12.3.13

Sus primeros 100 días


A cien días de asumir la Presidencia, Enrique Peña Nieto ofreció resultados a la oligarquía que lo impuso en el poder y al resto de la sociedad le ofreció un repaso de sus promesas de campaña. En lo inmediato, Peña logró uncir a la formalidad política del país –una cáscara rajada y cada vez más precaria– al proyecto de gobierno: un “gobierno fuerte” instituido sobre la base, según se quiera ver, de “acuerdos y consensos” o bien de negociaciones para repartir prebendas y cuotas entre tres franquicias electorales, las mayores, que se representan muy bien a sí mismas; consiguió, además, imponer una reforma educativa privatizadora y contraria al sentido constitucional de la enseñanza gratuita; por añadidura, empezó a gestionar la agenda de venganzas políticas de su mentor, Carlos Salinas, mediante el encarcelamiento de Elba Esther Gordillo y el descobijo de Ernesto Zedillo, a quien Calderón dejó en herencia una solicitud de impunidad ante la justicia estadunidense; asimismo, el régimen se apresta a establecer nuevas reglas de arbitraje y mediación entre los consorcios que se reparten el grueso de las telecomunicaciones del país con el propósito de impedir enfrentamientos entre éstos, mas no para democratizar en modo alguno el acceso a los medios ni para desmontar la red mafiosa que vincula a los concesionarios con las facciones principales de la clase política. La apertura, en todo caso, no será hacia la sociedad sino hacia los capitales mediáticos extranjeros.

Fuera de esos logros, que constituyen buenas medidas de afinación y ajuste para que el régimen oligárquico siga funcionando, el resto es una andanada de promesas huecas y gestos demagógicos y ofensivos, como esa “cruzada contra el hambre” –que es en realidad un perfeccionamiento de los mecanismos electoreros para cambiar comida por votos para candidatos oficialistas–, o como la transformación del “70 y más” en una limosna para mayores de 65 años, una imitación reducida, devaluada y atrasada de la pensión universal para adultos mayores que propuso López Obrador en 2006. La medida es esclarecedora por cuanto constituye un ejemplo de lo que Peña y su grupo consideran “un piso básico de bienestar social en el que todos los mexicanos tengan cubiertas sus necesidades elementales”: 17.50 pesos diarios, es decir, 38 centavos de dólar por encima de la línea trazada a tontas y a locas por el Banco Mundial, hace ya algunas décadas, para definir el umbral de pobreza extrema.

Particularmente patética es la alharaca peñista sobre las medidas contra la delincuencia y la violencia, habida cuenta que esos dos fenómenos se mantienen en los mismos niveles a los que fueron llevados por el calderonato y, lo más triste, que no hay perspectiva alguna de que amainen porque son expresiones de la extremada descomposición del régimen político y de la doctrina económica imperante.

Otro “logro” de entre los enumerados es que “se está trabajando en una Ley Nacional de Responsabilidad Hacendaria y Deuda Pública” para “prevenir el endeudamiento excesivo de algunas autoridades”. Se sospecha que algunas entidades gobernadas por priístas se endeudaron en forma obscena en 2011 y 2012 justamente para sufragar los astronómicos gastos de campaña del orador; la promesa, entonces, es tapar el pozo una vez que se ha ahogado en él la democracia.

Entre la repetición de promesas de campaña que se oyen mal en boca de alguien que se ha mandado a hacer tarjetas de presentación con el título de presidente de la República, Peña tuvo un detallazo para con los jefes del PAN y del PRD: les agradeció que se hayan comprometido “con los cambios que necesita el país”. El gesto fue como exhibir las cabezas disecadas de los respectivos dirigentes en el salón de trofeos del Palacio de las Cooptaciones. Lo gracioso es que ahora las piezas expuestas dicen con voz lloriqueante que cómo es posible que ahora resurja el poder absoluto y el autoritarismo, o bien que no ha cambiado nada, y que no, que qué barbaridad, que esto no tiene nada que ver con lo que ellos mismos firmaron.

12.2.13

Papam non habemus


Él adujo motivos de edad y de salud pero llama la atención que el primer Papa dimitente en siglos sea, también, un pontífice sumamente inepto que causó daños severos a la iglesia católica. Si se trataba de la relación con otros cultos cristianos o con otras religiones, Jospeh Ratzinger solía meter la pata y muchas de sus declaraciones, lanzadas desde la razón escolástica, si no es que patrística, causaron irritación justificada entre musulmanes, judíos y protestantes; en el ámbito político el ahora renunciante no fue capaz de formular una definición clara; en el terreno administrativo el Papa alemán mantuvo intacta, para mal, la proverbial opacidad del Vaticano, en un entorno planetario que reclama transparencia, y lo hizo en forma tan torpe que se le escaparon documentos escandalosos nada menos que por vía de su mayordomo, Paolo Gabriele; en lo social el papado de Benedicto XVI ha sido tan repelente como el de su antecesor a los dramas causados en el mundo por el modelo neoliberal y se ha conservado como activo promotor de la discriminación contra las mujeres y las minorías sexuales.

Peor aun, a pesar de las fuertes declaraciones, la iglesia católica no ha querido o no ha podido actuar con dignidad, verdad y justicia ante el patrón de abusos sexuales cometidos por miles de sus integrantes en contra de mujeres y menores de ambos sexos, lo que se ha convertido en una de las razones máximas del descrédito del clero afiliado a Roma.

Pero las mayores catástrofes del catolicismo en tiempos de Ratzinger ocurren en los ámbitos de la catequesis, la pastoral y el trabajo apostólico. El Vaticano ha abandonado a su suerte a los prelados y a las organizaciones católicas que buscan mejorar las condiciones de vida de los fieles y atenuar el sufrimiento social, y ha sido incapaz de enfrentar el avance de otros cultos y religiones en los mercados espirituales tradicionalmente católicos. En los casi ocho años del pontificado de Ratzinger, millones de católicos han transitado a las más diversas variedades de protestantismo, budismo e islam, y muchos más han caído en garras de esas empresas transnacionales que, disfrazadas de religiones, realizan negocios inescrupulosos aprovechando la credulidad y la ignorancia. Juan XXIII cimentó la influencia mundial del Vaticano en un sólido trabajo pastoral y en el aggiornamiento operado en el marco del Concilio Vaticano II; Paulo VI fue un político sensible y un promotor del ecumenismo; Juan Pablo II apostó al sex-appeal mediático para imponer sus posturas reaccionarias en todos los terrenos. Benedicto XVI, en cambio, ha estado colgado de los clavos ardientes de un pasado autoritario y de un perfil de teólogo dogmático. En un mundo atenazado por la desigualdad y el hambre, la discriminación, la corrupción, los crímenes de guerra, las epidemias, la crisis ambiental, las recesiones y la globalización delictiva, Ratzinger optó por combatir al Demonio y al pensamiento liberal.

Es cierto que la edad y los achaques pesan y puede ser que esas sean las razones reales y únicas de la abdicación del alemán al trono de Pedro; puede ser incluso que haya tenido presente la agónica tortura de su antecesor, quien se veía obligado –por la burocracia vaticana y acaso también por sí mismo– a emprender viajes a remotos destinos trasatlánticos cuando lo que necesitaba era más bien el traslado a una sala de cuidados intensivos. Pero podría ser, también, que la burocracia vaticana haya sopesado los saldos de desastre del papado de Ratzinger y que optara por hacer lo que hacen los consejos de administración con un gerente inepto: pedirle la renuncia. Por desgracia, no hay motivos para suponer que la opacidad característica del Vaticano se disipe en el corto plazo y quién sabe si lleguemos a saber los motivos verdaderos de esta dimisión. Por lo pronto, no hay Papa.


8.2.13

La Capitana


La Capitana es menuda y tiene la voz y los rasgos suaves pero su risa es de una hondura inesperada. Bajo un manto de tranquilidad y de inocencia hierven en ella los oficios, los libros y la música. La Capitana borda, hace origami con vidrio, sabe de agricultura y de comercio, y camina por los laberintos de la maternidad con amor y con certeza, como si fueran una avenida recta y ancha; conoce los secretos de la cetrería, entra y sale indemne de un escenario y además, por supuesto, es capaz de navegar con rumbo de barlovento y de escamotear la embarcación a las garras de la tormenta. En la cama, por el contrario, sabe invocar tormentas y lluvias copiosas y hacer que confluyan los ríos de dos cuerpos con recursos precisos de piel y de ternura. En la vida ha sorteado los tiempos de aridez y los tiempos de peligro y sigue de pie o, mejor dicho, sigue caminando. Algunos pensarán que La Capitana es un personaje de ficción, pero qué va: es una mujer de carne y hueso y en lo anotado aquí no hay nada de metafórico.



7.2.13

Mis libros del
año pasado


Uno se aleja del papel impreso o éste se aleja de uno conforme el texto va trasvasándose hacia los discos duros, las memorias USB, las tablet o la próxima baratija que salga al mercado la próxima primavera. Por alguna razón (posiblemente, vergüenza) el año pasado sentí la necesidad de frenar la máquina y regresar a la tinta sobre celulosa y devoré papel como no lo hacía desde décadas atrás.

Si se desea leer con método y estructura, para eso están las carreras universitarias y los posgrados. Lo mío ha sido siempre, más bien, una ensalada de temas, géneros y épocas, y así seguirá siendo. Tampoco soy lector de novedades, y lo mismo se me planta en las manos un libro de 1930 que uno recién salido de las prensas. No creo en los rankings ni en los “top 10”. La pregunta esa sobre “los tres libros que han macado tu vida” es imposible de responder, sea porque no has leído ninguno, como Peña Nieto, sea porque leíste más de cuatro, y entonces ya te resulta imposible formular una respuesta honesta. Igual de boba es la cuestión de la lista de títulos que llevarías contigo a la isla desierta o al refugio nuclear. De modo que no es fácil presentar un informe de lectura mínimamente racional. Pero haré un intento por escribir sobre lo que, por un motivo o por otro, me resultó más significativo en los pasados 12 meses, y ahí va.

El más divertido: Tratado de las supersticiones de Pedro Ciruelo, edición facsimilar de la de Barcelona de 1628, UAP, 1986. Es un libro originalmente publicado en 1541 en el que el autor, como lo explica María Dolores Bravo en su prólogo, realiza un desesperado intento por clasificar pensamientos y prácticas que considera desviadas de la fe católica tal y como la entendía su segmento más ortodoxo. La tarea no es fácil porque en el momento en que el texto fue escrito el imperio español estaba infestado de gitanos nigromantes, conversos al protestantismo e indios idólatras, por no hablar de los judíos y mahometanos que aceptaron el catolicismo sólo de dientes para afuera y por la justificada razón de que no querían ser expulsados de España ni acabar en las parrilladas que organizaba el Santo Oficio. Para colmo, muchos cristianos viejos se dejaban llevar, entonces como ahora, por “ceremonias vanas” como “hacer la oración estando la persona derecha en pie, y se ha de decir tantos días ni más ni menos, y sin faltar en medio”, o con “los brazos abiertos en cruz, y no ha de mudar los ojos a cabo alguno, sino mirar de hito a una cosa”, o “que se diga con tantas candelas y de tal color”. Ciruelo advierte que “el pecado de esta manera en la oración es propiamente supersticioso, especie de idolatría y de hechicería, porque pone al hombre esperanza en ceremonia vana, que de sí no tiene virtud alguna para hacer aquel efecto y es un artificio que halló el Diablo para enredar a los malos cristianos en vanas ceremonias muy abominables a Dios y a sus santos”.

El más repulsivo: Calderón de cuerpo entero de Julio Scherer García, Grijalbo, 2012. La personalidad del que usurpó la presidencia de México entre 2006 y 2012 se proyecta, de manera inevitable, en los saldos de miseria, corrupción, violencia y sometimiento a los que llevó al país, y que están a la vista. Pero Scherer, en un texto articulado por sus pláticas con Manuel Espino, Luis Felipe Bravo Mena y otros panistas o ex panistas destacados, exhibe el comportamiento en corto de un hombre que se encuentra más allá de cualquier contención y del menor escrúpulo, un sujeto que convierte su insignificancia en odio, rencor y desconfianza hacia los demás y hacia el mundo en general. Y aunque uno, como lector, crea conocer la perversidad del régimen neoliberal y oligárquico, no deja de sorprenderse de que un hombre que sufre de carencias emocionales tan manifiestas y estremecedoras haya sido colocado en el cargo más importante de la administración pública, a pesar de los peligros evidentes que la movida conllevaba, a fin de salvaguardar las oportunidades de rapiña y depredación instauradas desde tiempos de Salinas para un pequeño grupo de logreros. Más allá del retrato personal, el librito del fundador de Proceso confirma y documenta en algunos de de sus pasajes algunas de las denuncias expresadas por Andrés Manuel López Obrador sobre la gestión de corruptelas en el entorno cercano de Calderón. Yo recomendaría tomar un par de tabletas de Dramamine antes de esta lectura.

El más perturbador: Desgracia de J. M. Coetzee (1999), en edición De Bolsillo, 2012 (Traducción de Miguel Martínez). Me hicieron el favor de desburrarme presentándome a este escritor afrikáner (Premio Nobel de Literatura 2003) del que no había leído nada y desde las primeras páginas lo detesté. Parece ser que la especialidad de Coetzee consiste en ponerlo a uno ante circunstancias morales incómodas: sin dejar de ser una buena persona, el viejo profesor se lleva a una alumna a la cama, o los negros de Sudáfrica son intrínsecamente delictivos pero hay que tolerarlos porque es políticamente correcto. Lo peor de todo es que la prosa del tipo no deja que uno suelte el libro y al final no parece quedar otro remedio que concluir que el mundo es una pinche basura. Coetzee es un narrador austero, riguroso, implacable y excelso, y se tiene muy merecido su Premio Nobel, pero hay autores que no hacen buena química con uno y para mí, éste es uno de ellos.

El más esclarecedor: México, la gran esperanza de (sic) Enrique Peña Nieto, Grijalbo, 2011. Al calor de las campañas electorales del año pasado me pareció que sería bueno leer las propuestas en los libros firmados por Peña y por Josefina Vázquez Mota. Guardo piadoso silencio sobre el de la segunda, pero apunto que me devoré el del primero, cuya presentación en la FIL de 2011 le valió al autor uno de los grandes panchos de su vida. En la lectura confirmé tanto su ansia de poder como su ausencia de proyecto. Con un subtítulo eminentemente gerencial (“Un Estado eficaz para una democracia de resultados”), el volumen es una crítica fácil y obvia a las presidencias panistas y un amasijo de promesas sin más denominador común que el de una visión neoliberal de la escuela de Interlomas. Si el libro tuviera algo así como tesis central, sería algo así como que el país está a la deriva y que hay que darle un rumbo. ¿Pero cuál? “Ah, pues primero voten y después averiguan”, parece responder cada página del tomo, en cuya factura estilística se notan los ensambles y las soldaduras entre textos de varios autores. Acaso la principal virtud de este libro no sea la de figurar en la historia de la literatura universal como la primera obra íntegramente redactada por un teleprómpter, sino que permitió prefigurar, desde un año antes, la clase de gobierno que padecemos a estas horas.


El más edificante: Manual de la buena lesbiana de Ana Francis Mor (emeequis ediciones, 2009). Cierro con un libro que debería ser declarado de lectura obligatoria desde la secundaria (si no es que desde la primaria) y cuya lectura disfruté línea a línea, desde el prólogo de Lydia Cacho hasta el colofón. Cuando se lee esta recopilación de colaboraciones periodísticas de Ana Francis, da la impresión de que uno está escuchando a la autora en una plática amena, desinhibida y llena de sentido común. Antes de llegar a la mitad del librito cualquier prejuicio que pudiera quedar en la mente del lector sobre temas de (homo, bi, trans, hetero o a) sexualidad formará parte de la lista de bajas colaterales de la lectura y quedará la convicción de que no hay razón alguna, a menos que la estupidez pueda considerarse razón, para que las diferencias de género, orientación y preferencias sexuales se conviertan en un obstáculo a la convivencia y a la comunión entre seres humanos.

31.1.13

A la opinión pública


Ciudad de México, 29 de enero de 2013

Aun cuando es evidente que los inefables del IFE pretenden equipararme con el corrupto de Enrique Peña Nieto y sus secuaces, estimo necesario aclarar a detalle el monto que recibimos, la forma cómo se ejerció y comprobó el gasto de mi campaña a la presidencia.

1. De conformidad ante la ley, antes de la campaña, los partidos PRD, PT y Movimiento Ciudadano suscribieron un convenio de coalición en el cual se acordó destinar el 50 % del financiamiento público para gastos de la campaña presidencial, equivalente a 223 millones 451 mil pesos. (Anexo convenio). Ver: Convenio

2. Estos recursos fueron entregados parcialmente por los partidos durante el periodo de campaña y manejados en la cuenta número 70034671344 de BANAMEX.

3. De esta forma el PRD aportó 112 millones 872 mil, el PT, 59 millones 049 mil y el Movimiento Ciudadano, 51 millones 531 mil.

4. Conviene aclarar que el PRD aportó adicionalmente 5 millones más un pasivo de 4 millones 979 mil pesos, debidamente documentados mediante contratos y facturas.

5. En total, el gasto de campaña que ejercimos fue de 233 millones 430 mil pesos.

6. Todo este gasto fue informado y comprobado mensualmente ante el IFE, a través del órgano de finanzas de la Coalición Movimiento Progresista. (Anexo informes).

7. Sin embargo, el dictamen del IFE, además de esta cantidad que representa 100 millones menos que el tope de campaña, nos agrega gastos que corresponden a las campañas de los candidatos a diputados y senadores, así como erogaciones que ejercieron centralmente los partidos integrantes de la Coalición.

8. De modo que es totalmente infundado como sostiene el IFE en su dictamen, que rebasé el tope de campaña establecido en la ley.

Es obvio que toda esta maniobra tiene como propósito desprestigiarme y mandar el mensaje manipulador de que todos los políticos somos iguales, para seguir provocando el desánimo e inhibir la participación ciudadana que permita cambiar al régimen putrefacto de corrupción y privilegios que padecemos.

Andrés Manuel López Obrador

29.1.13

Paz simulada


En marzo de 2011 Televisa y TV Azteca uncieron a la mayor parte de los medios informativos a un Acuerdo para la Cobertura Informativa de la Violencia a fin de garantizar un trabajo periodístico sumiso y acorde al discurso oficial. Para que la cobertura informativa de la violencia que genera la delincuencia organizada con el propósito de propagar el terror entre la población no sirva para esos fines, rezaba el texto de un pacto que, a lo que puede verse, tenía por objetivo aterrorizar a los partidarios de la buena sintaxis. Luego, en la ceremonia de firma del documento, realizada en el Museo Nacional de Antropología en presencia de la plana mayor de la oligarquía mediática y de sus loros, se transmitió la imagen de una víctima de secuestro que relataba con detalles espeluznantes la manera en que sus verdugos le habían cortado los meñiques de ambas manos con unas pinzas de mecánico, como lo cuenta la crónica de Fabiola Martínez publicada en estas páginas (La Jornada 25/3/11, p. 5).

Aquello fue un extravío temporal y pasajero porque la estrategia de guerra del calderonato pasaba por la siembra del terror en la opinión pública como una forma de legitimarse y de colocar una épica de unicel sobre el ego de un hombre menguado y sobre el negocio, jugoso pero mundano, de destruir el país (un ejemplo: en los primeros cuatro años de Calderón Estados Unidos vendió al gobierno mexicano el doble de armas y equipo militar que en todo el sexenio anterior). El usurpador salió del paso con una felicitación desganada a los firmantes del acuerdo y al día siguiente el gobierno federal volvió a su línea de exaltación de la violencia, regresaron a cuadro las escenas de capturas y circularon de nuevo las fotos de criminales abatidos con huellas de muchos balazos.

Ahora el discurso de la guerra está agotado; el régimen de Peña Nieto lo sabe y, aunque no puede ni quiere apartarse de ese peculiar modelo de negocio que es la conversión de un país en campo de batalla, tiene que tratar de ganarse el favor de la opinión pública y de algunos célebres despistados mediante un supuesto viraje en la estrategia de seguridad que será, en realidad, de 360 grados porque las razones de la violencia permanecen intactas: el modelo económico es un productor incurable de marginación y delincuencia, la criminalidad organizada es la fase superior del neoliberalismo privatizador y los circuitos financieros de Estados Unidos y de México no pueden vivir sin las decenas o centenas de miles de millones de dólares que les da a lavar el narcotráfico; ello, sin contar con los vínculos históricos, sólidos y documentados, entre ese impresentable sector de la economía y la nomenklatura (ella misma dixit) priísta.

Pero a la oligarquía gobernante le urge terminar de despojarse de cualquier cosa que la relacione con la administración anterior y el régimen actual necesita que México parezca recuperar la paz y la seguridad en cuestión de semanas. Dicho de otra forma, si Calderón tenía sobrados motivos para caracterizarse como Rambo, Peña tiene los suyos para disfrazarse de Gandhi. Y está en ello.

Puede ser que ese requerimiento acucioso explique los dichos del priísta Mario Anguiano Moreno, gobernador de Colima, quien la semana pasada se lanzó contra Calderón porque éste pretendió combatir la violencia con la violencia y llamó, oh, a revisar las causas sociales que provocan la inseguridad y a no basar exclusivamente la solución en políticas gubernamentales punitivas. El gobernante de una de las entidades más gravemente alteradas por la violencia (en Colima el índice de homicidos vinculados a delincuencia organizada creció 5 mil por ciento entre 2007 y 2010) ha venido lanzando pullas (fundamentadas, pero muy tardías) contra el michoacano: que su guerra multiplicó el consumo de drogas, que las acciones federales detonaron una guerra entre grupos que se disputan el territorio colimense...

Posteriormente, Anguiano Moreno llamó a sus pares a sumarse a la política de seguridad de Peña y contó que éste había acordado con los gobernadores no informar sobre hechos violentos y que sólo se va a estar informando de las personas detenidas cuando sea estrictamente necesario. Literal: Estaba demostrado por estudios que nos han estado mostrando a nivel federal, que en la medida en que nosotros, gobierno federal (y) estatal, estemos poniendo el tema de la inseguridad, estemos informando cada vez que se detiene a un delincuente, entonces en lugar de ir contribuyendo a la armonía que se está aspirando, de lograr la tranquilidad, al contrario; estábamos fomentándola (la inseguridad). Vaya, pues: la opacidad derrotará a la violencia y la paz será construida a punta de simulación. Ahí tienen al nuevo PRI que construye, con ideas viejas y en el territorio de los noticieros, una nación grandiosa.

22.1.13

Lo que sigue


Vienen intentos de nuevas reformas legales regresivas, oligárquicas y depredadoras. Consumado el despojo de conquistas laborales y de derechos sindicales a los asalariados, el régimen se apresta a una expropiación petrolera de signo contrario a la emprendida por Lázaro Cárdenas en 1938: ahora el gobierno oligárquico que encabeza Enrique Peña Nieto articula la sumisión legislativa para emprender –como quisieron hacerlo en su momento Salinas, Zedillo, Fox y Calderón– la legalización de un proceso que, en los hechos, viene ocurriendo desde hace décadas: la transferencia de la industria energética a manos privadas.

El capital siempre quiere más y sus sirvientes políticos fueron puestos en los cargos justamente para ejecutar la privatización de empresas y servicios públicos: éste es, junto con los contratos mafiosos y después de las guerras, el narcotráfico, el secuestro y el tráfico de personas, el negocio más jugoso (es decir, más concentrador de riqueza) en los tiempos neoliberales. Por eso los conglomerados empresariales de México, Estados Unidos y Europa han estado presionando, desde hace dos décadas, por la “desincorporación” de Pemex.

El régimen enfrenta dos problemas para operar este robo: el primero, de orden político, es la resistencia social que habrá de enfrentar; el segundo es administrativo: si 40 centavos de cada peso de las finanzas públicas proceden de la industria petrolera nacional, su privatización crearía un severo desajuste presupuestal. Ello es así por el hecho simple de que las grandes empresas y las grandes fortunas no pagan impuestos, o bien pagan sumas ridículamente bajas en relación con sus utilidades.

En rigor, la pérdida del 40 por ciento de los ingresos fiscales no marcaría ua gran diferencia para el país, si se considera que el grueso de los recursos gubernamentales no se invierten en beneficio de la población ni en obras reales y efectivas sino que son “privatizados” a la mala por la vía del saqueo, las comisiones, las adquisiciones infladas o simuladas, o bien destinados a la perpetuación y legitimación del grupo gobernante: compra de voluntades electorales, propaganda de autoexaltación y demás.

Pero a la oligarquía dominante no quiere para sí el 60 por ciento del presupuesto: lo quiere todo, y la privatización de Pemex implica una merma considerable en los recursos a su disposición. La forma ideada para tapar ese agujero es una reforma fiscal que incremente los recursos que las clases medias y la mayoría de la población aportan al fisco, sea por medio de gravámenes al ingreso, al consumo o vía pago de tarifas diversas. Sería ilusorio suponer que los amos del país van a modificar las leyes hacendarias en perjuicio propio. Por el contrario, con la reforma energética su vertiente empresarial buscará la manera de hacerse con las utilidades de la industria petrolera, su sector político y administrativo tratará de enriquecerse con los pagos legales e ilegales que el sector privado desemblose por los pedazos de Pemex, y ambos idearán la forma de pasar el costo de esas operaciones a los causantes cautivos mediante una reforma fiscal subsecuente.

Tratarán de operar estas reformas a contrapelo de un consenso nacional contrario a la privatización que se expresó en forma inequívoca en las jornadas de abril a octubre de 2008, cuando el grueso de la sociedad resistió la intentona calderonista de privatización de Pemex y logró conservar, en lo sustancial, el estatuto público de la industria petrolera.

Ha transcurrido un lustro desde entonces y muchas cosas han cambiado, para bien y para mal, en el país. La postración social promovida desde el poder –mediante la violenta mascarada de la “guerra contra la delincuencia” y por medio de una estrategia económica abiertamente desintegradora del tejido social– es más pronunciada hoy que en ese entonces, pero también se asiste al surgimiento de tomas de conciencia social como las que se expresaron durante el proceso electoral del año pasado, cuando quedó claro que la oligarquía habría de imponer en la presidencia al político más repudiado en la historia reciente del país. Como consecuencia de ello, el gobierno de Peña Nieto debe moverse con márgenes de respaldo incluso menores que los que tuvo Calderón, lo que ya es decir mucho.

Se aproxima, pues, a lo que puede verse, una nueva confrontación entre la oligarquía gobernante y el resto del país y no será un día de campo para ninguno de los bandos.

20.1.13

Inocencia necesaria


Ganar experiencia sin que se escape la pureza.

Vivir cada mañana como si fuera el principio del mundo.

Perder una virginidad en cada cópula.

Básicamente, confíar en las personas.

Hay vida más allá de la inocencia pero es desértica y atroz, y no vale la pena.

17.1.13

Thompson contra Knórozov



Durante décadas imperó la creencia de que el periodo maya clásico había estado conformado por un conjunto de teocracias pacíficas, encabezadas por sacerdotes que se dedicaban a observar el paso de los astros y a realizar anotaciones cronológicas minuciosas, obsesivas y absurdas. En buena medida el mundo le debe esa visión errónea a Eric Thompson, un arqueólogo inglés que entre los años 30 y 70 del siglo pasado fue considerado la máxima autoridad en el estudio de esa vieja civilización mesoamericana. Soldado en la Primera Guerra Mundial y formado en Cambridge, trabajó posteriormente para el Museo de Historia Natural de Chicago, el cual lo envió a Chichén Itzá en 1930. Luego, bajo los auspicios del Instituto Carnegie, escarbó en Uxmal y en Cobá. En Yucatán conoció al estadunidense Sylvanus Morley, un curioso personaje que alternaba su trabajo de arqueólogo y cartografista con el de espía al servicio de la inteligencia naval estadunidense y de la United Fruit Company. Morley creía que las inscripciones mayas eran expresión de un sistema de escritura jeroglífico en influyó en la visión de Thompson, quien las consideró logográficas.

Entre ambos crearon una visión palmariamente equivocada de los mayas clásicos que fortaleció el aura de misterio con la que hasta la fecha algunos enmarcan las viejas ruinas de Palenque, Bonampak, Tikal y Copán, por no hablar de Tulum, que es a esos centros lo que EuroDisney a Notre Dame. En ausencia de conflictos sociales mayores, el declive de las ciudades mayas desemboca obligadamente en el enigma. La noción absurda de ciudades-estado dedicadas principalmente a contemplar los astros y a registrar fechas sin ton ni son facilitó la tarea a charlatanes posteriores que venden vínculos entre los mayas y los egipcios y los visitantes procedentes de Próxima Centauri.

En mayo de 1945, entre los restos de la incendiada Biblioteca de Berlín, un soldado soviético de 22 años de nombre Yuri Valentinovich Knórozov rescató un par de libros: Los códices mayas y la Relación de las cosas de Yucatán de Landa recuperada por el abate Brasseur de Bourbourg. Los volúmenes le despertaron un interés tan intenso que al volver a casa se matriculó en la carrera de Historia y diez años más tarde se doctoró con un estudio sobre la escritura maya en el que demostró la existencia de una base fonética en las composiciones de glifos de las estelas y los códices. Pese a que las formulaciones del soviético empezaron a mostrar de inmediato su pertinencia y utilidad para descifrar los signos hasta entonces impenetrables, Thompson las descalificó con virulencia, llegando a decir que eran propaganda comunista.

Las fobias del gurú de los mayistas significaron un retraso de varios lustros en la decodificación de la escritura maya. Al paso de los lustros algunos estudiosos gringos como Michael D. Coe y David Kelley reconsideraron el consenso creado en torno al británico. Éste hubo de rendirse a la evidencia de los descubrimientos realizados por Tatiana Proskouriakoff, rusa nacionalizada estadunidense, y admitió que los mayas clásicos no habían sido la sociedad pacifista y utópica que él había imaginado, pero no aceptó nunca la validez de los postulados de Knorósov. Ya en la década de los 70, muerto Thompson, el método del ucraniano fue aplicado en los glifos de Palenque y se logró descifrar la historia de la dinastía de Pakal. A partir de entonces la “lectura” de las inscripciones mayas ha avanzado a ritmo vertiginoso y se tiene, en la actualidad, la certeza de que éstas no son concatenaciones inexpugnables de datos calendáricos sino, básicamente, narraciones de encumbramientos y caídas de grandes señores, guerras, sometimientos, victorias y derrotas militares. Knorósov coronó su obra con un exhaustivo diccionario de glifos mayas, elaborado en colaboración con Galina Yershova.

Hoy se sabe, por ejemplo, que entre Calakmul y Tikal existió una rivalidad de siglos, mucho más encarnizada que la que sostuvieron Thompson y Knórozov, que empezó desde fines del periodo preclásico (2000 a 250 a. de C.) hasta los alrededores del año 900 de nuestra era y que se tradujo en constantes y sangrientas guerras que involucraron a señoríos menores como El Naranjo, El Caracol-Oxhuitzá, Yaxchilán y Piedras Negras, y en el curso de las cuales Tikal y Calakmul se derrotaron sucesivamente la una a la otra.

Otro caso es el de la sublevación contra Copán encabezada por K’ak’ Tiliw Chan Yopaat, señor de Quiriguá. Durante un largo tiempo esa localidad, a orillas del Motagua, había sido vasalla de Copán. En julio de 695, Uaxaclajuun Ub’aah K’awiil fue coronado como décimo tercer señor de Copán y bajo su autoridad la ciudad se pobló de estelas esculpidas con un estilo característico de la región, hizo remodelar tres templos, edificó un nuevo juego de pelota y en 724 puso a un subordinado suyo al frente de Quiriguá: K’ak’ Tiliw Chan Yopaat. Éste pronto dio signos de insubordinación: en 736 desafió a Copán, que era aliada de Tikal, recibiendo como huésped a Wamaw K’awiil, rey de la lejana Calakmul,  y a la postre, muy posiblemente con ayuda de éste, tomó prisionero al ya para entonces anciano Uaxaclajuun Ub’aah K’awiil y el 27 de abril de 738 lo hizo decapitar en la plaza de Quiriguá, la cual logró así su emancipación, en tanto que Calakmul debililitó a la dinastía de Copán, aliada de los gobernantes de Tikal.

En los años 30 Aldous Huxley visitó Quiriguá –que había sido comprada en unos cuantos dólares por la United Fruit– y escribió que sus estelas representaban “el triunfo del hombre sobre el tiempo y la materia y el triunfo del tiempo y la materia sobre el hombre”. Cierto o no, al gran novelista inglés se le escapó un dato: aquellos monumentos representan, además, el triunfo sangriento de unos humanos contra otros humanos.

Glifos e inscripciones aparte, en el sitio arqueológico de El Mirador, que pudo albergar a la más grande de las ciudades mayas del periodo clásico, se ha encontrado recientemente restos de una batalla en gran escala: centenares de puntas de flechas y lanzas de obsidiana mezcladas con astillas de huesos humanos.

Ya en el posclásico, tras el colapso de las grandes ciudades del periodo anterior, los mayas siguieron siendo tan violentos como cualquier otro pueblo. La pieza teatral Rabinal Achí, conocida también como Xajooj Tun o “danza del tambor”, y que posiblemente data de los siglos XIV o XV, cuenta una historia en la que el príncipe K’iche Achí es capturado y juzgado por destruir cuatro poblados del señorío de Rabinaleb’. Tras ser condenado a muerte, a K’iche Achí se le permite despedirse de su pueblo, se le ofrece bebidas embriagantes y hasta se le concede el privilegio de bailar con la princesa de Rabinaleb’ al ritmo del tambor.

Pero uno es un gran ignorante en materias como la historia, la arqueología y ya no digamos la lingüística, así que están muy en su derecho de considerar todo lo escrito arriba como una infame calumnia y concluir que los mayas clásicos eran matemáticos y astrónonomos pacíficos, que vivían en perfecta armonía con el universo y con su entorno ecológico, que se la pasaban escudriñando un remoto fin del mundo, que no mataban a una mosca –mucho menos a un semejante– y que estaban estrechamente emparentados con los babilonios, los egipcios, los vikingos y los extraterrestres.






15.1.13

Hemos cambiado



En sólo seis semanas ustedes han podido constatar cuánto hemos cambiado: somos un equipo incluyente, plural, con visión de país y sensibilidad política. Sobre todo, tenemos propuestas y ofertas concretas para todos los sectores, como ya se han ido enterando.

Ustedes pensaban que nada nuevo podría surgir de la corrupción profunda, el añejo autoritarismo represivo, los padrinazgos del gran capital, la frivolidad televisiva, la simulación, el dispendio y el fraude, pero se equivocaron, y aquí estamos para demostrarles que nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos: ahora nos disponemos a combatir la corrupción y la opacidad, el influyentismo, los abusos de autoridad y las trácalas cometidas al amparo del poder; pondremos fin a la espiral de violencia a la que somos por completo ajenos, restableceremos la paz y la seguridad, recuperaremos la soberanía nacional, impulsaremos el bienestar popular, alentaremos el crecimiento e impondremos la transparencia, como antes. No, perdón: como nunca antes.

A ustedes, los integrantes de una sociedad cada vez más insumisa, les proponemos un pacto: ustedes se olvidan de las circunstancias de nuestro triunfo –el favoritisimo mediático, los millones de votos comprados, el dinero lavado, la brutalidad policial– y nosotros les perdonamos sus exigencias de honestidad, su antipriísmo mayoritario y (concedamos) acaso irremediable, sus extravíos ciudadanos –esperemos que pasajeros–, su desprecio, su irritación, sus burlas y, sobre todo, sus afanes de organizarse al margen de estructuras corporativas y su empecinamiento en llenar las calles para repudiarnos.

Ya lo verán: tenemos cargos, encargos y escritorios para opositores de todas clases. Podemos forjarle una nueva vida a académicos desencantados; procurarle un futuro digno (es decir, con yate) a dirigentes sindicales hasta ahora independientes; mimar a activistas sociales; hacer la claridad en la cabeza de intelectuales melancólicos; rehabilitar a princesas mancilladas por el escándalo; resucitar a cadáveres políticos. Contamos con recompensas para cualquiera que aspire a superar la plaga populista del lopezobradorismo, a curarse del virus #YoSoy132, a sanar del zapatismo, a capitalizar su disidencia, a convertir en posición cómoda y honorable su lucha de toda la vida. A los panistas no necesitamos reclutarlos porque son nuestros: lo han sido desde 1988 y hasta nos hemos dado el lujo de gobernar por medio de ellos. Ah: y contaremos con una izquierda civilizada, educada, bien vestida, pasteurizada y con agregado de vitaminas por la vía de las prerrogativas electorales. Para ella, la promesa de que no la olvidaremos a la hora de formular los presupuestos.

Conocemos al dedillo las artes de la cooptación y de la seducción y si con ellas no bastara, sabemos también la manera de provocarles las peores pesadillas. Aunque, claro, esto último no vamos a pregonarlo a voz en cuello como lo hicieron nuestros torpes antecesores panistas. A buen acatador, pocos garrotazos. Las viejas generaciones conocen nuestras habilidades en la guerra sucia, en la desaparición, la tortura, el descrédito y el silencio. En cuanto a las más recientes, algo habrán aprendido en mayo de 2006 en Atenco, y las últimas han tenido su lección el pasado 1 de diciembre y en las semanas sucesivas.

Dennos un punto de apoyo y moveremos al mundo. No importa que no nos crean: simulen creernos y verán qué bien nos entendemos. Pronto caerán en la cuenta que nosotros hemos sido, somos y seguiremos siendo su mejor opción, por más que no hayan optado por nosotros. Reconocemos los problemas, los encapsulamos y procuramos resolverlos de manera quirúrgica, es decir, sin tocar más que lo indispensable, sin trastocar este orden que le hemos dado al país, sin alterar las lógicas a las cuales servimos. Sabemos que forma es fondo y, por lo tanto, la apariencia de paz es paz, la apariencia de democracia es democracia y la apariencia de honestidad es honestidad. Ni le busquen. Resistan, pero fortalézcannos. Opónganse, pero sírvannos, y ya verán que no vamos a tener ningún disgusto.

Sabemos ser diferentes sin perder nuestra esencia; somos capaces de cambiar todo lo que sea necesario para que no cambie nada y tenemos una vasta experiencia en el intercambio de dignidad por comodidad y, como pueden ver, hemos cambiado.

12.1.13

Coplas para un retrato


“Por celos, la Petenera
a su marido dejó;
por celos perdió la tierra,
ay, solita, ay, soledad,
por celos perdió la tierra
y por celos se murió.

Ay, solita, ay soledad,
soledad, que yo quisiera
que viviera la difunta
y que yo la conociera
porque es una cosa injusta
que por celos se muriera.”

(De la lírica sotaventino-andalusí)



31.12.12

Saludo


La vuelta al Sol no es cima, no es abismo
ni es especial la forma en que amanece
esta primera luz de 2013
y su primer café sabe a lo mismo.

Se habrá de decidir si este guarismo
en una inercia estéril permanece
o si es fértil pulsión en la que crece,
amoroso y vital, el optimismo.

Decide tú, decide por tu vida
si continuar la senda de la norma
por otros y de antaño definida

o si mirar las cosas de otra forma
y sigues, y le das la bienvenida
al impulso que cambia y que transforma.


26.12.12

Piedad inanimada


Pensándolo bien, los seres más desamparados de este mundo son los objetos. Pobrecitos, carajo. De verdad, pobrecitos.

24.12.12

Felicitación navideña
desde el Reclusorio

Doctor Miguel Ángel Mancera Espinosa,
jefe de Gobierno del Distrito Federal:

Muy buen día tenga usted, doctor; el motivo de esta carta es para desearle una feliz Navidad y, claro, un próspero año nuevo, que disfrute de la deliciosa cena en compañía de toda su familia en un marco de felicidad, bondad, alegría y respeto.

Sé que usted tendría los mismos deseos hacia mi persona, pero desafortunadamente yo no podré disfrutar de todo lo que le deseo, ya que me encuentro preso en el Reclusorio Varonil Norte. Supongo que usted debe conocer mi caso y el de mis 12 compañeros y, claro, mi compañera Rita, pero para qué recordarle e incomodarlo con historias que no van de acuerdo con esta temporada navideña (como el plantón de la CNTE que hace ver fea su majestuosa pista de hielo en el Zócalo), para qué atormentarle de cómo sufrí la bestialidad de los cuerpos policiacos; la altanería, abusos e incompetencia de la PGJDF, y de la forma arbitraria con la que fui conducido a este reclusorio.

Dejemos esos malos recuerdos, dignos de pasar al libro de la historia penosa de México, ya que en esta Navidad mi familia tratará de pasar una Nochebuena, aunque para serle sincero, todas nuestras familias continuarán en el infierno de tener a un ser querido en el reclusorio de forma injusta, ya que la verdadera justicia sólo es para la gente rica y poderosa, como usted debe saber. Pese a todo esto, de corazón, Dios lo bendiga. 

Sandino Jaramillo R.


23.12.12

Cuando miro
las palmas
de tus manos


me vienen ganas de quedarme quieto,
sin hacer otra cosa que verlas,
por unos años.

Siento el impulso de olfatearlas
para conocer la raíz
de tu perfume y de tu agrura.

Quiero sobrevolarlas
en un vuelo rasante y despacioso
con las yemas de los dedos
a milímetros de distancia
y dejar que se posen
con la suavidad de los globos.

Cuando veo las palmas de tus manos
querría poseer las aptitudes
del geógrafo y del geómetra,
para volverlas mapa,
para estudiar sus formas.

Llega también, es cierto,
el afán de besarlas
con un roce de labios
y luego, aterrizar la boca entera,
lamerlas, succionarlas,
como se aferra el náufrago
del mar o del desierto
a la primera fruta de su supervivencia.

Al contemplar las palmas de tus manos
las querría posadas en mis sienes;
tapándome los ojos,
como un antifaz de carne;
imagino que se deslizan
entre los botones de tu blusa
y activan los botones de tu pecho,
ya despojado de la blusa;
que viajan a tu sexo y al mío,
que son dos invitadas amorosas
en el espacio genital,
un par de extrañas que se suman
y que son bievenidas
y que fusionan humedades
y que corren por ellas
tus líquidos, mi semen, nuestras lágrimas.

Pero la más intensa
de las cosas que pienso,
la más cachonda fantasía
que me viene a la mente
cuando miro las palmas de tus manos,
es convertirme en surco,
en un pliegue pequeño en tu epidermis
junto a tu línea de la vida, ser un signo
en la piel de las palmas de tus manos.


18.12.12

Mancera y los 14


En México hay inocentes encarcelados y muchos más delincuentes libres. De entre los primeros destacan 14 que fueron detenidos durante la cacería de ciudadanos emprendida en el centro de la ciudad por la policía capitalina el 1 de diciembre luego de los enfrentamientos provocados alrededor de San Lázaro. La cosecha de las fuerzas del orden fue de más de un centenar de personas, de las cuales 27 fueron liberadas horas después, 69 fueron consignadas y de éstas 56 fueron puestas en libertad por la jueza María del Carmen Patricia Mora Brito, la cual dejó en prisión, en forma aleatoria, según los elementos disponibles, a otras 14. Para entonces ya estaba documentado que los efectivos policiales del Distrito Federal habían recibido la orden de capturar a la mayor cantidad de gente posible, sin importar que no hubieran tenido participación en el vandalismo y los destrozos.

Algunos de los 14 aún presos habían acudido en actitud pacífica a las movilizaciones de protesta por la consumación del proceso electoral fraudulento de este año. Otros fueron a indagar por la situación de amigos o compañeros que ya habían sido detenidos en forma no menos arbitraria. En un par de casos, los ahora imputados se limitaban a tomar fotos y video de los disturbios escenificados por la policía y los provocadores. Uno más estaba en su sitio habitual de trabajo cuando fue capturado. Ellos son Rita Emilia Nery Moctezuma, Enrique Rosales Rojas, Jorge Dionisio Barrera Jiménez, Daniel García Vázquez, Stylianos García Vackimes, Roberto Fabián Duarte Grcía, Carlo Miguel Ángel García Rojas, Obed Palagot Echavarría, Alejandro Lugo Morán, Sandino Jaramillo Rojas, César Llaguno Romero, Eduardo Daniel Columna Muñiz, Osvaldo Rigel Barrueta Herrera y Bryan Reyes Rodríguez. Un quinceavo, el periodista rumano Mircea Ioan Topoleanu, fue arrestado cuando tomaba fotos del enfrentamiento. Los policías le robaron la cámara fotográfica y luego fue entregado, en forma injustificada y arbitraria, al Instituto Nacional de Migración.

Cuando Miguel Ángel Mancera asumió la jefatura del gobierno del Distrito Federal el 6 de diciembre, tenía ante sí tres deberes coyunturales y perentorios: identificar, capturar y consignar a los verdaderos autores materiales e intelectuales de la violencia y los destrozos cometidos seis días antes; presentar ante la justicia a los responsables materiales e intelectuales de las graves violaciones a los derechos humanos perpetradas por la policía, y girar instrucciones a la procuraduría capitalina para que se desistiera de las acusaciones contra los presos, no sólo porque hay pruebas de su inocencia sino porque fueron detenidos en forma irregular y en el marco de un operativo policial ilegal.

Hasta ahora Mancera no ha hecho ninguna de las tres cosas y, en el caso de los encarcelados, ha preferido lavarse las manos y pasar la papa caliente al Poder Judicial. Ya sea que obedezca a la pusilanimidad, a una mentalidad autoritaria o a un afán de congraciarse con Enrique Peña Nieto –el principal interesado en llevar a sus límites un escarmiento contra el movimiento #YoSoy132 y contra las resistencias en general a su presidencia comprada–, la actitud del jefe de gobierno es insostenible. Mancera parece no darse cuenta que el mantener en la cárcel a personas cuya inocencia está documentada resulta un agravio para el electorado que lo puso en el cargo.

Muy pocas personas en esta ciudad capital desean el caos, la violencia y la impunidad. Por ello, el repudio al vandalismo perpetrado el 1 de diciembre ha sido casi unánime. Sin embargo, de allí a enviar a prisión a personas inocentes hay mucha distancia. La mayoría de los votantes capitalinos desea para su demarcación justicia efectiva, no justicia simulada; sometimiento de los agentes del orden a la legalidad, respeto a los derechos humanos y, sobre todo, atención y no criminalización para los jóvenes. Si la ciudadanía defeña hubiese querido una autoridad represiva, arbitraria y policial, de esas que fabrican culpables para lucirse ante la opinión pública, hoy la jefatura de gobierno no estaría en manos de Mancera, sino en las de Isabel Miranda de Wallace; y si hubiera querido seguir sufriendo las artes priístas de la provocación, le habría entregado el Ayuntamiento a Beatriz Paredes. O sea que, de inicio, el actual jefe de gobierno está faltando a su mandato.

En el ámbito federal Peña no le debe la Presidencia a la voluntad popular sino a Televisa y a las tarjetas Monex y Soriana. El DF es distinto: aquí la autoridad representa a los votantes y si el jefe de gobierno persiste en desconocer el sentido de su encargo la ciudadanía se lo va a demandar.

13.12.12

¿Y cómo viene
el fin del mundo?



Bueno, los astrónomos y los astrofísicos contemporáneos dicen que será gradual: conforme al Sol se le agote el hidrógeno del tanque y se hinche y se ponga colorado, la Tierra se secará, perderá su atmósfera y, ya convertida en un pedrusco chamuscado, terminará siendo engullida por la bola de fuego monstruosa y agonizante en que se habrá convertido el disco solar antes de colapsar sobre sí mismo y transformarse en una enana blanca de esas que parece que no matan a una mosca. Eso, suponiendo que no ocurra antes una colisión con algún asteroide grandulón. Pero no hay razón para preocuparse ante tal perspectiva porque no se concretará antes de cinco mil millones de años y para entonces no quedarán ni fósiles de los seres humanos. Es decir, entre este diciembre de 2012 y el fin del planeta nos separa un lapso siete millones de veces mayor que el que hay entre nosotros y los dinosaurios, que es nomás de 65 millones de añitos.

Esta cultura o esta incultura nuestra ha resultado escatológica en sus dos acepciones: por una parte, al cristianismo le encantan las fantasías masoquistas sobre éskhatos, es decir, sobre “lo último” (juicios finales, infiernos, colapsos de la civilización, fines del mundo) y de allí las profecías de temporada, que igual pueden ser atribuidas a Nostradamus que a unos sacerdotes mayas; por la otra, adora hurgar en la caca (skatós), como puede colegirse de la proliferación de publicaciones sensacionalistas, reality shows y chismarajos espumeantes acerca de los usos y costumbres privados de las personas célebres. En una puntualización divertida y escandalizada, el difunto Leonardo Castellani, sj, señalaba:

“Hay dos palabras morfológicamente parecidas en español: ‘escatológico”, que significa pornográfico –de skatós, término griego que significa ‘excremento’–  y ‘esjatológico’, que significa ‘noticia de lo último’ –de éskhaton, ‘lo último’–  las cuales son confundidas hoy día, por descuido o posdescuido o ignorancia o periodismo, incluso en los diccionarios (Espasa, Julio Casares); de modo que, risueñamente, el apóstol San Juan resulta un escritor ¡pornográfico o excremental!”

Tal vez la homonimia no sea tal, si se considera la metáfora “esjatológica” (para darle gusto al buen Castellani) de un mundo que se va a la mierda o que se hace ídem por efecto del cambio climático o de la hinchazón final del Sol, por previsión del alucinadote de Juan de Patmos, presunto autor del Apocalipsis bíblico, o por programación de unos sabios mesoamericanos un tanto hipotéticos que, cuando ordenaron esculpir no sé qué fecha en una estela, seguramente estaban pensando en algo muy distinto al fin del mundo. No tiene mucha importancia. El caso es que ahí vamos otra vez con la misma cantilena, y como ahora no había cometas ni asteroides al alcance de la mano, ni error del año 2000 (el ahora olvidado Y2K), ni un verso fumado en las Centurias de Michel de Nôtre Dame, alguien se fijó en la estela 6 de Tortuguero, sitio arqueológico situado en Macuspana, Tabasco, para inventarse el apocalipsis en ciernes. En ella se fijó el final del 13 Bak’tun para el 4 ahau 3 kankin (que cae el 21 o el 22 de diciembre próximo) y, con él, el fin de la quinta cuenta larga (poco más de cinco mil años). Me parece que no tenemos la menor idea de para qué querían unidades de tiempo tan dilatadas los mayas del periodo clásico.

En años recientes hemos presenciado tantas profecías sobre el inminente fin del mundo (fallidas, claro, porque si hubiera parque no estaría Ud. aquí) que el embuste del  13 Bak’tun ha sido explotado más bien a partir de explicaciones tranquilizadoras y “racionales”: no, qué barbaridad, cómo creen: en realidad los mayas no quisieron decir eso que se les atribuye sino, más bien, que el 21 (o el 22) comenzará una etapa de cambios trascendentales, o una renovación, o una transición hacia algo, o el surgimiento de una energía cósmica positiva propicia para la transformación; es recomendable, en consecuencia, que abras tu espíritu a los cambios, expulses de ti las vibras negativas y afines tu percepción para captar las ondas que anuncian la nueva era. No faltan, de paso, quienes aprovechan para vender viajes a sitios con alto contenido energético (puede ser el Tíbet o Teotihuacán), terapias zodiacales, inmersiones en el flujo celeste y proyecciones de psicomagia en la frecuencia de la esoteria de fusión, en la que los aromas del budismo zen armonizan (¡claro!) con los baños de temazcal y con las ensaladas de flores de Bach, ricas en fibra. Uf, mejor sería quedarse con los delirios de Juan de Patmos, que por lo menos chorrean truculencia y no se andan con pretensiones de buena vibra.

Por supuesto, al mundo le importa un comino su pretendido fin, la supuesta transición hacia algo o el inicio de una era de sutiles mutaciones metagalácticas y todos los días, o más bien a cada hora, inaugura ciclos cortos y largos de cambios, transformaciones, transiciones y también, por qué no decirlo, regresiones y caídas a las peores oscuridades. Ni los adivinos mayas de esta fábula ni Ugo Buoncompagni, mejor conocido como Gregorio XIII, y a cuyo apodo de Papa debe su nombre el calendario que hoy se usa en la mayor parte del planeta, tenían razones para interesarse por algo tan remoto y sin sentido como nuestra época, y hay motivos para dudar que el Cosmos tenga alguna noción de las menudencias calendáricas que nos desvelan o que, al menos, nos hacen caer en garras de mercaderes inescrupulosos.

Habría que agregar, de paso, y sin ningún afán peyorativo, que los conocimientos cronológicos desarrollados por la cultura maya, admirables sin duda, eran un instrumento indispensable de cualquier civilización de la antigüedad basada primordialmente en la agricultura, y que la asiria, la caldea, la egipcia y la china, entre muchas otras, realizaron codificaciones y mediciones cronológias de precisión comparable a los sistemas calendáricos mesoamericanos.

En suma, aquí no pasa nada adicional a lo que ya está pasando. Pero entre que son peras o que son manzanas, ustedes pónganse cómodos, preparen palomitas para observar el espectáculo (no puede haber un juicio final decoroso sin fuegos artificiales) y no se rían, que la risa es diabólica y ofensiva al Señor, como lo estipularon en su momento  Juan Crisóstomo, patriarca de Constantinopla, y Agustín de Hipona, Padre de la Iglesia. Ya viene el fin del mundo y andaremos con un gran ajetreo, así que nos vemos después. Y si se topan con algún vendedor de apocalipsis en cualquiera de sus versiones, sorrájenle esto:

Este juicio final sobrevendido,
este último momento cacareado,
es causa de jolgorio y no de enfado
para el mundo prosaico y descreído.
Así será por siempre y así ha sido:
mercachifle no falta que, avispado,
nos presente como hecho comprobado
algún apocalipsis, y haga ruido.
Hoy ocurre lo mismo: la quiniela
del partido final está sin falla
esculpida en la piedra de una estela.
Embaucador infame, mal te vaya;
vé a contarle más cuentos a tu abuela
y caiga en ti la maldición del maya.





Va por l@s pres@s


11.12.12

1-D: Vandalismo
de Estado


Una chava de 16 años, herida por una bala de goma el 1 de diciembre (http://www.radiozapote.org)

En los diez días transcurridos desde el 1 de diciembre han aparecido muchos documentos sobre la violencia de ese día en las calles de la capital y de otras ciudades del país en el marco de la toma de posesión de Peña Nieto. Por ejemplo, el video que muestra a individuos embozados y armados con cadenas y palos que se mueven tranquilamente, entre los uniformados, atrás de la primera línea del cerco de la Policía Federal al palacio de San Lázaro; o el que vincula de manera inequívoca un disparo de arma de fuego, efectuado tras las vallas instaladas por esa corporación, con la grave lesión sufrida por el profesor Juan Francisco Kuy Kendall; o las fotos de los federales provistos de fusiles de asalto, divulgadas desde días antes de que el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, jurara ante los medios que en el operativo de ese día no se les permitió portar “cualquier tipo de arma que pudiera dañar a cualquier ciudadano” (sic).

O los videos que exhiben la impunidad con la que pequeños grupos de vándalos causaron destrozos por medio centro histórico y agredieron tranquilamente a la policía capitalina, documentos con los cuales los medios electrónicos fabricaron una suerte de flagrancia virtual para justificar la detención de cualquier persona; o las grabaciones de los arrestos de personas que no habían cometido delito alguno y que muestran en forma fehaciente lo que días más tarde confesó un policía anónimo al columnista de este diario Julio Hernández López: que lo perpetrado por las fuerzas del orden del Distrito Federal fue una cacería de inocentes.

De 69 personas que fueron consignadas por “alterar la paz pública”, 56 salieron libres por falta de pruebas y a otros 14 ciudadanos se les inició causas penales por delitos menores, aunque tampoco haya pruebas contra ellos y sí, en algunos casos, documentos que prueban su palmaria inocencia.

Los elementos disponibles hasta ahora indican, pues, que lo ocurrido el 1 de diciembre fue vandalismo de Estado y que fueron las autoridades las que detonaron la violencia y las que propiciaron la destrucción material, cifrada en casi mil millones de pesos por el cálculo hiperbólico de un membrete de comerciantes de esos siempre dispuestos a dar munición al discurso oficial. En esa misma lógica, en su canto de cisne como gobernante capitalino y como político progresista Marcelo Ebrard dijo no sé qué contra la violencia. Mientras tanto, Peña y los miembros de su camarilla pleistocena se frotaban las manos de gusto por haber matado varios pájaros de un tiro, aunque el saldo incluyera también a varios humanos lesionados de gravedad: habían logrado erigirse en gobierno federal, habían desacreditado a #YoSoy132 y a otros movimientos sociales como bárbaros y violentos y habían conseguido, además, uncir al gobierno capitalino a las lógicas represivas que han acompañado al PRI desde siempre.

En pocos días, sin embargo, la verdad ha ido saliendo a la luz. Lo que hubo el 1 de diciembre fue un acto de provocación montado desde las cúpulas del poder público federal, el cual lanzó a grupos de choque a causar destrozos con el fin de tener un pretexto para emprender una represión de gran calado que terminara de una vez con la repulsión social que causa el ver a Peña Nieto con una banda presidencial comprada. No lo lograron: sin duda, mucha gente se asustó –y con razón– ante la brutalidad policial exhibida; mucha más se creyó la prédica de los loros del régimen –“la culpa es de AMLO y de #YoSoy132”–; hay heridos de gravedad, cerca de un centenar de personas conocieron el horror de una privación ilegal de la libertad a manos de las fuerzas policiales y 14 de ellas siguen en la cárcel. Aunque en un primer momento esos saldos parecieron acelerar el reflujo en que se encuentran los movimientos antirrégimen en general, pero no los desbandaron: por el contrario, les dieron la razón y confirmaron la justeza de su causa.

En cambio, Peña, Manuel Mondragón y Kalb y Miguel Ángel Osorio Chong están en un predicamento: son ellos los jefes de quienes le abrieron la cabeza a Kuy Kendall y le sacaron un ojo a Uriel Sandoval y aunque el procurador Jesús Murillo Karam mire hacia otro lado, ha de exigirse el esclarecimiento pleno de esos delitos es ineludible. Otro tanto ocurre con los atropellos perpetrados por la policía capitalina: Ebrard le debe muchas explicaciones a la sociedad que lo hizo jefe de gobierno y su sucesor, Miguel Ángel Mancera, no podrá seguir escurriendo el bulto ante la responsabilidad de su antecesor en el cargo.

Se equivocaron. 2012 no es 2006, el Centro Histórico no es Atenco y el vandalismo de Estado es ya inocultable, repugnante e inadmisible para la mayor parte de la sociedad.

10.12.12

Retorno a
viejas lecturas

Dibujo de Melecio Galván

México, D. F., 1 de diciembre de 2012.- Qué iba yo a imaginar, a mediados de los setenta del siglo pasado, que a la vuelta de las décadas volvería sobre las páginas de este librito de Víctor Lvovich Kibalchich, más conocido como Victor Serge, Lo que todo revolucionario debe saber sobre la represión. Va un fragmento y el enlace al texto completo:

“En 1917, la autocracia se derrumbó sin que las legiones de soplones, de provocadores, de gendarmes, de verdugos, de guardias municipales, de cosacos, de jueces, de generales, de popes, pudieran desviar el curso inflexible de la historia. Los informes de la “Ojrana” redactados por el general Globachev constatan la proximidad de la revolución y prodigan al zar advertencias inútiles. Lo mismo que los más sabios médicos llamados para asistir a un moribundo no pueden sino constatar, minuto a minuto, los progresos de la enfermedad, los omniscientes policías del imperio veían impotentes cómo el mundo zarista se precipitaba al abismo.”

Lo que todo revolucionario
debe saber sobre la represión

Versión en PDF descargable

9.12.12

El secretario mentiroso



“De parte de la autoridad federal se cuidó hasta el último que pudieran traer algún tipo de arma, no sólo las balas de goma (sino) cualquier tipo de arma que pudiera dañar a cualquier ciudadano”.

Miguel Ángel Osorio Chong, secretario de Gobernación, sobre las lesiones graves sufridas por varios manifestantes el 1 de diciembre de 2012, en las inmediaciones del Palacio Legislativo de San Lázaro)
(La Jornada, 7 de diciembre de 2012, p. 5)


(Fotos: Reforma, 7 de diciembre de 2012)