30.6.16

Odiar al oprimido


Amar al opresor está más que difícil en el México contemporáneo. No se le siente al pueblo deseo alguno de desarrollar sentimientos amorosos hacia (digo, son sólo ejemplos) Javier o César Duarte, Roberto Borge, Aurelio Nuño, Graco Ramírez o Enrique Peña Nieto. Ante esa imposibilidad el régimen, sus aparatos de propaganda y sus opinioneros se empeñan cuando menos en hacer realidad la segunda parte de la sentencia de Malcolm X: hay que hacer odioso al oprimido a ojos de la sociedad.

Cualquier oprimido: los integrantes del Sindicato Mexicano de Electricistas, que armaron un follón sólo para preservar sus “privilegios”; los caídos de la guerra de Calderón, delincuentes que “se mataban entre ellos”; los ejecutados de Tlatlaya, Tanhuato y Apatzingán, que se lo merecían por narcos; las víctimas de feminicidio, que se ganaron la muerte a pulso porque eran putas o al menos se vestían como tales. En este mismo tenor el enjambre de calumnistas del régimen lleva muchos meses zumbando con versiones de nexos entre los estudiantes de Ayotzinapa y un cártel regional; uno de esos opinadores llegó al extremo de decir que los padres de los 43 desaparecidos de Iguala eran tan criminales como los que se llevaron a sus hijos porque ponían en duda la historia de la incineración en el basurero de Cocula, urdida por Jesús Murillo Karam y Tomás Zerón de Lucio.

Al magisterio democrático se le ha querido presentar como un hatajo de holgazanes, corruptos, ineptos, vándalos, violentos, buenos para nada más que para crear congestionamientos de tránsito, culpables de la quiebra de miles de negocios, defensores de privilegios y prebendas, sediciosos a sueldo, rapadores de disidentes y, a últimas fechas, operadores con recursos de procedencia ilícita. Qué no se ha dicho al aire en horario triple A, escrito en diarios de circulación nacional y difundido en blogs y tuits comprados al millar sobre los mentores de la CNTE y la Sección 22.

Los asesinatos perpetrados por la Policía Federal en Nochixtlán el domingo 19 de junio mostraron que el peñato ha perdido todos los reflejos, salvo uno: el de fabricar mentiras. Eran tan inverosímiles las que divulgó en un principio que cayó en una carambola de contradicciones (no hubo policías armados, las fotos que lo demuestran son falsas, sí hubo policías armados) y se pasmó. El hecho es que en esa localidad mixteca se repitió lo ocurrido en Iguala casi dos años antes: la policía agredió con armas de fuego y asesinó a civiles desarmados. Pero esta vez hubo pruebas inmediatas e irrebatibles de la participación de elementos federales (policías y gendarmes) en la masacre y eso coloca a Peña y a su gobierno bajo una nueva y gravísima tormenta política.

La manera que el régimen ha elegido esta vez para meter los cadáveres bajo la alfombra es acusar al magisterio oaxaqueño en lucha de matar de hambre a la población de la entidad. La campaña propagandística sobre el “desabasto” es intensa, falsa y hasta obscena, si se considera que para el peñato el hambre de las comunidades de Oaxaca es sólo un instrumento electoral: si no hubiera pobres, a quiénes les comprarían el voto a cambio de despensas. Pero ahora José Antonio Meade desperdicia los recursos de la Secretaría de Desarrollo Social en la producción de un video de acentos heroicos sobre un puente aéreo con aviones militares de transporte para abastecer a las tiendas Diconsa con muchas toneladas de alimentos que no pueden llegar a su destino por carretera debido a los malvados maestros y sus bloqueos.

La idea manifiesta tras el estruendo de calumnias es crear un clima de linchamiento social que haga olvidar la decena de asesinatos perpetrados por el régimen en Nochixtlán y que permita justificar, en nombre del abasto alimentario, nuevas acciones represivas, sin importar cuán violentas sean, cobijadas por el odio anti magisterial que el gobierno quiere inducir en la población. Así, cuando llegue el próximo desalojo violento –ya anunciado por Miguel Ángel Osorio Chong– , la gente, en vez de protestar por la barbarie del régimen, la aplaudirá.

Los maestros democráticos están matando de hambre a los oaxaqueños de la misma manera que los judíos sacrificaban niños cristianos en la Europa medieval, los hugonotes se preparaban para asesinar a medio París, los alpinistas se habían infiltrado en San Miguel Canoa para implantar el comunismo, los bosnios violaban a las mujeres serbias. Así, la siembra de odio de oprimidos contra oprimidos que está llevando a cabo el peñato con tal de no dar marcha atrás en la mal llamada reforma educativa y no quedarle mal a los funcionarios de la OCDE y a las cúpulas empresariales que son, a fin de cuentas, sus verdaderos representados y sus auténticos mandantes.


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