27.9.15

Los fusilados de septiembre



Hace 40 años, como culminación de una farsa judicial, el franquismo asesinó a José Humberto Baena, José Luis Sánchez Bravo, Ramón García Sanz, Juan Paredes Manot y Ángel Otaegui, integrantes del FRAP y de ETA.

Desde antes de las ejecuciones el mundo pidió que no se cometiera tal barbarie. Gobiernos, organismos internacionales y hasta el Vaticano abogaron por la vida de los sentenciados. Todo fue inútil. Txiki, de 21 años, fue fusilado en Barcelona; Otaegui, de 33, en Burgos; Sánchez bravo (22), García Sanz (27) y Baena Alonso (24) fueron llevados al paredón en Hoyo de Manzanares, Madrid.

La ira y el asco fueron planetarios. Euskadi fue paralizada por huelgas generales y disturbios durante tres días y numerosos países retiraron de España a sus embajadores. Ya podrido en vida, Franco convocó a sus huestes a la Plaza de Oriente para denunciar una supuesta “conspiración masónico-izquierdista, en contubernio con la subversión comunista-terrorista”. A su lado, silencioso y taimado, el señor Juan Carlos Borbón se limitaba a asentir con la cabeza. Fue esa la última vez que se vio al viejo dictador ladrando en público.



En lo sucesivo, los asesinatos políticos en España habrían de correr por cuenta de Felipe González y sus GAL. Y de ETA, claro.

40 años después de esos sucesos, Cataluña vota abrumadoramente por formaciones independentistas y el posfranquismo tiembla.

Salud y República.


1 comentario:

Francesca Gargallo dijo...

Creo recordar que marchamos en Roma y que nos tomamos la plaza de España. La bestia de Franco quería en un primer momento estrangularlos mediante un sistema que usaron los españoles contra Micaela Bastida, la esposa de Tupak Amaru y dirigenta de la retaguardia del ejército insurrecto en 1782.