28.1.08

La delincuencia es mala


Algunas de las dificultades de este gobierno para lograr consenso y apoyo a sus despliegues antidelictivos son de naturaleza argumental: “Hay que acabar con los delincuentes porque son malos”. Ajá. Sólo que la sociedad mexicana no es un puñado de viejitas provincianas del siglo antepasado y exige razonamientos un poco más precisos y explicaciones más puntuales. Vamos a unirnos contra los malos, qué bien, pero antes explíquennos quiénes son, qué hacen y cuál es la diferencia exacta entre los cruzados del estado de derecho y los enemigos a combatir.

¿Los malos son los que trafican cosas prohibidas? Espléndido. ¿No habría que ir entonces sobre los que metieron al país, y de contrabando, divisas ilegales para financiar la campaña electoral de uno que fue presidente hasta hace no mucho? Empezar por ahí no estaría mal, porque se conocen sus nombres, sus direcciones y hasta los cargos actuales de algunos de ellos. ¿Vamos contra los ladrones de bancos? Órale: el gobierno tiene la lista de los más importantes. Son los empresarios que se beneficiaron de préstamos incobrables gracias al rescate bancario que legalizaron Acción Nacional y el Partido Revolucionario Institucional, y que produjo un botín muy superior al de cualquier atraco a mano armada en la historia del mundo.

Tal vez a los membretes ciudadanos que deploran la maldad intrínseca de la delincuencia les gustaría empezar por el problema del secuestro. A todo esto, ¿ya se pusieron en contacto con los atenquenses que en mayo de 2006 fueron capturados, salvajemente golpeados, incomunicados y mantenidos en cautiverio durante casi dos años? Las autoridades no pidieron rescate a cambio de la libertad de los capturados (o sí: algunas fianzas fueron desmesuradas), pero habría que delimitar con más cuidado la frontera entre privación ilegal y privación injustificada de la libertad, y decir cuál es la diferencia específica entre ambas, ¿no?


Ahora que, si se comienza por combatir el delito de violación, ¿cuándo se investiga a los agresores de la Federal Preventiva, la policía mexiquense y la municipal de Texcoco por los agravios cometidos contra los capturados en aquel episodio? ¿Cuándo se llamará a declarar a sus jefes, entre los que estaban, entre otros, Fox, Peña Nieto y Medina Mora?

—La delincuencia es mala.

—Qué brillante observación. ¿Te la enseñaron en Harvard?

La delincuencia es mala, y en ella están incluidos, por supuesto, los abusos sexuales de menores. ¿Y cuándo se empieza a investigar de oficio a los encumbrados empresarios, funcionarios y representantes populares mencionados en Los demonios del Edén como asistentes a las pachangas que organizaba el pederasta Jean Succar Kuri en las Villas Solymar de Cancún, y en las cuales se obligaba a niñas y a niños a sostener relaciones sexuales entre ellos y con sus agresores? ¿Y cuándo le echa un ojo la PGR a las violaciones de infantes cometidas por religiosos católicos de distintos niveles y a las maniobras para encubrirlas? También es malo el designio de no tocar (¿ni con la mano de una niña pre púber?) al gobernador de Puebla, Mario Marín, tan empeñosito en montar una agresión ilegal contra Lydia Cacho, la autora de ese libro. Vamos, señoras y señores magistrados de la Suprema Corte Salvador Aguirre Anguiano, Mariano Azuela, Margarita Luna Ramos, Guillermo Ortiz Mayagoitia, Olga Sánchez Cordero y Sergio Valls: ¿Cuándo se unirán al combate a la delincuencia? ¿Qué tal si, para convencerlos, la sociedad duplica el precio y les obsequia, digamos, cuatro botellas de coñac bellísimo a cada uno de ustedes?

Por falta de espacio quedan fuera del recuento el homicidio, el fraude, la difamación y otras muchas figuras delictivas, pero no el robo, que merece también una calificación moral adversa y universal: es malo. Un problema es que el máximo encargado de ejecutar las leyes no quiso, a la salida del supermercado electoral, enseñar los bolsillos para demostrar que no se le había quedado pegado uno que otro voto ajeno, y desde entonces muchos mexicanos no se tragan sus alegatos de probidad. Pero pasado mañana, cuando el grupo gobernante explique bien a bien en qué se diferencia de la delincuencia organizada, que es sin duda indeseable y malvadísima, el conjunto de la sociedad mexicana no tendrá objeción para respaldar, de manera activa y entusiasta, las campañas oficiales contra el crimen.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Excelente tu columna, tiene una gran fuerza, felicidades. Sólo tengo una observación. El libro al que haces referencia en el tema de la pederastia no se llama "los dragones del Edén", su nombre es "Los demonios del Edén".

José Eduardo Martínez dijo...

Pedro Miguel,

Tu columna de hoy llama a una profunda reflexión no solo social sino personal para descubrir nuestro grado de participación, bien por obra, bien por omisión, que ha llevado a México a un grado asombroso de descomposición en diversos ámbitos. Ciertamente “los malos” son culpados a menudo; a veces se los llama “los malosos”, y pensaríamos que “los malos” son como esos personajes grotescos y despreciables que presentan algunas películas y obras de teatro, mismos que actúan con cruda vileza y en contra no solo de la moral sino de cualquier ética.
Ciertamente “los malos” incluyen a esos personajes tan funestos que nombraste en tu columna; como siempre, no dejas pasar la oportunidad de señalar el elemento católico (¿acaso solo en la Iglesia Católica se han dado semejantes bajezas?), cuando mencionas “…las violaciones de infantes cometidas por religiosos católicos de distintos niveles y a las maniobras para encubrirlas?” Reconozco que al final mencionas que “Por falta de espacio quedan fuera del recuento el homicidio, el fraude, la difamación y otras muchas figuras delictivas, pero no el robo, que merece también una calificación moral adversa y universal: es malo.” Ciertamente la difamación debería ser perseguida, puesto que se ha comprobado que por lo menos algunas de las “denuncias” de abuso sexual contra menores de parte de sacerdotes Católicos son falsas, infundadas y con el solo afán de desprestigiar a una institución tan venerable como la Iglesia Católica.
En la misma línea, hay casos probados de periodistas y presentadores de noticias así como escritores y hombres de academia tienen como tarea fundamental el contradecir y contestar todos y a todo, autoerigiéndose como autoridad suprema. Pedro Miguel, creo que sabes bien que hay colegas que viven del escándalo, literalmente; gente que vive del lodo, a veces cierto, a veces inventado y sazonado; periodistas que revisten y refinan su historias para llevar agua a su molino o para avanzar su agenda personal. En fin, celebro tu agudeza periodística, pero te invito a ser mas inclusivo en eso de “violaciones a infantes cometidas por religiosos católicos de diversos niveles”; quien sea tu editor haría bien en recomendarte el dejar fuera el elemento “católico” y solo mencionar el aspecto “religioso”, por el asunto ese de la inclusividad, ¿no te parece? Porque, vamos, tu y yo sabemos que no solo algunos “ministros católicos” han cometido esas bajezas deleznables, sino también ministros de otros cultos, periodistas, comunicadores, académicos, maestros, padres de familia, tíos, hermanos, primos, etc.

Un saludo desde el país del norte.

José Eduardo Martínez
(¡Espero que me recuerdes!)

Pedro Miguel dijo...

Anónimo: Gracias por la corrección. En efecto, tenía el libro de Sagan en la cabeza cuando escribí el artículo. Qué güey, yo.

José Eduardo: Gracias por los acuerdos y por los desacuerdos. Entre los abusadores sexuales de menores no sólo menciono a los religiosos católicos, sino también a funcionarios, representantes populares y empresarios. Sin duda, en todos los oficios y en todas las confesiones habrá casos de pederastas. Pero sólo en las filas del clero católico, que yo sepa, la pederastia reviste dimensiones de epidemia.
Saludos cordiales.

Victor Castillo dijo...

Pedro Miguel:

No cabe duda que muchos de nuestros gobernantes andan dando tumbos entre la ignorancia y la culpabilidad.

Suerte y abrazos.

Karla Nerea Valencia dijo...


¡Hola!
Recién inicio a conocer su columna...Y he aquí, presentada, mi solución contra la delincuencia: Clara, concisa y efectiva.

Ensayo Socio-Económico
de México



¡Ay Mi México! Cómo es que te hemos destruido y descuidado tanto.
Dónde quedaron todos aquellos años de buena vida, de pueblo bueno, de gente noble y economía más o menos estable, pero sin caer en una depresión monetaria.
¡Ay mi México! Cuánto es que te hemos degradado hasta llegar a ponerte en uno de los lugares más bajos para países de Tercer Mundo.

Nuestro país, Estados Unidos Mexicanos (Siendo éste su nombre oficial), se localiza en el continente americano y su posición geográfica, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática de la Secretaría de Programación y Presupuesto, es:

- Latitud extrema norte, 32° 43’, donde se encuentra el monumento 206 que marca el límite de nuestro país con Estados Unidos de América (EUA).
- Latitud extrema sur, 14° 32’, localizada en la desembocadura del río Suchiate.
- Longitud extrema al este, 86° 22’, que está en Isla Mujeres.
- Longitud extrema al oeste, 118° 22’, ubicada en la Isla de Guadalupe, en el océano Pacífico.



Qué cómo sé yo todo esto, ¡uy mis niños! Esto lo debíamos de saber de memoria desde el primer grado de primaria, pero ahora, bástele saber a la juventud que México está en América y nada más. Ya nadie se preocupa por dónde estamos ubicados en un plano, en un mapa geográfico. México, así como lo ven, es uno de los países más grandes del continente americano, a pesar de haber perdido una considerable extensión de territorio que hoy forma parte de Estados Unidos de América.

¡Ay mi México! Dónde quedaron esos años de gloria patriótica, de revolución por justicia, de justicia a manos del pueblo y de un pueblo justo y honesto. Ahora de “honesto” sólo queda la risa y la burla, ahora de educación queda la malicia y el bienestar propio. Sin importar por quién haya que pasar para lograr el éxito, el dinero, el poder. Pero no todos tus Estados de la Republica son así. No Señor, no.

El Distrito Federal, que es tu capital, tiene una superficie de 1 958 201 Km. Cuadrados y tan sólo la Ciudad de México cuenta con una superficie de 1 479 Km. Cuadrados. Dicen que no hay pueblo malo sino gente mala. El Distrito Federal y la Ciudad de México no es así, toda ella está llena de gente mala, de gente que degrada el nombre de “civilización”, eso no es civilización, es una burla, una broma, un chiste. Vas al transporte colectivo metro y te roban, vas al restaurante y te roban, vas al aeropuerto y te roban, en la ruta, en el taxi y te roban, en el banco, en las oficinas de gobierno, en los estadios, en las escuelas, en la universidad, en el politécnico, llenos de gente que roba, mata, viola y no precisamente en ese orden. ¡Este país ya se nos salió de control!
Pido como medida de precaución que el millón novecientos cincuenta y ocho mil doscientos un kilómetro cuadrado de Distrito Federal, sea rodeado por el Ejercito Mexicano y sea lanzada una bomba nuclear, una peste bubónica, una bomba atómica que extermine de una vez y para siempre a toda esa gente bruta e ignorante. ¡Qué no hay pueblo malo sino gente mala! ¡Boberías! Por esa alcahuetería hoy estamos como estamos. Invadidos por esa plaga, que ni los Estados más alejados se salvan. ¡Y todavía tienen el descaro de degradar a “la gente de provincia”, como nos llaman, qué va! Que si mala fama se ha ganado la provincia es por los habitantes de las ciudades antes mencionadas, que emigran para la división política del país.

¡A mi que no me vengan con cuentos y que soy una injusta cascarrabias! Que los maten, que los maten a todos, a ver si así nos vamos componiendo. Que el país no se le ve ni principio ni fin. Por qué digo todo esto si no tengo constancia de todo esto que hoy les digo. Pues vamos a descubrirlo paso a paso, lentamente y sin tentarse el corazón, que aunque me llene de enemistades, sé que tengo la razón.

El ritmo de crecimiento de la población ha sido muy variable, ya que de 1960 a 1980 fue superior al 3% anual y en la década de los ochenta baja a menos de 2% anual. Esto significa que en ese período de tiempo, éramos más felices sin tanta paridera que nos sobre poblara. Ahora, el crecimiento de la población urbana ha sido superior al crecimiento de la población rural. ¿Se dan ustedes cuenta? Y pensar que a los de provincia nos tachan de ignorantes; los ignorantes son ustedes “de ciudad” ¡pendejos!

El acelerado proceso de urbanización en nuestro país se ha llevado a cabo ininterrumpidamente, lo que ha propiciado importante crecimiento de la población urbana debido, entre otras causas a la emigración de campesinos a las ciudades. Ya se imaginaran por qué tienen que emigrar. Dónde vive el presidente, dónde se hacen las leyes agropecuarias, urbanas y demás… ¡Bingo! En la capital, en el Distrito Federal.

« Comadre, ¿No se le hace algo injusto andar injuriando ahora a toda esa pobre gente civilizada de las grandes urbes?»
¡NO! Hay una gran concentración de población en ciertas entidades federativas. Así, el Distrito Federal concentra 10.4% de los habitantes (ahora ya son más de ese porcentaje), asentados en el 0.1% del territorio nacional; el Estado de México alberga 12.1% de la población, que vive en el 1.1% de la superficie del país; y muy de cerca les va sirviendo de asiento la ciudad de Veracruz, con un 7.6% de la población del país en el 3.7% del territorio nacional.

« ¿Y todo eso qué significa, comadre?»
Significa que: Las tres entidades federativas con mayor porcentaje de población son: Estado de México, Distrito Federal y Veracruz. Dónde adivine qué… En su mayoría son ladrones, violadores, asesinos, gente “non grata”, y demás cosas que se les vaya ocurriendo para sodomizar y gomorrear más al país que agoniza. Y se siguen reproduciendo. ¡Hay que ponerle un punto final a tal problema de polución que nos terminaremos matando, comiendo y violando unos con otros! ¡los otros contra los unos y así en sucesión de supervivencia!

« ¿Y eso que consecuencias tiene, comadrita? Yo digo que entre más seamos menos nos dejaremos »
¡Pero qué tontería de pensamiento, comadre! Con base a los datos de crecimiento acelerado de la población, algunos especializados en el tema ‘intuyen’ que en México existe explosión demográfica. ¡Que dejen de intuir! Porque en México, efectivamente, existe explosión demográfica. Y con una explosión a toda esa población mal parida, debemos resolver el problema, no hay de otra, comadre.

“La explosión demográfica es un incremento excesivo de la población en relación con la producción y los recursos con los que cuenta un país”.


Ese es el correcto concepto de lo que nos va sucediendo, que como los recursos del país ya nos los estamos acabando, pues tenemos que acabarnos entre sí. Por eso a los del Distrito Federal les gusta tanto la contaminación, por acabarse sus recursos. ¡Que no tienen agua! Hay que robarla, paisano. ¡Que no hay luz! Para eso están los ‘diablitos’, mi amigo. A robar y a robar, y a ir en peregrinación a la Basílica de Guadalupe para que obre el milagrito de que les mejore su condición de vida. ¡Que los vaya exterminando a todos poco a poco!

« Comadrita, pero no creo que sea necesario andar metiendo a la Virgencita en esto; si ahí solitos se van matando entre ellos, toda esa ‘civilización urbanizada’ tan hideputa.»

8 236 960 habitantes en el Distrito Federal: Ocho millones doscientos treinta y seis mil novecientos sesenta habitantes que hay que exterminar, que sino se nos reproducen y ellos serán los que nos habrán de matar. Invadiéndonos todo, robándolo todo, violando todo, asesinando todo.

« Bueno, bueno, pero esas son medidas muy extremas, comadre, ¿no habrá otra cosa qué se pueda hacer? Hay que abogar por la racionalidad. »

A grandes males, alcahueteros remedios:

- Incremento exagerado de la natalidad, debido a lo cual es necesario instrumentar campañas efectivas de control natal. O en otras palabras, castrar a todo ese campesinado ignorante que se lleva la vida en parir y parir hijos.

- Mala distribución de la población en el territorio nacional. Si están en perfecta disposición de seguir mi consejo y les aventamos una bombita –aunque sea chiquita- al Distrito Federal, podemos ocupar ese espacio vacío para reconstruir una mejor ‘civilización y sociedad’.

- Alta concentración de la población en ciertas partes del país, como sea demostrado que es la zona metropolitana del Valle de México, Guadalajara y Monterrey.



« ¡Ay! Pero Guadalajara por qué, comadrita, tan linda que es esa ciudad. A Monterrey si le puede aventar una de esas bombas atómicas, puro narco vive allá. »
Bueno, Guadalajara no, que al fin y al cabo no tengo nada contra ellos.

- La emigración de campesinos a la ciudad disminuyendo la población rural e incrementando la concentración en algunas ciudades.



Comadre, en este último punto puede usted aplicar todas las soluciones anteriores.
También es importante el estudio de la población de acuerdo con el grupo de edad al que pertenece, ya que en la medida en que la población sea joven, requiere de determinados servicios, como escuelas, hospitales, que hay que proporcionarle.
« Ya le voy entendiendo, comadre: A eliminar a todos los ancianos, que ya vivieron todo lo que tenían que vivir, y del país nada resolvieron. »

Este tema es muy extenso, comadre, pero no quiero que me tachen de ignorante (A pesar de mi intolerancia a la paridera antes mencionada), por eso, en una segunda parte del tema, trataremos: “El Desarrollo económico y social del país” O sea, de México, pues.




Investigación y Artículo por:
Karla Nerea Valencia