21.11.13

Fechas agitadas


Qué días tan intensos. El norte de Mesopotamia, la remota Jiangsu, en China, el Heraclión cretense, el Firuzabad persa y el puerto de Valparaíso, están arrasados por los sismos grandes de la víspera, en tanto que extensas zonas de Frisia, Groningia y Holanda permanecen bajo las aguas de la marejada que rebasó las dunas costeras. Con los brazos amputados por unos atacantes anónimos, Luis de Valois agoniza en París y El Almirante Colón y sus hermanos han llegado ya a Cádiz, cargados de grilletes, enviados desde las Indias por el ingrato Francisco de Bobadilla. El negro Zumbi dos Palmares, cacique de los cimarrones en el quilombo del mismo nombre, ¡ay!, fue ejectuado en Brasil.

Pero no todas son malas noticias: ayer mismo, en Valencia, salió a la luz Tirant lo Blanc, una novela a la que se augura buen éxito en librerías, por ser la primera en lengua catalana, en tanto que la Corona hubo de promulgar las Leyes Nuevas, inspiradas por el sedicioso Bartolomé de las Casas, y las fuerzas patrióticas argentinas derrotaron a los invasores ingleses y franceses a orillas del Paraná.

Aparte de los terremotos naturales hay que contar con los sociales: en México ha tenido un enorme eco el llamado a la insurrección lanzado ayer a los mexicanos por Francisco Ygnacio Madero desde su exilio en Estados Unidos. Propone, el coahuilense, el establecimiento de una verdadera democracia, un gobierno probo y un reparto agrario que alivie la condición exasperante de los campesinos de su país. Se dice que en el inmenso norte mexicano, e incluso en el sur inmediato a la ciudad capital, algunos caudillos preparan ya contingentes para enfrentarse con las armas a las fuerzas del gobierno. Cuatro años después, pero también ayer, y ya en plena convulsión de la segunda parte de la Revolución Mexicana nació en Santiago Papasquiaro, Durango, un niño que habrá de volverse participante en luchas posteriores y escritor agudo: José Revueltas.

Otras cosas buenas de entre las noticias de ayer, tal como las reflejan los periódicos hoy: en Núremberg han comenzado los juicios contra algunos de los jerarcas nazis que sobrevivieron a la caída del tercer Reich y que fueron capturados en días y meses siguientes; en la capital mexicana, con los polvos de la Revolución ya asentados dese hace décadas, se inauguró el Estadio Olímpico Universitario, en tanto que la Asamblea de las Naciones Unidas aprobó la Declaración de los Derechos de los Niños. Signo de los tiempos vertiginosos que corren, el piloto estadunidense Scott Crossfield, a bordo de un Douglas D-558-2 Skyrocket, voló a una velocidad nunca antes alcanzada por un ser humano: Mach 2, es decir, dos veces la velocidad del sonido.

Por otra parte, hoy nos desayunamos con el infinito alivio de saber que la tensa situación en el Caribe parece llegar a su fin, luego de que el gobierno de Washington se comprometió a no emprender nunca más ataques militares contra Cuba, en tanto que Moscú accedió a retirar los espárragos nucleares que había desplegado en la isla. Por desgracia, páginas más adelante, vimos con horror las fotos de la masacre de My Lai, perpetrada en el lejano Vietnam por los invasores estadunidenses: cientos de civiles, mujeres y niños entre ellos, fueron asesinados por tropas al mando del gobierno que ya encabeza –desde hace cosa de un año– el republicano Richard Nixon.

Preocupan las noticias llegadas de España: el anarquista Buenaventura Durruti ha sido asesinado en Madrid sin que se sepa a ciencia cierta –tal vez nunca se sepa– si los autores de su muerte son agentes de Stalin o sublevados fascistas. Sin relación directa con lo anterior, en Alicante fue fusilado el sublevado José Antonio Primo de Rivera, fundador de la Falange e hijo primogénito del dictador Miguel de los mismos apellidos. Se teme que con su ausencia el cabecilla de la subversión contra la República, Francisco Franco, pueda ejercer un poder sin contrapesos.

Ayer pasaron tantas cosas. Pero habría que hablar también de las que ocurrieron hoy, 21 de noviembre, desde la culminación de los trabajos reconstructivos del Templo de Jerusalén por Judas Macabeo, hasta la pavorosa explosión que se ha cobrado la vida de un centenar de mineros en la provincia china de Heilongjiang. En todas las latitudes y logitudes la minería sigue siendo, como desde hace siglos, un trueque de oro por muerte, de riqueza por miseria, de lujo y bonanza sin límites por hambre y peligro también ilimitados.

En el ínterin, Tiflis cayó en manos del mongol Tamerlán, conquistador de ocho millones de kilómetros cuadrados de tierras euroasiáticas; tras exterminar a sesenta mil chinos, las tropas japonesas entraron en Port Arthur, en Manchuria; muy lejos de allí, en el mar Egeo, la nave hermana del Titanic, el HMHS Britannic, se hundió como consecuencia de la explosión de un objeto no identificado que se encontraba a bordo.

Otro hecho terrible de esta jornada: 18 agentes provocadores ingleses fueron ejecutados por los republicanos en Irlanda. En venganza, la policía de Londres perpetró una masacre en el estadio Croke Park, en Dublin, que se hallaba a reventar por el partido de futbol entre el equipo local y el Tipperary. Jugadores y espectadores fueron atacados con ametralladoras, tanto desde el aire como desde tierra, con un saldo de 14 muertos y 65 heridos; entre los primeros, niños de 10 y 11 años.

Pero no todo es oscuro. Esta mañana se estableció, entre la Universidad de California en Los Ángeles y la Universidad de Stanford, el primer enlace de ARPANET, una red de orígenes militares que, si todo marcha bien, habrá de transformarse, en cosa de tres lustros, en Internet.

Esta tarde terminó en Roma la tercera sesión del esperanzador Concilio Vaticano II. No dejemos pasar la fecha sin recordar que hoy en París nació el más pequeño de los cinco hijos del matrimonio formado por François Arouet y Marie Marguerite d’Aumary. Se espera que el niño, bautizado François Marie, tenga un futuro brillante en la filosofía y en las letras y que sea capaz de ejercer una influencia benéfica en sus contemporáneos y sucesores. Así sea, para ahorrarle al mundo un poco de la espesa solemnidad que lo asfixia desde hace milenios.

Es cierto que, si se compara con los sucesos de la víspera, el de hoy fue un día relativamente tranquilo en medio de estas jornadas tormentosas. Y lo que falta: mañana, por ejemplo, los poderes fácticos que realmente gobiernan en Estados Unidos le volarán la tapa de los sesos al presidente Kennedy.

14.11.13

Parecía un hombre bueno



Por el amor de Dios, Barack Obama: qué ha hecho usted con su presidencia. Qué ha hecho de su propia persona. Se acaban de cumplir cinco años de su primer triunfo en una elección presidencial y usted no es ni la sombra del que decía ser. Más bien parece usted una copia disminuida y acotada de su antecesor: belicoso, autoritario, irracional, resentido, consagrado a servir a los intereses de las corporaciones más innobles, servil con los poderosos e intolerante con quienes piensan distinto.

Las fuerzas armadas que usted comanda han matado, “por accidente”, a miles de civiles. La pena de muerte en su país sigue engordando los cementerios sin que usted diga una palabra. El Departamento de Estado mantiene su política de siemprede hostigar a países independientes y soberanos por el simple hecho de serlo. Se enorgullece usted de ejecuciones extrajudiciales en naciones remotas tal y como lo hacá George Walker. Las corporaciones, en su país, siguen ganando poder e influencia en detrimento de los ciudadanos. Vamos, que a un lustro de distancia usted no ha podido ni querido cumplir con la más fácil de sus promesas de campaña: cerrar los morideros de Guantánamo.

Y qué decir de ese berrinche reciente suyo de bombardear Siria con un pretexto casi tan mal construido como aquellas imaginarias “armas de destrucción masiva” usadas por Bush para destruir Irak.

Sólo que esta vez no había ni siquiera fotos producidas en los estudios Disney que aportaran una coartada mínima a la agresión. Vamos, que ni la poderosísima y metiche Agencia Nacional de Seguridad (NSA) fue capaz de aportarle a usted el menor rastro de indicio sobre la responsabilidad de El Assad en la fumigación criminal de civiles que tuvo lugar hace unas semanas.

“Guerra humanitaria”, decía usted. ¿Se imagina usted, señor Obama, que una coalición de naciones bombardeara Estados Unidos con el propósito de disuadir a las instituciones de su país de los constantes asesinatos perpetrados mediante inyecciones letales? Lo cierto es que, de no haber sido por la intervención oportuna del gobierno ruso, a estas horas usted se encontraría hundido hasta el cuello en el lodo sangriento de una nueva incursión imperial. Me felicito porque no haya sido así. Independientemente de las motivaciones reales de usted, del señor Putin y de los bandos sirios que se destrozan mutuamente, la guerra no ha empeorado, y en los tiempos convulsos e inciertos que corren eso ya es un gran logro. Enhorabuena.

Gracias a las revelaciones de Edward Snowden hemos podido enterarnos, en meses recientes, de la dimensión planetaria del voyeurismo oficial estadunidense. Ustedes se han arrogado el derecho de espiarme a mí, de espiar a las compañeras de escuela de mi hija, de espiar a los viejos jubilados de Florida, a los jóvenes negros de Atlanta, a las empresas brasileñas y a los dentistas de París, por mencionar sólo algunos ejemplos, con el pretexto de velar por la seguridad nacional de Estados Unidos. Y usted sabe perfectamente, señor Obama, que ese argumento es una tomadura de pelo, porque ninguno de los de la lista, ni el rsto de las víctimas de la intrusión, representan amenaza alguna para la paz y la seguridad del gobierno que usted encabeza. Por eso, en el mundo crece la sospecha de que su gobierno emplea toda esa masa de datos obtenidos en forma delictiva no para neutralizar a tres terroristas musulmanes sino para chantajear a autoridades extranjeras, colocar a corporaciones no estadunidenses en situación de desventaja comercial y tecnológica y medrar, en general, con información confidencial para perpeetuar la supremacía de Estados Unidos en diversos terrenos.

Ahí tiene, por ejemplo, el caso del político mexiquense que desgobierna en mi país. ¿De veras considera usted que el pobre Peña Nieto y su entorno podrían estar incubando planes terroristas contra Estados Unidos? Es inconcebible y disparatado, ¿verdad? ¿Por qué razón, entonces, su gobierno se tomó la molestia de infiltrar la red de telecomunicaciones del priísta y de extraer de ella algo así como 85 mil mensajes de texto confidenciales? ¿Qué encontraron en ellos, señor Obama? ¿No habrá, de casualidad, alguna relación entre el contenido de esa información y la sumisión con la que Peña se comporta hacia Washington?

Mire lo endeble de los argumentos oficiales estadunidenses: la clase política que usted representa mantiene un bloqueo injustificable contra Cuba, con el pretexto de que el gobierno de ese país “no es democrático”. ¿Qué cosa es la democracia, señor Obama? ¿El gobierno sumiso al pueblo o el gobierno sumiso a los cabilderos de las corporaciones? ¿La autoridad electa por mayorías? Cualquiera que sea la definición, la condición democrática de la institucionalidad estadunidense es cuestionable, por decir poco. Bush junior perdió las elecciones de 2000 pero ustedes, los demócratas, se callaron la boca para no agitar las aguas, y toleraron el fraude. Según las cifras oficiales, para colmo, quien obtuvo la mayoría de votos en esa ocasión fue Al Gore, pero para ustedes el voto popular no significa nada. Eso es tan democrático como los procesos electorales que organizaba Saddam Hussein en sus tiempos de gloria.

El Departamento de Estado invierte una suma desconocida de recursos públicos en propagar –de manera directa o a través de organizaciones fachada– supuestas violaciones a la libertad de expresión en países como Venezuela y Ecuador. Al mismo tiempo, ustedes someten a Chelsea Manning a un juicio político amañado por haber revelado al mundo los crímenes de guerra perpetrados por las tropas estadunidenses en Irak y Afganistán, mantienen un acoso injustificable e hipócrita (porque lo hacen por medio de los gobiernos de Inglaterra y Suecia) contra Julian Assange, cuya organización hizo posible la difusión de esa información, y acusan de espía a Edward Snowden, quien permitió confirmar que los espías universales son ustedes.

¿Con qué cara condenan la posesión de armas de destrucción masiva? ¿Con que cara acusan de antidemocráticos a otros gobiernos? ¿Con qué cara les reprochan violaciones a los derechos humanos?

Usted ya lo sabe ( y además este texto está en manos de sus analistas de inteligencia desde mucho antes de que llegue a ser impreso), pero se lo diré: con la sonrisa de los misiles, con el ceño fruncido de los drones, con la mueca de las bombas “inteligentes”, con el rictus de los virus informáticos hostiles. En otros términos, señor Obama, el gobierno que usted encabeza, y usted mismo, no tienen más razón que la fuerza militar, más superioridad ética que el músculo comercial, ni más argumentos que la posesión de datos confidenciales de enemigos y de “amigos” bajo cuerda. Y como lo sabe perfectamente, concluyo que usted está más preso en la Casa Blanca que Manning en la base militar en la que cumple su condena y más atado al salón oval que Julian Assange a la embajada ecuatoriana en Londres.

Por ese tremendo fracaso personal, moral y político, señor  Barack Hussein Obama, le doy mi más sentido pésame. Parecía usted un hombre bueno.




7.11.13

La perdición de los hombres


En el carro de los muertos
una petenera vi.
Llevaba el brazo de fuera,
niña de mi corazón,
por eso la conocí.

La métrica, los patrones melódicos (aunque no la melodía), la melancolía y la ambigua execración de una mujer que lo mismo puede ser “mala” que “honrada”, pero que casi siempre es “la perdición de los hombres”. Ahí tienen a ese personaje que vive en ambas orillas del Atlántico, que hace escalas en el Caribe y que ha dado de qué hablar (o, mas bien, de qué cantar) a andaluces, huastecos, jarochos, guerrerenses, oaxaqueños... La Petenera, qué curiosidad. ¿Quién inspiró tantas canciones?

Leyendas hay para llenar la panza de un galeón. La más célebre y elaborada es que fue una chava guapa llamada Dolores que habitaba en una choza en la Pasadilla de Jiménez y que luego vivió en Paterna de la Ribera (Cádiz), en el Callejón de los Ahorcados, no lejos del Pozo de Medina. Allí acudía por agua y su sola presencia rompía corazones. “Entre los que a mediados del este siglo cantaban no para divertir sus penas, sino para buscar la vida... en tertulias, taberneras y cafés figuraba, con muy bien gana do derecho, la Petenera, de cuyo nombre de pila no se ha conservado memoria. Había nacido en Paterna de la Rivera (provincia de Cádiz), cantaba como los propios ángeles a decir de los aficionados, y la llamaban la Petenera, porque de paternera dicen los andaluces petehenera (algo aspirada la hache) y de petehenera a petenera va un paso corto que mis paisanos salvan muy fácilmente” (Rodríguez Marín, Las chilindradas, 1906). El folcolorista Antonio Machado Álvarez, conocido como Demófilo (1848-1893) y padre de los poetas Manuel y Antonio Machado, oyó decir al célebre Juanelo que él mismo había conocido a la cantaora y que tenía voz de ángel.

Otras versiones la suponen malagueña e incluso hay una que dice que nació en La Habana, acaso sin más fundamento que una copla:

En La Habana nací yo
debajo de una palmera
allí me echaron al agua
cantando La Petenera.

Una versión disparatada, sin más base que la hominimia del gentilicio, supone que el personaje era oriundo del Petén, departamento del norte de Guatemala. A mayor abundamiento sobre el posible origen indiano del genero –no de la persona–, Arturo Warman asegura haber encontrado la petenera en los programas del Teatro Coliseo de México ya en 1803, aunque Guillermo Prieto sostenía que “mantas y peteneras habrían llegado a México con una chunga de andaluces”. Romualdo Molina y Miguel Espin dicen que las peteneras tienen acento y voz cubanos, y estructura y literatura peninsulares y dieciochescos. En efecto, “el compás de las peteneras es común al punto cubano y a las guajiras”, se apunta en un sitio web dedicado a la historia del flamenco. En una quinteta de rimas consonantes parece quedar plasmado el reconocimiento americano de la extranjería original de la canción:

En una lancha viajera,
cruzando la mar azul,
llegó de tierra extranjera,
conservando en un baúl
su cantar, la Petenera.

En todo caso, La Petenera parece divertirse jugando pingo pong entre ambas orillas del Atlántico, como lo denotan algunas interpretaciones españolas con letras de matriz americana o historias de la América contadas por indianos.

“Aunque muy extendida entre artistas y aficionados, (la tesis del origen paternero de la canción) está actualmente descartada por los estudiosos de la historia del flamenco”, se contrapuntea en otro, en el que se aporta: “Existe una línea de opinión que establece una tesis judaica de su origen, remontándolo a un tiempo anterior al siglo XV, en que se expulsó a los judíos que, parece ser, ya hacían la petenera. Según Hipólito Rossy y Ángel Álvarez Caballero, los judíos sefarditas que emigraron de la península tras la expulsión, y que llegaron a los Balcanes, cantan peteneras de melodía popular como la nuestra y en español, luego tuvieron que conocerla antes de la expulsión de 1492.” Para reforzar el argumento, se menciona que una de las coplas frecuentes de las peteneras peninsulares (esté presente en la versión que grabó la venezolana Soledad Bravo para el álbum Canciones de España) reza:

¿Donde vas bella judía,
tan compuesta y a deshora?
Voy en busca de Rebeco
que estará en la sinagoga.

Un dato cierto: fue Medina el Viejo (José Rodríguez Concepción) quien, a fines del XIX, codificó el género en su vertiente flamenca, y que de él lo tomó la celebérrima Niña de los Peines (Pastora María Pavón). Con ella, o poco después, vendrían las interpetaciones de Antonio Chacón, Pepe el de la Matrona, Naranjito de Triana, Rafael Romero, Fosforito, José Menese y Camarón. “Hay dos estilos fundamentales: la antigua y la moderna, y ésta, a su vez, diferenciada en corta (o chica) y larga (o grande). Lo normal es que las peteneras cortas tengan 7 tercios, aunque Pepe de la Matrona las hace de 9 y 8 según repita más o menos ciertas frases musicales. Sin embargo, en la petenera de la Niña de los Peines y de Chacón, se observa el uso de la quintilla y ritmo libre, salvo a partir del 7º compás que se torna de amalgama: 6x8 y 3x4, teniendo 9 tercios”.

Entre la gente gitana La Petenera tiene fama de acercar malos agüeros a quien la canta. “Tiene mal fario”, reza el murmullo popular, desmentido por la profusión de grabaciones. Naranjito de Triana –cuenta  Jesús Cuesta Arana– me confió, a la vera de la Giralda, que los malos prejuicios o el yuyu de la Petenera son por su difícil interpretación; hay que tener mucho poderío y registro en la voz y muchas variaciones tonales. Hay muy poquita gente que sepan cantar por peteneras de verdad”. En la Huasteca y el Sotavento la dificultad se formula de la siguiente manera:

La Petenera, señores,
no hay quien la sepa cantar;
sólo los marineritos
que navegan por la mar.

La tesis que mejor me acomoda es que la canción nace entre las plañideras de los velorios, lo que explicaría el jugo trágico y sin esperanza que rezuma en casi todas sus coplas y en todas las latitudes donde viven peteneras. Es significativo que, independientemente de sus orígenes, en este lado del Atlántico La Petenera se viste con ritmos más animados que la “entonación mayestática, de matices inconfundiblemente litúrgicos” y los tonos musicales sombríos y desgarrados que exhibe en Andalucía, se adorna con coplas históricas y hasta pícaras, pero conserva, en lo fundamental, los temas tristes y sórdidos, hermanados con la muerte trágica, el amor mutilado, la vida desgarrada por su propio sinsentido. Los pregones “madre de mi corazón” o “alma de mi corazón”, (intercalados en cuartetas que son convertidas en quintetas o sextetas por la repetición de dos versos), son remplazados por “ay, solita, ay, soledad” (en las peteneras veracruzanas) o por “ay, la, la la” (en el caso de las huastecas).

De este lado del mar, por lo demás, la pobre Petenera sigue siendo “una mala mujer”, “perdición de los hombres” y de salir de noche y volver en la madrugada” o, incluso, “en la mañanita”. Ello no impide que, cada vez que fallece, grandes multitudes sigan su cortejo fúnebre:

La Petenera se ha muerto,
ya la llevan a enterrar
y no cabe por las calles
la gente que va detrás.

¿Es La Petenera una devoradora, una arruinadora de hombres? Puede ser. Prefiero pensar que se trata, simplemente, de una metáfora de la vida, que es difícil de cantar, esquiva y conflictiva, fatal por necesidad, bonita pero temible y, sobre todo, muy llorada cuando se termina.

Ya sea gaditana o malagueña, son de tarima de Tixtla (Guerrero), son veracruzano o huasteco, canto oaxaqueño de San Pedro Huamelula, poema lorquiano, composición contemporánea de Javier Álvarez o rola tocada por Inti Illimani con acentos andinos, a La Petenera le viene bien lo que dice  Cuesta Arana, que es música “para entonar una leyenda de amores turbulentos y navajas afiladas, tan a modo en la época de gente del bronce, una estela negra de romanticismo tardío, facundo, pasional y alunarado”.



4.11.13

Dos de Marvin Harris


“[En India] el ganado vacuno es útil como tracción, leche y cuero [y su excremento es usado como] combustible, fertilizante y recubrimiento del suelo (…) El amor a las vacas con sus símbolos y doctrinas sagrados protege al agricultor contra cálculos que sólo son 'racionales' a corto plazo. A los expertos occidentales les parece que 'el agricultor indio prefiere morirse de hambre antes que comerse su vaca'. A esta clase de expertos les gusta hablar de la 'mentalidad oriental inescrutable' y piensa que 'las masas asiáticas no aman tanto la vida'. No comprenden que el agricultor preferiría comer su vaca antes que morir, pero que moriría de hambre si lo hace”.




“... La Biblia y el Corán condenaron al cerdo porque su cría era una amenaza a la integridad de los ecosistemas naturales y culturales de Oriente Medio. La prohibición divina de su carne constituyó una estrategia ecológica acertada. Los israelitas nómadas no podían criar cerdos en sus hábitats áridos, mientras que los cerdos constituían más una amenaza que una ventaja para las poblaciones agrícolas aldeanas y semisedentarias (…) Las zonas mundiales de nomadismo pastoral corresponden a llanuras y colinas deforestadas que son demasiado áridas para permitir una agricultura dependiente de las lluvias (…) El cerdo es ante todo una criatura de los bosques y de las riberas umbrosas de los ríos. Aunque es omnívoro, se nutre perfectamente de alimentos pobres en celulosa, como nueces, frutos, tubérculos y, sobre todo, granos, lo que lo convierte en un competidor directo del hombre. No puede subsistir sólo a base de hierbas., y en ningún lugar del mundo los pastores realmente nómadas crían cerdos en cantidades importantes. Además el cerdo tiene el inconveniente de no ser una fuente práctica de leche y es muy difícil conducirle a largas distancias.”






Marvin Harris: Vacas, cerdos, guerras y brujas; los enigmas de la cultura

31.10.13

De las ausencias


Se ausentaron de sus vidas para habitar las nuestras. Se transformaron. Están escondidos. Se asoman por cada rendija del pensamiento. Con los pies hundidos en el pasado invulnerable, se desgarran las yemas y los nudillos para romper la cáscara del presente. Nos llaman por nuestros nombres y nos susurran advertencias, imprecaciones, máximas, frases de cariño. El empecinado retorno no es cosa de ánimas en pena sino de sonidos, olores y voces que siguen sembrados en nosotros por más que se hayan destruido hasta el polvo los cuerpos que los emitieron: así ocurre con las estrellas extinguidas hace millones de años y cuya luz temblorosa y sutil sigue, sin embargo, llegando a este planeta para que la gente marinera se guíe en su tránsito. Será que el instinto de supervivencia sigue vagando por ahí incluso cuando ha fallado en su encomienda máxima, que es la de preservar al organismo que le da motivo.

* * *

Estas noches que siguen son propicias para contar la historia de una comunidad a cuyo cabildo llegó una oferta formidable: una empresa minera había descubierto, con aparatos de alta escuela, un importante yacimiento de oro justo en el sitio en el que se asentaba el pueblo. Para explotar la veta habría que tirar unas pocas casas. La empresa ya había obtenido las autorizaciones gubernamentales y, en rigor, no estaba obligada a negociar con la comunidad. Bien podía esperar a que unos decretos expropiatorios pusieran en sus manos, por razones de utilidad pública, los terrenos bajo los cuales dormía el oro. Pero la gerencia de la corporación no quería confrontaciones y tenía en cartera varios ofrecimientos para llevar la fiesta en paz con los pobladores: durante las cuatro décadas de explotación que estipulaba el convenio les entregaría un gramo de cada cien que se extrajera del metal precioso y una generosa renta anual por las hectáreas que habrían de ser hendidas por los trascabos, además de la remodelación de la escuela, la construcción de un dispensario médico, trabajo para cien oriundos de la localidad y para 20 lugareñas.

* * *

Tal vez esa persistencia, esa insistencia en seguir siendo parte de los vivos, sea prueba fiel de que siguen queriéndonos y odiándonos. No: es más bien al revés; somos nosotros los que mantenemos el puente afectivo, el cordón umbilical invertido de los que parten de este mundo. Así cobran sentido expresiones como “murieron para vivir” o “están presentes”; para explicarlas no es necesario excavar en el Más Allá, sacarar del armario el espiritismo polvoriento, hurgar en los círculos del Infierno, fatigar las parcelas del Reino de Dios, remar en las aguas de la Estigia o del Tlalocan o seguir a las hormigas hasta las profundidades de Xibalbá.

* * *

Previa consulta con sus representados, los miembros del ayuntamiento firmaron, por unanimidad, el acuerdo que la empresa proponía. Días más tarde, al revisar los planos anexos al documento, una anciana del lugar cayó en la cuenta de que entre los terrenos cedidos a la corporación minera se encontraba el cementerio. Dio cuenta de su preocupante hallazgo a los vecinos, éstos se alarmaron y fueron en masa a la barraca provisional que la empresa ya había edificado a orillas del pueblo. Allí un empleado les garantizó que trasladaría la preocupación por el camposanto al gerente regional, que éste visitaría la localidad en unas semanas más y que entre todos verían la forma de resolver aquel complicado asunto.

* * *

Viven entre sueños rotos; se sientan en muebles vendidos o regalados hace tiempo; transitan por los proyectos cancelados y duermen en las casas demolidas en las que nuestros bisabuelos engendraron a nuestros abuelos en cópulas púdicas y tangenciales; leen y releen las cartas que no nos hemos atrevido a tirar, viajan por trayectos que se quedaron en el tintero y se entrometen en amores desvencijados por el paso del tiempo para darnos consejos que ya no vienen al caso. 

* * *

La comunidad vivió durante un par de meses en la zozobra y en el remordimiento por haber pactado, así fuera sin saberlo, el exterminio de los difuntos. La calma regresó de mano del gerente regional, quien al cabo de ese lapso se apersonó en  el pueblo y explicó, ante una asamblea de  habitantes, que el cementerio no sería destruido. Presentó un plan para trasladar el camposanto completo, con sus muertos, sus ataúdes, sus tumbas y la tierra circundante, a un predio en las afueras del pueblo. Explicó pacientemente que la mudanza se haría con cuidado y respeto, sin perturbar el sueño de los difuntos, y les hizo el símil con lo que los propios campesinos del lugar hacían cada vez que trasplantaban un brote: lejos de arrancarlo de la tierra, trazaban un rectángulo para cortar la tierra alrededor de las raíces y sacaban un volumen que luego sería incrustado en un hueco del terreno previamente cavado en otro sitio. Las lápidas y las cruces, aclaró, ni siquiera serían removidas de donde se encontraban. Tierra, losa y lápida, en caso de haberla, sería amorosamente extraído por las palas de gigantescos trascabos que luego los depositarían en el nuevo cementerio, en el orden preciso que habían guardado hasta entonces. Los comuneros quedaron medianamente satisfechos con la explicación y, sobre todo, con los dineros adicionales que recibirían por la mudanza.

* * *

Murieron para vivir. Partieron para recibir más amor del que tuvieron en vida. Se ausentaron para dejarnos en paz y ahora no pueden dejarnos en paz ni una semana, ni un día: se hacen presentes en los olores súbitos, en el pomo de la puerta, en el frenazo de un automóvil, en las recetas de cocina y en las punzadas sin razón de la nostalgia. Se soltaron del clavo ardiente del que se sujetaban o fueron borrados por un ventarrón súbito y maldito. Desfallecieron para ser poderosos.

* * *

La compañía bardeó el cementerio con altas planchas de cemento, reunió maquinaria pesada alrededor y durante muchos días se escuchó el fragor del combate entre el metal de los trascabos y la tierra. Una noche, en la cantina del pueblo, un trabajador foráneo, ya borracho, se sinceró con el cantinero: “Me da remordimiento pero tengo que decírselo. Sus difuntos ya valieron madre”.

El cantinero se quedó atónito por un momento, luego libró la barra de un salto y se dirigió con paso apresurado hasta el panteón. Al llegar allí hizo a un lado al vigilante con bursquedad, empujó  la puerta y vio el horror: lápidas desperdigadas, cruces náufragas entre montones de tierra, calaveras y fémures y carnes maceradas entre los escombros. Volvió al centro, abordó a un conocido y le espetó: “profanaron las tumbas”. “¿Cuáles tumbas?”, preguntó el aludido con aire ausente. El cantinero buscó a otro, y a otro, y a otro, y nadie parecía saber de la existencia de un camposanto en la localidad. Desolado, cayó en la cuenta de que sus vecinos habían perdido los recuerdos.

* * *

La memoria es una prueba de amor más sólida que la entrega, más abnegada que la consagración, más definitva que la propia muerte. Por eso, y no por existencias improbables más allá de la muerte, ellos viven entre nosotros y reciben con agrado este pétalo de sempasúchil lanzado con amor al abismo insondable de la ausencia.

28.10.13

Sobre Israel, Palestina y
la FIL de Guadalajara


La Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara ha designado a Israel como invitado especial este año. Ante ello, es necesario tener presente que la creación de ese país provocó la tragedia del pueblo palestino, condenado al exilio, la opresión y el despojo. Los 45 años de ocupación militar israelí han enfrentado a dos poblaciones que hasta principios del siglo pasado habían convivido en paz. Esa convivencia fue remplazada por un Estado fundado sobre la exclusión étnica y cultural y que ha negado el legítimo derecho de los palestinos a un Estado y un territorio.

Abogamos por una política de entendimiento, contraria a la fuerza militar y las argucias diplomáticas y afín a la ética y la justicia de las que muchos judíos han sido portavoces históricos. La perspectiva de una paz real y justa no está en la realpolitik sino en la existencia de dos estados independientes o de un estado binacional.

Esta concepción es compartida por autores israelíes convencidos de que la relación entre moral y política es necesaria. Sus voces, sin embargo, no serán escuchadas en Guadalajara porque no están dispuestos a representar a la política colonialista y segregacionista de Israel.

Pedimos que en la FIL de este año haya mesas redondas plurales y representativas sobre el conflicto palestino-israelí y que en 2015 la Feria tenga a Palestina como invitado especial.

Claudio Albertani, Jessica Beckerman, Néstor Braunstein, Horacio Cerutti, Héctor Díaz-Polanco, Margit Frenk, Francesca Gargallo, Teresa Guitián, Hugo Gutiérrez Vega, Saúl Ibargoyen, Marcos Límenes, Pedro Miguel, Eduardo Mosches, Aline Pettersson, Silvana Rabinovich, Octavio Rodríguez Araujo, Mauricio Schoijet, Luis Tovar

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26.10.13

La vieja copla

♪ ... Y atrás del altar divino
estaba Santa Julieeeeeta
haciéndole una puñeeeeeta
a Santo Tomás de Aquino... ♫


17.10.13

Los bigotes de Lang



Lang era bien proporcionado, delgado, esbelto, blanco y rubio. Tenía ojos azules, unos mostachos ondulados de antiguo galo, los bigotes más soberbios e impresionantes que nunca he visto; debajo de ellos, unos dientes de perla y, como muchos obreros de las barriadas, tenía una hermosa voz bien modulada a la que sacaba mucho partido cantando vibrantes canciones de amor.

Recibía más cartas que un ministro y las contestaba todas. A cada una de sus enamoradas le escribía interminables epístolas llenas de heroísmos imaginarios y de conmovedoras romanzas para que se estremeciesen y llorasen de emoción. En cada carta deslizaba una foto suya y siempre estaba pidiéndome que le fotografiara en nuevas poses, montando guardia en el retén, haciéndose el zuavo, con la bayoneta calada, a punto de lanzar una granada desde un cráter de obús, cortando alambradas, tendido junto a un cadáver enemigo como si estuviesen luchando cuerpo a cuerpo. Como soldado, era de risa. Le daba jaqueca, todo lo veía negro, era francamente insoportable, neurasténico perdido.

Un día el capitán me mandó llamar para preguntarme si tenía en la sección de asalto voluntaria algún hombre de confianza, para cabo en intendencia, alguien que supiese leer, escribir, contar, que fuese diligente y pasablemente honrado, al menos, en materia de vino. Pensé enseguida en Lang y se lo propuse.

Aquella misma tarde Lang se instaló junto al cochero del carro de la 6a compañía que había de conducirle a Bus, a unos cuantos kilómetros en retaguardia, una pacífica aldea en donde se distribuían las provisiones. Allí se quedaría permanentemente. Le enorgullecían sus galones de cabo pero, sobre todo, estaba contento de alejarse del frente. Dos o tres compañeros fuimos a despedirlo, a darle toda clase de consejos, confiarle cartas para el correo civil y encargarle varios recados.

Bus, que no había sido bombardeada en toda la guerra, lo fue aquella noche por primera vez, y el primer obús alemán cayó precisamente sobre el carro de la 6a compañía en el momento en que desembocaba en la plaza del Mercado, haciendo papilla al caballo, al cochero y a Lang, que volaron por los aires. Recogieron dos o tres cazos de pedazos pequeños y envolvieron los pocos trozos grandes que encontraron en una lona de tienda. Dimos sepultura a Lang, al cochero y a la carne de caballo, todo mezclado, y colocamos una cruz de madera sobre el túmulo.

Pero al regresar del cementerio alguien se fijó en los mostachos de Lang que flotaban en la brisa de la mañana, pegados a una fachada, sobre una barbería. Hubo que sacar una escalera, subir a desengancharlos, envolver los absurdos pelos ensangrentados en un pañuelo, regresar al cementerio, cavar un agujero y enterrarlos con lo demás. Luego regresamos a nuestras líneas con el estómago revuelto.

Blaise Cendrars
(De La mano cortada)


Assange en La Habana



A Fidel Castro podrá regateársele muchas cosas, pero no esa mezcla precisa e irrepetible de realismo y espíritu visionario que le permitió encabezar una revolución socialista y soberanista a tres olas de distancia de Estados Unidos, mantenerse al mando durante más de 40 años, incluso con el viento internacional radicalmente en contra, y soltar el poder y retirarse a una vejez apacible. Por eso me resultó impactante la importancia que Castro atribuyó, a mediados de 2010, al surgimiento de Wikileaks en la escena política mundial. Es cierto que la organización de las filtraciones ya llevaba, para entonces, mucho camino andado, pero no cobró celebridad sino con la revelación de los documentos secretos del Pentágono sobre las guerras de Irak y Afganistán. “Internet ha puesto en manos de nosotros la posibilidad de comunicarnos con el mundo. Con nada de esto contábamos antes (…) Estamos ante el arma más poderosa que haya existido, que es la comunicación”. O bien: "gracias a Wikileaks no harán falta las revoluciones"; de hecho, "a esa organización habría que hacerle una estatua".

Castro aludía, a mi modo de ver, al surgimiento de un nuevo instrumento para transformar el mundo, algo distinto a las guerrillas, las insurrecciones, las huelgas generales o las elecciones, y me resultó significativo que alguien tan persistente como él en las ideas que dominaron el siglo XX mostrara semejante apertura a los nuevos escenarios abiertos por la transformación tecnológica. Tenía razón.

Los expedientes de los crímenes de lesa humanidad perpetrados por Washington en Irak y Afganistán no fueron un campanazo aislado de Wikileaks. En cuestión de meses esa organización realizó una nueva liberación masiva de documentos, los cables del Departamento de Estado, que representaron un golpe demoledor para el poderío mundial de Estados Unidos. Si las revelaciones de mediados de 2010 permitieron ratificar que las tropelías de Abu Ghraib no eran un hecho aislado sino parte de un patrón de violaciones sistemáticas a los derechos humanos, los cables diplomáticos, distribuidos unos meses después, pusieron en evidencia que Washington ejerce una suerte de gobierno mundial por medio de su red de embajadas y consulados en el planeta. Esas revelaciones al hilo fueron para Estados Unidos un impacto político tan severo como el golpe moral causado por los atentados del 11 de septiembre de 2001. Con una diferencia sustancial, que el propio Julian Assange me hizo ver en nuestro primer encuentro: "nosotros no causamos ni un muerto".

Y por más que en la difusión electrónica de documentos gubernamentales no hay delito alguno argumentable, la Casa Blanca colocó de inmediato a Wikileaks y a su fundador en la lista de enemigos mayúsculos, junto con Al Qaeda, Irán y Corea del Norte. La cacería judicial y policial, el bloqueo financiero, el bombardeo propagandístico, el acoso cibernético y las acechanzas de toda clase fueron puestas en marcha desde ese 2010 por Washington y sus socios mayores en el espionaje y el negocio de la seguridad: Gran Bretaña, Canadá, Australia y Nueva Zelanda. Empezó entonces la saga por la que Chelsea Manning se encuentra actualmente presa en una cárcel militar estadunidense, y Assange, refugiado en la embajada de Ecuador en Londres.

En la entrevista realizada en ese recinto diplomático en junio pasado, el australiano moderó las elogiosas expresiones que para con él y su organización había formulado Fidel Castro y delimitó el papel de Wikileaks a lo siguiente: haber transformado Internet y las tecnologías de la información en un nuevo campo de lucha política y haber politizado a la generación para la cual el uso de las redes resulta consustancial.

Más acá de lo dicho por el dirigente cubano, y salvando las proporciones, es evidente el paralelismo entre la causa histórica de la isla y la razón y la circunstancia de Wikileaks: por un lado, una pequeña nación que se enfrenta al país más poderoso del mundo, lo derrota y mantiene viva, contra viento y marea –y bloqueo, sabotajes y amenazas–, la causa de su autodeterminación; por la otra, una organización minúscula, en términos numéricos y financieros, que desafía a los poderes institucionales y fácticos del planeta a fin de desenmascararlos y evidenciarlos ante las sociedades. Y no es lo de menos, en ese paralelismo, que la hostilidad provenga, en ambos casos, del mismo agente histórico: el gobierno y los poderes corporativos de Estados Unidos.

Sin embargo, el primer encuentro cara a cara entre Cuba y Wikileaks no tuvo lugar sino hasta el 26 de septiembre pasado, en La Habana, y ocurrió por medio de una videoconferencia sostenida entre Assange y un grupo de blogueros y periodistas cubanos. Salvar las dificultades tecnológicas que implicaba semejante encuentro fue una tarea formidable por los problemas de telecomunicaciones que, en parte por el bloqueo estadunidense, y en parte por rezagos harto complicados, enfrenta la isla. El hecho es que, gracias al tesón de Herminia Rodríguez, directora del Instituto Internacional de Periodismo José Martí, de los propios jóvenes –y no tan jóvenes– blogueros y de periodistas profesionales y entusiastas, fue posible obtener un local y una conexión con el mínimo ancho de banda requerido para una videoconferencia artesanal. Gracias al empeño de Iroko Aleko y David Vázquez Abella, y gracias a Ivette Leyva. La cosa es que, unos minutos después del mediodía cubano, unas 40 o 50 personas hacinadas vieron aparecer en la proyección de la pantalla la figura célebre del australiano, y su voz grave, que en algo desentona con su aspecto aniñado, salió por las bocinas: ¿Cuba, me escuchas? Y entonces un aplauso prolongado rompió la tensión y la espera.

Assange apareció con un listón amarillo en la camisa y eso le valió la simpatía inmediata de la audiencia: ese símbolo han escogido los cubanos para demandar la liberación de sus cinco compatriotas que permanecen presos en Estados Unidos por haber infiltrado a organizaciones terroristas del exilio para obtener información que permitiera prevenir atentados. No sólo fue explícito en su solidaridad con los cautivos sino que abordó extensamente la circunstancia de Cuba y se declaró dispuesto a aprender de la isla, que ha sobrevivido a cinco décadas de bloqueo; explicó a la audiencia el sentido de la lucha de Wikileaks, abordó el control de las sociedades por los medios corporativos en Occidente y señaló que Cuba no debe temer a la verdad, sino a la mentira. Respondió a preguntas y dijo muchas otras cosas, y todas ellas conmovieron a los presentes. Si quieren ver el video, hay una versión subtitulada y editada por La Jornada y la grabación original, difundida por Cubadebate.

El diálogo tuvo una resonancia extraordinaria en la isla: la noticia fue cubierta por todos los diarios, apareció en los noticiarios de televisión de esa noche y de la mañana siguiente y, el lunes 30 de septiembre, la intervención de Assange, de casi una hora, fue televisada íntegra en el legendario programa Mesa Redonda y comentada por tres destacadas periodistas: Rosa Miriam Elizalde, Milena Recio y Cristina Escobar.

Lo deplorable es que ese apretón de manos no hubiera ocurrido antes y que haya sido virtual. Lo primero es irremediable; lo segundo, no: tengo la convicción de que más pronto que tarde la persecución contra Wikileaks se derrumbará, como se derrumban todas las construcciones estúpidas, y que Julian Assange estará en La Habana tomándose un mojito.

13.10.13

Advertencia


Cuidado.
No perforar aquí.
Este territorio pertenece a los niños difuntos
que duermen o juegan en el subsuelo
y a los niños que aún no han brotado de él.
No escarbe,

no extraiga,
no explote.
Podría lastimar a unos,
a otros
o a ambos.

8.10.13

Gracias, Morfeo

Que había comprado una casa.
Que la casa tenía una puerta en la que no había reparado.
Que la abría y que del otro lado descubría varias piezas que duplicaban el tamaño de la vivienda.
Que al final de ellas había un jardín.
Que al cruzar el jardín llegaba a la casa vecina.
Que allí vivía una mujer dulce y hermosa.
–Hola, vecina. Usted disculpe: aún no tengo claro dónde termina mi casa y dónde empieza la suya.
–Hola, vecino. No se preocupe. Lo estaba esperando.
El resto del sueño es impublicable.

Gracias, Morfeo, por el regalo.

4.10.13

Canción del hombre normal


Los indios las mujeres los obreros
si un día ya no están entre nosotros
no importa si se mueren si se enferman
no cuentan en la cuenta que nos cuentan

Los ninis los chortís los palestinos
existen porque son maleducados
es cosa de enseñarles con paciencia
que no tienen lugar en la existencia

Poco a poco se van domesticando
es cuestión de quitarles el terreno
hacerlos ver muy mal como una cosa
anacrónica fútil estorbosa

Las brujas del sabat los informales
los viejos jubilados los gitanos
ensucian el paisaje pringan todo
con secreciones lágrimas y lodo

Los maricas los raros las que muestran
más piel que la aceptable por el canon
los judíos los otros los de al lado
los fuereños de aspecto descuidado

Se ahogan en las playas de descanso
irrumpen donde no se les requiere
son patéticos tristes espantosos
los migrantes los presos los sidosos

Las hijas de Lillith los subversivos
los mancos que no pueden ni rascarse
los que no quieren ser gente decente
liquídenlos a todos en caliente



2.10.13

Aquel 68


NOUS SOMMES TOUS DES JUIFS ALLEMANDS!


Mientras dure la Máscara
todos somos judíos alemanes
mientras los presupuestos alimenten ejércitos
todos somos judíos alemanes
mientras dividan la Ciudad
todos somos judíos alemanes
el Che, Régis Debray, Cohn-Bendit, Rudi Dutschke
judíos alemanes
los estudiantes sublevados de Río y Buenos Aires
de Santiago y de Córdoba y Milán
de París y de Zurich y de Berlín Oeste
y todos los que creemos
en la revolución y el hombre
judíos alemanes.

Hasta que nazca el tiempo de la única cosecha
y judío alemán negro argentino chino francés árabe
sean palabras que se usaban
en la Edad Media que acabó a finales
del siglo veinte amén.


Julio Cortázar

1.10.13

Parar la destrucción


Felipe Calderón duplicó la deuda externa, prohijó una enorme corrupción en las oficinas públicas, pervirtió la procuración de justicia y su política de guerra causó decenas de miles de muertes. Pero, comparado con la administración de Peña Nieto, el calderonato parece un mal menor. En menos de un año de gobierno, el mexiquense no ha resuelto uno solo de los problemas legados por su antecesor y, en cambio, ha generado una nueva situación catastrófica. La corrupción permanece invariable, la ineficiencia gubernamental crece y la violencia ha remitido sólo en el retrato mediático del país, pero los conflictos y los agravios sociales se ahondan, las “reformas” multiplican los descontentos y el manejo financiero amenaza con destruir lo que queda de la economía nacional.


La agresividad del peñato y su afán de transformar bruscamente al país mediante un plan de choque disfrazado de reformas legales pretende encontrar asidero y legitimación en resultados electorales fabricados con mejor ingeniería que el endeble 0.56 por ciento con el que Calderón fue impuesto en la Presidencia. En contraste, la ventaja de Peña sobre López Obrador, logrado a punta de sobornos al electorado y de cosas peores, es de más de 7 por ciento; tal vez el priísmo gobernante se haya creído su propia mentira y piense, con base en ese dato, que goza de mayor respaldo social y, por ende, de mayor margen de maniobra que la administración oligárquica anterior.


Otra fantasía autoinducida en la que es fácil creer es que el peñato cuenta con el espaldarazo de la diversidad política del país, vía el Pacto por México. Pero el espectro político real está fuera de ese conciliábulo, ideado originalmente para darle un rostro democrático a un régimen que no lo es y para repartir prebendas a cambio de votos aprobatorios en el Congreso. En el caso del PAN, el Pacto no hizo sino oficializar viejos acuerdos tácitos de gobernabilidad que se remontan al fraude de 2006 –convalidado por los priístas–, si no es que a las concertacesiones del salinato. Y por lo que respecto al PRD, el peñato compró una cúpula, un logotipo y una sigla pero, desde luego, las izquierdas nacionales se encuentran, en su inmensa mayoría, fuera del cascarón de ese partido.


Sin embargo, el peñato se comporta como si hubiese ganado las elecciones como soñaban los priístas a fines del año antepasado –con mayoría absoluta y con limpieza– o como si encabezara un verdadero frente de unidad nacional: mete mano a la Constitución, impone un paquetazo de neoliberalismo ortodoxo no muy distinto a los aplicados en Grecia y España (nuevo ciclo de privatizaciones, incremento generalizado de impuestos y tarifas, eliminación de derechos laborales y de programas de bienestar, salud, educación y cultura) y se propone, en general, un reacomodo de la institucionalidad aun más favorable a los capitales monopólicos y transnacionales que el que ya existe.



Tal vez el priísmo se haya creído sus propias mentiras; tal vez esté empeñado en provocar una reacción social virulenta para justificar una represión masiva que le permita gobernar mediante el miedo el resto del sexenio; tal vez se trate de una combinación de ambas cosas. Lo cierto es que el calderonato palidece ante el grado de destrucción nacional que sus sucesores pretenden causar. En estas circunstancias, sería trágico que la sociedad optara por acomodarse a la devastación y que la resistencia al peñato quedara circunscrita a las organizaciones y movimientos de izquierda, sociales, obreros y comunitarios que han resistido desde siempre. El impedir la destrucción del país no puede ser tarea de decenas de miles ni de decenas de miles: requiere de millones de ciudadanos que, de manera activa y pacífica, amarren las patas al caballo de Atila.

19.9.13

Revertir la catástrofe


Es una cosa de símbolos. Festejamos el cumpleaños del país el 15 de septiembre porque en esa fecha el subversivo Miguel Hidalgo convocó a la gente a luchar por la independencia nacional, pero si fuéramos más realistas celebraríamos el 22 de octubre, día en que el Congreso de Chilpancingo promulgó, en plena guerra independentista, el Decreto Constitucional para la Libertad de la América Méxicana. O tal vez sería más prudente adelantar el festejo al 4 de octubre porque en esa fecha, pero de 1824, se proclamó la Constitución Federal de los Estados Unidos Mexicanos y, derrotado el extravío imperial de Iturbide, arrancó formalmente la vida de la república independiente.

Pero la conciencia colectiva acomodó el nacimiento de la nación el 15 de septiembre. Es falso lo que propalan ahora algunos, que el origen de la fiesta se deba a que Porfirio Díaz la adelantó para hacerla coincidir con su propio cumpleaños. La primera vez que la celebración se pasó del 16 al 15 fue en 1846, y en tiempos de la invasión francesa Benito Juárez “daba el grito” el día 15, no el 16, en donde lo agarrara la huída de las tropas francesas.

La semana pasada el 15 de septiembre encontró al país en una circunstancia particularmente difícil. La oligarquía gobernante ha copado la mayor parte de las instituciones públicas –el Ejecutivo Federal, el Legislativo, el Judicial, el IFE, la mayoría de los gobiernos estatales, los partidos políticos mayoritarios– y las ha puesto al servicio de la ofensiva de los grandes capitales contra el país y su gente.

Agotadas las mediaciones por la insensibilidad y la sordera de los poderosos, el recurso a la fuerza pública se convierte en un instrumento de gobierno cada vez más frecuente. Las corporaciones armadas son lanzadas contra los inconformes pero pierden día tras día la confrontación con las organizaciones delictivas. No se persigue al narco, sino a los pueblos que se arman para impedir que sus territorios caigan en manos de los narcos. Se expulsa del Zócalo a los revoltosos del presente para conmemorar la revuelta de los revoltosos independentistas, convertidos en estampita, fetiche y estatua de mármol desprovista de significados reales.

Se falsifica la historia para justificar las adulteraciones constitucionales que legalizarían la entrega de la industria petrolera a manos privadas, una entrega que de cualquier forma ya es práctica cotidiana, aunque ilegal; si se hiciera realidad la desnacionalización petrolera que pretende el peñato, ello se traduciría en un recorte adicional a la de por sí mermada soberanía nacional, porque las corporaciones energéticas transnacionales recibirían en concesión enormes territorios sobre los que impondrían su ley; una nueva expropiación resultaría mucho más difícil que la que llevó a cabo el general Cárdenas porque hoy en día el gobierno tendría que someterse, en sus diferendos con transnacionales estadunidenses y canadienses, a comités de arbitraje foráneos, y no a los tribunales nacionales.

Se pretende, además, mediante una reforma fiscal, darle a los bolsillos populares una mordida de 240 mil millones de pesos anuales, no para hacer un gobierno más eficiente ni más pródigo, sino para seguir manteniendo los lujos, la corrupción y la capacidad de cooptación electoral de la clase política.

En lo que constituye un paso definitorio en el proceso de demolición del sistema de educación pública, el gobierno hizo aprobar una reforma laboral disfrazada de educativa que generó una gran inconformidad en los sectores organizados e independientes del magisterio. Decenas de miles de mentores de diversos puntos de la república marcharon sobre la capital y permanecen en ella para hacer patente su descontento. En respuesta, el poder oligárquico organizó una campaña de desprestigio y denuesto contra los profesores y buscó capitalizar en contra de ellos la molestia de muchos capitalinos afectados en sus traslados diarios por las movilizaciones magisteriales.

Luego vino una provocación policial –cualquiera puede ver en Youtube los videos que muestran a la Policía Federal escoltando hasta la plaza a columnas de presuntos civiles que marchan con gran disciplina sin que se sepa contra quíén o para qué– para buscar una respuesta violenta por parte del movimiento magisterial. Se consiguió, en cambio, provocar una vasta oleada de solidaridad social hacia los maestros, solidaridad que se expresa tanto en la realización de marchas de apoyo como en el acopio de víveres, medicinas y ropa para el campamento instalado en el Monumento a la Revolución.

Por añadidura, estas fechas patrias tienen como telones de fondo la pobreza imparable de millones de personas, la agudización de las carencias educativas y de salud, la desintegración social creciente, el desánimo de la ciudadanía y la violencia delictiva que ha sido parcialmente ocultada a la opinión pública por instrucciones de la Presidencia, pero que dista mucho de haber amainado en relación con el calderonato.

Sobre este panorama se abatió la lluvia: un huracán y una tormenta tropical simultáneos descargaron sus aguaceros, devastaron grandes regiones de ambos litorales y sumieron a cientos de miles de personas y a centenares de poblaciones en una situación desesperada. Ante la tragedia, la respuesta de las autoridades ha sido básicamente televisiva, y muy rápido han surgido los datos del descuido y el desdén oficiales que empeoraron en mucho el desastre humano causado por los meteoros.

El país está anegado, desgajado, hambreado, despojado de derechos y seguridad, amenazado y reprimido, violentado en todos sus ámbitos, y muchas personas tienen el corazón adolorido, el ánimo por los suelos y ninguna esperanza de mejora.

Es justamente el estado de ánimo que necesita generalizar el régimen oligárquico para terminar de imponer su nuevo ciclo de “reformas estructurales”: menos derechos, menos propiedad nacional, mayores impuestos y tarifas, mayor deuda compartida por el colectivo y mayor riqueza concentrada en manos privadas. O, por decirlo de otra manera, esta ofensiva antipopular es como los virus: a mayor debilidad en el ánimo del organismo en el que se introducen, mayores son sus probabilidades de éxito.

Desde luego, no todo está perdido y el país es recuperable, a condición de que sus habitantes –y, especialmente, los más lúcidos– se sacudan la depresión y empiecen a marchar, a luchar, a salir a flote, a organizarse, a revertir la catástrofe. Éste es el país que hay que recuperar y ésta, la vida que debe dignificarse. No hay otro. No hay otra.

17.9.13

Expropiación del grito



A partir del fraude perpetrado en la elección presidencial de 2006 por Vicente Fox, Elba Esther Gordillo, Luis Carlos Ugalde y otros, y de la imposición de Felipe Calderón en Los Pinos, la ceremonia del Grito de Independencia del 15 de septiembre se convirtió en un escenario de confrontación y disputa entre el poder oligárquico y sectores sociales organizados y movilizados. En aquel año, con el Zócalo capitalino ocupado por el plantón en apoyo a Andrés Manuel López Obrador –despojado haiga sido como haiga sido de su triunfo electoral–, Fox se empecinó en encabezar, en ese mismo espacio, el ritual. A la postre el plantón fue levantado en vísperas del desfile militar, el guanajuatense terminó cediendo y se fue a gritar a Dolores Hidalgo, y la ceremonia en la ciudad de México fue presidida por el entonces jefe de Gobierno capitalino, Alejandro Encinas, quien dio el grito desde el balcón del Palacio del Ayuntamiento.


En los dos años siguientes el lopezobradorismo convocó al Grito de los libres, los primeros de ellos realizados en el propio Zócalo. Fueron memorables los intentos del calderonato por acallar a los disidentes mediante potentes equipos de sonido y shows de clara manufactura televisiva. A propósito de eso, de unos años para acá se han invertido los papeles: de un evento institucional que la televisión se encarga de transmitir, se ha pasado a la producción, desde el poder público, de una escenificación apta para ser transmitida.


Calderón terminó su sexenio mal habido en medio de un baño de sangre y de corrupción, y con la opinión en contra de la mayor parte de la gente. El año pasado, tras el surgimiento de #YoSoy132, no podía irle bien en la ceremonia del 16 de septiembre. Y no le fue: hay que acordarse de aquel rostro desencajado y aquella mirada perdida con la que el michoacano hubo de observar y escuchar, desde el balcón presidencial de Palacio, cómo le gritaban ¡asesino! y le iluminaban la cara con señaladores láser de color verde.


En el caso de Enrique Peña Nieto el repudio social antecedió su desaseado triunfo electoral y lo ha acompañado fielmente durante los meses que lleva en el despacho, y no podía esperar que le fuera mejor que a Calderón en su estreno como oficiante del ritual republicano. Y además, la plancha del Zócalo estaba ocupada por miles de maestros afiliados a la CNTE que exigen la derogación de la reforma laboral, disfrazada de educativa, impuesta por el peñato. De modo que, tras enviar contingentes de policías antidisturbios y columnas de provocadores a desmantelar el campamento magisterial, Peña se organizó un espectáculo de autoexaltación con miles de acarreados mexiquenses –hay reportes de que también hubo poblanos y veracruzanos– a quienes se dio prioridad para ingresar a una plaza más vigilada que nunca antes. El blindaje fue tan meticuloso que el Estado Mayor Presidencial ubicó y zangoloteó a un chavo que, desde la plancha del Zócalo, había alumbrado a Peña con un láser.

Pero ni esos grupos traficados por el aparato corporativo ni los escasos ciudadanos independientes que acudieron al Zócalo fueron suficientes para llenarlo ni para acallar los gritos de muera el mal gobierno que tampoco la televisión pudo extirpar de las pistas de audio de las grabaciones. Ese grito, por cierto, tan hermano del que pronunció el cura Hidalgo hace 203 años, se repitió en diversas plazas del país.


El contraste inevitable fue la fiesta cívica organizada por los maestros en lucha en su campamento del Monumento a la Revolución, reunión de ciudadanos libres que conmemoraron, con bailables y música oaxaqueña, el inicio de una gesta del vulgo –prole, se les dice ahora–, por el vulgo y para el vulgo.


En su empeño por defender su usurpación de un festejo eminentemente popular, el poder público y sus ideólogos han tratado de desvirtuar los orígenes de la ceremonia (véase los recientes artículos de Pedro Salmerón al respecto, por ejemplo), muy a tono con esa campañita presidencial que, a últimas fechas, nos quiere vender a un Lázaro Cárdenas privatizador y casi casi formado en Harvard. Pero eso tampoco ha servido de nada: paulatinamente, la fiesta ha regresado a sus legítimos propietarios: la prole, la banda, los nacos, la raza. Lo que se hace en el Zócalo año tras año es un esfuerzo inútil, costoso y tonto por mantener un símbolo de esplendor presidencial que ha desaparecido y que no volverá.



Qué bueno. Pensándolo bien, desde antes de que los neoliberales tomaran el poder por asalto ya resultaba ofensivo un festejo dividido entre los perfumados que asistían a la recepción oficial en Palacio y la chusma de abajo a la que se regalaba un espectáculo de fuegos artificiales y de confeti. No es buena cosa conmemorar el inicio de la Independencia con una práctica que escenifica y representa una estratificación más bien virreinal de la sociedad.

Compañeros de ruta


De una plática con Paco Ignacio Taibo II

Hace cosa de 40 años una chava muy combativa y un poco mayor que yo, al sorprenderme en plena lectura de Rimbaud, me clasificó como pequeñoburgués decadente y me auguró que la revolución proletaria me fusilaría.

Actualmente la autora de esa profecía –incumplida, por fortuna para mí, y para desgracia de la revolución proletaria– trabaja como gestora del PRI. Yo, por mi parte, sigo más o menos en lo mismo que en aquel entonces: leyendo a Rimbaud y tratando de aportar un milésimo de grano de arena a la transformación social.

He aprendido, eso sí, a no dejarme intimidar por ultras de temporada. Los de hoy tienden más al anarquismo (bueno: a eso que llaman anarquismo y que es como el esmog de la autopista que bordea el cementerio de Bremgarten-Friedhof y tizna la tumba del pobre Bakunin) que al maoísmo, y ya no suelen amenazar con el paredón porque eso se ha vuelto políticamente incorrecto. En todo lo demás la ultra sigue idéntica a sí misma.

Anda, querido activista intachable, accede a marchar por un rato al lado de este viejo reformista, que tal vez logremos hacer algo juntos antes de que nuestros caminos vuelvan a separarse. No te impacientes. Ya madurarás un poco y encontrarás hueso.

15.9.13

Viva México

Marcha de maestros en Xalapa previa al plantón ferozmente reprimido en la
madrugada del 13 de septiembre. Gracias por la foto a @claucruzg y @KarimeRiv


Vivan las semillas que germinan en silencio. Vivan los brotes que resisten la sequía y la tormenta. Vivan los tallos que se doblan, sin quebrarse, bajo la presión del viento. Vivan las ramas que avanzan y se entrelazan. Vivan los troncos que se robustecen. Viva el bosque completo.

Vivan los que salen a las calles y a las avenidas por primera vez en la vida.

Vivan los que han pasado toda la vida en las calles y no se han fatigado.

Vivan los que conservan el corazón limpio después de tantos fraudes.

Vivan las que escarban en la cáscara de la derrota hasta encontrar la victoria.

Vivan los que persisten, las que advienen, los incansables.

Vivan los abandonados de los que se acuerdan sólo para cobrarles impuestos.

Vivan las que actúan, las que cantan, las que danzan, las que pintan, las que toman video, las que escriben, las que operan, las que conducen, las que compran y venden con honestidad.

Vivan los que proyectan, los que suman, los que reparan, los que venden su trabajo sin vender la conciencia.

Vivan los que viajan son olvidarse de llevar los principios en el equipaje.

Vivan los sedentarios que siembran sus principios y se quedan a cuidar la cosecha todo el tiempo que sea necesario.

Vivan quienes no hacen escarnio de la pobreza y la dignidad.

Vivan las que ven venir la tormenta y en vez de hincarse se organizan.

Vivan los campesinos expoliados.

Vivan los asalariados que deben su salario antes de recibirlo.

Vivan los informales que convierten su incertidumbre en el pan de cada día.

Vivan los jubilados que pierden día tras día la carrera contra la inflación.

Vivan las niñas y los niños a los que se pretende dejar sin patria ni futuro.

Vivan las adolescentes que no alcanzaron lugar en la prepa.

Vivan los jóvenes excluidos de las universidades públicas.

Vivan los alumnos sin escuela, los maestros sin aula, los enfermos sin hospital, los servidores públicos sin presupuesto, los médicos sin medicinas, los artesanos sin taller, los comerciantes sin mercancía. Vivan todos aquellos que hacen milagros para sobrevivir.

Vivan los profesionistas que se ajustan a su manera digna de vivir.

Vivan los inquilinos angustiados que no ajustan para la renta.

Vivan los funcionarios que no roban ni engañan.

Vivan los legisladores que votan en contra de las reformas estructurales.

Vivan los dirigentes que no se venden.

Vivan los investigadores que no le temen a la verdad.

Vivan los informadores que redactan sus notas entre amenazas de muerte.

Vivan los que siguen viviendo en Estados Unidos para mantener a sus familiares en México.

Vivan los migrantes mutilados por La Bestia, extorsionados por la policía, vendidos como esclavos a los delincuentes, enterrados lejos de su patria.

Viva la Cooperativa Pascual. Vivan todas las cooperativas.

Viva la industria petrolera propiedad de la Nación.

Viva la UNAM. Viva el Poli. Viva la UAM. Viva la UACM. Vivan todas las universidades públicas de todos los estados.

Viva la Constitución de 1917.

Vivan los trabajadores de Mexicana. Viva el SME. Vivan los mineros. Vivan las comunidades zapatistas.

Viva la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación.

Viva MORENA.

Libertad para Alberto Patishtán.

Derogación de las reformas antipopulares impulsadas por el peñato.

Toda la solidaridad con los maestros en pie de lucha.

Alto a la represión.

Viva la raza. Viva la banda. Vivan los pelados. Viva la prole.

Vivan los siempre insumisos.

Vivan los muertos de todos los sexenios. Vivan las asesinadas de Ciudad Júarez, del Estado de México y de todos  los rincones dolientes del país. Vivan los mineros de Pasta de Conchos.  Vivan las víctimas de la homofobia. Vivan los niños sacrificados en la Guardería ABC.

Viva Cuauhtémoc. Viva Gonzalo Guerrero. Viva fray Bartolomé de las Casas. Viva Francisco Tenamaztle. Viva Jacinto Canek. Viva Gaspar Yanga. Viva Gabriel Teporaca. Viva fray Servando Teresa de Mier. Viva Francisco Primo de Verdad. Viva Miguel Hidalgo. Viva Josefa Ortiz de Domínguez. Viva José María Morelos. Viva Leona Vicario. Viva Epigmenio González. Viva Francisco Xavier Mina. Viva Vicente Guerrero. Viva el Batallón de San Patricio. Viva Benito Juárez. Viva Guillermo Prieto. Viva Ignacio Zaragoza. Viva José Santos Degollado. Viva Melchor Ocampo. Viva Mariano Escobedo. Viva Vicente Riva Palacio. Viva Ignacio Manuel Altamirano. Vivan Ricardo y Enrique Flores Magón. Viva Juana Belén. Viva Emiliano Zapata. Viva María Arias Bernal. Viva Aquiles Serdán. Viva Belisario Domínguez. Viva Francisco Villa. Viva Elisa Acuña. Viva Antonio Díaz Soto y Gama. Viva María Talavera. Viva Elisa Griensen. Viva Felipe Carrillo Puerto. Viva Lázaro Cárdenas. Viva Francisco J. Múgica. Viva Heriberto Jara. Viva Rubén Jaramillo. Viva Benita Galeana. Viva Valentín Campa. Viva Demetrio Vallejo. Vivan Frida Kahlo y Diego Rivera. Viva José Revueltas. Viva Heberto Castillo. Viva Carlos Montemayor. Viva Carlos Monsivais. Viva Bety Cariño. Viva Samuel Ruiz. Viva Carlos Fuentes. Viva Arnoldo Martínez Verdugo. Viva José María Pérez Gay. Viva Daniel Cazés. Viva José Emilio Pacheco.

Viva el arte. Viva el amor. Viva la terquedad vital. Viva la honestidad. Viva la congruencia. Viva la solidaridad. Viva el espíritu unitario. Viva la vida.

Viva México. Viva México. Viva México.