27.11.08

Hace 25 años, en Mejorada del Campo

Ibargüengoitia, Traba, Rama y Scorza

Lo más dañino para la cultura latinoamericana, después de los gobiernos militares y la televisión, es el aeropuerto de Barajas. Hoy hace 25 años murieron, en los alrededores de esa terminal aérea nefasta, varios grandes de las letras y del pensamiento que viajaban a bordo de un Boeing 747 de Avianca, procedente de París, y que debía hacer una escala en Madrid antes de volar rumbo a Bogotá, donde asistirían a un encuentro cultural organizado por la Academia Colombiana de la Lengua. Los tripulantes introdujeron coordenadas erróneas para el aterrizaje, interpretaron mal las señales del radiofaro y el piloto viró a la derecha antes de tiempo. Para colmo, el controlador aéreo no dio seguimiento en el radar a la trayectoria equivocada del jumbo. En consecuencia, la aeronave descendió antes de tiempo, al suroeste de la pista, en la localidad de Mejorada del Campo; a la una de la tarde con cinco minutos, el motor número cuatro y el tren de aterrizaje derecho chocaron contra un montículo; tres segundos después el avión rebotó en otro cerro, volvió a caer, el ala derecha se rompió en el terreno, la nave se arrastró unos 800 metros, giró 180 grados sobre su eje y el fuselaje quedó invertido, fragmentado en cinco pedazos llameantes. Sólo 11 o 12 de las 192 personas que viajaban en el aparato se salvaron, más o menos de milagro, porque la fuerza del impacto las arrojó hacia afuera o porque, en los primeros instantes tras la caída, lograron abandonarlo.

En esos tiempos, la corrección política no prohibía la difusión de imágenes fuertes, y en un video de la época puede verse a rescatistas que recopilan cosas que parecen pollos rostizados, así como a un viejito no identificado que llora, en falso, al mecenas literario Conrado Blanco, quien falleció 15 años después del avionazo; al académico José García Nieto, muerto en 2001; a Pedro García, quien en ese entonces ya era difunto; al editor y ensayista Guillermo Díaz-Plaja, quien murió un año después, y a Carlos Murciano, que sigue vivo. En su obituario precipitado omitió, en cambio, a la pianista catalana Rosa Sabater, que fue una de las víctimas. Es posible que este enredo hubiese dado a Jorge Ibargüengoitia materia para un relato, pero el gran guanajuatense ya no se enteró porque murió en el avionazo.

“Crecí entre mujeres que me adoraban. Querían que fuera ingeniero: ellas habían tenido dinero, lo habían perdido y esperaban que yo lo recuperara. [...] Faltándome dos años para terminar la carrera, decidí abandonarla para dedicarme a escribir. Las mujeres que había en la casa pasaron 15 años lamentando esta decisión [...] Más tarde se acostumbraron.” Pero Ibargüengoitia se hizo dramaturgo, y cuando una de sus primeras obras (El atentado) recibió el premio Casa de las Américas decidió volverse novelista, y creo que sigue siendo, para buena fortuna de México, uno de los más leídos del país.

Dicen que cuando le llegó la invitación al encuentro de Bogotá, Ibargüengoitia, quien había fijado su residencia en París, se mostró reacio a asistir, que a última hora decidió viajar, que se llevó consigo el original de la novela que estaba escribiendo en ese momento y que el manuscrito desapareció junto con su autor. Aun con ese faltante, el hombre ha dejado una marca agridulce y duradera en la memoria de incontables lectores de varias generaciones.
Aunque también incursionó en la narrativa y en el teatro, el uruguayo Ángel Rama, otro de los pasajeros ilustres del infortunado vuelo, pasó a la historia como crítico, académico y ensayista y visioniario de la cultura continental. En abril de 1964, en el semanario Marcha, de Montevideo, cuyas páginas de literatura dirigió, dijo de García Márquez: “La comprensión exacta de una realidad pareciera ser la que gobierna en este caso a un escritor, y hace de él, a los treinta y cinco años, uno de los narradores importantes del continente”.

En ese mismo texto, Rama sintetizó, con unas palabras que 44 años después mantienen su vigencia, la violencia colombiana: “¿Cuándo empezó? ¿Quién fue el primero? ¿Por qué se originó? ¿Cuáles fueron sus episodios más llamativos? Pero a medida en que los años pasaron, esa violencia, al continuar invariable, se transformó en estado natural; la distorsión de realidad y vida se hizo norma, costumbre cotidiana. Ni siquiera parecen alarmar al resto del continente los 100 mil muertos de una guerra civil no declarada”. La violencia dictatorial que se abatió sobre su país convirtió sus andanzas mundiales en exilio y lo privó de nacionalidad. Por eso, el 27 de noviembre de 1983, Rama viajaba con un pasaporte venezolano.

Me salto el orden alfabético para no separar a Ángel Rama de Marta Traba, su mujer, quien viajaba también en el aparato de Avianca, y no precisamente en calidad de mera acompañante: nacida en 1930 en Buenos Aires, Marta tenía una extensa trayectoria como crítica de arte, como periodista, como ensayista (El museo vacío), como poeta (Historia natural de la alegría), como novelista (Las ceremonias del verano), como conductora de programas culturales en la televisión, como errante lúcida y como mujer de izquierda. A fines de los años 40 del siglo pasado, con apenas 19 años, tuvo el empuje de largarse, sola, a París, donde estudió historia del arte; posteriormente se estableció en la capital colombiana con su primer marido, el periodista Alberto Zalamea, y dirigió el Museo de Arte Moderno de Bogotá; en 1968, el presidente Lleras Restrepo le otorgó un plazo de 24 horas para que abandonara el país, porque Marta repudió la toma de la universidad por los militares; sin embargo, la sanción no pudo llevarse a cabo porque generó un repudio generalizado. A comienzos de 1983 acababa de ganar una dura guerra contra el cáncer y se sentía, más que nunca, apegada a la vida.

www.youtube.com/watch?v=vvzYQqGVtlw

Para 1983, Manuel Scorza, peruano, tenía 55 años, lo que difícilmente puede considerarse una edad provecta. Muchos años antes le había escrito a Rubén Bonifaz Nuño:

Bajo los árboles vertiginosos del crepúsculo, /vestidos de viudos, hemos de vernos. / En las estepas de los gentíos / me verás, te veré, nos veremos. / Y alrededor de nosotros / los recuerdos de pico ensangrentado. / Las hélices amarillas del otoño / degollando pájaros inocentes. Cierta tarde –cualquier tarde– / en una esquina nos desconoceremos. / Y por calles diferentes / a la vejez nos iremos.

El destinatario de esos versos llegó a una vejez colmada de reconocimientos muy merecidos. El remitente, en cambio, se quedó en la tierra chamuscada de Mejorada del Campo. Dejó tras de sí poemarios lúcidos, amargos y de títulos sorprendentes (Las imprecaciones, Los adioses, Desengaños del mago, El vals de los reptiles) y, sobre todo, un deslumbrante ciclo de novelas al que igual llamaba “Balada” que “La guerra silenciosa”: Redoble por Rancas (1970), Garabombo, el invisible (1972), El jinete insomne (1977), Cantar de Agapito Robles (1977) y La tumba del relámpago (1979). Cerrada la serie, una suerte de mural de las luchas campesinas de su país, en las que el propio Scorza participó con fervor militante, publicó La danza inmóvil (1983), complejo texto de exploración y experimentación. Fue un hombre comprometido y, al igual que Rama, carne de exilio.

Una frase del peruano podría resumir el final trágico de los cuatro: “No somos sino palabras escritas por el dedo de alguien en un muro invisible”. Tal vez, pero ellos siguen siendo palabras mayores.

25.11.08

Candor o cinismo

Daniel Aguilar/REUTERS

O sea que, después de varios años de tener bajo su mando a la Policía Federal Preventiva, y a dos de haberse hecho cargo de la SIEDO y de la AFI, Eduardo Medina Mora ha descubierto que “este país nunca se planteó con suficiente seriedad la construcción de instituciones policiales” (El País, 23/11/08). ¿Cuándo se dio cuenta? ¿La semana pasada? O sea que Genaro García Luna, ex director de la AFI y sucesor de Medina Mora en la SSP, ha vivido todos estos años (sin enterarse, claro) en medio de un hervidero de informantes del narcotráfico, y que él pensaba que sus subordinados tenían una suerte excepcional con la lotería, y que por eso las casotas y los cochesotes. O sea que cuando Felipe Calderón Hinojosa emprendió una “guerra frontal contra la delincuencia”, los mandos operativos de la PFP y de la AFI se encontraban a sueldo de los cárteles de la droga: ¿y cuántos policías fueron colocados de esa manera en la mira de los cuernos de chivo, señores gobernantes? Para que nada falte, el primero de los mencionados afirma que ahora sí se acabó, y que en lo sucesivo, para evitar las fugas de información de la procuraduría, se les quitarán las conexiones USB y las unidades de CD a las computadoras de la dependencia y se suprimirán las impresoras.

Señor procurador: es posible que usted no lo sepa, pero combatir a la criminalidad es un poquito más difícil que impedir que los niños vean páginas porno. Ahórrenos el espectáculo de sus explicaciones, de aquí a unos meses, sobre cómo un empleado de la dependencia a su cargo usó un lápiz para copiar en una tarjetita la información de la pantalla y luego se la pasó a los narcos, o de cómo un técnico de sistemas fue sobornado para instalar un “troyano” o un “spyware” por el que se fue la vida de quién sabe cuántos agentes. Haga que le platiquen algunas nociones básicas de computación, entérese que no está usted al mando de un laboratorio de informática de una escuela primaria, sino de la Procuraduría General de la República y deje de tomarse el pelo pretendiendo que se lo toma a la ciudadanía.

¿Candor o cinismo? Candor, si se considera la ingenuidad del intento de venderle a la opinión pública esta “operación limpieza” con la que se pretende poner de manifiesto la firme determinación de las autoridades de ir a fondo en el combate de la criminalidad y bla, bla, bla, porque la firmeza que se pretende comunicar tiene por objetivo inocultable la catástrofe de descomposición y corrupción generada por la ineptitud de los propios gobernantes, éstos de ahorita, a los mismos a los que se les dijo en múltiples ocasiones que antes de ir a tirar balazos contra los delincuentes era imperativo sanear las corporaciones policiales.

La parte del cinismo es la siguiente: en un régimen democrático, en el que las autoridades son electas por el sufragio del pueblo, bastaría con la mitad de este desastre para que los propios funcionarios sintieran el reclamo de su propio decoro y presentaran sus dimisiones. Y si no, las instancias legislativas emprenderían sin más trámite juicios políticos contra los responsables del naufragio de la seguridad pública y del estado de derecho y los pondrían de patitas en la calle, o casi. Eso sería mejor, en el caso de México, que esperar a que los poderes fácticos empresariales, caciquiles y mediáticos que impusieron al actual gobierno acaben de hartarse de su ineptitud, su corrupción y su mendacidad, y se pongan de acuerdo para remplazarlo, en forma tan antidemocrática y turbia como lo conformaron.

21.11.08

Ineptitud


Ahora la culpa es de los pilotos, quienes no estaban suficientemente capacitados, y tal vez también de los controladores aéreos, quienes no sólo introdujeron en el sistema una etiqueta equivocada (LJ25 en vez de LJ45), sino que omitieron advertir a los tripulantes de las consecuencias fatales que habrían de sobrevenir si no frenaban en seco para eludir la turbulencia de la aeronave que los precedía.

Primero vimos cómo un joven y ambicioso traficante de contratos, convertido en cogobernante por efecto del amiguismo, y quien pasó 10 meses acosado por un repudio popular del que no hay precedentes en la Secretaría de Gobernación, fue elevado, tras su muerte, a la categoría de Cid Campeador. Luego llegó la beatificación, más discreta, de otro de los difuntos: un policía de maneras bruscas y escrúpulos escasos, que en el sexenio pasado anduvo dando palos de ciego contra la delincuencia y transmutando inocentes en culpables y quien, con ese desempeño, cometió severos agravios contra la sociedad y fue corresponsable de la actual catástrofe de seguridad pública.

Tras la conversión post mortem de estos sórdidos funcionarios en ciudadanos ejemplares, el discurso oficial y su coro de medios enfocan sus baterías contra otros dos muertos en el avionazo, el piloto y el copiloto, y amagan a los controladores. Independientemente de que el desastre haya sido consecuencia de un atentado, de errores humanos o de fallas técnicas, al régimen calderonista le urge descartar la primera de esas posibilidades porque con ella se alimenta la imagen de un gobierno débil y acorralado por los efectos de su propia fanfarronería. Se presenta, entonces, como elemento indicativo de accidente, una transcripción censurada y sospechosa de la conversación que tuvo lugar en la cabina del Learjet minutos antes de su desplome. (Ni modo: el gobierno está tocado por la sospecha en todas y cada una de sus palabras, y se lo ha ganado a pulso con su mendacidad sistemática.)

Haiga sido como haiga sido, el show a cargo de Luis Téllez se parece a la fabricación de culpables (por cierto, era una de las prácticas favoritas del difunto Santiago Vasconcelos): se busca crear la impresión de que los operadores del avión eran un par de bobos al estilo de El Gordo y el Flaco, capaces de confundir a ojo Michigan con Michoacán, e ignorantes de las reglas más básicas de la aeronavegación. Para el domingo ya se les buscaba un complemento de impericia con la difusión de versiones sobre unos controladores aéreos fodongos e indolentes. De seguro, los de la Torre de Control eran personal sindicalizado, ¿verdad, señor Téllez? Ah, esos enemigos de la calidad y de la productividad, incapaces de comprender el ánimo transformador de los mexicanos de bien que estudian en alguna universidad de Estados Unidos para luego volver al país a iluminarnos con su sapiencia.

No hay forma de saber cuánto hay de cierto y cuánto de ideología (y fantasía) oligárquica y tecnocrática en eso que los voceros y los órganos de difusión del régimen presentan como la verdad. Pero si así hubieran ocurrido las cosas, sería inevitable concluir que lo que mató a Mouriño, a Santiago y a los otros, fue el afán del grupo gobernante de desregular, privatizar y subcontratar todo –llevándose tajadas y comisiones bajo el agua–, hasta las compras de aeronaves para el gobierno federal y el reclutamiento de los respectivos pilotos. Es una gran paradoja que quien fue secretario de Gobernación haya sido, mientras le duró la vida, uno de los grandes beneficiarios de tal empeño.

“Los gobernantes somos tan rateros y tan ineptos que la propiedad pública estará mejor en manos privadas”, fue el subtexto de la engañifa con la que se inició, en el sexenio de Salinas, el saqueo de los bienes nacionales. Además, había que “eficientar” el gasto público y observar una estricta disciplina fiscal, y el outsourcing era una de las formas para conseguirlo. Lo curioso, si se le concede el beneficio de la duda a los asertos del calderonato en torno a la caída del Learjet, es que a sus administradores les parezca inconcebible crear plazas de pilotos en el servicio público –así sea por su propia seguridad– y les parezca natural, en cambio, que Agustín Carstens se asigne, del dinero público, tres mil pesos diarios para comer, una cantidad con la que podrían pagarse 60 salarios mínimos, los cuales según la Constitución, “deberán ser suficientes para satisfacer las necesidades normales de un jefe de familia”, y se entiende que eso incluye los alimentos. O sea que tal vez el piloto más inepto no fuera el que tripulaba el Learjet, sino Felipe Calderón.

Miriam Makeba, Michael Crichton y castillos de arena para armar


Fue mujer en un país de machos, fue negra en un planeta racista, fue transformadora en un continente recostado sobre las inercias infames del colonialismo, fue artista en un mundo de ciegos y sordos del espíritu. Y qué artista. “Descubrí que esta atractiva mujer, aparentemente apacible y madura, era una criatura política; una militante inflexible a favor de la libertad de su gente”, escribió Stokely Carmichael, uno de sus maridos, y quien fue dirigente de la organización antirracista Panteras Negras, en la introducción a una biografía de Miriam Makeba, publicada en 2004.

Contaba esta columna, hace poco más de dos años: exiliada desde 1963 de su natal Sudáfrica por haber testificado ante las Naciones Unidas contra el apartheid, Miriam vivió en Londres, donde se casó con Harry Belafonte y donde lanzó sus primeros éxitos mundiales. Ya montada en una popularidad súbita, partió a Estados Unidos. Allí conoció a Carmichael, se casó con él y fue, por ello, víctima de esa censura moderna que no prohíbe nada, pero que condena la incorrección política, revoca contratos y saca de los anaqueles los libros y los discos, y fue expulsada del salón de la fama. La nueva pareja se mudó entonces a Guinea, país del que fue delegada ante la ONU. Después anduvo un tiempo en Bruselas y en 1987, Paul Simon, con el lanzamiento de Graceland, la regresó a la escena mundial. En 1990 Nelson Mandela la persuadió de regresar a Sudáfrica, y desde entonces vive allí.

Ya no: el lunes pasado, en la madrugada, Miriam murió en Castel Volturno, en los alrededores de Nápoles, Italia. Tenía 76 años cumplidos y había dejado su piel negra en la larga lucha por el nacimiento de África. “Cantaré hasta el último día de mi vida”, solía decir, y lo cumplió. En septiembre pasado, en esa localidad italiana, los pistoleros de la Camorra, la mafia local, habían asesinado a balazos a seis inmigrantes negros que vendían artesanías. La comunidad africana se movilizó para exigir al ministro del Interior de Silvio Berlusconi que hiciera algo contra los homicidas. En esa misma región, la Camorra lleva un par de años amenazando de muerte al joven escritor y periodista Roberto Saviano, a quien, por la solidez y contundencia de sus denuncias públicas, personalidades de la talla de Umberto Eco han llamado “héroe nacional”, y quien ha debido abandonar su país natal para preservar su vida. Mazi, como la llamaban sus seres queridos, no dudó en viajar al sitio para participar en un concierto en solidaridad con las víctimas de la mafia. Los organizadores y técnicos del concierto fueron, a su vez, amenazados, pero el acto se llevó a cabo bajo custodia policial. ‘Mamá África’ había experimentado cierto malestar antes de empezar el concierto, pero decidió seguir adelante con lo planeado. Tras cantar su canción más conocida, Pata, Pata, se derrumbó en el escenario, víctima de un ataque cardiaco. Fue llevada por su nieto, Nelson Lumumba Lee, y por otras personas, al hospital de Pineta Grande. Logró recuperarse un poco, lo suficiente para exigir y tomarse, ante el horror de los médicos, un trago largo de coñac, pero un segundo paro cardiaco acabó con ella.

Perseguida en diversas tierras, declarada indeseable en Estados Unidos y despojada de su nacionalidad por el extinto régimen racista sudafricano, tuvo una vejez serena, pero nunca desvinculada de las luchas contra la injusticia, la marginación y la opresión. Más allá de su militancia en las causas sociales, Makeba deja una vasto legado musical que comenzó con su incorporación, hace 60 años, al grupo Manhattan Brothers y continuó con su propia banda, The Skylarks, en la que empezó a fundir jazz con las melodías tradicionales sudafricanas. No estaría bien recordar con tristeza a esta negrota milagrosa, invencible y entrañable. El mejor homenaje para ella es escuchar su voz terrestre y lograr, así, que siga cantando.

* * *

Unos días antes, el 4 de noviembre, perdimos a Michael Crichton, médico, cineasta y escritor estadunidense nacido en Chicago, en 1942, y a quien como novelista se le podrán hacer muchas críticas, pero no la de falta de rigor científico. El primero de sus libros que me cayó en las manos fue The terminal man (1972), en el que se propone un implante cerebral para controlar las crisis de epilepsia sicomotora, un cuadro de origen somático que no se manifiesta en convulsiones, sino en “enturbiamiento de la conciencia” y “alteración orgánica de la personalidad”, y que puede llevar a impulsos de agresión que concluyan en homicidio. La novela era fascinante porque permitía asomarse a los misterios del funcionamiento cerebral y a las posibles aplicaciones de la electrónica en terapia siquiátrica.

Nos guste o no, Crichton, como novelista y, sobre todo, como guionista, nos familiarizó con innumerables conceptos científicos, como la clonación (en Parque Jurásico) o las condiciones imperantes en los fondos marinos (Esfera), con nociones como la del acoso sexual (en la célebre cinta de 1994 protagonizada por Michael Douglas y Demi Moore) y con panoramas tecnológicos como el de la industria aeronáutica (Airframe, 1996).

* * *

El locazo de Rolando de la Rosa convocó a un montón de gente a participar en un proyecto que sólo pudo surgir de un espíritu bueno: “ante la apremiante situación económica de la República Árabe Saharaui Democrática, los niños y las niñas saharauis han decidido ayudar a los adultos exportando tres cosas que tienen como sus grandes tesoros, los han heredado de sus ancestros y los quieren compartir con todo el mundo, estos tres tesoros son: la imaginación, la poesía y la arena del Sahara. ¿Cómo lo quieren hacer? Ellos llenarán botellas con la sagrada arena del Sahara, colocarán un instructivo para armar un castillo de arena en particular con un poema y un dibujo. La etiqueta dirá: ‘Castillo de arena del Sahara para armar’”. Además, Rolando parte hoy al desierto para armar allá “el Caballo de Troya Saharaui”, que llevará una imagen de Benito Juárez y su lema más conocido. Suerte, Rolando, y va mi colaboración, que se titula

A un niño saharaui:

Sueña con tu país, con tu desierto
en donde alumbra el sol a gente buena;
sueña con tu familia, que ya estrena
capital, avenida y aeropuerto.

No dejes de soñar. Sueña despierto
que, ya pasada la agresión ajena,
un castillo construyes en la arena
y un país soberano en el desierto.

Patria tendrás. Tu patria independiente
se alzará bajo el sol, bajo su brillo,
con un cimiento sólido y profundo.

Mucha arena tendrás: la suficiente;
que si hoy tu mundo cabe en un castillo,
en tu patria mañana cabrá el mundo.

Carestía


Uno de los precios que más se han incrementado en México en años recientes, junto con el de la gasolina, el huevo y la tortilla, es el del gobierno. Con o sin inflación, independientemente de la calidad de los servicios prestados y al margen de las circunstancias económicas internas y externas, los poderes públicos negocian entre ellos las cantidades de dinero que se asignarán a sí mismos y las incrementan año tras año, de manera implacable y hasta grosera. Detrás de las montañas de discursos y promesas, por debajo de los tecnicismos que buscan encubrir el abuso, la clase política no suda ni se acongoja por penurias económicas. Entre los rituales del calendario político, uno muy deprimente –a evaluar por resultados– es el del manoseo argumental de la educación, la salud, la vivienda y el bienestar de la población, que se presentan como batallas definitivas (aunque su vigencia sea de 12 meses) contra los grandes problemas del país: las negociaciones por el Presupuesto de Egresos, en las que participan diputados de lo más patriótico, funcionarios de Hacienda que hacen alarde de sensibilidad social, gobernadores, directores generales y presidentes de cosas autónomas, así como una nube de variopintos gestores y coyotes, como se conoce desde tiempos ancestrales, en nuestro lenguaje, a los que ahora llaman lobbysts.

La doctrina neoliberal, aplicada en México por la cadena de gobernantes Salinas-Zedillo-Fox-Calderón, dice que el Estado debe reducirse al mínimo. Esa especie de anarquismo de derecha, acuñado por Friedrich Hayek, ha pregonado que la presencia del sector público en la economía inhibe el florecimiento del orden espontáneo del mercado, la ley y la moral. La regulación de las actividades privadas y la redistribución de la riqueza (lo repetía hasta hace unos días el derrotado McCain, de pie sobre las ruinas del neoliberalismo) son pecados de lesa libertad. Más mercado y menos gobierno es la fórmula de la felicidad de las naciones.

Algo no cuadra en esa ortodoxia si uno se abre paso por entre el blindaje tecnocrático de los presupuestos anuales de egresos de la Federación (no otra cosa es la redacción de tales documentos, y más si se consultan las versiones desagregadas que difunde la Secretaría de Hacienda) y corrobora el incremento sostenido de los recursos nacionales que devoran los aparatos burocráticos: de 2002 a 2008, por ejemplo, el gasto programable de los “ramos autónomos” (poderes Legislativo y Judicial, IFE y CNDH) subió de 26 mil 500 millones de pesos (mdp) a casi 47 mil 800 mdp, aumento de 80 por ciento. En el mismo periodo la operación del gobierno federal (gasto programable de “ramos administrativos”: Presidencia, secretarías de Gobernación, Relaciones Exteriores, Hacienda, Defensa, Agricultura, Comunicaciones, Economía, Educación, Salud, Marina, Trabajo, Reforma Agraria, Medio Ambiente, Procuraduría, Energía, Desarrollo Social, Turismo y Función Pública, tribunales Agrario, Fiscal y Administrativo, Seguridad Pública y Conacyt) ha pasado de 333 mil 564 mdp a 656 mil 514 mdp (97 por ciento de incremento). Puntos de referencia: en esos mismos seis años el salario mínimo subió de 42.15 pesos diarios a 52.59 (aumento de 24 por ciento), y el precio de la gasolina (Magna) pasó de 5.71 pesos por litro a 7.01, lo que representa un alza de 22 por ciento.

Tal vez el gasto se justificaría si hoy tuviéramos un país más justo, más seguro, más educado, más saludable y más soberano, con instituciones robustas y prestigiosas. Pero del foxismo al calderonato México ha padecido un incremento exasperante de la desigualdad social, de la injusticia, de la pobreza, de la inseguridad y del descrédito institucional. El IFE y la CNDH han caído en un abismo de desprestigio; las dependencias de procuración de justicia y de seguridad pública dan pánico; la Profeco colabora en la defraudación de los consumidores; la Segob es (¿fue?) promotora de contratos para empresas familiares; en el presupuesto educativo hay espacio para estacionar 59 Hummers; la Suprema Corte exonera a violadores de derechos humanos; el Congreso realiza maniobras de distracción para tapar los afanes privatizadores de la industria petrolera, y la Presidencia, aniquilada por el dolor, pretende ordenar al país que reverencie la memoria de un prócer inverosímil y hechizo.

En conjunto, en 2008 el funcionamiento o la disfunción de esas estructuras han costado al país 700 mil millones de pesos, dineritos meramente operativos que se quedan muy por debajo de los 2 billones 569 mil 450 millones 200 mil pesos presupuestados para el gasto público del año, y en los que van, además de los gastos de administración, los pagos del Fondo Bancario de Protección al Ahorro y deuda, las participaciones a las entidades federativas y algo más. Para 2009 se prevé incrementar esa suma hasta 3 billones 45 mil millones de pesos.

¿Para qué?

10.11.08

No aprenden



Las sectas de la Cristiandad llevan milenios agarradas del moco, y no aprenden. Este domingo tuvo lugar, en Jerusalén, un episodio muy cagado.

6.11.08

Cadáver con guaruras



Pobre Mouriño: hasta en su velorio le tocó estar detrás de cercos policiales, autos blindados, arcos detectores de metales. En los pocos meses que estuvo en el Palacio de Cobián, la zona se pobló de barricadas verdes, calles clausuradas, vallas metálicas, policías inexpugnables, todo con tal de ahorrarle al Secretario una lejana mentada de madre. Ahora, hasta la tumba ha de acompañarlo el temor al repudio del pueblo. La suya no fue vida, y este ajetreo VIP tampoco es la paz de la muerte.
Moraleja: así, más valdría no gobernar.


5.11.08

¿Quién y por qué?



¿El azar? ¿El narco? ¿El clima? ¿El propio gobierno? ¿Algún otro de los poderes fácticos?

4.11.08

Dedos cruzados



Según una vieja creencia esotérica, en la intersección de dos líneas queda atrapada la suerte y decidido el futuro, y de allí vendría el ínfimo ritual de cruzar los dedos índice y medio para fortalecer la posibilidad de que se realice un deseo. Poca cosa, aparte de esa, nos queda por hacer en la elección presidencial de hoy a quienes no tenemos la ciudadanía estadunidense. Con los dedos cruzados, la gran mayoría de los habitantes de este planeta espera que hoy llegue a su término institucional el periodo negro en el que han estado sumidos desde hace casi ocho años debido a que un hombre sin atributos ocupó el máximo cargo público en la todavía mayor potencia del mundo. La decencia, el sentido común y las encuestas indican que la sociedad estadunidense no va a dar paso a un cuatrienio de bushismo sin Bush, encabezado por un héroe de guerra hechizo, vacío y rehén de las tribus libertarias, neoconservadoras y fundamentalistas cristianas. Pero nadie se atreve a descartar del todo la repetición, así sea improbable, de los milagros malignos que ocurrieron en las urnas de Florida y Ohio en 2000 y en 2004, y por eso cruzamos los dedos para que Obama triunfe, y por mucho margen, en los comicios de hoy.

Ya llegará el momento de repetir este conjuro de bolsillo para pedirle a quien corresponda que Barack recuerde, de cuando en cuando, su origen híbrido y periférico, el divorcio de sus padres, su conocimiento de la otredad, sus reventones del bachillerato, su trabajo comunitario, su paso por el periodismo, sus empeños legislativos para controlar los excesos de las corporaciones y la prodigalidad con que los jueces obsequian condenas a muerte.

Uno no va a olvidar que el aspirante demócrata es, a fin de cuentas, un hombre del sistema y del aparato, y que debe buena parte de su empuje mediático al capital privado. Éste se mostró indiferente cuando Bush perpetró crímenes de lesa humanidad y atropelló los derechos y las libertades civiles, pero no perdona que la presidencia republicana le haya ocasionado pérdidas bursátiles.

Ya llegará el momento de discernir en qué medida Obama está comprometido con sus patrocinadores y hasta qué punto es fiel a sus votantes. Ya habrá tiempo para ver si logra hacer algo en lo que se refiere a la recuperación del poder público de los intereses corporativos y si quiere o puede, y en qué medida, reconvertirlo en una representación de la gente.

Por ahora, por hoy, no queda sino desear que gane la Presidencia y que McCain y su grupo no consigan torcer el resultado mediante fraudes como los perpetrados por Bush en 2000 y en 2004. Que se malogre el propósito de la propaganda negra, empeñada en presentar a Obama como un peligro para Estados Unidos. Que no funcionen las trampas para disuadir de acudir a las urnas a los electores pobres y descontentos. Que la aberración antidemocrática del Colegio Electoral no pueda ser instrumentada para escamotear la victoria de los muchos millones de gringos que están hasta la madre de un presidente criminal, corrupto e ignorante, un hombre sin atributos o más bien con uno solo: el de estar muy próximo a dejar el cargo.



2.11.08

Eso ya lo sabíamos




Elba Esther y Felipe se han cruzado
en episodio lúbrico y funesto.
Él terminó infectado y descompuesto,
ella del coito atroz se ha embarazado.

Tuvo lugar el lance infortunado
—sindicato y gobierno en un incesto—
sobre un colchón robado al presupuesto
y un escalofriante resultado:

Cincuenta y nueve Hummers ha parido
la seudo dirigente vitalicia,
todas con piel y equipo de sonido.

Y al salir de la sala de obstetricia
regala las bebitas que ha tenido
a quienes le festejan la impudicia.



30.10.08

Citas con la muerte

Oaxaca meets Leonardo

El gran secreto de la muerte es que la muerte no existe. Es un final, es nada. Su existencia --si así pudiéramos llamarla-- es negativa; y su razón de ser está en la vida misma. Cuántos trastornos nos evitaríamos si pensáramos siempre que la muerte es la muerte.
Si un muerto te dijese que no existe la muerte, te desilusionarías tanto que serías capaz hasta de matarlo. Esta negación de la muerte es, sin embargo, el secreto de la muerte y de los muertos. Con él se vienen abajo todas las elucubraciones funerarias, muere la muerte.
Joaquín Pasos (Citado por Ernesto Cardenal en el prólogo a Poemas de un joven, FCE, México, 1982)

Madre generosa
de todos los muertos,
madre tierra, madre,
vagina del frío,
brazos de intemperie,
regazo del viento,
nido de la noche,
madre de la muerte,
recógelo, abrígalo,
desnúdalo, tómalo,
guárdalo, acábalo.
Jaime Sabines
(Fragmento de Algo sobre la muerte del mayor Sabines)

Vesalius


Noto cómo se forma gradualmente una corteza de indiferencia en mí, y lo digo sin quejarme. Es una cosa natural el comenzar a ser inorgánico, y creo que se llama la “indiferencia propia de la vejez”. Sin duda esto tiene que ver con un giro decisivo en la relación entre las dos pulsiones [el instinto de vida y el de la muerte]. Quizás este cambio no se note mucho exteriormente. Todo sigue siendo tan interesante como antes, las cualidades no han cambiado mucho, pero falta como una especie de resonancia [...]
Sigmund Freud (citado en Ars Moriendi, de Carlos Cobo Medina)

En un principio me hice humo
para que la cenicienta
pasara sin reconocerme.
Me hice el tonto, me hice el delgado,
me hice el sencillo, el transparente:
sólo quería ser ciclista
y correr donde no estuviera.

Luego la ira me invadió
y dije, Muerte, hija de puta,
hasta cuándo nos interrumpes?
No te basta con tantos huesos?
Voy a decirte lo que pienso:
no discriminas, eres sorda
e inaceptablemente estúpida.
Por qué pareces indagarme?
Qué te pasa con mi esqueleto?
Por qué no te llevas al triste,
al cataléptico, al astuto,
al amargo, al infiel, al duro;
a los asesinos, a los adúlteros,
al juez prevaricador,
al mentiroso periodista,
a los tiranos de las islas,
a los que incendian las montañas,
a los jefes de policía
con carceleros y ladrones?
Por qué vas a llevarme a mí?
Qué tengo que ver con el cielo?
El infierno no me conviene
y me siento bien en la tierra.
Pablo Neruda (“Laringe”, en Estravagario)

Serpiente de cascabel,
si a mi tumba tú bajaras,
llévame un poco de miel
de los labios de mi amada.
Son veracruzano


Warhol


Porque en el lento instante del quebranto,
cuando los seres todos se repliegan
hacia el sopor primero
y en la pira arrogante de la forma
se abrasan, consumidos por su muerte
—¡ay, ojos, dedos, labios,
etéreas llamas del atroz incendio!—
el hombre ahoga con sus manos mismas,
en un negro sabor de tierra amarga,
los himnos claros y los roncos truenos
con que cantaba la belleza,
entre tambores de gangoso idioma
y esbeltos címbalos que dan al aire
sus golondrinas de latón agudo [...]
José Gorostiza (Fragmento de Muerte sin fin)

El veinticinco de junio
abrió sus ojos Amargo,
y el veinticinco de agosto
se tendió para cerrarlos.
Hombres bajaban la calle
para ver al emplazado,
que fijaba sobre el muro
su soledad con descanso.
Y la sábana impecable,
de duro acento romano,
daba equilibrio a la muerte
con las rectas de sus paños.
Federico García Lorca (“Romance del emplazado”, en Romacero gitano)

La construcción cultural de las virtudes violentistas en las guerrillas latinoamericanas, exaltan un patrón de simbolización fuertemente masculinizado, que juega con la equivalencia entre lo viril y lo heroico, combatir como ofrendar o perder la vida es cosa de machos.
Ricardo Melgar (“Sacralización de la violencia en las guerrillas latinoamericanas”)


Construcción de la ofrenda doméstica

¿Es para terminar,
mañana, en prototipo del alarde fálico,
en diabetis y en blanca vacinica,
en rostro geométrico, en difunto,
que se hacen menester sermón y almendras,
que sobran literalmente patatas
y este espectro fluvial en que arde el oro
y en que se quema el precio de la nieve?
¿Es para eso que morimos tanto?
César Vallejo (“Sermón sobre la muerte”, en Poemas Humanos)

Fue sueño ayer, mañana será tierra.
¡Poco antes nada, y poco después humo!
¡Y destino ambiciones, y presumo
apenas punto al cerco que me cierra!
Breve combate de importuna guerra,
en mi defensa, soy peligro sumo,
y mientras con mis armas me consumo,
menos me hospeda el cuerpo que me entierra.
Ya no es ayer, mañana no ha llegado;
hoy pasa y es y fue, con movimiento
que a la muerte me lleva despeñado.
Azadas son la hora y el momento
que a jornal de mi pena y mi cuidado
cavan en mi vivir mi monumento.
Francisco de Quevedo

Me encontré con la Huesuda
sin saber que era la muerte.
Me dijo la testaruda:
“Ya no bebas aguardiente;
te vas a morir de cruda
y amarga será tu muerte.
(Estrofa de El Querreque)

Mínima alma mía, tierna y flotante, huésped y compañera de mi cuerpo, descenderás a esos parajes pálidos, rígidos y desnudos, donde habrás de renunciar a los juegos de antaño. Todavía un instante miremos juntos las riberas familiares, los objetos que sin duda no volveremos a ver... Tratemos de entrar en la muerte con los ojos abiertos...
P. Aelius Hadrianus (citado por Marichuy)

Yo no soy de esos cobardes
que le temen a la muerte
la muerte no mata a nadie,
la matadora... es la suerte.
Corrido de la Revolución Mexicana (citado por Manuel Servín Massieu)

Recuerde el alma dormida,
avive el seso y despierte
contemplando
cómo se pasa la vida,
cómo se viene la muerte,
tan callando.
Cuán presto se va el placer,
cómo, después de acordado,
da dolor;
cómo, a nuestro parecer,
cualquiera tiempo pasado
fue mejor [...]
Los placeres y dulzores
de esta vida trabajada
que tenemos,
no son sino corredores
y la muerte, la celada
en que caemos.
No mirando nuestro daño,
corremos a rienda suelta
sin parar;
desque vemos el engaño
y queremos dar la vuelta,
no hay lugar.
Jorge Manrique (Inicio de Coplas a la muerte de su padre, citado por María Cigales)

No hay pena comparable a la de morirse.
Pensamiento de Pito Pérez (citado por Alberto Lazcano)



Sonrisa maya

27.10.08

Homenaje


No es fácil abogar desde la oposición por la legalidad cuando los principales obligados a cumplirla, es decir, los gobernantes, la violan de manera regular y deliberada, y esto no es un mero desahogo panfletario: es suficiente con dar una repasada superficial a las primeras páginas de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos (no es necesario llegar al 27; basta con los artículos Primero, Segundo, Tercero y Cuarto) para apreciar el contraste entre los deberes del poder público y los hechos del calderonato.



El contraste es exasperante: las torturadoras AFI y PFP, violadoras consuetudinarias de la Carta Magna, llevan a la cárcel a quienes, con el propósito de defender ese cimiento de la legalidad, bloquean una vía de comunicación.

No es cómodo explicar ni explicarse, además, la pertinencia de pugnar, desde las calles y las plazas públicas, por disposiciones legales que garanticen la soberanía nacional, cuando se sabe que de todos modos el grupo gobernante hará todo lo que pueda para hipotecar y entregar al país a poderes políticos y económicos extranjeros y que, muy probablemente, lo conseguirá. Lo ha hecho con la apertura del sector eléctrico a las transnacionales, lo ha hecho con los Pidiregas, lo ha hecho con el Aspan. Incluso si en la reforma petrolera que nos han enjaretado (¿o dirán que “la hicimos todos”, como la elección de 2006?) se hubiesen incluido las famosas 12 palabras —la prohibición de que Pemex suscriba con empresas privadas contratos de exploración o perforación que impliquen la concesión de bloques o áreas exclusivas de territorio—, es probable que el gabinete de Felipe Calderón hallaría la puerta trasera de la ley para invalidar su espíritu; mucha es el hambre de los funcionarios por las comisiones bajo o sobre la mesa, y mucho el apetito de las transnacionales por zamparse los recursos naturales mexicanos. Ya lo dijo Vicente Fox con su cinismo no ilustrado: jueguen sucio, encuentren los recovecos legales para hacer lo que sea y, sobre todo, “pártanle el queso” a López Obrador, acción imprecisa sin mucha apariencia de apego a la ley.



También resulta cuesta arriba mantener la fidelidad a un movimiento que lleva meses esperando un clímax nítido y que se ha topado con una ambigüedad tramposa, con un puré en el que se mezclan fragmentos de victoria con pedazos de emboscada, escamoteo y avance, triunfo y derrota. Si el Movimiento Nacional en Defensa del Petróleo fuese una telenovela, su rating habría caído a cero tras las votaciones, las componendas y los logros de estos días.

Pero no: en medio del desconcierto, de la falta de información precisa o de la llana desinformación, de los vericuetos legales que hay que entender y de los errores de la dirigencia en la narración de los sucesos, los ciudadanos en resistencia han sabido diferenciar entre la ficción y la realidad y comprendido que ésta es incierta y carece de finales felices pero también de desenlaces fatales. Se han dado cuenta que ocupan un lugar civilizatorio, alternativo a la descomposición abismal del poder público y a la desintegración con la que amagan los procesos violentos, políticos o comunes.

Es posible que este movimiento no tenga muchas más armas que la verdad, pero la emplea de manera sobresaliente y la esgrime en las calles en tiempo real, antes de que se vuelva historia y deba ser recuperada, décadas más tarde, en el campo de batalla de los cubículos y de las publicaciones académicas. Quienes hoy persisten en defender la soberanía nacional y los recursos naturales de México saben, aunque no tengan doctorados ni licenciaturas ni primarias terminadas, que la lucha no consiste únicamente en amarrar las manos ladronas del calderonato y en sobreponerse a las andanadas de lodo lanzadas desde la masa mediática, sino también en configurar a futuro una etapa edificante en la historia nacional, la cual lleva muchas décadas sumida en un túnel oscuro. Se saben sujetos históricos, actúan como tales y merecen, por ello, un homenaje.



(Fotos de Odiseomx)

23.10.08

Del calzón y sus alrededores


La palabra calzón quiere decir muchas cosas y el objeto calzón tiene un montón de nombres. Para colmo, nadie se pone de acuerdo sobre si debe usarse en plural aunque la prenda sea una: cada vez que te los pones, quitas, subes o bajas, se entiende que la acción se refiere únicamente a una pieza y no a todos los calzones que posees, y mucho menos a cuantas existen en el Sistema Solar, y hablo de ese sitio grande y no de nuestro planeta porque en medio siglo de actividad espacial tripulada más de un astronauta habrá dejado algunos, ya perforados por los meteoritos, en órbita perpetua.

Pero no nos distraigamos: calzón lo mismo puede significar calza o calzas (actualmente, prenda de vestir que cubre de la cintura a los tobillos, o bien, en el Renacimiento, mangas de uso masculino para cubrir las piernas, que se ponían por separado y luego se unían mediante un cordón entrecruzado en los ojales de ambas, y de cuyo nombre deriva calcetas y calcetines) que braga, palabra que a su vez designa tanto a los calzones como a la pieza de tela que cubre entrepierna y nalgas como el mono u overol de mecánicos y de pintores (Venezuela), pero también a una prenda militar semejante a la bufanda, e incluso “cuerda que se ciñe a un fardo para suspenderlo en el aire”; se le llama también, en singular o en plural, bombachas, trusa, churrines, cucos, pantaletas, blúmer, calzonarios, calzoncillo, cacheteros, tanga, cola less, vedetina, chones, choninos, braguitas, panty o panties, slip, bóxer, tacacillo, gallumbo, interior o culote, que no es aumentativo de lo que parece sino galicismo originado en culotte, aunque la etimología de este segundo se origine en esa misma región anatómica: el argot culasse, y éste, a su vez, de cul). Claro que cada uno de esos términos puede tener, además de la genérica, una o varias acepciones específicas, de modo que la tanga es avara en la tela e inversamente generosa en el panorama, atributos que son llevados al extremo por la prenda llamada hilo dental, cuyo tirante central, delgadísimo por atrás, suele dejar al descubierto todo menos la estricta genitalidad, y a veces, hasta partes de ella; el bóxer (como el de los boxeadores, de ahí su nombre) designa pantalonete corto, amplio y de tela ligera, que permite bamboleos en libertad e incluso carambolas, en tanto que slip hace referencia a un envoltorio más bien constreñido que, al apretar, abulta, usualmente con fines propagandísticos.

En algún momento de la historia, tan impreciso como los términos aquí comentados, alguien inventó que la valentía se asienta en las gónadas masculinas, por más que ello va en desdoro de las mujeres, quienes poseen óvulos (es decir, huevos) mas no güevos (o wevos, como quiere la ortografía de las nuevas generaciones, o sea, testículos), y de los castrados, quienes no por estar físicamente incompletos perderán necesariamente su entereza de espíritu. La asociación imaginaria testículos-valor se contrapone, para colmo, con otras que identifican la pereza y la estupidez con una bolsa escrotal abundante: en México y Centroamérica, huevón es sinónimo de negligente, descuidado y flojo, en tanto que en el Cono Sur se llama así a una persona tonta.

A pesar de tales inconsistencias, sobre esa falsa noción se ha construido una muy graciosa metonimia (tomar el contenedor por el contenido) que sitúa la sede de eso que llamamos valor, en un sentido no económico, en la prenda que recubre el supuesto asiento anatómico de tales virtudes: ser calzonudo, tener muchos calzones o muchos pantalones, o los pantalones bien puestos, o estar bragado. Menos mal, al ser transferido de los órganos a la pieza de tela que lo rodea, la valentía pierde su supuesta constricción de género, y ya puede decirse, en femenino, calzonuda y bragada. En francés se usa culotté (e) para decir bravo (a), osado (a) o temerario (a), y ello no quita que hayan sido los sans-culottes (los “sin calzones”, los pobres, pues) quienes se aventaran la puntada de tomar por asalto La Bastilla, aventura que requería de gente valientísima.

La filigrana idiomática tejida en torno a la funda del bajo vientre y los glúteos (reducida en muchos casos a cubierta impúdica del pubis y el perineo) evoca los encajes que ornamentan algunas de esas prendas, las cuales, cuando femeninas (creo), han acabado como depositarias de ingentes dosis de libido y erotismo. A la cosificación del cuerpo de las mujeres corresponde una subjetivación de los objetos que lo rodean, denominada fetichismo, en virtud de la cual (vaya con las virtudes) algún fulano se clava con los chones y se olvida de la propietaria.

Wikipedia asegura que “el principal motivo del uso de ropa interior (supongo que una buena definición sería la que no se ve o a la que sólo se le ve un pedacito) es la higiene”, y uno se pregunta si la motivación higiénica de ese doble blindaje corporal consiste en preservar las zonas pudendas de superficies insalubres o bien en lo contrario (no dejar en el asiento manchitas de caca y pis); se comprende mejor, en todo caso, la búsqueda de comodidad (es que hay unas mezclillas tan ásperas) y la lucha contra el frío, especialmente cuando encima de la ropa interior hay una falda vaporosa o una bragueta (incomprensible diminutivo de braga) de botones por la cual se infiltra sin clemencia el cierzo invernal.

Por cierto, debemos al fabulista Félix María de Samaniego (sí, el mismo que moraliza a los niños con cigarras, hormigas, uvas y zorras) una de las composiciones más cochinas que se hayan escrito nunca sobre los calzones. Está aquí.

20.10.08

Quién mató a Brad

Muerte de Brad Will

En octubre de 2006 los testimonios periodísticos, nacionales e internacionales, eran tan desesperadamente necesarios para la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO) como incómodos y perturbadores para el poder caciquil encarnado en Ulises Ruiz: el movimiento popular oaxaqueño se encontraba cercado y sus activistas eran cazados a balazos en las calles de la capital oaxaqueña por los esbirros del gobierno estatal, el cual difundía un panorama de normalidad que sólo existía en sus propios boletines. Y aunque el entonces secretario de Gobernación, Carlos Abascal Carranza, juraba en nombre de Dios (y en vano) que no habría represión, el gobierno federal había decidido que personajes como el mismo Ruiz y como Mario Marín no podían ser tocados ni con el pétalo de una averiguación previa pues ello podría molestar a los priístas en general, y la complicidad de éstos era indispensable para que el panismo gobernante se mantuviera en la Presidencia, así fuera con un cúmulo de inmundicias electorales. En el Distrito Federal, en consecuencia, se ultimaba los preparativos para rescatar al gobernador priísta en apuros y lanzar contra los rebeldes oaxaqueños fuerzas policiaco-militares; en particular a los contingentes de la Policía Federal Preventiva, que se encontraban bajo la responsabilidad de Eduardo Medina Mora, entonces secretario de Seguridad Pública y hoy procurador general.

La presencia del camarógrafo estadunidense Brad Will en la ciudad convenía a la APPO y estorbaba a la alianza gubernamental. Es relativamente fácil marear a cualquiera en los meandros de una investigación forense amañada y “demostrar”, por esa vía, que tú eres el homicida de Colosio, y de Carranza, y de paso hasta el asesino material de Moctezuma, pero el cuento de que el periodista fue asesinado por un activista del movimiento popular no resiste el análisis del sentido común.

Los procuradores al servicio del panismo han exhibido una alarmante tendencia a fabricar culpables. Acuérdense del arquitecto Joaquín Romero Aparicio, arraigado porque “se parecía” a un mafioso; de Artemisa Aguilar, quien injustamente pasó muchos meses en la cárcel; de Nahum Acosta, acusado de ser operador del Chapo Guzmán, arraigado, enviado a Almoloya y luego liberado por falta de elementos; del dirigente atenquense Ignacio del Valle, acusado y sentenciado por una agresión que tuvo lugar cuando él se encontraba ya encarcelado; de la indígena mazahua Magdalena García Durán, quien pasó 18 meses en prisión por no haber hecho nada; del médico radiólogo Carlos Martínez Neri, recientemente detenido por la fuga de un presunto secuestrador hospitalizado...


Brad, vivo


En razón de los pactos inconfesables entre panistas y priístas, desde 2006 Medina Mora, ya sea como secretario de Seguridad Pública o como procurador, tiene asignada la tarea de dar protección, represiva o jurídica, a Ulises Ruiz. Por ello, en el caso del homicidio de Brad Will, era por demás previsible que la PGR diera por buena la versión de la procuraduría oaxaqueña, la cual no halló nada más brillante que atribuir la culpabilidad del asesinato a las víctimas de la represión. Y desde la semana pasada, Juan José Martínez Moreno, activista oaxaqueño, está preso.

Ante la novela policial escrita en coautoría por el gobierno oaxaqueño y por la PGR, la Comisión Nacional de Derechos Humanos ofreció su propia investigación del homicidio y sus conclusiones no sólo resultan sólidas y rigurosas sino que, además, son compatibles con la lógica: Brad Will fue asesinado por disparos realizados a unos 40 metros de distancia, y no a menos de dos metros, como se les ocurrió a los policías de Ulises Ruiz y a los de Medina Mora.

Qué bueno que en esta ocasión el titular de la CNDH, José Luis Soberanes, no haya salido a declarar que Brad Will murió a consecuencia de “enfermedades crónicas, gastritis y cáncer hepático”, como lo aseguró hace poco más de un año en relación con Ernestina Ascensión Rosario, violada y asesinada por efectivos castrenses en la sierra de Zongolica. Pero el que haya sostenido tal versión, justo después de que ofreciera un “borrón y cuenta nueva” a un poder político corrupto e ilegítimo, debilitó la autoridad moral y la credibilidad que un ombudsman requiere para esclarecer abusos e investigaciones manipuladas y para corregir injusticias. En el caso de Brad y de otros, la voz de la CNDH tendría que tener, hoy, contundencia y autoridad, pero su propio titular la debilitó y ello da margen para que, pese a la evidencia, uno que otro plumífero del régimen se pregunte, con pretensión hamletiana, de qué lado está la verdad, como si ésta no estuviera a la vista de todos.


Muerte de Ernestina: “gastritis y cáncer hepático”

16.10.08

Pinche tráfico


¿Has pasado 365 horas adentro de un auto/microbús/taxi/vagón de Metro, mientras sientes que tu vida se desperdicia sin sentido alguno y que el universo es el más estúpido de los inventos? Por supuesto: ese es el tiempo (364 horas con 48 minutos, para ser exactos) que le dedicas cada año al transporte cotidiano si eres una de esas personas inmensamente afortunadas cuyos trayectos consumen sólo media hora de ida y otra de vuelta. Pero si el camino de casa a la escuela o al trabajo te toma una hora, tu promedio anual de existencia embotellada asciende a 30 días y medio (729 horas con 50 minutos). Ahora bien: si entre tus ocupaciones cotidianas debes atravesar la ciudad de México, digamos, desde Xochimilco hasta Azcapotzalco o desde Iztapalapa hasta Santa Fe, y si inviertes hora y media en cada viaje, ello significa que cada año vivirás casi mil 100 horas a bordo de un medio de transporte público o privado (o una combinación de ambos), es decir, mes y medio. Así, por cada década de tu vida debes calcular un desperdicio de un año, tres meses y un día, desperdicio que por lo general es absoluto, a menos que seas uno de esos individuos con concentración de titanio que logran leer en el microbús el Tractatus logico-philosophicus, de Wittgenstein o, ya de perdida, un ejemplar de Sensacionales de traileras. Así, en una esperanza media de vida de 70 años, el transporte se lleva nueve, lo que te deja con 61 para dedicárselos al nacimiento, al sueño, al crecimiento, al juego, al estudio, al trabajo, al amor, al odio, a la lectura, a la diversión, a rascarte el ombligo, a consultar médicos y brujos, a gestiones burocráticas obligatorias, a vestirte y a desvestirte, al baño, a lavarte los dientes, al consumo de alimentos y a su contrario, al disfrute de la jubilación, a la atención de los achaques, al fallecimiento y a un último viaje, muy probablemente conflictivo a causa de los embotellamientos, hacia el cementerio o el crematorio.

O sea que para vivir en una urbe como ésta hay que pagar, además de los impuestos en metálico y las rentas o precios habitacionales propios de una gran ciudad, un tributo vital desmesurado y abusivo que degrada la existencia de más o menos todo mundo, reduce en forma infame la productividad, hace el aire irrespirable y representa un atentado a la alegría. En horas productivas: una persona que labore jornadas de ocho horas en semanas de cinco días, gane 10 mil pesos mensuales (es decir, poco menos de 57 pesos la hora) y gaste dos horas diarias en ir de casa a la chamba y viceversa, podría percibir mensualmente, si viviera a dos cuadras de su empleo y dedicara al trabajo el tiempo que gasta en transporte, 2 mil 508 pesos mensuales adicionales, un incremento salarial de más de 25 por ciento.

La carga de vehículos automotores arruina la vida urbana, expulsa a los peatones del espacio de la ciudad, le da al traste a la economía personal y a la economía a secas, así como también a las relaciones sociales y familiares, a la salud y a la seguridad. Es terreno propicio para retrasos, frustraciones, accidentes, descomposturas, asaltos, secuestros y homicidios, pero nadie organiza manifestaciones en protesta porque los trayectos cada vez más lentos, en el medio de transporte que sea, nos están comiendo la vida. Será porque todos somos responsables de que las calles se parezcan cada vez más a los intestinos de un estreñido crónico: el modelo económico, el gobierno, la industria, la voracidad inmobiliaria, la policía, la hueva, tú y yo.

Mario Molina: “Los automovilistas se resisten a que se eleven los costos de la compra y uso de vehículos automotores (esto es, los impuestos o los costos de gasolina, estacionamiento, verificación vehicular, etcétera), sobre todo si piensan que sus recursos los utilizará el gobierno con muy poca eficiencia y para fines que no los benefician directamente a ellos. No perciben con claridad la ventaja de ponerse de acuerdo, por medio de políticas y acciones de gobierno, para que todos salgan ganando. Tampoco perciben el costo real de usar el automóvil (que incluye construcción y mantenimiento de vialidades, pagos a la policía de tránsito, etcétera), ni el costo que representa la enorme pérdida de tiempo ligada al congestionamiento o el daño a la salud pública ocasionado por la contaminación, que incluye, por ejemplo, mortalidad inducida en gente vulnerable y limitación en el desarrollo de la función pulmonar en los niños. Todo esto influye fuertemente en los funcionarios de gobierno, que tienden a posponer la aplicación de medidas para enfrentar esos problemas, por ser poco populares.”

Salvador Kalifa propone imitar las medidas adoptadas en Londres en 2001, en donde el alcalde Ken Livingstone “fue contra la corriente, y en una de las acciones más osadas de su administración, propuso en 2001 el cobro de un peaje por el acceso al centro de la capital inglesa en las horas pico. Ese programa entró en operación el 17 de febrero de 2003. La velocidad promedio de los vehículos en el centro de Londres antes de la medida apenas superaba los nueve km/h y, en algunas arterias clave, tan sólo alcanzaba 2.9 km/h. Seis meses después de su aplicación, las notas de prensa señalaban que el cobro de peaje había funcionado mejor de lo que esperaba el alcalde o cualquier otra persona. Los retrasos por tráfico se habían reducido en una tercera parte y las velocidades promedio se habían elevado en 40 por ciento. Casi tres cuartas partes de los londinenses lo calificaron de efectivo. La zona de aplicación del peaje se extendió en febrero del año pasado a un área del oeste de la ciudad de Londres, mientras que como una prueba adicional del éxito de la medida, otras ciudades del mundo con problemas de tráfico planean aplicar esquemas similares al que existe actualmente en la capital inglesa”.

Cómo no. Sólo que, incluso después del retiro de los célebres Routemasters, los autobuses londinenses son eficientes, cómodos y seguros, pero en la ciudad de México el transporte público va de muy insuficiente (Metro, metrobús, RTP, trolebuses) a pésimo (microbuses), y va a estar en chino convencer a los conductores clasemedieros que dejen en casa el Chevy (por no hablar de los más favorecidos, de Mercedes Benz con chofer y guaruras) y emprendan un viaje a la dimensión desconocida a bordo de una caja rodante, desvencijada y repleta, marca Havre, que data de los tiempos de infortunio urbano en los que mandaba Espinosa Villarreal.

Más allá de lamentos y mentadas de madre al cosmos, a autoridades, a empresas y a prójimos, el tránsito vehicular es objeto de estudios muy sesudos. Científicos de la Universidad de Nagoya realizaron un ejercicio con vehículos que se movían en un círculo a velocidad constante y con una separación uniforme entre ellos. Ese baile no tendría, en apariencia, por qué degenerar en atasque, pero ocurre que es casi imposible que todos los coches mantengan la misma velocidad, por lo que pronto un conductor se acerca más de la cuenta al vehículo que le precede, frena por reflejo y genera una suerte de “efecto dominó” atrás de él. Martin Treiber, de la Universidad Técnica de Dresde, programó un simulador muy gracioso que permite visualizar claramente las ondas de choque de una incorporación a carriles principales, de un carril cerrado, de un semáforo en funcionamiento, de cambios de carril y de una subida. Allí puede verse la inherente falta de fluidez que termina por afectar a un torrente de coches. Es oficial: el universo actúa de mala fe y está en contra de nosotros. Pinche tráfico.

foto: http://nedbatchelder.com/blog/200801/deadlock_in_real_life.html

15.10.08

“Apariencia superior europea”


En la página de Hummer (hummer.com.mx), el vehículo H3 2008 se presenta en versiones de lujo y superlujo, y los precios van de 37 mil 290 dólares (Luxury) a 43 mil 390 (Adventure Alpha): entre 487 mil 660 pesos a 567 mil 433, según el convertidor de divisas Oanda, a las 11 de la noche del domingo 12 de octubre. Los modelos 2009 son un poquito más caros, pero tanto éstos como los del año en curso se ofrecen con “un año de seguro gratis o mil 500 dólares de descuento”, y en planes de adquisición con 35 por ciento de enganche y el resto a pagar en 18 mensualidades sin intereses. Estos términos de oferta han de ser importantes para convencer a alguien que invierta el equivalente a dos departamentos de interés social, o bien 29 años de salario mínimo, en un coche más tosco que la novia de Frankenstein y más ostentoso que un cepillo de dientes decorado con esmeraldas.

Ultimadamente, cada quien sabe lo que hace con su dinero, y se supone que Felipe Calderón y Agustín Carstens tendrían que saber lo que hacen con el dinero de todos, que es de donde salieron 59 regalitos de ésos, entregados por Elba Esther Gordillo a otros tantos dirigentes seccionales del sindicato del que es algo así como propietaria para que le obedezcan y cierren el pico: poco más de 30 millones de pesos de obediencia y silencio. Qué detalle.

¿Cuántos Hummer H3 Luxury o Adventure Alpha podrán comprarse con los 8 mil millones de pesos que la cúpula sindical está exigiendo? La respuesta es: 16 mil 400, si se trata del modelo menos lujoso, y 14 mil 100, si se opta por el más caro. ¿Será ése el destino de los fondos demandados? No lo descarten: tal vez sea plan con maña, y los obsequios de Gordillo con cargo al erario sean una medida secreta –y genial– ideada por su aliado Calderón para reactivar la economía: porque si así fuera, ¿no ameritaría tal adquisición el establecimiento de una nueva planta de ensamblado en alguna ciudad del país? ¿A cuántos obreros les daría trabajo? ¿Cuántas señoras podrían vender tortas y quesadillas en la puerta de la fábrica? ¿Cuántos nuevos talleres especializados abrirían sus puertas, cuántos tapiceros hallarían chamba (los asientos del H3 son de piel, y “terminados con doble puntada ‘francesa’, detalle que acentúa la apariencia superior europea”), qué número de vulcanizadoras se requeriría para atender las ponchaduras de esas llantotas? ¿Cuántas plazas de acomodadores y franeleros podrían crearse con tal cantidad de estos armatostes, que necesitan un espacio de media cuadra para estacionarse? ¿Cuántos chavitos famélicos podrían salir de la pobreza extrema lavando los parabrisas de las flamantes camionetas? ¿Qué monto de impuestos (IVA e ISAN) recaudaría el gobierno al venderse a sí mismo, o casi, una cantidad semejante de esas tanquetas en versión civil? ¿Cuánto podría cobrar a las aseguradoras por concepto de ISR?

Los resentidos (es que ellos no pueden comprarse un Hummer H3), los que sólo ven lo malo, los que son un peligro para México, dirán que en realidad esos 59 vehículos son parte del pago por los votos que en 2006 la lideresa magisterial le consiguió, haiga sido como haiga sido, a Calderón; sin embargo, sería incorrecto concluir que cada uno de los 59 H3 equivale a 4 mil 134 sufragios, lo que totalizaría los 243 mil 834 (0.56 por ciento) que, según Ifelandia, le dieron el triunfo al panista. En realidad, al erario esas boletas le están saliendo mucho más caras, porque al costo de los Hummers ha de agregarse las percepciones de los operadores y parientes de Gordillo Morales (Yunes Linares, González Sánchez, Yánez Herrera, etcétera) incrustados en el gobierno, los cientos de millones de pesos regalados por Calderón y Carstens a la cúpula sindical para que haga lo que quiera y, “no tiene precio”, la Alianza para la Calidad de la Educación, ACE, que ha servido hasta para acusar de corruptos a quienes llevan décadas luchando contra la corrupción en el gremio magisterial.

Y así estamos: el país avanza por una espiral de violencia a secas en la que se multiplican los ajusticiados y por otra espiral de violencia económica que hace proliferar desempleados y nuevos pobres extremos; mientras tanto, el grupo gobernante obsequia camionetas de lujo a los sumisos para que transporten sus nalgas magisteriales en asientos de piel con “apariencia superior europea” y obliga a los rebeldes (La Jornada, 12/10/08) a caminar sobre brasas y vidrios.