el movimiento como la confirmación de la ruptura del equilibrio estratégico imperante entre su país y la Alianza Atlántica y decidió restablecerlo con la fabricación de un cohete (el RS-24) capaz de eludir –en teoría— el dispositivo antimisiles occidental, cuya eficacia es, a su vez, hipotética.

El desorden mundial gana terreno. Estados Unidos avanza hacia su propia derrota en Irak y Afganistán, pero la Casa Blanca sigue empeñada en comprar nuevas camisas de once varas y ha extendido su “guerra contra el terrorismo” a Sudán, en donde las fuerzas armadas estadunidenses desempeñan un papel de creciente importancia en el sostén del gobierno de Ali Mohamed Gedi y en el combate a las milicias islámicas de ese país. A pesar de las advertencias estadunidenses, el gobierno turco atacó a los kurdos en el norte de Irak, lo que sube un poquito los hervores internos en la Alianza Atlántica y contribuye al descarrilamiento definitivo de los irreales escenarios de solución que Washington se formula para resolver de la manera que sea la catástrofe que provocó en el país árabe.

A todo esto, un gobernante que da apoyo activo a terroristas islámicos sin que nadie en Occidente diga nada, Pervez Musharraf, manotea en medio de una crisis política acaso terminal. El régimen de Islamabad ha ordenado la intervención militar de los canales de televisión privados para acallar las críticas contra el gobierno y grupos afines a los Talibán afganos imponen en las calles de la capital paquistaní la ley islámica: incendian cibercafés, videoclubs y peluquerías, agreden a las mujeres en las universidades y amenazan con iniciar una campaña de atentados suicidas. Occidente se debate en el insomnio por la amenaza de los misiles nucleares que Irán podría llegar a desarrollar algún día, pero no alcanza a ver la perspectiva de artefactos atómicos paquistaníes –reales, esos sí—fuera de control y en manos de quién sabe quién como consecuencia de una desestabilización mayor y el colapso de la dictadura de Musharraf. El desorden mundial gana terreno.

3.6.07

El concilio horrendo


  • Preludio a la Pornocracia

  • El resistente cuerpo de Formoso
Bacon: Innocent X with meat


Me escoció la ignorancia sobre la historia del Papado, indagué y acabé pergeñando estas notas con los resultados de la búsqueda sobre algunos antecesores célebres, reales, mitológicos o mita mita, de nuestro amadísimo Benedicto. Les iré dando curso, si no tienen inconveniente, éste y los próximos domingos, de ser posible con un soneto anexo alusivo, y a ver qué sale.

Boguemos por los años inmediatamente anteriores a la llamada Pornocracia (dicho en español, gobierno de las putas), cuando las amantes de los príncipes y altos cargos clericales romanos ponían y quitaban Papas a voluntad. Mujeres aristocráticas e influyentes como Agiltrude, Teodora o sus hijas Marozia y Teodora la Joven, podían hacer pasar a un hombre de la cuna a la cama, de la cama a la Silla Gestatoria y de ésta al ataúd, o sea: parirlo, fornicarlo, volverlo Papa y, qué horror, retirarlo del cargo con ayuda de un puñal nocturno o de un chorrito de veneno subrepticio.


Formoso y Esteban, Papas enemigos


Pero todo a su tiempo. Estamos en el año de 891, el Papa Esteban V acaba de morir y el obispo de Porto (ciudad romana situada en la orilla derecha del Tíber), de nombre Formoso y nacido en Ostia en fecha indefinida, se interesa por el cargo. A Formoso se le conoce por su virtud y su austeridad --atributos escasos entre los altos eclesiásticos de aquellos tiempos y de éstos--, pero también por su vasta sed de poder: “Fue elegido pontífice al mismo tiempo que otra parte del clero y del pueblo elegía a Sergio para el mismo puesto; los dos pretendientes se presentaron en la iglesia, y ambos exigían ser consagrados. Ahí se inició una batalla cruel. El partido de Sergio fue vencido y Formoso, pasando por encima de los cadáveres, subió todo ensangrentado al altar y fue consagrado Papa.”

En su currículum previo destacan la conversión de los búlgaros y la participación en un par de conjuras que le valen una excomunión y el destierro temporal de Roma. Ya pontífice, conspira contra la dinastía de los Spoleto, dueños por entonces de la Ciudad Eterna, y permite la entrada a ella de Arnulfo de Alemania, a quien proclama sucesor de Carlomagno. Pero el germánico enferma, abandona Italia, y en 896, en un día de Pascua, Formoso muere “de muerte violenta” (no son más específicas las crónicas); Bonifacio VI es puesto en el Papado, dura en él sólo dos semanas, pues fallece sin que se sepa cómo, y es sucedido por Esteban VI. Con ayuda de este nuevo sucesor de Pedro, los Spoleto, y en especial Agiltrude, viuda de Guido y madre de Lamberto, aspirante al trono del Sacro Imperio, deciden ajustar cuentas con el difunto ostiense.

Y ocurre el célebre episodio: a nueve meses de la muerte de Formoso, en febrero de 897, Esteban reúne a un sínodo, lo erige en tribunal y le aplica al difunto la vieja ley romana damnatio memoriæ o condena de la memoria, castigo póstumo contra enemigos del Estado. Acto seguido, se ordena la exhumación del cadáver, se le adorna con el manto y las sandalias papales, se le coloca una tiara en la cabeza, se le pone el cetro pontifico en las manos y se le sienta y amarra en el trono lateranense para que responda a las acusaciones.


Laurens: Le Pape Formose et Etienne VII (1870)


De súbito, las crónicas se vuelven generosas en detalles e informan que el imputado se encuentra en partes momificado y en partes podrido, que una gusanera pulula en sus cuencas oculares y, sobre todo, que de él se desprende una pestilencia insoportable que abruma a los presentes. Pero Esteban no se amilana y como Formoso se niega a hablar, le designa a un diácono adolescente en calidad de defensor y vocero; el infeliz muchacho, impresionado por el espectáculo, no se muestra mucho más locuaz que el propio acusado y, tembloroso y balbuceante, apenas logra hilvanar unas cuantas respuestas a los señalamientos del furibundo Esteban, quien echa en cara al muerto su ambición desmedida, las irregularidades con las que accedió al Trono de Pedro, el perjurio, la ilegitimidad...


Bacon: Study after Velazquez's Porrtrait of Pope Innocent X (1953)


Tras muchas horas interminables se dicta la sentencia: el tribunal anula todos los actos pontificios del acusado, prescribe que éste ha de ser borrado de la historia, como si jamás hubiese existido, y ordena la destrucción de cuanto escribió. Luego se procede a la degradación de Formoso. Para ello le son arrancadas al cadáver todos los ornamentos y las vestiduras (“excepto una camisa de cuero que tenía pegada a la carne seca” y “el cilicio que el infeliz llevó siempre en vida y en la muerte como penitencia voluntaria y que estaba demasiado adherido al cuerpo putrefacto”) y se le cortan los tres dedos que le servían para impartir las bendiciones. El cuerpo desnudo y maloliente de Formoso fue arrastrado por las calles de Roma, luego puesto en una fosa reservada a los condenados a muerte y a los extranjeros y, por último, arrojado por la chusma a las aguas del Tíber.

El 13 de agosto una sublevación popular depuso a Esteban VI y un día después las mismas muchedumbres que meses antes se regocijaban con los despojos del ostiense acudieron a la prisión en donde se encontraba su sucesor y alguien hizo el favor de retorcerle el pescuezo. Esteban fue sucedido por Romano, el cual duró en el cargo cuatro meses, al cabo de los cuales murió, probablemente envenenado. Siguió Teodoro II, quien logró ser Papa durante 20 días de diciembre de 897. Lo único que ha trascendido de su pontificado es que anuló todas las decisiones de Esteban VI, recuperó lo que quedaba de Formoso y ordenó que lo devolvieran a su tumba en la Basílica de San Pedro.

Envenenado Teodoro, asciende Juan IX, quien consigue ejercer por dos años, qué éxito, y en ese tiempo rehabilita en forma definitiva a Formoso. Le sucede Benedicto IV (900-903), luego llega León V (julio-septiembre de 903), quien es depuesto y recluido en un convento por su confesor, el cardenal Cristóbal, el cual se hace nombrar Papa y se mantiene en el cargo hasta que en enero de 904 Sergio III, con el apoyo del jefe militar de Roma, el senador Teofilacto, se hace pontífice, declara antipapa a Cristóbal y lo manda ahorcar junto con el infortunado León V. Alguna fuente sostiene que Sergio exhumó una vez más el perseverante cadáver de Formoso, lo decapitó, le cortó otros tres dedos y lo arrojó por segunda ocasión al Tíber.

Con Sergio III --de quien el cardenal Baronio, bibliotecario vaticano del Renacimiento, decía que había sido “esclavo de todos los vicios y el más infame de todos los hombres”-- se estableció de manera sólida la Pornocracia en Roma. Pero todo a su tiempo.


No descansa el pontífice Formoso
en tierra de cristiana sepultura:
abandonada va su carne impura

por las aguas del Tíber caudaloso.

Esteban: lo declaras sospechoso
de usurpación de cargo y de conjura
y en el trono de Pedro por montura
lo exhibes, putrefacto y horroroso.

Al coronar su testa macilenta
con la tiara papal, pues lo has devuelto

al cargo que dejó por unos meses.

Con esta payasada truculenta,
a tu rival, estúpido, lo has vuelto
único Papa que lo fue dos veces.


2.6.07

Les anges mo(u)ches

No conocen el cansancio ni el miedo. Por mucho que tratemos de espantarlas regresan una y otra vez a rondarnos la nuca y las orejas y a alterarnos los nervios con ese zumbido infame. Tal vez sean una especie de ángeles feos y traten de hacernos llegar un mensaje que no alcanzamos a comprender. Si fuera así, Quien nos las manda habría debido inscribirlas antes en un curso de Ciencias de la Comunicación. De modo que es Su culpa si nos colman la paciencia y terminan aplastadas, en el cristal del escáner o ambas cosas.

31.5.07

El otro desastre




  • Afganistán, seis años después
  • Violencia, narco, mujeres vendidas y bajas civiles

La de Afganistán es una de esas guerras que Washington ya había ganado, o por lo menos eso decía, y el extraño y desolado país del Asia central se dirigía con rumbo firme hacia la democracia, la paz y la modernidad. ¿Qué, no hubo santificadas elecciones en octubre de 2004? ¿Qué, no fue abolida la odiosa y misógina tiranía de los talibán? ¿Qué, no anduvo por ahí el normalizador de la Casa Blanca, el pashtún Zalmay Khalilzad, ahora embajador de su país adoptivo ante la ONU? ¿Qué, no sirvieron de nada los cuatro mil 500 millones de dólares de fondos internacionales para el desarrollo que se gastaron entre 2004 y 2007? Pues no a todo: Afganistán sigue tan hecho pedazos como siempre, o peor; sus habitantes se debaten entre la miseria y la violencia, el gobierno de Hamid Karzai es un nido de putrefacción y la guerra sigue su curso, pero ahora con más bajas de civiles y de occidentales.

De la situación de las mujeres: “Cerca de la mitad de los matrimonios en Afganistán se celebran con niñas menores de 16 años y en algunas zonas rurales incluso con menores de seis, obligadas por sus familias a casarse, indica el Fondo para la Población de la ONU. Es también habitual la venta de niñas para resolver conflictos entre tribus, lo que las convierte en ‘propiedad de la familia o individuo que las recibe’.” Más: en Kandahar, niñas de 9 y 10 años son vendidas a productores de opio por agricultores arruinados. Más: en Afganistán la tasa de muertes maternas es de mil 276 por cada 100 mil partos, tasa 300 por ciento superior a la de Bolivia (390) y 319 veces mayor que la de Canadá (4).

Desde mediados del año pasado la posición de los cruzados occidentales ha ido deteriorándose en forma sostenida. Un reporte de la BBC señalaba que “el movimiento insurgente se desplaza abiertamente en grandes números y aparece de noche en pueblos y aldeas haciendo reclamos por medio de amenazas u ofreciendo dinero para lograr colaboración en los ataques contra la coalición. En algunos distritos remotos el Talibán ha retomado el control, estableciendo bloqueo de vías y la ley islámica.” Ante la reactivación de los grupos de la resistencia y su uso de tácticas “iraquíes” (atentados explosivos suicidas contra posiciones de los ocupantes y de su gobierno pelele, y emboscadas a vehículos militares con minas enterradas), los aviones de Washington replicaron con un incremento en el número y la bestialidad de sus ataques “accidentales” contra objetivos civiles. En septiembre Washington pidió ayuda a sus aliados para incrementar el número de tropas en el país ocupado. En junio la inefable Condoleezza viajó a Kabul y dijo allí que su gobierno no permitiría una victoria del talibán. Para noviembre el número de efectivos extranjeros había pasado de 20 mil a 32 mil; actualmente suman 37 mil.



Ah, y el narcotráfico: en agosto del año pasado el máximo mando de la OTAN en Europa, James Jones, pidió ayuda a la comunidad internacional para reducir el alarmante comercio de opio y heroína procedente de Afganistán que, según el militar ayudando a financiar al Talibán. Curiosamente, el régimen fundamentalista fue, en su momento, el más efectivo del mundo en materia de reducción de los estupefacientes: consiguió, en menos de año y medio, disminuir en 65 por ciento los sembradíos de amapola y la consiguiente producción y venta de opiáceos. En abril de este año Michel Chossudovsky, de Global Research, denunció: “Las fuerzas de ocupación en Afganistán apoyan el narcotráfico, que produce entre 120 mil y 194 mil millones de dólares en ingresos para el crimen organizado, las agencias de inteligencia e instituciones financieras occidentales”.

En los meses recientes los ataques contra civiles cometidos por las fuerzas estadunidenses y de los rebeldes han sido tan sangrientos y escandalosos que Human Rights Watch (HRW) condenó a los talibán y al grupo Hezb-e Islami por sus atentados con bomba, en tanto que los gobiernos de Alemania y España -que integran la Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad de Afganistán (ISAF), que opera bajo el control de la OTAN--, exigieron a Washington, en términos enérgicos, que ponga fin a las masacres de inocentes. Pero los medios occidentales -por ejemplo, las tres principales cadenas de televisión abierta de Estados Unidos, ABC, NBC y CBS-se abstienen de informar sobre las bajas civiles en el país asiático y “ni siquiera ofrecen conteos aproximados”. De cuando en cuando se dignan a publicar despachos sobre un misil que se desvió y acabó con 20, o con 30, o con 90 civiles. Un reporte de noviembre del año pasado del organismo civil Campaña por las Víctimas Inocentes en Conflictos, CIVIC por sus siglas en inglés, afirmaba: “En los últimos cinco meses la Fuerza Aérea de estados Unidos ha dejado caer en Afganistán más bombas que las empleadas durante los tres años anteriores contra los Talibán”.


En fecha tan lejana como octubre de 2001 John Dimitri Negroponte, por entonces representante de Bush ante la ONU, se había comprometido a “minimizar las bajas civiles” en Afganistán. Casi seis años después, Bush ofreció lo mismo, reducir las “bajas colaterales” y, de paso, echó la culpa a las fuerzas insurgentes: “Al Talibán le gusta rodearse de gentes civiles”, dijo el Presidente; “no le importa usar escudos humanos porque no valora la vida”. En esa ocasión, Jaap de Hoop Scheffer, secretario general de la OTAN, aseguró que las fuerzas de ese pacto se encuentran en una “categoría moral diferente” a las de los rebeldes (“decapitan personas y cometen ataques suicidas”) y afirmó lo siguiente: “Aún tenemos muchos de los corazones y mentes del pueblo afgano”. No sé a ustedes, pero a mí ese “aún” me suena a situación desesperada.



29.5.07

Infalible





En 1870 el Papado había perdido todos sus poderes terrenales (los llamados Estados Pontificios) y Pío IX convocó al Concilio Vaticano I para controlar los daños. El documento más polémico del encuentro fue la Constitución Dogmática sobre la Iglesia de Cristo, Pastor Æternus, aprobado el 18 de julio de aquel año –y ratificada en el siglo siguiente por el Concilio Vaticano II--, en el que se definió la infalibilidad pontificia. Contra lo que pudiera pensarse, el precepto no transforma automáticamente en verdades sacrosantas las imprecisiones, mentiras y tonterías proferidas por los sucesores de Pedro; les otorga a éstos, en cambio, la potestad de recibir asistencia especialísima del Espíritu Santo para que, en ciertas ocasiones, emitan de manera solemne determinaciones últimas e incontrovertibles sobre materias de fe y de moral.

El planteamiento mismo de la infalibilidad generó reacciones adversas de diversos ámbitos del catolicismo. El insigne teólogo alemán Ignaz von Döllinger dijo en el encuentro de 1870: “Usted ha presentado la curiosa petición en la que se ruega al Papa que se digne dar los pasos necesarios para definir su propia infalibilidad como dogma de fe. 180 millones de seres humanos --esto es lo que exigen los obispos que han firmado tal petición-- deberán ser obligados bajo pena de expulsión de la Iglesia, de privación de los sacramentos y de condenación eterna, a creer y confesar lo que la Iglesia hasta ahora no ha creído ni enseñado [...] Hasta ahora el católico decía: Creo en tal o cual doctrina por el testimonio de la entera Iglesia de todos los tiempos, porque ella tiene la promesa de que permanecerá siempre en la continua posesión de la verdad. En el futuro en cambio debería decir el católico: Creo, porque el Papa, declarado infalible, ordena enseñar o creer tal cosa. Que él sea infalible lo creo porque él lo afirma de sí mismo. Porque 400 o 600 obispos reunidos en Roma en el año 1870, han decidido que el Papa fuera infalible. [...] En ultima instancia, todo se reduce a un autotestimonio del Papa, lo cual es desde luego muy sencillo. Sólo que respecto a esto debería recordarse lo que hace 1840 años dijo alguien inconmensurablemente más alto: ‘Si yo testifico en mi favor, entonces ese testimonio no es válido’ (Juan, 5:31).”

Unos meses después de pronunciar estas palabras, Döllinger fue excomulgado y se dedicó a la conformación de grupos disidentes genéricamente conocidos como Iglesia Católica Antigua o Veterocatólica, los cuales reconocen el ministerio del Papa como obispo de Roma pero no le reconocen la infalibilidad. A pesar de su nombre, esta organización es, en diversos temas, mucho más avanzada que El Vaticano: en varias de sus parroquias europeas se acepta la ordenación de mujeres, se admite las uniones matrimoniales entre personas del mismo sexo y se asume que el uso de métodos anticonceptivos es un asunto que debe ser decidido de manera individual por cada creyente.

Otra pieza clave de la resistencia intelectual a la infalibilidad es el famoso discurso apócrifo del obispo croata Josip Strosmajer, documento que, a pesar de su falsedad circunstancial, refutó de manera docta y estructurada la hipótesis de la consultoría divina al jefe de la Iglesia Católica.

La condición establecida por la Pastor Æternus y por el Catecismo para que el Papa ejerza su infalibilidad es que hable “ex cathedra, esto es, cuando, ejerciendo su cargo de Pastor y Doctor de todos los cristianos, en virtud de su Suprema Autoridad Apostólica, define una doctrina de Fe o Costumbres y enseña que debe ser sostenida por toda la Iglesia”. Corresponde, pues, al propio pontífice, decidir y decir en qué momento está conectado con el Espíritu Santo y cuándo se da a sí mismo el margen para irse de la lengua. Estos términos plantean el oscuro problema teológico de quién, y en qué momento, ocupa la tribuna: ¿Las obstinaciones homofóbicas, misóginas y antiaborto, son posturas privadas del ciudadano alemán Joseph Ratzinger, o bien designios de Dios? ¿Y qué hay de las burradas que el primero fue a decir a Brasil sobre la conquista y la evangelización de América, tan insostenibles que hubo de rectificarlas días más tarde en la Plaza de San Pedro? ¿Fueron una muestra de su personal ineptitud pastoral o es que el Espíritu Santo ha decidido meterse en problemas?

26.5.07

El gran manouche








  • Huérfanos de Django Reinhardt
  • La música de Hänsche Weiss

Se fue de este mundo cuando tenía 43 años, varios antes de que yo desembarcara en él, pero al morir me dejó en la orfandad musical. Los huérfanos de Django Reinhardt conformamos entre todos una cofradía informal y no muy grande que se extiende por el mundo. No necesariamente somos músicos, y ni siquiera somos obligadamente melómanos. A veces es sólo que una cuerda de su guitarra se nos quedó enredada en las tripas y que éstas nos duelen, o nos hacen cosquillas, o experimentan un placer inmenso cuando el oído les lleva los acordes que se saben de memoria. Nos reconocemos entre nosotros por gestos y signos sutiles que no voy a revelar aquí, porque uno no rinde las claves de su conjura, por inocente que ésta sea, y en nuestras filas (es un decir, porque nunca nos formamos en filas) hay de todo: hombres y mujeres de todas las condiciones, vestuarios y preferencias políticas, gastronómicas y sexuales, habitantes de Europa y de Asia, negros y rojos y amarillos y blancos, y hasta uno que otro azul que puede resultarnos detestable en cualquier circunstancia, menos en la del encuentro en la música del manouche. En Fontainebleau, donde lo sorprendió la muerte prematura en 1953, se celebra cada año un festival en tributo a su corazón sonoro.


Django, Stéphane Grappelli y los otros




Su nombre de pila era Jean-Baptiste, nació en la pequeña localidad valona de Liberchies (comuna de Pont-à-Celles, provincia de Henao), y creció en un campamento de nómadas instalado en las afueras de París. A los doce años, aún analfabeto, obtuvo su primer instrumento musical, un banjo que le regaló un vecino y que él aprendió a tocar observando la digitación de los músicos que tenía a su alrededor. A los 13 ya se presentaba en público, junto con el acordeonista Guerino, en un salón de baile de la Rue Monge.

La mujer de Django se dedicaba a vender flores de plástico y ambos, como buenos romaníes, vivían en un carromato. La madrugada del 2 de noviembre de 1928 el músico regresó a su hogar después de haber tocado en el club La Java. Creyó escuchar a un ratón, encendió una vela, un poco de cera ardiente cayó sobre el celuloide de las flores y la casa ambulante se incendió de inmediato. La pareja salió del accidente con graves quemaduras. El gran manouche estuvo 18 meses en cama, logró evitar la amputación de una pierna y se quedó con dos dedos de la mano izquierda inutilizados porque el calor del incendio le había contraído los tendones. En los años siguientes inventó un sistema de digitación para aliviar la discapacidad y, con sólo los dedos índice y medio en una mano, se volvió, despedácenme, el más grande guitarrista en la historia del jazz. Dos hijos suyos, Lousson y Babik, fueron también excelentes rascadores de cuerdas.


En una película de 1952




Y desde 1953 hay en el mundo un grupo (no muy grande) de huérfanos. Nos reconocemos entre nosotros mediante señales sutiles y discretas y nos alegramos enormemente cada vez que algo germina sobre la tumba del manouche. De Django hay en la red algo mejor que archivos de música: fragmentos de video en los que puede vérsele en plena ejecución, y en los que se demuestra que los ángeles podrán tener sexo, o no, pero que en todo caso se las arreglan muy bien sin un par de dedos.


El gran manouche y su Minor Swing






Una de esas floraciones sobre la lápida de Django es un viejo LP grabado en Alemania en 1977 por la firma Intercord que tiene diez rolas invaluables del Häns’che Weiss Quintet, que viene a ser algo así como el Quinteto de Juanito Blanco, o Juanito el que Sabe. El grupo estaba compuesto por Titi Winterstein en el violín, Hojok Merstein en el bajo, Ziroli Winterstein, el propio Häns’che y Lulu Reinhardt (emparentado con el manouche, yo supondría) en las guitarras. Creo que los propios autores se lo regalaron a Jorge Jufresa, quien a su vez me lo prestó hará cosa de tres lustros, y desde entonces no he tenido la oportunidad de devolvérselo (Jufre: si lees estas líneas, recuerda que tengo tu disco y pasas por él cuando quieras). Ahora lo exhumé, lo digitalicé a como Dios me dio a entender y decidí piratearlo (perdóname, Juanito) con la buena intención de difundirlo aquí (no piquen en los títulos de las canciones, porque hay en ellos un link a un sitio que no viene al caso y que no pude quitarle al player; usen más bien el botón de "Play"):






Juanito Blanco

24.5.07

Armenios de Anatolia



  • Una cultura muy antigua
  • Bautismo de sangre del siglo XX

En tiempos de Tigranes el Grande, un siglo antes del nacimiento de Jesús de Nazaret, Armenia tenía costas en tres mares: iba del Mediterráneo al Negro y al Caspio, y se extendía por tierra desde Sarmatia hasta Mesopotamia, de Capadocia y Cilicia hasta Judea, englobaba a Siria y se extendía hacia el oriente hasta Albania. Según la leyenda, su fundador, Haik, era nieto de Noé, y había participado en la construcción de la torre de Babel. Cierto o no, en la región habitada por la tribu de los armens, conocida como Armani por los persas y como Armenoi por los griegos, se hunden las raíces más viejas de la civilización europea y asiática. Los artefactos de cobre, bronce y hierro se producían en la zona desde hace seis mil años y allí dejaron su huella como vencedoras, como vencidas o como vecinas, las culturas hitita, asiria, sumeria, babilonia, hurrita, seleucida, helénica, romana, bizantina, mongola, persa, árabe, otomana y rusa.
La capital de la Armenia contemporánea, Ereván, fue fundada en 782 antes de nuestra era y doscientos años más tarde se constituyó el Reino de Armenia. En su caminar obsesivo hacia Oriente, Alejandro Magno dejó en aquellas tierras un par de estados helenísticos; en 301 d.n.e., gracias a los desvelos de San Gregorio, el país fue el primero en el mundo (24 años antes del Concilio de Nicea) en adoptar el cristianismo como religión de Estado y en 405 Mesrop Mashtots, erudito y políglota, codificó el alfabeto armenio. Hace cosa de un milenio los principados armenios (el Bagrátido, el de Vaspurakan, el de Artsruni) fueron sometidos por Bizancio, en tanto que las zonas meridionales caían en manos de los kurdos. Poco después los conquistadores fueron vencidos por los turcos de Seljuk. Entre 1200 y 1400 los mongoles se impusieron en la totalidad del territorio. Hacia 1500 se lo repartieron persas y otomanos, y el imperio Ruso entró al reparto a principios del siglo XIX, quedándose con las porciones orientales de Ereván y Karabaj. Las zonas occidentales permanecieron bajo soberanía otomana y hoy ya no existen: han sido integradas en la Anatolia turca y sus habitantes fueron exterminados entre 1894 y 1917 en masacres sucesivas.

Hasta fines del siglo antepasado, en el Imperio Otomano, unos tres millones de armenios cristianos convivían, discriminados pero resignados al sojuzgamiento, en relativa paz con los turcos musulmanes, pese a que entre 1862 y 1865 tuvieron lugar intentonas separatistas en Zeitún y Charsandjak. Estambul reprimía de manera sistemática a los griegos y a los eslavos de su territorio, pero los armenios eran llamados Millet-i Sadika (“Nación leal”). La rivalidad entre los imperios Otomano y Ruso, así como la conformación del movimiento “Joven Turquía”, encabezado por unos tipos de ideas muy raras, entre progresistas y ultranacionalistas, dieron al traste con el delicado equilibrio. En 1891 Abdul Hamid II, en respuesta a los reclamos armenios de derecho al voto y el fin de la discriminación, estableció escuadrones de la muerte, formados en su mayoría por kurdos, que en los años siguientes perpetraron en Anatolia las llamadas masacres hamídicas, en honor al soberano. La más característica tuvo lugar en la catedral de Urfa, en la que tres mil armenios habían buscado refugio. A las huestes de Abdul les dio pereza tirar la puerta y quemaron el templo con todos sus ocupantes dentro.

Las medidas de ese tipo generaron acciones desesperadas por parte de los perseguidos. El 26 de agosto de 1896 un comando armenio tomó la sede del Banco Otomano, en Estambul, mató a los guardias y retuvo como rehenes a los empleados de la institución, en un intento por llamar la atención internacional sobre la situación que padecía su pueblo. En respuesta, decenas de miles de armenios fueron masacrados. En 1897, con 300 mil asesinados, disueltas todas las organizaciones del pueblo sometido, y sus líderes, muertos o en el exilio, el sultán declaró que el asunto armenio había concluido.



Pero lo peor estaba por llegar. En 1908 “Joven Turquía”, respaldado por los armenios, tomó el poder por medio de un triunvirato (Enver, Jemal y Talat), depuso al sultán y quiso emprender una modernización profunda del país, pero el nuevo régimen se vio entrampado en las inercias milenarias del vetusto imperio. Los armenios presionaron por la concreción de las reformas y a los triunviros no se les ocurrió otra cosa, en respuesta, que la completa eliminación de la etnia. La circunstancia propicia para ello fue el estallido de la Primera Guerra Mundial, en el que la nación turca se vio envuelta al lado de las potencias del Eje. En ese contexto, el 24 de abril de 1915 cientos de dirigentes e intelectuales armenios fueron convocados por las autoridades en Estambul y asesinados a traición. En los meses siguientes, en las poblaciones armenias de Anatolia, el gobierno repitió una y otra vez la misma receta: instaba a los varones adultos a armarse para estar listos en la defensa de la patria, les vendía las armas incluso, luego los capturaba y exhibía el armamento como prueba de que preparaban una sublevación. En seguida los asesinaba en el sitio o los reclutaba, supuestamente para contribuir en el esfuerzo de guerra, pero en realidad para destinarlos a campos de trabajos forzados en los que morían en cuestión de semanas. A continuación, las tropas caían sobre los pueblos y desalojaban a las mujeres, los niños y los ancianos. Hacia sitios más seguros, les decían. Los formaban en caravanas, rumbo al desierto sirio, pero muy pocos llegaban, porque en el camino sufrían violaciones, golpizas, hambre y asesinatos. Cálculos modernos colocan el total de muertes en un millón y medio.


El Tratado de Sèvres (agosto de 1920) estipulaba la conformación de un Estado que reuniera a la República Democrática de Armenia (RDA, 1918-1922) con las doce provincias armenias de Anatolia. El presidente Woodrow Wilson dibujó sus contornos en un mapa y estampo su firma al calce. Se consideró incluso la posibilidad de establecer allí un protectorado estadunidense. Pero el documento fue rechazado por el nuevo gobierno de Mustafa Kemal Atatürk, a Occidente se le olvidó el asunto y más de la mitad de la Armenia histórica desapareció para siempre.
En la Turquía contemporánea el holocausto de los armenios sigue siendo un tema prohibido.


Fotografías de Armin. T. Wagner

22.5.07

Continuidad


Combatiente palestino muerto en el sur de Líbano


Hace casi 60 años que el mundo civilizado se empeña en exterminar a los palestinos y aún no lo ha conseguido del todo. Se les expulsó de sus tierras, se les dispersó por el mundo, se le cambió de nombre a sus pueblos, sus casas fueron demolidas y se les negó la existencia misma como grupo nacional. Los perseguidos ganaron en cultura pero también en barbarie: algunos remontaron las duras condiciones del exilio, fueron a las universidades de Europa y de Estados Unidos, se hicieron médicos, filósofos, ingenieros; muchos se volcaron a la organización de instituciones, liderazgos políticos, escuelas y redes sociales para hacer menos infernal la vida en los territorios múltiples de su desgracia; otros, menos afortunados, descubrieron el poder de los explosivos y se afanaron en la empresa sin destino de enfrentar con ellos a un enemigo muy poderoso y que, visto sin hipocresía, no se limita al Estado de Israel sino que se extiende a los gobiernos de Europa occidental y Estados Unidos.

De acuerdo con los manuales de urbanidad de los verdugos, los derrotados habrían debido resignarse a su derrota nacional, renunciar a toda identidad social, contentarse con una suma de identidades individuales exitosas o miserables, integrarse en los países a los que habían sido arrojados y disolverse sin pena ni gloria en la desmemoria del mundo. A fin de cuentas, muchos pueblos han sido liquidados como tales sin posibilidad de segunda resistencia: los armenios de Anatolia, y antes que ellos, los yaquis de Sonora, y antes que ellos, los ranqueles y mapuches de la Patagonia, y así, hasta llegar a los mexicas, los albigenses, los cartagineses, los troyanos. Muchos gobernantes europeos (desde los Reyes Católicos hasta Hitler) trataron de limpiar de judíos al Viejo Continente.

Tras su expulsión de España, los hebreos toledanos guardaron las llaves de sus casas y el recuerdo del Sefarad: Abarbanel, Farías o Pinedo, / arrojados de España por impía / persecución, conservan todavía / la llave de una casa de Toledo, evocaba Borges. La imagen tiene plena vigencia entre los palestinos expulsados de sus hogares situados en lo que es actualmente territorio de Israel o tierras ocupadas. Pero ellos hicieron algo más que conservar las llaves (o las fotos, o el recuerdo) de sus casas y pueblos: incurrieron en la grosería de resistir. Después de ver a sus familiares asesinados o torturados, sus campos, arrasados, sus escuelas, demolidas y sus iglesias, secuestradas, muchos palestinos perdieron los buenos modales prescritos por Occidente para estos casos y recurrieron al terrorismo, y en eso siguen. Ahora los proyectiles artesanales caen de nuevo sobre el sur y sobre el norte de Israel y matan, hieren o asustan a civiles que no tienen ninguna responsabilidad en el exterminio de los palestinos.



Tras la caída de un cohete palestino en la localidad israelí de Sderot


La labor de liquidación, por su parte, ha tenido pocos descansos y muchas regresiones. Las autoridades de Israel reactivan los bombardeos sobre Gaza y en los campamentos palestinos de Líbano huele de nuevo a masacre. Hay una exasperante continuidad en esta guerra ineficiente que lleva casi 60 años y que no ha logrado cumplir con su cometido. Tal vez sería tiempo de cambiar de idea y resolver el problema por otros medios: por ejemplo, renunciar a la desaparición de los palestinos como nación (es decir, como un trinomio de población, identidad y territorio) y ensayar otra cosa; por ejemplo, un Estado palestino con soberanía plena en la totalidad de Gaza y Cisjordania, con capital en la porción oriental de Jerusalén, que se llama Al Qods, y el retorno o la indemnización de los árabes desplazados y expulsados por la fundación de Israel. Pensándolo bien, sería una solución más novedosa y prometedora que los bombardeos, y de seguro costaría menos vidas y menos dinero que toda esta brutalidad sexagenaria.

21.5.07

Patético

Un colaborador de El País que creía dominar el habla mexicana:

"Miren si no el caso del teniente Galo Pacheco, un oficial mejicano que se enroló en el ejército del mismísimo Emiliano Zapata allá por 1913, se fregó en batallas sangrientas, roleó corridos a la purita salud de su jefe mientras las balas le marcaban el compás, abrazado a una morra bien chingada y poniéndose de tequila hasta la madre."

20.5.07

Una nostalgia tecnológica



  • 33 y 1/3 revoluciones por minuto

  • La tornamesa de Copilco


El fonógrafo (78 revoluciones por minuto) no me tocó, pero de niño escuché a Cri-Cri y a Javier Solís en unos aparatos que se llamaban tocadiscos (33 1/3 rpm) y que venían en distintas presentaciones: empotrados en muebles de madera con las bocinas integradas (como para los abuelitos), portátiles y contenidos en carcasas de plástico de colores chillones (como para los chavos), integrados, en los famosos “estéreos”, con un radio AM/FM y un reproductor de casettes, o bien aislados, sofisticados e imponentes, en cuyo caso se denominaban tornamesas. Estas eran sensuales y elegantes y su movimiento suave e hipnótico armonizaba con el ritmo de la música, independientemente de que interpretaran cumbias o sinfonías o jazz o rock o cantantes horrendos. Contaban con un brazo de presión regulable, sistema de amortiguación, ajuste de velocidad por medio de una luz ajuste de velocidad por medio de una luz estroboscópica y no sé cuántos más controles. Sus propietarios decían que la experiencia era prácticamente la misma que tener a Rostropovich en casa y hace un cuarto de siglo eran el máximo símbolo de distinción y status entre quienes no alcanzaban a comprarse un automóvil, e incluso entre quienes sí.


El golpe de nostalgia es porque hace unos días descubrí una caja de cartón repleta de discos analógicos, se me dio por recuperar algo de los sonidos que hay en ellos y pasarlos a digital, y recordé que el camión de la basura se llevó mi tornamesa hace más de una década. En los sitios de subastas y compraventas entre particulares asoman con frecuencia reliquias venerables: Pioneer, Marantz, Technics, Garrard, Thorens. Entiendo que es un mercado de añorantes o de museógrafos, y que los reproductores de discos de vinilo que aún se fabrican son juguetes especializados y caros para las manos de los disk jockeys o diyeis o pinchadiscos. Una página graciosa de bricolage electrónico afirma que, en caso de absoluta desesperación y síndrome de abstinencia, es posible fabricar un tocadiscos a partir de una unidad de diskettes de esas que ya tampoco se usan, pero que todavía abundan. Y otra receta extraña permite hacer una réplica pirata de un disco de vinilo.




La verborrea marxistoide desapareció de la lista de las cosas que eran bien vistas en sociedad más o menos en la misma época que las tornamesas. En los años setenta era imposible lograr la aceptación de ciertos sectores estudiantiles, académicos o intelectuales -ya no digamos de ligar-- si no conseguías hilvanar un par de frases sobre la plusvalía o si no exhibías un tomo de Marta Harnecker convenientemente subrayado.

Sobre esa confluencia de modas escribí un relato no del todo falso que, como los viejos elepés, se quedó guardado muchos años. Ahora que lo exhumé resultó ser, literalmente, una crónica del siglo pasado, un cuadro de costumbres, una antigualla inédita. La última vez que tuve noticia del protagonista de la anécdota fue cuando lo nombraron coordinador de asesores de un subsecretario. O sea que ya no corre ningún peligro de reconocerse a sí mismo en la narración y no veo, por tanto, inconveniente en publicarla. Se llama La tornamesa de Copilco, y dice así:

Esta es la historia de un todavía joven profesor de epistemología que una noche de juerga acabó girando sobre sí mismo a la velocidad precisa, regulada por cuarzo, de 33 y media revoluciones por minuto, empalado en el postecillo central de un tornamesa Pioneer --aparatazo, hombre, qué bárbaro-- que de esa forma llegó al fin de su existencia.

Sucedió hace unos semestres en un departamento cercano a la UNAM. Esa mañana el docente fue a la tienda de C.U. para abastecerse de unos vinos y patés, nacionales, recorrió los estantes de licores acompañado de su carrito, y a la salida el peso de éste había experimentado el crecimiento exponencial que es preciso rescatar --desde una perspectiva crítica, por supuesto-- como una aportación de Malthus. Por la noche haría un reventón en su condominio de recién separado, comprado a crédito con milagros, palancas y un préstamo del ISSSTE, una verdadera ganga, pues fíjate que unos argentinos que se fueron, y a un pasito de la Facultad, tercer piso, edificio 12.

N’hombre, si las rentas están carísimas, y es que, a propósito, acabo de encarrilarme en una investigación sobre el latifundio urbano y he encontrado cada cosa; ¿el marco teórico? No, pues... Castels, algunas cosas de Lefevbre, por supuesto, y una mención muuuy muuuy somera del capítulo XLV de El Capital, el rollo ese de que “sea P el precio individual de producción del terreno B, siendo P mayor que P1”, en fin, sólo que tomando en cuenta que aquí no estamos hablando de tierras agrícolas, sino...

Los insumos contenidos en las dos gordas bolsas de plástico fueron consumidos esa noche por un ex compañero de militancia, dos colegas de la Facultad, la ex esposa de un cuate suyo que acaba de divorciarse y ante cuya separación nadie quiere tomar partido, dos alumnas que se caen de buenas --especialmente una de ellas, la que trajo a ese pegote-- y una pareja de comunicólogos muy buena onda.

Pero gris es toda teoría frente al árbol verde de la vida, o algo así, que decía el maestro Revueltas, y por más citas de éste y de otros destacados luchadores sociales, no había manera de romper el vínculo que ataba a las más guapa de las alumnas con el gañán pendejo y atlético a quien además nadie invitó, pero que está ahí, fajándole a la beldad que sacó MB en Metodología, y sin guardar la menor consideración para con un pobre soltero con maestría en Teoría del Estado.

Las botellas adquiridas a costa de un salario amenazado por la plusvalía relativa que se deriva de la reducción del tiempo de trabajo necesario habían empezado a experimentar drásticamente la caída tendencial de la tasa de contenido, y si bien las Condiciones Objetivas parecían presentes (música suave, dos parejas cachorreando en un sofá, además del imprescindible borracho que ya vomitó el pasillo), las subjetivas estaban siendo echadas a perder por aquel mamón que trajo esa alumnita de mis esfuerzos.

A las dos de la mañana el profesor perdió, con ayuda de media botella de mezcal ríspido, su programa político y pasó al ultraizquierdismo y al aislamiento de las masas. “Estás haciendo el oso”, le advirtieron los comunicólogos, ya de salida, pero él no hizo caso y fue del apoyo crítico a la injuria y al manoseo directo contra aquella pendejuela reformista. Entonces la chava y su galán demostraron que no eran marxistas ni científicos, sino vulgares nacos, y con una escandalizante falta de método, le pusieron al alcoholizado profesor unos chingadazos que le hicieron perder el equilibrio. El especialista trastabilló y fue a caer sentado sobre su tornamesa finísimo. El aparato estaba tan bien construido que su motor, antes de fallecer bajo el peso del teórico, logró girar unos segundos más.

El científico social dio algunas vueltas sobre su propio eje y alcanzó a preguntarse si aquella sensación de que el mundo giraba a su alrededor era causada por el golpe, por el mareo de la borrachera o por el derrumbamiento total y definitivo del Modo de Producción de nuestro tiempo.





17.5.07

El regreso de la xiuhcóatl

Huitzilopochtli con la xiuhcóatl en la mano



  • Deidad de muchos nombres
  • Fusil que no fue fusil

El dios del fuego de los aztecas, dice Silvia Limón Olvera, es “una deidad polisémica, según se ve por la gran cantidad de nombres con los que se le designa en las fuentes documentales” y “sus diferentes apelativos indican que estuvo relacionado con diversos aspectos de la naturaleza y con determinados conceptos cosmológicos: sus múltiples denominaciones permiten localizarlo en los tres sectores del cosmos: el cielo o ilhícatl, la tierra o tlaltícpac y el inframundo o mictlan.” Cuántas advocaciones: el andrógino Ometeotl, que reúne los cuatro elementos; el viejo Huehuetéotl; Xiuhtecutli, Señor de la Turquesa, Chantico, la del fuego doméstico y, de algún modo, el mismo Huitzilopochtli, quien se sirve de ese elemento como arma de guerra y destrucción. Oigamos a León Portilla:

Y el llamado Tochancalqui
puso fuego a la serpiente hecha de teas llamada Xiuhcóatl,
que obedecía a Huitzilopochtli.
Luego con ella hirió a Coyolxauhqui,
le cortó la cabeza,
la cual vino a quedar abandonada
en la ladera de Coatépetl.


Esta “serpiente hecha de teas” aparece con mayúscula o minúscula en diversas fuentes y no me queda claro si era instrumento, deidad o bicho mitológico, o tal vez las tres cosas. Reproduzco una cédula del Museo del Templo Mayor: “Ser mitológico complejo y de origen confuso; se le relacionaba con el culto a Xiuhtecuhtli, dios del fuego y Señor del año; era objeto ritual en ceremonias sagradas como la del Fuego Nuevo, representada en forma de zahumador; por otro lado era el arma con la que Huitzilopochtli decapitó a Coyolxauhqui en el cerro de Coatepec. La cabeza de Xiuhcóatl que observa usted fue encontrada en el año de 1901, en la casa del Marqués del Apartado, en las calles de Argentina y Donceles. La monumentalidad de esta escultura y la fuerza de su expresión dan cuenta de la importancia que esta serpiente fantástica tenía para los mexicas. En la parte posterior lleva grabada la fecha 4 caña, nombre del fuego”. Angel María Garibay dice que las xiuhcóatl eran varias (en cuyo caso el nombre va con minúscula inicial), que habitaban la primera capa celeste y que de ellas salían las señales del cielo y los cometas. Sahagún las describe como flechas de plumas rojas (cuezalin), “venerable pluma roja” o “venerable llama”, y cuezalin era también el nombre de las plumas coloradas de la cola de los papagayos. Limón Olvera: “Dichas plumas estaban unidas al concepto de fecundidad y regeneración, facultades que se atribuían al dios del fuego. Por ello, las plumas rojas fueron usadas por las doncellas en brazos y piernas, tanto en ceremonias relacionadas con la fertilidad de los campos como en el rito del matrimonio.”


Las xiuhcóatl no se apersonaron en el Anáhuac cuando más falta hicieron –es decir, cuando habrían debido enfrentarse a los arcabuces de los conquistadores--, fueron olvidadas y junto con su dueño, el temible Huichilobos, descansaron durante mucho tiempo en las vitrinas de los museos y en los textos de los historiadores. Ahora están de regreso. Se les vio desfilar en gran número a un costado del Templo Mayor el pasado 16 de septiembre, en manos de guerreros de rostro pintado. Dice una nota de Allan Wall fechada el 12 de marzo: “El año pasado, el desfile militar del Día de la Independencia fue una oportunidad para exhibir el nuevo fusil de asalto FX-05, ‘xiuhcóatl’. En la ocasión, soldados del Grupo Aeromóvil de Fuerzas Especiales, GAFE, lo llevaban. Fue diseñado y manufacturado en México por la Dirección general de Industria Militar del Ejército. El arma irá siendo introducida de manera gradual en las unidades del Ejército, en reemplazo de la que se usa actualmente, el G-3, fabricado en el país bajo licencia de la empresa alemana Heckler and Koch.”

El G-3


El diseño del arma incluye miras telescópica, de rayo láser y mecánica, cañón con sistema de enfriamiento y culata ajustable, así como un selector para fuego automático o semiautomático. Usa la munición de 5.56 x 45 milímetros de la OTAN y tiene una cadencia de fuego de 700-750 disparos por minuto. Buena parte del rifle está hecha por polímero reforzado con fibra de carbono y viene en verde oscuro o color arena. El mecanismo interior está hecho con acero inoxidable de alta resistencia. El proyectil alcanza una velocidad de 920 metros por segundo y tiene un alcance efectivo de 800 metros.


Logo del arma

Poco después Heckler and Koch advirtió que el FX-05 xiuhcóatl podía ser una copia pirata del nuevo modelo de la empresa, el G36 y amenazó con llevar el caso a tribunales internacionales. El asunto provocó la remoción del general Alfredo Oropeza, hasta entonces titular de la Dirección General de Industria Militar del Ejército, y quien era considerado candidato a ocupar la Secretario de la Defensa Nacional en el gobierno de Felipe Calderón. Las autoridades castrenses detuvieron la producción del rifle (se habían fabricado ya unas 500 piezas) y, en febrero de este año, en la capital mexicana, representantes de la firma alemana se reunieron con funcionarios de la Sedena para analizar las similitudes y diferencias de las dos armas.
Tras una detallada inspección, la empresa reconoció que el fusil mexicano no era un fusil de su producto y se desistió de toda acción legal ulterior. Actualmente, la producción del xiuhcóatl se desarrolla normalmente en las fábricas mexicanas de armamento. Allan Wall concluyó su nota así: “En la medida en que el Ejército Mexicano desempeña un papel clave en la guerra del gobierno contra los cárteles de la droga, es probable que el FX-05 sea muy usado en el futuro”.

Hay que saludar la capacidad y la inventiva de los ingenieros militares mexicanos. Pero tal vez sería preferible honrar de otra manera a las cuezalin prehispánicas. A fin de cuentas las plumas rojas y ardientes no sólo le servían de arma al dios guerrero, sino que también eran usadas por las doncellas para decorarse los brazos y las piernas en ceremonias de nupcias y fertilidad. Acaso tendría más sentido una pulsera o un brazalete o un liguero xiuhcóatl que un rifle de asalto con ese nombre. Creo que sería buena idea dejar que Huitzilopochtli descansara, con todos sus bártulos, en la paz de los museos. No vaya a ser que un día de éstos, después de revivir las xiuhcóatl, empecemos a erigir de nuevo los Tzompantli y llenemos las plazas del país con esos ábacos espantosos que no van a darse abasto para contar a los muertos.


El Tzompantli

15.5.07

Una de dos



En su discurso inaugural de la V Conferencia Episcopal de América Latina y el Caribe (Celam), Benedicto XVI dijo que “el anuncio de Jesús y de su Evangelio no supuso, en ningún momento, una alienación de las culturas precolombinas, ni fue una imposición de una cultura extraña”; por el contrario, “las auténticas culturas no están cerradas en sí mismas ni petrificadas en un determinado punto de la historia, sino que están abiertas, más aún, buscan el encuentro con otras culturas, esperan alcanzar la universalidad en el encuentro y el diálogo con otras formas de vida y con los elementos que puedan llevar a una nueva síntesis en la que se respete siempre la diversidad de las expresiones y de su realización cultural concreta”. Más aún: la catequización de los antiguos habitantes de América les “ha significado conocer y acoger a Cristo, el Dios desconocido que sus antepasados, sin saberlo, buscaban en sus ricas tradiciones religiosas”. Lo que son las cosas: nadie antes de esto habría sospechado la influencia hermenéutica de Walt Disney en el pensamiento de Joseph Ratzinger.


Sería necio ignorar los aportes positivos de curas y laicos españoles a la conformación de las actuales naciones y culturas latinoamericanas, o empeñarse en las visiones idílicas y bobaliconas de las sociedades precolombinas como sitios de paz, amor y armonía con el Cosmos y Natura. No: cuando los europeos aparecieron en el Caribe y las costas orientales de México, Mesoamérica era en muchos sentidos un mundo violento, oscuro y espantoso, más horrible incluso que la España medieval.


Pero la evangelización no puede desligarse de la conquista sanguinaria e impositiva. Bartolomé de las Casas, Bernardino de Sahagún y otros defensores luminosos de la humanidad de los indios son la otra cara de la moneda en la sistemática destrucción de las culturas nativas. “Para hacer las iglesias comenzaron a echar mano de sus tecoallis para sacar de ellos piedra y madera, y de esta manera quedaron desollados y derribados; y los ídolos de piedra, de los cuales había infinitos, no sólo escaparon quebrados y hechos pedazos, pero vinieron a servir de cimiento para las iglesias” (Motolinía, III, 3, 64). Y es que lo que el Papa llama ahora “ricas tradiciones religiosas” era visto por la mayor parte de los evangelizadores como hechicería y cultos diabólicos que era necesario extirpar.


“Golpear a los naturales por parte de frailes no era cosa rara” (Mariano Monterrosa) y los golpes eran lo de menos: fray Martín de Valencia achicharró, por idólatras, a cuatro príncipes tlaxcaltecas; en 1530 Nuño de Guzmán acusó de lo mismo al cacique tarasco Caltzontzin y lo asesinó; en 1562 el animal de Diego de Landa realizó en Maní un auto de fe en el que quemó a más de 150 mayas y 43 códices; 13 años más tarde Juan de Zumárraga repitió en Texcoco la chamusquina: varios caciques que se resistían a aceptar el catolicismo murieron en la hoguera, la cual fue aderezada con una montaña de documentos mexicas; los agustinos esclavizaban a los naturales para obligarlos a construir sus conventos y el piadoso Pedro de Gante revelaba, en una carta a Felipe II, su método catequizador: “...se juntaron luego, pocos más o menos, mil muchachos, los cuales teníamos encerrados en nuestra casa de día y de noche, y no les permitíamos ninguna conversación”. Y cómo olvidar el célebre informe Contra Idolorum Cultores (1639), redactado por Pedro Sánchez de Aguilar, para reivindicar el derecho de los obispos a encarcelar y azotar indios reacios a adoptar la fe de sus conquistadores. Son sólo algunos ejemplos del “encuentro de culturas”.


La imposición de la nueva fe se realizaba en una forma tan bárbara que en dos ocasiones (1540 y 1570) se le ordenó desde Madrid a la Inquisición de Nueva España que se abstuviera de perseguir a los conquistados “por ser ellos muy nuevos en el cristianismo” y de concentrarse en perseguir herejías de procedencia occidental. De otra forma, el virreinato habría echado al fuego a la mayor parte de su mano de obra.


Ahora sale este pontífice con que todo era “respeto a la diversidad de las expresiones” y “enriquecimiento cultural”. Una de dos: o Joseph Ratzinger es ignorante o es mentiroso, y en cualquier caso su presencia en el trono de Pedro es una gran tragedia para la Iglesia Católica.

14.5.07

Te la pelas, Bush


“La destrucción completa de la raza humana parece una tarea casi imposible. Para hacer que la vida inteligente se extinga permanentemente en este planeta, sería necesario:


  1. Matar a todo ser humano; si sobreviviese un solo grupo de cincuenta personas de ambos sexos en algún lugar, la operación sería fútil. Nuestra civilización podría entonces volver a su estado anterior en sólo medio millón de años.

  2. Matar a todos los monos y simios del mundo. Las ramas de cualquiera de sus especies podrían con el tiempo (unos pocos millones de años) evolucionar hacia una potente civilización tecnológica.

  3. Matar a todas las ardillas, tupayas y todos los demás mamíferos trepadores. Se cree que nuestros ante pasados han sido animales de este tipo hace unos 70 millones de años.
    Destruir todos los árboles y toda la vida vegetal, y estancar de algún modo los océanos para privar a toda especie superviviente de oxígeno.

  4. Repetir la última operación cada millón de años. Una vez que la vida vegetal se hubiera restablecido a sí misma, le seguiría pronto una atmósfera de oxígeno que puede originar la vida. A la larga, por lo tanto, el mundo parece ser casi indestructible como habitat para la vida por un tiempo muy largo.”

    Adrian Berry
    Los próximos diez mil años
    Alianza Editorial, Madrid, 1977, p. 43.