19.4.13

Los otros terroristas



Otra vez las bombas. De nuevo, las imágenes tremebundas de inocentes ensangrentados, masas aterradas cuyos miembros escapan sin saber hacia dónde, festejo que termina en hospitales atestados, en escenas desgarradoras en cementerios y en vidas alteradas para siempre por las heridas físicas o emocionales. Y una vez más, el desconcierto: “¿quién y por qué?”

Otra cosa: sin afán de ofender el dolor de las víctimas de Boston, vuelve a los medios la obscena desigualdad entre la cobertura hipertrofiada de un atentado en esa ciudad y el desdén por los baños de sangre que tienen lugar todos los días en los escenarios bélicos creados por Estados Unidos en medio planeta: Irak, Afganistán, México, Libia, Siria... Día tras día, muchos pierden la vida o una extremidad o un ser querido en esos y en otros conflictos, pero las historias correspondientes resultan aburridas. Será que los habitantes de naciones pobres no son tan simpáticos como los de Boston o será, tal vez, que el aparato mediático mundial sufre de un estadocentrismo desde el cual sólo es noticia lo que le sucede a los felices poseedores de la Citizenship.

Un ejemplo: si googlean “Afganistán” y “amputados”, se encontrarán con listados interminables de soldados estadunidenses e ingleses que saufrieron reducciones físicas en la ocupación de ese país centroasiático. En sexto o séptimo lugar hallarán algún reporte sobre afganos lesionados en “atentados terroristas”, una categoría que  se enfoca únicamente en los perpetrados por fundamentalistas, pero que excluye los cometidos por las fuerzas occidentales, aunque los segundos también dejen, por norma, decenas o cientos de muertos y heridos graves.

Y es que las tres diferencias sustanciales entre, por una parte, las bombas lanzadas desde aviones, helicópteros y aeronaves no tripuladas (UAV) sobre bodas y celebraciones en las montañas de Waziristán y, por la orta, las ollas de presión llenas de clavos que estallaron el lunes en el maratón de Boylston Street, residen en a) la tecnología, b) el grado de riesgo que corren los responsables materiales e intelectuales del ataque y c) la atención asimétrica que los medios brindarán a los afectados. Durante más de siglo y medio Estados Unidos ha estado regando con bombas los rencores que luego florecerán en atentados contra su propia ciudadanía; metiendo la nariz donde no le importa (¿quién carajos le dijo a John Kerry que los venezolanos le deben a Washington “una explicación” sobre el apretado triunfo electoral de Nicolás Maduro y la crisis política subsecuente?) y hostigando en forma mucho más peligrosa a potencias medias a las que les choca ser acosadas.

Desde luego, eso no necesariamente implica que el o los autores de los ataques de Boston provengan del exterior. No hay que olvidar que, hasta antes del 11-S, el atentado terrorista más cruento de la historia estadunidense era el bombazo del edificio federal en Oklahoma y que éste fue planeado y ejecutado por un ex soldado gringo. Sin contar las masacres en centros de enseñanza, templos, salas de cine, oficinas públicas y hamburgueserías, perpetradas generalmente por enfermos mentales solitarios, las expresiones terroristas que se gestan en la profundidad de la sociedad estadunidense son la otra cara de la moneda del terrorismo de Estado que ha sido instrumento regular de la política exterior del país.

Un informe de 1990 del Departamento de Justicia, Terrorism in the United States, reseñó en ese año siete “incidentes terroristas” y otros cinco que fueron evitados. Entre los responsables de las amenazas internas la dependencia mencionó al “terrorismo cubano anticastrista”, al grupo supremacista “Naciones Arias”, a la “Organización Comunista 19 de Mayo”, a la Yahweh (un grupo de judíos afroestadunidenses con sede en Miami) y a algunos agentes de la dictadura pinochetista vinculados al asesinato de Orlando Letelier en Washington, 14 años antes.

De las organizaciones extranjeras destacaban el grupo palestino de Abu Nidal, el ala provisional del Ejército Republicano Irlandés, un grupo terrorista sij, un filipino no identificado y dos colombianos que trabajaban para el cártel de Pablo Escobar y que fueron a Estados Unidos con la idea de comprar misilies antiaéreos Stinger. El documento menciona además a grupos independentistas puertorriqueños, a “elementos terroristas judíos”, al Frente de Liberación Animal, a la Conspiración Internacional Eco-Terrorista Evan-Mecham  (EMETIC, por sus siglas en inglés), a la Alianza de la Intransigencia Cubana y a Eart Night Action Group, ambientalista radical. Las acciones reseñadas son, en su mayor parte,  atentados con explosivos.



Hacia 1999 el FBI alertaba sobre el hecho de que “en los últimos 30 años la gran mayoría de los ataques terroristas letales perpetrados en Estados Unidos fueron realizados por extremistas internos”. Y sí: cuatro años antes, el 19 de abril de 1995, un joven condecorado en la primera guerra de Irak y afiliado al Partido Republicano y a la Asociación Nacional de Rifle (NRA) estacionó frente al edificio federal de Oklahoma un camión cargado con dos mil 300 kilos de explosivos de alto rendimiento, activó un detonador y se retiró del lugar. A las 9:02 la explosión mató a 168 personas (entre ellas, 19 niños de la guardería ubicada en la segunda planta de la construcción), hirió a 680, demolió una tercera parte de la sede y dañó más de 300 construcciones cercanas. Thimoty McVeigh nunca se arrepintió de lo que había hecho y cuando le fue leída la sentencia capital pidió que la ejecución fuera televisada en cadena nacional. El 11 de junio de 2001 le fue suministrado veneno vía intravenosa en la penitenciería federal de Terre Haute, Indiana.

Pero tres meses exactos después de aquella ejecución los de Al Qaeda hicieron lo que hicieron y desde entonces el terrorismo realizado por ciudadanos estadunidenses ha sido mantenido en tercer plano y ha pasado a ser un tema de menor importancia para las autoridades gringas, muy por debajo de las actividades de los grupos integristas y de las armas de destrucción masiva reales o ficticias que pudieran encontrarse en poder de gobiernos a los que Washington considera enemigos. Nada ha cambiado, en esta materia, entre las administraciones de Bush y de Obama.

A principios del milenio había 148 “grupos patrióticos” supremacistas y de ultraderecha –McVeigh mantenía vínculos con algunos de ellos–, incluidas 72 “milicias”, es decir, grupos paramilitares   cuyos integrantes entrenan con regularidad  para enfrentar la amenaza de Irán, la de los indocumentados, la de Corea del Norte o la del fin del mundo; para 2011 sumaban ya mil 352. Algunos de ellos amenizan sus reuniones con música de alguna de las cerca de 150 bandas que componen e interpretan canciones neonazis.

Washington no elabora listas de organizaciones terroristas internas –como sí lo hace, con un sesgo inocultable, con grupos extranjeros–; en cambio, se refiere a “amenazas”: animalistas y ambientalistas extremistas, anarquistas, supremacistas y racistas, “extremistas antigobierno” e integrantes del soberanismo ciudadano, separatistas negros, antiabortistas y “extremistas islámicos estadunidenses”, además de los peligrosísimos “lobos solitarios” que perpetran masacres nomás porque sí. Y a todo ésto, ahora, con lo de Boston, se propone a unos "quiénes" pero sigue sigue sin saberse el porqué. 

16.4.13

Maduro se compara
con Calderón y Bush


Uno de los errores más garrafales de Nicolás Maduro –más que la presunta parábola de Chávez convertido en pajarito– fue el comparar la situación venezolana del momento, en el discurso que pronunció tras el anuncio de su apretada victoria en las elecciones presidenciales del domingo pasado, con las que se configuraron en los comicios presidenciales de 2000 en Estados Unidos y de 2006 en México.

En los primeros el triunfo fue adjudicado, después de un jaloneo memorable, al republicano George W. Bush, a pesar de los indicios de que su mayoría en el colegio electoral fue conseguida mediante manipulaciones fraudulentas en Florida, entonces gobernada por Jeb Fush, hermano del favorecido. En cuanto a la elección presidencial de 2006 en México, el “triunfo” de Felipe Calderón fue fabricado, entre otros medios, con un descarado trasvase de votos emitidos a favor del priísta Roberto Madrazo y que fueron a parar al caudal electoral del aspirante oficialista, a fin de darle una ventaja de 1 por ciento –que a la postre se redujo al célebre 0.56– por encima del vencedor real de los comicios, que fue Andrés Manuel López Obrador. De acuerdo con los exhaustivos análisis estadísticos realizados por varios autores y recopilados por Héctor Díaz-Polanco en La cocina del Diablo, los verdaderos resultados de esos comicios pudieron ser algo así como 34 por ciento para AMLO, 30 por ciento para FCH y 27 por ciento para RMP.

Los paralelismos resultan tanto más desafortunados si se considera que, de acuerdo con la información disponible, en cambio, las presidenciales del domingo pasado en Venezuela pudieron estar marcadas por la inequidad de los organismos institucionales a favor de Maduro y por las campañas sucias antichavistas organizadas por los sectores oligárquicos y sus respaldos del exterior, pero no por una manipulación de los resultados electorales, como pudo ocurrir en Estados Unidos en 2000 y como ocurrió en México en 2006. Qué necesidad de enumerarse entre defraudadores de derecha que resultaron ser, para colmo, gobernantes ineptos y sangrientos. Para colmo, en su alocución del triunfo el candidato chavista confundió las cosas y afirmó que ante el fraude foxista-calderonista, “la izquierda respetó los resultados”, algo que resultaba impensable porque quienes fabricaron tales resultados no respetaron el veredicto ciudadano.

Dejando de lado el caso estadunidense, la diferencia sustancial entre México 2006 y Venezuela 2013 es que hace siete años el bando que fue formalmente declarado triunfante rechazó de tajo cualquier posibilidad de recuento de los votos y que Maduro, en cambio, se adelantó a pedir una auditoría de los resultados electorales del domingo. Su rival a la derecha, Henrique Capriles, ha ido más allá y ha pedido un recuento total de los sufragios en papel, algo semejante a la exigencia enarbolada por la izquierda electoral mexicana en 2006: “voto por voto, casilla por casilla”. Ahora es claro que en Venezuela ambos procedimientos son inevitables en la obtención de la legitimidad.

Más allá de las insinuaciones de fraude por parte de Capriles –que probablemente sean meramente propagandísticas– y de la nefasta manera en la que Maduro se equiparó con personajes fraudulentos, el problema de fondo, exhibido por estos comicios, es que el chavismo sin Chávez pesa 600 mil votos menos que con Chávez, según indica el cotejo de los resultados de esta elección con los de los comicios de octubre del año pasado. Si el 1.7 por ciento de la ventaja de Maduro es un dato confiable, entonces también es cierto que la sociedad venezolana se ha dividido prácticamente en mitades con respecto al proyecto bolivariano.

Antes que enumerar las dificultades que habrá de afrontar el mandato de Maduro –y si se da por hecho que las revisiones del resultado ratifican su victoria– hay que pensar en los flancos que se le abren al proyecto con su apretado triunfo. Además de la presión de movilizaciones internas –que sólo puede neutralizarse mediante el recuento total de los votos–, empiezan a aparecer en el exterior agentes “de buena voluntad”, como la Casa Blanca –replicada de inmediato por el encargado de la OEA, José Miguel Insulza– que piden el recuento de los sufragios.

Al parecer, el procedimiento no tiene fundamento en la legalidad de Venezuela, pero políticamente es casi inevitable, no para contentar a Washington y a su organismo satélite, sino porque casi la mitad de los electores venezolanos deben ser convencidos de la legitimidad de Maduro.

11.4.13

Breve anecdotario
de las drogas / II



Veamos: en 1883 Sigmund Freud leyó un artículo sobre los efectos de la cocaína y se le ocurrió usarla para tratar  diversos padecimientos y para desenganchar a morfinómanos. Ordenó un gramo al laboratorio Merck y la probó. Se sintió fuerte y seguro. Luego decidió tratar a su colega Ernst Von Fleischl-Marxow, quien se había hecho adicto a la morfina para combatir dolores en una mano; con la colaboración de Freud, Ernst empezó a consumir un gramo diario, lo que disipó sus dolores y mejoró su estado psicológico. El padre del psicoanálisis dio por repartir cocaína entre amigos, pacientes, colegas, sus hermanas y su novia y escribió un artículo (“Sobre la coca”) en el que exaltaba los beneficios de la sustancia en el tratamiento de la depresión y los dolores y en el aumento del rendimiento físico e intelectual. Pero justo cuando ese texto salía a la luz, su primer paciente, Von Fleischl-Marxow, volvió a sentir dolor  y empezó a experimentar delirios en los que creía tener serpientes por todo el cuerpo. Se acabó muriendo, sin superar su enganche con la morfina, pero con uno nuevo a la cocaína.

Por su parte, Carl Koller, aprovechándose de las investigaciones de don Freud, pero sin darle crédito, utilizó con éxito la cocaína en cirugía e intervenciones oftalmológicas, con lo que logró un gran reconocimiento científico. Tras sus años en el perico, Segismundo abandonó la sustancia y ya fue que se dedicó a inventar el psicoanálisis. Que se sepa, no volvió a meterse drogas duras sino hasta poco antes de morir: en 1939, afectado por un cáncer en la boca y muy disminuido, le pidió a su médico personal que le suministrara el sueño eterno, cosa que se realizó mediante tres inyecciones de morfina.



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En el siglo XIX y hasta principios del XX, drogas como la marihuana, los opiáceos y la cocaína se utilizaban comunmente en México, especialmente los opiáceos, fundamentalmente por razones médicas. Láudano y otros derivados del opio como la morfina y la heroína, o bien de medicamentos, como la cocaína, los vinos de coca y cigarrillos de marihuana, fueron prescritos por los médicos y se obtenían fácilmente en las farmacias, mercados populares y hasta ferreterías. Las autoridades estaban preocupadas por la calidad de estos productos y trataron de proteger a los consumidores [...] Hubo algunos intentos de controlar el láudano, la adormidera y el comercio de marihuana desde 1870, pero no tuvieron éxito.


* * *

“Hay estudios de que el joven que consume mariguana tiende a disminuir los niveles de testosterona, que es lo que le da las características de masculinidad y entonces, al disminuir estas características, comienza a retener tendencias de tipo homosexual”; además, la mota “nubla el raciocinio” y “en esta promiscuidad relacionan alcohol, sexo y mariguana; pero el sexo ya es con quien te toque, ya no es con un hombre o con una mujer, dependiendo de tu sexo, sino con quien te haga sentir bonito”. La declaración es del “doctor” Narcizo Morales López, coordinador de la clínica médica de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla,  PAEP.


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“La nuestra –dice el psiquitra Thomas Szasz– es una sociedad terapéutica, casi en el mismo sentido en que la sociedad medieval española era teocrática. Así como hombres y mujeres viviendo en una sociedad teocrática no creían en la separación de la Iglesia y el Estado, sino que, por el contrario, aceptaban fervientemente su unión, del mismo modo, nosotros, viviendo en una sociedad terapéutica, no creemos en la separación entre la medicina y el Estado, sino que aceptamos su unión fervientemente. La censura a las drogas surge de esta última ideología, tan inexorable como la censura a los libros surgió de la primera. Esto explica por qué liberales y conservadores –y también la gente en un centro imaginario– están todos a favor del control de las drogas” (citado por Elías Neuman en La legalización de las drogas y los temores concretos.

Algo semejante esboza Fernando Savater: “La persecución contra la droga proviene de una traslación de la intolerancia religiosa: hoy la salud física es el sustituto laico de la salvación espiritual. Existe un temor al espíritu (¿qué tendremos dentro que la droga puede liberar?) y un miedo al descenso de productividad (a ésta se le llama “salud pública”).



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Stevie Nicks, cantante del quinteto estadunidense Fleetwood Mac se perforó el tabique nasal por su alto consumo de cocaína. Según el Anecdotario del Rock, Stevie recurrió a un método alternativo para inocularse la droga: durante los conciertos, entre canción y canción, pedía  a sus ayudantes que le soplaran el polvo blanco con una pajita al interior del ano. Más atascado resultó Keith Richards, quien, además de otros polvos, por las fosas nasales se metió las cenizas de su papá mezcladas con cocaína. En una ocasión otro notable del rock, Ozzy Osbourne (expulsado  por atroz del grupo Black Sabbath) a falta de una dosis de algo mejor, consiguió un popote, se puso a cuatro patas y de una sola aspiración se esnifó una fila de hormigas vivas.


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Hay fuertes indicios de que la prohibición federal de producir mariguana en Estados Unidos (Ley de Acto Fiscal de la Mariguana, 1937) fue impulsada no sólo por actitudes hipócritas y moralinas sino, sobre todo, porque los empresarios DuPont, el magnate de medios William Randolph Hearst y el secretario del Tesoro, Andrew Mellon, querían eliminar del mercado el papel producido con cáñamo, mucho más barato que el fabricado con pasta de madera (en el que Hearst tenía grandes inversiones), así como acabar con las fibras naturales que le hacían competencia a las sintéticas (nylon), producidas por Mellon y por los Dupont.

El veto nacional fue precedido por prohibiciones locales –Wyoming (1915), Texas (1919), Iowa (1923), Nevada (1923), Oregon (1923), Washington (1923), Arkansas (1923) y Nebraska (1927)– adoptadas, a su vez, con el telón de fondo de prolongadas campañas de difamación contra los mexicanos, a quienes se daba por fumadores natos y universales de la hierba; los negros, a quienes muchos anglosajones atribuían la culpa de todos los males de la sociedad, y hasta contra los mormones, algunos de los cuales habían llevado mota mexicana a Salt Lake City en 1910. Un senador texano declaró por esos tiempos: “Todos los mexicanos están locos, y lo que los vuelve locos es la mariguana”. Hacia 1934 un periódico editorializó: “La mariguana induce a los negros a ver a los ojos a la gente blanca, a pisar la sombra de los hombres blancos y a mirar con interés a una mujer blanca” (Pete Guither, en “Why is Marijuana Illegal?”)


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Aclaración pertinente: el nombre “Juan Anzaldo”, como bauticé a un fumador de caca de conejo mencionado en la entrega anterior de esta picaresca (jueves 4 de abril de 2013), no hace de ninguna manera referencia a Juan Anzaldo Meneses, editor en el Centro de Estudios Antropológicos Ce-Acatl, A.C., a quien no conozco personalmente, ni a ninguno de sus  homónimos en la vida real.







10.4.13

Thatcher: la herencia



El primer episodio del thatcherismo tuvo lugar seis años antes de que Margaret Thatcher llegara a la jefatura del gobierno británico; concretamente, empezó el 11 de septiembre de 1973, cuando un grupo de militares –azuzado por Richard Nixon; su secretario de Estado, Henry Kissinger; el entonces vicepresidente, Gerald Ford, y George Bush padre, quien se desempeñaba como representante de Washington ante la ONU– destruyó la democracia chilena, asesinó a miles de ciudadanos, secuestró, encarceló y torturó a decenas de miles. Otras decenas de miles hubieron de partir al exilio. Una vez instaurada, la dictadura que encabezó Augusto Pinochet clausuró el Congreso, declaró la ilegalidad de los partidos políticos y un par de años después entregó el manejo económico a un grupito de posgraduados en la Universidad de Chicago –de allí el apodo de Chicago Boys–, donde enseñaba Milton Friedman: Sergio de Castro, José Piñera, Jorge Cauas, Pablo Barahona...

Hasta entonces, ningún Estado había sido sujeto a un desmantelamiento económico tan devastador como el que emprendieron los operadores del régimen militar, quienes transfirieron la mayor parte de la propiedad pública a consorcios privados, confiscaron los fondos de pensiones para llevarlos al ámbito de la especulación financiera, redujeron en 20 por ciento el gasto público, despidieron a tres de cada 10 empleados del Estado, liquidaron los sistemas de ahorro y préstamo de vivienda, flexibilizaron el mercado laboral y aumentaron significativamente el IVA. Los costos sociales fueron casi tan devastadores como la represión política misma: el producto interno bruto (PIB) se desplomó 12 por ciento, el desempleo se disparó a 16 por ciento y el volumen monetario de las exportaciones experimentó una contracción de 40 por ciento.

Hacia 1977 los indicadores macroeconómicos repuntaron, impulsados por las desorbitadas ganancias que obtenían las empresas privadas, particularmente las administradoras de fondos de retiro, rentabilidad que tuvo, como contraparte, una severa depreciación de las pensiones que les fueron encargadas. Tras la contracción económica inicial, la siguiente fase de crecimiento (que duró hasta 1982) fue llamada boom o milagro chileno por la masa de medios informativos.

Ese fue el primer ensayo de lo que Margaret Thatcher habría de aplicar en Inglaterra a partir de 1979. Con la llegada de Ronald Reagan a la Casa Blanca, casi dos años más tarde, el modelo fue repetido en Estados Unidos con el nombre de reaganomics. Ya asentado en calidad de política oficial, el neoliberalismo fue proyectado, con el nombre de revolución conservadora, desde Londres y Washington, al resto de las economías capitalistas, empezando por las periféricas: México se deslizó hacia el paradigma desde 1982 y seis años más tarde cayó en él, de manera estrepitosa, con la fraudulenta imposición de Carlos Salinas en la Presidencia; Argentina sucumbió un año más tarde, con el gobierno de Carlos Menem; a Perú le llegó el turno en 1990, cuando ganó una elección presidencial el hasta entonces desconocido Alberto Fujimori. Sólo unos ejemplos.

Ese primer ciclo de regímenes neoliberales tuvo como características principales el autoritarismo y/o militarismo y la corrupción. La entrega de los bienes públicos a empresarios privados confundió las fronteras entre el ámbito empresarial y el político. Reagan echó mano del terrorismo de Estado contra Libia, Granada y Nicaragua, y lo alentó en El Salvador y Guatemala, e impulsó el narcotráfico mediante la operación Irán- contras. Thatcher impuso la guerra sucia en Irlanda contra los combatientes independentistas y, en la guerra contra Argentina, recurrió a una crueldad tan extremada como innecesaria (recuérdese el hundimiento inútil del General Belgrano) y desplegó armas nucleares en una región que había decidido prohibirlas. En el gobierno de Salinas fueron asesinados cientos de opositores políticos. Fujimori está actualmente preso por las graves violaciones a los derechos humanos cometidas durante su gobierno, parte del cual fue una desembozada dictadura; Menem indultó a los responsables de crímenes de lesa humanidad.

Pinochet está muerto. Reagan también está muerto y ahora se les ha unido Margaret Thatcher. Pero dejaron herederos de segunda generación, como Sebastián Piñera –hermano menor del Chicago Boy que privatizó las pensiones chilenas–, Mariano Rajoy, operador de un implacable plan económico antipopular en España; la jefa real del anterior, Angela Merkel, y Enrique Peña Nieto, discípulo de Salinas, entusiasta de las privatizaciones de bienes públicos y del recorte de derechos laborales, y autoritario si los hay. Sólo unos ejemplos. El neoliberalismo va en retirada en el mundo, pero la batalla contra la revolución conservadora aún no ha terminado.

4.4.13

Breve anecdotario
de las drogas / I


Mi amigo Juan Anzaldo pintaba para gran novelista pero fumaba demasiada mariguana y otras cosas y llegó un momento en que dejó de interesarse por los que le rodeábamos, como un fuera para platicarnos de sus viajes y experimentaciones con sicotrópicos insólitos, y se volvió aburrido, y después insoportable, y dejé de frecuentarlo. La última vez que lo vi me llegó con una historia corriente pero poco verosímil:

–Futa. La probé ayer y sí es cierto lo de la caca de conejo.

–¿Qué hay con ella?

–Que la pones a secar, te la fumas y se te viene encima el juicio final. Pero chingón.

–Lo dudo.

–¿No me crees?

–Bueno, todo es posible. A lo mejor te fumaste la caca de un conejo que había sido alimentado con mariguana. O con peyote.

Mi escepticismo le ofendió, a mí me molestó su entusiasmo crédulo y así fue que nos distanciamos. Sabrá Dios dónde y en qué ande el buen Juan Anzaldo. Hace unos días me acordé de él. Por si me lee, le dedico este pequeño anecdotario.


* * *

Anamaría Ashwell: “El mito de los bardos gaélicos sobre una ‘gema’ que se agranda bajo la influencia de un ‘sapo’ o una ‘serpiente’ produciendo una iluminación universal en aquel que la consume, no es exclusivo de los bardos gaélicos e irlandeses que extasiados por esos poderes alucinatorios cantaron a la Diosa Blanca en tiempos medievales: la misma ‘gema’ se consumía y fue parte de los mitos fundacionales de casi todos los pueblos mesoamericanos” (La Diosa Blanca: gramática histórica del mito poético).


El primero al que se le ocurrió prohibir la mariguana fue al papa Inocencio VII, en 1484 (Cannabis: salud, legislación y políticas de intervención). Fue un legado religioso de la pugna entre Occidente y Oriente, apunta Juan Pablo García Vallejo en su Gacetta cannábica, “porque cada cultura consumía estimulantes distintos, unos consumían vino y los otros hashish, pero al mismo tiempo demonizaron cada una el estimulante consumido por la otra, los occidentales no consumen hashish ni los musulmanes, alcohol.”

La misma fuente asegura que Diego Rivera murió engañado, creyendo que la mota tenía orígenes mesoamericanos. Pero los primeros productos canábicos en el continente americano fueron las varias toneladas de cáñamo que venían cargando las carabelas de Colón, entre velas, redes y cuerdas. Hay que recordar que la Cannabis sativa, de la que se extrae la mariguana y el hashish es también fuente de fibras vegetales de usos diversos, desde el cáñamo que usaba mi abuela para envolver paquetes hasta papel y telas para prendas de vestir.

En efecto, la planta es originaria de las cordilleras del Himalaya. Parece ser que su uso se extendió hacia Europa desde tiempos muy remotos porque, a decir de Wikipedia, se ha hallado, en un antiguo cementerio situado en la actual Rumania, un brasero ritual con semillas carbonizadas de cannabis.

Se pachequeaban los asirios, los arios, los escitios, los tracios y también, a decir de Ibn Taymiyya (Le haschich et l'extase), los antiguos judíos, los cristianos primitivos (quienes usarían la mariguana como sacramento religioso) y los musulmanes sufíes, y se presume que la palabrea asesino deriva del árabe hassasin, que significa “fumador de hashish”. Un mariguano destacadísimo pudo ser el propio William Shakespeare: intrigado por la pachequez de algunos de sus sonetos (en particular, el 76), el investigador sudafricano Francis Thackeray escarbó en el jardín de la casa del bardo en Stratford upon Avon y se encontró unas pipas con restos de cannabis.

Según Francisco A. de Icaza, el conquistador español Pedro Cuadrado introdujo las primeras semillas de mariguana en Nueva España. Según Silvio Zavala, Juan de Zumárraga impulsó el cultivo de la planta porque “a los indios, para vivir bien, les ha faltado principalmente, antes de la llegada de los españoles, lana fina, cáñamo, lino, plantas y cuatropeas, mayormente asnal”.



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La diacetilmorfina fue lanzada por Bayer al mercado en 1898 con el nombre comercial de “heroína”. El nombre deriva de  sus “heroicos” efectos en la salud: Bayer la vendía para tratar la adicción a la morfina y como jarabe para la tos. Hacia 1899, producía cerca de una tonelada anual, que exportaba a 23 países. Ante la presión de la comunidad científica, que comprendió su poder adictivo, dejó de venderla en 1910, aún asegurando que no era adictiva. (Heroin and Contergan: Crisis Management at Bayer and Grünenthal, Ed. GRIN Verlag, 2008)


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Coca Cola nació en Atlanta en mayo de 1896, como uno de los muchos imitadores de la exitosa pócima francesa “Vin Mariani” que contenía también cocaína. Fue en esa fecha que el farmacéutico John Pemberton creó el “French Wine Coca” y comenzó a venderlo en la farmacia de Jacob  como un pseudo-fármaco (patent medicine, en inglés) con un anuncio que comenzaba así: “Para los desafortunados que son adictos al hábito de la morfina o del opio, o al consumo excesivo de estimulantes alcohólicos, el ‘French Wine Coca’ ha probado ser una bendición”.


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En 1977, en el marco de la Operación Cóndor, diez mil soldados, bajo el mando del general José Hernández Toledo (quien nueve años antes comandó a las tropas que asesinaron civiles inermes en la Plaza de las Tres Culturas), fueron enviados a las zonas serranas de Sinaloa, Durango y Chihuahua para combatir la siembra y el trasiego de drogas. Se recurrió a defoliantes y a violaciones masivas de derechos humanos. El general Hernández Toledopredijo el fin del tráfico de drogas en seis meses. Cientos de campesinos huyeron a otros estados y, con ellos, muchos narcotraficantes que continuaron su actividad en otras regiones del país. El entonces delegado de la PGR en la zona, Carlos Aguilar Garza, se convirtió en narco y fue asesinado en 1993.

Arturo Cano apunta que entre los saldos de la Operación Cóndor debe incluirse “el comienzo del fin de la producción de goma de opio y el principio del trasiego de cocaína, que a su vez fue base para el surgimiento de los poderosos cárteles del narcotráfico”.


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En  1997, en el curso de una recepción ofrecida por el entonces primer ministro Tony Blair, “alguien” ofreció al cantante Noel Gallagher mostrarle el inodoro que Downing Street  reservado para la reina Isabel. El músico encontró el lugar muy agradable (“la tapa estaba cubierta con terciopelo rojo, y todo”) y allí mismo se metió un perico de cocaína. Posteriormente, no tuvo empacho en confesar su travesura en un programa de radio de la BBC.



2.4.13

La guerra sigue




Cuatro meses después, fuera de las oficinas públicas, nada ha cambiado. Las autoridades municipales, estatales y federales siguen violando los derechos humanos en el marco de algo que ya no se llama guerra, pero que sigue siéndolo; día tras día se suceden los combates (aunque la jerga oficial los denomine enfrentamientos) entre dos o más de los difusos bandos de la contienda, y la población del norte, del sur y del Golfo sigue sin encontrar un solo motivo de alivio para la zozobra que padece desde hace más de seis años: homicidios, secuestros, levantones y extorsiones son, como en abril pasado y como en abril antepasado, el pan de todos los días para los inermes y hasta para los menos poderosos de los poderosos.

Así como el panismo priízado no tocó las raíces de la corrupción histórica cuando accedió a la Presidencia hace 12 años, hoy el priísmo empanizado se mantiene fiel en lo general, excepto por el discurso, al modelo de desestabilización violenta impuesto por Felipe Calderón desde el poder presidencial. Y con el telón de fondo de la descomposición imparable de las instituciones, proliferan en varios puntos del territorio nacional nuevas gavillas, desgajamientos menores de cárteles antiguos y organizaciones de autodefensa no más ilegales que la abdicación del Estado a su obligación central y fundacional: dar seguridad a la gente.

La guerra sigue, porque la población no cabe en la economía, porque la autoridad se ausentó y no ha regresado, porque se han llevado a sus últimas consecuencias las lógicas de la competitividad, la productividad y la ganancia: sólo el narcotráfico, la extorsión, el secuestro y el tráfico de personas son más rentables que las privatizaciones, los contratos mafiosos y las concesiones antinacionales que vienen siendo el modelo ideal de negocio desde tiempos de Salinas.

Y así como el foxismo fue la etapa superior del salinismo, el gobierno de Peña Nieto es el capítulo siguiente del calderonato. No hubo, en el recambio operado por el músculo del dinero en 2012, intención alguna de transición ni de cambio; se trataba, por el contrario, de asegurar la permanencia de las lógicas que rigen al Estado desde 1988. La única diferencia real entre uno y otro es la habilidad discursiva (del régimen, no de los gobernantes, entre quienes podría establecerse una eliminatoria por el campeonato de torpeza verbal); mientras que los panistas de Calderón no estuvieron lejos de confesar su odio hacia la plebe, los priístas de Peña se dieron vuelo acuñando y promoviendo frases del tipo Peña, bombón, te quiero en mi colchón, para regocijo de algunos sectores femeninos de las clases populares.

La guerra seguirá en tanto a los de arriba no se les acabe el negocio de liquidar al Estado en todas sus instituciones salvo, tal vez, la presidencial. Que el sector privado se encargue de las aduanas, de la seguridad, de las cárceles (¿verdad, señor Mondragón?), de la recaudación y también, por supuesto, de la educación, la salud, la generación de electricidad y la extracción y el transporte de petróleo.

Lo que deja, en todo caso, es garantizar la integridad de bancos, filiales de trasnacionales de servicios y empresarios adinerados y sus familiares. Quién le va a hallar cara de negocio a la protección de comunidades miserables y remotas, de ciudadanos anónimos que transitan en masa por las urbes, de jubilados y de jóvenes sin empleo ni escuela. Los segundos pueden seguir nutriendo la cifra de lo que antaño se denominaba bajas colaterales y que ahora ya no se llama de ninguna manera porque, por disposición oficial, no se habla de eso.

La guerra seguirá, pues, hasta que la gente diga ya basta y se dé cuenta de que el rey sexenal va desnudo: desnudo de respaldo, de simpatías y de consensos, salvo los que consigue a punta de repartición de prebendas entre las cúpulas políticas formales.


28.3.13

Pasión de muchos
pero no de todos

Hay quienes ven en Jesús al Mesías que anuncia la llegada del reino de Dios en la tierra o el próximo fin del mundo. Otros lo perciben como un repartidor de castigos eternos para los incrédulos. Algunos piensan que el Cristo es una suerte de pseudópodo introducido por Dios en el acontecer humano para corregir algunas desviaciones graves de la especie. Muchos lo adoran como heraldo del amor a los semejantes, la generosidad y el perdón. Se le tiene como intermediario entre el Padre Eterno y los mortales. Hay cristianos ateos que simpatizan con la figura del Nazareno porque lo consideran un luchador social que dio su vida por un mejor futuro para los demás, una suerte de predecesor del Che Guevara. Algunos sostienen que era un mago o un iniciado; no ha faltado quien afirme que, en el camino que va del Calvario a la diestra del Padre, Jesús hizo escalas en Cachemira o en América del Norte, e incluso alguno ha escrito tonterías sobre su origen extraterrestre.


La percepción de Cristo genera consensos de escala civilizatoria (quién va a discutir que eso del amor al prójimo y a los desamparados es una cláusula a toda madre) y disensos de una profundidad tan abismal como las guerras de religión en las que los bandos se permiten a sí mismos asar personas y destripar pueblos enteros en nombre de la fidelidad a Él. Por supuesto, la figura de Jesús sirve también para realizar grandes negocios con la fe de los crédulos, tanto dentro como fuera de los cultos cristianos tradicionales.

Por perseverancia predicadora convertida en músculo institucional e iconográfico, por agotamiento de la imaginación en las tierras dominadas por el cristianismo o por alguna otra razón, el judío insumiso que vivió en Palestina hace dos milenios y pico es tomado también, lisa y llanamente, como representación de lo humano, a partir de referencias evangélicas tal vez totalitarias o acaso distorsionadas: “El Hijo del Hombre” (ὄ ὑιὸς τοῦ ἀνθρῶπου) o Ecce Homo (ἰδοὺ ὁ ἄνθρωπος)

Sin embargo, el que las iglesias que reivindican a Cristo como guía se digan representantes de la humanidad, incluida la anterior a él, choca con el dato de que la mayoría de los miembros de la especie no forma parte de la cristiandad: ésta, sumando católicos, ortodoxos y protestantes de diversas denominaciones, cuenta con unos dos mil millones de feligreses (World Christian Data Base), cifra que es fácilmente superada por la suma de practicantes del budismo y el hinduísmo (unos dos mil 300 millones, en conjunto). En 2005 la Encyclopaedia Britannica indicaba que los cultos cristianos constituían un tercio de las feligresías mundiales, seguidos por el Islam (20 por ciento). Pero si a las religiones no cristianas se les suma el conjunto de los ateos y agnósticos (más de mil 300 millones en el año 2000, según la World Christian Encyclopedia, que hizo el favor de contarnos), resulta que la cristiandad representa a menos de una tercera parte de los seres humanos.

Por lo demás, algunos pensamos que el cristianismo no equivocó su camino en los concilios de Nicea o Trento ni en el Edicto de Tesalónica sino desde que el propio Jesús de Nazaret, en vez de hablar a título personal o en nombre de sus seguidores, se presentó como hijo del Dios de todas las personas y exigió obediencia a la humanidad en general o a la porción de ella que alcanzaba a vislumbrar. Así lo indican las epístolas de Pablo de Tarso y los Evangelios, sinópticos o no –prácticamente las únicas fuentes para conocer el discurso del Mesías cristiano–, y semejante falta de respeto ha sido perpetuada por sus seguidores de todas las clases y a lo largo de los milenios hasta llegar, por ejemplo, al más reciente pontífice romano.

Ciertos informadores aplaudieron a rabiar al Papa Francisco el pretendido gesto de “apertura”  o “tolerancia” de estas palabras que dirigió a los periodistas que cubrieron su elección:

“Como muchos de ustedes no pertenecen a la Iglesia católica y otros no son creyentes, de corazón doy esta bendición en silencio a cada uno de ustedes, respetando la conciencia de cada uno, pero sabiendo que cada uno de ustedes es hijo de Dios”.

Es posible, en efecto, que entre los asistentes a ese encuentro, realizado en el aula Pablo VI del Vaticano, hayan estado dos o tres de esos mil 300 millones de individuos que no creen en ningún Dios; en todo caso, su falta de fe no significa que  no sepan  perfectamente quiénes son sus padres, y éstos no son el que el Papa dice. Otra: ¿por qué tenía que soltar la mentira manifiesta y de pretensiones totalitarias de que “la Iglesia de Roma [es la] que guía a todas las iglesias”? ¿Realmente piensa el nuevo pontífice que los dayanim mosaicos, los practicantes del sintoísmo japonés o las  iyanifas de la santería no tienen otra cosa que hacer que esperar lineamientos del Vaticano?

Tras varias relecturas del Nuevo Testamento y de otros textos sigue sin quedarme claro por qué crucificaron a Cristo –si por blasfemo, por levantisco, por incómodo o por otro motivo– y por qué aceptó sin vacilaciones un destino tan doloroso. Comoquiera que haya sido, lo que ocurrió tras la captura en Getsemaní fue una canallada imperdonable (pero de ninguna manera excepcional en su época, y ni siquiera en la nuestra) y, desde luego, resulta  conmovedora la imagen de un hombre azotado, escarnecido y clavado o atado a un palo hasta que se le escape la vida. Tal castigo –como cualquier forma de pena de muerte, mutilación o lesión física– es inaceptable, incluso si quien la sufre es un ladrón, un asesino, un violador o un genocida. Más empatía y desgarro causa la escena si, como lo quieren los Evangelios, Jesús de Nazaret fue un amoroso, un defensor de los pobres y los desvalidos, o bien un profeta iluminado o un pseudópodo de Dios, o todas esas cosas juntas.

Cuando se trata de usar aquella remota tragedia en un chantaje emocional, la transacción es inadmisible. Leído (y transcrito literal) en el sitio laverdadcatolica.org:

“Mi querido Jesús: Tú, siendo Dios no tenías necesidad de sufrir todo eso, pero quisiste hacerlo por todos los hombres, ¡por mí!... porque sabías que con tu sufrimiento se me perdonarían todos mis pecados. Pagaste con tu sangre el precio de mi salvación. ¡Gracias Jesús por amarme tanto!”

En un nivel menos primitivo, el discurso católico no sólo pretende involucrar a toda la humanidad en el asesinato de Cristo sino que incluso parece regocijarse con ese hecho de sangre que le es fundacional:

“El misterio de Jesús de Nazaret, particularmente el misterio de su Pasión, ha sido, es y continuará siendo el parteaguas de la historia humana. Para los creyentes en Cristo no ha habido ni habrá una vida humana ni un evento humano con más repercusión en el grandioso panorama de los siglos.” (editorial de Ecclesia. Revista de cultura católica, enero-marzo 2004).

Y así llegamos a la Pascua: días de ayuno y penitencia para aliviar culpas que no son de este tiempo ni de esta gente; días de dolor y muerte para conjurar la muerte y el dolor; de humillación propia ante la imposibilidad de atenuar la humillación del Salvador; de sangre derramada para lavar una sangre que se evaporó hace dos milenios: ¿la gran venganza del amoroso contra sus amados? ¿La victoria suprema del crucificado sobre los descendientes remotísimos –o ni siquiera– de aquellos por los cuales se dejó crucificar?

Amor y paz, cristianos de todas las confesiones. Sufran o gocen entre ustedes estos días suyos de penitencia o vacación pero absténganse de poner un gorro de nazareno, y menos una corona de espinas, sobre la testa, de por sí sobrecargada, de la pobre humanidad.



26.3.13

Victorias de cartón


Hay que pensarlo dos veces antes de afirmar que algo es de papel desde que Mao Tse-Tung aseguró que el imperialismo estaba hecho de ese material –una de las características simplificaciones alegóricas que tanto le gustaban al líder chino– aunque, a juzgar por lo que siguió, las supuestas fragilidad y caducidad histórica de las potencias capitalistas fue una apreciación harto apresurada. Así que más vale llamar victorias escenográficas –es decir, de cartón, cartón-piedra o tabla roca– a los recientes avances políticos del régimen oligárquico mexicano.

Los avances en sí son indudables: aun antes de hacerse con la Presidencia, el grupo de Peña Nieto empezó por lograr la aprobación de un paquete legislativo antilaboral, luego unció a los tres mayores partidos con registro a un Pacto por México, acto seguido se deshizo de la más incómoda de sus alianzas políticas –la que sostenía con Elba Esther Gordillo– y ahora avanza en la aprobación de reformas legales que, entre otras cosas, consagran el carácter empresarial y mercantilista de las telecomunicaciones, restaura los poderes arbitrales de la cúpula oligárquica sobre los poderes fácticos que la sustentan y entregan, en forma antipatriótica, el mercado de la telefonía a capitales foráneos. Asimismo, el régimen se apresta a consumar el sueño neoliberal de poner en manos privadas los tramos más rentables de la industria petrolera nacional, en una operación que reduciría a Pemex a mera agencia de concesiones y licitaciones. Para compensar la pérdida de recursos fiscales que significaría tal privatización disfrazada, el grupo en el poder pretende, en forma paralela, lograr la aprobación de una reforma fiscal que grave alimentos, medicinas y libros y que extraiga de los bolsillos de las clases medias y de los pobres los recursos que el Estado dejaría de percibir por la merma de la renta petrolera, cuya mayor parte iría a parar, de aprobarse las propuestas oficiales, a engrosar las utilidades de corporativos energéticos transnacionales y locales.

No hay, pues, razones para dudar que el gobierno de Peña Nieto y de quienes van con él está decidido a aprovechar la descomposición de las oposiciones con registro –PAN y PRD– y a adelantar lo más que pueda su agenda antipopular y antinacional, montado en la atonía social causada por la imposición presidencial operada en julio del año pasado. En su mayor parte, los medios entregan la película de una ofensiva oligárquica a tambor batiente que arrasa sin contrapesos parlamentarios o sociales a la vista para restaurar una Presidencia imperial al viejo estilo.

Pero las cosas no son tan simples. El equipo de Peña opera con un aparato de control político al que, durante las décadas del neoliberalismo, se le ha mutilado muchas de sus funciones y potestades y se le ha hecho abdicar a sus responsabilidades constitucionales. La oligarquía gobernante contemporánea es igual de autoritaria que el priísmo de antaño y mucho más ladrona pero, a diferencia del viejo régimen, no brinda movilización social, no entrega bienestar, no garantiza ni un remedo de paz pública, no arbitra entre los sectores de la sociedad (porque proviene de, y sirve a, sólo a uno: el empresarial, legal o delictivo), no está interesada en la educación ni en la cultura y carece de capacidad par impulsar el crecimiento económico: lo suyo es medrar con la recesión, la pobreza, los rezagos educativos y la marginación social.

El año pasado la oligarquía consiguió mantener el control de las instituciones pero a un costo altísimo, para éstas, de descrédito y de pérdida de representatividad. Ejemplos: el IFE actual es la caricatura del que encabezaba Ugalde el cual, a su vez, era ya un remedo corrompido del que presidió Woldemberg; un movimiento espontáneo como #YoSoy132 elaboró una propuesta de reordenamiento de las telecomunicaciones con mayor lucidez y sentido nacional que el gobierno peñista y sus diputados del Pacto por México; para hacer frente a la tragedia de la inseguridad, el actual gabinete no ha mostrado más imaginación ni más recursos políticos que la mafia calderonista, la cual veía la violencia como un asunto de “percepción” y se empeñaba, en consecuencia, en minimizarlo con acuerdos y encuentros burocráticos, anuncios de victorias espectaculares y toneladas de dinero invertidas en publicidad mentirosa.

El régimen avanza en su ofensiva antinacional y antipopular pero el avance tiene lugar sobre la delgada cáscara de instituciones vaciadas de contenido, representatividad y significación; cuenta con los dineros públicos, las corporaciones represivas y los corifeos de los medios. Y a falta un país que camine, por convencimiento y por consenso, en la misma dirección, se ha inventado un México escenográfico que, en los primeros 100 días de un nuevo gobierno, camina con paso firme en la solución de sus problemas.

21.3.13

Palabras del General
y otras palabras



Un diálogo con palabras reales e históricas: las que decía el general Efraín Ríos Montt (ERM), presidente-dictador de Guatemala entre el 23 de marzo de 1982 y el 8 de agosto de 1983 (y quien hace un par de días se convirtió en procesado por genocidio), las que consignó la Comisión para el Esclarecimiento Histórico de la ONU (CEH) establecida el 23 de junio de 1994 en el marco del Acuerdo de Oslo, y que concluyó su tarea con un informe titulado Guatemala: memoria del silencio, y algún caso mencionado en el documento Guatemala: nunca más elaborado por el Proyecto Interdiocesano de Recuperación de la Memoria Histórica (REMHI). Los fragmentos de ERM están tomados de Los discursos de domingo de Efraín Ríos Montt: ¿Un Discurso Evangélico? (Virginia Garrard-Burnett, Instituto de Estudios Latinoamericanos, Universidad de Texas. Los que siguen son, por supuesto, sólo unos poquísimos ejemplos de las palabras y de los actos.

ERM: Amnistía quiere decir perdón, la nación en aras de la unidad de la familia pretende perdonar, quiere perdonar, está extendiendo su mano, la patria su abrazo, su regazo para que vuelvan a ella sus hijos, los hogares esperan la presencia de sus familiares [...] el que perdona se ennoblece, el que acepta el perdón es una persona noble, hagamos de nuestra patria algo noble. (29/05/1982)

CEH: Manuel Toll Canil murió después de cuatro machetazos. Antonio Castro Osorio fue mache­teado seis veces; en una de las tandas intervino incluso un familiar; pero como tarda­ba en morir, un soldado le dijo al teniente: '¿Qué vamos a hacer? Éste no se muere.' El teniente ordenó que le partieran la cabeza. Entonces, el soldado le quitó la cabeza. (Caso Ilustrativo 53, San José Sinaché, Zacualpa, Quiché, 05/1982)


ERM: Óiganme bien, guatemaltecos: vamos a combatir la subversión por los medios que quieran, totalmente justos, a la vez con energía y rigor. Estamos dispuestos a cambiar Guatemala, estamos dispuestos a que reine la honestad y la justicia; paz y respeto para aquellos que son pacíficos y respetan la ley. (30/06/1982)

CEH: Pedro Ramírez Ajmac, su esposa e hijos y su hermano Tomás salieron de Chacagex hacia la aldea Chuahoj, cuando vieron que por el camino se acercaba un grupo de patrulleros de San Sebastián. Al verlos, Tomás huyó de inmediato pero Pedro salió corriendo después y le dieron alcance, lo ataron de un pie al vehículo y se lo llevaron arrastrándolo aproximada­mente dos kilómetros hasta llegar a la sede de la patrulla de San Sebastián. Llegó en un estado terrible; aparecía con graves heridas, en especial, en el rostro; su esposa e hijos corrían detrás de él gritando y llorando por lo que le estaban haciendo. Pedro pidió agua a los patrulleros y el jefe de las PAC le ofreció orina. Después los demás patrulleros hicieron una hoguera, lo quemaron, abrieron una fosa y lo enterraron. (Caso 16016, Sacapulas, Quiché, 06/1982)

ERM: Somos una nación sin identidad, nuestras raíces no las conocemos [...] la identidad de una nacionalidad está precisamente en la comprensión y la interrelación entre historia, entre abuelo y nieto, y ese enlace que es papá y mamá. (13/06/1982)



REMHI: Llegó un pelotón de soldados, guiados por Fernando Jom Cojoc (patrullero civil de ese lugar), que dijo: 'Ellos son guerrilleros y ahí está la prueba, las hojas de los tamales que han quedado, ya que ellos alimentan a la guerrilla'. Y los soldados, sin hacer pregunta alguna, los amarraron a todos dentro de la vivienda, rociaron con gasolina la casa y le prendieron fuego. Todos murieron quemados. Entre ellos un niño de aproximadamente 2 años de edad. (Caso 3164, Aldea Najtilabaj, San Cris­tóbal Verapaz, Alta Vera­paz, 1982)

ERM: En usted y en su casa hay entendimiento de lo que es la patria; patria es amor, patria es el sentimiento de nación, nación es resultado de Estado y de país a la política tiene que ser raíz de tierra nuestra. (18/07/1982)

CEH: En Santa Marta el Ejército capturó a tres refugiados y luego los llevó al desta­camento en Ixquisis. Allí los pusieron en un horno de cardamomo donde los quemaban cada día poco a poco, a fuego lento. Esto duró unos tres días. Las víctimas estaban en muy mala condición, con muchas quema­du­ras. El cuarto día obligaron al hijo a matar a su propio padre con un machete. Después de esto, los soldados mataron al hijo con sus armas de fuego”.(Caso 5296. Barillas, Huehuete­nango, San Mateo Ixtatán, 07/1982).


ERM: Guatemala es una gran nación y le explico por qué: por la excelencia de su alma y porque usted, como hombre o como mujer, sabe cumplir con su deber de esposo, de esposa, de hijo, de hija, por eso es grande y es fuerte, porque fuerte es usted, que da el ejemplo, que teme a Dios y que da a su Patria toda su alma, todo su amor. (22/08/1982)

CEH: Pusieron a los cuatro hombres, dos de ellos muchachos, en una pila de agua durante ocho días. Durante estos días los cuatro no recibieron comida y fueron pateados y golpeados duramente. Después de los ocho días, los pusieron en la secadora de café del dueño de la finca. Echaron fuego a la secadora y durante tres días calentaron a las cuatro personas, quienes poco a poco se murieron de calor y sed. (Caso 6176. San Mateo Ixtatán, Huehuetenango, 08/1982).

ERM: Entre nosotros hay miseria, nuestra pobreza es de valores, de respeto, de honra a los demás, de falta de servicio, de ausencia de honestidad, de falta de amor, de ignorancia. [La] pobreza es de hombres, hace falta en Guatemala hombres íntegros, decentes, honestos, verdaderos, honrados, dignos de su hombría, una hombría que se fabrica en base a una cosa muy sencilla: cumplir la ley, hacerla cumplir”. (05/09/1982)

CEH: El 15 de septiembre de 1982 regresábamos con mi padre del mercado de Rabinal. Nos detuvieron los soldados cerca del destacamento y nos encerraron por separado. Me quitaron la ropa a tirones, todos se subieron, el capitán primero, ocho soldados más [...] los demás me tocaban, me trataban muy mal y entre ellos decían al que estaba encima que se apurara, a mí me decían que me moviera y me pegaban para que me moviera. De pronto vi que entraban con mi papá, estaba muy golpeado, lo sostenían entre dos. Yo estaba desnuda sobre una mesa, y el capitán le dijo a mi padre que si él no hablaba lo iba a pasar mal. Entonces hizo que los hombres que tenía ahí comenzaran a violarme otra vez. Mi padre miraba y lloraba, los hombres le decían cosas, él no hablaba, yo estaba cansada, ya no gritaba, creo que también me desmayé, pensé que me iba a morir, no entendía nada. Yo no creo que mi papá fuera guerrillero, no sé qué querían. De pronto el capitán pidió un machete y le cortó el miembro a mi papá y me lo metió a mí entre las piernas. Mi padre se desangraba, sufrió mucho, después se lo llevaron. A mí me dieron otra ropa y me dijeron que me fuera. Le conté a mi marido lo que pasó, él me contestó que el Ejército tenía el poder, que no se podía reclamar, que si yo no hubiese ido al mercado nada me habría pasado. Un mes después mataron a mi marido. (Caso 9364, Rabinal, Baja Verapaz, 09/1982)


ERM: Una actitud mística, una actitud creadora, una legitimidad nacional cuyo fundamento se encuentra en el cumplimiento de la ley, respeto a la justicia, la veneración a lo sagrado, la admiración a nuestro paisaje, fe en la verdad, orgullo de nuestra cultura, y práctica del bien en beneficio de nuestros conciudadanos. (21/11/1982)

CEH: En El Naranjo Roberto Castillo Manzanero fue capturado en la noche. Lo torturaron cortándole los dedos de los pies y las manos, luego los pies y manos, y así prosiguieron poco a poco hasta que sólo quedó el torso y la cabeza, y murió desangrado. (Caso 10195, La Libertad, Petén, 11/1982)

ERM: Tenemos que darnos cuenta que la identidad nacional es otro de los propósitos del Gobierno: la identidad nacional es conjugar nuestra nacionalidad, que es fruto de país y de pueblo; [debemos] conjugar esa nacionalidad y dar una proyección, dar un carácter, dar una imagen de Guatemala al mundo que somos un país diferente. (12/12/1982)

CEH: Los militares reunieron a 150 hombres en el cementerio del pueblo. Allí, un “guía” (delator encapu­chado), después de ser fuertemente presionado y amenazado por el oficial, señaló como guerrillero a Diego Nato, un patrullero joven, y éste señaló entonces a Santos López Tipaz, también patrullero. 'Sólo yo soy guerrillero, yo no voy a entregar a ninguno, si me matan me matan a mí, pero a balazos, no quiero que me amarren y me torturen', exclamó Santos López, y, en un intento desesperado por escapar, salió corriendo. Fue acribillado a tiros por el teniente. Acto seguido, comenzaron a torturar a Diego Nato. Estaba en el piso, lo golpea­ron, lo patearon, le sacaban pelos a montones. Nato dio los nombres de otros patrulleros, que fueron detenidos (...). 'Hay que sacar los que están podridos, para que no pudran a los demás (...)', reprendió el oficial. A continuación ordenó a los patrulleros que pasaran, uno por uno, y que cortaran el cuello de sus compañeros (los recién nombrados por Nato bajo tortura), hasta matarlos. Un testigo presencial afirma que debieron hacerlo 'hasta quitarles la cabeza; tam­bién tuvimos que darles con piedras y palos.' De esta manera el Ejército obligó a los hombres de Cucabaj a matar a sus vecinos Santos López López, Tomás Ventura González, Tomás López Tiño y Diego Ventura López. Diego Nato también señaló a Tomás Lux, Juan González y Miguel Lux Tiño. Estos, junto con quien los había delatado, fueron llevados detenidos por los militares, que reanu­daron las torturas para obtener más nombres de gue­rri­lleros de la comunidad. (Caso Ilustrativo 43, Cucabaj, Santa Cruz, Quiché, 12/1982).


“La mayoría o casi la totalidad de adultos esta vendado de ojos pero los niños y niñas, no. Pareciera que los militares querían que fueran testigos de lo que allí pasaba. En una de las fosas se encontró a 43 niños, 15 mujeres y dos o tres hombres ancianos”.


NUESTRA VOZ, NUESTRA MEMORIA:

12.3.13

Sus primeros 100 días


A cien días de asumir la Presidencia, Enrique Peña Nieto ofreció resultados a la oligarquía que lo impuso en el poder y al resto de la sociedad le ofreció un repaso de sus promesas de campaña. En lo inmediato, Peña logró uncir a la formalidad política del país –una cáscara rajada y cada vez más precaria– al proyecto de gobierno: un “gobierno fuerte” instituido sobre la base, según se quiera ver, de “acuerdos y consensos” o bien de negociaciones para repartir prebendas y cuotas entre tres franquicias electorales, las mayores, que se representan muy bien a sí mismas; consiguió, además, imponer una reforma educativa privatizadora y contraria al sentido constitucional de la enseñanza gratuita; por añadidura, empezó a gestionar la agenda de venganzas políticas de su mentor, Carlos Salinas, mediante el encarcelamiento de Elba Esther Gordillo y el descobijo de Ernesto Zedillo, a quien Calderón dejó en herencia una solicitud de impunidad ante la justicia estadunidense; asimismo, el régimen se apresta a establecer nuevas reglas de arbitraje y mediación entre los consorcios que se reparten el grueso de las telecomunicaciones del país con el propósito de impedir enfrentamientos entre éstos, mas no para democratizar en modo alguno el acceso a los medios ni para desmontar la red mafiosa que vincula a los concesionarios con las facciones principales de la clase política. La apertura, en todo caso, no será hacia la sociedad sino hacia los capitales mediáticos extranjeros.

Fuera de esos logros, que constituyen buenas medidas de afinación y ajuste para que el régimen oligárquico siga funcionando, el resto es una andanada de promesas huecas y gestos demagógicos y ofensivos, como esa “cruzada contra el hambre” –que es en realidad un perfeccionamiento de los mecanismos electoreros para cambiar comida por votos para candidatos oficialistas–, o como la transformación del “70 y más” en una limosna para mayores de 65 años, una imitación reducida, devaluada y atrasada de la pensión universal para adultos mayores que propuso López Obrador en 2006. La medida es esclarecedora por cuanto constituye un ejemplo de lo que Peña y su grupo consideran “un piso básico de bienestar social en el que todos los mexicanos tengan cubiertas sus necesidades elementales”: 17.50 pesos diarios, es decir, 38 centavos de dólar por encima de la línea trazada a tontas y a locas por el Banco Mundial, hace ya algunas décadas, para definir el umbral de pobreza extrema.

Particularmente patética es la alharaca peñista sobre las medidas contra la delincuencia y la violencia, habida cuenta que esos dos fenómenos se mantienen en los mismos niveles a los que fueron llevados por el calderonato y, lo más triste, que no hay perspectiva alguna de que amainen porque son expresiones de la extremada descomposición del régimen político y de la doctrina económica imperante.

Otro “logro” de entre los enumerados es que “se está trabajando en una Ley Nacional de Responsabilidad Hacendaria y Deuda Pública” para “prevenir el endeudamiento excesivo de algunas autoridades”. Se sospecha que algunas entidades gobernadas por priístas se endeudaron en forma obscena en 2011 y 2012 justamente para sufragar los astronómicos gastos de campaña del orador; la promesa, entonces, es tapar el pozo una vez que se ha ahogado en él la democracia.

Entre la repetición de promesas de campaña que se oyen mal en boca de alguien que se ha mandado a hacer tarjetas de presentación con el título de presidente de la República, Peña tuvo un detallazo para con los jefes del PAN y del PRD: les agradeció que se hayan comprometido “con los cambios que necesita el país”. El gesto fue como exhibir las cabezas disecadas de los respectivos dirigentes en el salón de trofeos del Palacio de las Cooptaciones. Lo gracioso es que ahora las piezas expuestas dicen con voz lloriqueante que cómo es posible que ahora resurja el poder absoluto y el autoritarismo, o bien que no ha cambiado nada, y que no, que qué barbaridad, que esto no tiene nada que ver con lo que ellos mismos firmaron.