6.7.07

Palabras de regreso


Alguien, en el otro lado del Atlántico, sueña con el cinabrio. Este navegante –que ha ido a dar, por una razón que no viene al caso, a su página rojinegra, doliente, risueña, cachonda, extraña—, recuerda que en un par de ocasiones ha hurgado en esa sustancia fúnebre y vital y le envía las llaves de los textos correspondientes: “ojalá que te digan algo nuevo”, le escribe, a sabiendas de que tal vez no porque, a lo que puede verse y leerse, se dirige a una cinabrióloga experimentada. Luego se da una vuelta a ver si quedó algo de sus semillas y escucha, estupefacto, la voz hermosa de una salamandra que lee los textos correspondientes y se los comenta como si ambos estuvieran situados en el mismo metro cuadrado o, al menos, en el mismo segundo. Qué impresión. ¿Y por dónde se le habla a este teléfono? ¿Cómo hará el navegante para responderle que en esta orilla la cañabrava es una planta silvestre cuyo tallo se utiliza para dar consistencia al adobe y que, por extensión, designa al sistema constructivo correspondiente?

Como no tiene forma de agradecerle el cruce, el encuentro y la metamorfosis de letras en sonidos articulados, se le ocurre ésta:

No fue sueño de mi áspera escritura
el ser en tu cinabrio recibida
y no se imaginó siendo leída
con tal complicidad y tal premura.

Lo que fue sólo impulso, travesura
—enviar dos links a la desconocida—,
devolvió mi palabra, convertida
en sonidos de inédita dulzura.

Qué honor inesperado, qué sorpresa
esta conversación de dos ausentes
que separa el Atlántico profundo.

Señora de la Voz, mi letra impresa,
legión de signos torpes y silentes,
dicha por ti, se vuelve piel del mundo.

6 comentarios:

maría de lourdes aguirre beltrán dijo...

Un soneto, por ser de tu escritura por mí siempre será, bien recibida.
Gran placer me produce, al ser leída.
Lo bebo con pasión y con premura.

al beberlo, tu riente travesura
nunca jamás será desconocida
tu palabra ya ha sido convertida
en luces que derrochan gran dulzura.
Tu versada contiene la sorpresa.
En ella se reencuentran los ausentes.
Se acercan a pesar del mar profundo.
Miguel, al contemplar tu letra impresa
nunca los signos estarán silentes;
pues muestran lo grandioso de este mundo.

Pedro Miguel dijo...

Ay, querida Lourdes, tú sí que lo haces a uno morder el rebozo.

Gracias, y un gran abrazo.

maría de lourdes aguirre beltrán dijo...

Disculpa, los renglones se me desacomodaron y el formato está muy feo.

Un abrazo.

Ndh dijo...

No se me puede h_ber p_s_do d_rte l_s gr_ci_s, ¿o si? :)
un beso

Pedro Miguel dijo...

No, por supuesto, admirada Voz del Cinabrio: "Qué galante", escribiste en tu territorio rojinegro, y me enviaste otro beso.

Pero, parafraseando a Vallejo*, si alguien tiene una deuda, seré yo.




*http://luis.salas.net/cv18020702.htm

lasalamandra dijo...

Que hermosura también el poema de Vallejo. Eso sí que no lo conocía :)
Gracias.