19.9.13

Revertir la catástrofe


Es una cosa de símbolos. Festejamos el cumpleaños del país el 15 de septiembre porque en esa fecha el subversivo Miguel Hidalgo convocó a la gente a luchar por la independencia nacional, pero si fuéramos más realistas celebraríamos el 22 de octubre, día en que el Congreso de Chilpancingo promulgó, en plena guerra independentista, el Decreto Constitucional para la Libertad de la América Méxicana. O tal vez sería más prudente adelantar el festejo al 4 de octubre porque en esa fecha, pero de 1824, se proclamó la Constitución Federal de los Estados Unidos Mexicanos y, derrotado el extravío imperial de Iturbide, arrancó formalmente la vida de la república independiente.

Pero la conciencia colectiva acomodó el nacimiento de la nación el 15 de septiembre. Es falso lo que propalan ahora algunos, que el origen de la fiesta se deba a que Porfirio Díaz la adelantó para hacerla coincidir con su propio cumpleaños. La primera vez que la celebración se pasó del 16 al 15 fue en 1846, y en tiempos de la invasión francesa Benito Juárez “daba el grito” el día 15, no el 16, en donde lo agarrara la huída de las tropas francesas.

La semana pasada el 15 de septiembre encontró al país en una circunstancia particularmente difícil. La oligarquía gobernante ha copado la mayor parte de las instituciones públicas –el Ejecutivo Federal, el Legislativo, el Judicial, el IFE, la mayoría de los gobiernos estatales, los partidos políticos mayoritarios– y las ha puesto al servicio de la ofensiva de los grandes capitales contra el país y su gente.

Agotadas las mediaciones por la insensibilidad y la sordera de los poderosos, el recurso a la fuerza pública se convierte en un instrumento de gobierno cada vez más frecuente. Las corporaciones armadas son lanzadas contra los inconformes pero pierden día tras día la confrontación con las organizaciones delictivas. No se persigue al narco, sino a los pueblos que se arman para impedir que sus territorios caigan en manos de los narcos. Se expulsa del Zócalo a los revoltosos del presente para conmemorar la revuelta de los revoltosos independentistas, convertidos en estampita, fetiche y estatua de mármol desprovista de significados reales.

Se falsifica la historia para justificar las adulteraciones constitucionales que legalizarían la entrega de la industria petrolera a manos privadas, una entrega que de cualquier forma ya es práctica cotidiana, aunque ilegal; si se hiciera realidad la desnacionalización petrolera que pretende el peñato, ello se traduciría en un recorte adicional a la de por sí mermada soberanía nacional, porque las corporaciones energéticas transnacionales recibirían en concesión enormes territorios sobre los que impondrían su ley; una nueva expropiación resultaría mucho más difícil que la que llevó a cabo el general Cárdenas porque hoy en día el gobierno tendría que someterse, en sus diferendos con transnacionales estadunidenses y canadienses, a comités de arbitraje foráneos, y no a los tribunales nacionales.

Se pretende, además, mediante una reforma fiscal, darle a los bolsillos populares una mordida de 240 mil millones de pesos anuales, no para hacer un gobierno más eficiente ni más pródigo, sino para seguir manteniendo los lujos, la corrupción y la capacidad de cooptación electoral de la clase política.

En lo que constituye un paso definitorio en el proceso de demolición del sistema de educación pública, el gobierno hizo aprobar una reforma laboral disfrazada de educativa que generó una gran inconformidad en los sectores organizados e independientes del magisterio. Decenas de miles de mentores de diversos puntos de la república marcharon sobre la capital y permanecen en ella para hacer patente su descontento. En respuesta, el poder oligárquico organizó una campaña de desprestigio y denuesto contra los profesores y buscó capitalizar en contra de ellos la molestia de muchos capitalinos afectados en sus traslados diarios por las movilizaciones magisteriales.

Luego vino una provocación policial –cualquiera puede ver en Youtube los videos que muestran a la Policía Federal escoltando hasta la plaza a columnas de presuntos civiles que marchan con gran disciplina sin que se sepa contra quíén o para qué– para buscar una respuesta violenta por parte del movimiento magisterial. Se consiguió, en cambio, provocar una vasta oleada de solidaridad social hacia los maestros, solidaridad que se expresa tanto en la realización de marchas de apoyo como en el acopio de víveres, medicinas y ropa para el campamento instalado en el Monumento a la Revolución.

Por añadidura, estas fechas patrias tienen como telones de fondo la pobreza imparable de millones de personas, la agudización de las carencias educativas y de salud, la desintegración social creciente, el desánimo de la ciudadanía y la violencia delictiva que ha sido parcialmente ocultada a la opinión pública por instrucciones de la Presidencia, pero que dista mucho de haber amainado en relación con el calderonato.

Sobre este panorama se abatió la lluvia: un huracán y una tormenta tropical simultáneos descargaron sus aguaceros, devastaron grandes regiones de ambos litorales y sumieron a cientos de miles de personas y a centenares de poblaciones en una situación desesperada. Ante la tragedia, la respuesta de las autoridades ha sido básicamente televisiva, y muy rápido han surgido los datos del descuido y el desdén oficiales que empeoraron en mucho el desastre humano causado por los meteoros.

El país está anegado, desgajado, hambreado, despojado de derechos y seguridad, amenazado y reprimido, violentado en todos sus ámbitos, y muchas personas tienen el corazón adolorido, el ánimo por los suelos y ninguna esperanza de mejora.

Es justamente el estado de ánimo que necesita generalizar el régimen oligárquico para terminar de imponer su nuevo ciclo de “reformas estructurales”: menos derechos, menos propiedad nacional, mayores impuestos y tarifas, mayor deuda compartida por el colectivo y mayor riqueza concentrada en manos privadas. O, por decirlo de otra manera, esta ofensiva antipopular es como los virus: a mayor debilidad en el ánimo del organismo en el que se introducen, mayores son sus probabilidades de éxito.

Desde luego, no todo está perdido y el país es recuperable, a condición de que sus habitantes –y, especialmente, los más lúcidos– se sacudan la depresión y empiecen a marchar, a luchar, a salir a flote, a organizarse, a revertir la catástrofe. Éste es el país que hay que recuperar y ésta, la vida que debe dignificarse. No hay otro. No hay otra.

17.9.13

Expropiación del grito



A partir del fraude perpetrado en la elección presidencial de 2006 por Vicente Fox, Elba Esther Gordillo, Luis Carlos Ugalde y otros, y de la imposición de Felipe Calderón en Los Pinos, la ceremonia del Grito de Independencia del 15 de septiembre se convirtió en un escenario de confrontación y disputa entre el poder oligárquico y sectores sociales organizados y movilizados. En aquel año, con el Zócalo capitalino ocupado por el plantón en apoyo a Andrés Manuel López Obrador –despojado haiga sido como haiga sido de su triunfo electoral–, Fox se empecinó en encabezar, en ese mismo espacio, el ritual. A la postre el plantón fue levantado en vísperas del desfile militar, el guanajuatense terminó cediendo y se fue a gritar a Dolores Hidalgo, y la ceremonia en la ciudad de México fue presidida por el entonces jefe de Gobierno capitalino, Alejandro Encinas, quien dio el grito desde el balcón del Palacio del Ayuntamiento.


En los dos años siguientes el lopezobradorismo convocó al Grito de los libres, los primeros de ellos realizados en el propio Zócalo. Fueron memorables los intentos del calderonato por acallar a los disidentes mediante potentes equipos de sonido y shows de clara manufactura televisiva. A propósito de eso, de unos años para acá se han invertido los papeles: de un evento institucional que la televisión se encarga de transmitir, se ha pasado a la producción, desde el poder público, de una escenificación apta para ser transmitida.


Calderón terminó su sexenio mal habido en medio de un baño de sangre y de corrupción, y con la opinión en contra de la mayor parte de la gente. El año pasado, tras el surgimiento de #YoSoy132, no podía irle bien en la ceremonia del 16 de septiembre. Y no le fue: hay que acordarse de aquel rostro desencajado y aquella mirada perdida con la que el michoacano hubo de observar y escuchar, desde el balcón presidencial de Palacio, cómo le gritaban ¡asesino! y le iluminaban la cara con señaladores láser de color verde.


En el caso de Enrique Peña Nieto el repudio social antecedió su desaseado triunfo electoral y lo ha acompañado fielmente durante los meses que lleva en el despacho, y no podía esperar que le fuera mejor que a Calderón en su estreno como oficiante del ritual republicano. Y además, la plancha del Zócalo estaba ocupada por miles de maestros afiliados a la CNTE que exigen la derogación de la reforma laboral, disfrazada de educativa, impuesta por el peñato. De modo que, tras enviar contingentes de policías antidisturbios y columnas de provocadores a desmantelar el campamento magisterial, Peña se organizó un espectáculo de autoexaltación con miles de acarreados mexiquenses –hay reportes de que también hubo poblanos y veracruzanos– a quienes se dio prioridad para ingresar a una plaza más vigilada que nunca antes. El blindaje fue tan meticuloso que el Estado Mayor Presidencial ubicó y zangoloteó a un chavo que, desde la plancha del Zócalo, había alumbrado a Peña con un láser.

Pero ni esos grupos traficados por el aparato corporativo ni los escasos ciudadanos independientes que acudieron al Zócalo fueron suficientes para llenarlo ni para acallar los gritos de muera el mal gobierno que tampoco la televisión pudo extirpar de las pistas de audio de las grabaciones. Ese grito, por cierto, tan hermano del que pronunció el cura Hidalgo hace 203 años, se repitió en diversas plazas del país.


El contraste inevitable fue la fiesta cívica organizada por los maestros en lucha en su campamento del Monumento a la Revolución, reunión de ciudadanos libres que conmemoraron, con bailables y música oaxaqueña, el inicio de una gesta del vulgo –prole, se les dice ahora–, por el vulgo y para el vulgo.


En su empeño por defender su usurpación de un festejo eminentemente popular, el poder público y sus ideólogos han tratado de desvirtuar los orígenes de la ceremonia (véase los recientes artículos de Pedro Salmerón al respecto, por ejemplo), muy a tono con esa campañita presidencial que, a últimas fechas, nos quiere vender a un Lázaro Cárdenas privatizador y casi casi formado en Harvard. Pero eso tampoco ha servido de nada: paulatinamente, la fiesta ha regresado a sus legítimos propietarios: la prole, la banda, los nacos, la raza. Lo que se hace en el Zócalo año tras año es un esfuerzo inútil, costoso y tonto por mantener un símbolo de esplendor presidencial que ha desaparecido y que no volverá.



Qué bueno. Pensándolo bien, desde antes de que los neoliberales tomaran el poder por asalto ya resultaba ofensivo un festejo dividido entre los perfumados que asistían a la recepción oficial en Palacio y la chusma de abajo a la que se regalaba un espectáculo de fuegos artificiales y de confeti. No es buena cosa conmemorar el inicio de la Independencia con una práctica que escenifica y representa una estratificación más bien virreinal de la sociedad.

Compañeros de ruta


De una plática con Paco Ignacio Taibo II

Hace cosa de 40 años una chava muy combativa y un poco mayor que yo, al sorprenderme en plena lectura de Rimbaud, me clasificó como pequeñoburgués decadente y me auguró que la revolución proletaria me fusilaría.

Actualmente la autora de esa profecía –incumplida, por fortuna para mí, y para desgracia de la revolución proletaria– trabaja como gestora del PRI. Yo, por mi parte, sigo más o menos en lo mismo que en aquel entonces: leyendo a Rimbaud y tratando de aportar un milésimo de grano de arena a la transformación social.

He aprendido, eso sí, a no dejarme intimidar por ultras de temporada. Los de hoy tienden más al anarquismo (bueno: a eso que llaman anarquismo y que es como el esmog de la autopista que bordea el cementerio de Bremgarten-Friedhof y tizna la tumba del pobre Bakunin) que al maoísmo, y ya no suelen amenazar con el paredón porque eso se ha vuelto políticamente incorrecto. En todo lo demás la ultra sigue idéntica a sí misma.

Anda, querido activista intachable, accede a marchar por un rato al lado de este viejo reformista, que tal vez logremos hacer algo juntos antes de que nuestros caminos vuelvan a separarse. No te impacientes. Ya madurarás un poco y encontrarás hueso.

15.9.13

Viva México

Marcha de maestros en Xalapa previa al plantón ferozmente reprimido en la
madrugada del 13 de septiembre. Gracias por la foto a @claucruzg y @KarimeRiv


Vivan las semillas que germinan en silencio. Vivan los brotes que resisten la sequía y la tormenta. Vivan los tallos que se doblan, sin quebrarse, bajo la presión del viento. Vivan las ramas que avanzan y se entrelazan. Vivan los troncos que se robustecen. Viva el bosque completo.

Vivan los que salen a las calles y a las avenidas por primera vez en la vida.

Vivan los que han pasado toda la vida en las calles y no se han fatigado.

Vivan los que conservan el corazón limpio después de tantos fraudes.

Vivan las que escarban en la cáscara de la derrota hasta encontrar la victoria.

Vivan los que persisten, las que advienen, los incansables.

Vivan los abandonados de los que se acuerdan sólo para cobrarles impuestos.

Vivan las que actúan, las que cantan, las que danzan, las que pintan, las que toman video, las que escriben, las que operan, las que conducen, las que compran y venden con honestidad.

Vivan los que proyectan, los que suman, los que reparan, los que venden su trabajo sin vender la conciencia.

Vivan los que viajan son olvidarse de llevar los principios en el equipaje.

Vivan los sedentarios que siembran sus principios y se quedan a cuidar la cosecha todo el tiempo que sea necesario.

Vivan quienes no hacen escarnio de la pobreza y la dignidad.

Vivan las que ven venir la tormenta y en vez de hincarse se organizan.

Vivan los campesinos expoliados.

Vivan los asalariados que deben su salario antes de recibirlo.

Vivan los informales que convierten su incertidumbre en el pan de cada día.

Vivan los jubilados que pierden día tras día la carrera contra la inflación.

Vivan las niñas y los niños a los que se pretende dejar sin patria ni futuro.

Vivan las adolescentes que no alcanzaron lugar en la prepa.

Vivan los jóvenes excluidos de las universidades públicas.

Vivan los alumnos sin escuela, los maestros sin aula, los enfermos sin hospital, los servidores públicos sin presupuesto, los médicos sin medicinas, los artesanos sin taller, los comerciantes sin mercancía. Vivan todos aquellos que hacen milagros para sobrevivir.

Vivan los profesionistas que se ajustan a su manera digna de vivir.

Vivan los inquilinos angustiados que no ajustan para la renta.

Vivan los funcionarios que no roban ni engañan.

Vivan los legisladores que votan en contra de las reformas estructurales.

Vivan los dirigentes que no se venden.

Vivan los investigadores que no le temen a la verdad.

Vivan los informadores que redactan sus notas entre amenazas de muerte.

Vivan los que siguen viviendo en Estados Unidos para mantener a sus familiares en México.

Vivan los migrantes mutilados por La Bestia, extorsionados por la policía, vendidos como esclavos a los delincuentes, enterrados lejos de su patria.

Viva la Cooperativa Pascual. Vivan todas las cooperativas.

Viva la industria petrolera propiedad de la Nación.

Viva la UNAM. Viva el Poli. Viva la UAM. Viva la UACM. Vivan todas las universidades públicas de todos los estados.

Viva la Constitución de 1917.

Vivan los trabajadores de Mexicana. Viva el SME. Vivan los mineros. Vivan las comunidades zapatistas.

Viva la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación.

Viva MORENA.

Libertad para Alberto Patishtán.

Derogación de las reformas antipopulares impulsadas por el peñato.

Toda la solidaridad con los maestros en pie de lucha.

Alto a la represión.

Viva la raza. Viva la banda. Vivan los pelados. Viva la prole.

Vivan los siempre insumisos.

Vivan los muertos de todos los sexenios. Vivan las asesinadas de Ciudad Júarez, del Estado de México y de todos  los rincones dolientes del país. Vivan los mineros de Pasta de Conchos.  Vivan las víctimas de la homofobia. Vivan los niños sacrificados en la Guardería ABC.

Viva Cuauhtémoc. Viva Gonzalo Guerrero. Viva fray Bartolomé de las Casas. Viva Francisco Tenamaztle. Viva Jacinto Canek. Viva Gaspar Yanga. Viva Gabriel Teporaca. Viva fray Servando Teresa de Mier. Viva Francisco Primo de Verdad. Viva Miguel Hidalgo. Viva Josefa Ortiz de Domínguez. Viva José María Morelos. Viva Leona Vicario. Viva Epigmenio González. Viva Francisco Xavier Mina. Viva Vicente Guerrero. Viva el Batallón de San Patricio. Viva Benito Juárez. Viva Guillermo Prieto. Viva Ignacio Zaragoza. Viva José Santos Degollado. Viva Melchor Ocampo. Viva Mariano Escobedo. Viva Vicente Riva Palacio. Viva Ignacio Manuel Altamirano. Vivan Ricardo y Enrique Flores Magón. Viva Juana Belén. Viva Emiliano Zapata. Viva María Arias Bernal. Viva Aquiles Serdán. Viva Belisario Domínguez. Viva Francisco Villa. Viva Elisa Acuña. Viva Antonio Díaz Soto y Gama. Viva María Talavera. Viva Elisa Griensen. Viva Felipe Carrillo Puerto. Viva Lázaro Cárdenas. Viva Francisco J. Múgica. Viva Heriberto Jara. Viva Rubén Jaramillo. Viva Benita Galeana. Viva Valentín Campa. Viva Demetrio Vallejo. Vivan Frida Kahlo y Diego Rivera. Viva José Revueltas. Viva Heberto Castillo. Viva Carlos Montemayor. Viva Carlos Monsivais. Viva Bety Cariño. Viva Samuel Ruiz. Viva Carlos Fuentes. Viva Arnoldo Martínez Verdugo. Viva José María Pérez Gay. Viva Daniel Cazés. Viva José Emilio Pacheco.

Viva el arte. Viva el amor. Viva la terquedad vital. Viva la honestidad. Viva la congruencia. Viva la solidaridad. Viva el espíritu unitario. Viva la vida.

Viva México. Viva México. Viva México.

11.7.13

Manchas evocadoras



Unos ven milagros, otros descubren misterios, no falta quien se asuste y algunos leemos historias. Por ejemplo, hay personas que logran distinguir el rostro del Señor o la silueta de la Virgen María en las manchas y texturas de las paredes y del piso, en la corteza de un árbol, en la forma de una piedra, en los contornos de las nubes, en las lenguas de fuego de una hoguera o en una rebanada de pan tostado.

Lo más popular, por mucho, es lo de las vírgenes: no pasa semana sin que en algún sitio o mueble de religión católica preponderante aparezca la Señora de Lourdes, la de Fátima o la de Guadalupe. En Córdoba, Argentina; en A Lama, Portugal; en Parral, México, las mariofanías congregan en forma pasajera a cientos o miles de fieles. Algunas logran persistir. Otras pasan al olvido o a segundo plano, como ha ocurrido, al parecer, con la Virgen del Metro, una mancha que se formó en 1997 en el piso de la estación Hidalgo del Sistema de Transporte Colectivo (STC) del Distrito Federal.



Carlos Rafael Guevara Castillo, entonces de 20 años de edad, se autoproclamó el Juan Diego de aquel fenómeno, por más que la televisión tuvo también su parte en el anuncio de la buena nueva y en el surgimiento de una feligresía casi instantánea. “Yo primero vi en la tele que aquí se aparecía la Virgencita – declaró a La Jornada Gloria Alvarado, quien llegó al lugar acompañada de su suegra y sus tres hijos– y quise verla. Para mí sí es ella. No importa que sea en el piso, ella es humilde y así más es su santa gloria” Una vagabunda la contradecía con suma irreverencia: “Bola de locos, están bien enajenados; esto demuestra que aparte de fanáticos son bien ignorantes. ¿Para qué cargan la Biblia? Sólo para que no se los lleve la patrulla. Pero ahí, en medio de la Biblia, traen mota”.  Y terciaba Guevara Castillo: “Esto es un aviso de que algo va a pasar aquí, en México, pero nadie me hace caso. Va a ser algo así como el terremoto de 1985”.
A su manera, el joven de aquel entonces tenía razón. Muchos terremotos han tenido lugar desde entonces en el país, así sea en sentido figurado. La aparición mariana en la estación Hidalgo –asociaciones aparte– se saldó con algunos milagros subsecuentes debidamente consignados en exvotos como éste: “Virgen del Metro, te damos inmensas gracias porque curaste a mi papá Gustavo del hipo que nadie le podía quitar y duró seis meses hasta que llegaste tú y con tus lindas manos lo sanaste”.

Con la asistencia del Instituto Nacional de Bellas Artes, el  STC removió la porción de piso en la que había aparecido la Virgen, la colocó en una pequeña capilla hecha construir ex profeso junto a uno de los accesos de la estación y colocó a sus pies una cédula implacable: “Imagen formada por filtración de agua”. Para entonces, el Arzobispado ya había desvirtuado, en una declaración oficial, el supuesto milagro –“no hay elementos teológicos que nos permitan afirmar la presencia divina a través de estas líneas que se han formado debido a una filtración de agua”– e iba mucho más lejos: advertía que aquello era, “más que una manifestación de fe, una manifestación de curiosidad que culmina muchas veces en una explotación de la religiosidad popular”.



Hace poco algunos medios sensacionalistas embaucaron no sé a cuántas personas con la historia de unas pirámides en la Antártida que habían permanecido sepultadas, que empezaron a emerger a consecuencia del deshielo y que probarían la existencia de una civilización milenaria hasta ahora desconocida. Y hace mucho, alguien vio, creyó ver o dijo que veía el retrato de un rostro humano en un cerro ubicado en la región marciana de Cydonia Mensae y que fue fotografiado por la sonda Viking 1 en 1976. Aunque el jefe científico de la misión, Gerry Soffen, aclaró desde un principio que aquello no era más que una ilusión provocada por las luces y las sombras, sujetos inescrupulosos como Richard C. Hoagland hicieron gloria y fortuna vendiendo la historia de una civilización extinta que también había dejado pirámides –cómo no– en la reseca superficie de Marte.

Unos hablan de milagros, otros encuentran misterios, no falta quien se lleve tremendo susto y algunos más prefieren referirse a pareidolias, es decir, fenómenos psicológicos consistentes en la transformación de estímulos ambiguos y aleatorios en imágenes reconocibles. Es en esos procesos se basa el hoy desacreditado test de Rorschach: un conjunto de diez manchas abstractas en las cuales el sujeto de estudio “ve” cosas concretas y proyecta, según ésto, el funcionamiento de su psique.



Una de las formas más desagradables de estas confusiones ocurre cuando malinterpretamos algún juego de luces y sombras proyectado en la pared o una prenda de vestir colocada en el respaldo de una silla: miramos de reojo y creemos ver una criatura amenazante dispuesta a saltar sobre nosotros y nos llevamos el sobresalto del año. A ciertas personas de conciencia limpia esto no les pasa nunca y a otras, colocadas en circunstancias de tensión, o bien propensas, por naturaleza o por patología, a la alucinación, les pasa cada tercer día. Pero casi nadie está exento de esperimentar de cuando en cuando una pareidolia y una buena solución es resignarse a ello y, por qué no, hasta sacarle partido.

No se necesita fumar, beber o inyectarse algo para ver en las texturas aleatorias del terminado de una pared la topografía de un mundo desconocido –extensos altiplanos bordeados por cañones y cadenas montañosas, por ejemplo– y ubicar en ese escenario la historia de pueblos que emigran, se asientan en determinados puntos, comercian entre ellos, tejen alianzas, se hacen la guerra, erigen y destruyen grandes centros ceremoniales; los grumos y las imperfecciones del cemento son de una ayuda invaluable para localizarlos en nuestro mapa.

En medio metro cuadrado de pared pueden ocurrir, además, sagas individuales de amor y muerte, fenómenos demográficos de gran escala, la invención del helicóptero y la huída de una secta acosada por gobernantes poderosos. Es que algunos ven milagros, otros descubren misterios, unos más se asustan de cuando en cuando y no falta quien, en la cáscara de una naranja, en las manchas de una loseta o en los nudos de la madera de la puerta, lee historias.
 
 







10.7.13

Solidaridad con Manning,
Assange y Snowden


Estimados amigos/as intelectuales de Latinoamérica, comprometidos con nuestro pueblo,
Desde la secretaria operativa de la Articulación de los Movimientos Sociales, hemos hecho consultas y preparado la carta de solidaridad que sigue abajo.
La carta será entregada al Presidente Maduro en Montevideo, el día 12 de julio próximo.
Estamos recolectando otras firmas de movimientos sociales en cada país.
Queremos hacer una convocatoria a que nuestros intelectuales de cada país, comprometidos con la causa de nuestros pueblos, también firmen.
Envíen adesiones individuales para albasolidaria2013@gmail.com y copia para la secretaria de los movimientos sociales albamovimientos@gmail.com
Así como, recomendamos dar amplia difusión en todos los medios de comunicación que puedan..
Saludos
Fernando Morais

Joao Pedro Stedile



A LOS GOBIERNOS DE EUROPA;
AL PUEBLO DE LATINOAMERICA;
AL GOBIERNO DE ESTADOS UNIDOS;
A nuestros amigos Bradley Manning, Julian Assange y Edward Snowden:

Los movimientos sociales de Latinoamérica, articulados para construir un proyecto popular para nuestros pueblos, que combatimos todas las formas de opresión y de dominación imperialista, sobre cualquier persona y sobre cualquier pueblo, queremos manifestar que estamos acompañando con mucho interés la situación de los compañeros Bradley Manning, Julain Assange y Edward Snowden que, poniendo en riesgo su propia vida, denunciaron, desde adentro de los imperios, la forma como el poder económico y militar utiliza las informaciones e internet, para vigilar, perseguir, y oprimir personas, gobiernos y organizaciones populares.

Estamos muy orgullosos de su coraje y desprendimiento, de enfrentar a esos intereses del imperio.

Estamos vigilantes por sus vidas y su integralidad
Exigimos que la comunidad internacional garantice la seguridad para ustedes y sus familiares.

Por otro lado, queremos saludar y expresar nuestro más rotundo apoyo a los gobiernos de Ecuador, Nicaragua, Bolivia y Venezuela, que han puesto en práctica el principio de solidaridad que defendemos en el ALBA y ofrecieron asilo a Assange en su momento y ahora a Snowden. Ustedes representaron la voluntad de todo el pueblo latinoamericano y por ello los felicitamos. Snowden y Assange, son bienvenidos a Latinoamérica, por todo el pueblo.

A su vez queremos manifestar a toda la opinión publica de Estados Unidos y del mundo entero el pedido de inmediata liberación del soldado Bradley Manning por parte de las fuerzas militares de los Estados Unidos ya que su único delito, fue el de haber seguido su consciencia y denunciar las articulaciones diabólicas del imperio, que utiliza los Drones, y los servicios de inteligencia solamente para perseguir y matar. Recordamos a toda la comunidad internacional, que en los últimos cinco años, Estados Unidos mató a más de dos mil personas, sin ningún juzgamiento, en solamente 4 países árabes, utilizando los aviones no tripulados, conocidos como Drones y utiliza los servicios de inteligencia y el espionaje por internet para localizar sus "enemigos" y después asesinarlos, sin ningún derecho a defensa.

Por todo lo antes mencionado, manifestamos:

Toda nuestra solidaridad y apoyo a los gobiernos de Ecuador, Nicaragua, Bolivia y Venezuela.

Toda nuestra solidaridad y apoyo a Bradley, Assange y Snowden

ARTICULACION CONTINENTAL DE LOS MOVIMIENTOS SOCIALES HACIA EL ALBA

Buenos Aires/ São Paulo, 7 de julio de 2013.


25.6.13

Estado paranoico


Uno no querría describirlo así porque suena desorbitado pero ahí están las pruebas: entre las administraciones de George W. Bush y las de Barack Obama, Estados Unidos se ha vuelto el gobierno más paranoico del mundo y hoy lo es mucho más que en los tiempos del macartismo y de la guerra fría, cuando poseía, al menos, argumentos verosímiles –aunque no necesariamente verdaderos– para mantener a millones de personas, estadunidenses o no, bajo un régimen de vigilancia estrecha y secreta: en aquellos tiempos la confrontación entre las superpotencias tenía entre sus perspectivas la del cataclismo nuclear o destrucción mutua asegurada (MAD, por sus siglas en inglés) y era propagandísticamente fácil dividir al mundo en buenos y malos. Ese telón de fondo le dio a Washington pretextos para espiar y hostigar a individuos tan ajenos a una bomba atómica como Gabriel García Márquez y Carlos Fuentes, por ejemplo.

En los años noventa del siglo pasado tuvieron lugar dos fenómenos que habrían debido reorientar en forma radical la política exterior y la estrategia de seguridad estadunidenses: la desaparición del bloque soviético y el inicio de la masificación de Internet. El primero hacía obsoleta tanto la fuerza armada como la enorme infraestructura mundial de vigilancia y espionaje montada por Washington y la segunda conllevaba dos reglas de signo contrapuesto: si por un lado la proliferación de nodos de Internet facilitaba la tarea de espiar a los usuarios, por otro lado colocaba en un nivel de gran vulnerabilidad una gran cantidad de secretos de Estado, toda vez que éstos, de una forma o de otra, irían a parar a contenedores (servidores) conectados a la red mundial.

Pero, en vez de redimensionar a la baja sus fuerzas ofensivas y de vigilancia, la Casa Blanca, entonces a cargo de George Bush padre, optó por proyectar a Estados Unidos como superpotencia única, autoerigida en promotora de un “nuevo orden mundial” de matriz neoliberal. Esta decisión se tradujo, en el ámbito del espionaje electrónico, en la reorientación de los sistemas de “inteligencia de señales” (SIGNINT) hasta entonces usados para espiar a la URSS y sus aliados, y cuyo conjunto se conoce popularmente como Echelon. Operado por los integrantes del Acuerdo UKUSA (EU, Inglaterra, Canadá, Australia y Nueva Zelanda), actualmente es empleado para monitorear señales satelitales, telefónicas, celulares y de microondas, lo que pone a sus operadores en posibilidad de espiar el contenido de toda suerte de mensajes. En diversas ocasiones se ha señalado que Echelon es usado por sus socios como un mecanismo de espionaje industrial y comercial que ha sido aplicado contra la Unión Europea. Ya en 2001 un informe del Parlamento Europeo recomendaba a los ciudadanos y corporaciones del viejo continente que usaran sistemas de encriptación en sus telecomunicaciones a fin de evadir la vigilancia ilegal por medio de Echelon.

En el ámbito interno, el FBI instaló en 1997 un software conocido como Carnivore (DCS1000) para monitorear los intercambios de correo electrónico en territorio estadunidense. Tres años más tarde la Electronic Frontier Foundation presentó un documento al Congreso en el que señalaba los peligros del sistema y la respuesta del FBI fue que no había motivos de preocupación, porque el programa permitía a las autoridades distinguir “entre las comunicaciones que pueden ser legalmente interceptadas de las que no”. Durante el gobierno de George W. Bush Carnivore fue remplazado por NarusInsight, un software desarrollado por una subsidiaria de Boeing de origen israelí.

Los programas de espionaje masivo dados a conocer el mes pasado por Edward Snowden se refieren a llamadas telefónicas dentro y fuera del territorio estadunidense (Verizon, Sprint y At&t), así como la intromisión mundial en correos electrónicos, chats, videos, fotos, videoconferencias y transferencias de archivos, e involucra a las compañías Microsoft, Yahoo, Google, Facebook, Paltalk, Youtube, Skype, Aol y Apple. De acuerdo con lo revelado por Snowden, el gobierno de Washington ha espiado por igual a estadistas, universidades, empresas y ciudadanos privados de un sinnúmero de países.

Uno de los problemas obvios de esa red de espionaje es que su operación requiere de grandes cantidades de personas. Hoy, casi cinco millones de personas –tanto empleados públicos como personal de empresas contratistas– tienen acceso a información “confidencial y secreta” del gobierno de Washington, en tanto que un millón 400 mil empleados gubernamentales tienen acceso a información clasificada como “ultrasecreta”. La debilidad estructural del sistema es evidente.


En cuanto a su debilidad política y moral, nada la ilustra mejor como el hecho de que el gobierno de Obama haya presentado contra Snowden cargos por... espionaje.

20.6.13

Despenalización
por la derecha


  • ¿De la Acapulco Gold a la Foxxie de Guanajuato?
Si un presidente en funciones se manifestara a favor de la despenalización de las drogas, así fuera de una despenalización parcial, el hecho sería digno de aplauso por parte de quienes estamos convencidos de la pertinencia ética, legal, económica y geopolítica de acabar con la prohibición: aparte de que ésta se basa en consideraciones mercantiles disfrazadas de moral pública, constituye la condición sine qua non para el florecimiento del narcotráfico y las actividades delictivas asociadas a él, favorece la multiplicación de las adicciones, crea un terreno propicio para las intromisiones y los conflictos internacionales y representa, en general, un factor de severa distorsión para la economía, la política y la vida institucional de las naciones.

Ayuda el que un ex mandatario cobre conciencia de la grotesca y costosa hipocresía que subyace bajo la persecución de las drogas y tome partido por suprimir la arbitraria lista de sustancias que los ciudadanos tienen prohibido consumir. Pero cuando uno que fue presidente no sólo aboga por la despenalización sino que además se apunta para sembrar mariguana y comercializarla en las tiendas Oxxo, el posicionamiento no sólo da lugar a chistes sino que provoca vergüenza y, con suerte, un poco de indignación, porque se evidencia que el sujeto de marras ejecutó las leyes prohibicionistas sin convicción alguna y que, en tanto haya dinero, lo mismo le da administrar una explotación minera de alto impacto ecológico que encabezar una organización ambientalista.

Pero también sería injusto llamarse a sorpresa por las recientes declaraciones de Vicente Fox, quien ahora se dice dispuesto a cambiar su poco exitoso papel de conferencista de clase mundial por el de honesto mariguanero: desde antes de su llegada a la Presidencia se definió como empresario y comerciante y en ningún momento pretendió ostentarse como político, y menos aun como una persona con visión de Estado. Luego se desempeñó con un claro estilo gerencial –quién dijo que la corrupción sólo existe en el sector público–, concibió al Estado como una corporación y nunca llegó a tener clara la diferencia entre sociedad y mercado.

Hay que reconocer, por otra parte, que la escandalosa declaración tiene al menos la virtud de esclarecer el sentido de las tendencias favorables a la despenalización de las drogas que desde hace unos años vienen surgiendo en las derechas empresariales y políticas en el mundo y que no dejan de causar desconcierto: George Shultz, George Soros, Mario Vargas Llosa, Ernesto Zedillo, Otto Pérez Molina, Paul Volcker, César Gaviria, Fernando Cardoso, entre otros. Uno de los manifiestos más claros y ejemplares en este sentido es el que formularon el pasado 21 de mayo varios de los mencionados. Tiene el feísimo título de “Nueva voz en la reforma de política de drogas” y está, por cierto, redactado con las patas.

Los signatarios del texto no se detienen en ningún momento a preguntarse si es moralmente correcto, o no, que el Estado pretenda regular de manera coercitiva consumos que,  independientemente de lo perniciosos que resulten, caen en el ámbito de lo privado. La prohibición de cualquier sustancia alteradora del sistema nervioso –y hay decenas de ellas promovidas por campañas publicitarias legales–, con el pretexto de que la adicción a ellas es un problema de salud pública, resulta tan improcedente como lo sería el forzar al uso del condón –ley mediante y policía al frente– en prácticas sexuales de riesgo. Simplemente, los autores del texto retoman la obvia conclusión que las sociedades vienen haciéndose desde hace varios lustros y desde hace muchos muertos: que las guerras contra las drogas son, si se cree en la honestidad de sus propósitos manifiestos, un fracaso.

La postura despenalizadora se presenta sólo como una iniciativa pragmática y “realista” para atenuar los procesos de violencia, descomposición institucional y deterioro de la seguridad y de la salud, y es ambiguo en el punto de si se debe levantar la veda para todas las drogas hoy perseguidas o sólo para la mariguana. Se debilita, así, la credibilidad del pronunciamiento, a menos que se cuente con la inocencia necesaria para creer que el legalizar el consumo y la producción de mota bastaría para “minar el poder del crimen organizado” y “romper el círculo vicioso de violencia, corrupción y prisiones abarrotadas”. Y no: la mariguana representa sólo una pequeña porción del ramo del narcotráfico. Aunque Fox sí se ha manifestado explícitamente en anteriores ocasiones por la despenalización de “todas” las drogas hoy ilegales.

El 11 de noviembre de 2010 se asentó en esta columna que Zedillo y Fox,
“nuevos adalides de la despenalización, tienen en común sus vínculos pasados o presentes con grandes transnacionales: si antes de dedicarse a la política el guanajuatense ocupó la gerencia latinoamericana de Coca-Cola, el sucesor de Salinas, tras abandonar Los Pinos, ha sido empleado de esa misma empresa, así como de Procter & Gamble, Daimler-Chrysler, Alcoa, Grupo PRISA y Union Pacific, entre otras. Puede ser que los pronunciamientos de ambos ex presidentes sean resultado de meras ocurrencias personales, pero puede ser, también, que sean expresión de intereses corporativos –los farmacéuticos y los refresqueros, por ejemplo– dispuestos a disputar a la delincuencia informal un enorme y vasto mercado, y a instaurar, con base en la conversión de psicotrópicos hoy proscritos en productos de consumo regular, ramos industriales tan intachables como lo son actualmente la tabacalera, la licorera y la de bebidas “energetizantes” que contienen taurina. Lo anterior es especulación.”
Hay que agradecerle a Fox que haya despejado, con su más reciente declaración sobre el tema, el carácter hipotético de aquella reflexión y que se haya tomado la molestia de confirmar, en sus propias palabras, el espíritu empresarial que anima su respaldo a la despenalización: “La mariguana […] puede ser una industria legal y operativa que le quitaría millones de dólares a los criminales, ese dinero ahora va a ser de empresarios y no de ‘El Chapo’ Guzmán, basta de que todo este asunto de la marihuana esté en manos de criminales […] Una vez que sea legítimo y legal, claro, puedo hacerlo, yo soy agricultor. Que la droga esté en manos de nosotros, que ayude a la economía del país y no solamente a ‘El Chapo’[...]” Más claro, ni el agua. Tal vez estemos en vísperas de una nueva etapa de la guerra en la que los narcotraficantes empiecen a enfocar su poder (de corrupción, de infiltración y de fuego) en un esfuerzo por impedir una despenalización cuyo objetivo principal es sacarlos del mercado.

Así que si las derechas mundiales se han dividido en el tema de las drogas es porque un sector de ellas piensa que éstas deben ser convertidas en un negocio tan próspero como legal, en tanto que otro considera que, pese a todo, sigue siendo mejor negocio combatir los psicotrópicos que venderlos legalmente “en los Oxxos”.

No es esa, no puede ser esa, la despenalización promovida desde una perspectiva humanista y de izquierda. La medida no debe servir para hacer dinero sino para acabar con la violencia y la corrupción asociadas al narcotráfico y su combate y para enfrentar en mejores circunstancias el drama de las adicciones. No se trata de promocionar mota o cualquier otra droga en las vitrinas de las tiendas Oxxo; la idea es la contraria: que las drogas dejen de ser un negocio de alta rentabilidad.

18.6.13

Quién es el enemigo


Al poder le encanta espiar pero espiar casi siempre es delito: lo es, en la mayoría de las legislaciones modernas, cuando se espía a las personas sin orden judicial, y lo es también cuando en un país cualquiera un agente al servicio de un gobierno extranjero intenta escudriñar los secretos de estado del anfitrión. Por eso, la sola existencia de oficinas de “inteligencia” constituye casi una admisión tácita de que el poder está dispuesto a violar las leyes –las propias y las de otros países– en la materia. La seguridad nacional es uno de esos terrenos en los que, se nos dice, el fin justifica cualquier medio.

Por ejemplo, el jefe del comité de inteligencia de la Cámara de Representantes, el republicano Mike Rogers, dijo ayer que el programa gubernamental de espionaje masivo recientemente puesto al descubierto por el ex empleado de la CIA Edward Snowden permitió neutralizar “decenas de amenazas terroristas”. En el discurso de la clase política estadunidense, Snowden merece ser llamado traidor por haber dado a conocer los aparatos montados por Washington, Londres y otros aliados para entrometerse en la confidencialidad de altos funcionarios de gobiernos extranjeros, pero también en las comunicaciones, la correspondencia y las actividades privadas de los ciudadanos comunes y corrientes.

Desde luego, los datos divulgados por Snowden hacen quedar mal al gobierno británico ante sus huéspedes, los mandatarios que acudieron a Gran Bretaña a la reunión del G20 de 2009, los cuales fueron implacablemente espiados con “métodos innovadores” por el Government Communications Headquarters, una entidad oficial inglesa que, oficialmente, sirve para “mantener segura y exitosa a nuestra sociedad en la era de Internet”.

Pero hay algo más grave: las órdenes a empresas telefónicas de que entregaran al espionaje gubernamental los datos de sus abonados, así como el programa PRISM, que permitió a Washington meter la nariz en millones de cuentas personales de las principales empresas internéticas, constituye una flagrante violación a la letra y al espíritu de la Cuarta Enmienda Constitucional de Estados Unidos, que establece “el derecho de los habitantes a que sus personas, domicilios, papeles y efectos se hallen a salvo de pesquisas y aprehensiones arbitrarias” y prohibe la expedición de órdenes que vulneren ese derecho y que “no se sustenten en un mortivo verosímil, estén corroboradas mediante juramento o protesta y especifiquen el lugar que deba ser registrado y las personas o cosas que han de ser detenidas o embargadas”.

Ahora el gobierno de Obama chapotea en esbozos de justificaciones y trata de argumentar que el programa PRISM y otros por el estilo no son violatorios de la Constitución. Pero no la tiene fácil: tras las revelaciones de Snowden la Unión Estadunidense por las Libertades Civiles (ACLU, por sus siglas en inglés) interpuso una demanda en contra del gobierno. Y, además de la ilegalidad, la mentira: apenas en marzo pasado, el general Keith Alexander, director de la Agencia de Seguridad Nacional, había negado enfáticamente en una audiencia en el Capitolio que esa institución realizara un espionaje indiscriminado sobre la ciudadanía estadunidense.

Hasta ahora la clase política de Washington y sus operadores mediáticos han logrado engatusar a un sector de la opinión pública con la idea de que las revelaciones de 2010, en las que participaron Bradley Manning, Julian Assange y WikiLeaks, fueron un acto de “colaboración con el enemigo” que puso en riesgo vidas de estadunidenses. A fin de cuentas, las víctimas de las atrocidades e inmundicias sacadas a la luz por los papeles de las guerras de Irak y Afganistán y por los cables del Departamento de Estado fueron personas, organizaciones o dependencias extranjeras . Aquellas filtraciones cimbraron al mundo pero no fueron suficientes para crear en la mayoría de la sociedad estadunidense la conciencia de que su gobierno se gasta el dinero público en enviar a sus muchachos a matar y a que los maten para sembrar una deliberada barbarie en la cual las corporaciones próximas a la Casa Blanca puedan hacer negocio, así como para obtener más bastiones estratégicos remotos desde los cuales el complejo militar-industrial podrá lanzar nuevas guerras.

La hazaña de Sonwden es distinta porque su escala no es tan planetaria, pero sí de efectos más concentrados: ahora las víctimas de la ilegalidad estructural del poder de Washington son los propios ciudadanos estadunidenses; no pocos de ellos, celosos hasta la paranoia de la preservación de su privacidad y enemigos jurados de cualquier interferencia gubernamental en sus vidas.


Ahora, el presidente de Estados Unidos no la tiene nada fácil. Las verdades expuestas por el ex empleado de la CIA no gustan a buena parte de los conservadores y tampoco a los progresistas que dieron el voto a Obama. Muchos de ellos estarán cayendo en la cuenta, ahora sí, que el hombre por el cual votaron en dos ocasiones es en realidad un prominente enemigo de los derechos civiles y las libertades individuales.  

4.6.13

Bush y Manning


En 2001 George Walker Bush organizó la invasión y la ocupación de Afganistán, en las que han muerto dos mil 234 estadunidenses (60 de ellos, en lo que va de 2013), 44 británicos, 644 individuos de otras potencias ocupantes y decenas de miles de afganos. En aquel entonces se dijo que la idea era garantizar la seguridad de sus conciudadanos, pero en 2013 los atentados organizados por fundamentalistas islámicos (así clasificó el gobierno gringo a los bombazos del maratón de Boston) siguen matando gente en territorio de Estados Unidos.

Dos años después de lanzar a las fuerzas armadas sobre Afganistán, Bush emprendió la invasión de Irak, en donde cuatro mil 487 de sus hombres encontraron la muerte y más de 30 mil sufrieron heridas de distinta consideración.

Si uno lo mira bien, Bush es mucho más merecedor de la acusación de “poner en riesgo vidas de estadunidenses” de lo que podría serlo el soldado Bradley Manning, quien no organizó guerra alguna y quien, hasta donde se sabe, no disparó un solo tiro durante su estancia en Irak. Lo relevante de su estadía en esa desgraciada nación árabe fue, según afirman sus acusadores en una corte militar, el haber entregado a WikiLeaks miles de documentos del Pentágono. Gracias a ellos el mundo corroboró la extensión de los crímenes cometidos por Washington en los dos países invadidos. Supo, por ejemplo, que el reportero de Reuters Namir Noor-Eldeen fue asesinado a sangre fría, junto con otras diez personas, por los tripulantes de un helicóptero estadunidense de ataque; o que las fuerzas invasoras mataron a más de 150 mil civiles inermes y que contabilizaron a muchos de ellos como “enemigos muertos en combate”; o que las fuerzas ocupantes entregaron innumerables prisioneros a la policía iraquí, a sabiendas de que serían asesinados o torturados.

Esa información habría podido ser de suma utilidad para dar eficacia a la justicia militar de Estados Unidos, para crear conciencia en Washington de que la intervención militar había servido para entronizar en Bagdad a funcionarios que se comportaban “peor que Saddam” (como lo formuló la Iraqui News Network) y para fortalecer la necesaria vigilancia social y mediática sobre las autoridades, es decir, para consolidar las reglas democráticas que Estados Unidos reclama desde siempre.

Por cierto: si tales reglas fueran realmente vigentes, hace rato que Bush y sus colaboradores Donald Rumsfeld, Dick Cheney y Condoleezza Rice, entre otros, habrían tenido que comparecer ante una corte por mentir a la sociedad, por destruir dos países, por llevar a miles de muchachos estadunidenses a una muerte sin sentido y por tolerar una corrupción monumental con los contratos de las guerras, si no es que, como en el caso de Cheney, por beneficiar con ellos a empresas en las que estaba involucrado.

Sin embargo, tras dejar sus puestos en Washington, estos individuos partieron a un anonimato millonario. Salvo Bush, quien a veces da de qué hablar cuando sale a pasear en bicicleta por su rancho de Texas.

Manning, en cambio, fue arrestado el 26 de mayo de 2010. Inicialmente internado en Kuwait, dos meses después se le envió a la base de los Marines en Quantico, Virginia. Allí fue sometido durante muchos meses a un régimen carcelario equiparable a la tortura: encerrado en una celda de dos metros por tres, privado de todo contacto con el mundo exterior, desnudo, privado de sueño, alumbrado y sometido a cámaras de vigilancia las 24 horas, privado de sus lentes, despojado de todo material de lectura o escritura. El propósito del maltrato, de acuerdo con los abogados del acusado, fue presionar a Manning para que incriminara a Julian Assange, el fundador de WikiLeaks, contra quien los aparatos de justicia de Estados Unidos no han logrado construir una acusación verosímil.


Ayer, en la base militar de Fort Meade, cerca de la capital estadunidense, empezó el juicio de guerra contra el soldado Manning. Bush, por su parte, sigue paseando en bicicleta en su rancho de Texas.

30.5.13

Yolanda y el comeperros


 
Yolanda Romero Núñez, originaria de Tlacotalpan, Ver., llegó a Tultitlán, Edomex,  hace 13 años, y se dedica a rescatar perros callejeros. Se define como “protectora activista de todos los animalitos” y encabeza una organización llamada “Por nuestros hermanos sin voz” que rescata, acoge y da en adopción a perros en desgracia e intercede incluso por burros maltratados; opera un albergue para animales en Tula, Hidalgo; acepta donaciones monetarias, vía transferencias bancarias o PayPal, así como en especie: alimento y medicinas para mascotas, material de limpieza, objetos varios y material de construcción, y realiza rifas y festivales para recaudar fondos. En el sitio web de su organización (todas las citas de esta entrega son literales) Romero Núñez lanza llamados angustiosos: “Por favor apoyen, en verdad ya no tenemos mucho alimento y hay mucho por hacer, y si no somos nosotros, ¿quién? El gobierno lo único que hace es matarlos cruelmente. ¿Por qué no persiguen a los delincuentes?”

La página alerta contra “grupos que siempre están difamando esta loable labor poniéndonos rocas en el camino y utilizando el 'nombre' sólo con una palabra distinta a nosotros para que la ayuda no llegue a por nuestros hermanos sin voz, en verdad estamos atravesando una situación muy difícil de alimento y apoyo para nuestros pequeños por esta gente que es un grupo de Polanco pero ya las autoridades están investigando porque nosotros estamos legalmente constituidos por el bien de todos y el bienestar de mis animalitos tendremos que proceder en contra de quien resulte responsable”.

La organización cuenta con su propia página en Facebook –más de 60 mil seguidores– y en ella hay un amplio catálogo de animales en adopción, promoción de eventos y muchas fotos de la activista en sus tareas de rescate y de cuidado.




Llama la atención una serie de entradas sobre un mismo tema: “Un tipo llamado Jou o Michelle que se come a los perros, así como se come a los perros podría comerse a un niño, él sigue libre. Si desean buscar una solución a esto y que definitivamente el individuo deje de matar a los perros pueden llamar a Yolanda 04455-3408-8421 para dar una solución”.

El comeperros de Tultitlán ha sido denunciado al menos desde 2009, como lo indica una carta enviada a Calderón cuando era presidente, y a Peña Nieto, cuando era gobernador mexiquense, en la que se pedía que aquel “ indigente adicto y violento” fuera internado en “un lugar donde pueda recibir la atención que necesita”.

En el grupo animalista de Facebook las cosas toman otro cariz. La entrada referida va acompañada por fotos de un hombre en evidente situación de calle e indigencia que realiza gestos amenazantes a la cámara, así como por una colección truculenta de cadáveres de canes enteros o mutilados, carbonizados algunos de ellos. Escribe Romero Núñez: “Ya tiene 5 años que (…) lleva matando a los animalitos en el tiradero de basura de Tultitlán, por una u otra razón no le hacen nada y también le falta el respeto a la gente. Anteriormente El Jou desangraba del cuello a los perros y los dejaba toda la noche desangrando para matarlos y comerlos después sacando su hígado. Ahora descaradamente los mata y los hierve para cocerlos vivos” (sic). No sé quién defiende a El Jou porque siempre se sale con la suya, ya lo han detenido pero siempre lo dejan libre”.




Al pie de las fotos proliferan centenares de comentarios. Uno solo de los participantes pone en cuestión la veracidad de la historia. Otros tres, sin justificar los hábitos alimenticios de El Jou, se compadecen de él. Muchos otros señalan que el vagabundo es un caníbal en potencia. El resto son execraciones divididas a partes iguales entre quienes proponen que el hombre sea encarcelado o encerrado en un hospital psiquiátrico y los que sugieren, proponen o exigen su asesinato. Los autores son usuarios variopintos de Facebook: amas de casa, empleados de corporativos, chavas estudiantes, abogados, comerciantes, dentistas, señoras de la tercera edad. En sus perfiles igual ponen imágenes de Jesucristo, rostros de Hello Kitty, siluetas de Transformers y hasta citas apócrifas de Saramago. Los nombres o los apodos de usuario no tienen importancia. He aquí algunos –sólo unos cuantos– de los comentarios, copiados con toda literalidad:

–Pónganse a pensar que hoy son los perritos, mañana puede ser uno de nosotros. Violencia genera Violencia, lo que deberían de hacer es desaparecerlo... ejem...ups!!! digo, mandarlo a un psiquiatrico y que no salga nunca más de ahí !!!!

Ay q ir a donde vive!!! hacer justicia por nuestra propia mano si la autoridad le vale madre pues que vea que a nosotros no! Agarrarlo dormido y quemarlo vivo al puto.

Para la policia no son cargos suficientes, asi ke mas facil sera darle un escarmiento a mano propia y darle a probar a ese hdp lo ke se siente ser torturado.

Entre varios le podemos poner la putiza de su vida, le podemos romper las piernas a batazos o pasarle el carro en las patas y nos damos fuga.

No hay nadie q le de un tiro a ese desgraciado en la frente, q maldad tan grande por dios.



Cada tanto, la responsable del sitio sube una foto de perro descuartizado, más espeluznante que la anterior, y atiza:

Le quitó las tripas, se los come por dentro, no tiene piedad por ellos, por favor hagan algo para detener a este hombre.

Y los comentarios arrecian:

Q se junten varios cabrones y se lleven un bote con gasolina lo busquen lo roseen y le prendan fuego.

Lo unico que se le puede hacer es darle una putisa o apoyar a Yolanda con lo que pide, pero lo que sino sirve de nada es maldecirlo por facebook eso no logra nada mejor actúen, lo que quieran hacer cuentan conmigo.

Posiblemente la mejor solución sea dejarle un perro, que ya esté muerto, lleno de veneno para ratas para que sea su último alimento.

... Deberían dejarlo inmóvil cosa que no se pueda mover y echarle algún tipo de comida en el cuerpo o algo asi para que los perros se lo coman vivo al infeliz.

Amarrenlo al ogt y quémenle las manos.

Si las autoridades no hacen nada nosotros siiii sera mejor para todos y sobre todo para estos hermosos animalitos si desaparece. [matenlo , matenlo, matenlo!!!!!!!! ] yo apoyo.

Es un peligro no solo para estos animalitos indefensos que no tienen la culpa sino para las personas de bien por favor únanse varias personas y entre todas cójanlo y amarrarlo con alambre de púas las manos y cocerle la lengua para que no siga haciendo daño.

Y por que no le cortan el pene y que c lo tragueee ese hijo de la vil putaaaaaaaa y despuest lo hacen pedazitooooooooooz lentamenteeeeee”... 

Maldito viejo estupido y asqueroso ay que atropeyarlo con un camion de basura y echarlo ahi mismo que se joda el ojete de mierda...

Una participante lanza una pregunta: 

¿Alguien ha pensado alguna vez que dentro de estos sujetos que parecen repudiables vive alguien que también sufre?”

De inmediato, otra la fulmina:

Ya porfa en buena onda tus argumentos dan hueva, ahorita lo q importa es resolver este problema no tus teorías llenas de sentimentalismos absurdos. Bórrate ya.

Y alguien más remata:

Ps si tanto te molestan los comentarios llevatelo a tu casa (…) aver si cuando mate a alguno de tus familiares te parece bien, pendeja.

Gracias a la labor de Yolanda Romero Núñez, muchos perros de Tultitlán están a salvo. Pero hay un humano que, si fuera más que un invento para movilizar a personas de buen corazón, podría encontrarse en peligro de muerte: le dicen Michelle o El Jou, come perros y vive en la calle.


Ilustraciones: detalles de The Four Stages of Cruelty, de William Hogarth (1751), y Facebook

28.5.13

Avances y no tanto


Hace poco más de 30 años, en la elección presidencial de 1982 Arnoldo Martínez Verdugo fue candidato presidencial por el Partido Socialista Unificado de México (PSUM). En esa ocasión el Partido Revolucionario de los Trabajadores postuló para el cargo a Rosario Ibarra de Piedra. Fue la primera vez que partidos de izquierda independientes (digo independientes, porque el PPS y el PARM se sumaron a la candidatura de Miguel de la Madrid Hurtado) concurrían, con registro, a unos comicios presidenciales, y la segunda que se presentaban a las urnas (la primera fue la elección legislativa de 1979). Fue el arranque de algo nuevo y la culminación de un largo (y a veces, áspero) debate sobre los caminos a seguir para enfrentar los intereses empresariales y corporativos y lograr una transformación del país a favor de la sociedad. También fue la culminación parcial de un esfuerzo unitario que llevó a la disolución del Partido Comunista Mexicano para conformar, con otras cuatro organizaciones, el efímero PSUM. Martínez Verdugo fue uno de los motores principales de ese proceso y un resuelto impulsor de la participación en procesos electorales y de la unificación de las izquierdas.

Para aquella época los resultados no fueron malos: la candidatura de Martínez Verdugo (PSUM) recibió 3.48% de los sufragios, y la de Rosario Ibarra de Piedra (PRT), 1.76%. Sumados esos porcentajes a los obtenidos por fuerzas que se decían progresistas, a las izquierdas le reconocieron el 6.9% del sufragio (1 millón 580 mil votos). Sólo seis años después, las fuerzas de izquierda, agrupadas esa vez en el Frente Democrático Nacional, y con Cuauhtémoc Cárdenas a la cabeza, ganó la presidencia y el candidato oficial, Carlos Salinas hubo de ser impuesto en ella mediante un escandaloso fraude electoral. La cifra oficial de la entonces Comisión Federal Electoral dio a la izquierda poco más del 30 por ciento de los votos (casi 6 millones de sufragios). O sea que, con todo y fraude, el avance electoral de las fuerzas progresistas había sido espectacular.

Tampoco hay razón para confiar en la precisión de los resultados en los comicios presidenciales siguientes: tras el de 1994 el propio Ernesto Zedillo reconoció que las campañas se habían realizado con reglas inequitativas; en 2000 los sufragios por el PRI fueron ilícitamente inflados mediante inyecciones de dinero público (el Pemexgate, la más célebre); en cuanto al de 2006, el fraude a favor de Calderón fue tan descarado como el de 1988 a favor de Salinas, o más, y está mejor documentado. Aun así, la izquierda electoral, agrupada en la Coalición Por el Bien de Todos (CPBT) obtuvo el mejor resultado electoral de su historia, tanto en votos totales como en porcentaje.

Parte importante de ese esfuerzo fue José María Pérez Gay, fallecido el domingo pasado, quien actuó como articulador entre las organizaciones políticas que apoyaban a AMLO y sectores académicos, intelectuales y artísticos. Vaya aquí un humilde reconocimiento a esos dos personajes desaparecidos, Arnoldo y José María, por su participación y su entrega en la lucha por transformar a México.

El año pasado se repitió la historia. La campaña priísta, caracterizada por la manipulación y la mentira mediáticas, culminó con una inversión de miles de millones de pesos para inducir votos e inflar el caudal de sufragios a favor de Peña Nieto hasta fabricarle un margen de 8 por ciento sobre López Obrador.... Y en las cifras oficiales la izquierda volvió a batir su propio récord: casi 16 millones de votos.

En resumen: en tres décadas (y según las muy distorsionadas cifras oficiales) la izquierda electoral ha pasado de 6.9 al 31.59 por ciento en las preferencias electorales y de 1 millón 580 mil votos a 15 millones 897 mil. Si se descuenta el crecimiento del padrón electoral, eso representa un crecimiento de 500 por ciento. Si en México existiera una democracia real, habría razones para el optimismo y para seguir apostando todo a la vía electoral, en la confianza de que más temprano que tarde la izquierda habría de lograr una victoria sobre el PRIAN. Pero no: en tres elecciones presidenciales, una de cada dos, el régimen oligárquico le ha arrebatado el triunfo a la mala. Así la verdadera oposición llegara a obtener la mayoría absoluta de los votos reales, el aparato político del régimen seguiría haciendo trampa.

Descontadas las vías violentas, que hoy tienen menos margen que nunca por la paramilitarización creciente en muchas regiones del país, no parece quedar más alternativa que impulsar la organización social desde abajo, mantener la independencia ante el régimen (por ejemplo, absteniéndose de firmar Pactos por México) y seguir participando en procesos electorales para ganarlos y defender los triunfos mediante movilizaciones pacíficas, sí, pero realmente masivas, organizadas y generalizadas.