
17.1.07
Te felicito, ETA

14.1.07
La vida sigue
- Cantores de Somalia
- Otras músicas prohibidas
La incesante guerra ha llevado al destierro a los músicos de Somalia. Los cantos han dejado de escucharse en los pozos de Afmadow y se han trasladado a las calles y bares de Toronto, de Londres y de Miniápolis. Uno de los cantantes más conocidos es el rapero K’naan, nacido en Mogadiscio en 1978 e hijo de un emigrante que consiguió trabajo de taxista en Nueva York y desde allí enviaba a su casa discos de hip-hop. A los 13, K’naan, que significa viajero, logró salir, con su madre y sus hermanos, rumbo a la urbe de hierro. Vivieron en Harlem, se trasladaron luego a Ontario, y ya instalado en Canadá el muchacho dejó la escuela y se dedicó a rapear. Lo hizo tan bien que en 2001 fue invitado al concierto realizado en Ginebra con motivo del 50 aniversario del Alto Comisionado de la ONU para Refugiados. Allí lo escuchó el consagrado senegalés Youssou N’Dour, quien lo incorporó al proyecto Building Bridges, lo que le permitió a K’naan recorrer el mundo y ganar la fama.
Mariam
Pero antes de K’naan viene Maryam Mursal, única niña en una familia musulmana de cinco hijos y quien, de adolescente, mandó la tradición al carajo y se atrevió a volverse cantante profesional en la capital somalí. Tras criticar al tirano Mohamed Siad Barre, se le prohibió presentarse en público durante dos años, tiempo en el que se ganó la vida conduciendo un taxi por las calles de Mogadiscio. Cuando empezó la guerra civil, Maryam tomó a sus cinco hijos y emprendió una larga huída, a pie, al vecino Djibouti, en donde finalmente encontró asilo en la embajada danesa. La artista reside actualmente en Dinamarca y es considerada la figura central del llamado jazz somalí, en el que se integran el blues, el soul africano y los ritmos de origen árabe. Escuchen parte de la historia contada por los labios dulces de la propia Maryam.

Magool
Pero antes de Maryam viene la memorable Magool, ya fallecida, quien nació en Beledweyne el 2 de mayo de 1948 con el nombre Halima Khaliif Omar. A mediados de los años setenta, en tiempos de la guerra contra Etiopía, cantó himnos patrióticos; luego entonó cantos islámicos que no le gustaron al gobierno y partió al exilio. Volvió en 1987 para protagonizar, en Mogadiscio, el concierto más exitoso de la historia de Somalia: 15 mil personas se dieron cita para escucharla en el estadio de la ciudad. Fue partidaria de Mohamed Farra Aidid, el líder rebelde que derrocó a Barre y que fue objeto de una cacería humana por parte de la Fuerza Delta y los Rangers estadunidenses, quienes en la búsqueda de Aidid perpetraron una matazón en la capital somalí (entre 500 y mil muertos) y sufrieron 91 bajas en aquella “batalla de Mogadiscio” que fue posteriormente mal contada en la película La caída del Halcón Negro (Black Hawk Down). El 19 de marzo de 2004 Magool murió en un hospital de Ámsterdam.
Cuántas censuras diversas y contrastadas: son jarocho, cantantes somalíes, taquies andinos, Entartete musik (“música degenerada”, según los nazis), narcocorridos mexicanos, rock and roll, tango argentino, canciones que hablan de drogas, de sexo o de las islas Malvinas que no pasan al aire por la señal de la civilizada BBC... Pero la canción es como la vida: no importa cuán espeso sea el cemento, que a la larga una semilla germinada en las sombras acabará reventándolo.
Y la vida sigue. Por debajo de las ceremonias oficiales, de las buenas costumbres, de las malas noticias, de la mediocridad, la simple estupidez o la crueldad infinita de los poderosos, ha comenzado un año nuevo. Deseo tardíamente que sea bueno y cálido. Vuelvo aquí, vuelvo al blog y al correo. Qué cerca estamos ya de la primavera.
27.10.06
Epístola a Felisa
Aquí, con ganas de besar tu siempre, beso
tu triángulo lunar, tu ángulo obsceno,
tu seno izquierdo, tu derecho seno,
tu anca mular, tu tubo obeso
lleno de caca, lleno de veneno
como un sócrates triste, como un plato
sin aristóteles, con esa larga eso
que te ráscate y pulga el duodeno.
Yo no sé‚ si me voy, te vengas o me vengo,
si me tienes, detengas o te tengo
clavada con el dedo, sobre el algo
que debajo me picas y retengo,
que más fuera, si fuera lo que fuera,
si me besaras tú como te beso.
Voy a mi ayer, tu siempre fue, mi nada,
mi peso galopante de hombre en peso,
tu zapato cansado, mi sin caja,
tu estar descerrajando mi silencio,
mi estar casado en traje de mortaja.
Regreso a lo que fui, a lo que fuera,
a lo que afuera me palpita adentro,
a lo tuyo, a mi noche, a tu regreso,
a tu inmortal mortífero congreso.
Lleno de sangre y de balazos, fuera
lagarto en tu lagar, beso en tu beso,
verso enterrado vivo, cartuchera
sin balas, hombre muerto
temblando a solas en tu tolvanera;
pero llévanme el aire y la tristeza,
y el otro que quitome lo que diera,
y tú, mi amor, que no me diste nada.
¡Y tú, mi amor, que no me diste nada!
26.10.06
El país menos visitado
- Derechos humanos en la RPDC
- Cuatro viajeros en Pyongyang

Me intriga Rangún, aunque ahora tenga el nombre menos misterioso de Yangon; me intriga el bosque gabonés de La Makandé, famoso por el tupido techo que forman las copas de sus árboles; me intriga la isla de Reunión, al este de Madagascar, desde que una vez, de puberto, me enamoré perdidamente de una Miss Reunión que vi en la tele; me intriga Umbría, me intriga el Desierto de Altar, me intrigan Chiclayo y Manaos y Portobelo. Por su mera sonoridad o por asociaciones gratuitas, esas toponimias son como fulminantes que activan la bala de la imaginación.

No es menor la curiosidad que me suscita, aunque por otras causas, Corea del Norte (República Popular Democrática de Corea, RPDC), un Estado que por estos tiempos tiene con el Jesús en la boca a buena parte del mundo y que es referente de un conflicto nunca desactivado desde que mis abuelos eran jóvenes. Hace poco califiqué de impresentable al régimen de Kim Jong Il y un lector que firma como Yaotl Altan me dijo que no tenía derecho a, ni fundamento para, emitir tal opinión. Derecho he de tener alguno, si es que todavía existe la libertad de expresión, y fundamento hay, abundante, en el Informe 2006 de Amnistía Internacional:
“Se continuaron negando derechos fundamentales, como la libertad de expresión, asociación y circulación. Se recibieron informes de ejecuciones públicas y de la práctica generalizada del encarcelamiento por motivos políticos, la tortura y los malos tratos. Se siguió restringiendo el acceso al país de observadores independientes. […] Se recibieron nuevos informes sobre ejecuciones […] de personas acusadas de delitos económicos, como el robo de alimentos. […] Salieron a la luz imágenes de video en las que dos personas eran ejecutadas en público mediante disparos. […] Cientos de norcoreanos devueltos desde China se exponían a ser detenidos, torturados o maltratados y a pasar hasta tres años encarcelados en condiciones terribles. Según los informes, murieron por malnutrición personas encarceladas en campos de trabajo para presos políticos y en centros de detención extremadamente masificados. […] Las mujeres que intentaban protestar eran golpeadas. Todas las mujeres, incluidas las embarazadas y las ancianas, eran obligadas a trabajar desde la mañana hasta bien entrada la noche en campos o en fábricas de las prisiones. […] El 7 por ciento de la población infantil sufría una grave malnutrición, el 37 por ciento padecía malnutrición crónica y el 23,4 por ciento tenía un peso inferior al normal; asimismo, una de cada tres madres sufría malnutrición y anemia.”

No viene a cuento rasgarse las vestiduras en abstracto por la persistencia de un régimen de corte estalinista; si a modas vamos, más anacrónicas son las monarquías que pululan en Europa. Pero Corea del Norte no sólo se caracteriza por el partido único, la dictadura policial y el culto a la personalidad; es que, como lo hizo Stalin en la Unión Soviética, la dinastía de los Kim (Il Sung y Jong Il) ha reducido a buena parte de la población de su país a la condición de ganado.
Otra cosa es el escándalo causado por la decisión del gobierno de Pyongyang de fabricar bombas atómicas y misiles para entregarlas a domicilio. También lo han hecho Israel, India y Pakistán, y nadie les dice nada.

Pyongyang: ¿ciudad sin clases?
El tal Yaotl Altan me criticaba también por hablar de Corea del Norte sin haber estado allí. ¿Por qué diablos ninguno de mis vecinos me ha mostrado fotos de una puesta de sol en la playa de Kimch'aek o de las colinas alrededor de P'ungsan? El español Norberto Cuenca ofrece la respuesta: “Es un viaje caro, raro y poco atractivo a priori. Ir de vacaciones a un país con un régimen estalinista, aislado y ultra controlado no suena precisamente relajante, sobre todo en Asia, donde por la mitad de precio te puedes ir a dorar al sol de Tailandia”. Cuenca tenía la ventaja de vivir en Pekín, “el único sitio desde donde se puede viajar directamente a Corea del Norte” y hace cosa de un año decidió aprovecharla. A pesar de las restricciones impuestas por sus guías oficiales, logró tomar algunas fotos, y a su regreso a Pekín, redactó un divertido relato de su viaje que termina así: “Si algo me ha quedado claro es que quiero volver. Corea debe ser el país del mundo menos contaminado por cualquier influencia exterior. Lleva 50 años totalmente aparte. Será una rara oportunidad de encontrar gente sin una traza de globalización.”
En Blogchevique se reproduce una versión en español del relato que hizo el abogado estadunidense Eric Sirotkin de su viaje a la RPDC. El tono es el siguiente: “Mientras bajábamos por el camino, otro grupo de norcoreanos quiso hacerse unas fotos con nosotros y nos pidieron que les cantáramos una canción. Un discordante pero bien intencionado ‘Venceremos’ se alzó de nuestras gargantas, mientras los coreanos aplaudían y se reían. Cuando terminamos, los norcoreanos nos rodearon y llenaron alegremente nuestros bolsillos de manzanas, mientras nuestros ojos se llenaban de lágrimas y nuestros corazones quedaban conmovidos por sus expresiones de aceptación y de aprecio incondicionales, a pesar del hecho de que éramos estadunidenses”.
Las apreciaciones de Sirotkin contrastan con la incomodidad del programador ruso Artemii Lebedev, quien halló en Corea del Norte una realidad horrible y una sociedad abatida. Desde una posición equidistante, aunque sin el humor de Cuenca, un chino anónimo contó su experiencia en el país en “Una mirada a Corea del Norte”. Salud a esos cuatro Marco Polos, cuyos relatos aparecen en los links que siguen. La agencia oficial de noticias y un sitio oficial del régimen de Pyongyang también son todo un viaje; se los recomiendo.
El trenPyongyang-Pekín
Alguien dice: “En Corea del Norte las playas tienen alambre de púas para que la gente no escape, cortan la luz a las 11 de la noche y no hay carros nuevos”. Alguien más responde: “Como capitalistas globalizadores rechazáis los logros comunistas y las medidas a favor de la protección de la costa contra el turismo abusivo, el ahorro energético y la supresión del CO2 y la contaminación de los automóviles”. Y no sé cuál de los dos está hablando en serio.
25.10.06
Actitudes políticas
24.10.06
Hungría

El régimen de Budapest había sido hasta entonces uno de los más torpes, entreguistas y represivos de cuantos fueron instalados por el Ejército Rojo en Europa oriental, tenía motivos para temer la furia del pueblo y esa misma noche Erno Gero pidió a Moscú que enviara tropas para contener a los rebeldes. Los tanques T-54 entraron a la capital húngara al día siguiente, pero los enfrentamientos no cesaron y el 25 de octubre los agentes de la AVH apostados en el Parlamento perpetraron una nueva masacre de manifestantes. Designado primer ministro en sucesión de Andras Hegedus, quien huyó a Moscú en compañía de Gero, Imre Nagy ofreció de inmediato reformas políticas, excarceló a decenas de opositores, formó un gabinete en el que participaban algunos no comunistas, abolió el régimen de partido único, suprimió la odiada policía política, pidió el retiro de las tropas soviéticas y llamó a la calma. Sin embargo, los enfrentamientos se extendieron unos días más y algunos de los opositores no se conformaron con derribar la monstruosa estatua de Stalin erigida en Budapest y con cercenarle unos bigotes que medían más de un metro; algunos organizaron escuadrones de la muerte para cazar simpatizantes soviéticos y ex integrantes de la AVH. Hacia el 28 de octubre se logró restablecer la paz y las fuerzas de Moscú se retiraron de la ciudad.

En todo el territorio de Hungría se formaron comités revolucionarios que asumieron responsabilidades al margen del gobierno nacional, se establecieron comités obreros en minas y plantas industriales, y empezó a conformarse un embrión de economía socialista ajena al control partidario. En ese lapso, los choques entre los remanentes de la AVH y la población causaron cientos de muertos.
En el Kremlin, en una sesión efectuada el mismo 24 de octubre, los delegados procedentes de Budapest informaron al Comité Central del Partido Comunista Soviético que el descontento húngaro no estaba fundamentado en asuntos ideológicos, sino en problemas sociales y económicos irresueltos. Pero en los días siguientes Nagy anunció el retiro húngaro del Pacto de Varsovia y la adopción, por parte de su país, de un estatuto de neutralidad semejante al de Austria. Moscú no pudo o no quiso tolerar esa defección, el 1º de noviembre envió 17 divisiones a Hungría y tres días más tarde Budapest se encontraba bajo ataque.
No hubo una resistencia organizada a la invasión. Los bolsones de resistencia, especialmente los constituidos en los barrios obreros, fueron rápidamente neutralizados por ataques aéreos y de artillería terrestre. Nagy y un puñado de sus colaboradores buscaron refugio en la embajada yugoslava, pero fueron aprehendidos días después. El ex gobernante fue mantenido en prisión año y medio, y luego juzgado en secreto y ejecutado. El saldo de la invasión fue de 2 mil 500 húngaros y 722 soviéticos muertos. Más de 200 mil personas huyeron del país, unas 26 mil fueron procesadas, cerca de 13 mil fueron sentenciadas a diversas penas de cárcel y un número indeterminado de opositores fueron asesinados en prisión. El nuevo hombre fuerte, Janos Kadar, títere de Moscú, permaneció en el poder hasta 1988. La estatua de Stalin no fue reinstalada nunca.
23.10.06
¿Cucaracha?
En comentario a un post anterior Rafael me reprocha el haber llamado “cucaracha” a Juan Pablo II, me acusa de tener “un afán anticlerical que te ciega”, de expresarme despectivamente, y sin motivo, de éste y de su sucesor, de atacarlos “sin ton ni son simplemente porque no piensan como tú”, de no comprenderlos ni conocerlos, de tener “una maraña de ideas equivocadas acerca de ellos” y de otras cosas.A comienzos de su pontificado el sucesor de Paulo VI me pareció simpático. Pero ocurrieron, entre otras, cosas como las que resumió en un artículo Augusto Zamora, profesor de Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid:
“Entre 1977 y 1979 fueron asesinados cinco sacerdotes en El Salvador, seguidores de la Teología de la Liberación y miembros activos de la Iglesia de los Pobres, que trabajaban con las comunidades y sectores más oprimidos y reprimidos del país. Monseñor Oscar Arnulfo Romero, Arzobispo de El Salvador, viajó a El Vaticano en agosto de ese año, con un dossier minucioso sobre la brutal represión que venían sufriendo la Iglesia y el pueblo salvadoreños. El Papa Juan Pablo II se negó a ver el dossier y a hablar del asunto. Monseñor Romero regresó abatido pues había creído, hasta su entrevista, que al Papa le ocultaban información. En marzo de 1980, monseñor Romero era asesinado mientras celebraba misa. Ese mismo año, cuatro religiosas estadounidenses morían también asesinadas, luego de ser torturadas y violadas por el Ejército salvadoreño. El Vaticano condenó los crímenes pero no emitió condena alguna contra el régimen que los propiciaba. El silencio se hizo norma.
“De enero de 1980 a febrero de 1985, 23 religiosos fueron asesinados en Guatemala. Con ellos, decenas de miles de civiles, en el mayor baño de sangre sufrido por la región en las últimas décadas. Se repetía el guión. Condena opaca y formal y silencio ante la dictadura criminal. La jerarquía departía con generales y oligarcas, mientras sacerdotes, religiosos y comunidades cristianas de base eran sistemáticamente perseguidas o muertas.
“En Nicaragua había triunfado en julio de 1979 la revolución sandinista. Con ella llegó al poder, por vez primera en la historia latinoamericana, la ‘iglesia de los pobres’. Cuatro sacerdotes fueron designados ministros. El padre Miguel D´Escoto, ministro del Exterior; Ernesto Cardenal, ministro de Cultura; Fernando Cardenal, ministro de Educación y Edgar Parrales, ministro de Bienestar Social. El Vaticano se revolvió indignado. Todo lo que era silencio en El Salvador y Guatemala, se hizo estridencia contra la revolución sandinista y sus curas ministros. El Papa exigió a los sacerdotes que abandonaran los cargos y empezó una persecución sistemática contra los que apoyaban a la revolución. Curas y monjas progresistas eran obligadas a abandonar Nicaragua para ser sustituidos por otros reaccionarios. Cuando Juan Pablo II visita Nicaragua en 1983, […] se niega a orar por los asesinados por la contra. Sus actos se tornan políticos y la visita, preparada con tal celo por el gobierno sandinista que había construido una plaza especial para la misa papal, deriva en una completa ruptura.
En una reunión con el presidente Ronald Reagan, según relata el periodista Bob Woodward, se oficializa una alianza informal entre el Vaticano y EEUU, para combatir la ‘amenaza comunista’ en Centroamérica.”
Por lo que respecta a Centroamérica, Wojtyla fue el brazo espiritual de un proyecto injerencista genocida. Al recordar aquellas épocas, concluí que llamarlo cucaracha fue un exceso de benevolencia. Sería más preciso decir que fue el lamehuevos de Reagan.
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Dos apostillas: 1) en rigor, Wojtyla fue el sucesor de Juan Pablo I, pero éste, en tanto que pontífice, no alcanzó a existir por lo breve de su periodo, así que no cuenta entre Montini y Wojtyla; 2) el link correcto al artículo de Ernesto Cardenal al que hice referencia en los comentarios de aquel post está aquí.
Variaciones sobre el mismo tema
- Misterios de un texto imprescindible
- Variaciones y actualizaciones
- Ilustraciones (con permiso) de photoxica
Cuando los nazis vinieron por los comunistas / me quedé callado; / yo no era comunista. / Cuando encerraron a los socialdemócratas / permanecí en silencio; / yo no era socialdemócrata. / Cuando llegaron por los sindicalistas / no dije nada; / yo no era sindicalista. / Cuando vinieron por los judíos / No pronuncié palabra; / Yo no era judío. / Cuando vinieron por mí / No quedaba nadie para decir algo.
Foro. Eva Villaseñor.¿De quién es este texto y cuál es la versión verdadera? Durante mucho tiempo se le adjudicó injustificadamente a Bertolt Brecht, pero casi todo apunta a que su autor es en realidad el pastor Martin Niemöller. La fundación que lleva el nombre del religioso da por buena su respuesta a una entrevista de 1976, en la que Niemöller afirmó que no era un poema, sino un sermón pronunciado en la semana santa de 1946 en Kaiserslautern, Alemania, y que el orden correcto era: comunistas, sindicalistas, socialdemócratas, judíos, yo. Pero años antes, en 1968, Howard Samuels dijo, en un testimonio ante el Congreso de Estados Unidos, que originalmente Niemöller se había referido a judíos, católicos, sindicalistas, protestantes, yo, en ese orden. El profesor de Historia Alemana Harold Marcuse, de la Universidad de Santa Bárbara, piensa que, en las circunstancias en las que formuló la idea, el religioso no habría mencionado a los judíos en primer lugar. La cita se acomoda a los intereses o gustos de cada quien, y aparece en un monumento de Boston en el orden comunistas, judíos, sindicalistas, católicos, yo; en las citas de Simpson la secuencia es judíos, comunistas, sindicalistas, yo; hay muchas otras. Marcuse piensa que “el propio Niemöller pudo haber usado diferentes versiones en distintos discursos o sermones”.
(Aquí me aparto tantito de la versión impresa de esta entrega para agregar un dato irrelevante: fue precisamente al contemplar ese monumento bostoniano, hace diez años y con un frío de la chingada, que me enteré de la falsa autoría de Brecht. Desde entonces me quedó la duda, y me había propuesto investigar la historia de ese texto, pero no es sino hasta ahora que me ha sido dado hacerlo. Y ahora vuelvo a la navegación tal y como aparece en La Jornada.)
Toby O'Ryan, del Partido Comunista Revolucionario estadunidense, se lamenta porque en la cita colocada en el Museo del Holocausto de su país “se omite la primera frase sobre los comunistas; eso destruye el significado que le dio Niemöller, quien casi siempre empezaba sus discursos con unas palabras sobre los comunistas, los primeros presos de los campos de concentración”.
Sobre la atribución de esta cosa a Brecht: en una carta a El País de Madrid, Rafael Martínez especulaba que el error es “exclusivo de nuestra lengua, en la que Niemöller es absolutamente desconocido” (bueno, no tanto), y que “el error parte de los años setenta”. “La primera vez que ví este texto fue en Bogotá, en un póster enmarcado en un pequeño restaurante [...] El editor del póster se lo atribuía a Brecht. Después he visto este mismo poster en España, en casas de gente seria y políticamente comprometida. Nunca entonces dudé de su autoría. Cualquier verificación era complicada porque las ediciones disponibles de Brecht ni eran completas ni fiables”.
Enrique Medina alegaba en Página 12 que “en razón de esotéricos artilugios, citadores profesionales de izquierda-centro-derecha siempre han atribuido estas líneas a Brecht. Y si bien él es ajeno a este manotazo a su favor, tampoco es justificable el error debido a que el texto no figure, formal y convencionalmente, en ningún libro; ni es donosa la acción del aprovechador que se lo endilga a Brecht por mera suposición o porque así lo decidió el incon-sciente colectivo”.
El historiador británico John Simkin va más allá: tras señalar que ni Dietmar Schmidt ni James Bentlen, dos de los principales biógrafos del religioso alemán, hacen referencia alguna al pensamiento de marras, suelta su bomba: “Personalmente pienso que él nunca escribió este poema. Sospecho que fue escrito por algún activista de la izquierda pacifista tras la muerte de Niemöller”.
Poema, sermón o pensamiento, y sea de quien sea, esta cosa es de una enorme actualidad, e imprescindible en el mundo contemporáneo. En el sitio Persecution Poetry se da cabida a numerosas paráfrasis realizadas desde las posturas políticas e ideológicas más diversas. Haga cada cual su versión. Yo ya me armé la mía:
Cuando la migra deporta a los indocumentados / me quedo en silencio; yo sí tengo visa. / Cuando persiguen a los islámicos / no abro la boca; / no soy fiel de Mahoma. / Cuando privatizan el agua / me importa un rábano; / no tengo sed. / Cuando agravian a los homosexuales / no digo nada; / no vaya a ser que me confundan con uno de ellos. / Cuando oprimen a los indígenas / no pronuncio palabra; / no hablo mixteco. / Cuando despojan a los palestinos / me hago el desentendido; / Belén queda muy lejos. / Cuando masacran a los iraquíes / no protesto; / no nací en Babilonia. / Cuando diezman a los chechenos / me quedo mudo; / ¿dónde está Chechenia? / Cuando la derecha hace fraude / no salgo a las calles; / no soy de izquierda. / Cuando matan a las muchachas juarenses / miro hacia otro lado; / no soy empleada de maquila. / Cuando fabrican culpables / no leo la noticia; / yo soy inocente. / Cuando los pederastas abusan de las niñas / no me interesa el tema; / yo no soy niña. / Cuando los curas violan a los muchachos / no hago ningún escándalo; / yo soy adulto. / Cuando me persigan, me deporten, me satanicen, me pateen, me despojen, me agravien, me opriman, me violen y me maten, / nadie va a protestar / porque no habrá quedado nadie.
20.10.06
Problema:
19.10.06
“Cuando vinieron por mí...”
- Invención y anonimato
- La polémica vida de Martin Niemöller

El texto ha rebotado de aquí para allá, en foros libertarios, publicaciones democráticas, discursos admonitorios y pesadillas personales, asociado a un nombre que no es el correcto. Dice más o menos así:
Cuando los nazis vinieron por los comunistas / me quedé callado; / yo no era comunista. / Cuando encerraron a los socialdemócratas / permanecí en silencio; / yo no era socialdemócrata. / Cuando llegaron por los sindicalistas / no dije nada; / yo no era sindicalista. / Cuando vinieron por los judíos / No pronuncié palabra; / yo no era judío. / Cuando vinieron por mí / no quedaba nadie para decir algo.
Qué honor: un día escribes o dices algo de validez universal, como las historias que involucran a zorras y uvas, o a cigarras y hormigas, y ya tienes al resto de la Humanidad repitiendo eternamente lo que pensaste, y cada cual lo expresa a su manera porque ni siquiera existe un texto para citar, con fidelidad o sin ella. Los hacedores de fábulas, de letrillas, de epopeyas y de refranes, son los más gloriosos porque se diluyen en la gente y acaban inmortalizados por más que nadie tenga la menor idea de su identidad. Tomen el caso del clip, un invento que todo mundo conoce, aunque muy pocos conozcan el nombre del noruego Johan Vaaler, falso o verdadero inventor de ese adminículo que terminó convertido en símbolo de la resistencia nacional frente a los ocupantes nazis; o el de la ley, una porquería utilísima de la que todos hablan con reverencia sin detenerse a recordar a Hammurabi, su primer codificador conocido; o el de la rueda, instrumento imprescindible para prácticamente todos los seres humanos que en el mundo han sido (así fuera para jugar y hacer juguetes, como en el caso de los americanos precolombinos), pero cuyo inventor se ha perdido para siempre en las tinieblas de los milenios idos. A la inmortalidad le gusta el anonimato.

El probable autor del pensamiento arriba citado permanece en la memoria colectiva también por otras cosas. Alguien, sin embargo, inventó que la paternidad correspondía al dramaturgo comunista Bertolt Brecht, acaso porque la idea es manifiestamente brechtiana. Pero no: al parecer, se le ocurrió a Friedrich Gustav Emil Martin Niemöller, quien distaba mucho de ser un dramaturgo comunista. Era, en cambio, pastor protestante.
Hasta la fecha, su personalidad es carne de polémica. Nacido en Lippstadt en 1892, capitán de submarinos en la contienda de 1914-1918 y héroe de esa guerra, el hombre optó por la Teología y se ordenó en 1931. Hasta entonces había sido un resuelto partidario de Hitler y lo siguió siendo unos años más, hasta que el incipiente Tercer Reich trató de uncir las iglesias protestantes a su proyecto político y estableció que los judíos, incluso los conversos, debían ser expulsados de las organizaciones religiosas alemanas. Todavía en 1933, Niemöller describía el nacionalsocialismo como “un movimiento de renovación basado en fundamentos morales cristianos”, y en 1935 sostenía que los judíos seguirían sufriendo en tanto no se convirtieran: el castigo del pueblo de David era la prueba de que Dios es Cristo, el hombre llevado al martirio por los hebreos.
Ahora bien: aquello de “Cuando vinieron por mí...” no es de Brecht, pero ¿es o no de la autoría de Niemöller? Unos dicen que sí, otros que no, y la verdad es que quién sabe. Si les parece, el domingo continuamos por la pista de ese texto, si es que antes, claro (el teclado se me haga chicharrón), no vienen por nosotros.
17.10.06
Guión o milagro

Ocurre así: la sociedad ha padecido la receta neoliberal durante mucho tiempo –mucho más del necesario para darse cuenta que este modelo no le sirve a la gente— y un buen día los electores voltean a ver al que habla de bienestar, equidad, soberanía y justicia social; se fragua un liderazgo, el liderazgo ser refleja en las encuestas y en el sigiente proceso electoral el dirigente se coloca como favorito en las intenciones de voto. Entonces el resto de las formaciones políticas, desde las derechas más primitivas y autoritarias hasta las socialdemocracias tropicales, descubren que se encuentran ante un peligro para la paz, la estabilidad económica, el imperio de la ley y las libertades. A renglón seguido, el Espíritu Santo sintoniza a las mafias empresariales, a los partidos de la reacción, a los impolutos medios de prensa y a algunos representantes virtuales de izquierdas “modernas” y “moderadas” y aparece un tsunami propagandístico que revienta, con todo su lodo y su caca y su podre, sobre la cabeza del que propone cambios de fondo. Eso basta, en ocasiones, para que el sujeto descienda en las encuestas. A veces se hace necesario echar mano de algo más –intervención abierta de los gobiernos en las campañas, por ejemplo, o compra de votos, o intimidación judicial y fabricación de delitos, en ese orden o en otro— para desinflar al favorito y colocarlo en un sorpresivo segundo sitio una vez que cierran las urnas.
Parece ser que algo así le ocurrió a Humala en Perú, que la receta (o la alineación astral, o el designio divino: nunca se sabe) se repitió contra López Obrador, en México, y que ahora se aplica en la persona de Rafael Correa, en Ecuador. Curiosamente, los tres fueron descritos por sus adversarios como versiones locales de Hugo Chávez, por más que el paralelismo sea, cuando menos en dos de los casos, manifiestamente disparatado. El linchamiento mediático ha tenido su propio eco en Brasil, en donde por lo menos consiguió forzar a Lula a la incertidumbre de una segunda vuelta.
15.10.06
Shining irons

En todo caso, la frase me confirmó esa como dureza del alma turca, una de las razones (de seguro la menos importante) por las que no acabé casado con mi interlocutora. Acaso ahora, en vez de oír en Tlalpan el célebre pregón pregrabado de las bicicletas tamaleras (¡... Calientitooossss! ¡Acérquese y pida los ricos y deliciosos tamales oaxaqueñooooosss...!), estaría escuchando las sirenas de los barcos que pasan por el Mármara.
Señora de Cao
- Cinabrio, maquillaje de los muertos
- Hallazgo en Chicama

La Dirección General de Protección Civil de España indica que el sulfato de mercurio es una sustancia tóxica, nociva para la piel, los ojos y las vías respiratorias, que emite emanaciones venenosas e irritantes y que su vapor, invisible y más pesado que el aire, por lo que se difunde a ras de suelo y puede introducirse en alcantarillas y sótanos. Por todas esas características, la dependencia recomienda que la manipulación del sulfato de mercurio se realice con traje de protección química, hermético a los gases, y dotado de un aparato autónomo de respiración. “Las personas que hayan estado en contacto con la materia o que hayan inhalado emanaciones, han de recibir asistencia médica inmediata”, señala el apartado 6-03 de las Fichas de Intervención para la actuación de los servicios operativos.
Qué paradoja. Los venenos más peligrosos, esos que te quitan la vida en un tris, son capaces de otorgar a los cadáveres algo parecido a la existencia eterna. Es que, así como la muerte es un accidente terrible para los vivos, la vida resulta letal para la buena salud de los muertos: les hace daño; los destruye. Por eso, cuando se pretende preservar el cuerpo de un difunto hay que extirparle la vida de raíz.

Hace mil 700 años los habitantes del valle de Chicama (actual distrito de Magdalena de
Cao, departamento La Libertad, Perú) perdieron a su máxima autoridad política y espiritual: una mujer de baja estatura (145 centímetros), de no más de 25 años, madre de un crío, en la que habían sido depositadas las potencias de la vida, la muerte, la fertilidad y el futuro. Ella era capaz de predecir las lluvias y las sequías e indicar, en consecuencia, los tiempos propicios para las siembras y las cosechas. Esos atributos fueron representados en la piel de la gobernante con tatuajes en forma de serpientes y arañas entrelazadas.
Su poder y sus facultades extraordinarias no pudieron librarla, sin embargo, de la tortura persistente y profunda provocada por un absceso en la muela del juicio inferior izquierda. No murió de esa dolencia, desde luego. Nadie conoce, hasta ahora, la causa de su muerte. Pero muy querida debió haber sido, o muy reverenciada, o ambas cosas pues, cuando dejó de respirar, sus gobernados aderezaron su cuerpo con dieciocho collares de oro, plata, lapizlázuli, cuarzo y turquesa, le colocaron treinta adornos --narigueras, diademas y coronas-- de oro, plata y cobre, lo frotaron a conciencia con una sustancia que la mayoría de las fuentes denominan sulfato de mercurio (HgSO4) pero que sería en realidad, según dos de ellas, cinabrio, es decir, sulfuro de mercurio (HgS), el mismo maquillaje venenoso que se aplicó, mil años después, y a miles de kilómetros al noreste de allí, a la Reina Roja de Palenque. Otra vez el cinabrio, sangre exterior y vida roja de los muertos.
Se cubrió su rostro con un paño de algodón y con un cuenco de cobre dorado. El cadáver fue amortajado en una manta de algodón natural, cubierta a su vez por placas de metal, y a sus costados se le colocaron dos enormes cetros de madera forrados de cobre, símbolos de poderío. El fardo resultante, de 180 centímetros de largo y más de cien kilos de peso, fue recubierto con 20 vueltas de una segunda tela basta y se dio firmeza al envoltorio con la colocación de 23 estólicas de madera envueltas en cobre, colocadas en forma perpendicular al cuerpo.
Se hizo descender el amasijo, con ayuda de cuerdas, por un socavón en el que se sacrificó a una muchacha de 15 años, cuyo cuerpo fue dispuesto al lado derecho de la homenajeada. El recinto fue adornado con piezas de alfarería --entre las que destaca una botella escultórica que muestra a dos mujeres adultas que se miran frente a frente, y una de las cuales da de lactar a una pequeña--, y cubierto con maderos de algarrobo sobre los cuales se colocó una capa de cañabrava. Éstas y otras cosas han sido halladas en un patio policromado situado entre antiguas pirámides de barro en la huaca (centro ceremonial) de Cao Viejo, en el actual complejo arqueológico El Brujo.
El hallazgo fue realizado por Régulo Franco, jefe de arqueólogos de la Fundación Augusto N. Wiese, en el marco de una investigación conjunta entre ese organismo y la Universidad Nacional de Trujillo, y dado a conocer en junio pasado. Martín Huancas Chinga, de El Comercio de Lima, afirma que Franco tiene como chamán a un tal Arturo Cervantes Cervantes, alias Kúntur, quien a su vez habría tenido contacto con la gran enterrada, antes de su hallazgo arqueológico, en el curso de rituales con la planta alucinógena conocida como “San Pedro”: “La Señora de Cao se presentaba en andas o danzando en plena ceremonia”, afirmó el brujo, y dijo que en una sesión de esas “se determinó la ubicación exacta de la tumba”. Ve tú a saber.
Lo que no está en duda es que esta joven difunta gobernó una comunidad perteneciente a la cultura moche, o mochica, que existió en los valles de la costa norte del Perú a lo largo de 800 años (desde el 200 A.C hasta el 600 D.C.), que desarrolló complejos sistemas hidráulicos, centros ceremoniales impresionantes (Huacas del Sol y de la Luna, Pañamarca, Huaca Cortada, Mallocope, Miraflores…), una cerámica que no tiene su madre y un primoroso trabajo en metales.
14.10.06
Lucy, según Holub, según Luna

que el gran escritor e inmunólogo checo escribió a Lucy, publicado en inglés en Discover en mayo de 1982. Además, Rogelio se tomó la molestia de traducirlo. Lo comparto:
Lucy,
blessed among women,
three million years ago,
when there no were legends,
just the loving search for dandruff in fur,
was waiting for someone
on the shore of the lake,
no one came but death,
the appropriate death for the species
Australopithecus afarensis,
a four-foot death with man’s step
and a monkey’s skull.
Lucy ─excavated,
Partly assumed into heaven,
After some filling with plaster,
The forgotten nursery rhyme,
Eeny meeny miney moe─
Is still waiting.
And so are we, maybe,
despite shortages of plaster,
And so are we,
with Pliocene hopelessness
on the shore of the lake.
And maybe they’ll find us one day,
when people finally exist.
Hominización
Lucy,
bendita entre las mujeres,
tres millones de años atrás,
cuando no había leyendas,
sólo la búsqueda amorosa
de la caspa entre la piel,
estaba esperando a alguien
a la orilla del lago,
nadie llegó sino la muerte
la muerte adecuada para la especie
Australopitecus afarensis,
Una muerte en cuatro patas con un paso de hombre
y un cráneo de mono.
Lucy, ─desenterrada,
en parte integrada al cielo,
la olvidada canción de cuna
eeny meeny miney moe─
sigue esperando.
Y también nosotros, quizá,
a pesar de la falta de cemento,
Y también nosotros,
con la desesperación del Plioceno,
a la orilla del lago.
Y tal vez nos encuentren ellos algún día,
cuando la gente finalmente exista.
11.10.06
La epidemia Bush
- 2.5 de cada 100 iraquíes han muerto
- Polémica en torno a una carnicería

Es una bonita cifra. Con 655 mil dólares cualquiera puede aspirar a un retiro cómodo; con 655 mil hombres es posible invadir y ocupar un país de tamaño mediano; con 655 mil cabezas de ganado es posible asegurar las proteínas de una nación entera. Por desgracia, el guarismo se refiere a muertos: es el número de organismos humanos destruidos entre marzo de 2003 y julio de 2006 en la guerra de Bush en Irak. O sea, un promedio de 500 muertes violentas todos los días.
Esto dice un informe de la John Hopkins Bloomberg School of Public Health: que el 2.5 por ciento de la población del país ha sido eliminado como consecuencia de la guerra y que los soldados invasores han matado a uno de cada cien iraquíes que se encontraban vivos en marzo de 2003. Es parte del precio que los gobernantes estadunidenses y británicos le cobran a Irak por librarlo de Saddam Hussein, llevarlo a la modernidad democrática e insertarlo en una senda de progreso, paz y bienestar. Otra parte se paga en petróleo, contratos para Halliburton y ubicación estratégica en Medio Oriente. Lo bueno para todos es que la Casa Blanca no cobra de contado, sino que permite a los beneficiarios saldar su deuda en mensualidades: 15 mil cuerpos al mes, 500 diarios. Aún se desconoce la suma total de la operación. Hay que tener en mente, además, los casi tres mil invasores muertos y el número incierto de contratistas, funcionarios internacionales, periodistas y activistas extranjeros que han fallecido en el conflicto.
Por lo pronto, el asunto parece un buen negocio: que cinco iraquíes -todos cuentan: hombres, mujeres, ancianos, niños, kurdos, sunitas, chiitas, cristianos, gays y bugas, rubios y morenos, gordos y flacos, altos y bajos- se sacrifiquen para que otros 195 alcancen la felicidad terrenal. Para disponer de mejores elementos de juicio sería necesario, sin embargo, realizar otro estudio que nos dijera la proporción de los que fallecen en forma instantánea y venturosa (un balazo en mitad de la frente, el impacto de un misil, el estallido cercano de un coche bomba), cuántos se quedan unas horas o unos días, con las tripas al aire, a la espera de la oscuridad definitiva, y cuántos deben partir al otro mundo por el camino largo y difícil de Abu Ghraib y otros mataderos de ese estilo.
El número de las bajas iraquíes en la guerra de Bush es motivo de polémica. En las primeras semanas de la invasión el general Tommy Franks, del Comando Central de Estados Unidos, dijo que su tarea no era contar cadáveres. Ante ese vacío de información, y con la experiencia previa de Afganistán, surgió la iniciativa Iraqi Body Count (IBC), que ha venido realizando desde entonces un conteo basado en “una revisión exhaustiva de reportes de medios en línea procedentes de fuentes reconocidas”. Al día de ayer, IBC consignaba en su página web un mínimo de 43 mil 850 y un máximo de 48 mil 693 civiles muertos a consecuencia de la invasión estadunidense y señalaba que la tasa de defunciones “ha crecido en forma inexorable durante la presencia militar que encabeza Estados Unidos en Irak desde la invasión. IBC registró 6 mil 331 muertes entre el primero de mayo de 2003 y el 19 de marzo del año posterior; 11 mil 312 en el año posterior (20 de marzo de 2004 al 19 de marzo del 2005) y 12 mil 617 del 20 de marzo de 2005 en el periodo siguiente.
En abril de este año la organización Media Lens cuestionó con virulencia el trabajo de IBC y acusó a esa iniciativa de fabricar cifras aceptables para los partidarios de la guerra y la ocupación. La polémica --en la que parecen conjuntarse contrastes ideológicos, diferencias metodológicas y choque de personalidades-- sigue viva.
A diferencia de IBC, la Bloomberg School no se basó únicamente en un conteo de casos específicos, sino que realizó además un estudio estadístico de la mortalidad en la población de Irak antes y después de la incursión extranjera, y concluyó que en ese país se han registrado, de marzo de 2003 a julio de 2006, 654 mil 965 muertes “adicionales”, que el 91.8 por ciento de ellas ocurrieron en circunstancias violentas y que el 31 por ciento eran atribuibles a las fuerzas angloestadunidenses.
“Desde enero de 2002 y hasta la invasión en 2003, prácticamente todas las muertes en Irak se debieron a causas no violentas […] Las tasas de esta clase de fallecimientos se mantuvieron sin cambios desde los niveles previos a la invasión hasta 2006”, señala el estudio; “la tasa bruta de mortalidad posterior a la invasión duplica a la anterior, lo que nos coloca ante una emergencia humanitaria”, agrega el documento, divulgado por la revista médica The Lancet.
Podría resultar un tanto gracioso, si no fuera una realidad nauseabunda, que la aventura militar de la Casa Blanca sea abordada en una manera que recuerda los estudios epidemiológicos: ahí está el documento, desplegado en el sitio de The Lancet, entre informes sobre oncología y consumo de alcohol en pacientes críticos, en una revista médica que nunca ha sido filocomunista, y elaborado por una institución a la que nadie podría acusar de haberse vendido al “islamofascismo”, esa idiotez de término inventado por los halcones estadunidenses para justificar su cruzada.
A la luz de estas cifras, se comprueba que es injustificado, exagerado o por lo menos prematuro, comparar con Hitler al gobernante estadunidense: el primero consiguió liquidar a seis millones de judíos, dos de cada tres de los que había en Europa hacia 1933; en cambio, el segundo apenas ha logrado eliminar a dos centésimas partes de la población iraquí, equivalente a una décima parte de los hebreos asesinados por el alemán. En todo caso, no puede negarse que George Walker ha dado muestras indiscutibles de talento para el exterminio. Tal vez sea cuestión de darle tiempo. Y si algún nazi se siente ofendido con la comparación entre --dirá-- el trabajo metódico, riguroso y planificado del Führer y el de este texano chapucero según el cual la mayor parte de las muertes que ha causado son por error, o meras “bajas colaterales”, hay que preguntarse si la justificación no se debe a un exceso de modestia; porque es difícil, e incluso extremadamente improbable, dar muerte a 650 mil, o a 40 mil, o a mil personas, por equivocación.



















