13.9.11

El genocida y el otro



Tres momentos de Otto Pérez Molina: el asesino, el "general
de la paz", con Rigoberta Menchú, y el candidato presidencial


En la primera ronda de las elecciones presidenciales, realizada el domingo en Guatemala, el general (r) Otto Pérez Molina, candidato del Partido Patriota (PP), obtuvo 37.16 por ciento de los sufragios (867 mil). En segundo lugar quedó Manuel Baldizón, de Libertad Democrática Renovada (Lider), con 22 por ciento de los votos (510 mil). De acuerdo con la ley, ambos disputarán la presidencia en una segunda vuelta comicial, prevista para el próximo 6 de noviembre.

Pérez Molina es responsable de cuando menos 20 masacres perpetradas en el Municipio de Nebaj, Quiché, entre 1982 y 1983, cuando era mayor del Ejército. Por ese entonces era capaz de torturar y asesinar a sospechosos de pertenecer a la guerrilla y de hacer declaraciones a cámara, con una frialdad ejemplar, frente a los cadáveres, o de mostrar a periodistas extranjeros los campamentos en los que se recluía a los sobrevivientes de los pueblos víctimas de las carnicerías. Recitaba como loro pasajes de la doctrina contrainsurgente (la parábola del agua y del pez, por ejemplo) y elogiaba la capacidad de destrucción antipersonal de la artillería israelí reglamentaria entre las fuerzas bajo su mando y de los helicópteros artillados estadunidenses desde los cuales se podía diezmar a la población civil sin correr riesgos. Para ver tales escenas basta con buscar en YouTube el nombre “Otto Pérez” o el programa “Titular de hoy: Guatemala”.

Su profesionalismo le permitió subir con agilidad por el escalafón delas Fuerzas Armadas, de modo que para 1996 apareció, ya con uniforme de general, como firmante del Acuerdo de Paz Firme y Duradera, al lado de los comandantes guerrilleros de la Unión Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG), se tomó la foto con Rigoberta Menchú y se hizo llamar “el general de la paz”.

Año y medio después, en la ciudad de Guatemala, fue brutalmente asesinado el obispo Juan José Gerardi, defensor de derechos humanos y antiguo titular de la diócesis de El Quiché. Desde ese cargo, Gerardi denunció los crímenes del Ejército y exigió el cese de las matanzas, por lo que fue amenazado de muerte. Tras unos años de exilio, Gerardi formó parte de la Comisión Nacional de Reconciliación, en representación del Episcopado, y encabezó el proyecto REMHI (Recuperación de la Memoria Histórica), cuya documentación fue presentada el 24 de abril de 1998. Dos días más tarde, Gerardi fue hallado en el interior de su residencia con el cráneo destrozado a golpes. Investigaciones subsecuentes demostraron la participación en el crimen de militares del Estado Mayor Presidencial y uno de los testigos del proceso informó que Otto Pérez Molina había participado en la supervisión del asesinato. Los fiscales y jueces a cargo del caso recibieron amenazas de muerte y tuvieron que abandonar el país.

Al igual que Pérez Molina, Manuel Baldizón promete gobernar con “mano dura”. Este populista de derecha con experiencia en sacar provecho de las obras públicas e importador de cerveza mexicana Tecate, es, además un comprador de diputados en el Congreso, en donde conformó, a punta de sobornos, la segunda fuerza, lo que le otorgó un formidable poder de negociación. De acuerdo con el cable 09GUATEMALA969 de WikiLeaks (WL), el candidato presidencial pagó 60 mil dólares por cabeza a nueve legisladores de la aún gobernante Unión Nacional de la Esperanza (UNE) para que defeccionaran y se unieran a su partido. Otra de sus prácticas, como presidente de la Comisión de Finanzas del Legislativo, era usar el puesto “para asignar fondos para los distritos de algunos diputados y así ganarse su lealtad”, según WL 08GUATEMALA150.

Hay indicios de que Baldizón podrá traficar algo más que influencias. Una mácula escandalosa en su expediente es su vieja relación con los Mendoza Matta, quienes tienen fama pública de narcotraficantes. Forman parte, a decir del todavía presidente Álvaro Colom, de “los narcos que nadie toca”.

Entre sus más prominentes promesas de campaña, Baldizón ha ofrecido ejecutar a 10 delincuentes por mes durante su primera etapa de gobierno y lograr que su país clasifique a un mundial de futbol. De acuerdo con un estudio de InSightCrime.org, la familia de Baldizón controla en El Petén hoteles, restaurantes, talleres mecánicos, distribuidoras de bebidas, transportes terrestres y aéreos, constructoras, centros comerciales, hospitales y medios informativos. Una de las semillas de la fortuna familiar, a decir de ese documento, es el saqueo y tráfico de piezas arqueológicas de la región.


Manuel Baldizón, traficante y candidato

6.9.11

Cuestión de visas

Los otros países latinoamericanos no piden visa de ingreso a los ciudadanos mexicanos, pero el gobierno de México la exige a los naturales del resto de Latinoamérica. En Colombia, en Ecuador, en Chile, en Honduras y Nicaragua, por ejemplo, uno presenta su pasaporte verde oscuro con el águila y la serpiente estampadas en dorado, y las autoridades migratorias le dicen: “pase”. Y si uno da a conocer verbalmente su nacionalidad entre la gente llana, suele recibir expresiones de hospitalidad y de cordialidad, pero también de preocupación ante el trance por el que atraviesa el país en los tiempos actuales. Nadie mira a los mexicanos con ojos de sospecha, por más que seamos paisanos del Chapo, de Calderón o del Pozolero.

Pero qué diferentes son las cosas cuando un centro o sudamericano desembarca en un aeropuerto de México, y desde antes, es decir, cuando alguien, en cualquier país situado al sur del Suchiate, va a un consulado mexicano a pedir una visa: el infortunado tiene que demostrar solvencia, estabilidad laboral, bonanza inmobiliaria, arraigo familiar. A pesar de todos esos requisitos, algunos logran llegar a nuestro territorio con papeles el orden, pero eso no los exime de las revisiones humillantes, de los interrogatorios, de la mirada puesta en modo de sospecha automática.

La autoridad migratoria mexicana siempre ha tenido la mano pesada, pero hasta hace unas décadas esa dureza guardaba alguna relación con las preocupaciones por la seguridad nacional y por tener a los extranjeros en territorio nacional al alcance de la mano de la autoridad. Hoy en día, la preocupación es, descaradamente, por la seguridad nacional de Estados Unidos, o por lo que Washington dice que es su seguridad nacional, y en paralelo con esa entrega de la soberanía migratoria se ha producido otra: la transferencia de la institución migratoria a las redes vernáculas de corrupción y extorsión.

Pero buena parte de quienes ingresan a México procedentes de otras naciones latinoamericanas (¿la mayoría?) lo hacen sin visa y les va mucho peor: no se enfrentan a la prepotencia humillante de los agentes de Migración y de Aduana de los aeropuertos y fronteras terrestres, para quienes todo centro o sudamericano es un narco o un mara potencial, sino a las mismas delincuencias, gubernamentales o privadas, que se encarnizan contra los nacionales, y que extorsionan, violan, secuestran, mutilan y asesinan. Si fuera por la violencia, el descontrol y la corrupción imperantes en el país, tendríamos que ser nosotros los requeridos de visa, y sometidos a estrictos controles de ingreso.

El grupo gobernante ha ido estableciendo con Washington pactos para funcionar como el perro guardián de las fronteras estadunidenses, y ha configurado, con “asistencia” gringa, una política migratoria monstruosa y contraria a la pertenencia natural de México al ámbito latinoamericano.

La gente en el resto de América Latina sabe que los mexicanos, en su inmensa mayoría, no somos responsables por los crímenes contra migrantes en México, y saben también que somos víctimas de los mismos poderes delictivos que afectan a los extranjeros. Pero eso no nos da margen para guardar silencio ni para hacernos los tontos ante una política migratoria que, reformas legales aparte, sigue criminalizando, en el territorio nacional, a los viajeros indocumentados.

El proyecto por un nuevo país debe incluir el libre tránsito universal de personas y la solidaridad y la reciprocidad con las otras naciones de Latinoamérica. De otro modo, empezaremos a ser vistos –y con razón– como corresponsables de la desprotección y el desamparo de los migrantes extranjeros en México.

30.8.11

La paz de la derecha



Los atentados de días recientes fortalecen las probabilidades políticas, legislativas y propagandísticas, de esta vieja utopía:

Una tanqueta, o cuando menos un Humvee, en cada esquina y en cada crucero del país; vigilancia permanente, con artillería ligera, en los barrios residenciales; razzias y rondines intimidantes en las colonias populares, con aprehensiones y allanamientos domiciliarios sin trámite judicial de por medio; ocupación del espacio aéreo por helicópteros, aviones de reconocimiento y aeronaves no tripuladas (pero sí artilladas), una parafernalia que escapa a las posibilidades financieras y tecnológicas de las autoridades mexicanas y cuyo control directo recaería, en consecuencia, en las estadunidenses; acciones de limpieza social discreta, pero efectiva, capaces de causar una merma de escala demográfica en las filas de la informalidad delictiva.

Imposición del principio de respeto a la autoridad, que empieza por dar penas de privación de la libertad a borrachos escandalosos, que sigue con el establecimiento del derecho de los policías a impedir que los delincuentes los hagan quedar como tontos ante el juez (juicios expeditos y sumarios, con prevalencia de la palabra de la autoridad sobre la del presunto culpable) y que culmina con la supresión de las críticas al funcionario público, por parte de los ciudadanos, y al patrón, por parte de los empleados.

Tipificación de los delitos de lucha social, huelga, manifestación, protesta, concentración en espacio público, organización política, sindical y agraria (en modalidades de tentativa o de consumados), difusión de información contraria a los intereses de dependencias y de empresas, defensa de los recursos nacionales y resistencia de particulares a la entrega de la soberanía.

Eliminación del principio de rehabilitación que rige (muy en teoría) al sistema de justicia penal y su remplazo por el de castigo y venganza social contra los infractores.

Despenalización de facto de los delitos corporativos, electorales y “de cuello blanco” (evasión fiscal, fraude bursátil y bancario, fraude electoral, desvío de recursos, prevaricación, tráfico de influencias, lavado de dinero, homicidio industrial, afectaciones al entorno, etcétera) e intensificación de la lucha contra los delitos cometidos al margen de la Bolsa de Valores, fuera de la jurisdicción de la Condusef y más allá de las atribuciones de la Comisión Federal de Competencia.

Para los segundos, aumento de las sanciones, desde la multiplicación de años de cárcel hasta la reintroducción de la pena de infamia, los azotes, la pena de muerte, la confiscación de bienes, el tormento y las deudas por herencia.

Restablecimiento de una división social en castas, aunque simplificada, para ejercer el principio de presunción de inocencia, como beneficio para la gente honorable, y la sospecha previa de culpabilidad, para proteger a la sociedad de su propia mayoría, conformada por malvivientes, lúmpenes, indios, comerciantes ambulantes, migrantes. ninis, pervertidos sexuales, pejistas, zapatistas y mujeres adictas al aborto.

Regularización y legitimación del actual modelo fiscal, consistente en la exención absoluta y universal a las fortunas, y confiscación de salarios, desde el mínimo hasta diez veces la suma equivalente.

Todo el peso de la ley a los ejecutores de crímenes de sangre relacionados con la delincuencia organizada, y a sus jefes directos, en caso de que éstos no cuenten con la documentación correspondiente a la gente honorable, y beneficio de la libertad incondicional para todos aquellos empresarios, políticos y funcionarios que obtengan provecho lícito, electoral, legislativo o pecuniario, del clima de violencia, de la descomposición institucional y de la zozobra ciudadana.

Estos son, en el fondo, los objetivos en torno a los cuales México debe “unirse”. No es otro el escenario que proponen el CCE y la Coparmex, con su rebaño anexo de logotipos y siglas ciudadanas, y los cuadros panistas y priístas que decidieron estar hartos de la violencia causada por el régimen del que forman parte. Así va el guión de la paz a la que aspira la derecha. Y lo hará realidad si el resto de la sociedad se descuida.


29.8.11

Décimas de la violencia

Obama, el PRI, Calderón,
o será que todos esos,
andan esparciendo sesos
por la sufrida nación.
Tienen para ello un montón
de matones a destajo
que cumplen con un trabajo
de pavoroso cariz:
encaminar al país
derechito hasta el carajo.

Con tal de aterrorizar
ningún método les sobra:
se trata de crear zozobra
y de desmoralizar;
así nos podrán saquear
a como les dé la gana
y la estrategia malsana
abarca de la frontera
a la región lagunera
y a la tierra michoacana.

Ya Felipe el Horroroso,
entre trago y alipús,
consiguió que Veracruz
se vuelva un fúnebre foso.
Cierto es que su plan odioso,
engendro vivo del mal,
tiene un aliado local
que la tarea comparte:
para eso está Javier Duarte,
gobernador nominal.

Obama, que es mayordomo
de Bush y la güera Hilaria,
esta orgía funeraria
va alimentando con plomo,
y sin perder el aplomo
ni la labia demagoga,
las facultades se arroga
de atizar la matazón
dando armas a Calderón
y a los capos de la droga.

Es un designio fascista
que busca, al precio que sea,
convertir a nuestra aldea
en mercado armamentista.
La conjura está a la vista
y, con su andar de gorila,
a la nación descarrila
y la va hundiendo en el fango,
por Jalisco, por Durango,
por Nayarit y Coahuila.

Se abate el plan asesino,
por conducto del sicario,
contra joyería, acuario,
estadio, bar o casino,
y no hay que ser adivino
para ver los atentados
como argumentos preciados
en cadena nacional
para el engendro legal
que traman los diputados:

esa mentada reforma
se va a tratar, en los hechos,
de quitarnos los derechos
que la carta magna norma,
y de actuar, en tiempo y forma,
con cobertura legal
y estilo discrecional,
en capturas y cateos
y otros abusos muy feos
contra el pueblo en general.

Con mentirosa indecencia
dicen combatir el narco
y afirman que en este marco
abaten la delincuencia
mas la popular sapiencia
mira con sagacidad
que la enorme mortandad
es, en realidad, castigo
y el verdadero enemigo
es toda la sociedad.

23.8.11

Dos operativos

A uno le llamaron balacera y al otro, asalto. El primero tuvo lugar afuera del estadio Santos Modelo, de Torreón, Coahuila, el sábado, cuando en ese recinto se disputaba un partido de futbol entre el equipo anfitrión, el Santos Laguna, y el Morelia. El segundo ocurrió al día siguiente en la Plaza Las Américas de Morelia, en donde un grupo de siete hombres armados con armas largas sustrajo con violencia alhajas y relojes de una joyería allí situada.

En forma excepcional, para los estilos corrientes de la delincuencia en México, ninguno de esos hechos se saldó con víctimas mortales. Fueron acciones “limpias” o casi limpias (en la capital michoacana, los vigilantes de la joyería fueron golpeados en la cabeza), pero ambas produjeron estados de pánico y zozobra en las localidades respectivas. No hubo detenidos pese a que ocurrieron, ambas, en ciudades que han sido escenario de extensos despliegues policiales y militares. Con la pena, pero estos ataques suenan más a acciones de desestabilización que a meros episodios de una criminalidad descontrolada.

Es un viejo saber que forma parte del repertorio de algunas de las agencias estadunidenses policiales, de seguridad e inteligencia que operan en México (CIA, DEA y fuerzas especiales del Pentágono) y que consta en los manuales de cualquier ejército regular, en el capítulo de Operaciones Sicológicas: realizar acciones de desestabilización y zozobra orientadas más a un gran impacto mediático que a la destrucción de objetivos físicos y humanos.

Claro que las casualidades existen, y posiblemente sean meras coincidencias el que ambas acciones hayan resultado incruentas hasta el punto de parecer cuidadosamente orquestadas, el que ambas hayan generado terror en la sociedad, el que se hayan registrado con un día de diferencia, el que hayan sido equipos de futbol de Coahuila y de Michoacán los que disputaban el partido suspendido en Torreón, y el que esas entidades sean cuna de dos políticos de primera fila claramente enfrentados entre sí en el momento actual: Humberto Moreira y Felipe Calderón.

Si faltaba contexto político, el secretario del Consejo de Seguridad Nacional, Alejandro Poiré, y el propio Calderón, se encargaron de establecerlo. El primero regañó a las autoridades estatales y municipales, a las cuales responsabilizó de manera elíptica por lo ocurrido, y las instó a “fortalecer sus lazos institucionales y de cooperación”, en tanto que el segundo llamó, horas después, a “la unidad”. Y la pregunta es obligada: ¿a cuál de todas las divisiones que afectan al país alude esa “unidad”? ¿A la división entre ciudadanos buenos y delincuentes malísimos que pregona el régimen? ¿A la división entre quienes aún puedan creerle a la estrategia oficial de seguridad y quienes la cuestionan e impugnan? ¿A la división entre cárteles? ¿A la división entre partidos? ¿A la pugna entre las facciones tricolor y blanquiazul del régimen oligárquico?

¿Estamos ante un correlato violento de las agrias disputas político-judiciales que libran las distintas facciones que ocupan las instancias de gobierno? ¿Vivimos, como ha ocurrido en Líbano, un laberíntico entramado entre facciones partidistas y brazos armados, o entre grupos armados y brazos partidistas, pero con la variedad de los cárteles? ¿O serán los nervios?

19.8.11

Por la puerta de atrás...

“¡Espurio!”,
te gritan por las calles,
“¡espurio!”,
te dicen por doquier.
Entraste,
como entran los ladrones,
como entran los chiflones,
por la puerta de atrás.


Liliana Felipe


Por la puerta de atrás llegó Felipe
a robar y manchar la investidura;
furtivo, inesperado, cara dura,
molesto y transgresor, como la gripe.

Por la puerta de atrás nos fue saqueando
al erario por miles de millones,
y un día amanecimos en calzones
sin ver el cómo y sin saber el cuándo.

Por la puerta de atrás, dio concesiones
a Elba Esther, y a Marín, impunidades,
y de idiotas de todas las edades
llenó las oficinas y salones.

Por la puerta de atrás firmó un tratado
que marco fue de la injerencia pura
y a miles despachó a la sepultura
a fin de concretar lo estipulado.

Por la puerta de atrás, este salvaje,
con paciencia, rigor y parsimonia,
al país colocó como colonia
del estadunidense tutelaje.

Washington sobre todo decidía:
hacienda, minería, agricultura,
tráfico de armas y de droga pura,
Ejército, Marina y Policía.

Ya lo sabemos: cada vez que salgas
del país, en un viaje al extranjero,
irás, usurpador y traicionero,
por la puerta de atrás, a dar las nalgas

En Washington se dice comunmente
que siendo un entreguista tan probado,
del país al que tienes devastado
eres back orifice, no presidente.

16.8.11

Caminos a la paz

La manera en que se imagine el camino hacia la paz depende de la percepción que se tenga de la guerra en curso.

A grandes rasgos, hay tres posibles: la primera es la del régimen, expresada regularmente por Alejandro Poiré, según la cual el conflicto es entre “México” y un grupo de malas personas. El país va ganando y para desembocar en la paz debe hacerse más de lo que el calderonato ha venido haciendo desde diciembre de 2006. El papel de la sociedad, en esa perspectiva, consiste en cerrar el pico, por lo que se refiere a críticas a la estrategia y a sus resultados, y abrirlo sólo cuando haya oportunidad de delatar a un presunto enemigo en un call center de “denuncias anónimas”. En esa lógica, la pérdida de vidas es inevitable (y hasta deseable, porque la idea, contenida en el intertexto, es “eliminar” a los malos) pero a la larga –no se dice en qué tiempo– “México” habrá prevalecido ante sus enemigos. Hay razones para dudar que a estas alturas alguien dé crédito a esa versión, como no sea por razones laborales, como podría ser el caso del propio Poiré.

Una segunda noción, la más extendida, es que la multiplicación y el encarnizamiento de la violencia, la pérdida del control territorial por el Estado en amplias regiones y la creciente descomposición institucional que la acompaña son resultado de un monumental error de cálculo de la administración en curso: ya fuera por necesidad de ganar simpatía y legitimidad entre la población o por mera idiotez, el calderonato lanzó a las fuerzas del orden contra la delincuencia sin tomar en cuenta que estaban infiltradas por los mismos delincuentes, sin concebir previamente un esquema de coordinación entre ellas y sin haber realizado un mínimo trabajo de inteligencia, tanto en el sentido literal como en el eufemístico, es decir, de espionaje. Por añadidura, el grupo gobernante no consideró las raíces sociales de la criminalidad, y pretendió extirparla como si fuera una verruga, sin tener en mente las causas de fondo que la originan.

Una variante de esa versión es la que atribuye la catástrofe actual a una anomalía ideológica y moral en el grupo gobernante: el que hace de presidente y los suyos se dejaron llevar por el autoritarismo y el belicismo –“Calderón y García Luna sólo tienen imaginación para la violencia”, dijo Javier Sicilia, en una descripción muy aguda– y perdieron de vista, de esa manera, la complejidad social, económica, política de los fenómenos delictivos.

La consecuencia lógica de este razonamiento es que es posible y pertinente realizar un trabajo de educación del grupo gobernante para hacerle ver las fallas de su estrategia, exigirle que cambie de rumbo y difundir entre la población las incoherencias internas del discurso oficial sobre la guerra, a fin de que la sociedad se cohesione en torno a un llamado enérgico por la paz.

Una tercera percepción, sin duda la más pesimista –y alarmista, dirán algunos, o hasta delirante– es que las decenas de miles de muertes, el descontrol, la descomposición, el desgarramiento del tejido social y la pérdida absimal de valores que genera la violencia no constituyen el resultado malo e inesperado de una visión equivocada para enfrentar a la delincuencia, sino, hasta ahora, el éxito rotundo en la aplicación de una estrategia de desestabilización y desintegración que no se fraguó precisa ni exclusivamente en México, sino en Estados Unidos.

La idea puede resultar chocante, pero permite explicar conductas de Washington hacia nuestro país que de otro modo no se entienden: ¿Por qué permiten las autoridades gringas el paso de la droga por sus propias fronteras? ¿Por qué son tan ineficaces sus medidas para evitar el lavado de dinero en sus instituciones financieras? ¿Por qué miran para otro lado ante la actividad del narcotráfico en el propio territorio estadunidense? ¿Por qué suministran armas a dos bandos que supuestamente están en pugna, como el gobierno federal y el Cártel de Sinaloa? ¿Por qué fracasan con tanta frecuencia autoridades mexicanas asesoradas o, más bien, dirigidas por la DEA, la CIA y el FBI?

En esta perspectiva, en México se ha configurado un narcoestado y una intervención, y, como vía para la paz, el diálogo y la negociación con los componentes políticos y empresariales del régimen carece de sentido, porque son socios, cómplices e instrumentos de una guerra en gran medida ajena. Lo procedente, en cambio, es sacar al país de la espiral descendente de violencia en la que orbita mediante la movilización social y hacer frente a la impunidad por las vías jurídicas disponibles.

15.8.11

Juárez: secuestran a mujer
cercana a la familia Reyes

Guadalupe, Distrito Bravos, Lunes 15 de Agosto de 2010.- Alrededor de las 19:30 horas del domingo 14 de agosto del 2011, fue secuestrada de su domicilio la señora Isela Hernández Lara de 39 años de edad. En los hechos ocurridos en la colonia Francisco Villa de Guadalupe, Distrito de Bravo (municipio al sureste de Ciudad Juárez). Presenciaron el secuestro sus dos hijas de 13 y 16 años, así como su esposo, quien fue brutalmente golpeado y ya se encuentra hospitalizado en El Paso, Texas.

Entraron al domicilio por la fuerza aproximadamente ocho hombres fuertemente armados que viajaban en una camioneta Ford Explorer negra, de cabina y media, placas desconocidas. Con extrema violencia, maltrataron a la familia con la finalidad de encontrar al señor Enrique Hernández Lara y a su nieto, un niño "Alberto" de 3 años de edad, a quien la señora Isela tuvo por encargo bajo su cuidado hasta hace apenas dos días.

"Alberto" es también nieto de Marisela Reyes Salazar, hermana de Josefina y Rubén Reyes Salazar, líderes sociales de Guadalupe asesinados en Enero y Agosto de 2010 respectivamente, así como de Elías y Malena Reyes Salazar, desaparecidos y asesinados en Febrero del presente año. Todos los crímenes fueron perpetrados por grupos armados que operan con la anuencia de las fuerzas de seguridad del Estado en todo el territorio del Valle de Juárez.

Como consecuencia de estos hechos ocho familiares de la hoy desaparecida Isela Hernández Lara se entregaron anoche en el puente fronterizo Dr. Porfirio Parra (Caseta), que comunica con el municipio texano de Tornillo, para solicitar refugio en los Estados Unidos dadas las condiciones de riesgo en que se encuentran por haber atestiguado la desaparición.

En un comunicado, el Comité Juárez No Están Sólos, que acompaña a la familia Reyes Salazar, expresó: "Es necesario la solidaridad de todos y todas para encontrarla. Exigimos la inmediata presentación con vida de la señora Isela Hernández Lara, así como protección y garantías de seguridad a la familia Reyes Salazar. Responsabilizamos a Felipe Calderón, al gobernador de Chihuahua César Duarte, al General Guillermo Galván Galván, al Secretario de Seguridad Pública Genaro García Luna de la integridad física de la señora Isela Hernández Lara".

11.8.11

¿De verdad
estamos tan solos?

Texto divulgado por el poeta Efraín Bartolomé tras la brutal incursión policial en su domicilio en otras casas vecinas.
Efraín Bartolomé

Son las 4:43 de la mañana del día 11 de agosto de 2011.

Hace aproximadamente dos horas un grupo de hombres armados irrumpieron en mi casa ubicada en Conkal 266 (esq. Becal), Col. Torres de Padierna, 14200, México, DF.

Comenzamos a escuchar golpes violentos como contra una puerta metálica y me extrañó porque se escuchaba demasiado cerca y no hay ninguna puerta así en la casa.

Prendí la luz.

Los golpes arreciaban ahora como contra nuestras puertas de madera.

Quité la tranca que protege la puerta de nuestra recámara y me asomé al pasillo: hacia el comedor veía luces (¿verdosas? ¿azulosas? ¿intermitentes?) acompañando los golpes violentos contra el cristal que da al sur.

Mi mujer me gritó que me metiera.

Así lo hice apresuradamente y alcancé a poner la tranca de nuevo.

Oí cristales rompiéndose y pasos violentos hacia nuestra recámara: rápidos y fuertes.

“¡Abran la puerta!” era el grito que se repetía antes de que empezaran a golpear con violencia mayor nuestra puerta con tranca.

Nos encerramos en el baño y busqué a tientas un silbato que cuelga de un muro sin repellar: comencé a soplarlo con desesperación, unas diez veces, quizá.

Mi mujer está llamando a la policía.

Les dice que están entrando a la casa, que vengan pronto por favor, que nos auxilien.

Yo sigo soplando el silbato con desesperación.

En la oscuridad, mi mujer se ubicó tras de mí mientras oíamos que la tranca de la puerta se quebraba y los hombres entraban.

¿Tres, cuatro, cinco?

Quise cerrar la puerta del baño pero ya no alcancé a hacerlo.

Empujé unas cajas hacia dicha puerta y en algo estorbó los empujones.

“¡Abran la puerta! ¡Abran la puerta, hijos de la chingada...!” gritaban mientras empujaban y metían sus rifles negros hacia el interior.

Quise detener la puerta con mis manos pero no tenía sentido: vencieron mi mínima resistencia y entraron.

Policías vestidos de negro, con pasamontañas y lo que supongo que serían “rifles de alto poder”.

“¡Al suelo! ¡Al suelo! ¡Al suelo, hijos de la chingada! ¡Al suelo y no se muevan!”

Uno de los hombres me da un manazo en la cabeza y me tira los lentes.

Alcanzo a pescarlos antes de que toquen el suelo.

Me quita el silbato.

–¡No golpee a mi esposo! –grita mi mujer.

–¡El teléfono! ¡Déme el teléfono! –le responde y pregunta si no tenemos otro teléfono o un celular.

Ella y yo nos arrodillamos primero y después nos medio sentamos en el suelo de cemento de este baño sin terminar.

Policías jorobados y nocturnos, como en el romance de García Lorca.

Quién lo diría: aquí, en nuestra amada casa donde cultivamos y enseñamos la armonía.

Aquí...

Justo aquí estos hombres de negro, con pasamontañas, con guantes, con rifles de asalto, con chalecos o chamaras que tienen inscritas las siglas blancas PFP, nos apuntan con sus armas a la cabeza.

Uno de ellos, siempre amenazante, nos interroga.

Dos más permanecen en la puerta.

–¡Las armas! ¡Dónde están las armas!

–Aquí no hay armas, señor, somos gente de trabajo.

–¡A qué se dedica!”

–Soy psicoterapeuta y escribo libros.

–¿Desde cuándo vive aquí?

–Desde hace treinta años...

–Cómo se llama.

–Efraín Bartolomé.

–Cuántos años tiene.

–60.

–A qué se dedica.

–Ya se lo dije, señor, soy psicólogo y escribo libros.

–Usted cómo se llama... –se dirige a mi mujer.

–Guadalupe Belmontes de Bartolomé.

–A qué se dedica.

–Soy arqueóloga y ama de casa.

–Cuántos años tiene.

–54.

–Tranquilos. Respiren profundo... Voy a verificar los datos.

El hombre sale.

Oigo ruidos en toda la casa.

Están vaciando cajones, abriendo puertas, pisando fuerte sobre la duela de madera.

Oigo ruidos afuera, en el cuarto de huéspedes, en la torre, en el estudio de abajo.

Nos cambiamos de posición.

Mi mujer pone algo sobre el frío piso de cemento.

Cinco o siete minutos después regresa el hombre y repite su interrogatorio.

Si recibimos gente en la casa, con qué frecuencia, cada cuánto salimos de viaje, quién cuida entonces.

Respondemos a todo brevemente.

Dice nuevamente que va a verificar los datos y que volverá a decirnos porqué están aquí.

El tiempo pasa.

Oímos que abren nuestro carro en el garage.

Voces ininteligibles en el patio del norte.

Más tiempo.

Varios minutos después se oyen motores que se prenden y carros que arrancan.

Mi mujer y yo seguimos en la oscuridad.

Comenzamos a movernos.

Sólo silencio.

Nos incorporamos con cierto temor.

Salimos del baño hacia la recámara iluminada.

Desorden.

Cajones abiertos.

Cosas volcadas en el buró.

La chapa de la puerta en el suelo.

Restos de la tranca destrozada.

La puerta de tambor machacada y rota, pandeada en su parte media.

Salimos al pasillo: un cuadro en el suelo y abiertas las puertas de lo que fueron las recámaras de mis hijos.

Desorden en el interior: maletas y cajas abiertas, cajones vaciados.

Vamos hacia el comedor: uno de los vidrios roto en su ángulo inferior izquierdo, muchos cristales en el piso.

La puerta de la sala está rota de la misma forma en que rompieron la de nuestra recámara: la chapa en el suelo y fragmentos de duela en el piso.

Está abierta la puerta de la torre y prendidas las luces del cuarto de huéspedes.

Salimos por la puerta de la sala y nos asomamos con cierto temor.

Nada.

Mi mujer llama por segunda vez a la policía.

Es en vano: piden los datos una vez más.

Dicen que ya enviaron una unidad.

Llego a la barda y me asomo: no hay carros.

El portón del garage está intacto.

Bajamos las escaleras hasta la puerta de acceso: rota igual que las de adentro.

El estudio de abajo está con las luces prendidas.

De por sí desordenado, ahora lo está más.

Vamos hacia la torre y entramos al cuarto de huéspedes: cajones volcados, revistas en el suelo, cosas sobre la mesa, puertas del clóset colgando, zafadas de su riel inferior.

Subo al tercer piso: una esculturita de alambre volcada pero no se nota demasiado desorden.

Subo a los pisos superiores: no hay daño en la salita de arte.

En el último piso dejaron abierta la puerta a la terraza.

Volvemos al interior: queremos tomar fotos pero no está la cámara de mi mujer que estaba sobre el buró.

“¡Tampoco está la memoria de mi computadora!”, grita.

También se la llevaron

Quiero ver la hora y voy al buró por mi reloj: ha desaparecido mi querido Omega Speedmaster Professional que me acompañó por casi cuarenta años.

Tiene mi nombre grabado en la parte posterior: Efraín Bartolomé.

Oímos que un auto se estaciona y nos asomamos.

Mi mujer llama una vez más a la policía: lo mismo.

Ya tienen los datos pero nunca enviaron apoyo.

Indefensión.

Del auto blanco baja un joven y avanza hacia la esquina.

Se asoma y regresa.

Lo saludo y responde.

Le preguntamos qué pasa y responde que viene en atención a una llamada de su amiga que vive a la vuelta y a cuya casa también se metieron.

Mi mujer pregunta de qué familia se trata, cómo se apellida.

Magaña, responde el joven.

¡Es Paty!, dice mi mujer.

Salimos a la calle y voy hacia allá.

Encontramos a Patricia Magaña, bióloga, investigadora universitaria, acompañada de su papá, en la calle.

Entraron a ambas casas la de ella y la de sus padres, con la misma violencia que a la nuestra.

Patricia y su hija estaban solas.

Sus padres octogenarios también estaban solos.

Volvemos a nuestra casa vejada y con la puerta rota.

Atranco la destruida puerta de la calle.

Con todo, mantenemos una sorprendente calma.

“Pudieron habernos matado”, dice mi mujer.

Yo imagino por unos segundos nuestros cuerpos ensangrentados en el baño en desorden.

¿Sabe el presidente Calderón esto que pasa en las casas de la ciudad?

¿Lo sabe Marcelo Ebrard?

¿Lo sabe el procurador Mancera?

¿Ordenan Maricela Morales o Genaro García Luna estos operativos?

¿Sabrán quién fue el encargado de este acto en contra de inocentes?

Antenoche volvimos a casa levitando, en la felicidad más plena, tras la amorosa y conmovedora recepción del público ante nuestro libro presentado en Bellas Artes.

Un día después, en la atroz madrugada, la PFP irrumpe violentamente en nuestra casa, quiebra nuestras puertas, destruye los cristales, hurga sin respeto en nuestra más íntima propiedad, nos amenaza con armas poderosas a mi bella mujer y a mí, a la edad que tenemos...

Y pensar que también son humanos los que hacen esto contra su prójimo.

Subo al estudio a escribir esto.

Allá, abajo, la ciudad parece embellecida por la calma.

Arriba la impasible Luna de agosto, casi llena.

Son ya las 6:35 de la mañana.

La luz de oriente comienza a colorear y a inflamar el horizonte.

La policía nunca llegó.

¿De verdad estamos tan solos?



9.8.11

Reformitis

Se entiende perfectamente: las leyes no pueden ni deben ser inmutables porque las sociedades en las que se aplican se encuentran, para bien o para mal, en permanente proceso de transformación, y el marco legal debe ser readecuado y perfeccionado una y otra vez. Esa debe ser la tarea del Legislativo, además de servir de contrapeso al Ejecutivo. Éste, por su parte, tiene la responsabilidad primaria de cumplir y hacer cumplir las leyes vigentes.

Así tendría que ser. Pero en el régimen oligárquico que padece México actualmente, el principio de legalidad está de cabeza. No hay que estirar mucho la mano para encontrar un ejemplo contundente de esa inversión: Washington envía a policías en activo y a militares en retiro a participar en la desastrosa guerra en curso impulsada por el calderonato, y esos efectivos realizan interrogatorios, intervienen telecomunicaciones y han tenido un papel clave en decenas de capturas o “eliminaciones” (que parecen ser, muchas de ellas, ejecuciones extrajudiciales) de presuntos narcotraficantes. La injerencia no se perpetró aprovechando un descuido del gobierno mexicano, sino en respuesta a sus peticiones.

Para argumentar la “legalidad” de la operación de personal policial extranjero en México, Alejandro Poiré ha salido con la puerilidad de que éste “no porta armas” y con la abierta mentira de que “no realiza ninguna labor operativa”. Incluso si así fuera, el Artículo 21 constitucional es inequívoco: “La investigación de los delitos corresponde al Ministerio Público y a las policías, las cuales actuarán bajo la conducción y mando de aquél en el ejercicio de esta función”; el 32 no deja lugar a dudas: “En tiempo de paz, ningún extranjero podrá servir en el Ejército, ni en las fuerzas de policía o seguridad pública” y “para desempeñar cualquier cargo o comisión en el Ejército, Armada o Fuerza Aérea en tiempos de paz, se requiere ser mexicano por nacimiento.” ¿Con qué saldrán entonces? ¿Con que no estamos en “tiempos de paz”? Pues qué pena: legalmente, para que el país esté en guerra, es necesario que el Ejecutivo federal la declare, previa ley del Congreso de la Unión (Art. 89), cosa que no se ha hecho.

El régimen oligárquico no acata la Carta Magna, y menos el resto de las leyes. Hace meses que la Secretaría del Trabajo proclama sin pudor que la Ley Federal del Trabajo es letra muerta, como si no fuera su obligación el hacerla cumplir. El reconocimiento cínico de omisión de la legalidad es convertido en argumento para modificarla a gusto de los funcionarios en turno y de sus marañas de interés. Otro caso notable es el sempiterno populismo legal de la derecha (Peña Nieto es un exponente de él) sobre la supuesta necesidad de “endurecer” las penas para delitos graves a fin de disuadir a la criminalidad. Eso podría tener sentido, así fuera sentido argumental, en un estado de pleno derecho, pero no en un país en el que la impunidad prevalece en el 80 o 90 por ciento de los casos. ¿Para qué quieren incrementar a siete mil años el castigo por homicidio, pongamos por caso, si 9 de cada diez sospechosos de homicidio andan sueltos, y si los que son detenidos son liberados por falta de pruebas, o bien exonerados en juicio, y no cumplen ni con las sanciones de 20 0 30 años actualmente vigentes?

En su gran mayoría, las modificaciones legales operadas por el Congreso del salinato a la fecha no son adecuaciones necesarias para el mejor funcionamiento de la sociedad, sino arreglos jurídicos para saquear el erario sin temor a posibles sanciones, entregar las riquezas nacionales a los grandes capitales locales y foráneos, acelerar la concentración de la riqueza y reforzar por diversas vías –desde la electoral hasta la policial, pasando por la mediática– el control político que la élite empresarial ejerce sobre el resto de la sociedad. Este último es el propósito del engendro de reforma a la Ley de Seguridad Nacional: el texto vigente fue negociado por Beltrones, Fernández de Cevallos y otros del estilo en 2004, promulgado por Fox en enero de 2005 y violado unos meses más tarde por ellos mismos, cuando permitieron la injerencia de la embajada de Estados Unidos en el proceso de imposición de Felipe Calderón en Los Pinos.

Tal y como están, las leyes nacionales son descripción de un país estable y habitable. Si las autoridades de los tres niveles de gobierno las cumplieran, viviríamos en él. Señores legisladores de todos los partidos, déjense de reformitis. Antes de decirnos que no sirven, vean primero que los preceptos jurídicos se respeten. Tienen atribuciones para ello.

6.8.11

Para Yamina, en el
presunto fin del mundo


Si se acaba la luz, si se termina
la claridad del cosmos de repente,
entre la oscuridad, tengan presente,
nos queda la mirada de Yamina.

Si la gama que impregna y que ilumina
al mundo de colores esplendente
se redujera a grises solamente,
queda la cabellera de Yamina.

Si el planeta de pronto enmudeciera
y cesara a la vez todo el sonido
por causa de maléfica sordina,

no piensen que llegó la hora postrera
y nadie vaya a darse por vencido
pues nos queda la risa de Yamina.


5.8.11

Había...


.. jades verdes y obsidianas negras, dulces de almendra perfectos para ser degustados en una tarde lluviosa del siglo XVIII, daguerrotipos de Santiago matando moros, humo empacado en cajitas de madera rústica, amor de oxidado bisabuelo. Nada de eso traje conmigo, porque no me están permitidos los obsequios que pesen más de 0 gramos. Así que les regalo El hombre que parecía un caballo de Rafael Arévalo Martínez. El textito pesa un poco menos que eso y creo que vale la pena.

2.8.11

El jardín del rey Luis



En sus largos brazos extendidos
el bosque donde despierta Flora
tiene rosarios de ahorcados
que la mañana acaricia y abrillanta.
Este oscuro bosque, donde el roble
enarbola racimos de frutos inauditos
incluso entre los turcos y los moros,
es el jardín del rey Luis.

Toda esta pobre gente atormentada
rumia pensamientos que ignoramos,
gira en enloquecidos torbellinos,
revolotea todavía con vida.
El Sol naciente los devora.
Miren, cielos deslumbrados,
cómo bailan en el fuego de la aurora.
Es el jardín del rey Luis.

Estos colgados, pretendidos por el Diablo,
llaman a más ahorcamientos
mientras en el raso del cielo azul,
en donde brilla un meteoro,
el rocío del alba se evapora
y un enjambre de pájaros gozosos
les picotea el cráneo.
Es el jardín del rey Luis.

Príncipe: hay un bosque al que decora
un montón de ahorcados, ocultos
en el dulce follaje sonoro.
¡Es el jardín del rey Luis!

Théodore de Banville (1854)

Canta: Georges Brassens

31.7.11

Iximché


Hartos de sus belicosos vecinos quichés, los kakchiquekes abrieron las puertas de su capital a las fuerzas españolas y tlaxcaltecas que traía consigo Pedro de Alvarado, quien pudo lanzar, desde allí, sus campañas contra diversos pueblos mayas que resistían la Conquista. No habían terminado de destruir el poderío de Gumarcaaj cuando ya los españoles esclavizaban a sus primeros aliados y depredaban sus construcciones para usar las piedras en la edificación de un primer intento de capital, en Tecpán, en tierras de la propia Iximché. Los kakchiqueles pasaron a la resistencia y Alvarado no se tocó el corazón para destruirles su principal centro urbano. Fue una ciudad de vida breve, poco más de medio siglo: fundada hacia 1470, para 1524 era ya asiento de los poderes coloniales, y dos años más tarde era pasto de las llamas. Debe haber sido un sitio muy hermoso.

30.7.11

Del verbo andar



“Anda en un sitio” quiere decir que respira, duerme, camina, desayuna y vive (así se en forma temporal) allí.

“Anda con…” significa que comparte con ese alguien su organismo, su tiempo, su andar.

“Sus andanzas” es lo mismo que sus vivencias.

Andar puede ser sinónimo de vivir y de amar. La vida y el amor son móviles.

“Lázaro, levántate y…”

28.7.11

El riesgo


Nada de reprochable tienen, en principio, las muestras físicas de afecto. Pero, por razones obvias, no es recomendable prodigarlas a quienes están bañados en sangre y mierda.

27.7.11

Otra vez, no más sangre

Desde enero del presente año, los abajo firmantes hemos llamado a frenar la violencia generada por el accionar de la delincuencia y por la estrategia oficial supuestamente orientada a contenerla.

Hoy alertamos sobre el peligro de que el Poder Legislativo realice un periodo extraordinario de sesiones que, de llevarse a cabo, permitiría la aprobación de una ley de seguridad nacional autoritaria, policial y militarista, y de una reforma laboral que le quitaría derechos fundamentales a los trabajadores y agravaría la catástrofe social de la que se nutre la delincuencia.

Uno y otro proyectos, lejos de contribuir a la paz, alentarían la guerra y la violencia en el país. Traerían aún más sangre. Por ello, en caso de que se apruebe la realización del periodo extraordinario, convocaremos a la movilización ciudadana para impedir cualquier reforma legal que se pretenda imponer al vapor y de espaldas a la población.

Colectivo No Más Sangre.


Eduardo del Río (Rius), Jesusa Rodríguez, Liliana Felipe, Bruno Bichir, Édgar Cortez, Rocío Culebro, Antonio Helguera, Elisa Godínez Pérez, Nelly Muñohierro, Jesús Ramírez Cuevas, Gabriel Ramírez Cuevas, Antonio Helguera, José Hernández, María Villa, Pedro Miguel, Rafael Barajas (El Fisgón), Adrián F. Luján, René Sánchez Galindo, Pablo Amílcar Sandoval Ballesteros

25.7.11

En interés del fan


Amor perfecto garantizado, seguro contra el desencanto, confianza en que cada día cantará mejor: ahora que lo pienso, a uno, como fan, le conviene que sus cantantes favoritos estén muertos. Conste que no lo digo por Facundo Cabral ni por Amy Winehouse, la infortunada chica inglesa a la que El Señor llamó a su lado hace unos días, sino por Maria Carta, Jacques Brel, y otros de mi querencia, y que esto no es una incitación al homicidio de Lennon (que de todos modos ya no se puede) ni de nadie más.

20.7.11

Los Chacarilla Boys o
de la amnesia chilena


José Bengoa
*

No hay peor enfermedad social que la falta de memoria histórica. Chile la sufre de modo agudo. El 9 de Julio de 1977 un grupo de 77 jóvenes nacionalistas de extrema derecha subió al cerro Chacarillas, al lado del San Cristóbal en el acto más fascista de todos los tiempos de la historia de este país. Emulaban a los 77 soldados de La Concepción en la Guerra con el Perú. Bosques de banderas y antorchas al mas puro estilo del nazismo hitleriano iluminaban la noche de invierno. Pinochet en un momento de inspiración arrebatadora leyó su famoso discurso. “Mi corazón de viejo soldado , decía, revive con profunda emoción el coraje insuperable de Luis Cruz Martínez…que en plena soledad de la sierra peruana, supieron demostrar con la entrega de sus vidas, que nuestra Patria y los valores permanentes del espíritu están por encima de cualquier sacrificio personal que su defensa pueda demandar”.

En esos mismos días eran torturados en el “Palacio de la Risa”, así llamada la Villa Grimaldi, miles de chilenas y chilenos. Se las violaba, aterrorizaba, y luego se las iba a tirar al mar, como a Marta Ugarte, una de las primeras que en esos mismos días apareció flotando en las playas de Longotoma. Mientras los jóvenes subían en medio de antorchas, los gritos de horror se escuchaban en los subterráneos del poder entusiasmado. “..las limitaciones excepcionales que transitoriamente hemos debido imponer a ciertos derechos, han contado con el respaldo del pueblo y de la juventud de la Patria, que han visto en ella el complemento duro pero necesario para asegurar nuestra Liberación Nacional”, dijo el General en medio de los aplausos de los jóvenes patriotas en medio de la noche de Chacarillas.

“El complemento duro pero necesario” da escalofríos y ganas de vomitar. Todos y todas quienes allí estaban sabían muy bien a qué se refería el General. Era explícito.

¿Quiénes subieron a Chacarillas? Ayer fue el cambio de Gabinete. El listado del Mercurio señala el número 15: Andrés Chadwick, hoy Ministro Vocero de Gobierno, número 38, Cristián Larroulet, Ministro del triunvirato de La Moneda, y 39 , Joaquín Lavín, defenestrado Ministro de Educación y resucitado Ministro de Planificación Nacional. La lista es larga y sería un ejercicio de “buena memoria” publicarla con letras de molde. El número 47 es el actual Presidente de la Cámara de Diputados, y el número 20 es el dueño de la Universidad San Sebastián, emblemático modelo de lo que debe ser la educación universitaria “con fines de lucro”. El número 17 se reía ayer a mandíbula batiente en La Moneda, al ver como sus “Chacarillas Boys” se tomaban finalmente La Moneda, en el asalto al Poder, que esa noche lluviosa del invierno del 77, los 77 cabalísticamente ( como es propio de los fascismos corrientes) habían prometido solemnemente, Juan Antonio Coloma, se llama.

Ninguno de estos “Chacarilla Boys”, han hecho autocrítica alguna, pedido perdón, han pasado “colados” en medio de las tormentas. “No sabían” es lo que más mentirosamente han tratado de balbucear. ¿Qué no sabían? Todos los que vivíamos en Chile lo sabíamos detalladamente. ¿Ud Presidente no sabía y no sabe a quienes está metiendo en La Moneda?.

¿Nadie se acuerda cómo sacaban a miles de personas en las madrugadas de ese año 77 a una cancha de futbol a las seis de la mañana, congelada, y les pegaban, los fichaban , los denigraban y dejaban como estropajos? ¿Nadie se da cuenta que aplastaron un siglo de luchas obreras con el terror? ¿Nadie se acuerda que el próximo Ministro del Bienestar Social escribió el panfleto más deleznable de nuestra Historia Literaria, “La Revolución Silenciosa”? ¿Por qué no lo vuelven a publicar?

Pero lo peor es la confusión ideológica del momento. Y de los que alguna vez estuvieron en el lado de los perdedores. Hay quienes han dicho y siguen diciendo que ya la derecha no es la misma. Que Piñera es una nueva derecha. Se les fundió la memoria. Hay otros, de la otra banda, que acaban de decir que en Chile hay “dos derechas”. Con respeto personal, pero andan mas perdidos que el teniente Bello. Muy triste. Es una campaña la de los antiguos perseguidos de confundirlo todo. Los errores, desvaríos, silencios, de un Ricardo Lagos o una Michelle Bachelet, no tienen ni un punto de comparación con lo que se vivió en esos días y que fue aplaudido por las actuales autoridades del país.

Escucho desde mi mente deprimida los aplausos en Punta Peuco. En Bucalemu un difunto se da vueltas de alegría en su tumba. Los fantasmas están presentes, más que nunca. Gozan de buena salud. Se ríen con su sonrisa regordeta y a todo color digital, de la Historia de nuestro país. Y no me critiquena los cabros que agarran piedras y destrozan el “mobiliario urbano” del Alcalde de Santiago. Cuando no hay espacio para la Memoria y las razones, solo hay piedras.

Vergüenza me da. Vergüenza me da de ser chileno.

__________
* Licenciado en Filosofía con estudios de postgrado en Antropología y Ciencias Sociales. Sus principales campos de estudio han sido la Historia y Antropología de los indígenas y campesinos chilenos y latinoamericanos, temas sobre los que ha publicado varios libros. También ha escrito numerosos artículos en revistas y en publicaciones de difusión general sobre temas rurales, indígenas y de cultura, y desarrollado diversas consultorías en las materias de su especialidad. Su experiencia en el sector público incluye el liderazgo del proceso que da origen a la Ley Indígena y a la Comisión Nacional de Desarrollo Indígena en Chile. Es miembro de la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. Ha sido Rector y profesor Universitario en Chile, México, Perú, Ecuador, Estados Unidos, España y Francia. Actualmente trabaja en Rimisp como Investigador Asociado y Coordinador del Programa Colaborativo de Investigación sobre Movimientos Sociales, Gobernanza Ambiental y Desarrollo Territorial Rural.

19.7.11

Chile: muros y mantas

El sentido de esta lucha


Saludo a la marcha del 16, en la Alameda


Trabajadores de la salud, movilizados a un costado de La Moneda

Lo nunca nuestro


El proyecto de país cabe en un volante


Por todas partes


Antes de la marcha del 16, en la Plaza Italia


Liceo Número 7 de Mujeres, presente


Determinación

Viejas verdades de siempre, de nuevo en las calles


¿Tuit callejero?

En Valparaíso, aporte chileno al slang: madafaka

13.7.11

Otro camino de Santiago

Aterrizamos ayer y era cumpleaños de Neruda, y nada es como entonces, y es ésta una ciudad apacible y moderna hasta en sus rincones viejos. Pero en las calles hay chispas y otros síntomas de incendio.

9.7.11

Herejía del día


Si quieres alcanzar la gracia, vé en busca de Dios, ampútale una mano y acurrúcate en ella. Si en la aventura descubres que no Existe, no te aflijas: de todos modos, estos empeños son imaginarios.

7.7.11

Los modos de la ausencia


Yamina del Real - De la exposición El cuerpo deshabitado... o en busca del cuerpo perdido, Museo Archivo de la Foografía (MAF), República de Guatemala 34, Centro Histórico, DF.

El robo de una persona hace su ausencia doblemente atroz, ya sea que lo perpetre un manojo de canallas ávidos de rescate, un cónyuge enfermo de destrucción, una corporación ansiosa de explotar esclavos o un régimen asesino. La sustracción de un cuerpo vivo, de una voluntad y de una soberanía personal conlleva la imposición violenta de la zozobra sobre todo su entorno, y no se diga en la víctima, si es que ésta sobrevive a la experiencia. Quitar a alguien de donde está (o de su tránsito) y llevarlo a un sitio secreto implica cortar de tajo, y a veces para siempre, el funcionamiento de un aparato emocional colectivo, de una red económica y social que se paraliza, agoniza y a veces muere, aunque a fin de cuentas la persona sustraída sea devuelta a la libertad.

Apropiarse de un menor con el propósito que sea —por venganza afectiva, con fines de explotación, para sustraerlo a lo que el ladrón considera “malas influencias”— se traduce, además del desgarramiento amoroso, en el torcimiento irreparable del presente y el futuro.

Secuestrar para obtener rescate o una reivindicación cualquiera es el establecimiento de una dictadura total sobre la víctima y su entorno, una imposición odiosa y arbitraria en la intimidad y en la exterioridad de la persona.


En el norte y en el sur del planeta se realiza, día tras día, la captura de hombres y mujeres, niños y adultos, para destinarlos a la mendicidad, a la explotación sexual, a trabajos forzados o para convertirlos en carne de cañón en conflictos armados. Hay el rapto como antesala del asesinato —el levantón, tristemente célebre, y tan recurrido—, que tiene como propósito matar dos veces: crear un margen de espacio y tiempo para exprimir la humanidad de la víctima hasta sus últimas gotas antes de desechar la cáscara de un organismo que ya no tiene utilidad. Y hay, por último, esa apelación al horror perpetrada por un poder cobarde e incapaz de enfrentar a sus adversarios con las reglas y en el terreno que él mismo ha definido: la desaparición política.

Vivimos tiempos muy oscuros y la única lección posible de humanidad que puede sacarse de esto es que nadie —nadie—, ni los criminales que roban vidas ajenas, merece el secuestro, el levantón, la reducción a la esclavitud o la desaparición. Quien desee ausentarse, que lo haga por decisión propia.

* * *

Desaparecer. Todos nos hemos visto asaltados alguna vez por esa fantasía insensata y deliciosa. Partir de súbito y sin dejar rastro, dejar atrás a ese montón de gente a la que queremos y que sin embargo, o que por eso mismo, nos resulta insoportable. Tomar un autobús, un avión, caminar hasta que duela el costillar y los zapatos se rompan, aligerados de contexto, independizados de identidad, mínimos de pertenencias. Con la ilusión de una tábula rasa imposible, porque al irse uno lleva consigo la cicatriz de sus dolores, la caja de herramientas de su sabiduría, las manías y las orientaciones que, a diferencia de tantas menudencias materiales, sólo desaparecen cuando el destino final de la mudanza es el cementerio.

Cuando se acaricia la idea de desaparecer se juega también con el escenario de la muerte propia: inseparable de la figuración de la ausencia es el deleite sádico (o sadomasoquista) por el sufrimiento imaginado de quienes se quedan atrás. El conjunto es coronado por la ilusión infantil de lo nunca hollado, eso que, pensándolo bien, es un manojo de deseos y recuerdos antiguos dispuesto para construir, en el futuro imaginario, una nueva tierra del Edén, una utopía que no va hacia adelante sino de regreso al útero.

Para quienes se quedan, la desaparición es demoledora. Un fallecimiento es un martillazo en el sistema nervioso de parientes y amigos del difunto, pero una ausencia inexplicable dinamita las certezas de todo el entorno social porque la muerte, así sea súbita, es previsible, en tanto que la evaporación de una persona guarda un misterio mayor que el más allá: ¿Hasta cuándo? ¿Por qué? ¿Por quién? ¿Dónde está? ¿Está? —se vuelven preguntas lacerantes que provocan la hipertrofia inmediata de la imaginación; la imagen del ausente puede encajar igual en una playa brasileña, en la barriga de una boa, en un callejón de Budapest infestado de adictos, en los brazos de Circe, en un calabozo inmundo en el que resuenan los gemidos de los torturados, en una habitación apacible y triste, pero siempre remota.

La desaparición sin causa aparente de alguien es corrosiva incluso si el faltante es enemigo o adversario, porque entonces quedará en nosotros la sospecha de que su falta es parte de una trampa en curso —siempre en curso por años, por décadas, por toda la vida— que habrá de culminar en un retorno indeseado.

La vida del ausente adquiere una poética a toda prueba, aunque sea banal. Recuérdese aquel diálogo de Érase una vez en América en el que Deborah (Elizabeth McGovern) le pregunta al viejo Noodles (Robert De Niro), aparecido tras décadas de ausencia: “¿Qué has hecho todos estos años?”, y su frustrado amor de juventud le responde: “Dormirme temprano”.


Yamina del Real - De la exposición El cuerpo deshabitado...
o en busca del cuerpo perdido, Museo Archivo de la Foografía
(MAF), República de Guatemala 34, Centro Histórico, DF.


* * *

Hay una ausencia inofensiva, temporal y buena, que es la de las vacaciones. Este navegante incurrirá en ella en lo que resta de julio. Volvemos a leernos en agosto.

6.7.11

Encuentro en el Alcázar



Sicilia y Calderón se han reunido
y causa expectación de gran tamaño
este cónclave inédito y extraño
por Internet y tele difundido.
No es fácil de entender, y no es sencillo,
eso que está pasando en el Castillo.

Llegan desde Chihuahua y de Morelos,
de Michoacán, Durango y otros lados
los que han perdido seres muy amados
—padres, hijos, hermanas y hasta abuelos—
a reclamar la afrenta y el abuso
al que la guerra ideó, y al que la impuso.

—Si crees, Calderón, que delincuentes,
son todos los difuntos de tu guerra,
entérate que yacen bajo tierra
nuestros seres queridos y parientes,
víctimas inocentes de tu gesta,
y que se está muriendo gente honesta.

Siendo interlocutor y contraparte,
le demanda el poeta al asesino:
“De llevar al país por el camino
de la muerte, debieras disculparte”
y el otro le responde entre desplantes:
“Debí haberlo llevado desde antes”.

Sigue, a continuación, cada agraviado
dando palabras al dolor inmenso
pero, ante ellos, Felipe se hace el menso,
se entretiene en el mouse y en el teclado
y en vez de ponderar tantos horrores,
en el Twitter apunta seguidores.

Insisten los presentes agraviados.
Cuenta su historia María Elena Herrera.
LeBaron lo interpela, y no hay manera.
Se menciona a los niños chamuscados.
Falsa la voz del gobernante suena
cuando dice “Ay, qué trágico, qué pena”.

“Si no paras ahora esta matanza,
Felipe, pues la historia va a ponerte,
como el Ejecutivo de la muerte
cuando se te examine en la balanza”,
dijo Javier Sicilia, exasperado
de hallarse frente a un tipo tan cerrado.

Respondió Calderón, intransigente:
—Pues sé que mi estrategia es atinada
y no voy a cambiar nada de nada.
Allí se vio de forma transparente
que aquella pavorosa profecía
reverendo camote le valía.

Feliz va el infeliz a su transporte
al concluir el encuentro, porque sabe
que como tolerante, en lo que cabe,
exaltado es ahora por su corte:
“sensible”, “dialogante” y “muy humano”
se lleva como elogios en la mano.

El bando de la paz, nada contento
se llena de sospechas y temores.
Incluso se desgranan los rumores
que Javier ha vendido al movimiento.
No ocurre tal: es que, si se dialoga,
la mala fe a la buena siempre ahoga.

“No hay esfuerzo de más ni gesto vano
—se decía Javier para sí mismo

si logro, con paciencia y humanismo,
tocar el corazón de este fulano”.
Pues bien, Javier Sicilia, ya lo viste:
en Calderón tal víscera no existe.

5.7.11

Vía cerrada


Claro que hubo fraude. Una pequeña porción de sus expresiones fue documentada en testimonios, en fotos y video; pudo verse el recurso gubernamental volcado a favor del candidato oficialista, Eruviel Ávila, y la colaboración de Televisa en sus actos de campaña, y el reparto de despensas no se realizó precisamente clóset adentro.

Sin duda, las dos vertientes electorales de la oligarquía, la blanquiazul y la tricolor, disponen de aparatos formidables para confundir a la opinión pública, disimular los fracasos gubernamentales e imponer como verdad cuentas alegres y falsas; ciertamente, las maquinarias de inducción de sufragios son aplastantes y están bien aceitadas, y los controles verticales son capaces de coptar a la mayor parte de las dirigencias sociales estructuradas y a un sector enorme de los tejidos sociales; las cúpulas institucionales tienen capacidad para infiltrar, comprar y desvirtuar oposiciones verdaderas y construir otras, ficticias y a modo, que medran entre las facciones principales y que cobran caros sus servicios, como lo ilustró puntualmente Elba Esther Gordillo hace unos días. En las instancias en las que gobiernan, en fin, PRI y PAN están en condiciones de realizar elecciones de estado, y la más reciente de ellas ocurrió en el Estado de México.

El fraude preelectoral hizo innecesario, allí, la realización de un fraude el día de las elecciones, y el tenebroso dominio del Grupo Atlacomulco salió refrendado y fortalecido de cara a las elecciones del año entrante, si es que el país aún está para bollos, o si es que el calderonato no consigue cancelar los comicios como parte de su huída hacia adelante.

A la vista de resultados, es innegable, sin embargo, que la candidatura de Alejandro Encinas generó expectativas desmesuradas para los medios de los sectores de la izquierda que se aglutinaron en torno a ella, y que la lógica con la que fue diseñada y aplicada careció de anclajes suficientes en la realidad.

La dirigencia formal del PRD, en manos de los chuchos, cree, o dice creer, que México se encuentra instalado en una democracia funcional en la que para obtener triunfos en las urnas basta con convencer a la mayoría del electorado. Como en Suecia, más o menos. Parece ser que eso no es una mera visión táctica, sino estratégica, porque el fin último es incrustarse en el poder al precio que sea, incluido el de dejar tirado en el camino el perfil ideológico. El movimiento lopezobradorista, que tiene por objetivo central la transformación del país, percibe que, además de obtener intenciones de sufragio, se requiere de una organización capaz de contrarrestar el formidable músculo mediático del régimen, descubrir y obstaculizar las prácticas clientelares de control del voto y defender la voluntad popular de distorsiones y fraudes.

En la primera de esas lógicas, la manifiesta superioridad conceptual y política del discurso de Encinas, sumada a las pifias y la vacuidad del aspirante priísta, habría debido ser suficiente para obtener, si no una victoria electoral, cuando menos un resultado cerrado. Si a eso se le agrega la catástrofe ocurrida en pleno cierre de campañas en Ecatepec y Nezahualcóyotl, ocasionada no por las lluvias sino por la insensibilidad, la ineficacia y la arrogancia de los gobiernos estatal y municipal priístas, habría debido ser inevitable el triunfo de la coalición Unidos Podemos Más. Pero no fue así, y la estructura del Movimiento de Regeneración Nacional se quedó sin materia para la movilización en defensa de la legalidad electoral.

Está claro que la proliferación de agravios no conduce en automático al surgimiento de una voluntad popular de transformación social ni, por ende, al fortalecimiento de propuestas democráticas capaces de actuar en este sentido. Al contrario, la desigualdad, la marginación y la pérdida de derechos con frecuencia generan estados de postración de los que se alimentan los aparatos gubernamentales de control electoral. Pero es claro también que la mera denuncia –pública o judicial-- de las violaciones a la norma democrática, por groseras y evidentes que sean, no reduce la funcionalidad del mecanismo fraudulento. Es decir, y hay que decirlo como conclusión parcial y tentativa, para los movimientos que aspiran a recuperar el país del dominio oligárquico y delictivo bajo el que se encuentra, la vía electoral está cerrada, y hay que ponerse a imaginar la manera de abrirla.