23.8.07

Morir en el melting pot


  • Ejecución número 400
  • Colombia: 20 años de paramilitarismo

Parece ser que la primera vez que se usó la expresión melting pot (crisol) para referirse a los distintos orígenes étnicos y culturales que confluyen en la población estadunidense fue en la obra homónima del escritor sionista Israel Zangwill, estrenada en 1908 en Washington, y que es una suerte de adaptación de Romeo y Julieta al contexto de la inmigración rusa en Estados Unidos: los personajes centrales son David Quixano, de origen judío, y Vera, de familia cristiana. Asimismo, The Melting Pot antecede en medio siglo al célebre musical West side story, en el que se desarrolla una historia de amor entre Tony, un polaco-estadunidense, y María, una puertorriqueña. Años más tarde la corriente multiculturalista impugnó las apologías del melting pot señalando que la asimilación cultural al universo anglosajón parecía más licuadora que crisol en la medida en que despojaba a las minorías de su identidad. Un dato interesante es que las primeras odas a la licuadora cultural hacían referencia a los ingleses, a los escoceses, a los irlandeses, a los holandeses, a los germanos, a los suecos y a los italianos, pero solían omitir a los negros y a los latinoamericanos.

Noticias del melting pot: un joven descendiente de esclavos negros introducidos al actual territorio estadunidense por mercaderes holandeses es acusado de asaltar una tienda y de asesinar en la acción a su propietaria, una inmigrante vietnamita que roza la cincuentena. Un cliente de la tienda, de origen latinoamericano, y quien resulta herido en el hombro, cree identificar a Johnny Ray Conner como el agresor. Otros dos testigos coinciden en la identificación y concuerdan en que el asesino escapó, corriendo, del lugar del crimen.

Los tres testimonios divergen radicalmente sobre la manera en que iba vestido el asesino y ninguno de ellos hace mención a alguna discapacidad evidente en el imputado. Días más tarde, la policía encuentra, en los alrededores de la tienda asaltada, una lata de refresco con una huella digital perteneciente a Conner, quien resulta ser un reincidente con una larga historia de delincuencia juvenil. Se arresta al muchacho –de 23 años, para entonces—, y con una celeridad escalofriante un jurado lo declara culpable y un juez lo condena a muerte. La justicia pasa por alto inconsistencias escandalosas en los testimonios, como el hecho de que Johnny cojea de manera ostensible debido a una reciente fractura ósea, un detalle que no fue mencionado por ninguno de los testigos cuando refirieron la forma en que el criminal escapó del sitio. La ejecución de Johnny Ray Conner estaba programada para las últimas horas de ayer, en el mortífero condado de Harris, Texas. Es muy posible que, para cuando nos encontremos en estas líneas, la temperatura en el cuerpo del reo haya descendido hasta igualarse con la del ambiente.

Johnny Ray Conner

Esto sería sólo una historia corriente, no la más aberrante de todas, en el largo historial de asesinos institucionales de buena parte de los estados que conforman la Unión Americana. La singularidad de Johnny no radica en la precariedad de las acusaciones con base en las cuales fue sentenciado a la pena capital, ni el racismo y el clasismo con que operan los jueces que controlan la aguja de los venenos en el país vecino, sino su lugar en la estadística: si Conner amaneció muerto hoy, su deceso fue el número 400 en Texas desde el restablecimiento de la pena de muerte en Estados Unidos, en 1976.

Ante la inminencia de que la tierra de George W. Bush alcanzara ese récord redondo, la Unión Europea dirigió al gobernador de Texas, Rick Perry, un llamado a que detuviera las ejecuciones, le pidió que diera un descanso a la jeringa y señaló: “No hay evidencia alguna que sugiera que el uso de la pena de muerte sirve como disuasión a la criminalidad violenta y lo irreversible del castigo significa que los extravíos de la justicia, inevitables en todo sistema legal, no pueden ser corregidos”.

En una respuesta por medio de su vocero, Perry se insolentó: “Hace 233 años nuestros abuelos pelearon una guerra para expulsar el yugo de una monarquía europea y lograr la libertad de la autodeterminación [...] Los texanos decidieron hace mucho tiempo que la pena de muerte es un castigo justo y apropiado para los crímenes más horribles cometidos contra nuestros ciudadanos [...] Para hacer las leyes de nuestro país no nos basamos en la opinión internacional”. Cosas parecidas decían, en su momento, Augusto Pinochet y Slobodan Milosevic. Lo más terrible del caso es que el mandatario republicano puede sentirse tranquilo en un país en el que dos de cada tres ciudadanos siguen pensando que asesinar a los asesinos es una práctica muy correcta, por más que la inyección venenosa se aplique de cuando en cuando en las venas de individuos inocentes. En ese contexto, cualquier político sabe que una opinión en contra de esta porquería moral se traduce, invariablemente, en una perceptible pérdida de votos.


La sonrisa de Perry

Por lo que respecta a Texas, es posible que la fábrica de cadáveres que funciona en el condado de Harris –una de las pocas empresas del estado que no se ha vuelto negocio particular en el marco de la privatización de casi todo— esté empezando a generar cierta sensación de asco entre la población, porque entre 1999 y 2005 el respaldo a la pena de muerte entre los texanos pasó de 68 a 60 por ciento. Y se pregunta uno cuántas sesiones de degradación en la cámara de ejecuciones faltan todavía antes de que ese apoyo empiece a ser minoritario.

Y a otra cosa. Se cumplen 20 años de los asesinatos de Luis Fernando Vélez, Héctor Abad Gómez, Leonardo Betancur Taborda y Pedro Luis Valencia Giraldo, en Medellín, Colombia. El primero era líder del Sindicato de Institutores de Antioquia; el segundo era médico y presidía el Comité de Derechos Humanos de ese departamento; el tercero era vicepresidente de ese organismo. Los tres eran profesores de la Universidad de Antioquia y sus nombres habían aparecido poco antes en una lista negra divulgada por un grupo de paramilitares. Recuerda Martha Helena Montoya que poco antes de su muerte, Abad Gómez le había dicho en una conversación telefónica: “Martha, ya tocamos fondo; ¿qué más puede seguir ahora?” Lo que siguió fue “ver su rostro en medio de un charco de sangre, su camisa blanca toda manchada, y su esposa de rodillas ante el cadáver, recogiendo la sangre con un pañuelo y preguntándole con estupor a su hija si alguna vez había pensado que eso les llegaría a pasar”.

Hoy, 20 años después, el bando moral de los asesinos de esos luchadores es gobierno en Colombia. Gracias a las distorsiones monstruosas en la institucionalidad del país, los paramilitares lograron instalar a un parapresidente: Alvaro Uribe Vélez.

Este navegante repetirá de viva voz las edificantes historias papales contadas recientemente en este espacio. Organiza el Grupo Brujularte, de Elena, Laura, Juan y Fabián. La cita es el viernes próximo (día 24) en Tacuba 53, Centro Histórico, a media cuadra de la estación Allende del metro, a las 19 horas. Nadie está vetado, pero si Valdemar y Norberto desean evitarse entripados adicionales, les sugiero que no vayan.

11 comentarios:

nadha dijo...

He sumado a tu retrato, el recuerdo emocional de la Milla Verde. Doloroso.

Roque Nuevo dijo...

Hola Pedro,

La pena de muerte en Texas. Un tema demasiado fácil para exhibir la propia superioridad moral y crítica. Garantizado de ganar la simpatía de los lectores bien pensantes a lo largo del mundo. Parece que existe alguna regla heurística por ahí en los manuales de los moralistas, de manera que "cuando haya duda, critica la pena de muerte en Texas". Sin embargo, lo hiciste muy bien (aunque comparar a Rick Perry con Milosevic se leería por algunos como exagerado). Gracias.

Está bien que en México la gente no puede votar acerca de esto como lo pueden hacer en Texas, porque probablemente tendríamos la pena máxima aquí también. Por esto, nos tenemos que conformar con los linchamientos, las ejecuciones extra-judiciales, como dicen, de la judicial y la vendetta.

Un abrazo. Por una moralidad sin dilemas morales.

PD: ¿Cómo va el naranjo?

marichuy dijo...

Pedro
La respuesta de Perry pinta en toda su magnitud la soberbia de los gobernantes estadounidenses en general, no solo la suya. Si el gobierno de Bush desoye sistemáticamente a la ONU, a la opinión internacional -como diría el innombrable-, “ni la ven ni la oyen”.

Un abrazo

Roque Nuevo dijo...

Hola Pedro,

Perdón por el tono sarcástico de mi comentario anterior. En serio. No quiero faltarte al respeto.

No más quiero hacer notar que la declaración de la Unión Europea es poco honrada. Decir que "No hay evidencia alguna" que la pena de muerte sirva de disuasión... soslaya toda una polémica y--más importante--las casi insuperables dificultades para llevar a cabo estudios serios al respecto. Cabe mencionar que sí existe tal "evidencia", aunque puede ser criticado, asimismo sí hay "evidencia" al contrario, aunque puede ser criticado.

Por otro lado, tratándose de tono moralista de la declaración de la UE, hay encuestas de opinión de los Europeos que muestran apoyo para la pena de muerte, como seguramente habría aquí en México (aunque no conozco las encuestas al respecto). Para mencionar un ejemplo, en Francia, en 2006, el 41 por ciento apoyan la pena de muerte, mientras el 52 por ciento la oponen. En otros países los porcentajes son un tanto diferentes, con algunos a favor, ligeramente. Y así. Me atrevo a decir que los porcentajes en los EEUU sería muy parecidos, incluso en Texas. Más o menos se divide la población a la mitad. La diferencia entre Texas y los países de Europa es que en Texas la opinión pública se puede derivar en leyes. En Europa las leyes se hacen (en general) por una elite, igual que acá en México.

Perdón por aburrirlos con esto. Sólo quiero hacer notar que es fácil tomar juicios moralistas fuera de cualquier contexto. Es más difícil tomarlos con el contexto de un gobierno que pretende responder al público. Por esto, por más que se burlen de Perry, él tiene razón. ¿Te parece que para el gobernador del estado debe pesar más la opinión de una elite europeo que la de su propio público?Tal vez sí. No sé, realmente. Pero sí sé que las reglas de la política dizque demócraticas determinan que si lo hiciera, muy poca gente votaría por él. Además, ni tiene las facultades para eliminar la pena de muerte. Esta decisión se tomaría por la legislatura del estado.

En cuanto a la moralidad de la pena de muerte, no he opinado para nada. Para mí se trata de un dilema, cuando se tiene que sopesar los derechos de los acusados con los derechos de los víctimas, junto con los derechos de la sociedad en sí. Por esto, algunos días estoy a favor, otros en contra. ¿Estoy mal en pensar que la gente que toman juicios tan tajantes son mal informados o víctimas de una "falsa conciencia" ideológica?

Un abrazo

Pedro Miguel dijo...

La Milla Verde, Nadha, se me había olvidado cuánto sufrí con esa película, a la que en México le pusieron, si mal no recuerdo, Milagros inesperados. Hay historias aún más repulsivas. Ya las iré contando.

Marichuy: Pues sí, y hoy el gobierno de Estados Unidos es, según diversos organismos internacionales, el más grande violador de derechos humanos en el mundo. Ah, pero qué bonito predica derechos humanos ante Irán y Venezuela.
Abrazo.

Roque Nuevo: Oye, no me molesta el sarcasmo, sino la torpeza del pensamiento. Mira, a mí no me interesa "exhibir la propia superioridad moral y crítica" sino denunciar canalladas, y la validez de la denuncia no reside en que ésta sea "fácil" o "difícil", sino en que sea verdadera o falsa. "Fácil" o "difícil", he denunciado las ejecuciones y las detenciones de disidentes en Cuba, y no quiero que La Habana se contente con decir "qué fácil": quiero que deje de matar y que deje de encarcelar; he denunciado las ejecuciones en Irán, no para mostrar mi "superioridad moral" sino porque creo que en alguna medida los gobiernos se preocupan por su imagen internacional y porque mientras más sucia la tengan, más se les dificulta cometer barbaridades. Pero tú no has saltado a criticar mi crítica por "fácil" cuando he hablado de esos asuntos; no has brincado a defender a Fidel o a los ayatolas como "gobiernos que pretenden responder al público". Defiendes nada más a los texanos, así que los "dilemas morales" y las "falsas conciencias ideológicas", están en ti, no en mí.

Déjate de subterfugios y de "casi insuperables dificultades para llevar a cabo estudios serios al respecto": la pena de muerte es un asesinato legalizado y una hijodeputez indefendible y bárbara, así la ordene un estadunidense, un mexicano, un ruso, un chino, un israelí, un cubano o un iraní. Si no has entendido eso, te pasaron de noche los arduos avances éticos ocurridos en el Siglo XX.

De Perry: se ganan elecciones para gobernar, no se gobierna para ganar elecciones. Se gobierna para impulsar el desarrollo civilizatorio de la sociedad, incluso si para eso hay que ir a contrapelo de las miserias mentales de esa misma sociedad. Rápido y "fácil", vé el caso de México, un país en el que la corrupción es, más que una práctica oficial, un cáncer social. No es que la gente diga en las encuestas que está a favor de la corrupción, pero en los hechos, si un gobierno se propusiera erradicarla, se volvería sumamente impopular. Pues al carajo la popularidad: eso necesitamos y eso hay que hacer. En el caso de Texas, el gobernante tiene el deber de decirles a sus gobernados que constituyen un serial killer state y una impresentable institucionalidad de salvajes.

Un abrazo.


P.D.: Compré un polvito antihormigas y lo puse en el naranjo como si fuera talco en las nalgas de un bebé. A ver...

nadha dijo...

Historias contra los derechos humanos. Me voy a la cama en breve. Aún no he tenido tiempo para para investigar en los último... Te dije que todos los audios bien ¿? Pues sí :)
Besos PM.

Anónimo dijo...

Hola, Pedro:
Estoy de acuerdísimo contigo: la contundencia de la pena de muerte prescinde de discusiones teóricas y un tanto pedantes.
Por otro lado, creo que hay algo de idealismo en tu afirmación de que "se ganan elecciones para gobernar, no se gobierna para ganar elecciones". El caso más claro lo tenemos aquí, con Calderón, a quien, de facto, legitiman los que no votaron por él con el paso del tiempo y la aceptación silenciosa.
Un saludo,
la que sigue buscando, etc.

Roque Nuevo dijo...

Hola Pedro,

No quiero abusar de tu paciencia. Tuve dudas en volver a responder por eso. Por esto, voy a empezar con lo realmente importante: tu naranjo. Pon el polvo en el suelo alrededor del arbol, si es que no lo hayas hecho. Mejor, busca el nido de esos cabrones y ponlo allí. En una semana, me vas a poder reportar que has visto brotar nuevas hojas.

Obviamente no tenías que responder a lo de "la propia superioridad moral" y demás. Ya te había pedido perdón por eso. Alguien dijo alguna vez que era "una bajeza" seguir contra alguien que había pedido una disculpa. ¿Recuerdas? Pero no importa. Te acepto todo esto como mi merecido.

No te voy a criticar tu crítica a la pena de muerte en Irán, Cuba y demás. La razón es que en Irán aplican la pena de muerte a mujeres dizque adúlteras, a homosexuales y demás y en Cuba a disidentes. En Texas, la aplican a los que asesinan con saña, a los que asesinan por dinero y por el estilo. A mí me importa esta distinción. Tal vez se trata de falsa conciencia. Que se trata de un dilema moral lo admito, por supuesto. Esto mismo fue el tema de mi comentario pasado. Que veo un dilema moral donde tú ves claridad.

Esto es por el asunto de la disuasión. Si es verdad que, como algunos estudios concluyen, aunque discutiblemente, (por las mismas dificultades estadísticas) que una ejecución previene tantos otros asesinatos, entonces para mí esto representa un dilema moral. Ya no sé si pesan más el derecho de vida de un asesino o los derechos de los que hubieran muerto sin el efecto de disuasión de la pena de muerte. Estadísticas y "casi insuperables dificultades" aparte, suena razonable que el miedo disuade y que el peor miedo disuade mejor. La muerte representa el peor miedo por la mayoría de la gente. Entonces ¿cómo refuto esta lógica?

Estoy de acuerdo que la pena de muerte es un asesinato legalizado. Pero no un hijodeputez. Esto es porque matar en defensa propia, matar en la guerra y el aborto también son asesinatos legalizados. No son hijodeputeces. Son justificables, de alguna manera, moralmente. El problema que tengo con la pena de muerte es que hay maneras de justificarla moralmente, como dije, porque podría salvar vidas inocentes, por medio de la disuasión.

¿Honestamente crees que soy víctima de "falsa conciencia" aquí? No veo ideología, sino un ejercio de razonamiento. Claro que si defiendo la pena de muerte, por cualquier razón, me voy a alinear con gente que sí tiene una ideología y son gente que tú con justificación desprecias. Pero esto no significa que comparto su ideología en su totalidad. Te puedo asegurar que no es así. Por ejemplo, no me imagino que los tejanos apoyen la pena de muerte por ningún proceso de razonamiento, sino por puro odio y venganza. No soy así. Aunque no tengo una posición fija acerca de esto (como te había dicho), no puedo evitar si un proceso de razonamiento me lleva a la misma posición que ellos. Entonces tendría que compartir una posición con gente con que no simpatizo para nada en otros ámbitos de la ideología y de la vida. Por ejemplo, comparto contigo el apoyo al derecho de abortar, pero no en la prohibición de la pena de muerte. Con la gente de Texas, estoy al revés que contigo. Y así. Mi falsa conciencia está bastante indefinida, según la vivo yo. Me interesa si tú ves lo contrario.

Un abrazo

Pedro Miguel dijo...

Nadha: Uno debe empezar por el respeto a los derechos humanos de sí mismo, y eso implica no desvelarse demasiado :)

De los audios: me los estoy devorando. Allá te comento.

Buscadora: Tienes toda la razón: me expresé mal y tendría que haber hablado de lo que debe ser, no de lo que es. Las elecciones se ganan para gobernar, pero no se debe gobernar para ganar elecciones.

En cuanto a Calderón: tal vez el silencio no sea legitimación cómplice sino agotamiento en el que se larvan nuevos momentos de lucha. En todo caso, creo que aquí ni siquiera se gobierna para ganar elecciones (porque no necesitan ganarlas: hacen fraude); se gobierna para robar.

Un abrazo.


Roque nuevo:

Aplico tus consejos al pie de la letra. En unos días más el naranjo florecerá, o bien un tribunal de hormigas me estará juzgando en La Haya por crímenes de guerra.

Perdón por responder a la sátira, pero no entendí bien de qué te disculpabas. Por lo demás, ante la larga lista de cosas que habría que refutarte, me rindo de antemano y te ofrezco sólo tres ejemplos:

1.- ¿en Cuba aplican la pena de muerte a disidentes? ¿De dónde sacaste el dato? Porque en Cuba los (atroces) tribunales populares y los (bárbaros) fusilamientos que les siguieron terminaron muchos años antes de que Estados Unidos aboliera las anti-miscegenation laws. Los tres fusilados más recientes (2003)no fueron sentenciados por disidencia política, sino por secuestrar un barco repleto de pasajeros. Antes (en 2000) fusilaron a unos multihomicidas, y antes, a unos narcotraficantes, incluidos dos altos mandos. El no estar de acuerdo con esas ejecuciones --yo no lo estoy-- no es justificación para decir mentiras.

2.- ¿Es lo mismo matar en combate que envenenar a un pobre diablo indefenso amarrado a una camilla? ¿La destrucción de un manojo de células es un "asesinato legalizado", monseñor Roque nuevo? Si el aborto es un asesinato, comerse una berenjena es canibalismo.

3.- ¿En Texas aplican la pena de muerte "a los que asesinan con saña y por dinero" o a los que no lograron acuedos con la fiscalía, a los deficientes mentales y a los que no tenían suficiente dinero para pagar una buena defensa y que son, en una proporción desmesurada en relación con la composición demográfica, negros y latinoamericanos?

La almendra del desacuerdo es la siguiente. Dices: "La muerte representa el peor miedo por la mayoría de la gente. Entonces ¿cómo refuto esta lógica?" Pues no se trata de refutarla, fíjate tú, sino de superarla. En Canadá y en Europa occidental no hay pena de muerte y ninguna de esas regiones tiene, ni de lejos, una tasa de criminalidad violenta tan alta como la de Estados Unidos. ¿Cómo refutas esa lógica? Pues bien: La criminalidad se combate con desarrollo social --reducir la pobreza, la marginación, las adicciones, la insalubridad, la falta de educación-- o con miedo. Pero por la segunda vía, el gran ejemplo no es Perry, sino Hutzilopochtli, y la disuasión funcionaría mejor si además de inyección venenosa se estableciera la amputación de las manos, el vaciado de los globos oculares y el aplastamiento de pezones y testículos.

Un abrazo.

Anónimo dijo...

La Pena de Muerte

por María Elena Walsh


Fui lapidada por adúltera. Mi esposo, que tenía manceba en casa y fuera de ella, arrojó la primera piedra, autorizado por los doctores de la ley y a la vista de mis hijos.
Me arrojaron a los leones por profesar una religión diferente a la del Estado.
Fui condenada a la hoguera, culpable de tener tratos con el demonio encarnado en mi pobre cuzco negro, y por ser portadora de un lunar en la espalda, estigma demoníaco.
Fui descuartizado por rebelarme contra la autoridad colonial.
Fui condenado a la horca por encabezar una rebelión de siervos hambrientos. Mi señor era el brazo de la Justicia.
Fui quemado vivo por sostener teorías heréticas, merced a un contubernio católico-protestante.
Fui enviada a la guillotina porque mis Camaradas revolucionarios consideraron aberrante que propusiera incluir los Derechos de la Mujer entre los Derechos del Hombre.
Me fusilaron en medio de la pampa, a causa de una interna de unitarios.
Me fusilaron encinta, junto con mi amante sacerdote, a causa de una interna de federales.
Me suicidaron por escribir poesía burguesa y decadente.
Fui enviado a la silla eléctrica a los veinte años de mi edad, sin tiempo de arrepentirme o convertirme en un hombre de bien, como suele decirse de los embriones en el claustro materno.
Me arrearon a la cámara de gas por pertenecer a un pueblo distinto al de los verdugos.
Me condenaron de facto por imprimir libelos subversivos, arrojándome semivivo a una fosa común.
A lo largo de la historia, hombres doctos o brutales supieron con certeza qué delito merecía la pena capital. Siempre supieron que yo, no otro, era el culpable. Jamás dudaron de que el castigo era ejemplar. Cada vez que se alude a este escarmiento la Humanidad retrocede en cuatro patas.

Pedro Miguel dijo...

Uf... La entrañable María Elena. Gracias, Anónimo.