14.9.12

México sentenciado


 “Hemos sido sentenciados por el Tribunal Federal Electoral, sin derecho a fianza, a seis años de regresión, opresión, corrupción y trabajos forzados, y esto significa, para nosotros, los que no estamos de acuerdo con la sentencia, una lucha social sin cuartel para defender una democracia que se desmorona, un patrimonio que desaparece, una soberanía que se remata al mejor postor y una dignidad nacional que se avasalla, frente a los embates de la corrupción y el entreguismo, hechos poder.”




Dijo Jiménez Espriu
ante el Zócalo atestado:
pueblo de México, tú
acabas de ser juzgado.

Con muy perversa actitud
te sentenció el tribunal
a sufrir esclavitud
por un plazo sexenal.

En su total indecencia
te ponen, los magistrados,
a sufrir de más violencia
entre trabajos forzados.

Se basó en una elección
ganada a punta de tranza
esta inmunda decisión
que no da derecho a fianza:

democracia derrumbada
soberanía vendida,
economía saqueada
y libertad abolida:

la patria toda, golpeada,
vendida al mejor postor
desde una silla ocupada
por un nuevo usurpador.”

El gran universitario
dibujó este panorama,
mas por suerte hay un ideario
que a salvar al país llama:

es el exhorto a luchar
en forma firme y serena
pero también a avanzar
en la causa de Morena.

No pasará esta sentencia
del infame tribunal
si el pueblo, con su experiencia,
va al rescate nacional.

Oligarcas saqueadores
con intenciones perversas,
políticos vividores,
ya mediremos las fuerzas.

Frente a sus medios mendaces
ya tenemos nuestras redes.
Verán que son más capaces
que los consorcios de ustedes.

Y aunque mucho nos tardemos
y cueste mucho trabajo,
un día los mandaremos
derechito hacia el carajo.

11.9.12

La fase terminal
y lo que sigue


En el campo de la audacia hubo algunos desilusionados –quizá muchos– que lo menos que esperaban de López Obrador un llamado a derrocar al régimen. En el campo opuesto, el de la prudencia, más de alguno habrá sentido repelús ante el llamado del tabasqueño a la resistencia y a la desobediencia civil, aunque sea pacífica y sin afectar a terceros. Hubo algunos que, aferrados a un espíritu de unidad a toda costa, lamentaron el deslinde definitivo – también “pacífico” y con buenos modales– con respecto al PRD.

Pero entre las tareas básicas de un dirigente está la de escudriñar la disposición mayoritaria o, cuando menos, el estado de ánimo promedio, cotejarlos con los datos de la realidad y diseñarles cauces, y da la impresión de que López Obrador lo hizo muy bien. Salvo prueba en contrario, el país no está para encajar resignadamente el nuevo agravio –la imposición de Peña Nieto en la presidencia, descrita con cruda precisión por Javier Jiménez Espriu como una “una sentencia sin derecho a fianza a seis años de regresión, opresión, corrupción y trabajos forzados”– pero tampoco está como para tomar por asalto el Palacio de Invierno. Claro que con décadas de ofensas acumuladas en el trayecto Salinas-Peña puede ocurrir un estallido social generalizado pero no se puede saber si ocurrirá o no, ni cuándo, ni si tomará la forma de una revuelta ciudadana contra el poder al estilo egipcio.

Ante la incertidumbre, lo correcto es dar una vía de acción concreta, sustentable y de largo alcance a la rabia y a la voluntad de cambio multitudinarias, aunque se tenga la convicción de que “el actual régimen está en su fase terminal”, una consideración fundamental que, se esté de acuerdo con ella, o no, ha sido poco retomada del discurso de AMLO.

Lo que sigue: la lucha contra la imposición, consumada o no, tiene sus propios ritmos y reclama sus propias modalidades de coordinación y dirigencia que no pueden ni deben ser asumidas en condición protagónica por López Obrador ni por Morena: los actores sociales de esa gesta tiene, en conjunto, una presencia mucho mayor que la del lopezobradorismo, pero los une un propósito a fin de cuentas coyuntural. En cambio, para la organización política que se ha venido configurando alrededor del tabasqueño el objetivo es una transformación nacional que no se agota en la disputa por la presidencia ni, tampoco, por consiguiente, en la lucha contra una presidencia.

El gran desafío de Morena no es impedir que Peña tome posesión sino dar coherencia a sus acciones en las dos vías de acción que se ha planteado: la institucionalidad política y la resistencia social. Por eso es tan importante el debate ya en curso, de cara al congreso de noviembre, sobre la modalidad que debe adoptar el movimiento: mantenerse como está o buscar el registro como partido político. En esta perspectiva, cae por su propio peso que el objetivo inmediato, además de la definición organizativa propia, es detener las “reformas” impulsadas por el priísmo en los terrenos laboral, hacendario y energético. El freno a tales reformas sería equivalente a introducir un desarmador en los rayos de la rueda de una bicicleta en movimiento y colocaría al próximo gobierno oligárquico bajo una presión acaso insostenible.

Ciertamente, este horizonte puede parecer anticlimático y exasperante ante el tamaño del hartazgo por los agravios, los atropellos y la insolencia de los poderes de facto. Es bueno reflexionar, por eso, sobre el diagnóstico de la fase terminal del régimen. Si es certero, de la sociedad depende que esa fase dure semanas, meses, años u otra década.

9.9.12

“Ahora es el momento de
hablar sobre lo que sigue”



Versión estenográfica del discurso de Andrés Manuel López Obrador pronunciado el 9 de septiembre de 2012 en asamblea informativa en el Zócalo de la Ciudad de México.

Amigas y amigos:

Como todos sabemos, el Tribunal Electoral decidió validar la elección presidencial a pesar de las evidentes violaciones a la Constitución y a las Leyes.

Muy poco tengo que decir sobre lo torcido del proceso electoral porque casi todo es de dominio público. Si acaso subrayo, aunque tampoco es novedad, que se violó el artículo 41 de la Constitución que establece que las elecciones deben ser libres y auténticas.

El distintivo de esta contienda fue el uso del dinero a raudales para comprar millones de votos. En los hechos, el candidato del PRI rebasó por mucho, los topes de gastos de campaña que establece la ley y, aunque se demostró el uso de dinero de procedencia ilícita, prevaleció el cinismo y la impunidad.

Tampoco hubo equidad en la actuación de los medios de comunicación. Por el contrario, la mayoría de los periódicos, la radio y, sobre todo, la televisión, en especial Televisa y Milenio, se convirtieron en los principales patrocinadores de Peña Nieto.

Ante estas violaciones, las autoridades electorales siempre se hicieron de la vista gorda. Los Consejeros del IFE y los Magistrados del TRIFE demostraron que son personajes sin convicciones, acomodaticios, seleccionados a modo para formar parte del engranaje del régimen antidemocrático que predomina.

Se podrá replicar que esto ya lo sabíamos y que a pesar de ello, decidimos participar en la contienda. Sin embargo, puedo argumentar que siempre debe intentarse la transformación por la vía pacífica y electoral. Respeto otros puntos de vista, pero no considero a la violencia como alternativa. Pienso que produce más sufrimiento y se terminan imponiendo con mayor facilidad quienes no tienen la razón, pero cuentan con la fuerza para reprimir. La violencia en vez de destruir al régimen autoritario lo perpetúa.

Al mismo tiempo, mantengo la convicción de que, aún en condiciones adversas, enfrentando a los poderes más siniestros, se pueden lograr cambios profundos siempre y cuando exista una voluntad colectiva dispuesta a ejercer a plenitud sus derechos y a no permitir ningún régimen de opresión. Sostengo que cuando el pueblo decide ser dueño y constructor de su propio destino, no hay nada ni nadie que pueda impedirlo.

Pero este proceso virtuoso de toma de conciencia y participación ciudadana, no es fácil de lograr. Lleva tiempo, requiere de mucho trabajo educativo con la gente y de predicar con el ejemplo; exige temple, convicciones y perseverancia.

Quienes estamos en esta causa, debemos saber que llegar al gobierno para mantener el régimen dominante es relativamente fácil, pero el triunfo de la justicia sobre el poder implica fatigas y confrontación política. Los procesos de cambios estructurales suelen ser lentos y complicados, pero son indispensables y gloriosos.

Basta con recordar la historia: Hidalgo proclamó la abolición de la esclavitud y ese anhelo de justicia se hizo realidad un siglo después. Las reformas liberales se consumaron luego de 30 años de cruentas luchas internas y de invasiones extranjeras. En 1910, Francisco I. Madero convocó al pueblo a la Revolución para derrocar a la dictadura porfirista con el lema del Sufragio Efectivo y, aún cuando se avanzó en la atención de demandas sociales, todavía no hay democracia en México.

De modo que no es sencillo lograr una transformación pacífica y profunda como la que nosotros queremos y necesita el país. Hay que enfrentar intereses creados muy poderosos que se oponen de manera rotunda a perder sus privilegios.

Los defensores del régimen de corrupción imperante, como lo vimos en las recientes elecciones, utilizan todo su poderío: sus medios de comunicación, sus relaciones de complicidad y, sobre todo, cuantiosos recursos económicos. A esa prepotencia hay que agregar, y eso es lo que más les ayuda, el atraso político y la pobreza extrema que se padece en el país.

Tenemos que aceptar que todavía hay muchos mexicanos, de todas las clases sociales, susceptibles al engaño y a la manipulación. Están, por ejemplo, y lo digo de manera respetuosa, quienes en las pasadas elecciones decidieron no apoyarnos porque creen en las vulgaridades y calumnias que difunden de nosotros los voceros de los dueños de los medios de información.

Sin embargo, no fue la desorientación lo que más influyó para impedir el cambio de régimen, en esta ocasión, lo determinante fue el uso del dinero para traficar con la pobreza de la gente. Ya hemos visto cómo Peña Nieto, con sus patrocinadores y cómplices, obtuvieron la mayoría de los votos en el medio rural y en las colonias marginadas del país.
No se trata de juzgar a quienes por necesidad venden su voto. La perversidad es de aquellos que, valiéndose del hambre y de la miseria, compran la voluntad de los desposeídos.
Esta es, sin duda, la mayor inmoralidad que se registró durante la elección presidencial y, al mismo tiempo, este es el gran desafío que tenemos por delante, porque si no hacemos nada para contrarrestar esta práctica inhumana y corrupta, nunca habrá una auténtica democracia en nuestro país.

Permitir a los poderosos que, encima de empobrecer al pueblo, se beneficien electoralmente de sus carencias, es aceptar que se instaure un sistema de esclavitud moderna en el que, entre más miserable y debilitado se mantenga al pueblo, menos esfuerzos serán necesarios para oprimirlo. En otras palabras, tolerar este retroceso significa dejar que los pobres se conviertan en peones y que haya amos que les compren su libertad.
Enfrentar esta infamia es una razón más para seguir adelante. Aquí es oportuno recordar que luchamos por ideales, no por cargos. Por más que nos haya dolido este nuevo fraude, no debe haber motivo para el desaliento y la rendición. Por el contrario, debemos sentirnos orgullosos de tener la encomienda de regenerar la vida pública y lograr el renacimiento moral de México.

Además, hay que tomar en cuenta que, en poco tiempo, hemos avanzado mucho. Nuestro movimiento ha contribuido a cambiar la mentalidad de amplios sectores del pueblo de México. Hemos puesto al desnudo al actual régimen con sus formas de control y manipulación. Se ha hecho evidente que el PRI y el PAN representan lo mismo. Que no hay diferencia entre Elba Esther Gordillo, Carlos Salinas, Ernesto Zedillo, Vicente Fox, Diego Fernández de Cevallos, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto. Ahora se sabe más sobre los que verdaderamente mandan y hay más claridad sobre su proceder y avaricia.

Esto ha sido, estimo, la mayor aportación social y política de nuestro movimiento. 

Tengamos presente que no se puede cambiar lo que no se conoce y lo que bien se comprende, difícilmente se olvida.

Fruto de este trabajo de concientización es el despertar de muchos ciudadanos de las clases medias, que en las pasadas elecciones por primera vez nos dieron su respaldo. Aquí aprovecho para mandarles el mensaje de que nunca traicionaremos su confianza.
Somos testigos, también, del surgimiento del movimiento estudiantil de nuestro tiempo, el #YoSoy132. Estos jóvenes han sabido estar a la altura de las circunstancias, han levantado el orgullo de muchos otros y les han dado poderosas razones para luchar por el derecho a la información, la justicia y por la democracia. Es un movimiento limpio, auténtico, independiente y creativo. Al grado que podemos proclamar que ya se tiene relevo generacional.

Abro un paréntesis para reconocer que hubo ciudadanos de todos los sectores que nos ayudaron a convencer a empresarios y a integrantes de clases medias, que debido a las campañas de desprestigio, mantenían una mala imagen de nosotros. Solo menciono, por no poder hablar de todos, a Alfonso Romo, Demián Bichir, León Larregui, Epigmenio Ibarra, Luis Mandoki, Manuel Clouthier, Dolores Heredia, Tomás López Rocha, Paco Ignacio Taibo, Lorenzo Rojas Guzmán y María Antonieta Laso. También va a quedar para la historia el gabinete que presentamos, por la honestidad y experiencia de las personas que propusimos: Marcelo Ebrard, Rogelio Ramírez de la O, Juan Ramón de la Fuente, Claudia Sheinbaum Pardo, Javier Jiménez Espriú, Fernando Turner, Adolfo Hellmund López, María Luisa Albores, René Drucker Colín, Víctor Suárez Carrera, Sergio Rodríguez Cuevas, José Agustín Ortiz Pinchetti, Genaro Góngora Pimentel, Miguel Torruco Marqués, Raquel Sosa Elízaga, Bertha Elena Luján Uranga, Bernardo Bátiz Vázquez, Manuel Mondragón y Kalb, Elena Poniatowska Amor, Jorge Eduardo Navarrete López y el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano.

En contraste, ya estamos viendo que en el gobierno de Peña Nieto ocuparán los puestos más altos, los hombres y las mujeres del más bajo nivel moral.

Pero, sobre todo, agradezco a los cerca de 16 millones de mexicanos, que expresaron con su voto su firme decisión de abolir el actual régimen de corrupción, injusticias y privilegios. Estoy seguro que, aún con los resultados oficiales, están satisfechos por haber actuado con dignidad y decoro, y no formar parte del mundo de la sumisión y del conservadurismo.

A todos les digo que nadie se desanime, que no debemos decir adiós a la esperanza. Tengo elementos para afirmar que el actual régimen está en su fase terminal, ya caducó; carece de consenso. La mayoría de los mexicanos no lo respalda, aunque muchos no lo expresen abiertamente. Baste decir que a pesar de tratarse del supuesto regreso del PRI a Los Pinos, la gente no festejó, al contrario, hay duelo nacional. El pueblo tiene un instinto certero y sabe que por desgracia nada bueno se puede esperar, que continuará el empobrecimiento, la corrupción, la inseguridad y la violencia.

A los hombres del régimen solo les queda el dinero y el aparato de manipulación y de fuerza. Pero el dinero no lo es todo, no es Dios, deja de dominar en la medida en que la gente va tomando conciencia. Ahí está el ejemplo de millones de pobres que, a pesar de sus necesidades, no vendieron su voto.

Asimismo, el control que ejercen los potentados a través de los medios de comunicación es, cada vez, menos determinante. El caso Peña Nieto es un ejemplo; pensaron que bastaba con la publicidad, con lo mediático y no les resultó, tuvieron que recurrir a la compra de voluntades. Y, en cuanto al uso de la fuerza, es cosa de no caer en ninguna provocación y no olvidar lo que dijo Talleyrand a Napoleón: “Las bayonetas sirven para todo, menos para sentarse en ellas”.

De modo que, ánimo, es poco lo que falta. Uno, dos, tres, seis años, una década, son como un suspiro, representan un abrir y cerrar de ojos en la historia nacional. Quienes luchamos por una transformación que servirá a varias generaciones, debemos aprender a medir el tiempo de un modo distinto. No nos debe preocupar tanto, cuanto dure consumar la obra de transformación. Lo importante es no dejar de caminar hacia ese ideal. Si tenemos la fuerza necesaria para resistir, veremos el triunfo de nuestra causa y, en cualquier circunstancia, habremos ayudado mucho a quienes vienen detrás de nosotros para lograr el cambio anhelado.

Amigas y amigos:

Por estar concentrado en la defensa de nuestro juicio de inconformidad para demandar la invalidez de la elección presidencial, no respondimos a las interrogantes en cuanto al futuro de nuestro movimiento, pero ahora es el momento de hablar sobre lo que sigue.

Empiezo con lo obvio: diciendo que lucharemos hasta alcanzar el objetivo superior de transformar a México.

Con mucha claridad, hace unos días expresé mi rechazo al fallo del Tribunal Electoral que declaró válida la elección presidencial. Dije que nunca vamos a jugar el papel de paleros del régimen antidemocrático. Por el contrario, lucharemos siempre por abolirlo.

Considero que haríamos mal en darle vuelta a la página, como si nada hubiese pasado. Sería tanto como prestarnos para dejar cancelada, en los hechos, la vía democrática.

En consecuencia, reitero, no voy a reconocer a Peña Nieto como presidente legítimo de México.

Esta postura forma parte, como aquí se ha dicho, del plan de desobediencia civil, que incluye el compromiso de seguir luchando bajo el principio de la no violencia, sin caer en provocaciones, sin afectar a terceros y, sobre todo, de oponernos por medios pacíficos a la aplicación de las llamadas reformas estructurales como la laboral, la fiscal, la energética y todas aquellas medidas que se tomen en contra de los intereses del pueblo y de la nación.
También debe quedar de manifiesto que vamos a proteger a los jóvenes, a los luchadores sociales y a cualquier ciudadano u organización que padezca del acoso del régimen autoritario. No permitiremos la violación de los derechos individuales y colectivos de los mexicanos.

Vamos a seguir trabajando en el fortalecimiento del Movimiento Regeneración Nacional, MORENA. El día de hoy, se ha dado a conocer la convocatoria para elegir a los órganos de dirección en los estados, así como al Consejo y al Comité Ejecutivo Nacional de MORENA.

Además, en los congresos distritales que se celebrarán a partir del día 12 de septiembre, entre todos decidiremos, de manera democrática, si MORENA continúa como asociación civil o se constituye en partido político. En lo que a mí respecta, voy a participar el 15 de septiembre como delegado efectivo en la asamblea donde me corresponde, en Copilco, de esta ciudad. Invito a todos a que sean parte de los 125 mil delegados que participaremos en los 300 congresos distritales que se llevarán a cabo en todo el país. También informo que asistiré del 10 de octubre al 11 de noviembre a los 32 congresos estatales y, desde luego, estaremos presentes en el congreso nacional que celebraremos el 19 y 20 de noviembre.
De modo que lo primero será consolidar la organización interna de MORENA, manteniendo el carácter de movimiento amplio, plural e incluyente. Es decir, MORENA continuará siendo un espacio abierto a todos los ciudadanos, corrientes de pensamiento y clases sociales.

MORENA seguirá sembrando ideas y haciendo conciencia. Fortaleciendo valores culturales, morales y espirituales. En esta nueva etapa se pondrá énfasis en la formación política de los jóvenes. Se mantendrá el periódico Regeneración y se continuarán usando las redes sociales para difundir nuestro proyecto, fijar posiciones y contrarrestar la propaganda de los medios de información al servicio del régimen.

Con MORENA defenderemos a los que sufren injusticias, protegeremos a los débiles y cuidaremos el patrimonio nacional, herencia de las futuras generaciones. Y hay algo en especial que evitaremos con toda nuestra fuerza: la privatización del petróleo. Adelanto que nos opondremos a cualquier reforma al artículo 27 Constitucional, para entregar el petróleo a particulares, nacionales y extranjeros.

Amigas y amigos:

En lo que a mí corresponde, en esta nueva etapa de mi vida, voy a dedicar toda mi imaginación y trabajo a la causa de la transformación de México. Lo haré desde el espacio que representa MORENA, por esta razón me separaré de los partidos del movimiento progresista.

No se trata de una ruptura, me despido en los mejores términos. Me separo de los partidos progresistas con mi más profundo agradecimiento a sus dirigentes y militantes.
Agradezco todo el apoyo que recibí de militantes y dirigentes del partido Movimiento Ciudadano, antes Convergencia.

Estoy obligado a decir que en los momentos más difíciles, siempre contamos con el respaldo decidido de militantes y dirigentes del Partido del Trabajo, del PT, en particular, de su dirigente, Alberto Anaya.

Agradezco, en especial, a los militantes y dirigentes del PRD, partido en el que me tocó participar desde su fundación, del cual fui dirigente y en el que milité durante estos últimos 23 años. Tengo en el PRD muchos amigos, que en todo momento me dieron su confianza y respaldo y, en correspondencia, considero que les di lo mejor de mí y los representé con entrega y dignidad. Estamos a mano y en paz.

Estoy seguro que esta decisión ayudará a renovar y a fortalecer al movimiento progresista. Además, siempre que se trate de la defensa del pueblo, del patrimonio nacional y de luchar por la transformación del país, estaremos dispuestos a caminar juntos y llegaremos a acuerdos para actuar como una sola organización.

Amigas y amigos:

Iniciamos una nueva etapa. Vamos a recomenzar porque así lo exigen las circunstancias. Hagámoslo con el mismo entusiasmo de siempre. Sigamos despertando y organizando a los ciudadanos. Que no nos angustie y detenga el qué dirán nuestros adversarios. Lo más importante es sentirnos bien con nosotros mismos, con nuestras conciencias y con el prójimo.

Comparto con ustedes mi experiencia, que es semejante a la de muchos otros luchadores sociales. Llevamos años batallando, trabajando con intensidad, avanzando y recibiendo reveses. Hemos aprendido que, aun en condiciones adversas, con el predominio del régimen antidemocrático, se va avanzando en la creación de conciencia, en la organización del pueblo y en la conquista de espacios políticos.

Una prueba de ello, por solo poner un ejemplo, es el triunfo del movimiento progresista en Tabasco. Es memorable que este año a pesar del caudal de dinero utilizado para la compra de votos y otras trampas, el pueblo de mi tierra y de mi agua dijo basta y se pudo ganar la gubernatura del estado, luego de 80 años ininterrumpidos de gobiernos priistas.

Esta experiencia es, repito, una prueba de que se pueden ir obteniendo victorias parciales, al mismo tiempo que se van creando las condiciones para alcanzar el hermoso ideal de ver triunfar la justicia sobre el poder.

La fórmula es luchar, resistir, no claudicar, avanzar, caer y levantarse, recomenzar y así, hasta la victoria final.

Todo depende de no perder la fe o desmoralizarse, de comprender que los procesos de transformación son tardados pero sublimes; hacernos a la idea de asumirlos como forma de vida porque hasta en lo personal producen dicha y grandeza. Es decir, podemos ser felices si dedicamos nuestra existencia a procurar el bienestar y la felicidad de otros. Además, la vida es demasiado corta para desperdiciarla en cosas que no valen la pena.

Amigas y amigos:

Créanme que estoy consciente del coraje, el desánimo, la impotencia y malestares del alma que sienten millones de mexicanos luego de este nuevo fraude electoral. Pero debemos superar todas estas tristezas y decepciones, pensando que nada es en vano, hasta en las peores circunstancias, nuestra noble labor significa limpiar el camino a las futuras generaciones, a nuestros hijos, a nuestros nietos, es promover la aurora, la llegada de una nueva vida, de una patria nueva, del reino de la justicia y del humanismo.

Y a los dirigentes sociales y políticos de nuestro movimiento, les recuerdo que debemos guiarnos por valores más elevados que nuestros propios intereses personales. Aunque a algunos les pueda parecer una utopía, nada se puede hacer sin ideales.

Cuando pensemos que no se puede, recordemos que Hidalgo enseñó que “el pueblo que quiere ser libre lo será, que el poder de los reyes es demasiado débil cuando gobiernan contra la voluntad de los pueblos”.

Y cuando no tengamos lo suficientemente claro los motivos de nuestra lucha, no olvidemos las palabras de Morelos, cuando les dijo a sus allegados: “Quiero que hagamos la declaración de que no hay otra nobleza que la de la virtud, el saber, el patriotismo y la caridad; que todos somos iguales, pues del mismo origen procedemos; que no haya privilegios ni abolengos. Que todo el que se queje con justicia tenga un tribunal que lo escuche, lo ampare y lo defienda contra el fuerte y el arbitrario. Que como la buena ley es superior a todo hombre, las que dicte nuestro Congreso deben de ser tales a que obliguen a constancia y patriotismo, moderen la opulencia y la indigencia, y de tal suerte se aumente el jornal del pobre, que mejore sus costumbres, alejando la ignorancia, la rapiña y el hurto. Que se eduque a los hijos del labrador y del barretero, como a los del más rico hacendado y dueño de minas”.

Y cuando necesitemos fortalecer nuestras convicciones, emulemos a Juárez cuando decía “que el enemigo nos venza o nos robe, si tal es nuestro destino; pero nosotros no debemos legalizar un atentado entregándole voluntariamente lo que nos exige por la fuerza”.

Y cuando nos falte idealismo, pensemos en ese extraordinario luchador social, Ricardo Flores Magón, que decía: “Cuando muera, mis amigos quizá escriban en mi tumba: ‘aquí yace un soñador’, y mis enemigos: ‘aquí yace un loco’. Pero no habrá nadie que se atreva a estampar esta inscripción: ‘aquí yace un cobarde y un traidor a sus ideas’”.

Por todas estas consideraciones, aquí, en el Zócalo, corazón político y cultural de la República, decimos a los cuatro vientos que no claudicaremos. Que con la misma fe de siempre, vamos de nuevo a entregarnos al fecundo trabajo de despertar a los que faltan para que todos juntos logremos el renacimiento de México.

¡Viva México!

¡Viva México!

¡Que reviva México!

Ciudad de México 9 de septiembre de 2012
(Tomado de RedPuenteSur)

8.9.12

El salario del miedo


Parece ser que los votos comprados a favor de Peña Nieto costaron más: de 500 a mil pesos, aunque en algunas regiones particularmente miserables algunos ciudadanos vendieron los suyos en 300 o menos. Pero ya no estamos en junio sino en septiembre y ahora no se necesitaba de sufragios sino de miedo, y éste salió mucho más barato: 400 pesos, han dicho unos que fueron detenidos en Iztacalco cuando sembraban el pánico mediante perifoneo. Tal vez estos individuos sean de los que en tiempos normales, si es que aú puede hablarse de tal cosa, se ganan la vida anunciando tamales oaxaqueños deliciosos y calientitos o pregonando “se compran, estufas, lavadoras”, etc., y no vieron nada de malo en cambiar la grabación por una sobre el anuncio de la llegada inminente de los bárbaros de Antorcha Campesina.

¿Quién necesita miedo en el país, particularmente en sus zonas más indómitas? La respuesta es tan obvia: el priísmo rampante al que ya nadie le tiene miedo.

Tal vez en tiempos tan pretéritos como 2006 Peña creyó que podría construir su atractivo principal en la mano dura, una cualidad que por entonces resulaba bien apreciada por las clases medias medrosas. A fin de cuentas, las maneras rudas de gobernar –por decirlo en forma poco ruda– han sido características del Grupo Atlacomulco. Acuérdense del lema de campaña del tío Montiel: “los derechos humanos son para los humanos, no para las ratas”. Puede ser que en algún momento del camino hasta 2012 el sobrino bonito haya terminado por creer que le bastaba con el aplastante glamour televisivo para ganar la elección, pero ese glamour se le cayó desde diciembre del año pasado, y para mayo del presente Peña era ya el ejemplo más descarnado de un candidato sin atributos. Por eso hubo que recurrir a la adquisición masiva de sufragios que desfiguró la elección hasta el punto de convertirla en ilegítima a ojos de casi todo mundo, salvo los de las autoridades electorales, quie no vieron nada.

Lo que necesita Peña ahora, en estas larguísimas semanas que lo separan de la silla presidencial, es que la gente tenga miedo; echar atrás la grabación para instalar a México en los momentos más horribles de 2010, por ejemplo, cuando medio país clamaba por alguien que pusiera orden y nos salvara de la ineptitud necrofílica de Calderón, ese que dice que más muertos es sinónimo de vivir mejor. Pero de entonces a la fecha han pasado muchas cosas. Por ejemplo, el estallido de ira ciudadana que encabezó –y dilapidó– Javier Sicilia, o la cosecha de los frutos organizativos sembrados por el lopezobradorismo, o el derrumbe autoinfligido de la imagen del propio Peña, o la portentosa primavera de #YoSoy132.

El problema de Peña es que la gente ya no tiene miedo, sino un encabronamiento cada vez mayor que se ahonda a cada nuevo agravio del poder: la abierta parcialidad del IFE, la consumación del fraude, en julio, y su legitimación, hace unos días. O el inocultable pacto de alternancia bipartidista entre el PRI y el PAN, que echa por tierra cualquier ilusión de democracia.

Nadie puede gobernar por mucho tiempo por medio de la violencia pura y dura. El mecanismo perdurable de gobierno no es el recurso a las armas sino el miedo que éstas provocan. Las armas o el antorchismo, brazo semi armado de la mafia tricolor, que de todos modos tiene otros, y más profesionales.

“Ténganme miedo”, parece implorar Peña en el subtexto de los pregones que recorrieron el oriente del valle de México y cuya onda expansiva de alarma se hizo sentir hasta las zonas altas del occidente. Sí: el reparto de sobrecitos con 400 pesos cada uno rindió el efecto deseado, en lo inmediato, pero cabe dudar que el miedo generado contribuya a asfaltar el camino de Peña a la presidencia. Por el contrario, da la impresión de que la sociedad lo tomará como un agravio adicional a los muchos ya perpetrados por el empeño de restauración jurásica.

En lo inmediato, una lectura: la que está pasando mucho miedo en estos días es la cúpula priísta. Tanto que se siente forzada a organizar tonterías y canalladas y a agitar ante el pueblo el espantajo de sus bárbaros, con la esperanza de endosar su propio miedo a una sociedad que ya es, a estas alturas, su principal adversario.

7.9.12

“Bonito tu cascabela
y otras paragogias




La versión en cacle-cacle indica lo siguiente:

Se denomina paragoge al metaplasmo que consiste en agregar un fonema o más, etimológico o no y por lo general una vocal, al final de un vocablo. Se denomina también epítesis.

A ver: (casi) todo mundo conoce aquella flor del Romancero que narra el desamor de Moriana por el Moro Galván, o Morán, quien sólo lograba conseguir de ella premios desabridos:

Moriana en un castillo
juega con moro Galván;
juegan los dos a las tablas
por mayor placer tomar.
Cada vez que el moro pierde
bien perdía una ciudad;
cuando Moriana pierde
la mano le da a besar.


Pero Busquets i Grabulosa lo transcribía con la grafía antigua:

Moriana en un castillo
juega con moro Galvane.
Juegan los dos a las tablas
por mayor plazer tomare;
cada vez que el moro pierde,
él perdía una ciudade,
cuando Moriana pierde
la mano le da a besare...

y anotaba que “el fenómeno de la llamada -e paragógica puede responder, en ocasiones, al deseo de eliminar la rima aguda. Consiste en una -e añadida a la última sílaba del verso (han-e, están-e, feliz-e...), con lo que se logra la igualación silábica, si hace falta, o una rima llana siempre más de acuerdo con las tendencias constantes de la poesía española”.

No hay misterio: el español es un idioma preponderantemente grave y los hispanohablantes tenemos el oído habituado a las palabras que llevan el acento (ortográfico o sólo prosódico) en la penúltima sílaba. Los vocablos agudos generan, por ello, una suerte de resonancia adicional. Por eso los versos que terminan en palabra aguda han de tener una sílaba menos, a fin de dejar espacio a esa sílaba fantasma  que ha de ser algo semejante a la “memoria del miembro ausente” que sufren los amputados, pero en chiquito y menos terrible. Pero algunos oídos no se sienten a gusto con los fantasmas o las evocaciones sonoras, y para ellos lo indicado es agregar una vocal: la vocal paragógica.

Descubrí con sorpresa que la vocal paragógica se encuentra también en algunas interpretaciones de son jarocho, como en esta preciosa versión del Cascabel tocada y cantada por el querido Antonio García de León:

Bonito tu cascabel,
vida mía, quién te lo dio;
vida mía, quién te lo dio,
bonito tu cascabela.

A mí no me lo dio nadie,
mi dinero me costó:
el que quiera cascabel
que lo compre como yoa.



Fragmentos de un berrinche amoroso



Foto de Poky Alejandro Zertuche (Eterno siluacro de una realidad ficticia), tomada de MTY Peformance - Art


“El Preso Número Nueve era un hombre muy cabal: iba en la noche del duelo muy contento a su jacal pero al mirar a su amor en brazos de su rival sintió en el pecho un dolor y no se pudo aguantar” las ganas de matarlos, y los mató. Se supone que fue capturado (o más bien se entregó por su propia voluntad), fue sometido a juicio y condenado a muerte, pero esas partes de la historia no salen en la canción. Ésta retoma la narración cuando el protagonista se confiesa con el cura del penal, momentos antes de que se lo lleven al paredón. De hecho, la abracadabrante rola cuenta lo que ocurre en esos instantes, y los antecedentes los entrega en un flash back. El asesino le dice al cura que no se arrepiente, que si tuviera la oportunidad de volver su vida haría exactamente lo mismo que hizo (o sea que no se rehabilitó en la cárcel), no se muestra atemorizado ante la muerte (él la llama “la eternidad”) y dice estar consciente de que será juzgado por Dios. 

Lo más tremebundo de la historia es que el personaje no sólo está seguro de haber hecho lo correcto sino que se manifiesta de acuerdo con su destino –es decir, con la perspectiva de morir fusilado dentro de un ratito– porque eso le permitirá “seguir los pasos” de los adúlteros e ir “a buscarlos al más allá”. A partir de ese punto ya no queda la menor duda de que el tipo se está meando fuera de la bacinica y que está llevando las cosas demasiado lejos. ¿Pero qué se ha creído éste? ¿Que es dable escenificar una riña de cantina en el incierto reino de la muerte? ¿Que la violencia doméstica está permitida en El Estigia? ¿Que en el Infierno le darán el gusto de patear a su cónyuge y de seguir apuñalando al amante de ésta por los siglos de los siglos?

A primer golpe de vista nuestro Preso Número Nueve es un empecinado con blindaje nivel 7, pero podría tratarse de una mera apariencia. Es posible que en el fondo no sea tan “valiente” como lo hace aparecer la canción (perdón por las comillas, pero el adjetivo es casi insostenible) y que esa ira gastada e inverosímil sea un clavo ardiente al que se aferra para no entrar en pánico, toda vez que está punto de pasarle algo más bien espantoso: unos tipos van a perforarle el cuerpo y le arruinarán, para siempre y rapidito, los tubos por los que pasan la sangre, los alimentos, el aire y los impulsos nerviosos, y con ello lo borrarán del mundo.

Ante ese destino inmediato tan indeseable, él opta por inventarse una misión importantísima para después de que se haya terminado todo por la simple razón de que es capaz de procesar su propio final. Es muy de hombres eso de seguir defendiendo el honor constante más allá de la muerte y también es muy de hombres no orinarse ni babear frente al pelotón de fusilamiento, así que, tras matar a los amantes infieles, el Sr. Nueve mata otros dos pájaros de un tiro: se fabrica un destino para después de que lo maten y con ello se distrae lo suficiente como para salvar las apariencias y mostrar sangre fría. O bien: nuestro héroe no pudo controlar su berrinche al descubrir que no era la única pareja sexual de su mujer y perpetró doble homicidio. Ahora, para dominar su berrinche ante la muerte, opta por asimilarla como parte de un mal trago necesario para trasladarse a donde están los muertos y volverlos a matar, o a rematar, o a hacer con ellos quién sabe qué.

No se quiera encontrar aquí un solo argumento a favor de la censura en cualquiera de sus modalidades pero concédase que, al lado de este portento, los narcocorridos, perseguidos y vetados en varias entidades y municipios de la república, son ositos de peluche. En todo caso, téngase al Preso Número Nueve como ejemplo sublime de la hipocresía oficial: los mismo funcionarios que fraguan leyes y reglamentos contra la épica menor de San Malverde no encuentran empacho en entonar, en cuanto se les empiezan a subir los tequilas, esta preciosa pieza de la cultura popular que hace apología explícita del asesinato pasional. Y nos parece normal en cualquiera de sus versiones: desde la muy cantinera que grabaron Los tres caballeros hasta la potentísima de Chavela Vargas, pasando por la voz delicada de Joan Baez:
 Padrei, no me arepientou, y si vuelve nacer yo la vuelvou matar.
No vean tampoco en el título de esta columna afán alguno de minimizar o ridiculizar esas realidades espantosas en las que el impulso amoroso frustrado se convierte en una patada en el tablero y momentos después, en patadas al cuerpo inerte del otro jugador o jugadora, o bien en la programación de un suicidio que deje en el otro una culpa perenne e indeleble. Berrinche no será el término clínico adecuado para esos casos extremos, pero funciona para entender su lógica interna, que empieza con un agravio.

De entrada, si siento amor, ello no es mi responsabilidad sino la de quien me enamoró. Ese otro ser debe, en consecuencia, responder por sus actos. Posee sobre mí un enorme poder: puede transportarme al paraíso, pero puede también convertirme la vida en un infierno. Me ha conquistado, y al hacerlo, ha matado algo en mí. Tal vez la voluntad, tal vez el honor; acaso me ha expropiado el amor propio y lo ha vuelto suyo. Canta Juan Peña, El Lebrijano:


Y esos asesinos / eran los ojos negros / de mi destino.

La mayor parte de las veces, por fortuna, en el curso de los acontecimientos en un berrinche amoroso la sangre no llega al río y las cosas no culminan en funeral sino en ridículo planetario. En expresiones como “el amor de mi vida” y “en la media naranja” se encuentran las semillas del “no puedo vivir sin ti” y del “no puedes vivir sin mí”, que es la que enarbola el Sr. Nueve desde que descubre a la infiel hasta que presenta su boleto al Más Allá al director de orquesta del paredón de fusilamiento.

Cuando la historia comienza con “mi dueña o dueño” puede darse por seguro que acabará en enemistad y rencor, porque “si no puedo vivir sin ti”, entonces “tú eres responsable de mi sufrimiento”. Antes de esa conclusión, el trayecto pasa por las etapas características del proceso de simbiosis entre El Amo y El Esclavo, con todo lo que, a ojos de quien observa la relación desde fuera, es una progresión de disparates; ya saben: “te perdono todo lo que te hice”, o bien “no me obligues a hacerte daño”.

En el mientras, o poco antes del desenlace, es posible que tengan lugar extremos de humillación como el clásico breliano: “déjame volverme la sombra de tu sombra, la sombra de tu perro”, de chantajes como “no me puedes dejar justo ahora que están a punto de operarme de algo”. En el desenlace, un último desahogo atrabiliario: “Y te prohíbo que me extrañes”. Y después, ya en forma póstuma, alguna reflexión ardida: “Para relaciones complicadas ya tengo una con la diabetes.”

5.9.12

Final de cuento de hadas


“… Y que, para resolver aquella terrible situación, las hadas se reunían y, después de darle vueltas y vueltas al asunto, encontraban la solución de firmar una alternancia pactada, y entonces el del Pacífico le entregaba civilizadamente el poder al de la Última Letra, y se reunían en paz y armonía en el mismo corazón del Reino para acordar los detalles de la transición, y hacían una super fiesta muy bonita con trompetas y clarines y bandas presidenciales, y ya luego vivían todos felices para siempre.”

Ahora, váyanse a dormir.

4.9.12

La alternancia mafiosa


No sorprende demasiado la revelación de que en 2006 Felipe Calderón pactó con el PRI la “devolución” de la Presidencia a ese partido en la persona de Peña Nieto.

El dato es consistente con la relación de mutuo beneficio entablada entre Acción Nacional y el tricolor desde 1988, cuando Salinas pudo consumar la usurpación gracias al reconocimiento de los legisladores panistas. En los seis años siguientes habrían de venir las concertacesiones, es decir, las entregas de gubernaturas estatales, al margen de las urnas, a militantes del blanquiazul; el estreno de un panista en el gabinete presidencial (Antonio Lozano Gracia, 1994); la tersa sucesión Zedillo-Fox en 2000; el respaldo de los priístas a la imposición de Calderón tras el fraude de 2006 (ahora ya sabemos con nitidez a cambio de qué) y, en el año presente, la aquiescencia del calderonato y del panismo a una elección inmunda, a la legalización de la inmundicia por el Tribunal Electoral y, seguramente, si es que el resto del país la aguanta, a una toma de posesión moralmente inviable, el próximo 1° de diciembre.

La convivencia entre los dos partidos es, pues, un hecho sostenido que dura ya 24 años y que ha llevado a la sociedad a bautizar a ese régimen bicéfalo con un apelativo evidente: el PRIAN. El PRIAN no es únicamente, desde luego, una alianza política inconfesable sino, antes que eso, un acuerdo de estrategia económica y de sometimiento a las directrices provenientes de Estados Unidos. El PRIAN es la garantía de continuidad del modelo neoliberal, el cual requiere de gobiernos autoritarios, resueltos a violentar las leyes y los derechos y blindados y excluyentes en el ejercicio del poder.

Lo sorprendente, en todo caso, es que la existencia de ese pacto mafioso para una alternancia bipartidista antidemocrática sea tan conocido entre cuadros panistas y que éstos, conociéndolo, no lo hayan denunciado de manera pública y, en algunos casos, se hayan prestado a participar en una campaña presidencial –la de Josefina Vázquez Mota– que, a la luz de este acuerdo, fue una mera simulación.

Ello es significativo de la bancarrota cívica del panismo y de la perfecta improcedencia de buscar alianzas con el blanquiazul para democratizar al país. Esa perspectiva es tan cándida –en el mejor de los casos– como la de aliarse con Drácula para enfrentar al hombre lobo, o al revés. También exhibe, a posteriori, la injusticia de las críticas emanadas de los chuchos perredistas contra López Obrador, cuando éste se oponía a una alianza PAN-PRD en el Estado de México, y era acusado de jugar, de esa forma, para los intereses de Peña. ¿Lo ven? Pues no: quienes trabajaban para enfilar a Peña a Los Pinos eran aquellos con los cuales se pretendía establecer alianzas.

Otra inferencia necesaria es que hoy en día, como en los años 60 y 70 del siglo pasado, quien controla el Ejecutivo sigue teniendo en sus manos un protagonismo tan ilegal como indecente en la decisión central en torno a su sucesión.

La campaña, la elección, la calificación y la confirmación de que el PAN y el PRI son dos logotipos de un mismo programa de dominación oligárquica llevan, finalmente, a una conclusión inevitable: poco o nada puede esperarse de esa formalidad democrática, tan minuciosamente sellada por los poderes mafiosos, para impulsar los cambios de fondo que le urgen al país. En tal circunstancia, la primera transformación necesaria es el desmantelamiento de ese poder anticonstitucional cerrado en sí mismo y cada vez más contrapuesto y hostil a las aspiraciones de sus supuestos representados.


3.9.12

“El que vota por la paga
y el que paga por votar”


“Esos desgraciados que vendieron su voto, su dignidad y el futuro del país por mil pesos o por una tarjeta de Soriana”, etcétera. No sorprende que algunos canalicen su primer golpe de rabia contra los paupérrimos entre los paupérrimos (pobreza alimentaria, déficit de dignidad, insuficiencia de cultura cívica) que fueron utilizados por el régimen oligárquico como carne electoral para enfilar a Peña Nieto a la presidencia.

No sorprende. Pero lastima.

Ciertamente, quienes reaccionan así al megafraude, consumado por el IFE hace un par de meses, y legalizado hace unos días por los siete magistrados del Tribunal Electoral, disponen de más información que quienes accedieron a entregar su boleta electoral a cambio de 300, 500 o mil pesos.. Tienen, desde luego, una concepción más acabada de la perspectiva nacional y de lo que significa, para ella, un nuevo régimen marcado por la ilegitimidad y concebido para prolongar la aplicación del modelo neoliberal y del sistema de saqueo puesto en práctica por la cúpula oligárquica político-mediática y empresarial: mayor concentración de la riqueza; reducción de la propiedad pública a cero; incremento de los márgenes para la corrupción; generalización de las connivencias entre autoridades y criminalidad organizada; multiplicación de la pobreza, la marginación y las insuficiencias educativas y, con ello, la generación de nuevos votantes sobornables.

Es posible, por lo demás, que algunos de los que han descargado su indignación –entendible, compartida, justa– en los electores comprados no sepan, o no tengan en cuenta, que para una persona cuyos ingresos son equivalentes al salario mínimo (es decir, millones de ciudadanos), mil pesos pueden hacer la diferencia entre el hambre y la comida durante una semana o una quincena.

La miseria no sólo es indeseable porque priva a las personas de los bienes y servicios mínimos para una subsistencia digna sino también porque, en muchos casos, la contingencia del estómago contamina otras dimensiones humanas (el sentido del deber y de la integridad, la mirada al futuro, la conciencia de sí y de los demás), coloca la supervivencia en el nivel máximo de las prioridades y relega la dignidad a la condición de producto de lujo.

Claro que hay muchos miserables que se mantienen y se mantuvieron íntegros, así como hubo cosecha de votos comprados en la clase media baja. Es que a veces basta con el pavor a la carencia (o con su recuerdo) para perder el control moral de las acciones propias.

Desde esa perspectiva, y habida cuenta que los vendedores de su voluntad política son producto de este régimen prianista, el condenarlos equivale a criticar a un secuestrado porque pagó el rescate, a un asaltado porque entregó la cartera, a un inimputable porque cometió delitos.

Lo compra de votos para Peña Nieto fue una acción doblemente perversa porque no sólo se perpetró para distorsionar la voluntad popular sino que se realizó también para asegurar que los vendedores de sufragios permanezcan en esa condición en forma indefinida.

Lo hecho, hecho está, y hoy resulta necesario definir el objetivo de las movilizaciones en curso: ¿se trata de impedir que Peña tome posesión o de amarrarle las manos a él y al resto de la clase política para impedir que ahonden, mediante las ominosas “reformas estructurales”, la catástrofe nacional presente? Pero tal vez no esté de más distraer un cuarto de hora de esa tarea fundamental para redimensionar la responsabilidad de los votantes comprados. La crónica que escribí en El Chamuco decía, con perdón de Sor Juana, así:

Ante la pobreza inmensa
que se abate en el país,
cambia uno que otro infeliz
su voto por la despensa
y pregunto, en la defensa
del tipo en particular
si peca, en primer lugar,
y con intención aciaga,
el que vota por la paga
o el que paga por votar.

Fin de la historia


“Y te prohíbo que me extrañes.”