17.10.07

De pelos

  • Epocas greñudas y épocas afeitadas
  • El acomoclitismo está de moda

Con: Sueño de la mujer del pescador (circa 1820)
Katsushika Hokusai

Tuve la primera noticia de un afeitado de esos que ahora están de moda cuando una amiga me confió un episodio lamentable: tras un encuentro sexual inesperado con un desconocido, sintió el aleteo de las mariposas en el estómago y, dos días después, y un poco más abajo, el movimiento de las ladillas. Era una de las típicas travesuras infantiles de Cupido, y hasta da nostalgia recordarlas ahora que el flechador creció y se volvió un adulto aficionado a los deportes de alto riesgo. Hoy en día es muy recomendable enfundarse en un traje de buzo antes de sumergirse en busca del tesoro; esa precaución elemental te puede salvar la vida, pero de todos modos no te protegerá del contagio de Phthirus pubis. A la pobre le recomendaron que se rasurara, que se aplicara generosas raciones de hexacloruro de benceno y que desinfectara escrupulosamente su ropa, sus sábanas y sus toallas. Lo que más le dolió fue la primera parte del tratamiento: “Imagínate –me dijo—, va a parecer que estoy en la Primaria o que tengo una anomalía genética”. Esa preocupación por el qué dirán me hizo ver que estaba dispuesta a perseverar en las relaciones sexuales de circunstancia, cosa muy respetable ya en aquellos tiempos, y le aconsejé que se comprara de una vez una buena dotación de hexacloruro. No sé qué fue de ella y de sus aventuras, pero ahora que la eliminación parcial o total se ha puesto de moda, no tendría porqué sentirse incómoda al exhibir un pubis mondo.


¿Sin?: La naissance de Vénus (1879)
Adolphe Bouguereau

Si nos atenemos a datos del Antiguo Egipto y al arte europeo del renacimiento al XIX (había que ser el David o La Maja Desnuda para exhibir unos cuantos pelos), el afeitado y la depilación (de la pelvis y de las otras áreas anatómicas) datan de la Edad de Piedra, cuando especímenes humanos de ambos sexos se hacían toda clase de atrocidades con fuego, piedra pómez o cal viva para hacer desaparecer las excrecencias pilosas del cuerpo. En Dinamarca aparecieron cuchillas de afeitar que datan de mil 500 años antes de Cristo; Alejandro Magno vivía obsesionado por eliminar los pelos de la cara (se dice que para evitar que el enemigo cogiera a sus soldados de las barbas) mas no los del pubis, según indica un relieve grabado en su tumba; desde antes de la era imperial, las mujeres romanas se rapaban la cabeza, se arrancaban las cejas y usaban cremas depiladoras a base de plantas venenosas; sus contemporáneas indias se depilaban las piernas y sus compañeros (o no tanto) se recortaban barba, pubis y pelo del pecho; hacia el año 300 a. de C. se abrieron en Roma las primeras barberías, y la Ciudad Eterna osciló entre épocas pelonas (la de Julio César, por ejemplo) y tiempos hirsutos (verbigracia, los de Adriano). Entre los siglos VI y XI de esta era, las mujeres de la Cristiandad tenían la obligación de afeitarse diariamente toda la superficie corporal, a fin de estar siempre listas para el momento de la muerte. Qué curioso: aunque la iconografía dibujaba al Señor con luengas barbas, la moral de la época no consideraba conveniente que se presentase ante Él un alma peluda.


Con: David (1504)
Miguel Angel

Según lo que investigué, el vello en axilas, pubis y otras partes del cuerpo no necesariamente es un vestigio de nuestros antepasados hirsutos; los humanos no lo somos menos que los monos, pues tenemos un número equivalente de folículos pilosos; si parecemos más pelones que ellos es porque las excrecencias de tales folículos son, en nuestro caso, mucho más finas y delgadas. La razón de Natura para rodear de pelo nuestras partes pudendas sería, en principio, reproductiva: la idea, si entendí bien, es que los vellos se impregnen con secreciones ricas en feromonas para así atraer mejor a ejemplares del sexo opuesto; si nos atuviéramos a esa lógica estrictamente natural, habría que concluir que las modas calvas corresponden a periodos históricos de baja libido y que las tendencias de capilaridad abundante reflejan, o propician, tiempos cachondos. Eso podría tener sentido si se compara a los melenudos hippies cogelones con los afeitados yuppies más bien pacatos, pero tal vez estemos llevando demasiado lejos una hipótesis meramente biológica. En todo caso, la dominancia pornográfica actual, con sus superhéroes (ínas) sexuales más pelones que una larva, diría que ambas cosas no necesariamente están relacionadas.


¿Con o sin?: Nascita di Venere (circa 1484)
Sandro Botticelli



El mundo es plural, aunque aún no haya aprendido a ser tolerante. En las sociedades islámicas permanece la tradición de quitarse los pelos de la pelvis, contrario a lo que ocurre en Japón, donde son vistos como algo muy atractivo, hasta el punto de que algunas japonesas no sólo no se los quitan, sino que se los agregan mediante artificios diversos. (A propósito, un nipón medio chiflado asegura que la forma del vello púbico determina la personalidad sexual de las mujeres.) A mediados del siglo pasado, en Estados Unidos, las fotos con vello púbico eran ilegales. En los años sesenta y setenta el feminismo denunció la depilación y el rasurado como una concesión a patrones de belleza impuestos por los hombres, hizo de la integridad capilar femenina una bandera velluda y las manifestaciones se llenaron de sobacos poblados, exhibidos con orgullo por sus propietarias al momento de levantar el puño cerrrado.


Sin: La naissance de Vénus (1863)
Alexandre Cabanel

No sé si Karl (se) depilaba o no, pero éste es un buen momento para evocarlo. Un fantasma recorre Europa: el fantasma del acomoclitismo, que es la atracción por los genitales trasquilados. Será porque la industria de productos personales necesita abrir nuevos mercados, porque la Historia es pendular o porque las prendas interiores vienen cada vez más reducidas y las exteriores, cada día más rebajadas. Esto se ve en la publicidad, en la tele y en la calle: la censura, que hasta hace unas décadas poseía vastas extensiones del cuerpo humano, se ha reducido a tres pequeñas superficies insulares: dos pezones (sólo si son femeninos: los de hombre no son tabú) y un área genital (el ano casi siempre se guarece y esconde, él solito, entre las nalgas), y para considerar aceptable la parte inferior de un bikini basta con que tape labios mayores y perineo; eso sí: sin pelos a la vista.

Una encuesta citada por Wikipedia dice que en 2005 el 11 por ciento de las mujeres occidentales se tusaban toda o casi toda la cabellera baja; a la mayoría de ellas les gustaría que los hombres se quitaran algo de vellosidad corporal, y es posible que la proporción vaya en aumento. Como no tengo cifras recientes ni la audacia para ir por ahí de encuestador preguntón, realicé un conteo empírico en las instantáneas de Spencer Tunick disponibles en la red y hallé que, en las fotografías tomadas en Estados Unidos y países europeos, 3.7 de cada diez mujeres optaron por la tijera, el láser, la cera, las pinzas o la crema depiladora, o bien por una combinación de varios métodos. El retiro parcial puede adoptar varias modalidades como barbeado, marcado del contorno, ingles brasileñas y formas varias, que si se combinan con los patrones naturales de crecimiento del pelo en el bajo vientre (horizontal, sagital, acuminado y disperso) dan lugar a variaciones innumerables, y existen numerosos instructivos para realizarlas. Le dimos vuelta a la lógica: ahora llega a considerarse correcto enseñar el sexo, siempre y cuando sus alrededores estén bien rasurados.

Las sociedades modernas se han dividido en bandos anti y pro pelos, y la industria hace de las suyas ofreciendo métodos de depilación y corte, pero también tintes para la vegetación del monte de Venus (los hay incluso en rosa solferino) y desfiles de modas con peinados púbicos. El bloguero Darren Barefoot pronostica que hacia 2010 se tolerará la exhibición de pelvis greñudas en lugares públicos. La Historia es pendular, y tal vez no ande muy errado.

¡Con!: L'origine du monde (1866)
Gustave Courbet



Foros de discusión sobre vello púbico:

http://foro.enfemenino.com/forum/pareja2/__f21630_pareja2-Prefieren-con-pelos-o-calvita.html

http://foros.revistaglamour.com/viewtopic.php?t=8946&postdays=0&postorder=asc&highlight=emla&start=0

http://www.angelfire.com/ma2/soloyo/vello01.html

http://soloyo.webcindario.com/velloindex.php

http://elmarinovio.blogspot.com/2005/12/mujeres-peludas.html

http://foro.enfemenino.com/forum/pareja3/__f3470_pareja3-Rasurar-vello-pubico.html

http://foro.enfemenino.com/forum/beaute1/__f13597_beaute1-Depilacion-vello-pubico.html

http://www.agregax.es/etiquetas/?o=f&q=vello

My favorite things


Un regalito para los Coltranes y para álguienes más:



15.10.07

Nuestro caníbal

José Luis Calva Zepeda, presunto asesino antropófago


Puede ser únicamente un episodio aislado de la nota roja: el señor que mata a sus novias, destaza los cadáveres y se los come. La colonia Guerrero del Distrito Federal se hermana con Milwaukee y con Rostov. ¿Qué motiva a individuos como Jeffrey Dahmer, Andrei Chikatilo o los hermanos Otis y Henry Lee Lucas Toole, al homicidio con propósito de ingesta? De seguro no es el hambre. Dicen los enterados que los mueve un desbordado afán de poder y control, de apropiación última de la víctima. Sus acciones conjuntan tres prácticas abominables: el asesinato, la profanación del cadáver y la deglución de carne humana, que es tabú hasta cuando se realiza por supervivencia. De ser cierta la narración policiaca, el caso del presunto serial de la Guerrero se agravaría por la forma más extrema del engaño y la traición amorosa.

Esta historia no le funciona a nadie como espejo. En lo individual, no hay forma de reconocerse en acciones tan desalmadas y odiosas como seducir con engaños a una joven madre soltera, despojarla de su dinero, matarla, descuartizarla y devorarle pedazos. Pero tal vez la simbología no le sea tan ajena a la actual circunstancia nacional. Si se empieza por la contundente misoginia criminal del caso, el país no está muy lejos de parecerse al posible caníbal. Padecemos una epidemia –tres lustros ya— de feminicidios que no sólo se limitan a Ciudad Juárez y que tienen, entre sus víctimas mayoritarias, a jóvenes asalariadas y casi siempre desprotegidas; un índice vergonzoso de agresiones sexuales que tiene a las mujeres como blancos principales, que va desde el hostigamiento verbal o manual en las calles hasta la violación agravada, y que está presente en hogares, escuelas, oficinas, cuarteles, iglesias y seminarios, y una violencia de género estructural y omnipresente.

Por lo demás, la antropofagia literal viene a representar de manera precisa a una economía que fundamenta sus menguados atributos de productividad, rentabilidad y competitividad en la sobreexplotación inmisericorde de la carne humana: salarios de hambre, seguridad laboral inexistente o casi, servicios ínfimos de salud, educación y transporte. Ahí esta el caso reciente, y no es el único, de Pasta de Conchos, en donde una de las bocas de una empresa voraz se tragó de un golpe a 65 trabajadores. En las grandes plantaciones del noroeste las condiciones de semiesclavitud de los jornaleros agrícolas sirve de abono a los tomates que nos comemos y a los que exportamos, y la economía vomita a la población que de plano le sobra hacia el otro lado del Río Bravo.

Metáfora de la metáfora, el grupo burocrático y empresarial que gobierna canibaliza desde hace mucho los bienes nacionales; se tragó los ferrocarriles y ahora se brinda un banquete –buen provecho, secretario Carstens— con lo que queda de Pemex, con la CFE, con Aeroméxico. Los ayer candidatos y hoy funcionarios se encaraman al poder por medio de promesas amorosas al electorado (¿seguridad? ¿presidente del empleo?) no mucho menos falsas que las que pudo haber formulado a sus novias el presunto asesino de la Guerrero, y las instituciones cifran su subsistencia en la masticación de su propia credibilidad y de su propio prestigio: el IFE y el tribunal electoral no sobreviven si les arrancan otros filetes tan sustanciosos como los que perdieron en 2006.

No hay que apresurarse tanto en la abominación. Tal vez el posible caníbal de la colonia Guerrero represente el estado que guarda la República con una fidelidad mayor a la que estamos dispuestos a reconocer.



13.10.07

Bécquer, pornógrafo

Isabel II de Borbón, tocaya de la ex suegra de Lady Di, reina de España de 1933 a 1868 y tatarabuela en línea directa del actual Juan Carlos del mismo apellido, se dirige a su amante, Carlos Marfiori, en el pie de ilustración, con estas palabras:

“¡Carlos, Carlos, yo lo espero
de tu hidalgo corazón

mételo sin dilación

que ya por joder me muero!”
Retrato oficial

La redondilla es de Gustavo Adolfo Domínguez Bastida, mejor conocido como Gustavo Adolfo Bécquer, y la imagen, consistente con lo citado, de su hermano, Valeriano Domínguez Bécquer. El conjunto corresponde a un libelo titulado Los Borbones en pelota, una recopilación de acuarelas y textos que data de mediados del siglo antepasado y que no fue publicada sino hasta 1991. Por las páginas del pasquín transitan personajes célebres de la corte madrileña en tiempos de Isabel II, como el padre Claret, confesor de la soberana, el primer ministro Luis González Bravo, la ultraderechista María de Jesús de Ágreda, conocida como La monja de las llagas, y el multicornudo Francisco de Asís de Borbón, primo y consorte de la reina, y de quien ésta se quejaba en público:

“¿Qué pensarían de un hombre que la noche de bodas tenía sobre su cuerpo más encajes que yo?”


Con Marfiori

En el documento aparecen, además de onanismo, sodomía y varias combinaciones de sexo oral, una pareja de perros copuladores y un burro con el que la señora Borbón lleva a cabo un ensamble zoófilo tan explícito como inverosímil, al pie del cual Bécquer anota:

“Por probar de todo...
de tirarse a un pollino encontró el modo.”

Qué vasta es mi ignorancia. Un amigo muy querido (no digo su nombre porque me pidió que lo mantuviera al margen) me rebotó la colección en presentación de Power Point, fui a googlearlo a la red y me encontré con que es una obra bastante célebre, que ha logrado ya tres ediciones (una de ellas, en catalán), por más que resulte prácticamente imposible hacerse con un ejemplar.

Al lado de estas láminas, la portada de la revista Jueves que fue sometida a proceso judicial es una imagen de Walt Disney. No emito juicio alguno sobre la señora Borbón ni sobre los personajes de su entorno real, incluido el burro. Pero comparto con ustedes, y perdón si llego tarde, mi doble regocijo: el de paladear una obra libertina que desconocía y el de descubrir que Bécquer, además de ser un pornógrafo involuntario, lo era también a conciencia.


Todos a una

12.10.07

Mejor no


En las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial, un joven en uniforme nazi se disponía a asesinar de manera rutinaria a un polaco. Entonces bajó del Cielo un ángel y le dijo al oído al matarife:

—No lo hagas.
—¿Por qué no? —respondió el nazi—. Es sólo un polaco.
—Ese hombre está destinado a ser Papa —le explicó la aparición.
—¿Y eso a mí qué? —se impacientó el joven asesino.
—Que tú vas a sucederlo en el cargo —dijo el ángel, y desapareció.

Tres de La Casamance


Hace cosa de un año dediqué un post a cinco voces del África negra: la Ucas Jazz Band de Sedhiou, de Senegal; el fallecido Fela Anikulapo, de Nigeria; el asombroso ensamble vocal Ladysmith Black Mambazo, de Sudáfrica; Bonga, de Angola, y Ali Farka Touré, de Malí, quien por ese tiempo aún estaba vivo. Radio Blog Club decidió sacar de sus listas a varios de ellos y el compañero Óscar Núñez se quedó con síndrome de abstinencia por la falta de Casa di Mansa, interpretada por los senegaleses.
Es un buen momento para refrescar aquellos posts musicales. Vamos entonces a la Casamance en busca de sus hijos sonoros.






Ucas Jazz Band de Sedhiou: Casa di Mansa











Touré Kunda: Akila












Lamine Konté: Gna Terra

10.10.07

Vicios de loro

Gracias a Tlacuiloco por esta espléndida ilustración

El 28 de septiembre de 2006 EFE reportó el caso de una campesina polaca de la aldea de Lobza, provincia de Szczecin, que fue detenida por cultivar mariguana. En la comisaría, la mujer, de 55 años, explicó que usaba esa verdura ilícita para tranquilizar a sus vacas: “No sé por qué, son muy locas, siempre están dando brincos y corriendo; en una ocasión, una de ellas me fracturó un brazo”, argumentó en su defensa, ante las miradas presumiblemente escépticas de los gendarmes. Cuando leí la noticia sentí una oleada de simpatía hacia la señora porque en algún momento de mi vida estuve no muy lejos de pasar por una circunstancia semejante.
Ocurrió así: un amigo muy querido que se iba a vivir fuera del país me dejó a su loro: un animal entrañable y neurótico que no necesitaba pronunciar una sola palabra para comunicar sus deseos con toda claridad. Ladraba como perro cuando tenía hambre y sollozaba como bebé cuando andaba necesitado de ternura. Desde los primeros días de ausencia de su amo original, el bicho exhibió síntomas inconfundibles de depresión: dejó de comer, de proferir onomatopeyas y de treparse por los barrotes de su jaula. Se fue quedando parado en un rincón de su palo y una mañana empezó a arrancarse las plumas más hermosas de la cola. Entendí que el animal padecía el síndrome de abandono amoroso. Es que los pericos son aves monógamas y se buscan una pareja con la cual pasar la vida, aunque el ser amado no necesariamente será del sexo opuesto ni de la misma especie: cuando se encuentran en cautiverio, no es infrecuente que elijan a su amo como cónyuge, y eso explica por qué que muchos loros domésticos se relacionan mal con todas las personas de la casa menos con una; se abstienen de picar al dueño o dueña de su corazón y desarrollan en torno al ser amado un comportamiento notoriamente celoso y posesivo.
El perico de esta historia no tenía intención de serle infiel conmigo a su amo original y deseaba morir. Como último recurso, lo llevé a tierras cálidas y tropicales con la esperanza de que la evocación de su habitat natural lo reanimara un poco. Partimos, él y yo, a una casa de campo, en donde me dispuse a trabajar por unos días, y me preparé para lo peor: si el clima no surtía efectos positivos en el plumífero, habría que proceder a la eutanasia y le retorcería el pescuezo para abreviarle la agonía. Un colega con el que tenía proyectos pendientes y al que le daba por fumar cosas prohibidas, me visitó en mi retiro campestre. Entre una sesión y otra de trabajo le platiqué la circunstancia desesperada de mi mascota. Vio al loro, casi inmóvil, empeñado en despedirse de este mundo, y propuso: “Probemos con un toque”. No me negué, porque lo más que podía pasar era que al ave se le dulcificara la muerte, y nos pusimos manos a la obra. Habida cuenta que los loros no fuman, optamos por el método conocido como hornazo: cubrimos la jaula con una manta y entonces mi amigo encendió una bacha y exhaló el humo en el habitáculo improvisado. El milagro ocurrió en cosa de dos o tres minutos: el perico empezó a gritar, muy encabronado porque lo ahumaran como si fuera jamón, abrió con el pico la puerta de su jaula, se trepó por el exterior de ella y al poco rato ya volaba y graznaba por toda la casa. Lanzó unas cacas sobre nuestros papeles, aterrizó cerca de su vivienda, se introdujo en ella y se puso a comer con un hambre de náufrago.


La euforia le duró hasta la noche, y a la mañana siguiente el loro amaneció de nuevo marchito. Mi colega compartió con él sus sahumerios posteriores al desayuno y el animal volvió a la vida. Cinco horas después estaba postrado. Lo reanimó una dosis más, y así pasó esos días, con subidas y bajones al ritmo del consumo de cannabis de mi cuate. Cuando concluimos el trabajo pendiente mi amigo se dispuso a marcharse y yo me alarmé. “No te puedes ir”, le dije. “El loro te necesita”. Me respondió que no podía quedarse más y me sugirió que me encargara yo mismo de suministrarle los humos vitales al animal. “Llévatelo contigo –rogué—. No me voy a volver mariguano sólo para salvarle la vida a un pinche loro.” Así, mientras el emplumado volvía al pozo de la depresión, nosotros cavilábamos y regateábamos en forma frenética. Entonces mi amigo dio con la solución: condimentar la comida del pájaro –la base de su dieta era una mezcla de alpiste con semillas de girasol, mijo y linaza— con semillitas de cannabis. Tomé una y la puse al alcance del pico del animal, que pasaba por un momento bajo. Dudó unos momentos, se animó a probarla y emitió un silbido de aprobación. Le ofrecí un puñado y lo devoró. Al poco rato estaba –literalmente— volando.
No quería hacerles el cuento largo, pero temo que ya no hay remedio. Cuando el loro y yo volvimos a casa convoqué a dos o tres usuarios habituales de mariguana, les expuse la situación y les pedí que me guardaran las semillas. Accedieron con una generosidad conmovedora y de esa forma organicé la red de abastecimiento que mantenía con vida al perico, el cual, al cabo de los meses, se olvidó de su viejo amor y me adoptó, no sé si como pareja sentimental o como mero proveedor; los loros suelen ser bichos convenencieros. En apariencia, todo transcurría en calma y armonía, aunque algunas noches me desvelaba la preocupación de ser detenido en posesión de semillas de cannabis. En esas ocasiones imaginaba las carcajadas de los policías cuando les explicara que eran para estricto consumo personal de mi mascota; me levantaba de la cama a las dos o tres de la madrugada y me ponía a hojear el Código Penal como quien consulta su destino en las cartas del Tarot; me veía a mí mismo encarcelado y me preguntaba si obtendría autorización para introducir en la mía la jaula del perico y me alarmaba ante la disposición que agrava la sentencia a quienes “sin mediar prescripción de médico legalmente autorizado, administre a otra persona, sea por inyección, inhalación, ingestión o por cualquier otro medio, algún narcótico”, en la inteligencia de que “las penas se aumentarán hasta una mitad más si la víctima fuere menor de edad o incapaz de comprender la relevancia de la conducta”.
Seguramente, a las autoridades encargadas de combatir las sustancias ilícitas les encantaría que esta historia terminara con un loro muerto por sobredosis y un corruptor de animales recluido por largos años en una prisión. Sería moralizante e ilustrativo de los peligros que entrañan los estupefacientes, pero las cosas ocurrieron de otra manera. Un buen día, frente al edificio donde vivíamos el drogadicto y yo, se estacionó un pajarero que llevaba, entre docenas de cosas emplumadas, un perico más robusto que el mío, aunque de uniforme muy parecido, y lo compré sin regatear. Cuando entré al departamento con el nuevo inquilino, el Cupido de los loros se puso en acción y procedió a lanzar un flechazo que unió de inmediato a ambos animales. El mariguano no volvió a necesitar los condimentos especiales en su comida y yo, desplazado de golpe en su corazón, tiré al inodoro las existencias que me quedaban de semillas de cannabis. Poco después regalé a la pareja (nunca supe, por cierto, si eran bugas o si eran gays o si eran lesbianas) y no volví a sacar del anaquel mi ejemplar del Código Penal. Por si las dudas, déjenme poner que todo lo dicho aquí es ficción y que cualquier parecido con sucesos, personas o loros reales, es mera coincidencia.

Agente de viajes


Mempo Giardinelli siempre le recuerda a uno que la literatura es la más barata y confiable de las agencias de viajes. Anoche le di un abrazo y desde aquí le envío otro.

Querido Mempo: no vuelvo a cambiar de dirección sin avisarte.

9.10.07

Jaque al Rey



Y como no se ha inventado un Sindicato de Monarcas que defienda la estabilidad laboral de los susodichos, el rey de España hubo de salir en defensa de sí mismo y de su empleo, y la semana pasada encomió “el modelo de monarquía parlamentaria” que lo hace jefe de Estado y que ha dado a la Península “el más largo periodo de estabilidad y democracia”. Bravo. Ese mismo día, la fiscalía de la Audiencia Nacional pedía un año y tres meses de cárcel para los dos jóvenes que el pasado 13 de septiembre quemaron en Gerona la foto del señor Borbón y de su mujer, justo cuando los aludidos se encontraban de visita por la ciudad. Previamente, la fiscalía había solicitado para uno de ellos una pena de 30 años, una fianza de diez mil euros y el decomiso del pasaporte. El jueves pasado el fiscal se desistió de los cargos y los acusados quedaron en libertad. El delito: “injurias graves a la Corona con la agravante de disfraz”. Y por estos días no son sólo las instituciones de la justicia las que tienen los ánimos exaltados en materia de asuntos de la Corona. En su blog de nombre impronunciable, Negative, de Barcelona, contraataca: “¿Que hay jaleo por quemar una puta foto de los reyes de España? La madre que nos parió. Lo que había es que quemarlos vivos en medio de la plaza y retransmitirlo en directo por antena3, mientras Matías comenta: ‘¡España está que arde!’”. Y un visitante anónimo le dice: “Téns tota la raó. I amb tots aquests euros, no només sanitat, sinó educació, cultura, esports. Per no dir tot el que se'n va en un exèrcit que no sé ben bé per que serveix”.

La mesa está servida. El entremés fue el intento de persecución judicial contra el editor y el dibujante de la revista Jueves que en una de sus ediciones puso la caricatura de Felipe de Borbón y de su esposa, Letizia Ortiz, copulando en la postura conocida como “de perrito”.

Los autores de la polémica portada, el dibujante Guillermo Torres y el guionista Manel Fontdevila, serán juzgados en la Audiencia Nacional el próximo 13 de noviembre por un delito de injurias a la Corona. La Fiscalía pide para los acusados una pena de 10 meses de multa, a razón de 12 euros diarios (3 mil 600 euros cada uno). De ser condenados y no pagar, serían arrestados.

Los intentos por aplicar las sanciones previstas en el Código Penal vigente, lejos de amilanar a los antimonárquicos, han multiplicado las protestas y cientos de fotos de las caras reales han ardido en las calles, y Felipe de Borbón y su mujer fueron recibidos en la inauguración de la Feria del Libro de Barcelona con la consigna “¡España, mañana, será republicana!”

La tarea de cagarse en el Rey había correspondido, por tradición, a izquierdas marginales y grupusculares que empiezan a no serlo tanto. Pero en los días que corren los pobres Borbones se encuentran entre dos fuegos, porque algunos sectores de la ultraderecha, tal vez rencorosos por las posturas democráticas de Juan Carlos, se han unido al coro de denuestos en su contra. Es el caso del cavernario Federico Jiménez Losantos, quien desde los micrófonos de la cadena COPE, voz de la derecha clerical, acusó al Rey de tener negocios turbios y de ejercer la censura, pidió que abdique al trono y se lo deje a su hijo Felipe. Ante el escándalo, la emisora salió en defensa de la libertad de expresión de su locutor.

Los dos partidos principales, el PSOE y el PP, han optado por proteger a la familia real y el estado de ánimo en la península sigue siendo mayoritariamente favorable a la monarquía. Los “populares” incluso gestionan la adición al himno nacional, hasta ahora puramente instrumental por razones de desacuerdo, una letra que sin lugar a dudas le dé su lugar a la corona. Puede ser que las de estos días sean escaramuzas pasajeras, que el jaque al rey se desvanezca sin consecuencias. Pero bien pudiera ser que el propio monarca se diera cuenta que su trabajo es ya impresentable e injustificable, negociara una buena pensión de retiro y la ciudadanía española decidiera abstenerse, con piedad y discreción, de cubrir el puesto vacante. La época es propicia. A fin de cuentas, Fidel Castro dejó sus graves responsabilidades de Estado, se volvió articulista (me parece, por cierto, que nadie tuvo la cortesía de darle la bienvenida al gremio) y no se cayó el mundo.


8.10.07

Aniversario


Claro que me horroriza y me indigna que lo hayan asesinado, y que lo hicieran de una manera tan torpe y sádica, y no veo atenuante para ese crimen. Fuera de eso no tengo motivos de simpatía para con el Dr. Guevara, un hombre que a mi modo de ver estaba más obsesionado con tirar plomazos que con construir un mundo mejor, o menos peor, que el que había en aquellos años sesenta del siglo pasado.

La guerra de Vietnam era un rostizadero de humanos y los civiles vietnamitas eras quienes llevaban la peor parte, pero él pensaba que si se multiplicaba ese infierno por dos, o por tres, o por mucho más, se hallaría un atajo al Paraíso. En mi humilde opinión, estaba loco y como dirigente era un gran irresponsable.

Por eso, suelo ser aceptado como una persona de izquierda 364 días del año (365, los bisiestos), salvo el 9 de octubre. No me sumo a los homenajes de esa fecha y asumo que por ello seré considerado derechista, pequeñoburgués, decadente, agente de la CIA, menchevique.

Ah, y además desconfío de los adultos que se ponen en la frente una estrellita de niño bien portado.

Fraude en el paraíso


En medio de la noche de las dictaduras militares en América Latina, de los genocidios, de las opresivas penumbras priístas, Costa Rica era un pequeño espacio luminoso por democrático, tierra de asilo para los disidentes y perseguidos, orgullo de civilidad.
A los neoliberales les importa un rábano la formalidad democrática cuando llega la hora de imponer sus designios. Los votos que no obtienen por las buenas los inducen por el miedo; si de todos modos no consiguen suficientes sufragios, recurren al fraude; y si no pueden consumarlo, acuden al golpe de Estado.

El guión del 2 de julio de 2006 en México se repite en 7 de octubre de 2007 en Costa Rica.


PARA INFORMARSE:








Y un abrazo para

7.10.07

Derrota

El gobierno de Oscar Arias y los intereses financieros le dieron la vuelta a la voluntad popular --que hasta la semana pasada era mayoritariamente favorable al "NO" en el referéndum de ayer sobre el TLC con Estados Unidos-- y ganó el "SÍ". A ver si no fue una elección de Estado, una mancha en la historia democrática de Costa Rica.



Oscar Arias en el referéndum de ayer. No está claro si deposita su voto o si vomita en la urna.

No, por favor


Hermanos ticos: ahórrense muchas tragedias.

6.10.07

Resonancias



¿Es la cifra de qué? —De lo cifrado.
Cifrar es esconder, y cifra es clave
para reconocer, como la llave
que a su muerte escupiera el condenado.

El dato conocido y extraviado
—“pasa de mano en mano” en un deslave
que lleva hasta el olvido en forma suave—,
bajo una lengua exánime enterrado;

un caballo por Holan devorado;
memoria que diluye lo que sabe,
o Jesús, por los hombres emboscado,

la cifra es la palabra que no cabe
en su propia escritura, un entramado
sin principio ni fin, y un mar sin nave.


5.10.07

Vida en Marte


El rasgo más trascendente de los marcianos imaginarios son los ojos; cualquier marciano que se respete debe tener unos globos oculares que reflejen una vasta sabiduría o una enorme maldad, y si tiene más de dos, mejor. En segundo lugar van los dedos o tentáculos, con frecuencia rematados por ventosas, y en tercero, y ya muy de salida, unas antenas mitad de insecto y mitad de radio AM. Si algún día encontramos marcianos reales, lo más probable es que luzcan, bajo el microscopio, como la ilustración grande en blanco y negro, que en realidad es un corn- flake pasado por el escáner. Jugar a la NASA en casa puede tener consecuencias negativas: cuando ya estaba yo metido en el experimento visual, recordé que por ese mismo cristal han desfilado moscas, zancudos y alacranes, y tiré las hojuelas de maíz a la basura, y hube de desayunar otra cosa.

Cada quien lo suyo

Los Machado, Antonio y Manuel


Como ser humano, Antonio valía mucho más. Ya viejo, en la Guerra Civil, se la jugó del lado de los libres y de los derrotados, y compartió su suerte. Manuel, en cambio, tuvo la desvergüenza de escribir un panegírico a Franco (Al sable del Caudillo). Era asqueroso, decadente y cínico, pero un poeta infinitamente más filoso, fuerte y arriesgado que su hermano, quien por lo demás, lo sabía y lo admitía sin asomo de rivalidad. La corrección política hizo famoso a Antonio, y éste tal vez se merece las musicalizaciones fáciles, sensibleras y ñongas que de su obra han perpetrado algunos baladistas muy populares. La obra de Manuel, en cambio, fue preservada de la vulgaridad por el olvido despectivo que mereció en el mundo el conjunto de la literatura franquista, con la excepción de Cela.

OLIVERETTO DE FERMO DEL TIEMPO DE LOS MÉDICIS

A Ricardo Calvo

Fue valiente, fue hermoso, fue artista.
Inspiró amor, terror y respeto.

En pintarle gladiando desnudo
ilustró su pincel Tintoretto.

Machiavelli nos narra su historia
de asesino elegante y discreto.

César Borgia lo ahorcó en Sinigaglia...
Dejó un cuadro, un puñal y un soneto.

Manuel Machado



3.10.07

Algo sobre las narcas


  • Casos de empoderamiento
  • Camelia la Texana se hizo monja

Madre Academia aún no acepta el término empoderamiento (del inglés empowerment) y la verdad es que sin él está frita la comprensión de las sociedades contemporáneas. Wikipedia, más alivianada, admite que el uso de este anglicismo es discutible, aunque no enlista más alternativa que “fortalecimiento” –una palabra la mar de inexacta— o “dar/otorgar poder”, conjunto verbal que nos deja sin sustantivo. La almendra del asunto, en todo caso, es la ganancia de autonomía, por parte de personas y o grupos organizados, en la toma de decisiones, y el ejercicio de un control sobre sus vidas basado en la información, la participación inclusiva, la responsabilidad y el desarrollo de capacidades.

Será políticamente incorrecto, pero no hay mejor palabra para referirse al caso de la celebérrima Sandra Ávila Beltrán, La Reina del Pacífico, a quien las autoridades de ambos lados del Río Bravo imputan delitos de delincuencia organizada y lavado de dinero. Si son ciertos los cargos, la señora ha experimentado un empoderamiento acaso comparable con el que gozó Marta Sahagún, aunque una y otra operen en ramos económicos distintos. Algo dirá del descrédito de las instituciones y de la ley el hecho de que la Primera Dama de la Caridad sea ahora motivo del escarnio y el desprecio mientras que la otra, para colmo guapa, y más joven, despierte entre el público una admiración apenas reprimida. Ms. Según (así le decía el ex vocero) está ahogada en lujos y rencores, La Reina se encuentra alojada en un reclusorio y aquí no hay nada que asociar con Robin Hood o Robina Hooda (personaje inventado por la célebre escritora hindú Rabina Gran Tagora) porque ninguna de ellas le quitó a los ricos para darle a los pobres: sus víctimas pudieron ser, respectivamente, el erario público y los bolsillos (o las neuronas) de los adictos, y las únicas beneficiarias fueron ellas mismas. En todo caso, y sin ignorar que el narco es un horror, no deja de ser muy bonito que Ávila Beltrán haya logrado abrirse paso en un mundo predominantemente machista, como ha de serlo el de los negocios (especialmente cuando son ilícitos) hasta el punto de convertirse en personaje de corridos presuntamente compuestos bajo encargo, como La fiesta en la sierra de Los Tucanes de Tijuana:

La fiesta estaba en su punto / y la banda retumbaba, / ya no esperaban a nadie, / todos en la fiesta estaban, / cuando se escuchó un zumbido / y un boludo aterrizaba. / el Señor les dio la orden / de que nadie disparara. // Se baja una bella dama / con cuerno y camuflageada, / de inmediato el festejado / supo de quién se trataba: / era la famosa Reina / del Pacífico y sus playas, / esa grande del negocio, / una dama muy pesada.



Hace unos meses la Procuraduría General de la República (PGR) –a ver si consigue comprobarle algo a la susodicha y no hace, a destiempo, uno más de sus ridículos foxistas— echó a andar la especie de que las mujeres encabezaban la lista de los delincuentes más buscados, noción que fue alegremente reproducida por varios medios. Al nombre de La Reina se sumaban otros dos: Rosa María Sánchez Guerrero, a la que la procuraduría hidalguense busca por fraude, y Ana Cristina Monje Aguirre o Linda Pánuco Olson, al parecer salvadoreña, acusada de homicidio calificado en Baja California Sur. Lo cierto es que ayer, a cinco días de la detención de Ávila Beltrán, su nombre y su foto seguían apareciendo en el listado, junto con las otras dos, pero muy lejos de los primeros lugares: ocupaban los sitios 106, 281 y 296 de una lista “ordenada” no por apellido sino por nombre, empezando por un presunto homicida poblano que carece de él y seguido por “Apatzingán, prófugos del CERESO de”.

Todo puede esperarse de la eficiencia de la PGR, incluso que La Reina del Pacífico salga libre por falta de pruebas. De hecho, “la única prueba que hasta hoy sostiene la aprehensión es una llamada que se efectuó en 2001 desde el buque Macel, en el puerto de Manzanillo, Colima, en el cual se transportaban casi 10 toneladas de cocaína procedentes de Colombia”, llamada hecha por un tripulante del barco a un teléfono celular para informar que el cargamento había llegado a territorio mexicano. Contestó una persona a la que el emisor identificó como ‘Beltrán’”, dice una nota de ayer de La Jornada. El 6 de noviembre de 2005 El Universal informó que el Sexto Tribunal Colegiado le había otorgado un amparo contra una imputación de la PGR basada en ese mismo dato. La ahora detenida argumentó en ese entonces, por medio de sus abogados, que la llamada telefónica había sido hecha desde Mazatlán, cuando el aparato telefónico decomisado en el barco se encontraba ya a disposición de las autoridades. “La PGR analizó las llamadas hechas durante tres meses desde la casa que habitaba en Jalisco la Reina del Pacífico y, según con lo asentado en la documentación del citado amparo, ninguna de esas llamadas la relacionaba con los hechos del buque Macel”, apuntaba la nota.

El problema es que, ya que se había puesto de moda meter las manos al fuego por la inocencia de Fox, Felipe Calderón implantó una nueva tendencia: arriesgar las extremidades por la culpabilidad de los sospechosos. El martes pasado, en Chetumal, dio por comprobados los cargos contra Ávila Beltrán y su pareja, el colombiano Juan Diego Espinosa Ramírez, El Tigre. Y si ahora la dependencia que dirige Medina Mora sale con la misma acusación endeble que esgrimió hace cinco años Rafael Macedo de la Concha, La Reina del Pacífico puede dejar al gobierno en el rey de los ridículos.

Dice Doris Gómora Culberth que “tanto en la Mafia Italiana, como en los carteles de México y Colombia las mujeres que están comenzando a operar como jefes, cuentan con carreras universitarias, son cultas, propias al hablar, bien vestidas pero mantienen un bajo perfil con el que todavía se abren paso en el crimen organizado para negociar. Poderosas por su propio derecho de vivir en la organización son seguras, apasionadas por amor, rebeldes, líderes natas, espiritualmente fuertes, protectoras de sus familias, herederas del puesto, consejeras, hermosas, frías, vengativas. A diferencia de la época en que sus esposas o hermanos operaron las organizaciones del crimen organizado, las mujeres al frente de estos grupos son más insistentes en el empleo de la venganza y la violencia como factor de solución de diferencias.”

El año pasado un tal “Comandante Apolo”, jefe la Unidad de Fuerzas Especiales en Sinaloa, “le puso números a lo que ya era una percepción general: la participación de la mujer en el narcotráfico va en rafagueante aumento. El policía de élite contrastó que en 2005 de 326 personas detenidas en relación con el narco el 15 por ciento fueron mujeres, y en lo que va de este año de 247 capturados, el 25 por ciento pertenece al llamado “sexo débil”, según síntesis de prensa del gobierno de ese estado. Arturo Pérez Reverte, entrevistado en 2003 a propósito de las semejanzas entre Sandra Ávila y Teresa Mendoza, personaje protagonista de su novela La Reina del Sur, señaló: “Si una mujer pasa las pruebas elementales, puede llegar a tener mucho más coraje, mucha más capacidad, mucha más resistencia frente a la adversidad, mucha más decisión y mucho más valor que un hombre, aunque se diga lo contrario. Y una mujer tiene una gran capacidad de organización. Así que no me sorprende en absoluto lo de esta mujer, porque el mundo del narco es muy elemental y se basa mucho en el sota-caballo-rey... La mujer tiene una cabeza más compleja que la del hombre, así que no me extraña en absoluto que Sandra Ávila haya sido capaz de ser un factor aglutinante o de organización, porque las mujeres tienen una serenidad de juicio, una lucidez de la que el hombre carece porcentualmente”.




Se ha dicho que la narca más célebre, Camelia la Texana, no es más que un personaje de corrido, llevado después al cine. Pero hace unos años TV Azteca se sacó de quién sabe dónde a una tamaulipeca llamada Agustina Ramírez, quien afirma haber inspirado el personaje a Los Tigres del Norte: “Yo nunca conocí al tal Emilio [Varela, el coprotagonista de la canción], jamás llevaba drogas así como ellos dicen, sí vendía drogas pero no como ellos lo sacan, lo único que ellos hablan de verdad, es que de Camelia nunca se supo nada”. “Fue bautizada con el apodo de Camelia por tener un nombre que la distinguiera entre los narcos, y La Texana porque usaba un sombrero texano”. Hoy en día, dicen, la vida de Agustina Ramírez “está entregada al Señor”, y no propiamente al señor Varela, y han de pensar algunos que cómo es posible que una peligrosa delincuente caiga en la perdición hasta el punto de volverse monja, Dios mío, ya no hay moral.



Agustina, la presunta ex Camelia








1.10.07

No a la muerte


La semana pasada, en la Asamblea General de la ONU, tuvo lugar una reunión ministerial, presidida por Italia y Portugal, para estudiar la eliminación mundial de la pena de muerte. El canciller español, Fernando Moratinos, expuso la posición del grupo de países abolicionistas y pidió una moratoria universal de las ejecuciones como “un paso importantísimo en el camino hacia la desaparición total” de ese castigo. Los manriquistas apegados a la máxima de que todo tiempo pasado fue menos peor debieran revisar este dato: en tres décadas (de 1977 a 2007) el número de países en los que la pena de muerte ha caído en desuso pasó de 16 a 128: son 90 los que la han prohibido en cualquier circunstancia, otros 11 han limitado ese castigo a situaciones excepcionales (traición en tiempos de guerra, por ejemplo) y 31 no lo han aplicado en la última década.

Ciertamente, en el mundo hay mucha hipocresía sangrienta: se sospecha que en los años setenta del siglo pasado, aunque en Alemania ya no había pena de muerte, la policía la aplicó de hecho y suicidó en sus celdas a los cabecillas de la banda terrorista Baader-Meinhof; a principios de la década siguiente, los servicios secretos de la civilizada Francia perpetraron un atentado terrorista en Nueva Zelanda, en el que murió un fotorreportero; en México, en el sexenio de Salinas, centenares de opositores políticos fueron asesinados; y qué decir de Israel, en donde la pena máxima no existe de manera oficial, pero cuyas autoridades practican con regularidad, en los organismos de dirigentes palestinos, el arte de la “ejecución extrajudicial”. Ninguna de esas situaciones atenúa, sin embargo, la importancia de una tendencia mundial claramente contraria a la pena de muerte ni eclipsa los avances en la abolición de un ritual vengativo y homicida. Es inadmisible el asesinato de Estado, pero que sea legal resulta, además, grotesco, vergonzoso y agraviante.

En el siglo XII de esta era el judío andaluz Maimónides proclamó que es preferible liberar a un millar de culpables que sentenciar a muerte a un inocente, y desde entonces los cuchillos del Estado han vertido, con justificación legal o sin ella, una cantidad enorme de sangre de inocentes, de culpables y de inimputables. Un punto de viraje importante en la historia del rechazo a la pena de muerte es el momento en que este castigo deviene repugnante no sólo por la posibilidad de que su aplicación sea un error irreparable, sino porque, aun con la certeza absoluta de culpabilidad que reclamaba el filósofo sefardí, el privar de la vida a cualquier ser humano, así haya cometido los actos más monstruosos, es una severa derrota para toda la especie y para sus posibilidades de desarrollo.

El sueño fundamental de la civilización, con todo y sus extravíos, consiste en atemperar las pulsiones bioquímicas por medio de normas éticas, legales, diplomáticas, políticas, comerciales, deportivas. Todo el andamiaje de la cultura tiene por propósito evitar que tomen el mando de nuestros actos el lagarto primigenio que llevamos dentro, el gen asesino, la hormona de la depredación, la rapiña, la territorialidad y la venganza. Cada vez que las balas del pelotón se introducen en una caja torácica, que el veneno de la triple inyección penetra en el torrente sanguíneo del ajusticiado, que la soga enloquece de pasión por un cuello, los verdugos degradan a su víctima, se degradan y nos degradan al resto de los humanos, a quienes nos obligan a presenciar nuestra condena a una animalidad empeorada por las virtudes tecnológicas.

Ninguna causa y ningún paradigma –la democracia, el socialismo, o esa mezcla pekinesa de dictadura comunista con mercado salvaje— aportan corrección a la barbarie. No hay argumento jurídico ni de seguridad pública capaz de hacer pertinente el asesinato. Ninguna soberanía nacional –ni la estadunidense, ni la cubana, ni la china, ni ninguna otra— justifica la preservación de los cadalsos, porque los países son sistemas de convivencia, no rastros ni criaderos de cocodrilos hambrientos de la vísceras del congénere. Los países matones tienen que saber que son motivo de vergüenza mundial, de repudio generalizado, de asco inmediato y palpable. Sólo así será posible amarrarles las manos a los verdugos, desde Teherán hasta Texas.